"Su lado (3)"

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Sus peticiones llegaron pronto a su lado en el momento menos esperado de su existencia. Con apenas veinte años, experimenta su primer beso a manos del hombre que le gusta.

Sus manos recorren su cintura con una soltura que lo fundía en el beso. Los labios del hombre llamado Izuku lo calentaban a puntos impensables y su corazón agitaba contra su pecho.

Jadeaba entre sus besos, aferrándose a sus brazos, entregándose enteramente a él; Al momento que compartía con él.

Para él fue, completamente predestinado. Unido por los hilos del destino que lo llevaron a encontrarse en el callejón.

Sólo el cielo sabrá la inmensa felicidad que abanica tras sus venas. Lo tergiversa en una genuina gentileza que lo hace perder la cabeza. Lo embalsama la suavidad de los labios ajenos. La tersura de la sensación que esclarece sus sentidos en un ritmo que se esparce en la soltura de su sangre caliente.

No creyó que en sus más remotas fantasías sucedería algo de aquel calibre. Ni que terminaría besando al cliente cara de inútil, ni que sentiría sus manos sobre su cuerpo como raíces adheridas a su piel, pellizcando, masajeando, encendiendo un mechero en la superficie del epitelio.

Katsuki no había tenido un contacto tan sublime como ése y se sentía bien. Temía que fuera notorio, pero a eso de pensarlo, su mente se veía invadida por una niebla esparcida por sus pensamientos, impidiendo que éstos fluyeran con elocuencia.

Katsuki estaba agasajado. Inmerso en un mundo donde no había puesto pie, y del que disfrutaba en primera fila.

Esa mañana en que despertó no imaginó que tendría su primer beso luego de sacar la basura. Lo que lo llevó a pensar, que para este tipo de cosas no se necesita un pensamiento profundo para que terminen sucediendo. Solo se necesitaba desearlas mucho para que acontecieran, y eso fue precisamente lo que hizo él.

Desear con todas sus fuerzas que su amor fuera recíproco.

Pareciera que estaba bajo un hechizo porque no podía parar de besarlo, de separar sus labios de los suyos. No ponderaba cómo el acto de besar fuera tan malditamente adictivo.

Sin embargo, fue sorprendido por Izuku, quien se alejó de sus labios tras un largo espacio de tiempo en que estuvieron pegados; conectados por una fuerza extraña pero sublime.

Lo que siguió de aquella conversación ridícula (en parte porque Izuku daba muchas vueltas al hablar y Katsuki no tenía la paciencia para tomárselo a la ligera), misma que Izuku le pidió salir, detalle que desató que su corazón latiera acelerado y sus mejillas se pintaran de rojo brillante.

Obviamente dijo que sí.

¿Por qué habría de decir que no? Si de igual manera, gustaba de él.

Así que no hubo necesidad de rechazarlo, si el tipo le pedía ser su pareja de esa forma tan intensa y caballerosa, que lo fascinó aun más con toda la situación que se originaba entre ellos.

El joven Katsuki estaba encantado con ser el novio del cliente cara de inútil.

Su mente casi se detiene, en cuanto Izuku lo sobresaltó con un beso en su frente al momento de despedirse.

—Izuku…— Articula deslumbrado. Sus ojos empapados del sentimiento de adoración e ingenuidad. Sus mejillas brillando sonrosadas.

—Ve a casa con cuidado, Katsuki— Susurra Izuku, confortante.

—Tu también— Corresponde anonadado por el beso en su frente. —Te espero mañana…

Acto seguido, Izuku se marchó del callejón, dejándolo a él a flor de sus pensamientos, y el cuerpo entumido de tantas sensaciones físicas.

Pero el momento no le duró mucho, porque enseguida lo asaltaron las dudas sobre si en verdad le dijo que sí a un desconocido que le pidió ser su novio.

¿Habrá hecho bien en aceptarlo?

O ¿debió de haberse esperado hasta conocerlo bien y después dar el sí?

Katsuki no sabía nada de eso. Su inexperiencia e ingenuidad lo llevaron a decir que sí, sin pensar en las consecuencias de su decisión.

