Mañanas como esa hacían que Jin quisiera salir de su casa y bailar por todo el lugar. Claro que eso molestaría a los vecinos, por lo que se conformaba con tararear para sí mismo mientras se preparaba para ir a trabajar. Simplemente despertó lleno de energía y sentía que todos los males del mundo habían desaparecido. ¿Podían culparlo? Simplemente adoraba sentirse tan feliz.
Terminó de vestirse y volteó hacia atrás con una sonrisa para encontrarse con que su esposo seguía acostado en la cama. A pesar de que le daba la espalda, podía ver cómo respiraba tranquilamente, por lo que asumió que seguía dormido. Namjoon podía llegar a ser todo un caso, en especial por las mañanas. No entendía cómo es que el chico fue capaz de levantarse temprano días anteriores para hacer ejercicio si le costaba tanto despertar. Por suerte lo había dejado. Más que ayudarlo, lo agotaba y eso no era bueno. Si bien necesitaba que el menor estuviera en perfectas condiciones para que pudiera atender sus labores en la cafetería, también era cierto que le preocupaba que fuera a hacerse daño.
Lentamente se acercó a él, colocando una de sus manos en su hombro y depositando un beso en su mejilla mientras lo sacudía levemente.
—Despierta Joonie, ya es hora— En cuanto terminó de pronunciar aquellas palabras, su esposo cambió de posición, quedando boca arriba y viéndolo con una mirada un poco perdida que Jin atribuyó al cansancio. Eso fue mucho más fácil de lo que el mayor esperaba, ignorando que Namjoon llevaba ya un buen rato despierto. El joven ni siquiera recordaba haber dormido —Buenos días.
—Buenos días.
Sin decir más, el castaño se incorporó en la cama, fijando su mirada en la pared frente a él. Pasó sus manos por su cara, frotándola con fuerza en un intento de borrar todos los pensamientos que se negaban a dejarlo descansar en paz. Simplemente no terminaba de digerir las cosas aún. No podía aceptarlo. ¿Por qué ahora? ¿por qué él? No quería eso, en serio no lo quería. ¿Que no había pasado ya por suficiente? Pensó que la vida había decidido finalmente darle un descanso, pero se equivocó. No fue más que un cruel chiste para hacerlo sentir seguro y así, cuando la realidad llegara tocando a su puerta, el dolor fuera peor al saber que estaba a punto de perderlo todo.
Ya no podía negarlo. Su condición, los síntomas, los conocía muy bien. Él ya había lidiado con ellos antes. Eso, sin embargo, no lo hacía más sencillo. Miró a Jin caminar de un lado al otro con una amplia sonrisa. Sabía que eventualmente tendría que decirle, pero no quería hacerlo. No quería que se preocupara por él a sabiendas de que no existía mucho que pudiera hacer para ayudarlo, además, y por más egoísta que sonara, tenía miedo de que fuera a dejarlo. El mayor no se merecía eso: una pareja que ni siquiera lo reconocería eventualmente. Namjoon no mentía cuando decía que quería lo mejor para el otro, pero, al mismo tiempo, se rehusaba a dejarlo ir. No iba a decirle, no aún, él podía con eso sólo.
Soltó un suspiro, sentándose en el borde de la cama y tomando la primera camiseta que encontró, sin poner realmente atención a lo que hacía. El pelinegro permaneció ajeno a la extraña actitud del otro, demasiado perdido en todas las cosas que quería hacer como para notar que era la quinta vez que su esposo fallaba en ponerse bien la camiseta. Fue hasta que el menor soltó un suspiro que finalmente volteó a verlo.
—¿Todo bien, amor?
—No… digo, ¿qué?— Namjoon volvió en sí al instante —Sí, todo bien. Solo estoy un poco cansado— se quitó la camiseta, rindiéndose mientras buscaba una más fácil de poner —Hermoso, odio pedirte esto, pero ¿crees que podrías cubrirme hoy en la cafetería?
Jin casi desfallece por el lindo sobrenombre, pero logró mantenerse en la Tierra ante la rara petición del otro.
—Claro, pero ¿por qué?
—Oh, es que le prometí a mi mamá que la ayudaría a realizar un trámite en el banco— mintió, el otro no lucía para nada convencido —Y también tengo una cita en el doctor para lo de mis dolores de cabeza.
Aquello fue lo que dio en el clavo ya que los ojos de Jin volvieron a brillar como antes mientras asentía.
—Está bien, entiendo. Salúdame a tu mamá de mi parte.
Odiaba hacer eso, mentirle a la persona que había jurado contarle todo, pero no tenía alternativa. No estaba listo aún para que todo comenzará a derrumbarse frente a él. Había una cosa que debía hacer antes.
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Suga sabía que la mamá de Taehyung lo estimaba. Con su padre siempre tuvo dudas y, a juzgar por cómo actuaba con él en el trabajo, tenía motivos para hacerlo; pero con la Sra. Lee siempre fue diferente. Años de estudiar psicología le había enseñado algo: identificar cuando alguien mentía, y nada en el carácter de esa mujer le indicaba que fuera el caso. Cuando le decía que le agradaba, lo decía con sinceridad, lo que le brindaba cierta paz a su consciencia. Se conformaba con que uno de sus suegros lo recibiera de buena gana.
Ahora, aunque era cierto que su relación con Suni era buena, eso no implicaba que entendiera del todo cómo es que había terminado en esa situación. Nervioso, miró por encima de su menú a la mujer, quien no parecía decidirse sobre qué pedir. Era extraño, nunca le pareció el tipo de persona que iba a restaurantes como aquel. No porque tuviera algo de malo, le gustaba más el ambiente tranquilo y nada ostentoso de aquel lugar. Era mucho mejor que todos los sitios a donde los habían invitado a desayunar, comer y cenar antes, pero de igual manera lo desconcertaba.
Eso no era lo importante, necesitaba enfocarse. No quería sonar grosero, pero no iba a poder estar del todo tranquilo hasta saber el motivo de la repentina propuesta de la mujer. Además, ninguno de los dos había pronunciado palabra alguna desde que llegaron, lo que comenzaba a resultar algo incómodo. Miró hacia otra mesa, observando a una familia discutir animadamente sobre algo mientras pensaba en una manera de traer el tema a colación.
—Me sorprendió mucho que viniera a buscarme a la universidad para invitarme a desayunar.
En especial de manera tan discreta, casi como si no quisiera que alguien supiera que habían salido juntos. Se ahorró eso último para que la mujer no se sintiera atacada. Realmente no le molestaba pasar tiempo con ella y no quería dar la impresión opuesta. Suni alzó la vista de su propio menú y le sonrió de manera avergonzada.
—Sí, lo imaginé. Me disculpo por haber ido sin previo aviso. Es sólo que no tengo mucho tiempo libre y prefería ir directo al grano. Hacer planes nunca me ha servido de nada porque siempre ocurre algún improvisto que debo atender y termino cancelando todo. Es mejor así— frotó sus manos —Ya hemos salido antes, pero quería una oportunidad para platicar contigo a solas y conocernos mejor. Después de todo, ahora somos familia.
