El día de los intercolegiales de deporte, la repentina ausencia de ese par no pasó desapercibida para algunos, especialmente para sus compañeros de cuarto.

Seamos más específicos: Deidara y Suigetsu.

Esas molestas larvas de mosca -dicho por el mismísimo Sasuke Uchiha- que acostumbran a arruinarlo todo, no los dejaron tranquilos ni un solo segundo en cuanto se reunieron con ellos, en un intento de llevarlos a límite del fastidio y hacerlos confesar su "pecado".

Claro está que ellos no dijeron nada, sin embargo, el problema inició al día siguiente, cuando cierto rubio de facciones zorrunas no se pudo levantar con naturalidad, como lo haría cualquier persona que no tiene nada que ocultar.

—¡AY! —chilló cuando quiso ponerse de pie y arreglarse para asistir a clases— Que… hermoso día ¿no? —agregó tratando de disimular su expresión de dolor.

Gaara y Sai corrieron hasta la orilla de su cama, con preocupación en sus ojos, ignorantes de todo. Solo querían saber qué es lo que pasaba con su amigo.

—¿Estas bien, Naru? —preguntó Gaara tomándolo por el brazo ayudándole a enderezarse por completo.

—¿Te duele algo?¿quieres que te llevemos a la enfermería? —agregó el pelinegro acariciándole el hombro con gentileza.

—No yo…

—No tiene nada, es lo que le pasa a la gente pecaminosa y descarriada como el… —se burlaba el rubio mayor mientras peinaba su largo cabello con entusiasmo—, pero deja que se entere Kushina Uzumaki —advirtió.

Naruto lo fulminó con la mirada, aun sabiendo que su hermano no sería capaz de hacerle algo así…

¿O sí?


Mientras tanto en la habitación 36:

Sasuke bebía café, era ya su segunda taza en los 45 minutos que llevaba despierto. Se sentía agotado, extrañamente agotado, con mucho sueño a pesar de haberse ido a la cama a una hora prudente.

No acostumbraba a cambiarse frente a sus compañeros, pero al estar tan aletargado no lo pensó y solo se quitó la playera que traía puesta dándole la espalda a los muchachos.

Mala idea.

—WTF?! ¡¿QUÉ MIERDA TE PASÓ SASU?!

La exclamación pronunciada de Suigetsu lo hizo girarse a medias hacia él. Incluso Juugo dejó de acomodar sus libros en la mochila para prestar atención a aquello que perturbó de tal manera al peliblanco. Y pudo verlo claramente pese a que Sasuke se colocó velozmente la camisa correspondiente al uniforme:

En toda la extensión de su ancha y blanquecina espalda, perfectamente marcados y enrojecidos, yacían varios rasguños que se atenuaban conforme descendía la mirada.

¿Qué clase de animal salvaje le haría eso a Sasuke?

Aunque estando en un lugar bastante urbanizado eso era prácticamente imposible.

¿Sería un gato, una ardilla o tal vez un ratón?

De ser así, el pobre animalito ¿seguirá con vida?

Estas y algunas otras preguntas se arremolinaban en la cabeza del pelinaranja.

—Naruto… el casi se resbala ayer y se agarró de mi para evitarlo —mintió de una manera muy burda el azabache centrando su atención en abotonar correctamente su camisa escolar.

—¿Y qué más? —preguntaba Suigetsu con una sonrisa pícara que exponía sus afilados dientes— ¿De casualidad no se cayó en tu v…

—¡SUIGETSU! —le increpó Juugo desde su sitio— No digas nada de lo que te puedas arrepentir, mira que no pienso interceder si haces enojar a Sasuke a estas horas de la mañana.

—Déjalo Juugo, estoy deseando arrancarle la lengua con mis propias manos… —Sasuke cruzó sus brazos y se sentó a la espera de que el peliblanco se atreviera a decir una imprudencia más. Solo una.

Este llegó hasta él, se acercó peligrosamente a su rostro sin quitar esa estúpida sonrisa y luego lo estrechó en un fuerte abrazo que casi lo deja sin aire y que por supuesto, arruinaba su perfecto uniforme.

—¡MI MUCHACHITO YA NO ES VIRGEN, CARAJO! —exclamó demasiado cerca de su oído.

Fue todo.

