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Un nuevo día se levantaba sobre el Instituto Royal, el prestigioso internado por excelencia, el cual marcaba el comienzo del segundo semestre del curso escolar después de un receso de dos semanas en sus respectivas actividades académicas, debido a las celebraciones de fin de año que se festejan en todas partes, las más esperadas por todos en el internado, por lo que retomar los estudios era un verdadero fastidio para la mayoría de los estudiantes dentro del portentoso recinto. Se había convocado una conferencia general para todo el alumnado del campus, razón por la cual comenzó el inmenso desfile de quejas y murmuraciones en masa que se dirigía hacia el auditorio localizado detrás del edificio principal, donde se pretendía llevar a cabo dicha aglomeración.
La concurrencia se adentraba con desgano en el edificio correspondiente, al final de la cual se encontraba el pequeño albino británico sumamente decaído pues, además de tener que soportar las pesadas vacaciones que siempre le causaban depresión, nuevamente era desconcertado por el conflicto emocional que lo abrumaba, ya que no había vuelto a estar en contacto con Kanda, cosa que él había deseado en gran manera, y, aun cuando había disfrutado pasar tiempo a solas con su amado padre, no había podido mantener la calma dentro de su apacible hogar.
¿Que deberían hacer ahora? ¿Debían mantener ese comportamiento furtivo viéndose de nuevo en sus encuentros nocturnos dentro de la vieja biblioteca o todo entre ellos volvería a la "normalidad", como debió haber sido desde el principio? Solamente ser estudiantes de preparatoria que por casualidad se habían encontrado en el mismo instituto, dos chicos sin ningún vínculo o interés, ajenos, indiferentes y desconocidos... pero, ¿eso era posible? ¿Podían actuar como si nada después de todo lo que había pasado entre ellos? Dicha normalidad nunca antes le había provocado tanta desilusión en su vida, pero, quizás, ésa era justamente la situación en la que se encontraban; no podía evitar sentirse deprimido ante tal pensamiento, no ahora, no después de darse cuenta de que se sentía atraído por el chico oriental, suspiraba cansadamente pues no parecía que el peli azul fuera alguien que quisiera tener algún tipo de relación con otra persona.
El auditorio se llenó rápidamente conforme los estudiantes tomaban asiento dentro del lugar, Allen caminaba cabizbajo, detrás de todos sus compañeros y del profesor en turno, se encontraba perdido en sus pensamientos sin percatarse de que era observado por unos iris negros desde el primer momento en que se iba acercando al área contigua del edificio, el joven nipón de larga cabellera a quien pertenecían estaba en un espacio oculto detrás de un gran muro que formaba parte de la decoración y aditamento del aula, además de estar adornado con una gran cortina roja a ambos lados del ancho corredor que llevaba directamente hasta el centro de la sala.
Cuando el albino despistado se acercó lo suficiente, fue tomado velozmente por el peli azul dentro del escondite que lo ocultaba, tapó la boca del ojiplata para que no gritara en cuento comprendió que estaba siendo capturado, éste trató de forcejear para soltarse de aquella prisión sintiendo detrás de sí a quien estaba conteniendo su pequeño cuerpo con un abrazo, mas, se paralizó cuando sintió un cálido roce sobre su oreja y reconoció la voz que tanto deseaba volver a escuchar.
-Cállate, Moyashi, nos pueden escuchar. - el albino volteó para tratar de identificar al chico que le hablaba, logrando ausentar toda duda y desesperación cuando pudo distinguirlo entre la penumbra, apenas a unos pocos centímetros de su rostro.
-"K-Kanda... " - se dijo estupefacto sonrojándose al sentirse de nuevo entre sus brazos, mientras se perdía en esa oscura y penetrante mirada.
El mayor desvió la vista vigilando el área, asegurándose de que el camino estuviera libre para poder trasladarse a otro lugar, cuando lo creyó pertinente, sujetó la muñeca derecha del menor y volvieron por el corredor hacia la salida, no podían salir por la entrada principal puesto que había docentes y alumnos en los alrededores, por lo que ambos entraron en una pequeña sala de juntas desierta que pocos minutos atrás había sido usada; Kanda cerró con seguro la puerta de la habitación y acorraló al albino contra la pared al otro lado de ella, la cual limitaba el edificio, dicha pared contaba con unos grandes ventanales que proporcionaban una espléndida vista de las jardineras y demás estancias que rodeaban el perímetro.