Sin embargo, no se arrepentía de haberlo hecho. Mas de alguna manera, lo que acababa de sucederle tan esporádicamente, necesitaba ser escuchado. Que oyeran lo que acontecía en su interior y que supieran el gran desorden que eran sus pensamientos.

Regresó a trabajar con la mente cubierta por una niebla densa, pese a que aquello, no repercutió en su manera de preparar los cafés. Su gran autocontrol de no desbaratarse en el trabajo, a pesar de sus sentimientos, era una cualidad suya, de la que valía sentirse orgulloso de ella.

De cualquier modo, terminó a las nueve su turno. Acto seguido, se fue a cambiarse la polo del trabajo por una playera casual de color rojo (cabe destacar que la mayoría de su ropa es de color rojo, puesto que es su color favorito), y salió al viento fresco de afuera, luego de ponerse una chamarra que lo cubriera lo suficientemente bien para no congelarse en el proceso en que tomaba el bus.

Y mientras caminaba a la parada del autobús, tuvo la urgencia de hablarle a su mejor amigo y contarle lo que recién había sucedido, pese a que es inusual que Katsuki pida ayuda, ya que él siempre bufa que no necesita que lo auxilien. Pero el tiempo, las experiencias de la vida, le fueron enseñando que está bien pedir ayuda, está bien que te den la mano cuando la extiendes en busca de ser acogido.

Probablemente, Kirishima se saque de onda en cuanto reciba su llamada siendo de noche, pero su fiel amigo de preparatoria no falla en darle una mano cuando él la pide. Además, Kirishima es la persona a la que Katsuki recurre por consejo, o sólo para ser escuchado, dado que es la persona que mayormente lo entiende y no lo juzga. Aunque también esté Camie, pero eso es otra historia.

Él quiere ayuda de un amigo, todavía no se sienta listo para decírselo a su única amiga mujer. Aparte de que ella no va en la misma universidad que él, por tanto, sería difícil verse en persona para platicarlo con más calma, que en el celular.

En este caso, recurrir a Kirishima es la opción más segura que tiene y la que mayor confía en que le darán una buena dosis de certeza que tanto necesita en estos momentos.

Inhaló en lo que tomaba el celular y marcaba el contacto que decía "Pelo pincho" en su celular. Como era de esperarse, éste respondió el celular en el segundo beep.

—¿Bro?— La extrañeza que habitaba en la voz de su amigo acertaba su suposición que se extrañaría con su llamada repentina.

—¿Quién más, imbécil?— Resopló Katsuki.

—Bakugou, en verdad eres tú— Carcajeó tomado por sorpresa.

A lo lejos, oyó la voz de Kaminari, el novio de su mejor amigo, a quien le atribuyó el apodo de "Cargador con patas". No le extrañaba escuchar que esos dos pasaran sus noches juntos, dado que pasaban todo el día pegados el uno al otro durante el horario escolar, era obvio que lo mismo pasara fuera del campus.

—Oi, escúchame— Ordenó Katsuki, pero fue interrumpido por la voz del cargador con patas, quien quería saber quién le hablaba.

—Amorcito, es Bakugou— Dijo Kirishima del otro lado de la línea.

Katsuki puso los ojos en blanco. Esos apodos melosos cargados de azúcar lo irritaban.

¿Cómo podían hablarse de esa manera tan estúpida e infantil?

—Aah, ¿Qué querrá?

—No lo sé. ¿Te parece si jugamos después?

—Lo que tu digas, amorcito.

—Gracias, amorcito.

—¡Oye! Estoy aquí— Espetó Katsuki, rompiendo la sintonía amorosa de esos dos.

—Ah, perdona, bro— Se disculpó Kirishima. —Estaba jugando con mi bebé antes de irnos a dormir—Se oyó el abrir de una puerta paralelo a que la cerraron.

—Ajá.

—Ahora sí— Suspiró dispuesto. —¿Qué necesitas?

Katsuki vio el autobús llegar a la parada. Se acomodó la mochila roja y subió dentro del bus, tomando asiento en el primer lugar que encontró disponible. Lejos de la gente, porque odia tener personas cerca suyo.

—Que me escuches— Soltó como una petición nada gentil.

—Claro— Accedió sin tapujos. —Lo que tú digas, hombre. Soy todo oídos, adelante. Dime.

