Aquella pregunta le tomó por sorpresa y se le secó la boca de un tirón. Su corazón comenzó a palpitar con fuerza. No tenía idea qué contestar a eso, porque ni él mismo sabía la razón que tuvo para hacerlo. Se acomodó en su sitio, pasó sus brazos por encima de sí y los apoyó en el respaldar para mostrar una aire desinteresado, tranquilo y la miró con la ceja alzada intentando que sus palabras fueran las adecuadas. "Dile que no sabes, dile que no sabes" se decía mentalmente, "actuaste sin pensar, lo hiciste sin pensar" se repetía mientras seguía mirando a la mujer que estaba expectante a su respuesta y que claramente se estaba agotando de esperar tanto, puesto que su mirada de curiosidad se había transformado rápidamente en una de fastidio y cansancio
Se le quedó mirando fijamente mientras se repetía una y otra vez mentalmente lo que tenía que decir, con el semblante tranquilo y despreocupado. Separó los labios lentamente y sacó valor. —Porque quise —contestó cruzándose de brazos. "Mierda, eso no era", se reprendió y siguió manteniendo su semblante apacible para no delatarse
—¡¿Y tú te crees que me puedes besar por qué sí?! —gritó Bellatrix con los ojos abiertos de par en par —, ¡Maldito incestuoso asqueroso!
—Algo de Black debo tener, ¿no? —contestó con solemnidad mientras se seguía pateando internamente. "¡Cállate Sirius!, ¡maldita sea!" se gritaba con desesperación
—Es que aparte de imbécil eres un cerdo y justo ahora te da por sentirte identificado con tu apellido —espetó ella con asco —. ¿Se te olvida que estás hablando con una mujer tremendamente peligrosa y que casi te mata? —murmuró no creyéndose que su primo hubiese perdido todo el respeto que tanto se había esmerado en infundirle por ella
—Y casada —acotó él con la mano en la barbilla puntualizando lo que su prima estaba obviando, puesto que por mucho que le hubiese gustado haberla besado, aun sin saber el por qué, no dejaba de tener presente que la mujer estaba casadísima hacía varios años
—Sí, eso también es importante… —sopesó ella poniéndose seria —, ¡Sí!, ¡Eso!, ¡Besaste a una mujer que es tu prima y está casada!, ¡Cerdo asqueroso! —gritó pegándole en el hombro
—No te quejaste querida…, de hecho, puedo decir que lo disfrutaste más que yo… —apuntó él con la mirada burlona. "Mierda…, ahora sí me mata", pensó
Ante aquella impertinencia, Bellatrix levantó la mano y la llevó hasta atrás de su cabeza tomando fuerza. Su cara se había convertido en un rictus de ira y falta de templanza que dejaba más que claro cuáles eran sus pensamientos e intenciones
—¡EN LA CARA NO! —gritó Sirius cubriéndose el rostro para que su prima no se lo golpeara.
Ella abrió los ojos más de lo que los había abierto anteriormente y se atragantó con la carcajada que quiso escaparse de sus labios por lo exagerado que era su primo, pero para no perder la acción que ya había comenzado, dejó caer su mano con fuerza en la espalda del animago, haciendo que este se curvara hacia atrás por el dolor que le había generado
—¡ERES UNA BRUTA BELLATRIX!, ¡TIENES LA MANO PESADA! —se quejó cayendo con fuerza en el respaldo del sillón, mientras trataba de aminorar el dolor que le había dejado el golpe de la bruja
—Te pasa por asqueroso, yo no disfruté nada... —contestó ella con irritación en su voz —. Cállate o te pego más fuerte —advirtió con el dedo índice amenazador, viendo que Sirius iba a decir algo. Al no querer seguir con aquella absurda discusión, más que nada porque jamás admitiría que las palabras del hombre eran ciertas y aquello la desconcertaba, se puso de pie y se fue hasta la habitación que había estado usando. Estar encerrada allí, con su mayor enemigo, siendo no solo prófuga del ministerio, sino que, además, de quien había sido su señor y de todos sus seguidores; estaba comiéndole la cabeza y sentía que su mundo se le estaba cayendo a pedazos sobre la coronilla. Tenía que pensar, debía formar un plan de acción para que nada de lo que siguiese más adelante la pillase desprevenida.
