De cierto modo, es lindo saber que hay dioses griegos allí afuera, porque tienes alguien para culpar cuando las cosas salen mal, terriblemente mal. Por ejemplo, cuando te alejas de un autobús que recién ha sido atacado por unas ancianas demoníacas y luego explota por un relámpago (posiblemente de nuestro tío favorito, el buen Zeus), y está lloviendo a cántaros sobre nosotros, la mayoría de la gente podría pensar que es solo muy mala suerte; pero cuando eres un mestizo, descubres que alguna fuerza divina realmente intenta arruinar todo tu día.

Así que ahí estábamos, Percy, Annabeth, Grover y yo, caminando por medio del bosque a lo largo de la rivera de New Jersey, el resplandor de la ciudad de Nueva York iluminando de amarillo el cielo de noche detrás de nosotros, y el olor del Hudson destrozando nuestras fosas nasales.

El único lado bueno de esto es que le di un puñetazo a una vieja demonio (espero que no se haya visto que golpee a una anciana) y que me quede con su látigo, el cual guarde a un lado de mi cintura, uno nunca sabe si lo llegase a necesitar. Otra cosa buena es que probé a Ischyros, y se preguntarán; "¿Quien es Ischyros?" Pues mis amigos, así se llaman las mancuernas con la que golpee a la Furia.

No se como pero sabía su nombre, pero lo curioso es que si combino el nombre la lanza y las nudilleras significa; "Voluntades Fuertes". Interesante nombre, ¿Hefesto se lo habrá puesto?

Bueno, no importa, he estado divagando mucho. Centrémonos en lo que importa.

Grover estaba temblando y rebuznando, sus grandes ojos de cabra llenaron de terror. - Tres Benévolas. Las tres de golpe. -

Por mi parte estaba aturdido en ese momento, como todos los demás. La explosión del autobús aún resonaba en mi oídos, dejándome más tonto de lo normal. A pesar de ello, Annabeth ser la única con la mente fría en el momento, o por lo menos lo suficientemente orientada como para arrastrarnos a Percy y a mi, mientras decía:

- ¡Vamos más rápido! Mientras más lejos estemos, mejor. -

- Todo nuestro dinero estaba allí. - Nos recordó Percy en tono desapasionado, que alentador. - Nuestros suministros, todo. -

- Bueno, puede que si tu no hubieras decidido saltar en la pelea ... -

- ¿Qué querías que hiciera? ¿Abandonarlos a su suerte? -

- ¡No necesitabas protegerme, Percy! - Gruñó Annabeth. - Habría estado perfectamente bien sola. -

- En rebanadas como pan de Sándwich, pero estaríamos bien. - Añadió Grover sutilmente.

- Cállate, cabra. -

Hasta aquí llegué yo.

- Okay, ambos cálmense. No quiero verlos discutir más. - Dije antes de que Percy o alguien más hablara.

Mire a Aquaboy. - Percy, quizás lo que hiciste fue muy arriesgado pero hiciste lo que creías correcto y estoy orgulloso de eso. -

Luego miré a Annabeth. - Annabeth, entiendo que está sea tu primera misión y estuviste entrenando para este momento. Pero a veces es necesario pedir o recibir ayuda, no podemos ser muy soberbios. Nadie, absolutamente nadie puede vivir completamente solo en este mundo. -

Ambos se quedaron callados, parecían avergonzados por su comportamiento anterior. Esperaba que fuese una lección para ambos ... ¿Cuando empecé a soñar como mamá Sally o la hermana Ilia? Genial, este mundo me está envejeciendo.

Grover rebuznó tristemente. - Latas de estaño ... una bolsa perfectamente buena de latas de estaño. -

Suspiré y acaricié la cabeza de la cabrita. - Estaremos bien, G-Man. Todo se resolverá con el tiempo. -

En serio esperaba que así sea al menos.

Caminamos atravesando fango ruidosamente, a través de desagradables árboles torcidos que olían casi tan mal como Gabe.

Casi.

Luego de unos minutos, noté a Annabeth colocarse al lado de Percy por el rabillo del ojo.

- Mira, yo ... - Su voz vaciló por un momento, pero continuó. - Aprecio que regresaras por nosotros, ¿De acuerdo? Eso fue en realidad valiente. -

- Somos un equipo, ¿No es así? -

Sonreí para mis adentros, estos dos parecen estar madurando ... Aunque sea solo un poquito. Pero como dicen por ahí, Roma no se construyó en un día.

Ella guardó silencio por algunos pasos más. - Es solo que si mueres ... Aparte del hecho que eso realmente sería malo para ti, querría decir que la misión se terminó. Ésta puede ser mi única oportunidad para ver al mundo real. -

La tormenta eléctrica finalmente se había aplacado. El resplandor de la ciudad se desvaneció detrás de nosotros, dejándonos en casi total oscuridad. Al principio no podía visualizar mucho, pero poco a poco mi vista se fue aclarando.

Lo atribuía a mis raros ojos.

- ¿No has dejado el Campamento Mestizo desde que tienes siete? - Le
pregunté a ella, la curiosidad sacando lo mejor de mi.

- No ... Sólo viajes breves al campo. Mi papá ... - Su voz vaciló nuevamente, parecía ser un recuerdo doloroso.

- El profesor de historia. - Proveyó Percy.

- Si. No me resultó vivir en casa. Digo, el Campamento Mestizo es mi
casa ahora. - Ella sacaba rápidamente sus palabras en ese momento, como si temiera que alguien pudiese intentar detenerla. - En el campamento entrenas y entrenas. Y eso es todo genial, pero el mundo real es donde los monstruos están. Es ahí donde aprendes si eres algo bueno o no. -

Gracias a mi basta experiencia en la vulnerabilidad, pude detectar dudas en su voz.

- Eres muy valiente. - Dijo Aquaboy, intentado animarla. Me alegra ni haber sido el único que vio a través de la máscara de esta chica.