Katsuki se acomodó en el asiento del colectivo, empuñando una mano que metió en el bolsillo de la chamarra.

Entretanto, tomó su debido tiempo para contarle el resumen de lo que ocurrió con Izuku, desde haber aprendido su nombre, hasta donde le pidió ser su novio. No se detuvo a contarle sobre sus sentimientos, pero sí sobre las dudas que lo asaltaban con respecto a no saber cómo actuar con el cliente a partir de ahora, dado que no tiene un ápice de conocimiento de qué hacer y cómo actuar frente a su primera pareja.

Kirishima, siendo el experto que es para detectar sus sentimientos a través de su voz, lo escuchó sin emitir interrupciones en su narración.

Solamente escuchaba los gruñidos de su amigo asintiendo del otro lado de la línea.

Katsuki se desahogó de la mejor manera que logró expresarse, notando que mientras hablaba, lo que hacía suponía un logro para él, dado que no solía pedir ayuda tan desesperadamente como recién lo hacía.

Cuando terminó, cerró los labios en una mueca torcida, esperando su respuesta.

—Vaya, vaya— Suspiró Kirishima, asombrado. —No me imaginé que algo así te fuera a pasar, bro. ¡Es alucinante!

—¿Qué dices?—Frunció el ceño.

—Oye, pero, lo que no me cuadra del todo es que le fueras a decir que sí tan rápido— Opinó sacado. —O sea, ¿por qué? No entiendo, hermano.

—¿Dices que me equivoqué?— Desafió ofendido.

—No, no, no digo eso— Corrigió alarmado. —Lo que quiero decir es que me parece que fue muy rápida tu decisión de decir que sí a alguien que no conoces.

—No lo hice a propósito.

—No, sí entiendo esa parte— Le hizo saber. —Aceptaste ser su novio porque te gusta. Digo, tiene perfecto sentido. Más bien, lo que no entiendo del todo, es a él.

—¿Izuku?— Subió las cejas.

—Sí— Afirmó. —No me queda muy en claro sus sentimientos. No digo que no guste de ti, es perfectamente entendible que en algún momento debió de fijarse en ti, bro. Si eres genial. Pero por lo que me dijiste, los sentimientos de este sujeto, no me cuadran del todo. No me convence.

—Hmm— Rezongó Katsuki, obscureciendo su ceño.

—¡No, bro!—Negó Kirishima. —Tu decisión no está mal. Estoy de acuerdo con que tu tengas la felicidad que te mereces.

—Kirishima— Pronunció frío. —Que te quede claro que yo no te hablé para que me dijeras tu maldita opinión.

—Ah, no, sí bro, lo entiendo.

—Yo te hablé para que me escucharas, tonto— Aclaró, sobreponiendo su voz. —No para que jodieras con tus opiniones.

—Bakugou, cálmate— Manifestó medio nervioso.

—No me pidas que me calme, bastardo.

—Pero estamos hablando de tu primera experiencia con un hombre. Tú primer novio— Apuntó. Katsuki se ruborizó ante la mención de la palabra "primer novio". —Es un asunto que no tenemos que dejar pasar. Es de suma importancia discutirlo.

Katsuki ojeó los asientos del colectivo vaciándose lentamente en una de las paradas; hizo una mueca soporífera, porque hacían mucho ruido al bajarse.

—¿Qué tenemos que discutir?— Interrogó Katsuki, entornando los ojos hacia adelante, mostrando abiertamente su frío exterior y actitud tajante.

—Bakugou, aunque no me lo digas, sé que me llamaste porque quieres ayuda en esto— Reiteró.

—No quiero ayuda— Replicó.

—Lo que tienes qué hacer es conquistarlo, ¿entiendes?— Instruyó Kirishima, serio.

—No— Respondió sin entender. —¿Qué significa eso?

—Cocínale algo— Argumentó. —Aprovecha tus talentos culinarios e impresiónalo con eso.

—¿Hah?

—¿No has escuchado el dicho de que la manera para llegar al corazón de un hombre es a través de su estómago?

Katsuki puso el gesto en blanco.

Sí, sí ha escuchado eso. De hecho, su madre le decía eso cuando él era un adolescente en crecimiento, dado que su madre quería que él saliera con otras personas para tener una relación amorosa con una chica. Por azares del destino, no sucedió de esa manera y se terminó fijando en un hombre.