Allen no podía dejar de observar a Kanda, quedó atónito todo el tiempo viendo cómo se aproximaba lentamente hacia él, sintiéndose tan incrédulo como ansioso de volver a tener esa cercanía con el japonés, éste lo aprisionó contra la pared sin soltar su muñeca derecha, sosteniéndola junto a su rostro y retuvo su brazo izquierdo al nivel del hombro; comenzó a besarlo sin que el menor pudiera reaccionar sino solamente para abrir grandes los ojos sintiendo nuevamente esa cálida presión sobre sus labios. No podía creerlo, permaneció estático, incapaz de moverse hasta que pudo percibir aquella desbordante sensación llenando todo su cuerpo; cerró los ojos disfrutando por fin el suave contacto que tanto deseaba sentir otra vez... era mucho más agradable de lo que recordaba, se separaron después de un largo rato agitados por la falta de aire, Kanda mantuvo la cercanía con el albino, con obvias intenciones de continuar con su ansiado beso al ver que el menor no lo había rechazado.
Una insistente maniobra hizo que ambos enfocaran su vista en la puerta, donde podían ver la silueta de una persona a través del opaco vidrio blanquecino, la cual intentaba entrar en el aula, así como voces y más sombras que se aproximaban al lugar con el mismo propósito, el peli azul bufó malhumorado al entender lo que sucedía, por lo que liberó al albino de su encierro y abrió una de las ventanas para poder salir por ella. Allen se paralizó al darse cuenta de que serían descubiertos por quienes estuvieran tratando de entrar, por un instante pensó que sería correcto que los encontraran y reprendieran, no sólo por ausentarse de la conferencia a la que debían asistir, sino por lo que ambos estaban haciendo en ese lugar, en toda su vida él jamás había desatendido algún mandato de ese tipo y aún menos para hacer algo tan vergonzoso como eso, se turbó pensando en todo lo que podría pasar hasta que la potente voz de Kanda lo hizo volver a la realidad.
-Moyashi, ven. - giró sus ojos plateados hacia su izquierda descubriendo la mano que Kanda le ofrecía desde afuera de la ventana, mas, no pudo reaccionar, sino que se perdió en esa oscura y serena mirada cuando se encontró con ella. -Vámonos de aquí. -
Estaba mal, él sabía que no era bueno lo que estaban haciendo, y sabía que si alguien los descubría habría muchos problemas para ambos, sin embargo, cuando volvió a ver la mano del oriental no pudo pensar en lo que estaba sucediendo ni se preocupó más por lo que pudiera pasar, nada más le importó, tomó su mano y, con ayuda del peli azul, el pequeño cuerpo de Allen atravesó el ventanal fácilmente; una vez fuera del edificio, Kanda se apresuró para alejarse de ahí tomando la mano del menor, éste aún se sentía intranquilo por la falta que estaban cometiendo.
-Ah... p-pero... la conferencia... ¿n-no deberíamos volver? - dijo Allen sin poder soportar más la culpa.
-Tch, sentarse por horas en un edificio lleno de ineptos escuchando al director mientras expone un estúpido tema que a nadie le interesa... cualquier cosa es mejor que eso... - sentenció un muy molesto Kanda al tiempo que se escabullía entre las jardineras tratando de ocultarse lo mejor posible para que nadie de los alrededores pudiera verlos. -De cualquier forma, yo me haré cargo de lo que pueda pasar si llegan a darse cuenta de que no estábamos ahí. - aseguró sin voltear a verlo, logrando hacer que el pequeño albino se tranquilizara un poco.
Después de dicho comentario, Allen no volvió a decir nada más, las palabras de Kanda resonaban con fuerza dentro de sus pensamientos opacando fácilmente cualquier otra duda o preocupación; permaneció aturdido en sus pensamientos sin tratar de averiguar el lugar a donde el mayor lo estuviera llevando, en realidad nada le importaba en ese momento, nada más que estar a su lado e ir con él a donde quisiera llevarlo.
Sintió que dejaron de moverse mientras lo soltaba del agarre en su muñeca para brindarle un sutil pero agradable abrazo, el cual aumentó el leve sonrojo que había permanecido todo el tiempo en sus mejillas, después de unos cuantos segundos de silencio y quietud, quiso saber cuál era la razón de que se hubieran detenido y lo contuviera en ese extrañamente acogedor abrazo.
