Disclaimer: ©Shingeki no Kyojin/進撃の巨人, sus personajes y trama son propiedad de su autor, Hajime Isayama. Yo tan solo realizo este FanFic por diversión, sin ánimos de lucro.
Advertencia: Omegaverse| Uso descarado delOoC| ErenxLevi | Ereri| Omega Levi | Eren alfa |De desconocidos a enemigos a amantes| Basado en Orgullo&Prejuicio de Jane Austen.
Agradezco a valeskithalejandra, GatitadeLuna, ChibiGoreItaly, Nejiko Ka y Lulu Fujoshi Tsukino, que comentaron el capítulo anterior. Espero este les guste igual. Con mucho cariño a ustedes. Gracias también a mis lectores fantasmines. Anímense chicos, díganme que piensan del rumbo de la historia, toda palabra es bien recibida.
Nos leemos abajito.
Por favor lean las notas finales.
De orgullo, prejuicio y amor
—
.IX.
El celo de Levi duró seis días. Fueron los más tortuosos (hasta el momento) de la vida del omega; y al final se sentía como si le hubiese pasado un coche encima. Mikasa se rio de su estado, de su cabello de nido de pájaros y sus ojeras de mapaches. Su tío Uri dijo que lo había sobrellavado bien, que el primer celo siempre era el más difícil, y Mikasa asintió, dándole la razón.
—Aunque debo admitir que soportar un celo alejado de tu pareja, quizás es aún peor. Pero es necesario si no quieres tener cachorros —dijo el tío Uri, su cara sonrosada y la vista baja, apenado de la conversación tan íntima, pues estas eran una cuestión de madres a hijos, no con un pariente político y casi un extraño. Pero la señora Ackerman se había desentendido cuando Mikasa le contó del suceso, esperando los mismos cuidados que ella recibió para su hermano. No sucedió, y fue Uri junto a Mikasa quienes se encargaron de él. Si bien no se lo contaron, Levi lo entendió al verlos a los dos y no a su madre a su lado. Dolía, como siempre lo haría, pero igual que lo había hecho antes, Levi lo ocultó en lo profundo de su corazón.
—Solo que no entiendo por qué tu celo se manifestó tan rápido. Debiste haber pasado más días entre los síntomas y su llegada real. ¿Será por qué eres un omega varón?
—No. El proceso es el mismo sin importar el sexo primario. Es cierto que en los omegas varones el celo aparece más tarde que en las hembras. El primero llega lentamente pero, — el omega rubio se quedó pensativo unos segundos, luego continuo —he escuchado que a veces la sobre exposición con alfas en un omega que aún no ha presentado suele volverlo así de brusco. ¿Conociste a alguien en Kent, pequeño? —preguntó su tío, dándole una mirada comprensiva.
Levi sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral y fue su turno de sonrojarse.
Dios mío, la marca, debieron haber visto la marca, se estremeció internamente, recordando lo sucedido entre el señor Jeager y él. Debía decírselos, pero no pudo. Su silencio estaba comprometido (1). Así que mintió.
—Conocí un alfa, en Rosings —empezó, casi susurrando y sintiéndose culpable al instante de estarle mintiendo a su hermana y su tío —. Es el hermano del señor Jeager, quien como nuestro primo nos dijo, es sobrino de Lady Alma, su benefactora. Iba acompañándolo, por eso estaba allí.
—¡Te cortejó! —exclamó su hermana y el sonrojo en el rostro de Levi aumentó otro tono.
El coronel Zeke había mostrado cierto interés en él, y eso lo había halagado, pero a pesar de ello, Levi había procurado mantener el tono amistoso, evitando la apertura a que se entendiera que estaba inclinado a ello.
—No, claro que no —se apresuró a responder —. Él solo era muy amable, y le gustaba pasar tiempo conmigo, creo que porque yo siempre estaba metiéndole pulla a su tía y eso le divertía —aquí Levi soltó una risilla, las cenas y las horas del té en Rosings frescos en su memoria —. Supongo que como sucedió prácticamente todos los días, su presencia quizás hizo eso que tú dices, tío.
Su tío torció la boca un poco antes de responder.