—Sí— Admitió él con la cara roja.

—Haz eso— Insistió motivado.—Cocínale tus mejores platos, utiliza tus talentos culinarios para llegar al corazón de este hombre. Haz que te conozca a ti y tú a él. Primero muéstrale tus buenas cualidades y después ya dejas que te conozca más a fondo. Lleva las cosas con calma, no forces nada, ¿de acuerdo? Deja que la relación fluya.

—¿Cómo se supone que la deje fluir si no sé nada, imbécil?

Para eso te llamé, bastardo. Pensó.

—Es lo que te acabo de decir, hombre. Que no forces nada— Dijo riéndose. —Es la única manera en la que no te sentirás obligado a ser el novio perfecto. Créeme hermano, te lo digo por experiencia.

—Como si fueras un experto en el amor, bastardo— Dijo irónico.

—A comparación de ti, lo soy— Afirmó.

—¿Qué has dicho, maldito?

—Nada que no sea mentira— Rectificó su amigo. —Todo lo que he dicho es verdad.

—Hmm.

—Bakugou si no quieres hacer lo que te sugiero. Entonces haz lo que tu intuición te diga— Aconsejó de buena manera. —Tienes una buena intuición, úsala, si mis sugerencias no son suficientes para ti.

—Es la mejor sugerencia que has dado hasta ahorita— Bufó sarcástico.

Kirishima soltó una carcajada.

—Al menos mis palabras te sirvieron en algo— Dijo agradecido. —Bueno, si eso será todo. Me retiro a jugar con mi amorcito.

—Asco— Quejó.

—Tú ya tienes a tu propio amorcito ahora— Contestó su amigo.

—Maldito— Gruñó, habiéndose colorado por aquello.

—Aprovecha a tu hombre, hermano— Canturreó travieso.

—¡Cállate, idiota!—Gritó, enseguida arrepintiéndose por haberlo hecho estando dentro del autobús, porque llamó la atención del conductor, quien lo miró incómodo. Katsuki se disculpó con una inclinación de cabeza. El conductor lo miró extrañado.

—Mantenlo contento— Kirishima seguía canturreando con ese tono color rosado que él detestaba, dado que sabía que lo hacía para chotearlo.

—¿Te puedes callar? O ¿te callo mañana en la escuela?— Amenazó cabreado. —Tú eliges, bastardito.

—Bueno, ya me callo— Respondió intimidado con su amenaza.

Siempre ese tipo de amenazas cobraban efecto en sus amigos.

—Bien— Sopló satisfecho. —Ya ve con el cargador con patas.

—Sí, claro. Por supuesto. Te veo mañana en la escuela— Se despidió.

—Hasta mañana— Respondió seco.

Colgando el teléfono, se dio cuenta de que no dijo "gracias" pero de igual manera, Kirishima había entendido que él estaba agradecido por el consejo. Aparte, Katsuki no suele dar las gracias cuando lo ayudan, más bien lo demuestra por otros medios.

Tal vez cocinaría un pastel para el próximo aniversario que festejaría Kirishima con Kaminari dentro de poco.

Daba igual, las formas que tenía de agradecer la ayuda. Así que no se amedrentaría con vanas suposiciones de cómo hacerlo.

Más bien, lo que tenía que ocuparse es qué carajos cocinaría para el cliente cara de inútil. Hurgó entre las miles de recetas de comida que tiene memorizadas, en lo que el autobús llegaba a su respectiva parada.

Agradecido de haber llegado a su parada, se bajó del colectivo sin darle las gracias al conductor, del cual no se vio ofendido por su desinterés de ser amable con los demás.

Se dirigió a su apartamento, agotado de tener un largo día de trabajo; desde haberse levantado a las cinco de la mañana para ir a la universidad, hasta tomar el transporte público a las tres para ir al trabajo con rebosante puntualidad. Porque eso es lo que es Katsuki: puntual.

Katsuki peca de puntual desde la escuela preescolar y eso no ha cambiado desde entonces.

