Capítulo 11. Rokujou Toki
Ni siquiera era consciente de los días que habían pasado. La oscuridad aun emanaba de cada rincón de aquellas habitaciones. La gotera seguía cayendo pausada e incesante. Al principio le estresaba luego, ni siquiera pensaba en ella. Los días pasaban y su comida se redujo a un par de platos al día mal elaborados. Suponía que necesitaban mantenerle con vida para que terminase de cumplir con el trato pero ahora, ni siquiera estaba seguro de si saldría en algún momento de allí. habría luchado de otra forma en otro instante pero, si su familia estaba en peligro no tenía más remedio que aceptar cada condición. Tampoco sabía muy bien en qué situación se encontraban. En el peor de los casos, Toki habría dejado de respirar en aquella hora que tenía de tiempo límite bajo la piedra y Kioku…, posiblemente habrían hecho con ella lo que hubiesen querido hasta dejarla sin alma… Todas las opciones en las que pensaba siempre eran terribles y para colmo los mareos por los efectos de su quirk se habían convertido en vómitos, algo de fiebre, un dolor de cabeza punzante y permanente y un intenso pitido en el oído. Era insoportable. Notaba la debilidad aferrarse a cada poro de su piel, probablemente a esas alturas, ni siquiera sería capaz de mantenerse en pie. Ni siquiera sabía cómo podía abrir los ojos.
O como salir de allí.
Sin embargo, ese no era el mayor de sus problemas. No había oído hablar de sus hermanos en los últimos días, así que, aquella desazón, esa falta de información hacía que se obligase a sí mismo a exigirse lo máximo de su quirk a pesar de los descansos.
En ese instante, solo le quedaba alguien a quien Daiki Shinto debía de olvidar; su hijo. Había dejado lo más complicado para el final. Un amor tan puro y tan ligado al alma de una persona era lo más complejo de borrar. Al fin y al cabo, era sangre de su sangre. Tragó saliva sintiéndose terriblemente mal. Notó una enorme culpa apoderarse de cada resquicio de su mente. Los remordimientos. El dolor. Había traicionado todo por lo que había luchado desde que era un niño. Al final, ser una persona que se dedicaba a hacer el bien, carecía de importancia. Daba igual. Él solo era alguien que se aborrecía a sí mismo por el simple hecho de destruir la vida de una persona inocente. Ya no tenía derecho a llamarse héroe de ninguna forma.
Soltó un largo suspiro. Se sentía débil, pequeño y notaba un enorme vacío crecer dentro de él. Su cuerpo temblaba sin que él quisiera. Aquello era peor que la más cruel de las torturas. Solo esperaba que, después de todo, mereciese de algún modo la pena ese sacrificio que estaba haciendo en contra de su voluntad. Pero sabía, que en su estado, salir de allí sería un reto mucho mayor.
-¡Eh! Levántate escoria.-De pronto, escuchó la voz de aquel villano que llevaba días inyectándole algo para inhibirle ciertos movimientos. Si no hubiese sido así, estaba convencido de que al menos, su cerebro habría pensado una forma para escapar, de luchar, pero no.
Poco a poco, Kai se alzó sentándose sobre la fría losa del suelo. Le dolía absolutamente todo. Tenía los músculos más entumecidos que nunca.
-Muy bien, héroe, te falta un nombre.-Asintió ese otro villano con el que había estado hablando desde el principio. Se agachó a su lado mientras su compañero, traía a la víctima en cuestión. Tenía la sensación de que Daiki Shinto ni siquiera era ya consciente de lo que pasaba a su alrededor. Su cabeza debía de estar más en el otro mundo que en este. Sin saber por qué Kai se echó hacia atrás en su asiento un tanto, agobiado. Sus movimientos valientes y decididos, de repente, habían cambiado sin querer. Sus impulsos, llenos de ganas de pelear y enfados, ahora eran totalmente de huida.- ¿A dónde vas?-Rió el villano.-Vamos hombre, hoy es tu día de suerte.-Observó de reojo que se encendía un cigarrillo.-Por fin podrás salir de aquí, ¿no?-Sonrió siniestramente. Kai sintió un escalofrío recorrerle toda la espalda.
