* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.

Capítulo 11

Tíos

Tahomaru le dio un mordisco al onigiri en su mano, en verdad sabía tan delicioso como aparentaba. Aunque no lo pareciera en un principio dada su actitud despreocupada su cuñada en verdad era una gran cocinera. Por supuesto no tenía la excelente sazón que poseía su tan amada esposa, pero admitía que la comida de Dororo siempre era deliciosa.

A pesar de esto, no le fue posible disfrutar tranquilamente del sabor de la comida debido a la singular escena frente a él. Su hermano mayor y su esposa estaban con los palillos alzados muy cerca de sus bocas, aun así estos no probaban ni un solo bocado.

Los examinó minuciosamente con interés: sus semblantes en verdad lucían agotados, unas oscuras ojeras asomaban por debajo de sus ojos, estaban desaliñados, como si incluso vestirse y arreglarse correctamente supusiera un enorme esfuerzo para ambos.

Él y su esposa se dirigieron una rápida preocupada mirada entre ellos, el feliz matrimonio frente a ellos se veía en un estado en donde decir agotado era poco.

Su hermano menor y su cuñada lo habían invitado a su casa junto con sus amigos más cercanos a celebrar el primer cumpleaños de Kaede. Tras una agradable tarde la mayoría de los invitados había regresado a sus hogares, solo quedando ellos en su casa.

El cansancio del matrimonio no pasó desapercibido para nadie, pero Okowa y la Sra. Hanami dijeron que al estar cuidando a una enérgica bebé de ahora un año eso era algo más que normal.

A pesar de esto, los padres se esforzaron al máximo para preparar una deliciosa comida y ser unos excelentes anfitriones como siempre. La inquieta bebé jugó y fue mimada por todos los invitados, recibió diversos regalos muy lindos, sin duda fue una tarde más que agradable. Como resultado, ahora los padres de la festejada estaban más que cansados.

Los pensamientos de Tahomaru fueron interrumpidos cuando se escuchó un fuerte sonido de algo cayendo cerca del consultorio de Hyakkimaru.

— ¡Kaede!

—¡Kaede-chan!

Exclamó Hyakkimaru seguido de Dororo saliendo en cuestión de segundos de su estado aletargado. En un sorprendente auto reflejo ambos se levantaron rápidamente y se dirigieron a buscar a su hija. El esposo se dirigió a su clínica mientras que Dororo se dirigió a una habitación que estaba al lado de la cocina. Tahomaru y Natsumi siguieron a cada uno en silencio.

Cuando llegaron a la clínica los dos jóvenes observaron llenos de asombro como Kaede estaba sentada en el suelo llorando con todas sus fuerzas. La traviesa niña se las había arreglado para tirar un recipiente lleno de tinta que utilizaba su padre para escribir y este había caído de lleno en ella manchando su cabeza.

—Kaede ¿cómo te las arreglaste para llegar hasta aquí? —Le preguntó su padre con cansancio mientras la levantaba del suelo—Sabes que no debes venir al lugar de trabajo de papá.

Tahomaru observó a su hermano mayor comenzar a arrullar a su niña en un intento por tranquilizarla, esta no dejaba de llorar. No perdió tiempo y le pasó un pedazo de tela que había en el escritorio para que limpiara a su sobrina. Mientras Hyakkimaru lo hacía, Tahomaru siguió concentrando en observar con una inmensa preocupación los ojos agotados de su hermano, en verdad parecía que iba a caerse de cansancio en cualquier momento.

—¡Hyakkimaru! —Se escuchó la voz apurada de su esposa acercándose—No sé cómo lo hizo, pero Kaede se las arregló para abrir la puerta de madera de seguridad que construiste, ella…

—No te preocupes, ella estaba en la clínica. —Le respondió su esposo con tono reflexivo. En verdad no sabía explicarse como su hija podía ser tan lista, hábil y traviesa.

Cuando Dororo y Natsumi llegaron con ellos, la primera abrió sus ojos con asombro para después dejar escapar un inmenso suspiro de agotamiento al ver que su niña tenía toda la cabeza manchada de tinta.