De modo, que además de mostrarle a Izuku sus cualidades, también demostraría su impecable puntualidad y presentación a cualquier parte. Sumándole que cuidaba mucho su aspecto personal, sobretodo la tersura de su piel, gracias a las cremas hidratantes que su madre le regala muy seguido.

Durante la caminata nocturna, se pone a recapitular sus buenos dotes. Notando de paso, que tiene varias cualidades que presumir con orgullo.

Empezaría por el talento innato que posee: la cocina.

Luego se iría por el otro repertorio de cualidades que rebosan su persona. Sonrió de lado, motivado por la gama de posibilidades que se le venían a la mente.

Tener novio no sonaba tan mal. De hecho, sonaba excelente.

Sentía la adrenalina recorrer sus venas ardientemente, latiendo fervientemente, puesto que trabajaría arduamente con la finalidad de que Izuku lo conociera y viceversa.

Llegando a su apartamento, encendió la luz y se quitó los zapatos. La soledad que lo recibía del otro lado de la puerta a veces lo abrumaba, dado que aún no se acostumbraba del todo a vivir solo.

Entró de lleno a su departamento, dejando sus cosas en la entrada. Suspiró agotado, mientras sacaba sus pijamas del cajón de su ropa.

Repasaba varios platillos de comida japonesa, adentrándose a los clásicos, los cuales intuía son los favoritos de la mayoría de la población nipona, así que convenía cocinar un plato clásico que impresionara a Izuku.

Sí, todo se escuchaba fantástico si lo visualizaba en su mente, convenciéndose moviendo la cabeza en asentimiento de que sí le resultaba excelente irse por esa tangente.

Complacido con su objetivo, tomó una ducha, se preparó de cenar, después finalizando con una rápida repasada de lo que se trataría la clase del proximo día, antes de alistarse en la cama para dormir.


Despertó a las cinco de la mañana con el cabello echo un lío por doquier, la pesadez de sus piernas quejarse por tener que levantarse de la cama, y los ojos adormilados.

—Carajo— Maldecía conforme se quitaba las sábanas de la cama. Estiró los brazos, las piernas, terminando con la espalda.

No le dio tiempo de pensar en lo que cocinaría para impresionar a Izuku, pero en cuanto abrió el refrigerador, la idea se le vino como un estruendo fugaz.

Supo lo que cocinaría. Algo rápido, no muy laborioso, pero sobretodo, delicioso.

Katsuki sacó los ingredientes, los distribuyó en la cocina, se remangó las mangas de la camisa del pijama y se puso en marcha, aprovechando que disponía de buen tiempo antes de ir a la escuela.

Estos ratos en la mañana son los que disfrutaba bastante, dado que adoraba cocinar como ninguna otra cosa en el mundo.

Por algo se dedicaba a la cocina desde la infancia y en ningún momento le ha aburrido, o sido desagradable. Es al revés, Katsuki ama cocinar junto con todo lo que conlleva la gastronomía en su totalidad.

La mañana se pasó volando, con él preparando Katsudon, los rayos solares entrando por la ventana pasando entre las cortinas, dando paso al calor mañanero que tanto le agradaba sentir, dado que era invierno y en todas partes hacía un frío espantoso.

Una vez terminado de cocinar, colocó la comida en el bento, por consiguiente, envolvió las loncheras en telas diferentes para darle el sello distintivo.

Katsuki sonrió triunfal con su hazaña.

Sólo esperaba que Izuku gustara de su cocina.


Ese día estuvo extrañamente silencioso. Sus amigos tuvieron reacciones de espanto de no verlo gritarles como una tarabilla agresiva, pero es que Katsuki no quería darles entrada a su preocupación sobre su decisión de preparar Katsudon aquella mañana. Su mente anduvo divagando en miles de escenarios en donde Izuku sonreía de gozo de probar su comida. Se sonrojaba enormemente cuando tales posibilidades se aparecían por su mente.

El resto del periodo de clases se halló de ese modo. Ensimismado en su mundo. Anotaba la información que sus maestros otorgaban, realizó las prácticas con rebosante ímpetu, fue puntual en todas las clases y en la entrega de trabajos escritos, incluso llegó con impecable puntualidad al trabajo, rayando entre la media hora que le faltaba para que empezara su turno.