Hope tenía razón, es una lechuza orgullosa.

- ¿En serio lo crees? -

- Cualquiera que se enfrente a una Furia lo es para mí. -

Me alegro ver a esta chica sonreír por el comentario de Percy. Esta muy tensa y preocupada de fallar, pero si piensas mucho en eso inevitablemente fallarás. Pero si tampoco crees que vas fallar, fallarás igual.

A la final solo se necesita un equilibrio.

- Saben. - Empezó Annabeth. - Tal vez debería decirles ... Algo curioso ocurrió en el autobús ... -

Cualquier cosa que quiso decir se vio interrumpida por un sonido chillón y agudo, como si una pobre lechuza estuviera siendo cruelmente torturada sin piedad. Como si las Furias mismas estuvieran sacando su frustración de se vencidas por tres mocosos y una cabra, con ese pobre animalito.

- ¡Hey, mi flauta todavía funciona! - Grover nos gritó emocionado por su hallazgo. - Si sólo pudiera recordar una canción de busca sendas, ¡Podríamos salir de este bosque! -

Él siguió tocando algunas notas, pero la melodía todavía sonaba suspicazmente como a Hilary Duff.

¿Quizás los chicos de Apolo puedan darle algún consejo? Les preguntaré cuando volvamos, claro si es que volvemos vivos.

En lugar de mostrarnos una ruta, hizo que Percy se estrellará contra un árbol, y aunque no contemple mucho, quizás se que formó un buen chichón en la cabeza. Bueno, al menos sabemos que los hijos de Poseidón no tienen visión infrarroja.

Después de tropezar y maldecir y generalmente sentirnos miserable por otra milla más o menos, empecé a ver luz adelante: los colores de una señal de neón. Podía oler comida. Comida frita, grasienta, excelente comida para engordar. Me di cuenta de que no había comido nada poco saludable desde que había llegado a la colina Mestiza, donde vivimos de uvas, pan, queso, melocotones, y barbacoa de corte extra de carne sin grasa preparada por ninfas.

Pude ver a Percy hambriento por una hamburguesa doble de queso. Y sinceramente, a mi tampoco me vendría mal cualquier comida en general, mientras este sabrosa.

Nos mantuvimos caminando hasta que vi un camino desierto de dos carriles a través de los árboles. En el otro lado había una gasolinera cerrada, un cartel publicitario destrozado para una película de 1990, y un local abierto, el cuál era la fuente de la luz de neón y el olor a comida.

No era un restaurante de comida rápida como había imaginado. Era una de esas extrañas tiendas de curiosidades a un lado de la carretera que vende flamencos de césped y los indios de madera y osos pardos de cemento y cosas por el estilo. El edificio principal era un almacén largo, bajo, rodeado por acres de estatuas. La señal de neón arriba de la entrada era imposible para mí leerla, porque si hay algo peor para la dislexia que el inglés regular, es el inglés en letras cursivas de neón rojo.

Lo que leí fue algo parecido a; "ATNYU MES GDERAN GOMEN MEPROUIM."

Que se puede traducir como; "No tengo la menor idea de lo que dice."

- ¿Que dice ahí? - Pregunte pero a los segundos me arrepentí.

- No tengo la menor idea. -

- No lo sé. -

Fueron las respuestas de tanto Percy y Annabeth respectivamente, debido al afán de lectura de la rubia había olvidado que ella es disléxica también. La dislexia, un rasgo compartido con todos los semidioses, debido a que nuestro cerebro está cableado para leer griego antiguo.

Afortunadamente, teníamos a alguien que no es un semidiós.

- Emporio de Gnomos de Jardín de la Tía Eme. - Nos tradujo Grover.

Flanqueando la entrada, como anuncio, había dos gnomos de jardín de cemento enanos feos y barbados sonriendo y saludando, como si estuvieran a punto de sacárseles una foto. Aquaboy fue el primero en cruzar la carretera, sus pies eran guiados por el olor de las hamburguesas.

- ¡Hey, ten cuidado! - Le reclamó Grover en tono de advertencia.

- Las luces están encendidas adentro. - Dijo Annabeth, un tono esperanzado.

- Tal vez está abierto. - Comente confirmando la observación de la listilla. Yo tenía hambre en ese momento ... Aunque había algo que me parecía raro.

Pero el hambre me gano.

- Comida. - Dije con ensoñación.

- Comida. - Escuche a Percy y Annabeth decir como zombis.

- ¿Están los ustedes locos? - Dijo Grover alarmado. - Este lugar es extraño. -

Quizás tenia razón ... Pero le terminamos ignorando.

El lote delantero era un bosque de estatuas: animales de cemento, niños de cemento, incluso a un sátiro de cemento tocando la flauta, que puso la piel de gallina a Grover.

- ¡Bee-eee! - Baló Grover sorprendido. - ¡Se parece a mi tío Ferdinand! -

Nos detuvimos frente a la puerta del almacén.

- No toquen. - Nos suplicó G-Man nervioso. - Estoy oliendo el aroma de los monstruos. -

- Tu nariz debe estar confundida por las Furias. - Le dijo Annabeth en un tono despectivo, y me pareció muy razonable.

- Todo lo que huelo es hamburguesas ¿No estás hambriento? - Dijo Aquaboy.

- ¡¿Carne?! - Dijo desdeñosamente indignado la cabra. - Soy vegetariano. -

- Tu comes enchiladas de queso y latas de aluminio. - Le recordé con cuidado.

- Esas son verduras. Vamos, salgamos de aquí. Estas estatuas están ... mirándome. -

Aunque no pude evitar sentir un mal presentimiento del lugar, estábamos cansados, hambrientos, mojados y miserables. Cualquier rasgo de raciocinio que pudiésemos tener, fue completamente aplacado por este lugar, sin importar lo perturbador que parezca.