—Puede ser —dijo, asintiendo a la vez. La línea de esa charla se cortó allí, pues empezaron a hablar de Marie y el señor Smith, poniéndolo al día de las noticias pérdidas. La escasez de las mismas solo causó mayor preocupación y malestar en Levi.
El señor Ackerman y el coronel Zacharius habían estado en Clapham, pero sin ningún resultado; por lo que al regresar a Londres se pusieron a preguntar en las principales hosterías de la ciudad, pues creían posible que Marie y Smith se hubiesen albergado en una de ellas a su llegada, antes de procurarse otro alojamiento. Fue en ello que los encontró Kenny y los había llevado a Gracechurch Street, quien consideraba que el intento de su hermano era intento inútil, pero ya que él estaba tan empeñado en tal tentativa, lo apoyaría, regresando de nueva cuenta, las veces que fueran necesarias.
En su ausencia la señora Kuchel fue a visitarlos y se quedó un par de días ayudando y animándolos a los dos. Se había ido el viernes, una hora antes que llegaran Lady Zoe y su hija Ninfa. Estuvieron muy amables, se condolieron y ofrecieron sus servicios en todo lo que fuera posible, incluso a su hija, si es que consideraban que fuera de utilidad.
A Levi no le hizo mucha gracia este ofrecimiento, frunciendo el ceño exclamó que su condolencia era ofensiva y que esperaba que no volvieran otra vez, pues en desgracias como esas era mejor rehuir de los vecinos, que solo buscaban entrometerse para criticar a placer.
Los siguientes días el correo llegó pero la familia Ackerman no recibió línea alguna de ninguno de los hermanos, y se vieron obligados a suponer que era porque no había buenas noticias o pistas de los fugitivos.
En Meryton todo el mundo se empeñaba en desacreditar al hombre que solo tres meses antes habían considerado un ángel de luz. Se decía que debía dinero en todos los comercios de la ciudad, y sus intrigas, honradas con el nombre de seducciones, se extendían a todas las familias de los comerciantes. Se afirmaba que era el joven más perverso del mundo, y empezaron a decir que siempre habían desconfiado de su bondad,* según le contaba su tía en sus visitas, para mantener la fortaleza familiar, insistía; pero como siempre acababa en charlas de algún nuevo ejemplo de los despilfarros y la falta de escrúpulos de Smith. Hundiendo con esto cada vez las vagas esperanzas de que el alfa respondiera con honor su agravio y se casaría con Marie para salvar de la ruina social a toda la familia.
La ansiedad se instaló en Longbourn y solo creció y creció al transcurrir los días en la espera de las cartas que le hablaran de la buena o mala marcha del asunto. Cada mañana creían que iban a recibir alguna noticia importante; y cada vez la decepción al no suceder, aumentaba la tensión en la casa.
Antes de recibir palabra de los señores Ackerman, llegó de Hunsford una misiva del primo Berner. Que, ha como su padre había instruido, Mikasa recibió en su nombre y la leyó para toda la familia. Su contenido causó que Levi la rompiera a pedacitos una vez leída; pues decía así:
«Mi querido señor: Nuestro parentesco y mi situación en la vida me llevan a darle mis condolencias por la grave aflicción que está padeciendo, de la que fuimos informados por una carta de Hertfordshire. No dude de que tanto la señora Berner como yo les acompañamos en el sentimiento a usted y a toda su respetable familia en la presente calamidad, que ha de ser muy amarga. Una circunstancia que para un padre ha de ser más penosas que para todos los demás. La muerte de una hija habría sido una bendición comparada con esto. Y es más lamentable porque hay motivos para suponer, según me dice mi querida Hange, que esa licenciosa conducta de su hija procede de un deplorable exceso de indulgencia; aunque al mismo tiempo y para consuelo suyo y de su esposa, me inclino a pensar que debía de ser de naturaleza perversa, pues de otra suerte no habría incurrido en tal atrocidad a una edad tan temprana. De todos modos es usted digno de compasión, opinión que no sólo comparte la señora Berner, sino también lady Alma y su hija, a quienes he referido el hecho. Están de acuerdo conmigo en que ese mal paso de su hija será perjudicial para la suerte de los demás; porque, ¿quién —como la propia lady Alma dice afablemente— querrá emparentar con semejante familia? Esta consideración me mueve a recordar con la mayor satisfacción cierto suceso del pasado noviembre, pues a no haber ido las cosas como fueron, me vería ahora envuelto en toda la tristeza y desgracia de ustedes. Permítame, pues, que le aconseje, querido señor, que se resigne todo lo que pueda y arranque a su indigna hija para siempre de su corazón, y deje que recoja ella los frutos de su abominable ofensa.»*
Un día después recibieron correo del tío Kenny, contándoles que aún seguían sin encontrar pista alguna de los jóvenes, y que el señor Ackerman regresaba a Longbourn el sábado, que era el día siguiente. Desanimado por el fracaso de sus pesquisas, su hermano había cedido a sus instancias de dejarlo a él hacer lo correspondiente en solitario mientras las circunstancias no fuesen más propicias para una acción conjunta. Al contárselo a la señora Ackerman, está no reaccionó como sus hijos esperaban, ya que en vez de sentir tranquilidad por la vida de su marido, se exaltó en un ataque histérico que la hizo salir de su cama como no lo había hecho nada en los quince días anteriores.