Ok. Llegó a trabajar, Izuku todavía no arribaba, así que aún había tiempo para recalentar el Katsudon,(que para esas horas estaba frío), en la cocina de la cafetería. Aprovechando la media hora que le quedaba para que su turno comenzara, se inmiscuyó en la cocina, sacó los dos bentos de la mochila y los recalentó en la estufa. Los nervios rozando contra su firme temple.

Mina le tiró unos comentarios chocantes, Tsuyu le preguntó cuál era el motivo de preparar dos comidas si sólo se trata de uno solo, y para joder su amargo humor, su jefa Uraraka, arremetió contra su concentración.

—¿Para quién es eso, Bakugou?— Preguntó su jefa en tono curioso. —Huele delicioso.

—¿Qué te importa para quién es esto?— Gruñó, re acomodando el Katsudon destinado para Izuku en el bento.

—No me contestes así, Bakugou— Refunfuñó su jefa, fingiendo enojo. —Sabes que te puedo descontar el sueldo si me contestas.

—Patrañas— Contestó desafiándola.

—Uy, Bakugou está muy contestón— Canturreó Mina, divertida.

—¡Dejen de joder ustedes!— Gritó rabiando.

—¡Bakugou!— Su jefa le dio un zape en la nuca, sacándole un gruñido. —Guarda silencio— Siseó. —Otro grito más de tu parte y te bajo el sueldo.

Katsuki esbozó una mueca de disgusto, endureciendo su ceño. No podía desafiar a su jefa por una tontería, por lo que guardó aparente silencio. Y cuando se refiere a aparente, es que no gritó en presencia de su jefa, quien afortunadamente se marchó de la cocina, minutos después de haberlo regañado. Para minutos posterior a eso, su jefa regresara para pedirle a Tsuyu un capuchino, quien rápidamente armó un poco de espacio en la máquina de preparar café para hacerle el suyo.

Sin embargo, en cuanto Tsuyu le dio el café a su jefa, a ésta se le cayó el contenido liquido caliente y espumoso sobre sus pantalones del trabajo y parte de su polo del trabajo. La sensación fue de lo peor que le pudo haber pasado en el trabajo. Que el maldito contenido de un estúpido café le cayera encima de la ropa. ¡Malditamente indignante!. Katsuki echó una sarta de pestes a su jefa, depurando todo su sentir, su indignación, su enorme enojo por que su uniforme estuviera sucio en un día tan importante como ese (bueno que para Katsuki era importante, ya que comería con Izuku por primera vez desde que lo conoce y eso, en el lenguaje de las parejas, significaba mucho).

Tan pronto como desquitó su frustración y enojo, se fue a cambiar con el único cambio de ropa que tenía en la mochila, que constaba de la ropa que usó en la escuela ese mismo día. Se puso una camiseta de color rojo y unos vaqueros ajustados. Y a pesar del desastre que era su cabeza en esos momentos, se daba el lujo de demostrar que tiene un buen estilo de vestir.

Los nervios lo carcomían vivo, el estómago se le apretujaba en un revoloteo incesante, las manos le temblaban mucho. Era el primer detalle que le preparaba a una persona ajena a sus amigos.

Sin embargo, alistó todo lo que ocupaba para impresionar a su novio.

Carajo. Se sonrojaba con semejante pensamiento circulando por su cabeza, debido a que no digería el hecho de que tuviera uno.

Envolvió la tela de color azul y estrellas, ruborizado por cada zona visible de su rostro.

Suspiró profundamente.

Bien, ya estaba listo para que Izuku arribara a la cafetería. En cualquier minuto, en cualquier instante ya.

Empuñó las manos, motivado por impresionar a su primer novio. Katsuki rebosaba de energía por los poros de la piel, los ojos avispados y bien abiertos en espera a la llegada de Izuku.

—Parece que golpearás a cualquier persona que se te aparezca en frente— Lo codeó Mina, abochornando al pobre inexperimentado de Katsuki.

—¿Disculpa?— Puso cara de haber tragado un bicho.

—Por si no lo sabes— Dijo Mina, jalando su brazo hacia la dirección de la entrada de la cafetería. —Ahí viene tú hombre.

—¿Hah?— Se paró en seco, aturdido ante la vista de la cabellera verde de Izuku encaminarse hacia la cafetería.