Lo peor de todo, es que me ardían los ojos al mirar mucho las estatuas.

Entonces la puerta rechinó al abrirse, cortando mi línea de pensamiento, y parada en frente de nosotros había una mujer árabe alta, o al menos, asumí que ella era árabe, porque ella usaba un vestido negro largo que cubría todo menos sus manos, y su cabeza estaba cubierta. Sus ojos destellaron detrás de una cortina de gasa negra, pero eso era todo lo que podía distinguir. Sus manos coloreadas de café se veían viejas, pero tenían buena manicura y eran elegantes, así que imaginé que ella era una abuela que una vez había sido una hermosa señora en su juventud.

Su acento sonó vagamente del Medio Oriente también cuando habló. - Niños, es muy tarde para estar solos afuera, ¿Dónde están sus padres? -

- Ellos están ... Um ... - Comenzó Annabeth a decir, pero no parecía venirle ninguna excusa apropiada.

Pero no se preocupen, porque ya estoy aquí.

- Somos huérfanos. -

- ¿Huérfanos? - Repitió la mujer en incredulidad. - ¡Eso no puede ser! -

- Nos quedamos separados de nuestra caravana. - Dijo Percy, siguiéndome el juego. - Nuestra caravana ... Nuestra caravana del circo. El director de pista nos dijo que lo encontráramos en la gasolinera si nos perdiéramos, pero él pudo haberlo olvidado, o tal vez él quiso decir una gasolinera diferente. De cualquier manera, nos perdimos. ¿Es eso comida lo que huelo por aquí? -

Realmente sutil lo último, y en cuanto a lo del circo ... ¡Bueno, Percy quizás pueda pasar como payaso!

- Oh, mis amores. - La mujer dijo con simpatía. - Ustedes deben entrar, oh, pobres niños. Soy la Tía Eme. Vayan directamente a través por la parte trasera del almacén, por favor. Hay un área de comedor. -

Le agradecimos y entramos.

Escuche a Annabeth mascullando hacia Percy. - ¿Caravana del circo? ¿Es en serio? -

- Siempre ten una estrategia a la mano, ¿No es correcto? - Se defendió Percy. No podía discutir nada ante esa lógica.

- Ciertamente eres un sesos de alga. -

El almacén estaba lleno de más estatuas, personas en poses completamente diferentes, llevando puesto todo tipo de trajes distintivos y con expresiones inusuales en sus caras. Pensaba que tendrías que tener
un jardín bastante enorme para encajar una de estas estatuas, porque eran todas de tamaño natural. Pero en su mayor parte, estaba pensando acerca de comida.

Adelante, llámenme un idiota por estar de acuerdo a entrar en la tienda de una señora extraña como ella solamente porque estamos hambrientos, pero hago cosas impulsivas a veces ... Que no es muy común, pero cuando pasa suele ser terrible. Además, tu nunca has olido las hamburguesas de la Tía Eme. El aroma era como la anestesia en la silla de una clínica dental, hacia que todo lo demás se fuera de nuestras mentes.

Apenas pude notar los quejidos nerviosos de Grover, o la manera en que los ojos de las estatuas parecían seguirme a mí, o el hecho de que la Tía Eme había cerrado la puerta detrás de nosotros.

No obstante, me percaté que ese mal presentimiento dentro de mi se hacía más fuerte.

Seguía a Percy y a Annabeth quienes estaban desesperados por llegar al área de comedor. Y efectivamente estaba en el fondo del almacén, un mostrador de comida rápida con una parrilla, una fuente de sodas, un calentador de Pretzel, y un dispensador de nachos de queso. Todo lo que podrías querer en tu casa de soltero y estaba aquí, más algunas mesas de picnic de acero adelante.

- Por favor, siéntense. - Nos pidió la Tía Eme.

- Estupendo. - Dijo Aquaboy asombrado por el lugar, no pude evitar murmurar de acuerdo.

Con o sin mal presentimiento, este lugar era increíble. E incómodo al mismo tiempo, era demasiado bueno.

- Um. - Grover empezó a decir a regañadientes. - No tenemos nada de dinero, señora. -

Noté que Percy quería golpear a la cabra por dejar salir ese dato, supuse que lo dijo para que nos vayamos del lugar. Sin embargo, la Tía Eme habló con calma.

- No, no, niños. Nada de dinero, eso no importa. Esto es un caso especial, ¿Si? Es mi regalo, para tales agradables huérfanos. -

- Gracias, señora. - Dijo Annabeth agradecida.

Tía Eme se puso tensa, como si Annabeth hubiera hecho algo mal, pero luego la señora se relajo igual de rápido, así que pensé que había sido mi imaginación. ¿O quizás no le gustaba que le llamaran señora?

- Muy bien, Annabeth. - Ella dijo amablemente, pero sentí un tono apático en su voz. - Tienes tan hermosos ojos grises, niña. -

Espera ... ¿Como sabía ella el nombre de Annabeth? Ninguno de nosotros se había presentado ... Empecé a sentir igual que Grover en este momento.

Nuestra extraña anfitriona desapareció detrás del mostrador de bocadillos y comenzó a cocinar. Antes de que lo supiéramos, ella nos había traído bandejas plásticas acopiadas con hamburguesas dobles de queso, batidos de vainilla, y porciones XXL de papas fritas a la francesa.

Percy estaba a mitad de su hamburguesa cuando recordó la necesidad de respirar. Annabeth sorbia su batido y Grover picó un poco de las papas fritas, y observaba el forro encerado del papel de la bandeja como si él pudiese ir por eso en vez de la papas, pero él todavía se veía demasiado nervioso para comer. Yo mientras tanto comía de mi hamburguesa, pero con cierta cautela. Este lugar ya me estaba dando mala espina.

- ¿Que es ese ruido silbante? - Pregunto Grover de repente.