Juugo tomó su mochila y salió de ahí cerrando la puerta a sus espaldas. Todavía a mitad del pasillo pudo oír el grito de auxilio de su compañero, lamentablemente nada podía hacer. Él se lo buscó.


A ciento de kilómetros de ahí, la cara de Kushina palideció.

Al parecer era la única que no estaba enterada de la relación entre su hijo mayor y el de su mejor amiga Mikoto.

De poco había servido que Minato la llevara a cenar, le comprara un enorme ramo de flores y hasta de diera un masaje en sus bonitos y bien cuidados pies. En este momento irradiaba un aura asesina, esa de una madre sobreprotectora dispuesta a llegar a los extremos por el bienestar de sus bebés.

Ya no tan bebés, pero bueno eso ella no lo sabe. Ni queremos que lo sepa.

—Kushi, cálmate por favor —pedía el Namikaze alzando sus manos en son de paz.

—Cómo quieres que me calme si me estás diciendo que mi Deidi, mi primer y hermoso niño anda con un profesor.

—Se trata de Itachi, cielo. Tú lo conoces, es un hombre por demás educado y una buena influencia para nuestro hijo.

—¡Ya lo sé!

La mujer de hermosos cabellos rojos se dejó caer de forma dramática sobre el sofá, cubriendo su rostro con su brazo derecho, fingiendo sollozar. Ante eso, Minato solo pudo reír por lo bajo y sentarse a su lado para abrazarla.

No estaba enojada, ni decepcionada eso era obvio.

Es solo la nostalgia de ver a sus hijos crecer, tomar las riendas de su vida, encontrar pareja y notar como poco a poco se van para formar su propia familia.

Todavía recuerda la primera vez lo que lo tuvo entre sus brazos, tan chiquito e indefenso, que no quería que le diera ni el aire por temor a que algo malo le pasara.

¿Cuándo creció tanto?

O también aquella vez cuando a los 11 años, Deidara fabricó una bomba molotov con ayuda de Naruto y casi los deja sin casa.

¿Cómo lo hizo?

De alguna manera se las ingenió para obtener un instructivo detallado por parte de su mejor amigo pelirrojo. Es toda la información que tenemos al respecto.

—Nuestros retoños están creciendo, Mina —comentó con nostalgia recargando su cabeza contra el pecho de este—. No quiero que sufran…

—No lo harán, sabes bien que es más fácil que sea al revés. Son demasiado… como tú.

—Voy a ignorar eso último —advirtió montándose en su regazo, dispuesta a pasar una excelente noche en brazos de su amado esposo.

Ya después se tomaría el tiempo para darle una buena reprimenda a su hijito, sin imaginarse que probablemente no solo Deidara la merecía.


Le fue difícil llegar hasta ahí, afortunadamente solo fue cuestión de tomar una pastilla, no prestarle demasiada atención a la molestia y seguir con su rutina diaria.

Pronto estaba ya en el salón, con Sasuke abrazándole por la cintura y susurrándole cosas indecentes sobre lo ocurrido en día anterior, ignorando por completo la presencia del resto de sus compañeros, antes de que Asuma llegara y la clase diera inicio.

—Basta, teme…

—No hasta que digas que sí, dobe.

De repente el piso del salón le pareció de lo más interesante, por eso mantenía su mirada fija en este, sonriendo como todo un idiota, ocultando su vergüenza.

Ni 24 horas habían pasado y Sasuke ya estaba pensando en repetir aquello.


Los días transcurrieron.

Al final de la semana dedicó un par de horas para revisar los exámenes a detalle.

Mentiría si dijera que no se sentía algo ansioso y preocupado por su precioso rubio, pero en este momento debe ser imparcial. Evaluar a Deidara como un alumno más.

Fue calificando uno a uno los exámenes, añadiendo alguna nota e incluso intentando averiguar qué diablos habían querido escribir algunos.

No le sorprendió llegar al que pertenecía a Sasori y no poder encontrar ni un solo error, el chico es listo, demasiado para su gusto. Por fortuna, recientemente lo había visto pasar más tiempo con Nagato que con su Deidara, eso le daba paz a su corazón.

