Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de assilem33, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from assilem33, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic
Capítulo 9: Por siempre y para siempre
—Ya dijiste ese —dice Edward, y asomo mi cabeza por debajo de mi manta y miro a través de los tres pies que separan nuestras camas.
Una habitación.
Dos camas.
Ni siquiera estoy decepcionada.
—¿Lo hice?
Está de lado, frente a mí, con los brazos desnudos, completamente desnudos. No tiene camisa puesta —no tiene camisa puesta— pero tuve la mala suerte de estar en el baño mientras él hacía un estriptis. Cuando salí, él estaba debajo de las mantas, solo se veía una pizca de piel.
—Lo hiciste. Dos veces.
—¡Oh Dios mío! ¡Me rindo!
Ahora está apoyado en un codo.
—Entonces, ¿eso significa que gané?
—¡Qué! ¡No! —Ahora estoy apoyada en un codo—. Gané claramente. Fallaste veintisiete, así que eso significa que solo acertaste veintidós.
Se encoge de hombros, sonriendo maravillosamente bajo el resplandor de la tenue lámpara.
—Creo que tendremos que llamarlo un punto muerto. No hay ganador.
—Lo dices solo porque perdiste.
—Oye. —Se ríe entre dientes—. No soy yo quien no puede recordar el último estado.
¡Deja de mirarme de esa forma!
—Bueno, ¿lo sabes?
—Este es tu juego, Swanie, no el mío.
Eso es un gran no, pero ni siquiera me importa. Puede ser el ganador.
—Consúltalo con la almohada —recomienda, rodando sobre su espalda, con los brazos debajo de la cabeza. Me está matando—. Quizá lo recuerdes por la mañana. Un nuevo comienzo.
—Oh, está bien —concuerdo, admirando su vello en las axilas. No sé por qué.
—Duerme bien —susurra, con los ojos cerrados a la deriva—. Hoy fue divertido.
—Gracias por consentirme —digo.
Su cabeza gira y entrecierra un ojo.
—El gusto es mío.
Mi sonrisa es espantosa, estoy segura, pero santa mierda.
Me acerco y apago la lámpara, dejando que la oscuridad me trague.
Cierro los ojos, queriendo llegar al mañana lo más rápido posible. Tengo otro día de viaje en carretera con mi vaquero.
No es mi vaquero.
Bueno, más o menos... más o menos es mi vaquero. No es como si fuera de nadie más. Lo reclamaré, no hay problema.
¿Por qué no puedo dejar de sonreír?
Me cubro la cabeza con las mantas para esconderme antes de que Edward vuelva a abrir un ojo y me vea como un completo bicho raro, pero Dios, solo está haciendo locuras en mi corazón y en mi mente.
Me toma una eternidad quedarme dormida porque estoy mirando al techo escuchándolo respirar.
¡Escuchándolo respirar!
Entonces, cuando llega la madrugada, estoy completamente privada de sueño. Edward no está en la habitación cuando mis ojos se abren, pero hay una nota en mi otra almohada.
Buenos días, Swanie.
Roncas, es lindo.
Vuelvo enseguida. No te abandoné.
Edward
Horrorizada, me siento y me quedo mirando este precioso papel, luego me arrastro fuera de la cama, lo doblo cuidadosamente y lo guardo en el bolsillo de mi mochila para guardarlo para siempre.
Ronco, mátame ahora.
Me ducho antes de que Edward me vea medio muerta y sucia. Cuando mi cabello está lavado y mi rostro está libre de sueño, Edward regresa a la habitación con una soda en la mano. Esto realmente requiere un beso directo en esos deliciosos labios, pero me abstengo porque no me he cepillado los dientes.
Sí, esa es la razón.
—Estás viva —saluda Edward, luciendo bien despierto y arreglado con su rostro perfecto y una camiseta lisa y pantalones ajustados y botas y solo Dios mío—. ¿Estás lista para darle duro a la carretera?
Me gustaría darle duro a algo más que a la carretera.
Bien, ¿de dónde vienen estos pensamientos?
Me fui a dormir como Bella y me desperté como un chico de dieciséis años.
—Dame un minuto —digo, corriendo al baño para lavarme los dientes y empacar mis pertenencias.
Edward empuja nuestro equipaje en el asiento trasero, y estoy a punto de abrir mi propia puerta cuando me gana, pero hago una pausa antes de subir.
—¿Limpiaste la camioneta? —Lo veo por encima del hombro y Edward se encoge de hombros, mi hoyuelo favorito aparece en mi mejilla desaliñada favorita.
—Acabo de tirar toda tu basura, no es gran cosa.
—¿Me estás llamando vaga?
Él sonríe y pone una mano en mi espalda, instándome a entrar, pero no puedo moverme. Me está tocando la espalda y sé que no he dormido mucho, pero parece que su mano está tratando de transmitir algún tipo de mensaje.
¿Qué pasa, mano?
—Swanie —se ríe—. ¿Estaremos aquí todo el día?