Mina soltó una risotada. —¡Bakugou sonrojado!

A ese comentario, reaccionó de una sacudida.

—¡Oye! ¡Cállate!— Ordenó en parte enfadado y en parte avergonzado. —No me molestes.

—Entonces, ¿Qué esperas?— Ella se puso detrás de él, colocó ambas manos en su espalda, empujándolo hacia adelante. —Atiende a tu hombre para que no te abandone.

—¿Qué clase de frase es esa?—Chistó Katsuki, sintiendo las piernas flaquearle.

—Ay, apúrate— Lo animó.

—Déjame maldita— Siseó, ruborizándose como un tomate.

Oh no.

No.

No.

No.

Su cuerpo nuevamente se tensó, y seguido de ello, vinieron las sensaciones de nerviosismo apoderándose de su tranquilidad.

Con un demonio, Katsuki estaba increíblemente asustado. Peor que asustado, aterrorizado de vislumbrar a su novio arribar a la cafetería.

Lo vio entrar desde la puerta, con ese aspecto enigmático y atractivo, que tanto le gustaba.

I-Izuku…

Katsuki cogió aire, expandió el aire a través de sus pulmones. Bien, el cuerpo se iba relajando con ese ejercicio. Lo volvió hacer dos veces seguidas y se encaminó hacia la caja registradora, donde Izuku hacía fila.

En cuanto fue el turno de Izuku, Katsuki tomó el control excelente. No dejó que Izuku pidiera el capuchino de siempre, ni tampoco lo dejó pagar, como lo había anunciado el día anterior, previo al beso.

Acto seguido, se ocupó tomando las órdenes de los demás clientes hasta que Tsuyu se ofreció a ocupar su puesto, para que él pudiera preparar el café de Izuku.

Se animó a preparar un café vienés, porque recordaba que a Izuku le había gustado dicho café. Además, la preparación del café vienés le resultaba fácil. Lo hacía en un dos por tres.

Le dio a Izuku el café y le dijo que no se marchara, puesto que comerían juntos. Secretamente bailaba de felicidad porque tendría su primera comida con su pareja. Y además, Izuku había accedido a ello. Malo fuera que no hubiese aceptado, pero lo hizo.

En cuanto su turno terminó, usó el descanso de media hora que le daban en el trabajo, comiendo con Izuku, de quien descubrió que su platillo favorito era el Katsudon. Vaya suerte la suya.

Kirishima acertó en sugerirle que mostrara sus dotes culinarios. Katsuki hizo nota mental de agradecerle luego que tuviera la oportunidad, por haberle dado una excelente sugerencia.

Katsuki sonrió internamente, ofreciéndole prepararle Katsudon de ahora en adelante, con tal de complacerlo.

Y si eso conllevaba que se conocerían mejor en el transcurso de su relación, gratamente lo haría. Complacería a Izuku de la mejor manera posible. A su modo, trataría de ser un buen novio, pese a su inexperiencia.

No se dejaría amedrentar por ello, dado que apenas comenzaba por calentar motores en la relación.

Sin embargo, su pacífica comida con Izuku llegó a su fin, debido a que éste decidió salirse de la cafetería, después de haber puesto una cara de espanto y sus ojos verdes mirando hacia la nada, lo que sacó de onda a Katsuki, quien no supo cómo manejar la situación y tanteó llamándole quedamente, cosa que no funcionó, mucho menos cuando le dirigió una mirada de circunstancia.

Izuku se retiró sin darle una manera de poderse contactar, dejando a Katsuki en gran parte confundido y por otra parte, preocupado de que si su acercamiento a Izuku fue el equivocado, pese a que pareciera que todo fue por buen camino.

Katsuki se puso a rejuntar lo que Izuku había dejado. El café y el bento.

Suspiró decaído.

A la siguiente vez, no permitirá que se marche de esa manera.

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NOTA: El lado en que Katsuki ve las cosas es dado a su inexperiencia ante situaciones nuevas. Sin embargo, puede que se muestra muy sabedor de todo, pero no es así. Pero, le echará ganas para ser el mejor, aunque no entienda muchas cosas.

NOTA #2: Lo corregí porque faltaba una escena en el capítulo. Una disculpa por el error.