Una de las cosas que más la tenían con los vellos de punta es que su marido y cuñado estaban en la mansión de su hermana y ella no tenía como poder comunicarse con ellos sin ponerlos en riesgo. Su hermana estaba en sus dominios, no era Mortífaga y no se inmiscuía en nada que no le atañese, por lo que ella no era una preocupación, sabía que no le pasaría nada a no ser que hiciese alguna estupidez. No obstante, sí que le preocupaban los otros dos, agregándole que su sobrino se vería sobrepasado con todo lo que sucedería de ahora en adelante. Ella no era una persona que dejase cabos sueltos sin resolver, por lo que tenía siempre una carta bajo la manga, pero el problema es que, en aquellos momentos, no tenía nada y eso la estaba haciendo entrar en pánico. No por nada era la mejor y más fiel lugarteniente de Lord Voldemort, o lo había sido hasta hacía algunos días atrás, por lo que tenía claro como era el actuar del hombre y cuales podrían ser sus posibles movimientos y planes de acción. Tenía más que claro que aparte de su marido y cuñado, el pequeño heredero de los Malfoy sufriría las consecuencias de la ineptitud de su padre, por lo que se le ponía otro peso en la espalda al pensar en que su sobrino estaría bajo la mirada vengativa de su ex señor
—Sinceramente no puedes dejar que esto pase Bella… —se dijo a sí misma mientras se sentaba en el borde de la cama y se miraba las uñas —, tienes que pensar. Rody y Rab tienen a Pipi, por lo que al menos tienen a alguien que les cure las heridas, pero, por otro lado, también la necesitas a ella para tener las cosas que necesitas y aunque te sea fiel, pueden hacerle algo a ella y eso no te sirve. Estás encerrada en esta pocilga con ese traidor que se atrevió a besarte y no tienes un puto lugar al cual ir sin que te maten, porque las mansiones Lestrange están sin uso, lo más probable es que las estén vigilando para ver si es que llegas a alguna de ellas y te estén esperando, así que descártalas de inmediato. —seguía pensando en voz alta mientras sacaba las basurillas que tenía bajo las largas uñas que ostentaba —. Aunque si lo piensas bien, que te maten ahora…, eso tampoco es mala opción… —se dijo llevándose la mano a la barbilla, sopesando todo —, pero no puedes dejar a tu marido y a tu cuñado solos y aparte le prometiste a Draco que estarías para él si te necesita en caso de que vaya a follar…, no puedes dejarlo sin esos consejos, son oro puro y ese pobre chico ya ha tenido suficiente sufrimiento teniendo el padre que le tocó…, tienes que darle un poco de felicidad y cumplir con tu palabra. Tienes que buscar la forma de que todo esté a tu favor —se animó —, y buscarte a una pedicurista clandestina, porque se te está saltando el esmalte de las uñas querida y no puedes pretender matar y torturar a la gente con unas uñas mal cuidadas
Estaba tan absorta en su conversación, que no se dio cuenta de la presencia de su primo en la puerta de la habitación hasta que escuchó una pequeña y disimulada risa en su espalda. Se volteó y vio al hombre con los brazos cruzados sobre su pecho, con una sonrisa ladina y socarrona en el rostro junto a una ceja alzada
—¿No has pensado en ir a un Sanador en el área psiquiátrica de San Mungo? —preguntó el animago con un tono burlesco y aguantándose la risa por haber pillado a la bruja hablando consigo misma
—No, eso es para las personas que están locas. Además, no sería bueno estar allí, considerando que soy la que más ha contribuido con pacientes de ese piso, sería como una celebridad y no tiene gracia estar con tanto loco alrededor que te babean y te miran como idiotas…, sería como que los fuese a visitar una reina. Sería como ir a tomar el té con ellos y recordar viejos tiempos, como con los Longbottom, y no creo que se acuerden de mi cara, sinceramente…, así que no tiene sentido —contestó con una mirada pensativa y analizando las posibilidades —. ¿Tú fuiste? —preguntó al hombre y acordándose de su monólogo anterior, espetó —, ¿hace cuánto que estás allí escuchando como vieja cahuinera y metiche?
