CAP 19. UN ALMA COMPLICADA

POV ASTRID

Dos días han pasado, los establos al fin estaban reparados, la Orilla definitivamente ya estaba tomando forma.

Mi cabaña estaba lista hacía un par de horas, bien, es sencilla, funcional, cálida y pequeña, todo lo que necesito para vivir feliz.

Axe nos dejó a total disposición sabanas y mantas que tenía, por suerte estos días no han sido especialmente fríos, pero según Patapez, nuestro nuevo encargado del clima, en los próximos días, aquello va a cambiar, salir a los mercados en una isla cercana aún era riesgoso, pero no nos estábamos quedando con opciones.

-Hola- escuché una voz plantarse en la entrada de mi nueva cabaña

-Hola- respondí tratando de no sentirme intimidada por su presencia, cosa que ya me era imposible últimamente

-Heather me dijo que solías ser más friolenta que la media normal- me dijo ofreciéndome un par de mantas extras

-Heather es una exagerada- respondí recibiéndolas haciéndolo sonreír –gracias igual- lo invité a pasar con un gesto, el sonrío de lado y pasó, pude notar una mirada que últimamente parece invadirlo ¿preocupación?

Pasó, se sentó y sin mirarme comenzó a afilar algunas flechas que iba a disponer para la decoración de un muro, yo solo lo miré curiosa.

-¿Esta todo bien?- le pregunté invadida por la curiosidad

-Por supuesto- me respondió con media sonrisa

-Yo creo que no- insistí acercándome a él, pude notarlo tragar saliva y dejar las flechas de lado

-Yo creo que si- me dijo levantándose, un impulso eléctrico se apoderó de mi cuando se acercó a mí, y sin permiso, sin tiempo, sin miedo besó mi frente y se salió sin decir nada, dejándome condenada a no comprender nada.

POV HIPO

Esto está acabando conmigo.

No puedo continuar mintiéndole a Astrid, pero no puedo decirle la verdad, no hay una versión de esta historia en donde las cosas salgan bien.

No puedo estar lejos de ella a estas alturas, pero si estoy cerca solo puedo pensar en besarla o decirle la verdad, es una lucha moral que no estoy pudiendo ganar.

Tomé aire, y después de mi arriesgado y muy impulsivo acto me dispuse a regresar a su cabaña, solo eran un par de pasos la distancia que había recorrido, poco se pudo alejar ella de la entrada.

-As- la llamé -¿te apetece un entrenamiento nocturno?-

-Por supuesto- me respondió claramente confundida –le avisaré a los chicos-

-No... solo tu y yo- me armé de valor

-Claro-

POV NARRADOR

-Claro- respondió la chica confundida por aquella extraña invitación, Hipo asintió y se alejó de ahí, Astrid frunció el ceño, estaba igual o mucho más confundida que minutos antes.

Pero si alguien estaba mas confundido que ella, era él, ni siquiera sabía por que había hecho eso, es que simplemente quería estar con ella, o era su subconsciente exigiéndole a gritos que revelara la verdad... nisiquiera el sabía la respuesta, y en honor a la verdad, nisiquiera quería conocerla.

Pasar desapercibidos en ese momento era simple, todos estaban demasiado emocionados decorando sus cabañas.

El vuelo fue mas silencioso que otra cosa, pero extrañamente ambos estaban muy cómodos con eso.

Minutos después aterrizaron sobre una isla aledaña a esta, e Hipo sin decirle una palabra comenzó a adentrarse al bosque asegurándose que la rubia lo siguiera junto con los dragones, el silencio era perpetuo, Astrid estiraba sus dedos sobre las plantas que eran dulcemente iluminadas por los rayos de luna que se colaban por los espacios abiertos de las copas de los enormes árboles, los dragones caminaban tranquilos, Chimuelo de vez en cuando trataba de agarrar a una traviesa luciérnaga que se habían dignado a acompañarlos, Tormenta estaba en sus propios asuntos correteando pequeños terrores terribles que se iban a sus nidos a dormir.

Los pies de Astrid seguían el verde sendero en donde curiosas flores rojas hacían contraste con el verdor del bosque, Hipo la veía por el rabillo del ojo, tan curiosa como desde el día que la conoció, con un aire tan infantil, era como ver a su antigua niña descubrir Berk el día en que llegó ahí.

De a poco una pared de ramas se hizo presente, e Hipo en lugar de desviarse levantó parte de la enredadera y le pidió a Astrid que pasara, la mirada de la rubia se perdió en el lugar, árboles que hacían juego con el pasto, un pequeño lago con aguas turquesas que reflejaban a la curiosa luna, ese lugar no tenía un solo defecto, las luciérnagas daban un toque místico y hermoso a toda la zona, los arboles lo protegían estoicos, pero contrario a darle un aspecto tenebroso, parecía decirles a los intrusos del lugar, sean bienvenidos, el cielo entero parecía ponerse a disposición de la pareja.