Levantó sus bellos luceros encontrando una expresión de mucho enojo en el rostro de Kanda, siguió con la mirada en la dirección hacia donde ubicaba minuciosamente sus ojos rasgados: la vieja biblioteca estaba rodeada de muchos docentes entrando y saliendo de ella, Kanda y Allen se encontraban detrás de una de las paredes laterales del edificio principal, ocultos estratégicamente por las dos jardineras de distancia que había entre ambos edificios, por lo que no podrían ser vistos tan fácilmente. Volvió a tomar a Allen y entraron al edificio principal, en la primera sala de proyección, una pequeña que se encontraba fuera de servicio, junto a la puerta lateral del edificio, cerró la puerta con llave y aprisionó al albino contra la pared; su deseo aumentaba conforme se aproximaba al menor hasta que por fin pudo reanudar el ansiado beso.
Sostuvo al pequeño inglés firmemente de los brazos al nivel de los hombros, éste temblaba sin parar mientras recibía el demandante beso y los movimientos bruscos que el mayor ejercía dándole a entender cuan desesperado se encontraba por mantener dicho contacto. Allen no sabía cómo responder ante el imponente mando del peli azul, pues el semestre pasado había terminado sin que él hubiera aprendido qué hacer para demostrarle el gran interés que sentía por él, más aun, en los días que no hubo clases en el internado, ingenuamente creyó que tal debilidad ya no le afectaría y que podría soportar esa caricia sin problemas.
Largos minutos pasaron sin que volvieran a interrumpir el tan esperado rencuentro entre ellos, sin embargo, el cansancio doblegó al menor haciendo que sus rodillas flaquearan, por lo que comenzó a caer por la pared que estaba a sus espaldas, trató de detener su caída elevando sus manos sin fuerza para que sujetarse del saco de Kanda, el mayor sintió el ligero peso que caía sobre sus brazos y se apresuró para evitar que golpeara de lleno el piso, deslizándolo lentamente hasta que ambos quedaron sentados sobre la tarima que formaba el escenario en el aula, las lágrimas salían de sus ojos al sentirse tan vulnerable otra vez en los brazos de Kanda, y, al mismo tiempo, no dejaba de alegrarse por volver a hacer eso con él; se recargaron sobre la frente del otro cuando dejaron de besarse, se miraban fijamente habiendo mantenido la cercanía mientras trataban de recuperar el aliento.
Permanecieron aferrados sin deseos de decir una sola palabra, como si quisieran quedarse de esa manera, solos y en silencio, sin nada ni nadie más que ellos dos, ajenos al caos del mundo que los esperaba afuera, sin escuchar otro sonido que no fuera el de sus agitadas respiraciones, tal privacidad fue confortante y estimulante hasta que el tumulto de la lejanía los alarmó, dándoles a entender que la asamblea había terminado y todo el alumnado se dirigía de regreso hacia el edificio principal; Kanda se percató del miedo que se apoderó del albino, pues no dejaba de alterarse por cada voz y sombra que veía aproximarse.
Ciertamente, Allen temía ser encontrado, temía que tuvieran problemas por lo que habían hecho y, sobre todo, temía que no pudiera volver a acercarse más de esa forma u otra a Kanda, pero cuando éste sujetó su rostro lloroso, sosteniéndolo para que no apartara la vista de sus hipnotizantes y oscuros ojos, logró mantener la calma al perderse en esa mirada serena y extraña que el otro le brindaba. Cuando hubo terminado el alboroto, el mayor se acercó y volvió a besarlo, sostenía su temerosa y dulce mirada mientras acariciaba sus mejillas para limpiar las lágrimas que había en ellas.
-Te estaré esperando en la biblioteca. - dijo el oriental con una media sonrisa bastante seductora que dejó sin aliento al albino, haciendo que se acentuara más el sonrojo que tenía.
Kanda se levantó, abrió la puerta y salió del lugar dedicándole una última mirada a Allen, éste apretó con fuerza la ropa sobre su pecho tratando de disminuir las intensas palpitaciones que el otro había provocado en él. El día transcurrió con la monótona rutina del regreso a clases, no había nada nuevo dentro ni fuera del instituto, en los salones, pasillos, en los compañeros de clase, todo era exactamente igual... todo excepto él, la ansiedad comenzaba a apoderarse del cuerpo del pequeño albino, una que jamás había experimentado antes, el vivo deseo de encontrarse en la biblioteca con su interés peli azul de ojos rasgados.