Y ahora que lo mencionaba, yo también escuchaba una especie de siseó en el fondo, pero no pude determinar de donde. Sin embargo, tanto Percy como Annabeth parecían ajenos al sonido.

- ¿Silbante? - Tía Eme preguntó confundida. - Quizá escuchas el aceite de la freidora. Tienes oídos agudos, Grover. -

- Tomo vitaminas ... Para mis oídos. - Convincente.

- Eso es admirable. - Le respondió ella. - Pero por favor, relajante. -

Eso era algo difícil de pedirle a Grover, estar nervioso es su segunda naturaleza sino no es comer latas y enchiladas.

La tía Eme no comió nada. Ella no se había descubierto ma cabeza en ningún momento ni siquiera para cocinar, y ahora ella se sentó adelante de nosotros entrelazando sus dedos y nos observaba comer. Era un poco inquietante, tener a alguien clavándote los ojos cuando no le podías ver el rostro, pero me sentía satisfecho tras la hamburguesa, y algo cansado. Aunque eso no me quito el mal presentimiento, así que intenté hacer conversación con ella.

- Así que ... Vende gnomos, ¿Eh? - Dije intentado sonar interesado. Tampoco juzgue el extraño oficio, quizás la venta de gnomos este en demanda hoy en día.

- Oh, si. - Respondió la Tía Eme, casi lucia feliz por el tema. - Y estatuas de animales, y personas. Cualquier cosa para el jardín realmente. Hechos por encargo. Las estatuas son muy populares como sabrás. -

- Si, supongo ... - Murmuré entre dientes.

- ¿Mucho trabajo en esta vía? - Le pregunto Percy, tratando de hacer conversación también.

- No mucho en realidad. Desde que construyeron la autopista, casi ningún auto pasa por aquí. Valoró cada cliente que me visite. -

Mi cuello sintió un hormigueo y mis ojos ardieron levemente, tuve el sentimiento de que alguien más me estuviera mirando. Di la vuelta, pero era simplemente una estatua de una jovencita sujetando una canasta de Pascua. El detalle confeccionado era increíble, mucho mejor de lo que uno encuentra en la mayoría de las estatuas de jardín. Pero algo estaba mal con su rostro, estaba sorprendida, no, mejor dicho aterrada.

- Son ... Interesantes. - Dije con una mueca. Annabeth me dio un golpe en el costado por mi tono.

- Gracias, jovencito. - Dijo la Tía Eme ajena al tono de mi vos, volvió hablar pero esta vez con tristeza. - Pero notaste que algunas de mis creaciones no salen bien. Están estropeadas, no venden muy bien. La cara es lo más difícil para lograr bien. Siempre la cara. -

- ¿Hace usted las estatuas? - Le pregunto Percy sorprendido.

- Oh, si, desde luego. Hace un tiempo, tuve a dos hermanas que me ayudaban con el negocio, pero han fallecido, y Tía Eme está sola ahora. Sólo tengo mis estatuas conmigo. Es por eso qué las hago, veras, ella son mi compañía. - La tristeza en su voz sonó tan intensa y tan real que casi sentí lástima por ella.

Casi.

Había algo más debajo de esa intensa tristeza. Odio, venganza, ira ... Celos y obsesión incluso. No pude evitar preguntarme, ¿Quien diablos es esta mujer? ¿Y por qué cada vez me siento más en peligro?

Annabeth había dejado de comer. Se inclino hacia delante y le pregunto: - ¿Dos hermanas? -

- Es una terrible historia. - Comenzó que decir Tía Eme. - No es una historia para niños, realmente. Veras, Annabeth, una mala mujer estaba celosa de mí, hace mucho tiempo, cuando era joven. Tenia un ... Un novio, sabes, y esta mala mujer estaba decidida a separarnos. Ella causó un terrible accidente. Mis hermanas permanecieron juntas a mí. Compartieron mi mala fortuna tanto como pudieron, pero eventualmente fallecieron. Yo sola he sobrevivido hasta ahora, pero a un precio. A un terrible precio. -

Comparti una mirada con Grover, quien estaba más nervioso que nunca, temblaba como una gelatina. Luego miré a Annabeth, quien estaba mortalmente tensa. Todo lo que la Tía Eme dijo ... Sonaba extrañamente familiar a una historia que nos contó la Hermana Ilia y ... A un sueño que tuve hace un tiempo.

Mujer mala, novio, "accidente" y hermanas ...

- ¿Percy? - Dijo Annabeth tensa mientras sacudía a Aquaboy. - Creo que ya es hora de irnos. Quiero decir, el director de pista de seguro nos está esperando ahora. -

Grover se estaba comenzando a comer el papel encerado fuera de la bandeja de plástico, pero si a Tía Eme encontraba eso extraño, ella no dijo nada. Ella empezó a mirarme a mí, como si me encontrara interesante, por un instante sentí tener una pitón frente a mí.

Me sentí igual que cuando patee el perro del infierno, por ende, mis ojos se habían vuelto cruces doradas.

La tía Eme no comentó nada pero se veía incómoda, aunque eso para mí ha sido una reacción normal de las personas. Pero lo que de verdad me alarmó, es que mis ojos cambiarán.

Esta mujer era peligrosa.

Ella dejó de mirarme y centro en Annabeth nuevamente.

- Que bellos ojos grises tienes, querida. Ha pasado un tiempo desde que vi unos ojos grises como los tuyos, si, mucho tiempo. -

Tía Eme se estiró como si quisiera acariciarle la mejilla a Annabeth, pero bruscamente me puse de pie y jale a la hija de Atenea conmigo para alejarla de esta mujer.

Note a la rubia tensa y rígida por la cercanía que la mujer trató de tener con ella. No, estaba asustada de lo que está mujer podría llegar hacerle.

Yo tuve suficiente de esto.