Un par de habitaciones más allá, Toki intentaba deshacerse de las cuerdas que ataban sus manos sin el éxito esperado.
-Maldita sea…-Refunfuñó por novena vez.
-Es imposible…-Su hermana suspiró rendida.-Yo lo he intentado miles de veces.-Se mordió el labio.
Toki chistó con la lengua. En qué momento habían llegado hasta ese punto, se preguntó. Al menos, estaba con su hermana y solo con poder oírla, sabía que ambos aún seguían lo más enteros posible.
-Oye…, no sé cuándo acabará esto pero…-el tono débil y entristecido de la joven se alzó,-si algo no saliese bien…
-¿De qué estás hablando?-Toki frunció el ceño bajo la venda que le tapaba los ojos y Kioku suspiró rendida. Hacía días que tenía el presentimiento de que, escapar de allí sería lo último que hiciese en la vida. Tragó saliva e intento serenarse. Asumir esa parte había sido cuanto menos doloroso.
-Cállate y escúchame un segundo.-Soltó exasperada.-Si algo no saliese bien…, quiero que le digas a Tomoe que siento mucho no haber podido hacer nada más…
-Eso es una tontería. No voy a decirle algo que harás tu misma.-Kioku suspiró rendida. Sus hermanos eran las personas más cabezonas del mundo, se dijo.
-De acuerdo…-Soltó al fin. Después de todo, no debía de perder la esperanza. Ella siempre había sido muy positiva, no debía renunciar a la idea de salir de allí. Se preguntó incluso, en ese instante, si la policía estaría haciendo algo por ellos. Seguramente ya se hubiesen dado cuenta de que no regresaban y de que no tenían forma alguna de localizarles. Su agencia de héroes estaría en las mismas. Tal vez, la ciudad se hubiese movilizado de alguna forma.
Deseaba con ganas que las cosas fuesen así…, pero…
En ese instante, sus dedos maniatados, tocaron el pequeño dispositivo que Daiki le había dado hacía unos cuantos de días. Tenía que llegar fuera cuanto antes. Suspiró. Al final, no había podido hacer nada por él. Desde que Kai había estado borrándole de la memoria a aquellas personas a las que amaba, Shinto no había pronunciado ni una sola palabra cuando se habían topado con él entre rejas en el instante en el que la habían alejado de sus hermanos. Aunque cada vez que preguntaba, con sus ojos vendados, ni siquiera sabía realmente si estaba allí así que, todo era aún más desesperante.
Después de pronunciar aquel último nombre, Kai volvió a vomitar. Tosió violentamente y notó que la cabeza iba a explotarle en cualquier momento. Se tiró sobre el suelo intentando cuadrar la vista en algún punto sobre los tristes focos del techo a pesar de que sentía que su cuerpo pesaba más de lo normal y que sus ojos no le acompañaban en aquello de permanecer despierto. No obstante, no podía rendirse o quedarse allí. Tenía que salir con Kioku y Toki cuanto antes. Esperaba que aquellos malditos seres cumpliesen a toda costa con su estúpida palabra. Se volvió sobre su cuerpo y apoyó la frente sobre sus manos. Respiraba con dificultad.
Y entonces en ese instante, escuchó muy de fondo, la conversación que mantenían aquellos dos.
-¡Por fin! ¡Já!-Haoru se sintió terriblemente satisfecho con el éxito de la operación ahora solo quedaba terminar de lavarle muy bien el cerebro para que se convirtiese en el hombre que la futura Liga necesitaría.
-No cantemos victoria.-Se acercó Omutsu soltando el humo de su segundo cigarrillo.-Aun tenemos que comprobar si ha funcionado cuando despierte.