Sin embargo, la jornada se alargó con una selección de los proyectos expuestos anteriormente de la materia de administración, un repaso general a todas las partituras en sus lecciones de piano y dos pláticas más sobre la adolescencia y reflexiones sobre la vida, todo fue simplemente extenuante y agotador; apenas había logrado probar algo en el comedor, pero deseaba tanto llegar a su cita con Kanda que abandonó todos sus quehaceres y demás pendientes en la primera oportunidad que tuvo. Corrió lo más rápido que pudo hasta llegar a la biblioteca que, para su sorpresa, se encontraba cerrada y desierta; no era de extrañarse que el pelilargo estuviera ocupado en algún otro asunto, puesto que aún no era hora de que ambos se vieran en ese lugar. Tiró varias veces de la puerta pero esta no cedió, comenzaba a desesperarse hasta que escuchó unos pasos aproximándose hacia él.
-¿Qué haces aquí tan temprano, Moyashi? - dijo Kanda burlón al ver con cuanta desesperación trataba de abrir la puerta.
-... N-no sabía que era tan temprano... - dijo Allen sonrojado con un leve puchero tratando de no sentirse tan avergonzado por tal humillación.
El nipón se aproximó a la puerta e introdujo la llave en la cerradura para abrirla, se adelantó a entrar con intención de darle el pase al interior de la biblioteca por lo que el otro se sorprendió de su acción, después de lo cual volvió a asegurar la puerta; Kanda deseaba retomar el contacto con el albino tan pronto como fuera posible, lo tomó velozmente de las manos para besarlo tan suave y lentamente que el otro sintió como si estuviera en un sueño al poder hacerlo de nuevo en ese lugar, al sentir nuevamente esa cálida sensación, al intimar de esa manera y compartir otra vez todas esas nuevas experiencias con Kanda... razón por la que cerró sus bellos ojos plateados cuando comenzó a besarlo, no supo en qué momento había empezado a disfrutar ese tipo de acercamiento con el peli azul, solamente sabía que quería continuar de esa manera.
Cuando volvió a abrir los ojos, no pudo distinguir del todo al que estaba junto a él, la oscuridad de la noche había rodeado todo el lugar y la poca luminiscencia no lograba llegar hasta donde estaban para poder tener una mejor vista de su acompañante, ambos se encontraban en el pasillo que había entre los libreros detrás de la última sala donde habían acostumbrado reunirse. Allen quería ver a Kanda, quería tener un buen recuerdo de él en ese lugar, lo tomó de las manos y caminó en reversa, dirigiéndose al espacio que formaba un pequeño pasillo entre las grandes ventanas y algunas repisas medianas para que la luz de la luna pudiera iluminarlos completamente.
Tenía miedo de olvidar su imagen, su expresión, tenía miedo de que todo fuera solamente una ilusión, no quería equivocarse, temía llegar a engañarse a sí mismo creyendo aquella situación era real y relacionarse ingenuamente con el espadachín sin que hubiera alguna base para ello; sin embargo, todos sus miedos se disiparon cuando Kanda se acercó a la ventana y comenzó a ser alumbrado por el astro nocturno; podía apreciar claramente el inusual tono azulado de su cabello, ese que tanto le gustaba ya que parecía como si cada mechón estuviera hecho del cielo mismo cuando es oscurecido por la noche, mientras que sus oscuros ojos mostraban un brillo muy especial, uno que solamente le ofrecía a él, esa mirada era diferente a la que le mostraba a los demás, no era la primera vez que se sentía tan extraño por el simple hecho de percibirla sobre su persona, no tardó en perderse ante el vislumbre de su apariencia excepcional y el profundo mirar que lo tenía completamente cautivado.
Por su parte, Kanda quedó fascinado al contemplar al Moyashi bajo la luz de la luna, esos cabellos que siempre le habían parecido finas hebras hechas de seda ahora brillaban con tanta intensidad que estaba seguro de que era el menor quien irradiaba esa potente luz desde su interior, como si ese chiquillo fuera un reflejo de la luna misma, y, por un breve momento, esos ojos grisáceos le parecieron un azul celeste muy claro, casi blanco debido al gran destello que emanaban; una extraña combinación de colores que nunca antes había visto en esos hermosos ojos, jamás había imaginado que pudieran cambiar de tal manera al ser apreciados directamente a contraluz, se asombró más al sentir la forma en que lo observaba, como si quisiera decirle muchas cosas a través de su dulce mirada, así como la tierna expresión que formaban las facciones de su infantil rostro y sus mejillas fuertemente sonrojadas lo mantenían sumamente maravillado.
Aquella visión le robó el aliento, sintió escalofríos en todo el cuerpo, una gran ola de calor seguida de una pérdida de sus energías sobrevino desde sus brazos hasta llegar a su pecho golpeándolo con fuerza, incluso sintió dolor y se le dificultó respirar por un momento, elevó ambas manos hacia el rostro de Allen y lo empujó hasta haberlo colocado en un espacio de pared que había entre las ventanas, era la primera vez en su vida que el peli azul se sentía tan débil, como si necesitara besar a ese enano para poder recuperar sus fuerzas perdidas, por lo que continuó con un muy demandante y desesperado beso, tanto como para que el menor empezara a preocuparse por sentir el implacable dominio que estaba realizando.