- Nosotros de verdad debemos irnos. - Dije rotundamente, sin dejar de vigilar los movimientos de la señora.

- ¡Si! - Exclamo Grover antes de tragarse dl papel encerado por completo y se puso de pie. - ¡El director de pista nos debe estar esperando! ¡Vayamos! -

Pero Percy era el único que se mantenía firme con la decisión de quedarse, al parecer estaba agusto con la presencia de la mujer. Es decir, ajeno al peligro que emanaba por cara poro de su oculto cuerpo.

Y sinceramente no quiero ver lo que hay debajo de esas telas.

Ugh.

- Por favor, mis queridos niños. - Nos imploro la tía Eme en un tono lastimero. - Son contadas las oportunidades de estar rodeada de compañía que no sean mis estatuas. Además, es tan raro pasar un rato con niños. Antes de que se vayan, ¿Se podrían tomar un momento para posar para mí?

- ¿Posar? - Le pregunto Annabeth cautelosa.

- Una foto, si. Lo usaré para modelar un nuevo set de estatuas. Los niños son tan populares, ¿Saben?. Todo el mundo ama a los niños. -

Creo que a solo los pederastas les gustaría tener estatuas de niños en su jardín, pero esa es mi opinión personal. Además, tenía realmente un mal presentimiento con esta fotografía, odio las cámaras.

Annabeth desviaba el peso de su cuerpo de un pie al otro y así sucesivamente. Estaba nerviosa.

- No creo que podamos, señora. Así que si nos disculpa las molestias, nos gustaría retirarnos. Vámonos, Percy. - Le respondí a la mujer antes de llamar a Aquaboy.

- ¡Claro que podemos! - Saltó Percy diciendo, me vio con irritación, como si no pudiera creer que esta siendo rudo con esta señora que claramente es peligrosa. - Es solo una foto, Dio. ¿Que tiene de malo eso? -

Todo, quería decirle pero entonces Tía Eme hablo.

- Si, Diomedes. - Dijo la mujer con un ronroneo. - No hay nada de malo, además, será bueno tenerte en mi colección. -

Ignorando el hecho de que sabe mi nombre completo, estoy realmente en contra de estar en esa "colección" de la que habla.

De hecho, todos nosotros, excepto Percy claramente, estábamos apáticos con esta situación. Pero poco podía hacer con la insistencia de Perseus "Aquaboy" Jackson en este momento.

Termine accediendo al pedido de la tía Eme, para que si tuviéramos suerte nos deje irnos luego de eso. Ella nos guió nuevamente al jardín de las estatuas por la puerta delantera. Una vez allí, nos condujo a un banco junto al fauno de piedra.

- Ahora voy a posicionarlos correctamente. - Declaró la mujer. - Percy y Annabeth en el medio, Diomedes al otro lado de ella y finalmente Grover junto a Percy. -

- No hay mucha luz aquí para una foto. - Comento Aquaboy extrañado.

¿Es ahora que te estás dando cuenta, viejo?

- Oh, no te preocupes. Hay más que suficiente. - Desestimó la tía Eme. - Hay suficiente para que nos veamos, ¿No? -

- ¿Donde está la cámara? - Le preguntó Grover. Buena pregunta, Dorothy.

En vez de responder, ella en cambio dio un paso atrás para admirar nuestras poses.

- La cara siempre es lo más difícil, ¿Podrían sonreír todos para mí ahora? ¿Una gran sonrisa, por favor? -

Grover miró al sátiro de cemento junto a él y murmuró. - En realidad se parece mucho al tío Ferdinand. -

- Grover. - Le regañó tía Eme. - Mira hacia aquí, cariño. -

Me ponía cada vez más nervioso el hecho de que no tuviera cámara en sus manos.

- Percy ... - Dijo Annabeth tensa. Pero este no escuchaba.

Ni se imaginan cuanto me costaba darle un golpe a ver si reaccionaba.

- Será solo un momento. - Nos prometió la mujer. - No los puedo ver bien con este maldito velo ... -

- Percy, algo está mal aquí. - Le insistí a mi hermano menor figurativo.

- ¿Mal? - Preguntó la tía Eme mientras levantaba sus brazos para quitarse el velo de la cabeza. - De ningún modo, querido. Tengo una excelente compañía esta noche, ¿Que podría salir mal? -

- ¡Es el tío Ferdinand! - Jadeo Grover en shock.

- ¡No la mires! - Nos gritó Annabeth mientras se ponía su gorra de los Yankees y desapareció completamente de la vista. Sus manos invisibles nos empujó a los tres fuera del banco.

Ahora estábamos en el suelo, mientras miraba los pies con sandalias de la tía Eme. Grover se escabulló gateando hacia una dirección, mientras Annabeth hacía lo mismo pero en dirección opuesta. En cambio, yo me había quedado junto a Percy, el cual estaba demasiado aturdido como para moverse en ese momento.

Entonces escuche un extraño y áspero sonido encima de nosotros, lo cual me puso nervioso.

Levante un poco mi vista, hasta captar las manos de la mujer. Las cuáles se habían vuelto nudosas y verrugosas, con afiladas garras de bronce como uñas.

Escuche a Percy tragar al mirar lo mismo que yo, y casi observamos más arriba pero en alguna parte lejos a mí izquierda se escuchaba la voz de Annabeth gritando:

- ¡No! ¡No lo hagan! -

El sonido áspero se hizo presente nuevamente, eran pequeñas serpientes justo por encima de nosotros ... En donde debería estar la cabeza de la Tía Eme.

- ¡Huyan! - Baló Grover, mientras lo escuchaba correr por la grava gritando: - ¡Maia! - Momento perfecto para que sus zapatillas comenzarán a volar.

Damas, caballeros, mestizos, monstruos y dioses, aerolíneas cabra ha despegado.

Sin embargo, Percy no se movía, parecía que había sido hipnotizado por la mujer y yo no podía abandonarlo como consecuencia.