-Eso puede hacerse fácilmente. El jefe estará contento si lo hacemos rápido.-Rió el supuesto torturador antes de propinarle un buen puñetazo. La cabeza de Daiki, cabizbaja, se balanceó pero él no expresó ningún sonido. Ni quiera un leve quejido de molestia o una de sus detestables y atrevidas sonrisas.
En ese instante, el tiempo pareció detenerse.
Omutsu dejó de fumar. Elevó sus ojos hacia el bestia de Haoru y frunció el ceño enfadado. ¿Por qué diantres no podía contenerse aquel estúpido animal?, se preguntó molesto con la situación.
-¿Qué diablos has hecho idiota?-Cuestionó elevando el rostro de Shinto. Su palidez era evidente. Los ojos cerrados y hundidos. Tenía los labios amoratados y no se movía. Las pupilas del villano se abrieron de par en par. No podía ser. Después de todo el maldito esfuerzo que habían invertido, no podía ser cierto que ese estúpido héroe la hubiese palmado.- ¡Maldita sea!, ¡¿por qué cojones le has dado tan fuerte?!-Omutsu alzó su mano desprendiendo un rastro de miel hasta el cuello de Haoru rodeándolo y apretándolo con fuerza. El hombre, que había dado dos pasos hacia atrás para intentar evadir el ataque sin conseguirlo, luchó notando como empezaba a asfixiarse mientras sus pies se alzaban de la tierra.
Desde el suelo, Kai empezó a sentirse aún peor por lo que sus ojos presenciaban. No podía ser cierto…, después de todo por lo que había pasado…, que él, para colmo…
-¡Está muerto joder!-Gritó el villano contra el otro cuyo rostro cada vez estaba más morado y su cuerpo, hacía desagradables aspavientos involuntarios.-Nunca debimos dejarte las malditas riendas de su cuidado.-Gruñó.- ¡Eres un incompetente!-Lo lanzó violentamente contra una de las paredes del bar hundiéndolo en ella.
Kai tembló. De pronto, se sentía aún más mareado y peor que antes. Su cuerpo no le respondía en absoluto y entonces, notó que le pesaba lo suficiente como para caer rendido sobre el suelo. Cerró los ojos con aquella última visión y pensamiento en la mente.
Después todo fue…, oscuridad…
Mientras él perdía la consciencia, Omutsu gruñó furioso. Ese maldito plan había sido una mala idea desde el principio. Estaba claro que si aquel imbécil le torturaba hasta ese punto llegaría un momento en el que el héroe no aguantase más. Se había pasado de la raya y eso lo cabreaba sobremanera. Sobre todo, por las repercusiones que tendría para su impecable historial. Lo que le faltaba, era que el Doctor, encima, le echase un sermón, pensó enfadado hasta un límite que excedía lo normal.
Impulsivo y descontrolado por la situación, Omutsu sintió que había sido engañado desde el principio. En realidad parecía que todo había sido una treta del dichoso Doctor para que el rehén muriese pero de una forma más impresionante. No entendía nada. No comprendía porque había tenido que llegar a ese punto para que el resultado fuese aquel tremendo desastre. Y lo peor de todo era que odiaba dar explicaciones.
Enfadado, caminó hacia Kai y, al darle una pequeña patada en un costado comprobó que no sería capaz de levantarse en días. Arrugó la nariz. Finalmente, no se había salido con la suya pero, ellos tampoco lo harían. Las repercusiones no serían malas solo para él así que, caminó decidido por los pasillos hacia esa sala en la que ambos hermanos aún estaban maniatados con los ojos vendados. Abrió la puerta de par en par marcando la suela de sus botas en el acero. Los dos se quedaron totalmente quietos y expectantes al oír aquel estruendoso sonido.
El metal cayó contra el suelo y Kioku notó que se echaba, de repente, a llorar.
Él encendió la luz parpadeante de la pared y anduvo con paso firme, hasta acercarse lo suficiente a Toki como para susurrarle al oído.