-¡Ah! N-no... Kanda... espera... ngh... - Allen se estremecía al sentir el exigente beso, comenzó a angustiarse cuando sintió que se separaba de su boca para dirigirse hacia su quijada, lamiendo constantemente y aplicando más presión sobre su sensible piel. -... K-Kanda... ¡Kanda! -
Kanda proseguía con su acción hasta haber bajado por el cuello de Allen, mas éste lo empujó para que se alejara de él, quería impedir que continuara de esa manera pues ahora estaba realmente asustado; ambos se miraron impactados por la conducta del otro, no lograban articular palabras por lo que permanecieron conmocionados en total silencio un largo rato hasta que unas fuertes pisadas les advirtieron sobre la presencia de una persona en la cercanía.
Se escondieron detrás de un pequeño librero que estaba frente a ellos cuando vieron la luz de una linterna en el pasillo alumbrando la puerta, además del murmullo de quien se preguntaba qué habría provocado el grito que escuchó, Kanda se asomó sobre la repisa verificando la identidad del intruso: era el intendente quien, al pasar cerca de la biblioteca, había escuchado a Allen gritar.
El japonés bufó molesto por la intromisión del conserje, dio un vistazo hacia el pequeño inglés descubriendo una expresión de terror en su rostro al tiempo que cubría su boca con ambas manos, ¿Por qué estaba así: por lo que él estaba haciendo o por temor a ser encontrado en esa situación? No hubo tiempo para aclarar sus dudas, vio al empleado tratando de entrar en el área de los cubículos, por lo que comprendió que era su oportunidad para salir del lugar, jaló el brazo del menor para sacarlo de ahí y ocultarse detrás de los arbustos que había en uno de los lados del edificio; después de varios minutos de espera, el intendente salió habiendo asegurando la entrada del lugar. Kanda, aun malhumorado, permaneció en canclillas mientras lo veía alejarse comprobando que por fin el camino había quedado libre, quería continuar donde se habían quedado, pero cuando volteó a ver a Allen, éste estaba agachado con los hombros encogidos y apretaba su camisa para tratar de proteger su cuello.
-... Será mejor que volvamos a los dormitorios. - dijo desalentado por la imagen que veía, se levantó para hacer como había dicho.
Allen, aún conmocionado, vio cómo se alejaba de él, se levantó acongojado y volvió a su recámara completamente desilusionado.
Ambos estaban tan ansiosos como incómodos por lo que sucedió esa noche, no habían podido resolver la situación ni reunirse otra vez a pesar de que lo intentaron en los días siguientes, la vigilancia en la biblioteca había aumentado por las noches, no coincidían en sus horarios ni habían podido quedar a solas en ningún área del edificio principal. Si bien, a Allen no le había agradado el gran atrevimiento que el espadachín había tenido al acariciarlo de esa forma, no quería que se alejaran otra vez, simplemente, había sido muy osado de su parte querer avanzar más a prisa con él, pues aún no se acostumbraba a la idea de lo que sentía por el mayor como para estar listo y dejar que hiciera algo más que sólo besarlo.
Habían podido verse un par de veces en los concurridos pasillos o en la sesión del club, tenían tantas cosas que aclarar pero no habían podido tener un buen momento para hacerlo, sus intensas miradas lo reflejaban aun cuando no podían dirigirse alguna palabra al respecto; sobre todo Kanda, quien estaba sorprendido de que el Moyashi no estuviera evadiéndolo ni rechazándolo después de lo que pasó, como había sucedido anteriormente, sino, más bien, buscándolo... esperando la ocasión para que pudieran volver a estar juntos otra vez, aunque la expresión de preocupación seguía fuertemente marcada en el rostro del albino.
La única vez que pudieron volver a la vieja biblioteca fue cuando la profesora White llevó a su clase a investigar algunos libros acerca de la personalidad y psicología; Allen se dirigió hacia los últimos libreros del aula alejándose del pequeño grupo mientras que el resto hacía el trabajo con notable desinterés, desde ese lugar veía a Kanda disimuladamente, como si estuviera tratado de llamarlo, hasta que, al percatarse de ello, éste lo siguió sin dejar que los demás se dieran cuenta, la campana sonó dándole fin a la clase, pero poco les importó que sus compañeros y profesora los hubieran abandonado, dejándolos únicamente a ellos dos dentro del edificio vacío, el albino fue acorralado por el peli azul en el pasillo que había entre el último librero y la pared por donde se accedía a la sección de los cubículos.