- En realidad es un pena destrozar unas caras tan jóvenes y atractivas. - Nos dijo con calmada. - Pero quédate conmigo, Percy. Lo único que tienes que hacer es levantar tu vista y mirarme. -

- Percy, por lo que más quieras no levantes la vista. - Le supliqué. - No lo hagas por mí, hazlo por Sally, por mamá. -

Capte una de esas esferas de cristal que las personas ponen en los jardines, una esfera reflejante a un lado de nosotros. Podría ver el reflejo oscuro de la Tía Eme en el cristal naranja; su velo no estaba, revelando su cara como un círculo pálido y brillante. Su pelo se movía, contorsionándose como serpientes.

Tía Eme.

Tía M.

Medusa.

Ahora, eso explica muchas cosas.

Bien, ¿Como se mataba esta cosa? Por lo que la Hermana Ilia dijo y el sueño que tuve hace tiempo, fue asesinada por el tocayo de Percy, el Perseus Original, cuando estaba dormida. Lamentablemente, parecía que ella no iba a tomarse una siesta hasta un buen rato. Espero que en ese tiempo aún no nos convierta de piedra.

- La de ojos grises me hizo esto a mí, Percy. - Dijo Medusa, y no sonaba como un monstruo en lo absoluto. Su voz era melosa e hipnotizante, invitando a mirarla, para que te compadezcas de una vieja abuela. - La madre de Annabeth, la maldita Atenea, me convirtió de una mujer hermosa en esto. -

Note que Percy estaba siendo tentado a mirarla, y entre gritos de Annabeth diciendo que corramos y el siseo de las serpientes le hable a él con claridad.

- Hey, no la escuches, Percy. - Le dije con calma, mi voz atrajo su atención. - No la mires, Percy. Tu madre, vamos a buscarla. Y realmente mi trabajo será más difícil si tengo que sacarlos a ambos. -

El parpadeó, como si por fin mis palabras entraran a esa cabeza llena de algas.

- ¡Cállate! - Medusa gruñó. Luego su voz se moduló de regreso a ese ronroneo reconfortante e hipnótico. - Ves porque debo destruir a la chica y ese muchacho, Percy. Ella es la hija de mi enemiga y el otro es el hijo de una diosa que nunca debió romper su voto de castidad, le espera un destino peor que la muerte. A ma final, convertirlos en estatuas y destrozarla será un acto de piedad para el. Pero tu, mi querido Percy, no necesitas sufrir. -

- No. - Escuche murmurar a Percy. Ya entrando el razón de porque estamos en esta misión.

¿Salvar el mundo? Ese es un objetivo secundario. Todo era por Sally.

- ¿Quieres en realidad ayudar a los dioses? - Le pregunto Medusa. - ¿Entiendes que te espera en esta búsqueda sin sentido, Percy? ¿Qué ocurrirá si llegas el inframundo? No seas un peón más de los olímpicos, querido. Estarás mejor como una estatua. Menos dolor, mucho menos dolor. -

El hechizo de Medusa volvió a atacar, pero esta vez Percy lo resistió como un campeón manteniendo su cabeza agachada para no ver a la espantosa mujer.

- ¡Percy! ¡Dio! - Detrás de nosotros, escuche una especie de zumbido. Se escuchaba como un colibrí de cien kilos lanzándose en picada. Entonces, Grover gritó. - ¡Al suelo! -

Mire sobre mi hombro para captar que allí estaba Grover en el cielo nocturno, entrando a la escena en picada con sus zapatillas aladas revoloteando. G-Man sostenía una rama de un árbol del tamaño de un bate de béisbol. Sus ojos estaban bien cerrados, y su cabeza se movía de un lado al otro. Él se estaba guiando utilizando solo su oído y olfato.

Primero sabe utilizar la Fuerza, como enchiladas más rápido que nadie y ahora esto. ¡Grover nunca deja de sorprenderme!

- ¡Al suelo! - Volvió a gritar en un tono de advertencia. - ¡Le daré un buen golpe! -

Al ver la situación, tanto Percy como yo reaccionamos y saltamos a un lado. No queríamos que por accidente nos atropellara una cabra voladora.

Jamás creí que diría eso en una oración.

De repente, se escuchó un ruido fuerte y me preocupé que haya sido Grover chocando con un árbol. Pero mi preocupación estaba de mi, debido a que el rugido de dolor de Medusa resonó en el lugar.

- ¡Maldito sátiro! - Gruñó el monstruo. - ¡Te añadiré a mi colección! -

- ¡Eso fue por el tío Ferdinand! - Le gritó Grover en respuesta.

Percy y yo nos escabullimos de ahí gateando y nos ocultamos entre las estatuas. Mientras, Grover se encargaba de sacarle el relleno a Medusa nuevamente.

- ¡Arrgh! - Y lo consiguió al escuchar a Medusa gritar, su pelo de serpientes siseando y escupiendo.

- ¡Percy! ¡Dio! - Escuche la voz de Annabeth junto a nosotros.

Nos sobresaltamos debido a la sorpresa, casi consiguiendo tirar gnomos de jardín o las estatuas a nuestro alrededor.

La próxima hablare con Annabeth para que no nos asuste así mientras está en su modo Mujer Invisible.

- ¡Cielos, no vuelvas a hacer eso! - Le reclamé.

- ¡No pueden fallar! - Annabeth se quitó la gorra de los Yankees, volviéndose visible como consecuencia. - Alguno de los dos debe de cortarle la cabeza. Y creo que el indicado eres tú, Percy. -

- No me gusta ese plan. -

- ¡¿Que?! ¿Te has vuelto loca? ¡Salgamos de aquí! - Le dijo Percy. ¿Ahora si quieres irte, eh? ¿Te arde?