Aunque tampoco quería que, por culpa de sus celos, este se distanciara de la persona que ha considerado su mejor amigo durante toda su vida…

Tres exámenes más hasta que llegó al que tanto esperaba, con calma lo leyó y analizó a detalle. Extrañamente ninguna pregunta estaba en blanco.

Media hora después terminó de calificarlos todos, dejó su pluma sobre la mesa y una amplia sonrisa se dibujó en su rostro .

—Nada mal, Deidara, nada mal.


Por la tarde, los tres hermanos se reunieron en la cafetería como rara vez lo hacían.

¿La razón?

Hacer hablar a Naruto de una vez por todas.

Bien dicen que la unión hace la fuerza, es por eso que Deidara se alió con su hermanita para lograrlo. Así, con el pretexto de compartir tiempo de calidad entre hermanos antes de que se separen debido a que Deidara irá pronto a la universidad, convencieron a Naruto de acompañarlos un rato y separarlo de Sasuke.

Ese Uchiha de ninguna manera permitiría que le sacaran información en su presencia así que: divide y vencerás.

—¿Ya me van a decir que se traen? —preguntó mirando de soslayo a Karin que en ese instante lo abrazaba por la espalda, renuente a tomar asiento.

—Solo queremos pasar tiempo juntos ¿Qué hay de malo en eso?

—Si claro y yo soy un personaje de anime —agregó completamente incrédulo de sus intenciones—. Vayan al grano de una vez, quiero volver a terminar las tareas.

—Lo que quieres es volver a estar besándote con Sasuke, cochinote —manifestó Karin apretándole las mejillas como si de un niño pequeño se tratara—. Y sí, te dejaremos ir a estar con tu amor, pero primero nos tienes que contar.

—¿Qué cosa?

—Los detalles de…

—Que no lo hemos hecho, Dei. Ya deja de insistir con eso-ttebayo —interrumpió Naruto.

—A otro perro con ese hueso. Cuéntanos algo o te dolerá el culo de nuevo, hm.

—¡Deidara! ¡por Dios! —le regañó la pelirroja—. Quedamos que hablaríamos esto con propiedad.

Naruto resopló y se encogió de hombros, es más que evidente que no lo dejarían en paz, al contrario, al pasar de los días solo se volvían más insistentes.

—Vale, les responderé dos preguntas a cada uno. Solo dos —pudo ver como su hermano sonrió victorioso—. Primero las damas.

Un puchero infantil se formó en los labios de Deidara pues quería ser el primero en arremeter con todo, pero ya llegaría su turno.

—Bien —Karin tomó asiento— ¿Te dolió?

—Ay Karin, pero qué pregunta es esa…

—Shhh, espera tu turno Dei —advirtió Naruto evitando que este la convenciera de modificar su pregunta por una más incómoda— Al principio un poquito, la verdad es que al otro día la molestia fue peor pero nada del otro mundo… hmm ¿Qué más?

—¿Te gustó?

—Pues… —un pequeño rubor se apoderó poco a poco de sus mejillas— estuvo bien… no sé ¡Ay ya! ¡Sí me gusto! —confesó cubriéndose el rostro con ambas manos.

Karin gritó como fangirl alborotada haciendo que todos a su alrededor voltearan a verlos como si fueran un trio de locos escapados del manicomio.

—Bueno, bueno ya —decía Deidara feliz de que por fin fuera su turno—. Ahora si van las preguntas emocionantes.

Una risita malvada se formó entre sus labios e incluso comenzó a frotar las palmas de sus manos, Naruto quiso salir corriendo de ahí pero Karin volvió a ponerse detrás de él y abrazarle por la espalda. Para él fue una traición, ya quisiera verlos así de unidos para otras cosas.

—Ok, primera pregunta —continuó Deidara— ¿Quién dio el primer paso, cómo y en dónde?

—Oye, oye ¡No se vale! Ahí son tres preguntas-ttebayo.

—No, yo lo veo como una sola, así que responde —la pelirroja apoyaba su hermano mayor.

—Par de hijos de…

—Shhh, acuérdate que es la misma para los tres, no querrás insultar a Kushina Uzumaki. Acuérdate que sería catastrófico si alguien le dijera…

—Si, ya entendí —el rubio se acomodó mejor en su silla y suspiró— Pues él llegó a mi habitación después del partido, yo acababa de bañarme…

Mientras el rubio contaba su historia, cuidando a detalle cada palabra empleada, sus hermanos escuchaban atentamente pero la narración se vio interrumpida por una cuarta presencia.