—¿Qué? —Lo miro a los ojos, sintiendo la presión de esa mano masculina áspera a través de mi camisa.
Me gusta.
Un montón.
—¿Quieres que te levante?
Eso me impulsa a actuar. Por mucho que me encantaría que me levantara en sus brazos, ¿qué pasa si piensa que soy demasiado pesada?
Subo y él cierra la puerta. Me abrocho el cinturón y sincronizo mi teléfono, preparándome para el viaje por carretera.
—Agregué hielo nuevo en la hielera —comenta cuando está bien acomodado en su asiento.
Gafas de sol puestas, hoyuelos, sonrisa lista: él es un hombre tras mi corazón.
Él nos pone en camino y yo nos alimento, literalmente.
No soy la única a la que están consintiendo.
—Probablemente lleguemos hoy hasta San Antonio —dice.
—¿Qué tan lejos está eso? —pregunto alrededor de una hora en el camino.
—Aproximadamente ocho horas. Pregúntale a Siri.
—Desactivé a Siri —le cuento, haciendo una búsqueda en Google en su lugar.
—¿Por qué hiciste eso?
—Es molesta —digo, un poco acalorada—. Ni siquiera hablo con ella la mitad del tiempo y simplemente comienza a responder mis preguntas. Me asusta un poco. ¿Qué pasa si Siri es solo una espía del FBI que se está integrando en todos nuestros teléfonos, buscando cualquier información para deshacerse de todos? Apuesto a que ni siquiera es una mujer.
Edward se ríe tan fuerte que temo que nos saque del camino.
—Oh mierda —dice cuando recupera el aliento—. Eres jodidamente linda.
¡Detente!
—Entonces, ¿te gusta Siri? —inquiero, sintiendo el rubor en mis mejillas y el amor envuelto alrededor de mi corazón.
—Ya no —responde—. Siempre me pones a pensar. Ten… —Me entrega su teléfono—. Desactívala.
—¿En serio?
—Sí. No soy fan de que el FBI sepa mi paradero.
—Odio decírtelo, vaquero, pero estoy segura de que pueden rastrear el teléfono de cualquiera. Probablemente haya un dispositivo de rastreo en tu teléfono en este momento.
Estoy tratando de hacer de su sonrisa un elemento permanente en su rostro.
Hasta aquí todo bien.
Además, ¿acabo de llamarlo vaquero?
—¿Debería tirar el teléfono por la ventana?
—¿Qué? ¡No!
—Está bien —dice, sonriendo por el parabrisas.
—Está bien —repito, desactivando a Siri y devolviéndole su teléfono. Sus dedos rozan los míos en el proceso.
Siento un zing y un zap.
Siempre escuché que Texas era el peor estado para cruzar. Quien dijo eso tenía razón.
Es aburrido como el infierno. Siento que llevamos días conduciendo. Qué tan grande es este estado. Mi lista de reproducción se repite y mis ojos pesan. Mi cabeza golpea suavemente la ventana de vidrio y miro por el parabrisas aturdida. Hay un perro en el auto frente a nosotros. Él, tal vez ella, me está mirando a través de la ventana trasera. Te juro que me sonríe.
Cerrando los ojos, ignoro ese extraño incidente y trato de tomar una siesta, pero en realidad no estoy durmiendo. Todavía puedo escuchar la música. Todavía puedo sentir cada pequeño bache y bulto en el camino. Todavía puedo oler a Edward a mi lado, escuchar los latidos de su corazón.
Está bien, realmente no puedo escuchar los latidos de su corazón, pero sería genial si pudiera.
Edward canta una de mis canciones: Big Booty Hoes. La puse en mi lista de reproducción solo para sacarle una risa, y maldición, desearía no estar fingiendo dormir durante la última hora, para poder presenciar su cara mientras canta Déjamelo a mí, me follan todo el día, guau, solo las palabras que salen de su boca es un sonido que todas las chicas deberían escuchar.
Aproximadamente veinte minutos, que se sienten como ocho años, pasan antes de que Missouri aparezca en mi cabeza. ¡Santa mierda, maldito Missouri!
Abro los ojos lentamente, levanto la cabeza lentamente, bostezo un poco y luego miro a Edward, que ya me está mirando, dándome esa sonrisa de bienvenida.
Te amo.
—Missouri —digo, y su sonrisa se agranda.
—¿El ganador se lo lleva todo?
—Claro —respondo, tan segura de que se va a equivocar de todos modos.
—Está bien, veo que crees que me tienes.
—No —me río, sonrío, muero.
Él asiente, finge pensar y luego me da la respuesta.
—Jefferson City.
—¡Buscaste eso en Google!
—No —ríe.
—Estaba dormida. Podrías haberlo hecho.
—Swanie —dice, la voz de la razón—. ¿Cómo iba a saber que te ibas a despertar y tu primera palabra sería Missouri?
—Cierto. Conjetura afortunada.
—Correcto. Estaré pensando en mi premio. ¿Quieres parar para un descanso? Podríamos echar más gasolina.