-He escuchado que tu borras la memoria inmediata con solo tener un pequeño contacto visual.-Agarró el respaldo de la silla y le giró con fuerza. Frente a él, había un enorme cristal por el que se veía reflejada la habitación contigua, ahora, vacía. Le quitó la venda a Toki de los ojos. Este intentó moverse para darle un golpe con el asiento al que estaba atado al ver de quién se trataba pero el villano, le detuvo uniendo el mueble al suelo con su miel endureciéndola todo lo posible y le agarró del pelo echándole la cabeza hacia atrás con energía. Toki sintió los tirones y no pudo evitar una expresión de dolor.-Tú estúpido hermano no ha cumplido con el trato, Dispel…-Soltó irascible aun sabiendo que mentía. Toki sintió un vuelco en el alma. ¿Qué no había cumplido con lo acordado?, ¿qué significaba eso? Sus ojos se abrieron de par en par. Sintió que el villano le soltaba el cabello. Las pulsaciones de su corazón se aceleraron.-Ya sabemos lo que eso significa.-Vio a través del cristal como se acercaba a su hermana sacando un cuchillo de su cinturón.
-No…-Susurró nervioso. Intentó mirar hacia él. Si le borraba la idea de la mente tal vez pudiese hacer algo… Sin embargo la silla no se movía y su cabeza no daba para tanto aunque se esforzase con todas sus ganas.
Había un punto ciego entre ellos.
-¡No! ¡No! ¡Déjala!
Asustada, sin saber que estaba pasando a su alrededor salvo por los ruidos que escuchaba, Kioku se encogió sobre sí misma tiritando como si estuviese en el más crudo de los inviernos.
-¡Detente! ¡No!-Toki gritó con todas sus fuerzas pero eso no impidió que Omutsu le levantase el rostro a Kioku con cierta e irónica delicadeza y sin pensárselo ni un solo segundo, pasase el cuchillo por su cuello con un corte limpio.
La sangre se desprendió rápidamente por su cuerpo y en un abrir y cerrar de ojos, Kioku, dejó de respirar. Al igual, prácticamente, que Toki.
No había ira en él, solo desesperación. Un shock tan grande que sintió que cada parte de su cuerpo se quedaba totalmente paralizada al darse cuenta de que ella, había sido asesinada de esa forma tan cruel y despreciable.
Sin razón. Sin motivo aparente. Sin un objetivo lógico. Pero sobre todo, sin poder…, evitarlo… Ella había muerto, en vano.
Lo siguiente que recordaba era como el villano le había desatado y como él había ido corriendo a su encuentro obviando por unos segundos la presencia de aquel malhechor. La desató, le quitó la venda de sus ojos abiertos y la abrazó con todas sus fuerzas. Intentó despertarla. Quizás, aun respiraba… Quizás aún pudiese salvarla… No tenía tiempo que perder. No obstante, no fue así. Su piel, fría como el hielo fue un colapso para su mente aún mayor. La balanceó cogiéndola entre sus brazos gritando totalmente hundido. Roto. Frustrado. Ausente.
Susurraba su nombre. Le pedía por favor que despertase pero no lo consiguió.
En ese momento, cuando pareció que se tranquilizaba un poco, se dio cuenta cuando la mantenía aun entre sus brazos mientras sus lágrimas se precipitaban sobre sus mejillas de que guardaba algo entre los dedos. Sin saber muy bien qué hacía, escondió aquello que su hermana sujetaba con fuerza. Quizás era algo fundamental para ella que no deseaba perder bajo ningún concepto.
Se sorbió la nariz. Todo él, temblaba. La miró una vez más y, le cerró lentamente los párpados. Le acarició su precioso y maravilloso rostro.
-Te quiero…-Le susurró muy bajito apoyando la frente en la suya.
Y en ese momento, notó un fuerte golpe en la sien que lo dejó totalmente…, noqueado.