Deidara sintió como alguien detrás de él le apretaba ligeramente los hombros para luego apartarse. Desde luego que Naruto cesó, no podía seguir con su narración teniendo a su cuñadito y profesor de este colegio frente a él.

—Itachi-sensei ¿cómo le va? —atinó a decir Karin, evidentemente nerviosa al pensar que quizás los habría escuchado.

—Muy bien —respondió amablemente— ¿Les molestaría si…

—Adelante, adelante. Tómate todo el tiempo que quieras, es más no lo devuelvas-ttebayo —le interrumpió Naruto dando por sentado que el profesor necesitaba hablar con Deidara.

—Ni creas que te salvas. Ya más tarde seguiremos con esta plática, mi querido gurú del sexo.

Un tic nervioso apareció en uno de los ojos de Naruto mientras Karin no pudo contener la risa. Ella no pretendía insistir con ese tema, estaba feliz por su hermanito y con eso bastaba, pero no podría asegurar que Deidara hiciera lo mismo.


—¿Gurú del sexo?

Itachi se recargó de espaldas contra el escritorio del salón en el que ahora se encontraban, a la espera de que su adoración rubia le explicara que había querido decir con eso.

En tanto el chico solo se hacia el disimulado jugando con sus dorados mechones de cabello, como si fueran la cosa más interesante en el mundo.

—Es un personaje de un dibujito de esos que ve Naruto, algo sin importancia —aclaró para que el otro no insistiera, pero Itachi no es tonto y él lo sabe perfectamente —¡Ay bueno ya! Naruto se leyó el Icha Icha y nos estaba contando lo que dice.

—Tendrás que probar con otra cosa porque no te creo nada. A menos que quieras que piense que…

—¡Naruto ya tuvo sexo con tu hermano! —soltó sin pensarlo y tapándose la boca con ambas manos al terminar.

La cara del pobre de Itachi perdió color, sus labios se abrieron ligeramente a causa de la impresión.

¿Había escuchado bien?

Sasuke, su pequeño hermano, ese jovencito arrogante, amargado y poco amigable, ya ha tenido relaciones sexuales. Ese adolescente hormonado con peinado extraño antigravedad se dejó llevar por sus deseos carnales a pesar de todos sus consejos, advertencias e incluso muy sutiles reprimendas.

Pero… ¿en qué momento?

—Itachi

¿Cómo pudo atreverse a tal cosa?

—Itachi

¿Le habrá hecho caso en al menos ser gentil y usar protección?

—Oh mira, qué sexy se ve Sasori…

El profesor Uchiha salió de su trance y lo tomó impulsivamente de los hombros para plantarle un beso con poca delicadeza y mucha pasión, por supuesto que Deidara no iba a oponerse y le correspondió gustoso, enredando sus brazos alrededor de su cuello.

Cuando la falta de aire hizo estragos, el contacto de sus labios se rompió y Deidara sonrío complacido por lograr su objetivo aunque fuera gracias a una medida extrema. En cambio, Itachi volvió a tomar esa expresión seria, lo que hizo que el rubio se desanimara un poco.

—No hagas eso —comenzó a hablar el mayor apartándose un poco de el—, no utilices a… tu amigo para encelarme.

—Es que no me hacías caso, Ita.

—Lo sé y me disculpo, es solo que me sorprendiste —Deidara prefirió ignorarlo y girarse para no seguir viéndolo—. No te pongas así por favor, Dei —pidió abrazándolo por lo la espalda para luego continuar hablándole al oído— Te tengo una sorpresa, pero si estás enojado conmigo no podré dártela.

La semilla de la duda fue sembrada, el rubio sintió curiosidad, pero no podía ceder así de fácil.

—No quiero nada, hm.

—Bien, en ese caso tendré que darle las llaves a Sasuke para que se la quede o devolverla.

—¿Llaves de qué? —cuestionó algo desesperado al ver que Itachi le soltaba para salir del aula.

—¿Ya no estás enojado? —replicó devolviéndose para verle.

—Lo estaré si no me das mi sorpresa —Deidara tomo asiento en una de las bancas, cruzó sus brazos y enarcó una ceja.

