Un amor y un adiós…

Los personajes no me pertenecen son de la gran Rumiko Takahashi esto es sin fines de lucro solo diversión por y para los fans.

Para su consideración: este fics está catalogado para mayores de edad, contiene violencia física y emocional así como escenas eróticas y lenguaje soez.

Disfruten la lectura…

Ranma se acababa de ir, no pasaron más de cinco minutos y escuchaba pasos en la habitación, pensé que había tardado poco pero el sonoro tac-tac me hizo caer en cuenta de que era una mujer de tacones altos la que se acercaba, las enfermeras no usan ese tipo de zapatos para trabajar. Puse mi mano en el pomo de la puerta y la abrí despacio, las pisadas habían cesado y como no, si la mujer se encontraba de pie frente a la puerta con esa postura displicente junto a esa sonrisa cínica me veían sin siquiera parpadear.

Abrí mis labios con la única intención de tomar una gran bocanada de aire, pero el impacto fue tal que sentía que el aire se arrancaba de mis pulmones. Jadee de puro susto y retrocedí un paso al notar que ella se acercaba con una cinta negra en sus manos.

-¿Qué haces aquí? — salió de mi garganta apenas audible, mientras borraba su sonrisa y mostraba su verdadero yo.

-¿No me extrañabas hija? — preguntó haciendo un mohín.

-Han pasado tantos años… vete, vete y no regreses— supliqué chocando con el váter, ella cerró la puerta y me dedicó una mirada horrible.

-Te dejé ser mi pequeño monstruo, eres mi más grandiosa obra… pero debo corregir tu actuar antes de que sea tarde— dijo en mi oído, tragué duro y sentía lo frío que sudaba mientras mi corazón se agitaba tan rápido que me ardía el pecho.

Tomó mis manos que temblaban y ató la cinta alrededor, acarició mi corona y apretó con tanta fuerza que pronto mis rodillas se doblaron cayendo al suelo.

-Debes ser buena solo conmigo ¿entiendes? Todo esto lo hago por tu bien— decía lastimando mis muñecas por la fuerza que ejercía — últimamente solo causas problemas mi pequeña, no te quiero cerca de ese hombre no me mires así… sabes muy bien de quien te hablo— hablaba tan tranquila sin importarle mi dolor, aunque nunca lo hizo.

-Solo déjame en paz— volví a suplicar, entonces liberó mis muñecas de la cinta negra y tomó mi mentón.

-Ya lo sabes ¿no?... no me hagas enojar hijita— finalizó yéndose al fin.

No podía entender qué quería de mí… siempre supuse que seguía con vida pero quise creer que nunca vendría por mí, no después de tanto tiempo. La poca calma que sentía hace minutos se fue por el excusado con solo verla y de solo pensar que siempre estuve bajo su atenta mirada me ponía más nerviosa de lo que ya estaba.

Fue entonces que llegó Ranma y terminé perdiendo la compostura, porque solo quería salir corriendo de allí o morir de una buena vez.

X—

Habitación de Akane, hospital…

Las horas pasaron y mientras la veía dormir ideaba un plan en mi mente para poder ayudarla, con el tranquilizante logró conciliar el sueño y de seguro podría descansar mejor. No puedo dejar de pensar en lo que dijo, tampoco en la mujer que le hizo esto…y mucho menos en sus muñecas enrojecidas por la marca de la cinta. Ella la conoce pero estaba tan angustiada que no fue capaz de decirme quién era, ya tendré la oportunidad de saberlo.

Eran casi las siete de la mañana cuando el sueño me venció, con su pequeña mano en la mía cerré los ojos esperando que despertara más calmada.

X—

Abrí los ojos con molestia, el brillo que entraba por la ventana no me dejó dormir más. A mi lado se encontraba Ranma durmiendo plácidamente, sus manos sujetaban las mías como si fuese a arrancarme. No sabía la hora y tenía mucha sed, pero la vista era excelsa… sus espesas pestañas reposaban tranquilas y su respiración era tan acompasada, su fina nariz junto a sus labios que estaban tímidamente abiertos invitándome a probarlos. Me perdí en sus hermosos rasgos, en ese perfil tan varonil e incluso me di cuenta de que no usaba su traje de siempre sino que llevaba algo cómodo y deportivo, de pronto abrió sus orbes regalándome luz. Eso era él, esa luz que me sacaba de la penumbra de esta maldita oscuridad… sus zafiros chocaron con los míos y sin decirnos nada podía saber que estaba ansioso por preguntarme cómo estaba. Quise hablar pero la puerta de la habitación se abrió llamando nuestra atención.

-Akane ¡despertaste! — Era Akari que se acercaba a cortar el hermoso encuentro que tenía en ese momento— no sabes lo preocupado que estábamos ¿cierto señor Saotome? — preguntó ella mirando al aludido.

-Claro — contestó escueto soltando mis manos.

-Traje ropa y algunos útiles de aseo ¿quieres que te ayude? — preguntó tan amable, solo asentí y me ayudó a levantarme.