Ni siquiera supo el tiempo que había pasado cuando despertó en medio de la nada con un hermano mal herido hasta un punto que temía irreversible y otra, muerta entre sus brazos.
Llovía.
Una semana más tarde, después de una autopsia demasiado fría y totalmente carente de emociones, en medio de aquel íntimo funeral que había preparado para ella y con la ausencia su hermano, Toki comprendió que nada iba a volver a ser igual y que, por supuesto, los buenos también podían perder. Incluso mucho más que los villanos con los que habían luchado hasta el final de la forma en que pudieron. Su dolor, no tenía consuelo. Sin embargo, aun sería mucho peor cuando Kai despertase. Estaba convencido de que no lograría manejar la situación con la facilidad que él esperaba. Aun así, no tenía más remedio.
Y, además, las repercusiones no se quedaron ahí. Actuar por su cuenta, desaparecer de la nada sin mencionar palabra o tomar medidas al margen de una investigación policial se castigaba con la retirada del cargo. Aunque se supo que fue ligado a un acto heroico y por supuesto de socorro, las normas eran las normas. La agencia tuvo que cerrar. Les requisaron las licencias y prácticamente en un abrir y cerrar de ojos no solo habían perdido a su hermana sino también su sueño. Uno que habían tenido toda una vida.
La policía había conseguido que todo aquel revuelo no saliera a luz en la prensa sobre todo, por lo doloroso que estaba siendo para su familia y principalmente por esa mujer que había perdido también a la suya. Al parecer, todos guardaban más secretos de los necesarios y que por supuesto no iban a contarle. Aun así, eso no evitó los interrogatorios infinitos y las preguntas sobre todo lo que estaba, pasando.
Finalmente, la muerte de Daiki Shinto se corroboró para el mundo. Él no lo había visto con sus propios ojos pero lo supo en cuanto aquel villano que ahora estaba en búsqueda y captura para las mejores agencias por un precio altísimo, entró en la habitación y pasó la hoja del cuchillo por la garganta de su hermana.
Sintió un pellizco en el estómago solo de recordarlo. El vacío se acrecentaba en su interior. Su mundo, parecía desmoronarse. Y allí, bajo la incipiente lluvia, Toki se miró las manos y se preguntó si hubiese podido hacer algo más. Su fracaso había sido tan estrepitoso que lo habían pagado realmente caro y, para colmo, cuando la policía y todos llegaron al punto que él les había señalado del barrio de Asakusa donde había tenido lugar el secuestro, no encontraron absolutamente nada.
Todo se había desvanecido como si no hubiese existido jamás.
Tal vez, si el resto hubiese hecho algo. Si no hubiesen alargado la investigación… Con All Might aun en el hospital parecía que todas las noticias del país estaban sobre él y que la policía estaba más preocupada en hacer que el símbolo de la paz volviese a pie de calle para salvarles que de lo que los villanos estaban haciendo con el resto de la gente. Era como si los demás héroes no importasen en absoluto para la estúpida policía. Frunció el ceño. En realidad era cierto que aquel sistema no funcionaba. Héroes que salvaban a los demás pero que no siempre llegaban a tiempo. ¿Por qué había tantos, si después de todo no cumplían con sus funciones reales a pesar de la policía? Investigaciones abiertas que se cerraban sin motivo alguno o simplemente porque sucedía un acontecimiento más importante como la batalla de All Might. Si hubiesen seguido buscando, quizás, Shinto ahora estaría vivo y su hermana también. Incluso, tal vez no tendrían que haber actuado por su cuenta.
Arrugó la nariz. Sabiendo que en algún momento, las cosas…, tendrían que cambiar.
Y así, el tiempo pasó…
La policía rodeaba el lugar. Como siempre, los héroes esperaban pacientemente mientras intentaban algún tipo de negociación con los asaltantes. ¿Desde cuándo hacer algo así era buena idea?, se preguntó Toki que analizaba el lugar desde una azotea cercana con unos muy buenos prismáticos.