Suga asintió, relajándose. Así que era eso. Tenía que admitir que aquello lo conmovió bastante, tanto por Taehyung como por él. La mujer realmente estaba haciendo el esfuerzo de interesarse en su persona y hacerlo sentir bienvenido. Si su pareja se enterara de eso, se pondría feliz, aunque no lo admitiría en voz alta. Cuando se trataba de su familia, el profesor podía ser muy orgulloso. No lo culpaba. Si sus padres lo hubieran abandonado de la misma manera, difícilmente hubiese podido perdonarlos.
De cualquier forma, Suni no era su madre. Puede que tuviera ciertas conductas reprochables en el pasado, pero eso no significaba que fuera a tratarla mal. Menos cuando parecía que realmente estaba intentando arreglar las cosas, aún a sabiendas de que jamás podría justificar lo que hizo. Le gustaba platicar con ella y, a pesar de todo, para Taehyung si parecía importante que se llevara bien con su familia, por lo que él también pondría de su parte. Asintió levemente mientras volvía a ver el menú, intentando decidir qué ordenaría.
Suni no apartó su mirada de él. Aunque era cierto lo que acababa de decir, también tenía otros motivos un poco más específicos por los que quería hablar con él con tanta urgencia.
La primera cuestión tenía que ver con su esposo. Siempre era ella la que terminaba arreglando todos los desastres que aquel hombre provocaba, por eso le preocupó de sobremanera que estuviera tan dispuesto a ofrecerle trabajo a Yoon Gi, considerando lo meticuloso que solía ser cuando contrataba gente. Sus sospechas crecieron al ver lo agotado que se veía el chico después del trabajo la última vez que se vieron. Solo quería asegurarse de que el menor estuviera recibiendo un trato humano en la oficina, si no… tendría que meter mano en el asunto. Después de todo, la empresa era tan suya como de su esposo. Puede que haya sido él quien tuvo la idea, pero fue ella quien invirtió el dinero de su familia para hacer su sueño realidad. Ella también tenía poder de decisión.
La segunda cuestión era sobre su hijo. Confiaba plenamente en Yoon Gi gracias a lo que había visto hasta ahora y lo que Taehyung le contaba en aquellas raras ocasiones en las que hablaban. Estaba segura de que el psicólogo amaba a su bebé. Lo sabía, pero necesitaba escucharlo. Si el chico le decía que su única intención con Taehyung era hacerlo feliz, le creería y podría dormir feliz esa noche. No quería que su hijo cometiera el mismo error que ella y menos cuando había pasado una vida solitaria por su culpa. Quería que el amor que encontrara fuera real y no solo algo generado por su estatus.
Eran temas difíciles, lo sabía. Dudaba mucho que Yoon Gi se atreviera a hacer un comentario negativo acerca de su esposo por miedo a que eso fuera a arruinar su relación, por lo que tenía que proceder con cautela.
—¿A qué hora entras a trabajar hoy? A la empresa, quiero decir.
—Alrededor de las 12:00. Tal vez un poco más temprano porque tengo trabajo pendiente que hacer.
—¿Qué hay de tus prácticas? ¿Realmente puedes darte el lujo de salir temprano?
—Técnicamente no, pero le explique la situación a mi jefe y lo entendió. Incluso ha llegado a darme días libres para que pueda enfocarme más en mi vida profesional.
Suni cruzó sus brazos.
—Me alegra que te diera esa oportunidad, pero no debería ser así— negó levemente —No es tu culpa, por supuesto. Es de Seung. Estoy convencida de que ese hombre ama a su trabajo más que a cualquier otra cosa, no me sorprendería que te trajera de un lado al otro sin poder descansar siquiera para respirar.
—Y que lo digas, no ha sido fácil— Suga había bajado demasiado la guardia —Y no solo eso, ni siquiera toma mi profesión en serio. ¿Puedes creer que el otro día me dijo que no creía en la Psicología?— y con "demasiado" realmente se refería a demasiado. El chico no tardó mucho en caer en cuenta de lo que acababa de decir. ¿De verdad acababa de criticar al Sr. Kim frente a su esposa? A juzgar por la curiosa mirada que la mujer le dedicaba, la respuesta era sí. Oh no, metió la pata —Yo… perdón, no era mi intención…
—No te disculpes, lo entiendo. Después de todo, ¿quién va a conocer mejor todas las fallas y virtudes de ese hombre que su mujer?— Suni sonreía para sus adentros, lo tenía justo donde lo quería —Siéntete en la libertad de hablar todo lo que quieras sobre mi esposo. Nada de lo que digas será una novedad para mí. Me hacen falta más amistades con las cuales despotricar contra mi esposo y creo que la opinión de un hombre… bueno, de un psicólogo nunca está de más.
El pelinegro no parecía muy seguro sobre eso. De repente volvía a sentirse tenso, como si decir algo más resultara peligroso. La mujer no parecía estar mintiendo, pero algo en su mirada le hacía pensar que había algo que no le estaba diciendo. No le inspiraba confianza.
—No estoy seguro, quiero decir, realmente no ha hecho nada malo.
—Oh, por favor, estamos hablando de Seung. Es la persona más impertinente que existe en este planeta. Algo malo debió haber hecho— reitero rápidamente la mujer —Una vez se puso a maldecir a un cliente con el que estaba hablando sin darse cuenta de que seguía en la línea y escuchó todo lo que dijo respecto a su persona. Lo peor del caso es que ni siquiera se disculpó, solo le dijo que estaba siendo honesto y colgó. ¿Ahora entiendes a qué me refiero?
Suga no pudo evitar que una risa se le escapara, tapando rápidamente su boca mientras soltaba un suspiro. Varios meseros comenzaron a rondar su mesa, listos para tomar su orden, pero ninguno de los dos les estaba poniendo atención.
—Creo que entiendo el punto.
—Bien, es por eso que quiero que te sientas con la libertad de decirme si mi esposo se ha propasado con algún comentario que te haya hecho o cualquier otra cosa. Soy todo oídos y prometo no molestarme por eso.
El joven seguía sin estar seguro, pero, una vez más, estaba haciendo eso por Taehyung. La mujer claramente quería establecer una amistad con él, por lo que no le quedaba de otra más que ceder, aunque se sintiera incómodo hablando mal sobre el hombre.
—Me deja una carga excesiva de trabajo y, aunque actúa amable conmigo, siento que se fuerza a hacerlo. También están los comentarios despectivos que suele hacer sobre mi profesión, pero todo eso ha sido tolerable hasta el momento— miró a la distancia —Solo hubo una cosa que me molestó— Suni lo escuchaba con suma atención —El otro día estaba platicando con él en su oficina y le pareció oportuno decir que siempre deseo que Taehyung acabara con Lucy, la recepcionista, porque harían una hermosa pareja y no sé qué. Luego de eso cambió de actitud y trató de sugerirme que la invitara a salir porque me haría más "feliz" estar con ella. La peor parte es que cuando me negué, fue a preguntarle directamente si yo le interesaba y no lo sé… simplemente no puedo creer que haya hecho eso.
La Sra. Lee sonreía tranquilamente, por supuesto que ese hombre nunca iba a aprender. No esperaba nada de él y de alguna forma se las arreglaba para decepcionarla aún más. Apretó ligeramente los puños.