- Medusa es una amenaza. Ella es mala. La mataría yo misma, pero ... - Annabeth tragó, como si le costará dejar ese orgullo de lado y dar una vergonzosa confesión. - Pero tu tienes una mejor arma. Además, yo nunca lograría acercarme a ella. Me cortaría en rodajas por mi madre. Tu … tu tienes una oportunidad. -

- Además, creo que le gustas. - Comenté pero Annabeth me golpeó el costado en respuesta. ¡Era broma!

- ¿Que? Yo no puedo ... ¿Dio no puede usar su nuevo látigo o lanzarle su lanza? -

- Podría ... Si pudiera verla sin convertirme en piedra. Incluso si logro guiarme con el sonido, no puedo asegurar que le de en un punto vital sin al menos una vista clara del objetivo. -

Percy se estremeció por aquel hecho, pero Annabeth logró animarlo ... O al menos darle valor. - Mira, ¿Quieres que ella continúe convirtiendo personas inocentes en estatuas? -

Ella señaló a una pareja de amantes, un hombre y una mujer con sus brazos alrededor del otro, convertidos en piedra por el monstruo.

Annabeth agarró una esfera verde reflejante de un pedestal cercano. - Un escudo pulido seria mejor en esta situación. - Ella estudió la esfera críticamente. - La convexidad causará cierta distorsión. El tamaño de la reflexión debería ser menos por un factor de ... -

- ¿Podrías hablar más claro? - Le supliqué.

- ¡Eso hago! - Le lanzo la esfera a Percy. - Toma esto, mírala a través del cristal. Nunca directamente a ella. -

- ¡Hey, chicos! - Grover gritó en alguna parte por encima nosotros. - ¡Creo que ella está inconsciente! -

Eso era demasiado bueno ...

- ¡Groaaaaaaar! -

Para ser verdad.

- Puede que no. - Se corrigió Grover a si mismo. Y luego fue por otro golpe con su rama.

- Será mejor que te des prisa. - Le dijo Annabeth a Percy. - Grover tiene un buen olfato y oído, pero eventualmente caerá. -

- Percy. - Le llamé captando su atención. - Yo creo en ti y en tu poder. -

Yo me quité el anillo de la lanza y lo atrapé luego de un par de vueltas, Diathikes se hizo presente. El asintió y sacó su bolígrafo para luego quitarle la tapa, la hoja de bronce Contracorriente se expandió en su mano.

Tome un vistazo de la bola de cristal para saber la ubicación de Medusa, para luego guiarme a través del sonido de siseos y los gruñidos del monstruo, y acercarme a ella desde otro ángulo mientras Percy se acercaba con su vida pegada a esfera que tenia para solo ver el reflejo de Medusa.

Escuche a Grover volar hacia ella para darle pero está ves estaba demasiado bajo, por lo que pude captar Medusa lo había atrapado y lo apartó de su trayectoria original. Escuche a la cabra dando vueltas en el aire antes de que un gran estruendo resonará, señalando que se había estrellado. Lo miré para encontrarlo en los brazos de un oso pardo de piedra, mientras gemía de dolor.

Escuche a Medusa a tratar de acercar a el para acabarlo.

No lo logro.

Guiado completamente por el sonido le lancé mi lanza con los ojos cerrados al monstruo.

- ¡Arrrg! ¡Te destrozaré en pedazos, Diomedes Wilson! - La escuché gritar de dolor antes de amenazarme. Al parecer la había golpeado, pero no me digne a mirar en donde.

Sin embargo, podía escucharla muy enojada y a punto de abalanzarse sobre mí, hasta que ...

- ¡Hey, aquí! - Le gritó Percy llamando su atención.

Percy se acercaba a ella, acción que no era fácil cargando una espada y una esfera de cristal al mismo tiempo. Si Medusa llegaba a atacar, le costaría mucho a Aquaboy defenderse. Sin embargo, podía notar que ella lo dejaba acercarse, seis metros, cinco, tres metros ...

- No le harías daño a un anciana, Percy. - Le ronroneo Medusa. - Se que no lo harás. -

- ¡No la escuches, Percy! - Le dije manteniendo un ojo abierto para mirar a mi hermanito figurativo.

Medusa estalló en una risa estridente. - Demasiado tarde. -

Ella se abalanzó con sus garras hacia el ... Y Percy la decapitó de un solo golpe. Escuche un sonido asqueroso, y el sonido del viento en una caverna vacía, el sonido de un monstruo desintegrado.

Trate de ni mirar lo que había caído junto a los pies de Percy, y solo me centré en recuperar mi lanza la cual volví a convertirla en un anillo y a ponérmelo en el dedo.

- Cielos, qué asco. - Dije con los ojos cerrados, escuchando los sonidos repugnantes que provenían de nuestros pies. - Súper asco. -

Annabeth llegó a nuestro lado con sus ojos fijos en el cielo, mientras sostenía el velo negro de Medusa en sus manos.

Entonces habló. - No se muevan. -

Con mucho mucho cuidado, sin mirar hacia abajo ni un instante, ella se arrodilló y cubrió la cabeza del monstruo con la tela negra, y luego lo levantó. Aún goteaba un asqueroso fluido verdoso.

- ¿Estas bien? - Ella le preguntó a Percy, su voz temblaba.

- Si ... - Respondió pero parecía que estaba a punto de vomitar. - ¿Por qué ... Por que no se ha desintegrado la cabeza? -

- Una vez que le cortas la cabeza, se convierte en un botín de guerra. Tal cual como sus cuernos de Minotauro. Pero no desenvuelvas la cabeza. Todavía te puede petrificar. - Annabeth explicó.

Eso me hace preguntarme, si Medusa llegara a regresar (Y estemos claros de que puede pasar con nuestra genial suerte), podríamos petrificarla con su propia cabeza ... Bueno, prefiero no estar ahí en esa situación si es posible.