-Son unos incompetentes…-Susurró chistando con la lengua. Estaba claro que el tiempo pasaba y eso solo podía significar dos cosas. O bien, que los villanos fuesen asesinando a sangre fría uno por uno a los rehenes hasta conseguir todas las exigencias con las que estaban parlamentando o bien, que la policía y los héroes hicieran algo con más presteza por una vez en su vida.- ¿Es que nadie piensa en esa mujer que no dejar de llorar…?-Toki movió el objetivo hacia esa señora cuyo hijo estaba en el interior con su padre. El personal de urgencias intentaba tranquilizarla con poco éxito. Probablemente eso estuviese poniendo más histéricos a los que impartían la supuesta "justicia".
"-Dispel,-escuchó su nombre por el comunicador que llevaba en la oreja,-estamos en la segunda planta.-Le informó Kieru en un susurro. Su nuevo compañero en aquel extraño grupo que habían formado, se adaptaba estupendamente a aquel tipo de misiones y por supuesto controlaba a Kai para que no se pasase de la raya más de la cuenta. Aunque no siempre salía bien.- ¿Hay algún movimiento? Estamos a punto de bajar.
-Pueeesss…-Analizó la situación a través de los cristales del centro comercial.-No tiene pinta. Esos héroes no tienen mucha idea de lo que hay que hacer en estos casos, llevan media hora negociando con criminales,-ironizó,-¿qué escuela les ha dado las licencias?-Sonrió divertido.
-Una para que solo salgan a dar paseos.-Siguió con la broma.-Vamos a entrar. Comunícate si algo no va como debería. Haremos los mismo.-Asintió agachándose al lado de Kai en las escaleras y ambos se asomaron sutilmente para ver qué ocurría en la sala. Vio como el pelirrojo analizaba la situación dándose cuenta, como él que aquella gente tenían unos quirks especialmente preparados para asaltar joyerías.-Intentaremos no hacer explotar nada, esta vez.-Rió Kieru.
-No es tan divertido como parece.-Toki pensó en cómo habían tenido que escabullirse de la ley en el último minuto por un leve descuadre de los planes.
-Desde luego. Cambio y corto."
La comunicación se evaporó al tiempo que regresaba a su labor con los prismáticos. Todo parecía ser exactamente igual que hasta el momento sin embargo, cinco minutos después, se escucharon dentro un par de tiros y algunas voces.
Alterados, sin saber lo que estaba ocurriendo, el jefe de policía que tenía el mando sobre aquel secuestro gritó por el megáfono preguntando qué ocurría. Los héroes se prepararon para actuar mientras, Toki reía ante la absurdez de la policía.
Justo en el momento en el que se producía el rescate y tras otros cinco minutos aproximados de tensión, en el que los héroes habían entrado, observó que una enorme nube de humo se expandía por toda la planta. Sonrió al darse cuenta de que su hermano y Kieru habían cumplido con sus objetivos. Sintió que su corazón empezaba a tranquilizarse. Por algún motivo desde el incidente que había ocurrido hacia nueve años con Kioku, cuando su hermano entraba en acción notaba como todos sus músculos se tensaban hasta que terminaban y comprobaba que las cosas habían salido bien.
Suspiró agotado sentándose sobre la azotea. Apoyó la espalda sobre la pared estirándola. Cerró los párpados y sintió como la brisa de la mañana le revolvía el pelo mientras escuchaba de fondo el revuelo de la calle.
"-Dispel,-escuchó de nuevo la voz de Kieru,-todo perfecto. Han caído tres y uno inconsciente. Los rehenes, todos a salvo. Nos vemos en el punto de encuentro. Cambio y corto.-La voz de su amigo se escabulló antes de que pudiese siquiera contestarle.