—Me disculpo en su nombre por eso, Yoon Gi. Seung está bastante atrasado en muchas cosas, estoy convencida de que jamás ha dejado de vivir en el pasado— Suga no sabía si reír ante eso, por lo que solo sonrió de forma incómoda —No quiero ni pensar en lo que Taehyung hubiera hecho si hubiese estado ahí.
—Ni lo digas, Tae suele ser muy explosivo y más cuando se trata de esos temas.
—¿Y eso te molesta?
Suga alzó la vista, notando que la expresión amable de la mujer se había endurecido un poco. Tragó ligeramente.
—¿Que sea tan explosivo? La verdad sí, no voy a mentir. A veces quisiera que se tomara las cosas con calma. Tiene derecho a enojarse, pero hay manera de resolver las cosas y las suyas no suelen ser siempre las más efectivas.
—Ya veo— era su oportunidad de comenzar a indagar sobre ese aspecto —¿Y eso te hace querer a mi hijo menos?
—Para nada. Yo amo a Taehyung, pero eso no significa que haya ciertas cosas de él que me molesten, así como hay cosas mías que a él seguramente no le parezcan. Al final, las relaciones solo funcionan si ambas partes tratan de mejorar sus defectos y aprenden a vivir con los del otro, ¿no es cierto? Si Taehyung me pareciera insoportable, no seguiría aquí y menos después de todo el tiempo que llevamos juntos— a pesar de que fue Suga quien lo dijo, se sorprendió a sí mismo con ello. Todo era verdad. Quería a Taehyung con todo y sus berrinches, así de sencillo —Aunque ese es solo mi punto de vista.
Suni estaba más que satisfecha con aquella respuesta.
—No, tienes razón. Ese es el ideal y me alegra mucho que esté funcionando para ustedes dos— la mujer tomó un pan de la canasta que se encontraba a mitad de la mesa. Tenía hambre, aunque no la suficiente para interrumpir aquella conversación para ordenar comida. Si se les hacía tarde, podían encargar para llevar —Por cierto, siempre he tenido curiosidad de cómo es que Taehyung y tú se conocieron y empezaron a salir. ¿En qué momento te diste cuenta de que estabas enamorado de él?
—La historia de cómo nos conocimos es algo… complicada. Es toda una novela, así que dejaré esa parte para otro día— comenzó —Y sobre lo otro… me di cuenta de que me atraía Taehyung después de salir con él varias veces. Fue cuando lo conocí de verdad que supe que era la persona que quería en mi vida. Por suerte, resultó que él pensaba lo mismo sobre mí— sonrió dulcemente al recordar aquellos días —Creo que ya lo he mencionado antes, pero solía trabajar en un bar y Taehyung solía ir a visitarme todos los días. Cuando me pidió que fuera su pareja, consiguió que el dueño del lugar le prestara el establecimiento por un rato. Pidió algunos favores por ahí para que todo resultara increíble. Fue muy romántico, era imposible decirle que no.
Suni estaba contenta. Sumamente contenta. Sabía que podía confiar en Yoon Gi, no había forma de que estuviera diciendo todo eso con tanto amor si no lo sintiera. Al parecer estaba dejando a su hijo en buenas manos.
—Eso suena fantástico. Me sorprende ver que Taehyung sea igual de detallista que su padre.
—¿El Sr. Kim es detallista?— Suga no parecía creer lo que le acababa de decir.
—Sí— o al menos solía serlo —Cuando me propuso matrimonio, invirtió mucho dinero para asegurarse de que fuera una de las mejores noches de mi vida. No seré fan de los viajes en yate o cualquier otro tipo de bote, pero hizo que lo amara en esa ocasión. Ese día supe que no había otra persona en el mundo con quien prefiriera pasar el resto de mi vida.
Suga notó que, a pesar de que lo que estaba diciendo era hermoso, la mujer se veía considerablemente triste. Puso una mano sobre la de ella.
—Yo siempre pensé que su matrimonio había sido arreglado.
—Para nada, si hubiera sido el caso mi padre jamás me habría permitido casarme con él. Según él, Seung solo era un interesado— y vaya que tuvo razón —Pero suficiente de mí, me alegra mucho ver que todo marche bien con Taehyung. No quiero cargarte con nada que no puedas, y menos cuando yo no lo hice en su momento, pero, por favor, hazlo feliz Yoon Gi. Es lo único que te pido.
El chico sonrió y apretó su mano ligeramente.
—Ni siquiera tiene que pedirlo, pienso dedicar toda mi vida a hacer eso. No importa lo que pase, planeó estar a su lado por todo el tiempo que él me lo permita. Estoy seguro de que podremos enfrentar cualquier problema que se nos cruce.
"Toda la vida", esa era una buena expresión. Suni sonrió ligeramente. Yoon Gi iba en serio con su hijo, no estaba ahí solo por su dinero. De eso estaba segura. Soltó un suspiro, aliviada, alzando la mano para finalmente ordenar. Suga se sentía algo extrañado, pero esperaba que aquello fuera una buena señal. Otra señal de que la mujer seguiría de su lado y apoyaría su relación con Taehyung.
El resto del desayuno se pasó en relativa calma. Siguieron conversando, pero de temas más triviales. Aunque realmente no tenían mucho en común, fue muy fácil mantener la conversación fluida. Ambos estaban poniendo de su parte para que aquella pequeña amistad, casi alianza, funcionara.
La mujer apenas estaba terminando sus alimentos cuando su celular sonó. No era la primera vez que el psicólogo escuchaba aquel sonido, por lo que supo que su tiempo de calidad con Suni había llegado a su fin aquel día. Sonrió de manera comprensiva al ver la expresión consternada de la mujer.
—Una disculpa, tengo que irme. Dejé todo pagado, así que no te preocupes.
—Muchas gracias y no te disculpes. La pasé muy bien.
—Yo también, espero que podamos hacer esto más seguido— comentó con honestidad mientras recogía sus cosas. Antes de partir, se detuvo—Una última cosa, ¿crees poder mantener esta pequeña reunión en secreto de Taehyung y Seung? ¿Puedo confiar en que no vas a decir nada?
Suga pasó sus dedos por sus labios, como si estuviera cerrándolos con un cierre.
—En lo que a mí concierne, esto jamás pasó.
La Sra. Lee soltó una carcajada, asintiendo, retirándose y dejando al otro en soledad con lo que le quedaba de comida.
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El camino en carro fue silencioso desde que su mamá pasó a recogerlo. Ninguno de los dos parecía estar de humor para hablar, pero suponía que era normal. Aunque las visitas a su papá ya no eran tan dolorosas como antes, hacían que un extraño ambiente melancólico se estableciera entre ambos. Es por ello que no iban tan seguido, conformándose con ir una vez al mes, por lo menos. Ese día, Namjoon tenía deseos de hablar con el hombre sobre todo lo que había estado atormentándolo últimamente, por lo que llamó a su mamá para que fueran de nuevo a pesar de haber ido hace no mucho. En realidad, era ella quien más solía ir. El menor siempre estaba ocupado, pero ambos sabían que eran solo excusas, la mayoría de las veces.