Difícil, lo supo desde el principio. Ese chico tan explosivo, extrovertido y todavía inmaduro para su edad le ponía las cosas bastante difíciles, desde el comienzo así ha sido.

Primero con los constantes intentos de su alumno por acercársele, luego alejándose y evitándolo, hasta que terminó por arriesgarse en una relación con él.

Deidara es un torbellino andante que barre con todo a su paso, un muchachito capaz de sacar algunas facetas de él que hasta ahora le eran desconocidas. Una caja de sorpresas que, a pesar de ser un alumno descuidado y poco comprometido, le ha demostrado que puede esforzarse cuando algo le importa de verdad.

Así que, por eso, después de terminar de revisar los exámenes, salió para comprarle un regalo a su medida y tomar ciertas decisiones.

—Sal conmigo mañana, me gustaría que me acompañaras a un lugar —confesó acercándose lentamente a él, una vez enfrente se inclinó y le dio un pequeño beso en la mejilla —.Ya he hablado con tu padre por teléfono, aunque claro que si no quieres ir entenderé.

Al terminar de hablar, Itachi solo se dio media vuelta y salió de ahí sin más. No siempre cedería a los caprichos de su adoración rubia aunque lo ame como a nadie en el mundo.

Cerró la puerta y escuchó un grito venir desde dentro, solo esperaba que no se le haya ocurrido romper nada o entonces si habría problemas.


Después de que se la pasara ligeramente el berrinche que, a su parecer, Itachi provocó, Deidara volvía a su cuarto con la intención de darse un buen baño y dormir. No estaba de humor y será mejor que nadie se atreva a molestarle o pagarán justos por pecadores.

A menos que se encuentre con la única persona que ha sabido lidiar con él durante años.

—¿Por qué esa cara? —le preguntó Sasori obstruyéndole la entrada a los dormitorios— ¿A quién quieres explotar?

Su incondicional amigo Akasuna, ese que nunca cede a sus deseos o por lo menos no tan fácilmente, del que quizás se ha distanciado un poco pero siempre estará ahí.

—A Itachi, hm —contestó simplemente.

—¿Quieres hablarlo? —el pelirrojo señaló en dirección a su habitación.

Deidara asintió y caminaron hacia allá en silencio y una vez ahí pudo notar lo ordenado que estaba todo en ese cuarto, muy diferente al suyo.

Sasori siempre ha sido todo lo contario a él, demasiado responsable, pulcro, serio, hasta podría decir que en eso es parecido al Uchiha. Probablemente por eso a este le incomoda tanto que intente darle celos con el pelirrojo.

Quizás no debería estar ahí, a solas con él, sobre todo después de aquello…

—¡Hey! —la voz de su amigo lo hizo volver a la realidad—. No lo pienses demasiado, ese no es tu estilo.

—¿Qué cosa?

—Tu relación con Itachi y nuestra amistad, separa adecuadamente ambas cosas y listo —explicó y se dejó caer de espaldas sobre su cama, luego Deidara le imitó acostándose a su lado—. No tenemos por qué pasar por lo mismo que Gaara y tu hermano. Somos mejor que eso, lo sabes.

—Eso ultimo sonó cruel, Danna.

—No soy cruel, es la verdad. Yo no tengo intención de arruinar nuestra amistad, quiero seguir siendo tu mejor amigo por tiempo indefinido.

—Obvio, iremos a la misma universidad y cuando te cases con Nagato yo seré tu testigo y el padrino de tus hijos, hm. —exclamó con una radiante sonrisa.

—Oye, oye. No te adelantes, todavía somos muy jóvenes.

Pasaron la siguiente hora hablando sobre el futuro, uno donde se incluyen mutuamente como lo ha sido desde sus primeros años de vida y luego de un merecido sermón por parte del pelirrojo, debido a sus actitudes inmaduras y su intento por hacer que Itachi siempre haga su voluntad, Deidara se retiró de ahí más animado y centrado.


El sábado a medio día Itachi esperaba estacionado en su coche a unas cuantas cuadras de la escuela, no estaba seguro de si vendría o no pero eso ya no dependía de él.

Quince minutos después esa persona apareció con cara de fastidio, subió a su lado y se cruzó de brazos.