-Con que tres…-Se dijo en alto y apoyó la cabeza alzando sus esferas grises hacia el cielo y sus nubes blancas que se paseaban por allí con tranquilidad.-Eso no es bueno… ¿verdad?-Ella nunca le había respondido pero, una parte de él siempre había querido que lo hiciese. Esperó con paciencia y como siempre, nada.-Supongo que es complicado frenarle en un momento así. Todavía se culpa y está furioso con el mundo.-Torció la expresión de sus labios. En realidad, sabía que actuaba así por propio impulso y porque sabía que ningún villano merecía vivir en aquel cruel universo pero, una cosa era saberlo y otra poner en juicio esa parte. Que una vida recayese sobre la espalda de cualquiera no era un peso fácil de aguantar y su hermano, por desgracia, llevaba más de los que él hubiese querido. Al principio se negó a actuar de esa forma pero, con el paso del tiempo y las situaciones contra la espada y la pared por las que habían pasado, estaba claro que muchas veces, no había opción.
Inconscientemente se llevó la mano bajo el traje de héroe y sacó aquel pequeño objeto que un día le quitó a su hermano de entre los dedos. Ese horripilante…, día…
-¿Qué diablos será esto Kioku…?-Preguntó analizando el artilugio redondeado con los ojos entrecerrados. Siempre lo llevaba consigo desde entonces como una especie de amuleto de la suerte o algo así. Supuso que, si en aquel momento lo guardaba con tanto ímpetu es que en realidad era muy importante para ella…
"-¡Dispel, ¿dónde diablos estás?!-De repente, escuchó el grito de su hermano por el comunicador que tenía en la oreja. Del susto, dio un bote sobre sí mismo y el aparato que tenía entre los dedos se precipitó hasta darse de bruces contra el suelo.-Te estamos esperando.
-Ya voy.-Rió. De nuevo se había entretenido con sus cosas.
-Date prisa. Cambio y corto."-Toki se llevó una mano al pecho notando que su corazón empezaba a tranquilizarse después de aquel pequeño subidón de adrenalina. Suspiró. Y entonces, justo en ese instante, escuchó la voz de alguien a su alrededor.
En alerta, miró a un lado y a otro pero allí, no había absolutamente nadie.
En ese momento, sus esferas grisáceas descendieron hasta dar con el aparato de su hermana y se dio cuenta de que la voz provenía de aquel lugar. Rápidamente, lo cogió.
"Supongo que si esto ha llegado a tus manos es que por fin…, he podido…, salvaros…"
-Esa voz…
Un vuelco se apoderó de su pecho.
Unas horas más tarde, en la intimidad de su sala de estar, Toki pudo escuchar lo que contenía el objeto de principio a fin. Había dado con una forma de abrir y cerrar aquel aparato que contenía una información crucial para cierta persona. Al acabar, soltó una larga bocanada de aire de entre sus labios y se pensó seriamente qué hacer.
Los años habían pasado y para él el dolor por la muerte de su hermana cada vez era más tenue, más pausado. Había aprendido a quedarse con lo mejor de ella. Sabía dónde podía ir a verla cada vez que quisiera hablar con ella. Era consciente de que al menos, descansaba en paz. Sin embargo, no tenía ni idea de si esa mujer era consciente de donde estaba su marido y si sabía que había estado vivo incluso mucho tiempo después de su desaparición. Supuso que la incertidumbre seguía allí y que el dolor era aún más inmenso que el suyo. Las consecuencias de aquel crimen fueron desmedidas en su opinión.
Así que, tras analizar qué hacer, buscó en su agenda de contactos algunos que hacía años que no utilizaba, dado su nueva forma de actuar en aquel mundo, y pensó en los adecuados y en todos aquellos que podían conocerla lo suficiente como para hacerle llegar aquella…, información que pensaba, era de vital importancia.
Tres días más tarde, cuando All Might abrió aquella puerta, nunca esperó encontrarse a aquel muchacho tras ella. Allí, sentado frente al director de la U.A, permanecía callado y a la espera con el rostro mucho más sonriente de lo que en un principio pensaba que tendría.