Era consciente de que su papá no iba a contestarle. Había dejado de hacerlo hace años y no era una novedad, pero necesitaba sacarlo de su pecho con alguien que había pasado por eso. Además, le brindaba cierto confort poder decir todo lo que pensaba sin obtener una reacción por parte de la otra persona. Era una manera de platicar con alguien sin hacerlo realmente. Su conciencia estaría tranquila por un rato sin sacrificar nada.
Soltó un suspiro y desvió la vista hacia la mujer que iba a su lado, quien parecía ir mucho más serena que él. Llevaba entre sus piernas un ramo de flores que insistió en pasar a comprar antes de llegar al lugar; lo tomó para que pudiera manejar con mayor tranquilidad. Su madre insistía en llevar un detalle cada vez que iban, aun cuando el hombre no tuviera manera de apreciarlos. Namjoon lo consideraba un tanto absurdo, pero no tenía el corazón para detenerla o negárselo. Ella estaba convencida de que, a pesar de las circunstancias, llevarle regalos al hombre lo hacía sentir feliz. Si eso era lo que ella creía, entonces no le quedaba de otra más que seguir con sus deseos. No porque él no compartiera su optimismo o su forma de ver la vida significaba que fuera a amargarle la experiencia a ella también.
No tardaron mucho en llegar. En cuanto el auto estuvo estacionado, ambos bajaron. La Sra. Kim se estiró lo más que su espalda le permitió mientras inhalaba el aire fresco del lugar.
—Hace mucho que no veníamos aquí juntos.
La mujer no lo decía a manera de reproche. Se trataba de una inocente observación para iniciar una conversación, aun así, Namjoon lo sintió como una puñalada al corazón. Jin y su madre siempre se habían asegurado de justificar sus acciones, alegando que no tenía que ir a visitarlo ya que no era algo fácil de hacer, pero el joven sabía en el fondo que estaba siendo egoísta. Negó, no quería sumergirse en su propia miseria. Le dedicó una leve sonrisa a su acompañante mientras se armaba de valor para empezar a caminar.
—Sí, este lugar sigue siendo tan alegre como recordaba— eso era un tanto irónico considerando el lugar del que se trataba, pero suponía que era para intentar darle un poco de paz a sus residentes como a las personas que iban de visita.
Sin decir más, ambos caminaron en silencio, mirando de vez en cuando a las personas que también habían ido a visitar a sus seres queridos, demasiados perdidos en su propio mundo como para notarlos a él y a su madre. No tardaron mucho en llegar hasta donde estaba su padre. Namjoon pudo ver cómo la mujer comenzaba a sonreír más y más, aferrando con fuerza el ramo que ahora ella cargaba. Era algo tierno, como si la estuviera llevando a su primera cita. Aquel pensamiento casi hizo que sus ánimos subieran, casi.
Pronto quedaron frente a su destino, uno parado al lado del otro mientras observaban en silencio al hombre. El joven apretó los labios, respirando profundo y mentalizándose. Como deseaba que Jin estuviera ahí dándole la mano.
—Hola papá, te extrañamos— comentó con la voz un tanto ahogada.
No recibió respuesta, nunca lo hacía. Ya estaba acostumbrado, pero eso no lo hacía menos doloroso para él. Su madre dio un paso hacia adelante, colocando el hermoso arreglo floral a un lado de la lápida del hombre mientras se sentaba sobre sus piernas con una tierna sonrisa en el rostro.
—Hola guapo, sabía que me extrañabas así que decidí volver. ¿Verdad que me extrañaste?— limpió un poco de polvo que se había acumulado sobre el retrato de su esposo —Mira nada más que desorden tienes aquí. Supongo que hay cosas que jamás cambian, ¿no?— bromeó ligeramente. Se incorporó con ayuda de su hijo, limpiando la falda de su vestido —En realidad estamos aquí porque Joonie tiene algo importante que decirte.
Una vez mencionó eso, volteó hacia el mencionado, indicándole que era su turno de hablar. Fue en aquel momento que Namjoon advirtió la pequeña falla en su plan. Había invitado a la mujer porque no se sentía capaz de ir a aquel lugar por su cuenta y llevar a Jin con él no era una opción. El problema era que no solo no estaba listo para mencionárselo a su pareja, sino que tampoco a su mamá, quien ya había perdido a alguien de la misma manera. Apretó los puños.
—Mamá, ¿crees que podrías dejarnos a papá y a mí solos?
Aquello tomó desprevenida a la mujer, ya que lo vio con sorpresa ante su petición.
—Por supuesto cariño.
—Gracias, es sólo que… quiero hablar con papá a solas. Perdón por hacerte venir hasta acá por nada.
La Sra. Kim se mantuvo en silencio, mirándolo con esa mirada escrutadora que siempre ponía cuando trataba de adivinar qué estaba pensando. Después de unos minutos, una suave sonrisa se dibujó en su rostro mientras asentía levemente.
—No te disculpes, te espero en la entrada— depositó un suave beso en su mejilla y se fue tranquilamente del lugar. Eso fue mucho más fácil de lo que pensó. Era extraño, pero decidió no pensar demasiado en eso.
Esperó a que su mamá estuviera lo suficientemente lejos para voltear hacia la foto de su padre, sintiendo cómo se le formaba un nudo en la garganta. No estaba seguro de cómo comenzar. Admiraba a su madre por poder hablar con completa naturalidad, como si el hombre realmente se encontrara ahí, con ellos. Namjoon no sabía cómo, pero de cualquier manera sabía que tenía que hacerlo. Ya estaba ahí.
—Es curioso como aún muerto la tienes completamente loca. Siempre fuiste un galán eh— intentó bromear como su madre hizo. Al soltar una risa que pareció más un sollozo, se dio cuenta de que aquello no iba a funcionar para él —Papá yo… lamento no visitarte tanto como mamá, es sólo que me cuesta creer que puedes escucharme y… son solo excusas, Lo sé, en serio lo siento— tragó mientras se armaba de valor —He sido un mal hijo y tal vez no merezco estar aquí, buscando tu consuelo, pero… no sé a quién ir o qué hacer— el viento agitaba su cabello ligeramente —Creo que tengo lo mismo que tu papá, estoy seguro de eso. Todavía recuerdo todo el proceso de tu enfermedad, los síntomas. Las noches en vela que pasamos asegurándonos que no fueras a hacerte daño, las... Las…
Namjoon lo recordaba demasiado bien y comenzaba a darse cuenta, con horror, de que lo estaba viviendo otra vez. Decirlo en voz alta lo hacía real. Pensó que ya lo había aceptado, que estaba listo para afrontarlo, pero se daba cuenta de que nada de eso era cierto. Una parte de él todavía deseaba que no fuera verdad, que tan solo fuera una terrible pesadilla de la que despertaría eventualmente y podría volver a su vida normal y feliz con el amor de su vida. Pero Namjoon no era tonto, él ya había visto todo eso antes y sabía muy bien a lo que se enfrentaba. Intentó manejar todo con madurez, pero ya no podía soportar la terrible presión en su pecho que cada día lo torturaba más y más. El joven cayó de rodillas mientras comenzaba a llorar.