—¿Que viene a casa y sin mi pequeña Marie? ¡Cómo se atreve ese canalla insensible! —exclamó, sacándose las sábanas y poniéndose de pie en un brinco para empezar a caminar por la habitación como animal enjaulado —. No puede creer que salga de Londres sin haberlos encontrado. ¿Quién retará a Smith y hará se case?
—Madre por favor —intentó Mikasa hacer que ella se serenara —. El tío sabrá cómo llevar la situación y manejarla llegado el momento, pienso que es mejor así.
—¿Mejor así? —le inquirió la señora Ackerman a la vez que le dirigía una mirada de veneno a su hija —. ¡Tu tío debería hacer más! Pero no le importamos un comino. Él solo está buscando la excusa para deshacerse de tu padre para escalcarse del problema. ¡Es un desgraciado cretino!
El señor Uri presente allí, se puso rojo de la rabia ante las palabras de su cuñada y sin dejar pasar segundo defendió a su esposo.
—Mi marido no es ningún cretino, señora Ackerman. Ha hecho todo lo posible de ayudar, aun cuando desde el principio debimos desentendernos, pues como dijo el señor Berner en su carta; los únicos culpables han sido ustedes al ser tan permisivos e indulgentes con su hija, mayormente usted debo decir. Así que no trate de recargarnos sus responsabilidades —dijo todo esto con los dientes apretados y el ceño fruncido profundamente—. Compadezco a mis otros sobrinos por tener una madre como usted. Y a pesar de que no lo merezca, le digo que no diré a mi esposo de sus ofensas y permitiré que siga apoyando la recuperación de Marie. De mi parte, me retiraré de esta casa, pues no seguiré compartiendo más con una malagradecida. Con su permiso, señora.
Y con un giro de telas, Uri se dio la vuelta y salió por la puerta. Levi y Mikasa le siguieron, pidiendo disculpas en nombre de su madre y suplicando que reconsiderara quedarse. Pero el omega negó suavemente y les dijo que no podía hacer tal cosa, pues después de tal episodio, su presencia acabaría por transformarse en un peso más a su carga, debido a la fricción que siempre había tenido con su cuñada y ahora había estallado, dejando una herida que no sanaría.
Acordaron entonces que al menos esa noche la pasaría allí, y que mañana, en el coche de Longbourn que iría por su padre, le conduciría hasta la primera etapa de su camino. Le ayudaron a empacar, y al amanecer lo despidieron entre abrazos, disculpas y agradecimientos, deseándole un buen viaje.
El señor Ackerman volvió con su acostumbrado aspecto de filósofo. Habló poco, y no dijo nada del motivo que le hizo regresar. Pasaron algunas horas antes que sus hijos tuvieron el valor de hablar del tema.
Por la tarde, cuando se reunió con ellos a la hora del té, Levi se aventuró a tocar la cuestión, aprovechando que se quedaron solos, pues su madre había preferido seguir enfurruñada en su habitación, negándose a estar al lado de su esposo, debido a su enojo por el fracaso de su búsqueda; y que su hermana había ido por el té.