Dororo comenzó a explicarles que Hyakkimaru había construido una especie de pequeño muro de madera para mantener a Kaede resguardada en un cuarto en donde tenía todos sus juguetes, sin embargo, ella siempre se las arreglaba para escapar de una u otra forma.

—Lo siento mucho por dejarlos solos, pero tendremos que ir a bañar a Kaede para quitarle la tinta. —Explicó Dororo mientras acariciaba la mejilla de su nena, Kaede seguía llorando sujetándose con fuerza al kimono de su padre sin dejar de llorar.

—No se preocupen por nosotros, lo más importante es que atiendan a Kaede, nosotros los esperaremos. —Respondió Tahomaru con amabilidad.

—Ya que nos invitaron a quedarnos esta noche en su casa no deben sentirse obligados con nosotros. —Continuó Natsumi con bondad—. Dororo ¿me permites usar tu cocina? Les prepararé unos deliciosos dangos y un poco de té para cenar. Seguro estarán listos para cuando terminen con Kaede-chan.

—Pero Natsumi, son nuestros invitados. —Negó Dororo tratando de ocultar su vergüenza.

—No te preocupes, es un gusto para mí poder ayudarlos.

Dororo intentó negarse un par de veces más hasta que finalmente la enorme y bondadosa sonrisa de Natsumi la hicieron ceder. Ambas parejas se separaron para ocuparse de sus respectivas labores.


—En verdad estoy muy preocupados por ellos. —Le dijo Tahomaru a su esposa mientras vigilaba el recipiente con agua caliente para el té.

—Te entiendo. —Respondió Natsumi igual de preocupada que su esposo mientras terminaba de preparar la masa de los dangos—. Ambos lucen tan agotados. Kaede-chan en verdad es muy inquieta, imagino lo laborioso que debe ser cuidar de ella. Además, también tienen sus obligaciones diarias, ocuparse de ambas cosas no debe ser nada sencillo.

—Imagino que eso es parte de la paternidad y no hay como evitarlo, aun así…—Continuó Tahomaru alzando su vista al techo y sujetando su barbilla con su mano en una actitud pensativa—Me gustaría hacer algo por ellos para ayudarlos cuando menos para que puedan descansar un poco.

—¡Esa es una gran idea, querido! —Lo apoyó Natsumi volteándose a verlo con entusiasmo—Cuenta con mi ayuda para hacerlo, pero… ¿Qué podríamos hacer por ellos?

El joven matrimonio se miró con interés para después comenzar a pensar en silencio en una manera para ayudarlos. Tuvieron que pasar algunos minutos hasta que Tahomaru volvió a hablar alzando la voz con una inmensa alegría:

—¡Ya lo sé! ¡Se me acaba de ocurrir una excelente idea!


—¿Cuidar a Kaede por todo un día? —Preguntó Dororo, abriendo con sorpresa sus enormes ojos chocolate.

Tahomaru y Natsumi se tomaron de la mano con cariño y asintieron con la cabeza al mismo tiempo observándolos con entusiasmo. A su hermano y cuñada les había tomado casi una hora terminar de asear a Kaede y lograr que esta se quedara profundamente dormida en su cuna. Una vez quedaron desocupados para disponerse a cenar los deliciosos dangos que Natsumi les había preparado, Tahomaru no perdió ni un momento en decirles su maravillosa idea. Continuó explicándose con alegría:

—Hemos notado lo cansados que están debido a tener que cuidarla. Sabemos que ahora que son padres su vida ha cambiado significativamente y es su responsabilidad. Sin embargo, estamos convencidos que sería un honor para nosotros nos permitan cuidar a nuestra sobrina por todo un día para que ustedes puedan descansar.

Dororo apretó sus labios y sus enormes mejillas se tiñeron levemente de carmín al escuchar esa tan cariñosa propuesta. Observó en silencio al amoroso y amable matrimonio pues no sabía que decir ante tal muestra de generosidad.