—-¿Sigues enojado? —el Uchiha optó por preguntar a pesar de que le parecía obvio, no quería que su pareja pensara que no le importa.

—Si, pero no contigo, hm— aclaró sin mirarle.

—¿Entonces? ¿Te pasó algo? —preguntó completamente preocupado por el, acercándose un poco para acariciarle su rubia cabellera.

—No en realidad —Deidara le dedicó una mirada que Itachi no supo descifrar—. Discúlpame ¿sí? A veces soy muy infantil y voluble, pero quiero que estemos bien, que lo nuestro sea duradero y… tener una larga vida juntos.

Al oír esas palabras, Itachi no pudo más que tomarlo de la mejilla para hacerlo girarse y poder así besar sus dulces labios, transmitiéndole tranquilidad y la certeza de que lo suyo va muy enserio.

—Te amo Deidara —susurró al romper el contacto y viéndole a los ojos continuó—. Quiero que sepas que estoy orgulloso de ti, has hecho un gran esfuerzo y por eso voy a recompensarte.

—¿Me darás la sorpresa? —Los ojos del rubio se iluminaron aún más.

—Claro, después de enseñarte a conducirla con prudencia —del bolsillo de su pantalón sacó las llaves de una motocicleta y se las entregó—. Tómalo como un regalo por tus excelentes notas finales.

Un pequeño grito de emoción fue emitido por el Namikaze al tiempo que se abrazó a él casi asfixiándolo, era el regalo perfecto para alguien tan vivaz como él y con esta podría ir y venir por su cuenta cuando ingresara a la universidad.

—Gracias, gracias —repetía una y otra vez repartiendo besos por toda la cara del mayor.

—No es nada, hermoso. Ahora vámonos que aún falta algo por mostrarte.

—¿Otra sorpresa?

—Digamos que sí, pero eso depende de ti.

Y así, Itachi arrancó con rumbo a un edificio de departamentos que casualmente se encontraba no muy lejos de la universidad de artes en la que su preciado rubio estudiaría dentro de poco.

Una vez ahí, Deidara comenzó a hacer muchas preguntas que no recibieron respuesta al menos hasta que llegaron al octavo piso. Ahí el azabache caminó por delante de él, hasta llegar a la puerta de uno de los departamentos y abrirla, con una seña le indicó que pasara y así lo hizo.

El lugar era amplio, muy bien iluminado, las paredes eran de una tonalidad agua marina y blanco, perfectamente amueblado, aunque a su parecer le faltaba decorarlo; tal vez con algunas de sus esculturas por aquí o por allá luciría mejor, incluso colgar algunos cuadros en las paredes…

—¿Te gusta? —musitó Itachi parado detrás de él.

—Si, es muy espaciosa y acogedora —avanzó recorriendo con la mirada cada rincón, cada detalle, acariciando las superficies de los muebles. Luego se detuvo y dirigió su atención a su novio— ¿De quién es? ¿Es de tus padres o de tu primo?

—No, me he aburrido de vivir en los cuartos para profesores, así que por ahora es mío.

—¿Por ahora? —preguntó algo confundido.

El mayor notó el deje de molestia en su voz, así que se apresuró a tomarle ambas manos y hacerle saber sus intenciones.

—Sí, es demasiado para una sola persona así que, pese a que parezca algo pronto… ¿Te gustaría vivir conmigo cuando ingreses a la universidad y hacer de este nuestro hogar?

Esa sí que había sido una sorpresa, las piernas del rubio temblaron, las manos le sudaban, esto era lo más cercano a una petición de matrimonio sin documento incluido.

Me gustaría decir que dudó, que le dijo que lo pensaría o algo similar pero todos sabemos que…

—¡Por supuesto que sí, Ita! —exclamó colgándosele por el cuello, haciendo que Itachi se tambaleara un poco.

Todo fue miel sobre hojuelas esa tarde, platicaron sobre sus planes a futuro como una pareja más formal y Deidara le planteó todas sus ideas para hacer de ese departamento un lugar más a su estilo. Claro que este le dejaría hacer lo que quisiera.

Solo había algo que estaban olvidando:

Kushina Uzumaki


Este capítulo fue una manera ir cerrando un poco el ItaDei pues en mi planes está terminar este fic con 5 capítulos más.

Gracias por leer esta locura y por lo que se viene… pido perdón :`)