Grover gimió al bajar de la estatua del oso. Él tenía un gran golpe en la frente. Su gorra rastafari verde colgaba de uno de sus cuernos pequeños de cabra, y sus pies falsos habían sido sacados de sus pezuñas. Los zapatos mágicos de Luke volaban sin rumbo fijo alrededor de su cabeza.

- ¡Hey, Barón Rojo! - Le llamé antes de darle un pulgar arriba. - Hiciste un espléndido trabajo. -

El nos dio una sonrisa tímida en respuesta. - Eso realmente no fue divertido. Bueno, la parte de golpearla a ella con una rama, eso si fue divertido. ¿Pero chocar violentamente contra la estatua de un oso? No fue divertido. -

El atrapó sus zapatillas voladores en pleno vuelo, Percy guardó su espada y nosotros cuatro volvimos al almacén.

Encontramos algunas viejas bolsas plásticas de comestibles detrás del mostrador de bocadillos y envolvimos varias veces la cabeza de Medusa. Nos tiramos en la mesa donde habíamos cenado anteriormente, demasiados exhaustos como para hablar.

A la final, Percy habló. - ¿Así que tenemos que agradecerle a Atenea por este monstruo? -

Annabeth le respondió con una mirada llena de irritación. - Tu papá, en realidad. ¿No lo recuerdas? Medusa era la novia de Poseidón. Decidieron reunirse en el templo de mi madre. Por eso Atenea la convirtió en un monstruo. Medusa y sus dos hermanas quienes la habían ayudado a meterse en el templo, se convirtieron en las tres gorgonas. Por eso es que Medusa quiso cortarme en rodajas, pero ella quería conservarte como una bonita estatua. Ella está todavía enamorada de tu padre. Tu probablemente le recordabas a él. -

Percy se sonrojó, pero tenía una mirada molesta en sus ojos verdes mar. - Oh, ¿Entonces es mi culpa que nos hayamos encontrado con Medusa? -

No me gusta ponerme en el lado malo de Percy, pero sentía que tenia el derecho de regañarlo por esta vez.

Es decir, burlarme un poco de él.

Me endurece e hice una buena imitación de su voz. . - Es solo una foto, Dio. ¿Que tiene de malo eso? -

- Bien, olvídenlo. - Refunfuñó Aquaboy, casi parecía una foca triste. - Deberías estar de mi lado, Dio. -

- Generalmente lo estoy, pero esta vez fue muy peligroso, Percy. Y es mi deber regañarte como el mayor ... Bueno, Grover es técnicamente el mayor, pero no tiene el carácter. -

- ¡Hey! - Lo siento cabra. - Tienes razón, pero me sigue ofendiendo. -

- Cielos, suenas como mamá. - Escuche a Percy murmurar.

- Entonces, lamentablemente hago un buen trabajo. -

- Lo que sea, ustedes son imposibles. -

- Y tú insufrible. - Le respondió Annabeth.

- Y tú ... -

- ¡Hey! - Gracias a la santa Hestia, Grover los interrumpió. - Ustedes dos me están dando una migraña, y los sátiros ni siquiera tienen migrañas.

- ¿Qué vamos a hacer con la cabeza? - Pregunte para cambiar de tema.

Todos miramos el bulto, donde de un hueco de la bolsa de plástico salía una pequeña serpiente. A un lado de la bolsa decía: "¡Apreciamos su compra!"

Percy se puso de pie. Estaba enojado, podía sentirlo y no creo que pueda calmarlo. Todos los problemas que hemos pasado en tan solo nuestro primer día nos ha sacado factura increíblemente.

- Ya regreso. - Anunció mientras me miraba a los ojos.

No se porque, pero sentí que dijo: No seré el peón de nadie.

- ¿Percy ... Que estas ... ? - Le llamo Annabeth, pero la detuve y dejé que se fuera.

Al mar no le gustaba ser contenido, supuse. Era mejor dejar que Aquaboy se desahogara un poco.

Luego de un par de minutos regreso a la mesa de picnic, con una caja que decía: "Hermes Express", donde metió la cabeza de Medusa y empezó a llenar el formulario de envió.

- ¿En serio, Percy? ¿Es en serio? - Le reclamé en indignado. - No es mi problema lo que hagas excepto si te vas a morir, ¡Pero no me metas en más problemas! -

Mi razón de mi enojo provenía por lo que decía el formulario.

Los Dioses
Monte Olimpo
Piso 600,
Edificio Empire State
Nueva York, NY

Con nuestros mayores deseos, Percy Jackson y Diomedes Wilson.

- Es mi venganza, Spanky. - La foca malvada me sonrió. Suspiré con cansancio.

- Eso no les va a gustar para nada. - Advirtió Grover con nerviosismo. - Pensaran que son impertinentes. -

- ¡Él es el impertinente! ¡Yo soy la víctima aquí! - Dije pero fui ignorado olímpicamente.

Percy metió unos cuantos dracmas de oro en la bolsa, me pregunté de donde los había sacado ya que perdimos los nuestros luego del fiasco con el autobús. Tan pronto como cerró la caja, hubo un sonido de caja registradora. El paquete voló por encima de la mesa y desapareció con un suave "pop".

- Es que soy impertinente. - Respondió mirando a Annabeth, como si la desafiará a que lo criticará.

Sin embargo, ella no lo hizo. Parecía resignada al hecho de que Percy tenía un sobresaliente talento innato para enfurecer dioses.

Luego me miró a mí, "Su única figura de autoridad" en esta misión. Yo solo resople divertido, antes de pasar mi brazo por sus hombros.

- ¿Te sientes mejor? - Le pregunté.

- Si, mucho mejor. -

- Entonces, todo estará mejor. -

Sentí un leve tirón en mi estómago, pero no le di importancia. Pero todos parecían más calmados luego de aquel altercado con Medusa.

- Vámonos. - Bufo Annabeth. - Necesitamos pensar en un nuevo plan. -

...