A pesar de que en verdad se había sentido conmovida por este acto, decidió declinar su oferta respondiéndoles con cuidado:

—En verdad agradecemos que quieran ayudarnos de esta manera, sin embargo… no considero que esto sea correcto. —Dororo bajó la vista avergonzada—. Kaede es nuestra hija, y como sus padres es nuestra obligación cuidarla. No queremos darle molestias a nadie cuando la responsabilidad es enteramente nuestra.

—Pero, Dororo—interrumpió Natsumi con cierta inseguridad—, tú y tu esposo en verdad están muy cansados.

—¿Cansados? ¡Claro que no! —Dororo alzó su puño con vigor en un intento por demostrar lo contrario. Su voz agotada y movimientos lentos delataban su mentira—Fue un día largo, pero estamos en perfectas condiciones.

—¿Y tú llamas a eso estar bien?

Añadió Tahomaru con tono insidioso al tiempo que apuntaba a su hermano mayor con su dedo índice. Dororo volteó a ver a su esposo y se encontró con la sorprendente imagen que este se había quedado profundamente dormido sentado a su lado. Su boca estaba levemente abierta con el palillo de dangos muy cerca de su boca, pero al parecer se había quedado dormido antes de poder siquiera darles un mordisco.

—Hyakkimaru…

Lo llamó Dororo suavemente colocando su mano en su hombro, apenas sintió el tacto su esposo abrió rápidamente sus ojos y dijo volteando de un lado a otro desorientado:

—¿Qué pasa? ¿Es Kaede? ¿Dónde está? ¿Se encuentra bien?

Dororo sintió un pequeño tirón en su corazón tras la reacción de su esposo. Por supuesto trató de ocultarlo para no preocupar a sus invitados, pero ella también se sentía en extremo cansada, incluso llegó a temer que de un momento a otro cayera al piso para quedarse profundamente dormida.

Reflexionando sobre esto y dándose cuenta de la preocupada mirada que aún le dedicaban Tahomaru y Natsumi, Dororo no pudo evitar pensar que tal vez ser tan orgullosa cuando alguien le ofrecía su ayuda desinteresadamente era incorrecto.

Los dos matrimonios continuaron hablando sobre el asunto de dejar a Kaede en su cuidado por todo un día. El debate se extendió por un largo rato hasta que Hyakkimaru llegó a una conclusión que dejó muda a su esposa: "Dororo, tú me lo dijiste años atrás cuando viajábamos juntos ¿ya no lo recuerdas? La familia siempre está a tu lado, siempre te apoya sin importar las circunstancias. Tú, Kaede, Tahomaru, Natsumi y yo somos una familia ahora… ¿por qué ahora que nuestra familia quiere apoyarnos, te niegas tanto a recibir su ayuda?"

Hyakkimaru era una persona callada y reservada, la cual solo hablaba cuando era necesario, y a veces cuando lo hacía decía cosas realmente sorprendentes y sabias como en esa ocasión. Dororo ya no pudo ir en contra de su conclusión, se dio cuenta de que estaba siendo injusta con su cuñado y esposa al negarles pasar más tiempo con su sobrina por culpa de su tonto orgullo. Debía dejarlo atrás.


—Dile adiós a papá y a mamá, Kaede-chan.

Le dijo Natsumi a su sobrina con cariño mientras los padres se despedían de ella con la mano. La inquieta niña se sujetó fuertemente de la mano de su tía y con la otra imitó el movimiento con su pequeña mano.

—Adiós Kaede-chan, vendremos al anochecer por ti. —Le habló Dororo a su nena con ojos humedecidos sin dejar de despedirse con su mano—. Se buena con tío Tahomaru y tía Natsumi ¿de acuerdo?

—Nos vemos más tarde Kaede, no les des problemas a tus tíos. —Se unió Hyakkimaru mostrándole una cariñosa sonrisa a su nena.

—Kaede quiere que sus papás descansen mucho ¿verdad, Kaede? —Dijo Tahomaru mientras acariciaba la cabeza de su sobrina. La niña balbuceó algunas palabras inentendibles con alegría. El orgulloso tío rio dulcemente antes de continuar—¿lo ven? Vayan sin preocupaciones, cuidaremos muy bien a Kaede.