Se miraron fijamente desde el primer instante en que el mayor se aproximó a él, Allen chocó con el librero que había a sus espaldas, permaneció inmóvil observando cada movimiento que el otro hacía, éste entrelazó lentamente los dedos de sus manos, tratando de formar una ligera prisión a ambos lados del menor para que no pudiera escapar fácilmente y poder acercarse más a él, ninguno podía hablar pues nuevamente habían quedado atrapados en una atmósfera íntima y excitante, el albino bajó su rostro con timidez cuando vio lo cerca que estaban el uno del otro, pero levantó la mirada, dándose valor para poder mantener aquel contacto que tanto ansiaba tener con el peli azul.
Cerró los ojos y levantó su rostro demostrando así que él también deseaba sentir los labios del mayor sobre los suyos, el ojinegro se acercó lentamente a su boca al ver su determinación; todo parecía indicar que iban continuar donde se habían quedado aquella vez, pero, apenas habían podido rosar sus labios cuando escucharon voces de personas aproximándose al lugar, Kanda levantó la vista hacia la salida y gruñó por la intromisión asustado a Allen en cuanto lo escuchó, haciendo que volteara hacia la misma dirección, ambos vieron a través de los libreros que varios docentes entraban en la biblioteca obligándolos a separarse y aparentar que seguían buscando algún libro que les ayudara a completar su trabajo para que no los descubrieran.
-Joven Kanda, joven Walker, disculpen pero vamos a ocupar la biblioteca, así que deben salir de aquí. - dijo uno de los profesores al descubrir la presencia de los alumnos en el lugar.
Kanda no habló, miró al hombre sumamente molesto y salió del edificio con Allen detrás de él, ambos anduvieron entre las jardineras en total silencio, sin ánimos de separarse ni de volver a sus rutinas, pero no tenían otro sitio alejado y solitario a donde ir para poder continuar lo que querían hacer. Llegaron a la última sección frente al edificio principal antes de tener que regresar a sus respectivos dormitorios, se detuvieron en medio del camino tratando de pensar qué podrían decir o hacer para que el otro se animara y quisiera permanecer a su lado; Kanda quería aprovechar la disposición que el pequeño albino le mostró al no haberlo rechazado, pero no quería que se volviera a asustar por sus desenfrenados e inusuales impulsos, por lo que prefirió dejar al Moyashi en ese lugar.
-Descansa... - le dijo virando hacia su izquierda sin haber volteado a ver la expresión de sorpresa y desilusión de Allen.
-¡Ah! ¡Kanda...! E-espera... y-yo... desde hace un par de días... mis compañeros salieron de paseo... a... así que, e-el edificio está vacío... bueno, casi... - el peli azul giró un poco mirando con interés al peliblanco tras haber escuchado lo que decía. -P-por eso... bueno... s-si tú quieres... ¿t-te gustaría venir a mi recámara? - dijo completamente apenado, bajó el rostro con los ojos cerrados y fuertemente sonrojado al no poder creer lo que acababa de hacer, apretó la correa de su mochila tratando de darse más valor mientras esperaba a que el oriental respondiera.
Lo observó en silencio por unos largos y tortuosos segundos para el menor, quien todo el tiempo pensó que su oferta iba a ser rechazada hasta que vio cómo Kanda tomaba su mano derecha para hacerle una caricia y depositar un pequeño beso en el dorso, Allen no pudo reaccionar, se había perdido dentro del profundo y oscuro mirar del chico japonés, después de un rato más de completo silencio, por fin se pusieron en marcha; el peli azul no aparentaba haberse emocionado por la sorpresiva proposición del peliblanco, permaneció sereno y despreocupado mientras atravesaba las jardineras y recorría el interior del edificio junto a un Moyashi muerto de nervios, preocupación y vergüenza por lo que había hecho y lo que harían a continuación, ¿en qué momento se le había ocurrido sugerir algo como eso? ¿De dónde había sacado el valor para pedirle que lo acompañara?
Todo lo que sabía es que realmente quería estar un poco más de tiempo a solas con el mayor, quería sentir su compañía y pasar un rato agradable con él, aun si no podían tener un trato más efusivo entre ellos, sentía que el periodo vacacional había sido interminable a causa de la gran distancia que hubo entre los dos; además de que él era el único interés de ese tipo que había llegado a tener a su joven edad y, por lo tanto, el primero en su vida a quien invitaba a pasar a su habitación, el área más privada para él dentro de esa institución, no era de extrañarse que estuviera tan tenso al respecto y no supiera realmente qué debería de hacer.