—Tengo mucho miedo, papá. Yo no quiero esto, no estoy listo. ¿Por qué ahora? ¿Por qué cuando tengo tanto que perder? ¿Por qué justo cuando comenzaba a ser feliz? Todavía hay tantas cosas que quiero hacer y vivir. ¿Por qué, papá? Estoy tan asustado y confundido— sus lágrimas iban en aumento al igual que su llanto. El chico comenzó a ver de manera borrosa, pero no hizo ningún esfuerzo por tratar de limpiar su rostro mientras un sentimiento desgarrador comenzaba a inundarlo. Dolía, dolía demasiado y no quería sentirse así. —Pasé tantos años evitando formar vínculos con los demás para evitar que otro sufriera lo que yo y mi mamá sufrimos y todo para nada. Ahora voy a lastimar a Jin porque no fui lo suficientemente fuerte para apartarlo de mí cuando pude. No sé qué hacer. Pensé que tenía más tiempo y bajé la guardia. Soy demasiado joven, papá. No puedo lidiar con algo así ahora, no cuando no tengo nada preparado aún. ¿Cómo se supone que se lo diga a los demás?— se sentía derrotado, quería que alguien lo despertara de esa pesadilla.
Aquello no sucedió, por lo que continuó llorando hasta quedarse sin lágrimas. Namjoon tenía la mirada perdida sobre la lápida de su padre sin saber muy bien qué esperaba. No se sentía mejor. Lentamente se paró, sorbiendo un poco y sintiendo un escalofrío por todo el cuerpo. Era como si todo en él se hubiera adormecido simultáneamente, ya no tenía fuerza para seguir sintiendo cosas.
—A veces quisiera que estuvieras aquí y me dieras consejos como cuando era pequeño. ¿Qué se supone que haga, papá? No quiero perder a Jin y no quiero morir de esta manera, pero no sé qué hacer para detenerlo. Creo que no existe nada que pueda hacer al respecto— miró sus pies —Fue tonto venir aquí, no sé qué esperaba. Lo siento mucho papá, pero me tengo que ir.
Dio media vuelta y caminó hacia la salida, tratando de componerse antes de que su mamá lo viera en ese estado. Para su mala suerte, la mujer le había mentido al decirle que lo estaría esperando en el coche porque se encontraba parada justo en la entrada del lugar con los brazos cruzados. Al verlo pasar junto a ella, lo tomó del brazo, deteniendo al chico.
—Namjoon— no quería voltear a verla, pero sabía que eso aumentaría sus sospechas. Conectó su mirada con la de la mujer, mostrando lo rojos e hinchados que estaban sus ojos. La expresión de su mamá denotaba preocupación. Lo abrazó con fuerza poco después —Joonie, mi pobre bebé. Un mismo desenlace no implica un mismo final, cariño.
El joven no estaba seguro de qué significaba, pero no importaba. Lo único que necesitaba en ese momento era alguien que lo sostuviera con fuerza porque él ya no se creía capaz de poder hacerlo por su cuenta. Se aferró a la mujer. Era un peso muerto en los brazos de la mujer.
Después de un rato, su madre se separó un poco y acunó su rostro con las manos.
—Vamos a casa, ¿de acuerdo?
Namjoon no estaba seguro de qué fue lo que pasó luego de eso. Para cuando se dio cuenta, se encontraba sentado en el comedor de la mujer mientras ella preparaba algo de comer. Por el aroma, una parte de él notó que se trataba de uno de sus platillos favoritos, cosa que pudo confirmar cuando la mujer se acercó hacia él con una sonrisa y dejó el plato frente a él. Hacía tanto tiempo que no comía aquello, pero no tenía energía suficiente como para emocionarse o siquiera tener hambre. Aunque tampoco quería despreciar el gesto tan amable de su madre.
—Gracias mamá— fue lo único que pudo hacer: agradecerle. Tomó uno de los cubiertos que estaban a un lado del plato para picotear los alimentos con poco apetito. Eso no pasó desapercibido para la mujer, quien, más que molestarse, lo tomó con calma. Entendía a la perfección que su hijo estaba pasando por algo difícil.
Pasó sus dedos por el cabello del menor, tomando asiento a un lado de él. Acercó su silla más a él. Cuando Namjoon era más joven, eso siempre ayudaba a que no se perdiera por completo en sus pensamientos cuando se ponía triste. Parecía seguir funcionando, ya que los ojos del joven se veían un poco más presentes que antes.
—Creo que deberías ir al médico antes de saltar a conclusiones, hijo.
El castaño se sorprendió al ver cómo su mamá, sin haberle dicho algo, supo lo que estaba pensando. La sorpresa, sin embargo, no duró mucho. Siempre había sido un libro abierto para esa mujer, simplemente no podía ocultarle nada a ella.
—Lo sé y lo he estado pensando, pero tengo miedo mamá. ¿Y si tengo razón?
La Sra. Kim tomó su mano libre, acariciándola levemente con su pulgar.
—Mientras más rápido lo confirmes, más rápido podrás hacer algo respecto. Ignorar el problema no va a hacer que desaparezca mágicamente. Además, las cosas han cambiado mucho desde lo de tu papá, Joonie. Ahora hay más y mejores tratamientos para ayudarte a combatirlo— su hijo no respondió, su mirada estaba fija en su plato. Soltó un leve suspiro —Siempre has sido muy pesimista, Joonie, desde niño. No creo que tengas que preocuparte demasiado por eso. Lo más probable es que se trate de otra cosa y solo te estás sugestionando por lo traumático que fue para ti la enfermedad de tu padre.
Namjoon deseaba que fuera el caso, pero no quería ilusionarse demasiado. Nunca antes quiso estar más equivocado. Lentamente llevó la cuchara a su boca, probando un bocado de su comida. Ya no quería seguir hablando de eso.
—Muchas gracias por la comida mamá, está igual de deliciosa que siempre.
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Hacía mucho desde la última vez que Suga y Taehyung llegaron al mismo tiempo a casa gracias a las horas extra que el padre del menor hacía trabajar al psicólogo. No obstante, ese día fue diferente. Resulta que aún quedaba un poco de decencia en el corazón de Seung, por lo que, al ver al pelinegro al borde de un colapso sobre su escritorio debido al estrés y la falta de sueño, fue lo suficientemente bondadoso para dejarlo ir temprano bajo la excusa de que no le servía de nada tenerlo ahí si no iba a hacer las cosas bien.
A Suga realmente no le importaban sus motivos para dejarlo ir, solo el hecho de que lo estaba haciendo. Casi al instante le marcó a su novio, sabiendo que apenas estaría saliendo de su respectivo trabajo, para que fuera a recogerlo. Fue así que se encontró ingresando a su hogar seguido del profesor, quien, aunque se veía tan cansado como él, intentó disimularlo durante todo el trayecto, haciéndole platica sobre su día.
Al mayor nunca le había gustado ser cortante con el otro porque sabía que afectaba mucho al profesor, pero no pudo evitarlo debido al cansancio. Esperaba que Taehyung entendiera que no estaba de humor para pensar o sostener una conversación decente con él. Por fortuna, el menor de los dos no pareció demasiado ofendido, rindiéndose en algún punto del trayecto para mejor enfocarse en manejar.