Se despidieron por algunos segundos más hasta que ambos montaron en sus respectivos caballos para volver a la aldea. Mientras se alejaban, los escucharon hablar entre ellos:

—Dororo ¿estás llorando por que dejamos a Kaede aquí?

—¿Q-qué? Claro que no, Hyakkimaru tonto, no estoy llorando. Es solo que hace mucho calor, estoy sudando.

—No ha pasado ni un minuto y ya extraño a nuestra hija…

—Ja, y te quejabas de que yo era una madre aprensiva.

Natsumi y Tahomaru se dirigieron una pequeña sonrisa mientras continuaban escuchando la divertida conversación a lo lejos. Tomaron a Kaede con cariño de cada mano para ayudarla a caminar hasta dentro de su hogar.


Afortunadamente para los emocionados tíos Kaede era una niña amigable que no lloraba en cuanto dejaba de ver a sus padres. Era risueña y dulce aun cuando estuviera con personas que no veían diariamente como era el caso de sus tíos, pero esto no quitaba el hecho de que era un remolino de energía. Era una niña muy curiosa que apenas entró a casa comenzó a gatear rápidamente para explorar todo a sus anchas.

—¡No, Kaede-chan, no jales ese mueble!

Tahomaru se las arregló a duras penas para evitar que la inquieta niña se echara encima un pequeño mueble en donde Natsumi guardaba sus instrumentos de costura. El preocupado tío dejó escapar un suspiro de alivio mientras la niña daba unas palmaditas y se reía con alegría.

Kaede llevaba apenas casi dos horas con ellos y en ese corto lapso de tiempo ya había destruido algunas cosas, movido otras de lugar y recorrido cada rincón de su hogar. Ninguno de los dos sabía explicarse como una niña podía gatear tan velozmente como ella. El inmenso cansancio de los padres parecía tener más sentido con cada segundo que pasaba.

—Al parecer heredaste la increíble velocidad de tu padre y la maquiavélica mente de tu madre.

Le dijo Tahomaru con un tono juguetón a su sobrina mientras la cargaba para llevarla a la sala de estar. El corazón del alegre tío se agitó de dulzura cuando la niña aferró sus pequeños brazos alrededor de su pecho a forma de abrazo. Esa niña, a pesar de ser increíblemente traviesa sabía cómo ganarse a las personas mostrando también una inmensa dulzura.

—Sí, sin duda eres igual de astuta que tu madre. —Reflexionó mientras la dejaba en el piso. Desató un paquete que habían traído con ella el cual contenía los juguetes favoritos de la pequeña—. Veamos, Dororo dijo que te encantaba jugar con estas figuras de madera.

Kaede alzó sus manos en cuanto Tahomaru sacó un caballo de madera de tamaño mediano. Lo observó con asombro mientras se lo pasaba. El caballo estaba hecho y pintado a mano, era color café con manchas claras, por donde se viese era una figura realmente detallada y hermosa. Además, la cara del caballo era amigable, incluso este tenía pintada una pequeña y alegre sonrisa. No era de extrañar que este hermoso caballo fuera el juguete favorito de la niña.

—Es sorprendente que Aniue haya hecho todas estas figuras de madera él solo, están muy bien hechas. —Exclamó Tahomaru con asombro mientras observaba lleno de interés todos los juguetes de su sobrina—. Kaede, tu padre tiene una gran habilidad para trabajar la madera. Aunque siendo un médico especializado en hacer prótesis debía serlo.

Tahomaru sintió de pronto que algo tocaba su rodilla, cuando bajó la vista se encontró con que Kaede le estaba acercando la figura de un fornido toro de color negro.

—¿Quieres que juegue contigo? —Preguntó con cariño a lo que su sobrina le balbuceó con alegría ensanchando la dulce sonrisa en su rostro—Bien, entonces este asombroso toro es para tu tío Tahomaru.