-Es hermoso- murmuró Astrid perdida en el lugar

-Lo es- dijo para sí el castaño mirándola a ella

-Y bien, ¿espadas, arco, hachas o dragones?- preguntó curiosa la chica haciendo reír al castaño, de repente el ojiazul se acordó que la había invitado a un entrenamiento

-Lo dejo a tu elección, en tres de ellos soy igual de malo-

-Por supuesto que no, te he visto entrenar con Patán usando espadas, en realidad eres bueno- le refutó la chica

-Bueno, mi rival es Patán- se mofó el chico recibiendo la espada que Astrid le ofrecía

-Pues... aquí tienes a una rival- lo retó Astrid tomando otra espada que arrogante la blandía -

-Creí que tu especialidad era el hacha- respondió Hipo jugueteando con la espada, a sorpresa de Astrid, Hipo era más diestro de lo que esperaba

-Ese es mi truco chico dragón... con cualquier arma te puedo dejar a mis pies- a Hipo se le escapó una sonrisa por aquellas palabras, Astrid poco sabía que con solo mirarlo él ya caía rendido a ella

-Bien M'lady... hora de demostrar que no son solo palabras- dijo colocando la punta de la espada en el suelo y levantándola rápidamente lanzando un trozo de pasto al cielo, Astrid enarcó la ceja sorprendida de que alguien tan lejano al mundo vikingo conociera una tradición tan antigua, el anuncio de que el combate iba a comenzar.

El primer golpe fue directamente de Astrid, rechazado con una facilidad indescriptible por el castaño, pero la ojiazul apenas estaba comenzando, y no iba a rendirse fácilmente.

Lo dejó saborear sentirse victorioso un par de veces más, con pequeñas estocadas, Hipo sin saberlo estaba entrando en terreno de la ojiazul, cuando Astrid se cansó de fingir que él tenía ventaja lanzó su primera verdadera estocada que a duras penas el castaño pudo evitar sin poder evitar caer al suelo, Astrid sonrió arrogante y le ofreció la mano para ayudar a levantarse, Hipo fingió tomarla mientras discretamente colaba su pierna entre sus pies, tomó su mano y con un solo movimiento la hizo caer también a ella acorralada entre el suelo y él.

Arrogante el castaño la desarmó alejando ambas espadas y apoderándose de sus brazos

-Demasiado ambicioso tratar de vencerme en un golpe señorita- le murmuró acercándose a ella, pero sin aviso la chica tomó fuerza y los hizo girar ahora ella controlando la situación, recargando su pecho sobre su pecho para sujetar sus brazos dejándola a centímetros de su rostro

-Demasiado inocente creer que me puedes detener tan fácilmente- susurró ahora ella totalmente perdida por su boca, un silencio abrumador se apoderó de ellos, solo sus respiraciones aceleradas eran capaces de ser escuchadas.

Astrid, sin permiso de su mente comenzó a recorrer el brazo del castaño apenas rozando con la yema de sus dedos al chico hasta que su mano derecha terminó en el pecho del chico que subía y bajaba agonizante por el movimiento de la ojiazul.

Hipo tragó saliva y aquel brazo liberado del yugo de la ojiazul lentamente comenzó a acercarse a la cintura de la chica y finalmente reposó ahí.

-¿Qué te perturba?- preguntó con la voz entrecortada la rubia, Hipo ni siquiera notó que estaba acariciando su pequeña cintura cada segundo con un poco más de confianza

-El mañana quizá- confesó el chico –As... debemos regresar- se acobardó al final bajando a la chica de él para después subir a Chimuelo y emprender un silencioso regreso a casa.

Los días habían pasado, los hermanos habían tenido que reparar los establos ... de nuevo... y las otras dos construcciones que volaron en los 3 días siguientes, los chicos cada día mejoraban más y más en el arte del entrenamiento de dragones, y la Orilla estaba prácticamente terminada.

Pasada una semana del primer día de entrenamiento, Heather seguía debatiéndose sobre decirle o no lo que sabía a Astrid, y como su mente no lo resolvía, se alejaba de ella todo lo posible.

Patapez y Patán por su parte, se reunían con Hipo de vez en cuando para tratar de convencerlo de que ya era hora de decirles a todos, incluyendo a la ojiazul la verdad.

Patapez por su parte luchaba su propia batalla para ocultarle a Hipo que Heather sabía toda la verdad.

Astrid, estaba en su propia campaña, se dedicaba cada momento libre en practicar con Tormenta, en realidad eso le encantaba y le servía para mantenerse alejada lo más posible del jinete del Furia Nocturna, conforme los días pasaban, sus sentimientos parecían incrementar, incluso una sonrisa de él en el desayuno la hacía perder el equilibrio, y la actitud distante y cambiante del chico la tenían completamente confundida.

Hipo trataba de alejarse de Astrid igualmente, no quería seguir con su mentira, pero conforme pasaban los días, justo como Patán le dijo, sostener la mentira le era más doloroso y complicado, él sabía que cuando Astrid supiera la verdad, la perdería y él ya no podría estar sin ella...

Los gemelos, bueno, además de dedicarse a volar cosas, si algo tienes es que son muy observadores y se percataban de absolutamente todo lo que pasaba... Al menos a medias

-¿Sabes hermano?- dijo Brutilda recargada en la cabeza de Guacara –creo que esos tres están ocultando algo- afirmó señalando a Patán, Patapez e Hipo que entraban misteriosos a la herrería

-¿Apenas te das cuenta?- respondió en tono obvio Brutacio sobre la cabeza de Eructo –lo noté hace tres días... estás perdiendo el toque-

-Crees que sea un caso para...-

-Thorton y Thorton... Detectives extraordinarios- dijeron los dos al mismo tiempo sonriendo