Una vez cerró la puerta tras de sí el que fue el héroe número uno se preguntó que estaría pasando y quién sería aquel muchacho.
-Lamentamos haberte sacado de clase All Might.-El nombrado negó sentándose en uno de los sillones libres.
-Seré breve.-Habló Toki colocando el dispositivo delante de ambos.-No sé exactamente cómo pero hace nueve años acabamos mis hermanos enfrascados en un secuestro que escapaba por completo a nuestra comprensión.-Iba a ir directo al grano. Tampoco le apetecía estar allí más de lo necesario. Sabía que luego, tendría que darle unas explicaciones a su hermano demasiado, largas.-Por supuesto, nada salió bien.-En ese instante, Toshinori reconoció al joven que tenía frente a él. Era uno de aquellos tres hermanos que se habían visto involucrados en la muerte de Shinto. No podía creer que estuviese allí frente a él después de todo. Sabía, por Tsukauchi que ahora pertenecían a los llamados "antihéroes", esos que luchaban por el bien pero usando ciertos medios ilegales. A pesar de eso, como nunca les habían cogido mientras hacían su "trabajo", no tenían pruebas suficientes para ir contra ellos.-Le expliqué a la policía en su momento todo lo que ocurrió así que supongo, que si tienen buenos amigos allí, ya lo sabrán todo. Eso no es de mi importancia en este caso.-Señaló el artilugio.-Pero he venido en contra de mi voluntad porque por desgracia mi hermana, que no pudo salir con vida allí, tenía eso entre dedos cuando el villano al que nunca cogieron ustedes,-soltó lo último con cierto aire sombrío,-la asesinó. Al parecer, Daiki Shinto le dio una misión para cuando saliese de aquel infierno: despedirse de su familia.
Los ojos de All Might se abrieron de par en par. El infierno por el que habían pasado aquellos niños en su momento, sin necesidad y por capricho del All for One, tuvo que ser terrible sobre todo con el resultado que obtuvieron. Se había odiado a sí mismo durante mucho tiempo por no haber podido intervenir en aquella trama después de la promesa que le había hecho a aquella mujer.
-¿Quieres que se lo demos?-Preguntó Nezu. Toki asintió.-Me temo que eso será complicado. Tuvo que huir a Escocia, de donde procedía, después del ataque de All for One hacia su persona y que All Might pudo detener por poco. Pero, para protegerla, la policía le pidió expresamente que se marchase así que…, me temo que aunque sea algo de Shinto, no podremos dárselo.-Bebió un sorbo de su café.-Y enviárselo por correo podría ser un peligro para su seguridad teniendo en cuenta además, que no sabemos absolutamente nada de ella desde hace nueve años.
Inmediatamente ante su respuesta, Toki, por primera vez en mucho tiempo, frunció el ceño con cierto enfado. No podía creer lo que estaba oyendo.
-En ese caso, ¿ni siquiera se merece saber cuáles fueron sus últimas palabras?-Respondió ofuscado.-Creo sin duda que es una falta de…
-Se lo haremos llegar.-De repente, la voz de All Might salió a la luz en medio de su discurso. Nezu le miró con su ya conocida sonrisa sabiendo que algo estaba tramando el héroe así que, volvió a beber su apreciado té. En realidad no estaba en contra de darle aquel mensaje a la muchacha pero era consciente de la distancia y de la falta de información que les separaba después de tanto tiempo.-Conozco a alguien…, que le tenía un cariño singular así que supongo que podría hacerlo. Por ella, será incapaz de negarse incluso después de todo este tiempo.-Siguió. Toki respiró hondo intentando controlar su enfado y poco a poco, fue perdiendo la arruga de su ceño fruncido y ganando su conocida sonrisa.-Y ahora, a pesar del tiempo…, supongo que podemos charlar un rato, ¿verdad?-All Might le miró fijamente.-Hay muchas cosas por las que quiero y deseo pedirte perdón Dispel…