Sirius se tuvo que tragar la mención a las fechorías que había realizado la bruja y la tortura que le realizó a quienes habían sido amigos y compañeros de él por años. Sabía que ella no tenía ese tipo de concesiones con algunas cosas y no las podría cambiar de la noche a la mañana. Incluso, dentro de un lapsus de segundos, se dijo a sí mismo que aquello no era algo que cambiaría de la mujer. Quizá sí las ansias de matar y degollar a todo lo que se le cruzara, pero no esa frialdad que tenía. Aquello era imposible y ciertamente no sería la misma si dejara de ser así. —No, no fui…, pero sí me recomendaron mucho el ir porque según los demás, estoy muy distinto desde que salí de Azkaban —contestó mirando fijamente a la mujer, pero con un tono de voz más serio —, y no mucho. Solo alcancé a escuchar como pretendías buscar a una manicurista clandestina para que te arregle las uñas y algo de consejos que valen oro…, que a todo esto, si encuentras a alguien que te haga las manos y los pies, podrías traerle para que me las haga a mí también, porque tengo que mantenerme perfecto de los pies a la cabeza —acotó mientras se miraba las manos
—¿Cómo te dicen que vayas a San Mungo si eres un maldito prófugo? —preguntó mirándolo con cara de fastidio —. Tus amigos y la prole que te sigue como moscas a la mierda son más imbéciles de lo que pensé…, sinceramente, y no pienses que te daría el dato de la persona que me pueda arreglar las uñas, búscate uno tú, flojo de mierda
El animago no pudo aguantar la carcajada y se rio con ganas ante los insultos que había lanzado ella, puesto que él también había pensado lo mismo en el momento en que se lo propusieron. —Si piensas así de ellos, ¿por qué preguntaste si había ido?. Es igual de estúpido el preguntarlo que el proponerlo —dijo cuándo se había controlado —, y eres una egoísta Bellatrix, ¡no te cuesta nada el dejar que me hagan las uñas a mí también!, ¡esta belleza hay que cuidarla!
—Porque te veo capaz de hacer una estupidez como esa. No eres muy inteligente que digamos querido… —contestó ella con una sonrisa ladina y mostrando superioridad —, y no me vengas con que tienes una belleza que cuidar, porque eres más feo que el culo de Dumbledore —añadió sintiendo un escalofrío al imaginarse lo que había dicho
Se miraron durante unos minutos y se rieron luego de las cosas que salían de sus bocas, pero Sirius cambió su semblante a uno más serio a los segundos. —La verdad es que siempre me estaban diciendo que hiciera cosas para mejorar los estragos que dejó Azkaban en mi…, sobre todo porque decían que no era la misma persona de antes —comentó más para él que para la mujer que había vuelto a mirarse las uñas con interés
—Claro que no eres el mismo. ¿Qué esperaban?, ¿qué salieras saltando en una pata contento de la vida?, ¿después de haber aprendido a cocinar y a tejer?, ¿Qué llegases contándoles de las maravillosas experiencias que habías tenido dentro de aquel resort de lujo? —preguntó sarcásticamente y con la mirada seria. Se quedó callada al ver el semblante que había adoptado el hombre y se miró las manos, notando las líneas blanquecinas que tenía en las palmas de las manos, las cuales encajaban perfectamente con sus uñas. Aquellas marcas le hacían recordar todas las veces que se las había enterrado para poder sentir algo que no fuese desolación dentro de su celda. Eran sus marcas de guerra, pero también eran el recuerdo de aquellos años en los que estuvo esperando por algo y por alguien que no valían la pena. —Todos cambiamos estando dentro de esa mierda, pero los demás no lo pueden entender, porque no lo tuvieron que vivir… —susurró con pesar, pensando en las veces que le había dicho exactamente lo mismo a su hermana, que le reprochaba las cosas cuantas veces podía, sin poder entender que ella había vivido un infierno durante años.