Nos fuimos directo hasta el baño bajo la atenta mirada de mi acompañante. Akari me dejó las cosas a la mano y me dio privacidad para poder asearme correctamente, necesitaba hablar con él. De seguro está preocupado por lo de anoche, pero debo corregir mi actuar cuanto antes… esa mujer ha de estar mirando todo lo que hago.

X—

-Debo irme— dije despidiéndome de Akari.

-¿Algún mensaje? — preguntó deteniéndome por el brazo, la miré dubitativo…

-No, llámame si surge algo— le entregué una tarjeta y me fui.

Tomé mi coche y conduje hasta la estación de policía, necesitaba hablar con Mousse solo esperaba que me dijera algo relevante y dejara de lado sus celos.

Justo llegaba cuando lo vi salir ya casi eran las diez de la mañana, toqué el claxon llamando su atención se acercó al instante…

-¿Qué quieres? — preguntó metiendo la cabeza por la ventanilla.

-Debemos hablar ¿subes? — me vio con mala cara pero igualmente se subió.

-Sé breve necesito una ducha e ir a ver a Akane— dijo una vez cerró la puerta.

-No sé por dónde empezar… — este me vio cabreado — se trata de Akane, pero esto no tiene nada que ver con tus celos— me apresuré a decir, este levantó una ceja.

-No creo que hablar de ella sea tema de conversación entre nosotros— sentenció.

-Escúchame, anoche… una mujer la visitó.

-¡QUÉ! — gritó a toda voz, su reacción me dio que pensar… — ¿cómo que una mujer? habla más claro.

-Anoche vi a una mujer vestida de negro completamente, se veía elegante la vi dos veces pero en ninguna pude reconocer su rostro.

-Dices que esa mujer vio a Akane ¿cómo puedes estar tan seguro?

-Porque la segunda vez la vi salir de la habitación.

-No puede ser posible, dime ¿acaso se parecía a ella? — preguntó sacando su móvil para mostrarme una fotografía.

-Esa mujer… tiene los mismos ojos de Akane— señalé impresionado por el parecido.

-Claro que lo es, ella es su madre— dijo sorprendiéndome— ¿Por qué me ves así? ¿Le hizo daño? — Preguntaba sin parar, era obvio que el policía sabe algo que yo no — dime si es ella o no, la policía la busca intensamente— agregó.

-No sé qué le dijo a Akane pero ella la lastimó con esto— dije sacando la cinta negra de mi bolsillo.

-¡Por qué no me llamaste! ¡Maldita sea, sabía que no debí dejarla a cargo de Akari! ¿Qué rayos hacías tú ahí?

-Cálmate por favor, Akari estaba cansada no me pareció justo que estuviera toda la noche por eso me ofrecí, además Akane no está sola está con su asistente en estos momentos. La mujer que te menciono la atacó y ella tuvo una crisis — los ojos de Mousse se tornaban preocupados— los enfermeros tuvieron que inyectarle un tranquilizante y durmió lo que restaba de noche hasta la mañana, ni siquiera quise tocarle el tema en realidad no tuve oportunidad— finalicé.

-¡Por un carajo! — Golpeó la guantera y se agarró la cabeza — ¿crees que es la de la foto? — insistió.

-No estoy seguro, ella llevaba un sombrero muy grande alado.

-¿Alado dices?

-Sí— aseguré firme — por eso no pude verle el rostro.

-Ahora que lo mencionas… ayer cuando volví de las compras y encontré a Akane en el suelo, una mujer con la misma descripción salía del elevador.

Ambos nos miramos atónitos…

-¡Ha de ser la misma! — dijimos al unísono.

-Debo informar a mis compañeros, yo no llevo ese caso en particular. Naoko está acechando a Akane dime ¿qué le hizo con esto? — señaló el ojiverde la cinta.

-Ató sus muñecas las tiene marcadas y enrojecidas.

-Entonces su madre no solo sabe en donde vive sino que fue hasta el hospital a torturarla ¡¿pero qué mierda le ocurre a esa señora?! — exclamaba el policía furioso.

-Creí prudente hablarlo contigo porque el estado emocional de Akane es inestable— dije preocupado.

-Entiendo… solo espero que no haga una locura— dijo más para sí sobándose la frente.

-Esto te lo digo como profesional, Akane necesita ayuda ella lleva una carga muy pesada… si no la ayudamos podría tomar una decisión apresurada.

-¿Intentó hacer algo? – preguntó desesperado tomándome por la tela de mi polerón.

-No, pero quiere morir por eso te lo digo.

Mousse se quedó mirando un punto fijo totalmente ensimismado.

-Óyeme bien Saotome, necesito que vengas conmigo y declares todo y con lujo de detalles a la policía lo que viste y lo que sucedió en el Hospital. Esto no puede quedarse así, la vida de Akane está en peligro con esa mujer suelta, ella está acusada de varios homicidios. De hecho hasta hace poco todos creíamos que estaba bien muerta pero no es así. Por eso Akane se iba de Tokio, pero vino la muerte de su padre y ahora esto… no me gusta nada, nada.