Suga caminó en silencio hasta la sala, desplomándose y quedando boca abajo en uno de los sillones mientras soltaba un gruñido.
—Por fin, paz— apenas dijo eso, pudo sentir cómo era aplastado por el otro, quien había decidido que era buena idea acostarse sobre él en la misma posición. El psicólogo trató de quitárselo de encima empujando con todas sus fuerzas mientras renegaba —Pesas mucho, acuéstate en otro lado.
—No.
Suga comenzó a sacudirse con violencia, pero el otro ni siquiera se inmutaba. Tan solo soltó un leve quejido cuando el mayor, sin querer, lo golpeó en la costilla.
—Taehyung, hablo en serio.
—Yo también.
Suga siguió luchando hasta que cayó en cuenta de que era inútil intentarlo siquiera. Su novio era terco y obstinado y él ya no tenía energía para lidiar con más problemas sin solución, por lo que se dio por vencido, refunfuñando. Taehyung hizo una mueca al escucharlo quejarse.
—Vamos, vida. Ten piedad de mí, no te he visto en todo el día y te extraño. Quiero estar cerca de ti.
El psicólogo detestaba cuando hacía eso porque entonces era incapaz de negarle nada. Respiró con fuerza.
—Está bien, pero levántate para acomodarme mejor. Me estoy asfixiando con los cojines— El profesor aceptó a regañadientes y se incorporó levemente, poniendo todo el peso en la rodilla que tenía recargada contra el sillón, esperando a que el otro se acomodara. Suga simplemente se giró, quedando boca arriba, dejando suficiente espacio para que el otro se acostara también. Taehyung lo hizo, acurrucándose contra él. Al instante, Suga lo rodeó con uno de sus brazos, aprovechando la posición para poder hacerle cariñitos a sabiendas que el otro disfrutaba mucho cuando lo hacía —A veces eres peor que un niño pequeño, ¿lo sabías?
—Aun así, me amas.
El psicólogo no contestó, lo que llamó la atención del chico, quien volteo a verlo. Todos sus pensamientos se esfumaron al ver que estaba sonriendo con cariño mientras continuaba con las caricias. Taehyung volvió a sentirse tranquilo, acomodándose sobre él nuevamente y cerrando los ojos. Extrañaba pasar momentos como aquel con el chico. Entendía que Suga tenía dos trabajos que atender, pero eso no lo hacía más fácil de soportar. Quería a su pareja con él 24/7. ¿Tan difícil era que renunciara y simplemente dependiera económicamente de él?
Conociendo a Suga, sabía que la respuesta era sí. Para el mayor, hacer nada era lo mismo que estar muerto y, aunque su metáfora fue un tanto extrema, no podía culparlo. Era esa clase de persona y lo amaba tal cual. Eso no evitaba que siguiera soñando. Restregó su rostro contra el otro, queriendo simplemente disfrutar de la rara oportunidad que acababa de presentársele.
Ambos jóvenes se mantuvieron en silencio, disfrutando de la compañía del otro. Dicha paz pudo haber continuado por mucho más tiempo sino hubiera sido porque el menor de los dos repentinamente recordó algo de lo que quería hablar con el otro. Tal vez no era el mejor momento, y no quería arruinar todo provocando una discusión, pero no iba a estar tranquilo hasta que pudiera sacarlo de su mente. Eso, por supuesto, implicaba hablarlo con el otro.
—¿Dónde estabas?
—¿A qué te refieres?
—Fui a buscarte en la mañana a tu oficina para desayunar juntos y no estabas.
Suga agradeció haber podido mantener la calma. Recordaba muy bien la promesa que le había hecho a Suni aquel día, un gesto equivocado y se habría expuesto. Rápidamente pensó en una excusa.
—Tuve muchas cosas que hacer en la mañana. Fui a devolver un libro a la biblioteca y aproveché para sacar unas copias. De ahí fui por un café y me encontré a Jun, así que me quedé platicando con él. Aproveché que no tenía pacientes, ya sabes.
—Qué curioso. Le pregunté a la recepcionista y dijo que te vio salir con una mujer.
Taehyung hizo ese comentario como si nada, pero algo en su tono le indicaba que quería respuestas o iban a tener un problema. La cosa era que no podía decirle la verdad sin traicionar la confianza de su suegra.
—Eso fue después —su cerebro estaba trabajando a mil por hora para crear una historia lo suficientemente convincente para que el otro le creyera —Cuando regresé a mi oficina, ya estaba ahí mi siguiente paciente. La chica me pidió que tuviéramos una sesión al aire libre y la escuela siempre recomienda que usemos los jardines para ayudar a los estudiantes a relajarse cuando estamos en sesión.
El profesor estuvo a punto de creerle. Conocía muy bien las políticas de la escuela en cuanto a la salud mental de sus estudiantes gracias a que se las habían recordado en muchos de los sermones que recibió por la manera en que daba sus clases. Sin mencionar que Suga sonó muy convencido al decir aquello, pero había una pequeña espinita en su mente que no lo dejaba en paz, recordándole que ya había estado en una situación similar. Negó, estaba pensando demasiado. Aunque no pudo tranquilizarse del todo.
—Eso lo explica— dijo simplemente. No iba a hacer el problema más grande de lo que era por sus propias inseguridades.
Volvieron a quedarse en silencio, pero Suga lo empujó levemente para que se levantará.
—Anda, tenemos que cenar algo antes de ir a dormir. Hemos estado saltándonos comidas y eso no es sano.
—¿No podemos quedarnos así un rato más?— Taehyung se aferró a él, no quería dejarlo ir. Era lindo, pero no iba a caer. Volvió a empujarlo.
—No, no voy a permitir que te desmayes después solo porque no quisiste soltarme.
Su novio soltó un gruñido y lo dejó ir, poniéndose de pie mientras caminaba hacia la cocina. Suga lo siguió, dispuesto a entrar a la cocina también cuando el otro se ofreció a cocinar. Ante esa propuesta, el mayor simplemente asintió, tomando asiento en las sillas del desayunador y sacando su celular ya que a mitad del camino lo sintió vibrar, indicando que le había llegado un mensaje. Prendió el dispositivo, abriendo al instante el chat. Se trataba de un número desconocido.
¿Era cierto que podía hablar con usted si necesitaba algo?
El psicólogo lo releyó tres veces, intentando pensar en quién podía ser. Sin duda se trataba de un paciente, pero no estaba seguro de cuál de todos. Mientras el joven entraba en un pequeño dilema, Taehyung estaba buscando entre las gavetas para ver qué podía preparar. Rascó su nuca, pensativo.
—¿Qué se te antoja, vida?— no recibió respuesta. No pensaba que fuera una pregunta demasiado complicada, por lo que volteó a ver su pareja. Lo vio mirando la pantalla de su celular con demasiada atención —Suga.
El joven volteó a verlo.
—Perdón, ¿qué decías?
—¿Qué se te antoja para cenar?