Tras haber cruzado el edificio desierto, bajaron del ascensor en el último piso y Allen comenzó con la molesta rutina de teclear contraseñas para desactivar el sistema de seguridad de su pent house, ambos traspasaron la puerta blindada una vez que pudieron acceder a través de ella, siendo observado meticulosamente por Kanda quien se mantenía de brazos cruzados esperando a que terminara con su deber; el pequeño albino se paralizó por un momento al recordar cuál era la contraseña de voz, la última que tenía que dar, para poder entrar al dormitorio, giró un poco su rostro para ver al espadachín mostrándole una mueca de vergüenza y susto por lo que tenía que decir, el chico malhumorado solamente le devolvió una mirada de extrañeza preguntándose cuánto tiempo más tardaría en terminar.
-... Yuu está aquí. - dijo completamente sonrojado en el tono más bajo que pudo para que Kanda no lo oyera, pero lo suficientemente audible como para que el comando lo entendiera.
El nombrado resopló un poco a manera de risa por lo que acababa de escuchar pues presenciar tal situación lo había puesto de buen humor, el menor esperaba que le gritara o se molestara con él por ese atrevimiento, y, aunque eso no pasó, aún se sentía muy apenado por lo que había sucedido, los dos esperaron en el pequeño pasillo a que la última puerta se abriera para poder avanzar hacia el interior; apenas habían dado un paso dentro del lugar cuando Kanda jaló la mochila de Allen para quitársela, éste volteó inmediatamente con la intención de reclamarle pero el otro lo besó al tiempo que arrojaba las pertenencias de ambos a cualquier parte de la sala, lo sujetó de los brazos para que no pudiera alejarse, lo empujaba y obligaba a caminar en reversa mientras se dirigían hacia la habitación.
Allen trataba de soltarse, quería que lo dejara caminar normalmente pues al haberlo besado por sorpresa y sujetarlo de esa manera hacía que tropezara y se moviera con torpeza, sin embargo, el beso se interrumpió cuando llegaron a la pequeña escalera frente a la entrada de la recámara; Kanda cargó al albino estilo nupcial haciendo que éste se asombrara aún más por su inesperado e impaciente comportamiento, aunque todo el romanticismo de ese momento fue opacado cuando el chico nipón abrió con una potente patada la puerta doble de madera que daba acceso al interior de la habitación y entraron por ella, lo dejó caer suavemente sobre su cama, lo cual nuevamente lo impresionó, se colocó encima de él soportando su peso sobre sus codos y rodillas para no aplastarlo completamente.
Ambos reanudaron el ansiado beso de inmediato, elevó su mano izquierda para acariciar el rostro de Allen, el acto se hacía cada vez más intenso a medida que pasaban los minutos en los que Kanda tenía el mando de la situación por completo; sin embargo, el cuerpo del menor comenzaba a reacciona ante su exigente actitud, entró en pánico cuando sintió esa mano en su nuca y que nuevamente se disponía a bajar por su cuello como la vez pasada.
-... K-Kanda... mmph... espera... - dijo habiendo podido girar el rostro, separándose de él, encogió los hombros al tiempo que apretaba fuertemente su ropa sobre el cuello para protegerlo, lo cual no pasó desapercibido por el mayor.
Sus oscuros ojos lo miraron expectativos, esperaba que dijera o hiciera algo más que sólo mostrarle esa desgarradora expresión de tristeza en el rostro, era obvio que estaba a punto de romper en llanto, pero daba una gran batalla para no hacerlo; Allen tenía la mirada baja, intentaba no alejarse a pesar de que no era capaz de mantener esa cercanía con el peli azul.
"No puedo, no puedo hacerlo... ¿Qué voy a hacer?... Incluso fui yo quien lo invitó... no puedo, pero... quiero hacerlo... " Pensaba internamente peleando consigo mismo, quería estar con Kanda, quería que se quedara con él, quería su compañía, pero aún no soportaba una caricia tan intensa como esa, permaneció sumamente preocupado hasta que sintió un tibio toque en su cabeza, levantó los ojos de golpe descubriendo que el oriental se apoyaba sobre su frente, mirándolo fijamente.