Una vez Natsumi terminó sus labores en su hogar y preparó la papilla de frutas para Kaede tal como Dororo le había indicado se dirigió a la sala de estar, ahí fue recibida por una escena que hizo a su corazón derretirse de ternura.

Su esposo estaba sentado en el piso mientras mantenía a su sobrina de igual manera sentada encima de sus muslos. Él la movía de arriba hacia abajo simulando como si estuviera cabalgando al tiempo que le decía en un tono divertido:

—¡Vamos, rápido, valerosa jinete Kaede! ¡Tú eres la única que puede salvar a esos aldeanos en peligro!

La pequeña reía más que divertida mientras agitaba su caballo de madera de arriba hacia abajo, por otro lado, parecía un juego muy entretenido para ella ese movimiento que simulaba que en verdad estaba cabalgando a un leal corcel.

Natsumi siguió apreciando esta tierna escena en silencio mientras una dulce sonrisa se formaba automáticamente en sus labios. Esta solo pudo aumentar cuando su imaginación comenzó a volar recreando ese momento, pero con un hijo propio, en ese momento se dio cuenta que su gallardo esposo sin duda sería un excelente padre.

—Mi hermosa Natsumi, estabas aquí. —Escuchó de pronto la voz de Tahomaru la cual la regresó de vuelta a la realidad—. Lo siento, nos estábamos divirtiendo tanto que no me percaté de que llegaste.

—Sí, pude ver lo mucho que Kaede-chan se divierte con su tío Tahomaru. —Apuntó la dulce joven mujer mientras los seguía observando enternecida—. Venía a decirte que la comida ya está lista, lo mejor será que le demos de comer a nuestra linda sobrina antes de que se haga más tarde.


Por tercera vez desde que lo intentaba la nariz de Tahomaru fue atacada por otra plasta de papilla que Kaede lanzó a su rostro. El atacado tío le dedicó una mirada de descontento a su sobrina mientras esta no dejaba de hacerle trompetillas y seguía batiendo su comida por doquier.

—En verdad eres tan maquiavélica como tu madre. —Confirmó Tahomaru con cierta impaciencia mientras limpiaba su rostro con la manga de su kimono. Juntó toda la paciencia que le fue posible y acercó de nuevo otro bocado de papilla a la niña—. Vamos Kaede, no seas testaruda, debes comer algo.

Su sobrina no le obedeció, sino que por el contrario ladeó el rostro y apretó fuertemente sus pequeños y delicados labios dispuesta a no comer. Lo intentó unas cuantas veces más sin éxito, la boca de la niña se mantenía fuertemente cerrada como si hubiera sido sellada por un hechizo de alguna entidad maligna. El consternado tío dejó salir un profundo suspiro indignado antes de quejarse:

—Es imposible, Kaede no quiere ni un solo bocado ¿Me pregunto si sus padres siempre tienen esta lucha titánica con ella para que coma algo?

—Dororo no me mencionó nada al respecto. —Dijo Natsumi mientras se arremangaba el kimono y se sentaba al lado de su esposo—¿No será que tal vez solo está siendo algo caprichosa con su tío que jugó con ella toda la tarde?

—¿Crees que sea eso? —Preguntó el mencionado mientras observaba como su esposa le quitaba suavemente el recipiente con la papilla—No podemos dejar a Kaede sin comer ¿Cómo podremos lograrlo?

—A Kaede-chan le gusta mucho jugar ¿no es así? ¿por qué no intentamos darle de comer como si fuera un juego?

Tahomaru observó con asombroso como su ingeniosa esposa le acercaba una pequeña porción a la boca de nuevo a su sobrina, pero en esta ocasión lo hizo mientras lo movía vigorosamente de un lado a otro, a su vez le dijo con una voz cantarina:

—Aquí viene la carreta con deliciosa comida. Vamos valiente jinete Kaede-chan, abra su boca para recibir esta nutritiva comida.