—Me lo merezco —le contestó el señor Ackerman, después de que Levi le expresara en pocas palabras su pena por lo que él estaba sufriendo —. Ha sido mi culpa y está bien que lo pague.
—No seas tan severo contigo mismo —replicó Levi.
—No hay contemplaciones que valgan en males tan grandes. No, Levi; deja que una vez en la vida me dé cuenta de lo mal que he obrado. Solo te pido a ti mi pequeño, no me guardes rencor por no haber seguido el consejo que me hiciste llegar a través de tu hermana en abril. Siempre he elogiado tu sensatez, y la única vez en el que yo debía seguirlo, no lo hice.
—Nunca te guardaría rencor —le dijo Levi, viéndole con cariño.
El señor Ackerman le dio una sonrisa agradecida.
—Eres un niño tan bueno, Levi querido.
Se quedaron viendo con ternura, y el señor Ackerman acarició la cabeza de su hijo antes de darle un beso en la frente, en un gesto de disculpa más profunda y significativa para los dos.
El momento se vio interrumpido por la llegada de Mikasa con el té, el cual sirvió para todos y una tacita extra, la cual dijo regresando sobre sus pasos, era para su madre.
—¡Mira qué bien! —Canturreó el señor Ackerman—. Eso presta cierta elegancia al infortunio. Otro día haré yo lo mismo, me quedaré en la biblioteca, con mi batín de dormir, comiendo pasteles y os daré todo el trabajo.*
Los hermanos negaron sonriendo. Su padre jamás cambiaría. Las cosas se le pasaban pronto, y ninguna impresión al parecer le podía poner en tribulación.
Tres días después de la vuelta del señor Ackerman, mientras Mikasa y Levi paseaban juntos por el caminillo de grava que daba a un escaso jardincillo de margaritas y tulipanes de detrás de la casa, vieron que el ama de llaves venía hacia ellos. Creyeron que iba a llamarlas de parte de su madre y corrieron a su encuentro. A unos pasos de ellos la mujer jadeante les dijo:
—Dispense que los interrumpa, señoritos; pero he supuesto que tendrían ustedes alguna noticia de la capital y por eso me he tomado la libertad de venir a preguntárselo.
—¿Pero qué está diciendo usted, Hoover? No hemos sabido nada —contestó Levi, tan confuso como su hermana por la pregunta.
La señora Hoover frunció el ceño y respondió.
—¡Querido niño! ¿Ignora que ha llegado un propio para el amo, enviado por el señor Kenny? Ha estado aquí media hora y el amo ha tenido una carta.
Los hermanos se vieron entre sí un segundo, hablándose en silencio, y un segundo después se precipitaron hacia la casa. Pasaron el vestíbulo al comedor de allí a la biblioteca, pero su padre no estaba en ninguno de esos sitios; iban a ver arriba con su madre, cuando se encontraron con el mayordomo que les dijo:*
—Si buscan ustedes al amo, niños, lo encontraran paseando por el sotillo.
Levi y Mikasa volvieron a travesar el vestíbulo y cruzando el césped, corrieron detrás de su padre que se encaminaba hacia un bosquecillo de al lado de la cerca.
—¿Qué noticias hay, papá? ¿Has sabido algo de mí tío? —se apresuró a preguntar Mikasa, con la respiración entrecortada y tosiendo un poquito porque no estaba tan acostumbrado como su hermano a correr, que a su lado estaba más fresco.
—Sí, me ha mandado una carta con un propio, pues esperaba mi respuesta una vez leída.
—¿Y qué dice, son buenas o malas noticias? —preguntó Levi sustituyendo su emoción por preocupación al ver el rostro de su padre.
—¿Que de buenas pueden ser? —refunfuñó el señor Ackerman y permaneció en silencio un par de minutos, después liberó un suspiro y bajó la cabeza mientras sacaba la carta de su bolsillo y la estrujaba entre sus dedos.
—¿Es tan malo?
—Mikasa —empezó el señor Ackerman, esquivando la pregunta de su hijo —. Ve y dile a tu madre que tu tío los ha encontrado, que están bien y que se casarán.
—¿Es en serio, padre? —inquirió Mikasa, pero su padre no respondió, seguía con la cabeza baja.