"Kanda... " Lo veía con ojos de ensoñación, podía sentir el suave roce de esa mano sobre su mejilla, no quería arruinarlo, quería poder sentirse de esa manera por más tiempo, quería permanecer en ese sentimiento tan especial que sólo el japonés producía en él, pero no sabía qué decir, no podía controlarse ni hacer lo que quería. Cerró los ojos conteniendo las lágrimas que amenazaban con salir, trataba de calmarse pues no dejaba de temblar a causa de la gran angustia que sentía, estaba completamente exhausto por el esfuerzo que hacía mientras intentaba relajarse, y cuando menos lo esperaba, se quedó profundamente dormido.
Kanda notó claramente los cambios en su expresión asombrándose por lo que le estaba pasando al albino, se molestó cuando vio que éste se había quedado dormido frente a él en una situación tan incómoda como esa; pero su impresión fue aún más grande al poder contemplar algo que nunca antes había visto en él: un gesto tan tierno, tranquilo y lleno de paz, con un leve sonrojo coloreando su pálido rostro, su pausada respiración y esa cálida sensación en sus mejillas, tan indefenso. Se había perdido ante esa visión, era la mueca más linda que jamás había podido ver en él en todo el tiempo que llevaba frecuentándolo, contrario a la gran tristeza o preocupación que siempre refleja en su semblante.
Sin embargo, en ese momento, después de tanto tiempo... ésa era justamente la expresión que tanto anhelaba ver, sujetó su rostro con ambas manos, deseaba besarlo pero no quería que se despertara, por lo que solamente se limitó a acariciarlo; nunca antes había tenido la oportunidad de apreciarlo a una distancia tan corta, no podía dejar de tocar su suave piel, de admirar sus bellas facciones, pudo observar con mayor detenimiento el largo de sus pestañas y cuan finos eran sus cabellos, embriagándose con su fragante aroma a cada segundo que pasaba, no quería dejar de contemplarlo, pero tenía que ocuparse de varios asuntos en su habitación y el Moyashi no había despertado para continuar con lo que ambos querían hacer.
Se separó del albino observándolo detenidamente una vez más, miró a su alrededor antes de salir del lugar, la decoración, las piezas, los colores, todo lo que había dentro del dormitorio era elegante, dulce y delicado... justo como él... todo concordaba perfectamente con la personalidad del chico británico; Kanda permaneció inmóvil percibiendo la atmosfera que lo rodeaba, estaba complacido de poder estar dentro de la habitación de Allen, sintió que ése era su mayor logro hasta el momento, pues no creyó que fuera posible para él encontrarse en el área más reservada y exclusiva del ojiplata, y, obviamente, que haya sido él mismo quien lo hubiera invitado a entrar. Vio los trabajos de Allen encima del escritorio y después salió del lugar rumbo a su propio dormitorio.
La penumbra de la noche llenaba gran parte de su habitación y la tenue luz de la luna que entraba por la ventana le permitía reconocer el lugar donde se encontraba, yacía recostado boca arriba sobre su cama, se incorporó tratando de darle lucidez a su mente, quería saber que había pasado, ¿por qué tenía una extraña sensación de vacío? Era como si algo le hiciera falta, miró hacia ambos lados buscando lo que necesitaba sin poder encontrarlo. Descubrió algunos papeles junto a él, por lo que encendió la luz para poder ver de qué se trataba, eran sus trabajos, la tarea de debía entregar el día siguiente, con unas enormes letras rojas en ella, que decían: "Los cálculos están mal, verifica qué te pide cada cuenta. BAKA MOYASHI".
Allen abrió enormes los ojos cuando leyó esa nota, al instante, su rostro se coloreó de un rojo intenso, no sólo por ver que lo habían corregido de una manera poco agradable, sino por recordar quién estuvo con él en ese lugar, además de ser obvio por el mote escrito en sus trabajos. Kanda había estado ahí, había sido él mismo quien lo había dejado entrar en su dormitorio, y no sólo eso, ambos habían tenido un romántico encuentro, en medio del cual, él se había quedado dormido... ¿había algo peor que eso? Sin nada más que hacer ni poder pensar en algo que no fuera el enorme bochorno que estaba sufriendo, se dispuso a revisar los trabajos que tenía que entregar al día siguiente y que, en efecto, debía corregir.
Se sentía tan avergonzado por todo lo que había pasado, pero también estaba increíblemente feliz de saber que el chico oriental había estado con él dentro de su habitación; deseaba retomar lo que habían dejado pendiente cuanto antes para compensarlo por la tremenda decepción que seguramente le había hecho pasar, pero no sabía hasta cuándo podría hacer eso.
Gracias por leer No llores 3
Bladegaur