Aquellas palabras habían calado profundamente dentro de la cabeza del animago, ya que tenía más que claro que dentro de su círculo cercano no había una sola persona que pudiese entender su dolor, sus miedos y preocupaciones, sin embargo, la mujer que se estaba mirando las manos con detenimiento, podía observarle más allá de los ojos, podía llegar a verle hasta el alma. Se conocían de toda la vida, habían compartido cosas que nadie más sabía dentro de su niñez, pero con el paso de los años en la prisión, la vida se había encargado de que tuviesen más cosas en común que con el resto de las personas y a pesar de todos los insultos, de las amenazas que se había prodigado hasta hacía poco y la rivalidad, no había nadie que pudiese ser tan igual a otro como lo eran entre ellos, porque además de la locura que compartían (una más loca que el otro), además de las experiencias, además de los miedos, la sangre Black estaba por encima de todo
—Tú sigues siendo la misma loca de mierda que se mordía los dedos cuando se le derretía el chocolate en ellos —susurró Sirius mirando el techo, con un aire alicaído y melancólico rodeándole el cuerpo y el semblante
—Y tú el mismo imbécil que lloraba cuando no le podía robar los dulces a Walburga que tenía escondidos —comentó Bellatrix, sin levantar la mirada de sus manos —. Sigues siendo el mismo idiota que se metía en mi pieza durante las noches cuando iba de vacaciones dónde vivían ustedes, porque le tenía miedo a la oscuridad. Sigues siendo el mismo engreído que se burlaba de mí porque no podía saltarme las comidas sin que se dieran cuenta y a ti no te encontraban nunca.
—Tú sigues siendo la misma esquizofrénica que se volteaba cada dos segundos para ver que nadie la estaba espiando cuando intentabas romperle las cosas a tus hermanas. Sigues siendo la misma sádica que tomaba los abre cartas del tío Cygnus para tirarlos al aire y salir corriendo para que no te cayesen en la cabeza, solo por diversión.
Una sonrisa se formó en los rostros de ambos al ir recordando lentamente aquellas cosas que se estaban diciendo el uno al otro, con añoranza de poder vivir esos tiempos nuevamente
Aquellos recuerdos nos los tenían dentro de sí, pero siendo que los habían compartido con el otro, podían ir recuperándolos poco a poco, mientras el ambiente siguiese estando calmado. Ninguno de los dos quería reconocer que la situación los estaba sobrepasando, que tenían miedo de lo que podía avecinarse y, sobre todo, no querían analizar que era ese calor que se apostaba en sus pechos cuando estaban tan cerca del otro. Antes de que el ambiente se pusiera más incómodo de lo que ya estaba, Bellatrix se levantó de la cama y miró a su primo
—Vas a tener que ver la manera de que sobrevivamos, porque de los dos, tú llevas más tiempo siendo prófugo —dijo ella cruzándose de brazos después de haber salido del letargo en el que había entrado, haciéndoles volver a ambos al presente
—Algo bueno debe tener el haber sido parte de los Merodeadores —contestó Sirius inflando el pecho de orgullo
—Qué asco —espetó ella ante la mención del antiguo grupo de amigos del hombre —. No eran más que unos ineptos que se dedicaban a molestar a los demás. No sé cómo te puedes enorgullecer de eso. Además, te juntabas con un hombre lobo y el traidor a la sangre de Potter, sin mencionar al otro que los vendió en un segundo al Señor Tenebroso, porque con suerte se le veía la cara horrenda que tenía y sinceramente no hacía nada sin que se lo dijeran. Era y sigue siendo patético igual que todos ustedes…
—¡Oye, éramos unos genios! —exclamó él, dejando de lado la mención a Peter y levantando los brazos para hacer su aseveración más importante —. Además, que a ti nunca te hicimos nada
Bellatrix abrió los ojos y se puso de pie rápidamente, alcanzando uno de los cuadros de foto dónde aparecían los mencionados que había sobre el mueble para luego voltearse y lanzarlo con fuerza por la cabeza de su primo —¡¿Qué nunca me hicieron nada?!, ¡¿QUÉ NUNCA ME HICIERON NADA?! —gritó tomando otro cuadro y aventarlo con fuerza, haciendo que el objeto se estrellara son la pared, tal como había sucedido con el anterior —¡ME HICISTE LA PUTA VIDA IMPOSIBLE DENTRO DEL CASTILLO!, ¡ESTUVE UNA SEMANA DENTRO DE LA ENFERMERÍA ESPERANDO QUE SE ME QUITARAN LOS GRANOS DEL CUERPO Y YO SOLO ESTABA ESTUDIANDO EN LA BIBLIOTECA CUANDO SE TE OCURRIÓ LANZARME ESA MIERDA! —le reprochó
Sirius que había esquivado ambos ataques con suerte, miraba a su prima con asombro y temor, puesto que ella tenía una puntería para envidiar y no quería que su cara se viera dañada —Tienes que reconocer que eso fue una jugada maestra Trix —comentó arrepintiéndose al instante de haber usado aquel apelativo en la mujer que claramente no estaba calmada para nada.