—Ve, apúrate a decirle —dijo en cambio, y Mikasa asintió y dio la vuelta. Levi iba a hacer lo mismo pero su padre lo detuvo —. No, tu quédate Levi.
—¿Qué sucede? —Levi se estaba preocupando más.
El señor Ackerman extendió la carta a su hijo para que lo tomara.
—Siempre has sido mí preferido, Levi. Mi orgullo, y debes saber que es un sentimiento compartido con tu tío Kenny. Y que esto nos duele profundamente, y por lo que no habrá día después de este que no maldiga el momento en que no atendí tu súplica que llevo a tu tío ha esto, y a mí a aceptarla.
—¿De qué estás hablando?
—Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.
—¿Qué?
—En la carta...tu tío me pide que conceda tu mano en matrimonio. Envié mi respuesta con el propio. He aceptado.
Levi desenvolvió la carta con impaciencia y la leyó con la misma, sintiendo como palidecía con cada línea que leía. Se quedó de piedra al llegar al final.
—¿Dos días? —frente a él su padre asintió con los ojos enrojecidos —. ¿Realmente has aceptado? ¿Me casarás con ese hombre en dos días para solucionar esto? —había tanta decepción y dolor en su corazón, que las lágrimas de su padre le fueron ofensivas —. ¿Cómo has podido, padre? Cómo después de decirme que me amas por sobre mis hermanas pero me haces esto.
—Levi, entiéndeme por favor —sollozó el señor Ackerman, intentando acercarse a su hijo, pero este solo dio un paso atrás con una expresión herida en el rostro.
—No, no me pidas que lo entienda. Que entienda que me has vendido sin reparos.
—¡No tengo opciones, Levi!
—¡Siempre las hay, padre! Siempre
—Pero no el tiempo —aceptó su padre y Levi solo pudo apretar las manos en puños. Impotente.
—Y de todos los hombres...—susurró Levi más para sí que para su padre, recordando las palabras que le había gritado y acallaron al alfa en aquella ocasión.
«Preferiría casarme con un cerdo que con usted» le había dicho; y ahora se casaría con él. Con el señor Jeager, quien le dijo que jamás haría algo para dañarlo irreparablemente, pero que lo hacía de lo peor manera posible.
—Maldito bastardo —farfulló y se dio la vuelta echándose a correr hacia la casa, ignorando la voz de su padre que le llamaba a sus espaldas.
Al entrar a la casa, en el vestíbulo se topó con Mikasa, quien venía bajando de las escaleras con las mejillas sonrojadas y los ojos llenos del brillo de alegre, pero que al ver a su hermano se toda expresión de felicidad se borró de un plumazo.
—¿Levi? —preguntó ella, acercándose a su hermano, que de pie le dio una mirada miserable —. ¿Hermanito, qué sucede?
—Él me vendió
—¿Qué? ¿Quién te hizo qué?
—Papá —dijo y extendió a su hermano la carta que en su mano estaba hecha un rollo apretujado.
—¿De qué estás hablando? —preguntó, pero ya estaba desenrollando el papel, y al hacerlo empezó a leerlo en voz alta.
«Gracechurch Street, lunes 17 de mayo
Mi querido hermano. Al fin puedo enviarte noticias de mi sobrina, y tales, aunque no sean satisfactorias, al menos aliviarían un poco la preocupación de todos. Poco después de haberte marchado tú el sábado, tuve una visita inesperada: el señor Eren Jeager. Quien vino aquí a contarme que por azares supo de nuestra búsqueda, y que como había visto a Smith el día anterior cerca de una de las calles del este de Londres, mientras él iba de regreso de algunas gestiones suyas; se sintió en la obligación moral de ponerme en sobre aviso. Fuimos a buscar a Smith, y lo hemos encontrado, pero Marie no estaba con él. Nos dijo que no tiene intención de casarse, pero que nos las devolverá y se desvinculará de ella(2) si le entregamos dos mil libras. Es un sinvergüenza de la peor calaña, y he de decirte que no pude contenerme y le di de puñetazos. El señor Jeager presente allí, intermedio entre nosotros, pues yo no podía soportar hablar con ese maldito. Oh, el señor Jeager, ese pobre hombre solo intentó hacer un bien y acabó involucrado hasta el cuello.