—Ah, uhm. Macarrones con queso. Lo que tú prefieras, Tae— al instante volvió a bajar la mirada a su celular. Taehyung suspiró, extrañado, pero decidió que lo mejor era dejarlo ir. Comenzó a buscar los ingredientes para la pasta.
Suga mordía su labio inferior. Ya tenía una idea de quién le hablaba, aunque no estaba del todo seguro. Tenía que arriesgarse.
¿Ahn?
Sí, hola
¿Estás bien?
¿Ocurrió alguna emergencia?
Si tu vida está en peligro, necesito que marques a emergencias
Taehyung soltó un suspiro cuando sacó todo menos el ingrediente más importante: la pasta.
—Suga, nos quedamos sin pasta.
Estoy bien, sólo necesito hablar con usted
Por supuesto, ¿qué sucede?
—¿Suga?— el profesor seguía dándole la espalda mientras continuaba buscando entre los estantes con la esperanza de encontrar una bolsa de pasta mágicamente —Oye, te estoy hablando. Suga. Suuuuuuuuga.
¿Está con alguien?
Sí, ¿sucede algo?
¿Podría irse a otro lugar?
No quiero que nadie más escuche esto.
—¿Suga?— al verlo nuevamente enfrascado en su celular, perdió la poca paciencia que le quedaba, explotando —¡Min Yoon Gi!
Espantado ante el repentino grito, el pelinegro alzó la vista, luciendo un tanto... culpable. Era como si lo hubiera descubierto en medio de una travesura.
—¿Sí?
—No hay pasta— su voz salió mucho más firme de lo que esperó. Se recargó contra uno de los cajones de brazos cruzados mientras miraba al otro fijamente. No estaba de humor en aquel momento.
—Oh— Suga dirigió la mirada a su celular y luego de vuelta a su novio, poniéndose de pie al instante —Yo voy a comprarla, no me tardo.
—¿Estás hablando con alguien?
—No— mintió descaradamente mientras tomaba su cartera y corría hacia la salida —Ya regreso, Tae. Adiós.
—Espera Suga, no…
Antes de que pudiera detenerlo, ya había cerrado la puerta con fuerza, dejando al menor hablando solo. Taehyung miraba hacia la entrada incrédulo. ¿Qué fue todo eso? El comportamiento de su novio fue demasiado extraño y eso le dejaba un mal sabor de boca.
El chico no quería hacer otra cosa más que salir detrás del otro y arrebatarle el celular de las manos para ver con quién demonios hablaba que lo había puesto así, pero no lo hizo. Taehyung ya no era esa persona, le había prometido a su novio que iba a mejorar. Tenía que confiar en él. Tal vez se trataba de algo del trabajo que no podía contarle por todo el tema de la confidencialidad o lo que sea.
Igual que Jungkook.
El profesor cerró los ojos, negando. Suga jamás haría algo como eso, estaba siendo demasiado paranoico. Tenía que ser eso, ¿por qué otro motivo había actuado tan evasivo con él llegando a mentirle tan descaradamente? Miró sus manos mientras los peores escenarios posibles comenzaban a formarse en su cabeza. Suga no le haría eso. Él era mucho mejor que eso, ¿no?
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Namjoon esperaba que, para cuando llegara a casa, su esposo estuviera dormido. No porque no quisiera pasar tiempo con él, sino porque no se sentía preparado para enfrentarlo después de todas las emociones de aquel día. Respiró hondo, ingresando al hogar que compartía con el mayor para encontrar que, no solo no estaba dormido, lo estaba esperando sentado en uno de los sillones que quedaban más cerca de la entrada. Al verlo entrar, su rostro se iluminó por completo, haciendo que se viera aún más atractivo. Corrió hacia él para poder abrazarlo con fuerza.
—¡Joonie! ¡Te extrañé!— lo abrazaba con fuerza, provocando que quisiera volver a llorar. Apretó los ojos con fuerza mientras correspondía al abrazo, sosteniendo al otro lo más cerca posible. Adoraba la calidez del cuerpo del mayor. Si pudiera, no lo soltaría jamás —Me tenías muy preocupado, ya es tarde.
Sin dejarlo ir, Namjoon posó su mirada en el primer reloj que encontró, confirmando que, en efecto, ya era muy tarde. Pasó el resto de la tarde charlando con su madre, perdiendo la noción del tiempo. Jin debió sentirse muy nervioso por su culpa. Se apartó ligeramente, perdiéndose unos segundos en los ojos marrones de su esposo, para después soltar un suspiro.
—Lo siento, me quedé platicando con mi mamá.
—¿Con tu mamá? ¿Qué no fuiste con ella en la mañana?
El menor tragó, recordando todo el cuento que se había inventado para no ir a trabajar. Acarició el rostro del otro mientras trataba de componer su mentira.
—Así es, fui con ella en la mañana y después se ofreció a acompañarme al doctor. Cómo llevábamos un tiempo sin hablar, nos quedamos platicando. Ya te imaginarás el resto. Perdón por no avisarte, no pensé que fuera a tardar tanto tiempo.
—Está bien, lo importante es que estás aquí— Namjoon se relajó. Temió que Jin notara que estaba mintiendo, pero, al parecer, fue lo suficientemente convincente para que se lo creyera —¿Cómo te fue con el doctor? ¿Te dijo algo?
—Me dijo que no tenía de qué preocuparme. Que solo necesitaba reposo y muchos abrazos de mi muy atractivo esposo.
Jin soltó una carcajada y se separó del menor, caminando hacia la sala para apagar la televisión. Estuvo viendo un documental muy aburrido sobre leones mientras esperaba a que el otro llegara para dormir juntos. El castaño lo siguió, cerrando la puerta de la entrada con llave y apagando algunas luces.
—Puedo ver que fuiste con un profesional entonces.
—Así es— Namjoon volvió a abrazarlo, tomándolo esta vez por la cintura. Era un poco raro y obvio el que estuviera siendo tan empalagoso con su pareja. Si Jin lo notó, no dijo nada. Al contrario, parecía estar encantado con todos esos gestos. Tenía que ser así más seguido, adoraba la hermosa sonrisa que el mayor tenía dibujada en el rostro —¿A ti cómo te fue hoy en la cafetería? ¿No tuviste problemas tú solo?
—En realidad no estuve solo. Jun fue a buscarte y cuando le expliqué todo, se ofreció a ayudar. Al parecer no tenía nada que hacer— lo miró de reojo, curioso —¿Desde cuándo tú y él son tan cercanos?
—Me lo encontré el otro día mientras hacía las compras y congeniamos muy bien.
El mayor asintió, pensativo, para después recargarse en el pecho del otro, haciendo un gesto dramático.
—¿Y no se te ocurrió contármelo? ¿Qué es esto de ocultarme cosas, Namjoon?
El menor sintió aquello como una terrible punzada en su corazón. Miró al suelo, sintiéndose la peor persona en todo el planeta. Si supiera…
—Lo siento, Jin. Yo… en serio perdón. Soy terrible.
Jin dejó de jugar y se volteó para tomar la cara del más alto entre sus manos. Tal vez se había pasado un poco con ese chiste.
—No te disculpes, Joonie. Solo bromeaba— besó su frente —No tenías que contármelo si no querías, yo pude haber preguntado. Además, no es tan importante. Si fuera algo serio, estoy seguro de que me lo habrías dicho.