Kaede observó por algunos segundos a su tía mientras parpadeaba con un intenso interés. Natsumi insistió sin dejar de cantarle y mover de un lado a otro el bocado de papilla, finalmente tras un momento la niña abrió su boquita y recibió gustosa el alimento.

—Menos mal. —Dijo Natsumi entre un suspiro de alivio.

—¡Lo lograste, amor! —La felició Tahomaru mostrándole una enorme sonrisa de orgullo—Tuviste una gran idea al simular un juego para que Kaede accediera a comer. —Calló por algunos segundos, pero finalmente se animó a continuar con una voz repleta de añoranza—: Estoy seguro que serías una excelente madre.

El corazón de la joven mujer dio un vuelco en cuanto escuchó eso. Su hermoso rostro enrojeció por completo mientras dirigía su mirada con timidez hacia su esposo para encontrarse con que este la apreciaba con un inmenso amor y ternura.

—P-pero que cosas dices, querido. —Respondió avergonzada mientras se colocaba una mano en su mejilla y bajaba la vista a causa de la sorpresa—. No digas cosas tan vergonzosas así tan de repente.

Tahomaru simplemente río en voz baja y optó por dejar ese tema de lado para no seguirla incomodando más.

Cuando Kaede terminó su papilla continuó jugando por un rato más antes de quedarse profundamente dormida. Los amorosos tíos la observaron dormir en silencio sintiéndose agotados, ahora podían comprender a la perfección a sus cansados padres. A pesar de esto se sentían felices al pensar que por lo menos por un día pudieron ayudarlos a descansar encargándose del cuidado de su traviesa y risueña sobrina.

Tahomaru apoyó su mano en su mejilla y habló con tono apacible:

—Cuando Aniue y Dororo ven a su hija dormir de esta manera tan plácida, apuesto a que deben pensar que estar tan cansados vale la pena si logran que su amada hija pueda dormir de esta manera tan tranquila sin ninguna preocupación. Es cuando deben darse cuenta que no se arrepienten de ser padres.

Natsumi sintió como su esposo tomaba su mano y la cerraba dándole un fuerte y cariñoso apretón. Lo contempló en silencio, Tahomaru no despegaba su mirada enternecida de su ahora profundamente dormida sobrina.

—¿En verdad crees que sería una buena madre, Tahomaru?

Cuando el mencionado escuchó como su esposa lo llamaba por su nombre se volvió a mirarla con extrañeza. Era muy raro que no lo llamara por un apodo amoroso, por eso sabía que su pregunta era seria y, por ende, esperaba una respuesta igual de sincera.

Cuando Tahomaru le respondió lo hizo cambiando a un semblante serio y determinado:

—Por supuesto… Estoy convencido de que serías una excelente madre, Natsumi.

Sintió el cuerpo de su amada tensarse a su lado y contener una leve exclamación de asombro. El silencio se dejó venir por unos segundos hasta que Natsumi continuó con su singular interrogatorio:

—Entonces… ¿te gustaría ser padre algún día?

—No me cabe ninguna duda de que tener un hijo contigo sería un sueño hecho realidad, mi hermoso gorrión.

Tomó ambas manos de su esposa y las acercó a su rostro para depositarles un dulce beso en sus nudillos. El rostro de ella se iluminó y le mostró la sonrisa más alegre, radiante y entusiasmada que le hubiera mostrado nunca, solo recordaba haberla visto así el día de su boda. Sin darle oportunidad de agregar algo más Natsumi se lanzó a él para rodearlo con sus brazos y decirle con una enorme alegría:

—Entonces hagámoslo, amado mío… ¡tengamos un bebé!

Dos meses después de esa conversación, como una hermosa bendición del cielo o más bien intervención divina de su madre (como dijo Tahomaru), Natsumi comenzaría a mostrar los primeros síntomas de embarazo.

Cuando Kaede estaba a unos cuantos meses de cumplir sus dos años, la alegre familia recibió a un nuevo miembro más que esperado: Natsumi dio a luz a un niño muy sano al cual decidieron ponerle por nombre Hyogo. Era más que obvio que el nombre había sido escogido con sumo cariño por el padre.

Continuará