No pude llegar a acuerdo con Smith porque no se puede aceptar sus opciones. Después de lo que ha hecho, casarse con Marie es lo mínimo para reparar su atrocidad; pero a ese hombre no le importa más que el dinero. Después de dos horas y algunos golpes más (de verdad no puedo detener mi mano), cedió hacerlo. Se casará con Marie, siempre y cuando se le aseguré a ella la dote de cinco mil libras que recibirían tus hijos a tu muerte y a la de tu esposa, eso y diez mil libras más para cubrir las deudas y hacerse una vida con nuestra pequeña.
Sé que estás preguntando de esta última parte. No, hermano mío, él no quiere la promesa de que les pasarás esta cantidad en calidad de remesas anuales mientras vivas, no, la quiere ahora mismo. La forma en que lo dijo me hizo temer por el bienestar de Marie. Creo que el señor Jeager también lo percibió así, y le dijo que él se los daría. Acordado esto, nos retiramos, y en el camino de regreso a casa hablé con el señor Jeager. Le dije que haríamos lo que estuviera en nuestras manos para pagarle en el plazo de un año. Se quedó en silencio durante mucho rato antes de cabecear y darme un sí.
Pero, esta parte Samuel, quizás pueda malinterpretarse, sin embargo debes entenderla como yo. Existe una condición al favor del señor Jeager. Según me explicó es que a pesar de poseer tal capital, no puede mover semejante suma de una manera tan arbitraria. Debe tener una excusa. Y es por eso que ha expresado un deseo: Pide la mano de Levi en matrimonio. En dos días.
Discúlpame, hermano mío, pero la aflicción me ha hecho acceder en tu nombre.
Sé que resentirás esto (e incluso Levi lo hará), pero mi instinto me dice que Jeager es un buen hombre, y hace esto con la mejor intención de ayuda.
Algún día espero nuestro muchacho nos perdone, y si no lo hace, y nunca logra tener comunión con Jeager, yo mismo venderé todos mis bienes y pagaré mi pecado.
Te pedí antes de irte que confiarás en mi diligencia y cuidado. Lo hago nuevamente; así como que me envíes con el propio qué te estoy enviado, concesión por escrito de plenos poderes para seguir con lo que he acordado.
Una vez más, perdóname.
Tuyo,
Kenny»
—¡Oh por Dios! Levi, esto...esto no es posible. Padre no puede estar accediendo.
—Lo hizo —le dijo él, abrazándose a sí mismo. Su hermana fue a él y lo tomó en sus brazos, llevándolo al salón de descanso, donde lo sentó y le dio un poco de consuelo, repitiendo que encontrarían la manera de librarlo del lance y encontrar una solución para el asunto de Marie.
—¿Y si te robo el día de la boda? —estaba diciendo ella cuando su madre gritó desde arriba.
—No — negó Levi, burlándose de la idea de su hermana y agradeciendo internamente ese optimismo suyo que lograba disiparles las penas desde que podía recordar —. Nuestro padre ha dado su palabra, Mika. Y también tengo que pensar en Marie. Pero si Jeager cree que me va a meter en un infierno y él saldrá indemne, está equivocado. Haré que lo sufra como yo.
—Levi. Tú no... —exclamó Mikasa, asombrada de la frialdad y determinación en las palabras de su hermano.
—Deja, Mika. Ve con mamá antes de que ella venga aquí. No quiero verla en este momento —dijo y se levantó para quedar de espaldas a ella, con la vista en la ventana y en las sombras de los árboles.
—Ya pensaremos algo —le prometió su hermana y se marchó tras la voz de su madre, dejando a solas a Levi por las siguientes horas.
Por supuesto que la señora Ackerman hizo un alboroto por la noticia, luego se puso a hacerle mil preguntas tanto a su hijo como su marido, pero de ambos recibió la misma respuesta que una pared le daría; al final saber los motivos y los detalles dejó de importarle, en cambio se regocijo en el hecho de que tendría a dos hijos casados, en los trajes de novios, la muselina y la seda nueva, los coches y en cómo le iría a presumir su buena dicha a Lady Zoe en cuanto se terminará de vestir.