—Claro —concuerdo—. Tal vez haya una tienda donde pueda comprar una película. ¿Quieres ver una película conmigo?
—No estoy seguro de poder verla y conducir —explica.
—Eso es cierto, pero puedes escucharla.
—¿Me vas a dejar hablar contigo?
—¿Quieres hablar conmigo?
—Sí.
¡Entonces, por supuesto!
—Está bien, solo guardaremos silencio en las partes realmente buenas.
—Buen trato —agrega, y no puedo dejar de mirarlo.
Paramos en la primera salida con gasolinera. Edward se adelanta y ni siquiera trato de pagar esta vez, pero voy a la tienda con él.
Hay estantes de películas y estoy en el cielo buscando la perfecta. Edward toma más barras agridulces, el lindo idiota, y luego se para conmigo mientras echo un vistazo. El stand de los besos me llama la atención. Es muy cursi, pero es lo cursi que siempre te da una sensación de bienestar.
La agarro, pero también agarro 8 Segundos porque a todos les encanta Lane Frost.
—Bien —dice Edward, sacando las películas de mis manos, como si quisiera verlas, pero luego las lleva a la caja registradora y las paga.
¿Cómo puede uno pagar por las cosas de otra persona todo el tiempo?
—¿Debería cortar la tarjeta de mi papá o qué? —pregunto una vez que nos acomodamos y volvemos a la carretera para nuestro aburrido viaje por Texas.
—Sí —responde.
Es un tipo gracioso.
—¿Qué película primero?
Agarro mi computadora portátil de la parte de atrás, esperando y rezando para que la batería tenga suficiente duración para ver al menos una película.
—Creo que El stand de los besos. ¿Te opones? Te gustará —agrego, sin tener ni idea de si eso es cierto, pero parece el tipo de chico al que le gustan los besos y el romance. ¡Disfrutó Dirty Dancing por el amor de Dios!
—Está bien, ponla.
Arreglo todo y luego levanto la consola central y cambio de lugar, usando el cinturón del medio para abrocharlo. Edward debe entender mi intención porque levanta su brazo para descansarlo en el respaldo del asiento, y doblo mi cuerpo hasta que mi espalda está acolchada en su costado. Solo me acurruco cerca para ver películas.
Huele malditamente delicioso.
Doblo las rodillas e inclino la computadora portátil hacia arriba antes de agarrar las barras.
—¿Estás listo para un poco de cursilería?
—Solo si tienes galletas —dice, todo serio y adorable.
Me río como una completa idiota y presiono reproducir.
—Entonces, ¿se besan en una cabina? —pregunta, y levanto mi mano con una barra y le ofrezco un bocado. Chupa todo en su boca, sus labios y lengua rozan mis dedos.
¿Qué hago ahora con mis dedos?
Están un poquitín húmedos con su saliva. Sería de mala educación secarlos en mis pantalones cortos.
Podría dejar que se sequen al aire.
—Sí —afirmo tardíamente, mi mente todavía en la idea de que Edward accidentalmente, quizá a propósito, me lamiera los dedos—. Pero no es una cabina como de restaurante.
Él se ríe.
—Entiendo.
—Ah, bien.
Él ajusta su posición y me ajusto con el movimiento.
—¿Estás incómoda?
Dios no.
—No. ¿Y tú? Puedo moverme.
—Estás bien. Si te mueves, no puedo mirar la película. Tu cabello huele bien. Me gusta.
—Gracias. Es menta y romero.
¡Como si le importara el olor real!
—¿Sí?
—Sí —susurro, sintiéndome más idiota.
—Tendrás que prestármelo.
—¡Cállate! —Me río, inclinando la cabeza, obteniendo una buena vista de su sonrisa al revés.
Me mira.
—¿Estás siendo tacaña otra vez?
—¡Qué! No. ¡Pensé que estabas bromeando!
Sus ojos están de vuelta en la carretera y mi mente está en la idea de lamerle el cuello.
—Lo hacía, Swanie.
—Eres gracioso —digo, con los ojos puestos en la película que ya no me importa una mierda. Quiero ver la película de Edward donde puedo observarlo durante horas y horas.
Por siempre y para siempre.
Yo también quiero una película de Edward donde pueda verlo por siempre y para siempre, aunque lo ideal sería tener a este Edward... Dichosa Bella que sí podrá.
Para responder algunas preguntas, esta historia no tiene punto de vista de Edward, excepto el epílogo, porque la idea de la autora era escribir la historia desde ambos puntos de vista, pero la de Ed solo tiene 4 capis todavía. Bella tiene 19 años y Edward 25.
Gracias a Dios todos estamos bien, seguimos sin síntomas, y pues solo queda organizarnos para cuando den de alta a mi hermano a finales de esta semana. Gracias por estar al pendiente y por las palabras de apoyo.
Gracias chicas por sus reviews, por las alertas y favoritos, es bueno saber que les está gustando la historia. Y ya saben, no olviden decirme qué les pareció.
Nos leemos en la siguiente actualización.
Sarai