Al escuchar aquel apodo, Bellatrix se puso fúrica y se puso a buscar cuanta cosa había cerca de ella para poder lanzársela al hombre, evitando el retrato donde aparecía su primo menor. Descargó toda su ira en tirarle objetos al animago que fue esquivando con dificultad. Al cabo de unos minutos, Sirius tuvo que salir corriendo de la habitación, puesto que no se creía capaz de poder seguir cuidando su cuerpo de salir dañado de ese ataque de ira. Bellatrix al ver que se encontraba sola, se volvió a sentar sobre la cama y se acostó luego, disfrutando de la adrenalina que recorría todo su cuerpo. Pasaron los minutos, y ella fue cayendo lentamente en un sueño profundo prodigado por la actividad reciente que la había llevado hasta la relajación.
Sirius, que no escuchaba ruidos dentro de su habitación, se asomó con cautela para asegurarse de que su prima no le saltaría al cuello como una fiera y se encontró con la imagen que hizo que su corazón se detuviera. En medio de la cama, vio el cuerpo de la mujer enroscada en posición fetal, con las manos debajo del rostro apoyándolo. Sus risos desperdigados por las sábanas creaban una especie de corona tétrica que se veía hermosa sobre su cabeza. Sus pies, pequeños y delicados estaban juntos, uno encima del otro y su pecho subía y bajaba con lentitud, dándole a entender que estaba sumida en un sueño profundo.
Se acercó lentamente evitando los vidrios rotos que estaban esparcidos por todos lados, hasta quedarse a su lado y analizó el rostro apacible de la mujer. Aquellos rasgos aristocráticos que siempre estaban moviéndose, dependiendo de las emociones que sentía la bruja, se encontraban tranquilos, relajados y dejaban una imagen angelical en el rostro. La piel nívea y delicada parecía brillar y esa aura de muerte que la rodeaba siempre, había cambiado ante él, para convertirse en un halo de luz incandescente. Jamás había sentido esas sensaciones por ver a la mujer y se sintió abrumado, puesto que era una imagen totalmente diferente a lo que sentía y pensaba de su prima. No queriendo despertarla, porque sabía que eso haría que su mundo se hundiera en la miseria, acercó con cautela su mano hasta la cara relajada, depositando una suave caricia en la mejilla
—No quiero Siri… —murmuró ella con lentitud y la voz dulcificada. El corazón de Sirius dio un salto que le hizo asustarse y alejar su mano de golpe, puesto que estaba sintiendo sensaciones con ella que no había experimentado jamás y lo estaban abrumando en demasía. Deslizó nuevamente los dedos con cuidado por la mejilla de la bruja y al separarse de ella susurró
—Estás loca… — "pero eres la loca más hermosa que había visto", terminó dentro de su mente, alejándose de allí con el alma en la mano, sin saber aún por qué se sentía de aquella manera, sin saber por qué no podía contener sus palabras con ella, sin saber que un espacio en su corazón que se había cerrado hacía muchos años, se estaba abriendo nuevamente. Con una floritura de su varita, arregló el desastre que había dejado Bellatrix y antes de salir hacia el sillón, le dio una última mirada a la mujer, soltando un suspiro lento y cansado, guardando aquella imagen en sus retinas.