Fueron como un borrón los dos días siguientes para Levi. En la tarde del día posterior a recibir la carta del señor Kenny, a Longbourn llegó un propio del señor Jeager, que según dijo si, era su ayuda de cámara. Su nombre era Floch Forster, y era un hombrecito medio molesto que parecía que no podía sacarse de la boca a Jeager. Traía con él una caja de madera lacada con hermosos detalles impresos en ella.
—Era el ajuar de novia de la señora Jeager —le dijo al sacarlo de la caja y presentárselo a Levi —. Es un tanto andrógino porque ella era una alfa —hizo un gesto pensativo aquí, viendo de arriba a abajo a Levi—. Son casi de la misma talla, nada que un buen listón no arreglé. Mi señor me encomendó que le hiciera saber que será un honor para él y a la memoria de su madre que usted lo usé.
Levi chistó pero asintió. No podía negar que era muy hermoso, de un estilo sobrio y elegante, y su tenue color nacarado hacía mejor juego con su piel que un blanco total como su madre había propuesto hacer que su padre comprara.
La señora Ackerman quedó deslumbrada, y lo aceptó alabando la finura de la pieza. Mikasa también lo aprobó, pero a la vez le susurró que sería una lástima que se arruinará en su huida. Levi se río suavecito como siempre lo hacía cada vez que ella hacía alusión a tal idea, aunque en el fondo empezaba a temer que era una resolución de su parte. La familia ya estaba medio arruinada, no permitiría que su Mikasa fuese arrastrada por ello, por lo que se propuso contarle a su padre de los pensamientos de su hermana, y que él detuvieses cualquier intento.
Las decisiones ya estaban tomadas, y no había vuelta atrás.
La mañana de la boda amaneció nublado, y el chubasco que cayó al momento de salir de casa, retrasó en media hora su llegada a la ceremonia.
No se habían hecho invitaciones más que a los amigos más allegados, y la lluvia hizo que las calles estuvieran relativamente vacías; y Levi agradeció internamente a la Providencia por este respiro. Se sorprendió al encontrar que el interior de la capilla estaba lleno de arreglos florales, que daban la ilusión a un bosque en flor. Y Jeager lo estaba esperando al final del camino.
Mientras hacían la marcha nupcial, el señor Ackerman le habló a su hijo.
—No es el momento, porque nunca lo es. Pero te diré algo, que puedes tomar o no, yo ya no puedo exigirte más después del sacrificio que estás haciendo. Solo que, Levi no cometas el mismo error que yo al pensar que un amor que brota espontáneamente es el mejor método para una larga felicidad. Un cariño razonable y constante aunque menos apasionante, es a mi consideración una mejor manera.
—¿Me estás incitando a que acepté esto como un boleto a la máxima felicidad? —le interrogo, pues estaba también a mitad de la sorpresa de enterarse que el matrimonio de sus padres era una cuestión de aceptación resignada más que de amor.
—No. Solo te doy una opción. No te cierres. Es lo último que te pediré como padre. ¿Me lo prometes?
Estaban a unos pasos de Jeager, y Levi asintió, porque ya no había tiempo de más.
Cuando el señor Jeager tomó su mano de su padre, el calor de su contacto se sintió como una rayo de sol que se filtró por su piel y se enrolló en sus venas, bañando a su omega interno, el cual ronroneó reconociendo al alfa. Enterrando las uñas en la palma de su mano libre, se generó dolor para distraer a su instinto traicionero. Escuchó a medias la ceremonia pues se concentró en desconectarse de todo para retener el llanto que se acumulaba en sus ojos. A penas percibió el momento en que el anillo de alianza se deslizó en su dedo. El clérigo tuvo que llamarlo dos veces para que respondiera su aceptación. Solo hasta que todo acabó y Jeager tiro de su brazo para hacerlo girar y darle un beso en la coronilla sobre el velo; que la burbuja en que se había metido la última hora, se reventó y el resentimiento y el dolor de su destino impuesto por el hombre se desbordaron como una ola oceánica. Le dio una mirada dura. El alfa frunció el ceño, sus ojos intensos clavados en él, quemándolo, casi parecían estar ordenándole.
"Compórtese"
La orden de una mascota.