Eran palabras de amor y aliento, pero el menor las sentía como latigazos. Cada vez le costaba más y más respirar. Su corazón le estaba doliendo demasiado.
—…
—Ya dejemos esto y vamos a dormir, ¿sí?— lo tomó de uno de los brazos, jalándolo hacia su recámara —Después de todo, será mejor que empecemos con ese tratamiento tuyo lo más pronto posible.
Namjoon hubiera aceptado encantado si no fuera porque recordó que había una cosa que tenía que hacer antes de que se le olvidara. Hizo que el otro lo soltara con suavidad.
—¿Por qué no te adelantas tú y ahorita te alcanzo? Tengo que hacer algunas cosas antes de irme a dormir.
—No pretendes que duerma solo, ¿o sí?
—Para nada— besó sus labios, los cuales comenzaban a formar un puchero —Te prometo que no tardo.
—...Está bien, pero más te vale no hacerlo. Soy capaz de ir a donde sea que estés para arrastrarte a la cama.
Namjoon soltó una risita y asintió. La pareja se dirigió en direcciones opuestas, Jin yendo hacia su cuarto y Namjoon a la biblioteca. En cuanto perdió de vista al mayor, la pequeña sonrisa que tenía se esfumó. Namjoon soltó un suspiro cuando, al llegar al escritorio del cuarto, encontró lo que estaba buscando. Una pequeña libreta y una pluma.
Durante la conversación con su madre, ésta le había sugerido que comenzara un diario donde anotara todo lo que no quería olvidar. Si realmente tenía la misma condición de su padre, eso podría ayudarlo a mantenerse un poco más en contacto con la realidad mientras buscaba algún tratamiento. La idea no era mala, por lo que el joven decidió llevara a cabo en cuanto llegara a casa.
Tomó un álbum que se encontraba cerca de él, escaneando sus hojas hasta parar en la foto que buscaba. Con mucho cuidado, la sacó de este, mirándola con amor. Era un retrato de él y Jin parados frente a la capilla en la que se habían casado. Ese fue uno de los días más felices de su vida y, sin duda alguna, algo que jamás quería olvidar. Con cuidado de no dañar la foto, la pegó en su libreta, dejando que esta abarcara toda la página. Después tomó una pluma y, armándose de valor, dejó que su mano comenzara a moverse, escribiendo todos y cada uno de los pensamientos que se le venían a la mente.
Tu nombre es Kim Nam Joon y eres el chico que se encuentra en el lado izquierdo con el traje blanco. Naciste en 1994 y tus padres son Kim Jun Seo y Kim Min Seon. A pesar de estar divorciados, tu mamá insistió en mantener su apellido de casada, así que mucho cuidado con no utilizarlo. Tu papá falleció hace poco por problemas del corazón y lo extrañas. Procura ir a visitarlo más.
Tu mejor amigo se llama Min Yoon Gi, pero prefiere que le digas Suga. Él fue tu pilar en una de las épocas más oscuras de tu vida y tu eterno compañero. Le debes absolutamente todo. Tienes varios amigos, pero nadie como él. Por favor, no lo lastimes ni lo empujes lejos de ti. Significa demasiado para ti, pasa un tiempo con él y sabrás a qué me refiero. Vivieron juntos durante mucho tiempo y, al igual que a ti, le gusta escribir canciones juntos y rapear de vez en cuando. Amas la música, sobre todo el hip hop. También las costillitas, intenta comerlas seguido, sobre todo cuando estés triste. Terminar embarrado de salsa BBQ siempre hace que hasta el peor día se vuelva mucho mejor. No comas mariscos ni nada que provenga del mar, lo odias con todo tu corazón. Comerlo solo hará que te sientas peor de lo que ya te sientes. Créeme, soy un experto en eso.
Actualmente vives cerca del Estadio Cultural, a unas cuantas cuadras del Supermercado Maravilla. No es tan fácil perderse. El chico junto a ti en la foto es tu esposo y el amor de tu vida: Kim Seok Jin. Vive contigo, ¿difícil de creer cierto? Yo aun no termino de creer que una persona tan hermosa y maravillosa como él se enamorara de ti también. Cada día a su lado es como un sueño.
Lo conociste gracias a un grupo de amigos en común. Al inicio no te relacionabas tanto con él, pero poco a poco te enamoraste de él como nunca lo habías hecho por alguien más. Él te salvó. Fueron unas pocas palabras las que te dijo el día que fuiste a visitarlo a su trabajo, completamente abrumado por todos los problemas con los que cargabas en ese entonces, pero aun así fueron suficientes como para que volvieras a encontrarle el sentido a la vida y te dieras cuenta de que él era la persona con las que querías pasar el resto de tus días. Él, con su obstinada actitud y adorable risa. Él, que lograba sacarte suspiros cada vez que se apasionaba con algo y simplemente no podía dejar de hablarte de ello. Él, con todo su ego y profundas inseguridades que deseabas eliminar. Él y solo él. Aun así, fuiste un cobarde y decidiste huir de lo que sentías durante mucho tiempo por miedo a que este día llegara. Lo amaste en silencio y sufriste durante años. Curiosamente, fue él quien tomó valor por los dos y dio el siguiente paso. Realmente siempre ha sido él quien toma la iniciativa.
Tú lo amas, Namjoon. Con todo tu corazón. No te equivocaste al pensar que era el indicado porque lo es y te prometiste brindarle la misma alegría que él te provoca por el resto de tus días. No importa cuantos problemas lleguen a tener, siempre existe una solución. Yo jamás me he dado por vencido, así que espero que tú tampoco lo hagas. Estás más que dispuesto a dar lo que sea por Jin y el esfuerzo vale la pena. Te darás cuenta en el momento que te mire, sonriente, con aquellos ojos que tanto amo.
—¡Namjoon, ven a la cama de una vez por todas!
El joven se sobresaltó, mirando hacia la puerta, temiendo por un momento que el otro fuera a cumplir su promesa de ir por él. No pasó. Suspiró aliviado.
—Dame unos segundos más, amor, ya casi termino.
Podrás olvidar tu nombre y tal vez tu fecha de nacimiento. También el lugar donde vives y hasta las cosas que te gustan y las que no. Puede que hasta a Suga o quienes son tus padres. Pero Namjoon, por favor, te lo ruego, jamás olvides a Jin. No te atrevas a olvidarlo, a él no.
El chico sintió cómo unas cuantas lágrimas brotaron de sus ojos, las cuales limpió rápidamente con su brazo. No podía hacerlo, no se lo iba a permitir. No importaba cuánto le costara, no había nada en el mundo que pudiera borrar el recuerdo de Jin de su memoria. No lo iba a dejar ir.
—¡Namjoon!
El mencionado sabía que esa era su señal para retirarse. Abrió uno de los cajones en los que escondió muy bien el cuaderno, sin dejar señales de lo que había estado haciendo ahí. Se miró al espejo y, al confirmar que no parecía haber llorado, salió de la biblioteca y caminó hasta donde estaba el otro. En ese momento, lo único que necesitaba era perderse en los brazos del otro.