A Levi le hirvió la sangre, inhaló con fuerza por la nariz, haciendo un ruido de molestia y poniendo mala cara. Sabía que la gente hablaría por esto, pero no le importó, y mientras Jeager prácticamente lo arrastró fuera de la capilla, sintió la mirada de todos sobre él, ocultando sus susurros en aplausos. Él mantuvo su expresión y se dijo que aunque el alfa tuviera ahora todo el poder sobre él, no le entregaría su dignidad. Su padre le pidió una promesa, pero simplemente no podía cumplirla.
Al salir una ligera brisa caía, haciendo guijarros en el suelo empapado. Los invitados los despidieron y ellos subieron al coche, dejándolos atrás.
Frente a frente, dentro del coche, viajaron en silencio, el rumbo desconocido para Levi, pues no sabía si estaban viajando a Londres o alguna otra parte. Sus maletas en la parte de atrás del coche era un recordatorio de su incertidumbre.
Realmente no supo cuánto estuvo viajando, pero cuando el traqueteo del coche se detuvo, la voz de Jeager llenó todo el espacio.
—Sé que me está odiando por esto, y es libre de hacerlo. No apelaré a nada para cambiarlo, pues no hay más motivos que los que ya una vez le mencioné. Su seguridad y bienestar. Siento que mis acciones no puedan verse como lo que son, pero aquí tiene un seguro de que ellas no guardan mala intención: En un año nos divorciaremos y yo jamás pediré nada de usted. Me culpará de la ruptura, y usted saldrá ileso de todo esto. Lo único que pido son dos cosas. La primera es que mantenga la máscara de tener mi nombre como se espera, aludiendo que es por mis negocios mi ausencia. Y la otra, es que me conceda el honor de que lea estas cartas. En ellas no estoy renovando mis sentimientos del mes pasado, lo único que busco es que después de esto, no queden espinas entre nosotros. Perdóneme desde este momento, la brusquedad de una de ellas, estaba yo muy molesto. Ahora me arrepiento, pero consideré que era mejor dejarla así que repararla —Levi que estaba confundido por las palabras del alfa, tomo las cartas instintivamente. Un minuto después Jeager abrió la puertilla y bajó del coche, extendiendo la mano para que él la tomará y saliera del interior. Estaban frente a Longbourn y el cochero ya estaba bajando las maletas —. No puedo sino pedirle una disculpa por todos mis atropellos y extenderle mis deseos de salud y felicidad. —guardó silencio en ese momento, luego abrió la boca un par de veces intentando decir algo, pero no lo hizo y terminó inclinándose en una despida silenciosa. Se subió al coche y el cochero que ya estaba listo arrancó al momento.
Levi se quedó allí, desconcertado y con las cartas apretadas en las manos. De entre ellas, un separador de hilos de colores chillones cayó.
...
Notas finales:
El Levi pensó que si decía lo que había sucedido con Eren, esté lo echaría de cabeza con la segunda vez de la marca.
Las mordidas de los alfas pueden marcar, vincular y calmar a un Omega. La vinculación es una cosa más ligera, como lo que hacen los perros al orinar los arbolitos (Lol), no son duraderas. Esto es lo que había hecho Eren la vez anterior. Entre más repetidas se hacen, y más si son aceptadas por el omega, influyen en el instinto de estos últimos. Comprometen su estatus e incluso su salud emocional.
Me gustaría explayarme en las notas y contarles, pero le quitaría el chiste y el suspenso a la historia si lo hago. Lo único que puedo decirles es que a partir de este capítulo estamos en la recta final del FanFic.
Como habrán notado he tomado en gran parte la línea del libro, no así el desarrollo en sí mismo. Les repito, debe llevar mi propia pluma, sino un copy & paste no sería chido. Por lo que, más sorpresas vendrán. Es probable que estén decepcionadas del actuar de Eren, de que se 'rindió', pero no desesperen. Es lo que se diría, una estrategia (XD)
Me llegó un comentario, no en esta historia, aunque me recordó mucho a este:
"El amor no hace pendejos; Eren es la personificación física de eso"
Me reí juerte.
¿A que le cae como anillo al dedo, no?
Gracias por acompañarme en este viaje. Por favor les pido sigan haciéndolo.
Las amo.
Nos leemos en el próximo capítulo:
De arrepentimientos y anhelos.