-Si esa mujer es tan peligrosa y está tan cerca ¿cómo es que no han podido dar con su paradero?

-Se fue cuando Akane tenía diez años… es decir hace veinte años que no se sabe de su paradero. Lo que no acabo de entender es ¿por qué daña su propia sangre? Akane la detesta con todo su ser y ella se empeña en volver a su vida, pediré que me incluyan en el caso necesito encontrar a esa mujer para que ella tenga paz de una buena vez— dijo con desesperación el chino.

-Como sea no podemos dejarla sola— agregué.

-No te preocupes, gracias por venir a contarme todo esto pero seré yo quien se preocupe del bien estar de Akane— finalizó bajándose del coche.

Rodé los ojos fastidiado y lo seguí a la estación, prestaría declaración y me iría a mi departamento. Cumplí con decirle lo que vi, pero eso no quiere decir que no pueda preocuparme por ella.

X—

Hospital…

-Akane por favor no te han dado el alta, no estás bien— repetía Akari hartándome.

-No me importa, ya son dos días sin asistir a mi trabajo— respondí.

-Yo avisé que estabas enferma, no te preocupes por eso— inquirió mi asistente.

-De todas formas, ya no necesito seguir aquí este lugar me deprime y ese olor… no lo soporto.

-Si Mousse se entera que te fuiste así…

-Akari, Mousse no es mi esposo ¿ok? No le debo explicaciones de mis actos ni a él ni a nadie. Entrégame mis documentos por favor— exigí mirándola seria.

-Está bien, pero ¿puedes enviarme un mensaje al menos? Para saber que llegaste bien.

-No te preocupes tanto por mí, mañana regreso a mis deberes tengo trabajo acumulado. Ahora necesito hacer algo que no puedo posponer— finalicé saliendo por la puerta.

No tenía mi coche y recordé que lo había dejado en el centro, justo a donde iba. Sin embargo un mensaje entraba a mi móvil, su cuerpo estaba en Tokio. Tomé un taxi y en menos de lo que pensé me encontraba recibiendo las cenizas de mi padre, todo había quedado dispuesto para este momento ahora solo quedaba buscarle un lugar, muy lejos de mí.

No sabía a donde ir… tomé otro taxi y le dije al conductor que me dejara a las afueras de la ciudad, una vez llegué caminé un poco por el borde de la carretera para finalmente sentarme sobre hojas secas… saqué la urna de la caja en la que me la entregaron y la puse a mi lado. Eran las tres de la tarde y el frío invierno caía con esa brisa que te congelaba los huesos, respiré profundamente esperando botar alguna lágrima pero ellas no vinieron a mí. Crucé mis brazos por sobre mi pecho y cerré los ojos intentando oír mi respiración… mi padre está muerto y mi madre no me deja vivir, era la frase que se venía a mi mente a cada momento. Abrí los ojos lentamente y bajé los brazos mirando mis lastimadas muñecas, anoche perdí los estribos ante esa mujer… simplemente no tolero su cercanía y permití que me viera doblegada, cómo pude ser tan ¡tonta! Dejé ir el aire de mis pulmones al tiempo que me golpeaba el pecho de pura impotencia, entonces logré llorar.

Lloré hasta que liberé toda esa amargura contenida, intentar vivir o ¿morir en el intento? Naoko no me dejaría en paz, además estaba él… el único rayo de luz en mi ensombrecida vida, ella no lo quería cerca de mí. Y no podía tener más pavor al pensar que pudiese salir lastimado por estar a mi lado.

Fue entonces que tomé mi móvil y habían pasado dos horas desde que llegué, tenía unas diez llamadas perdidas de Mousse, y unas tres de Ranma…

Quedé fija mirando la pantalla cuando su nombre volvió a aparecer en ella, rechacé la llamada dos veces más pero él volvía a insistir.

-¿Akane dónde estás? — Su voz estaba angustiada, cuando al fin contesté— Akane ¿me escuchas? Dime dónde estás iré por ti ahora mismo— insistía, miré el cielo nublado y oscuro y tomé aire para no volver a llorar.

-No me llames más— dije apenas en un hilo de voz, un silencio tan frío como mi corazón se hizo presente.

-¿De qué estás hablando? — Preguntó rompiendo el hielo — ¿Ya no quieres verme? — preguntó haciendo que mis lágrimas cayeran como cascada por mis mejillas.

-Sí, solo no me busques más — aclaré mi garganta — tú me dijiste que era un error ¿no? Solo olvida que pasé por tu vida, yo no te molestaré más— finalicé colgando la llamada solo para echarme a llorar con más ganas…

X—

Al otro lado de la línea…

-¡Akane! ¡Akane!...

Me levanté desesperado de mi cómodo sofá caminé de un lado a otro con las manos en mi cabello, ella se había ido del hospital y estaba inubicable hasta que al fin me contestó, solo que no esperaba oír eso. Mi mente divagaba entre sus últimas palabras, conseguí lo que quería ¿no?... entonces ¿por qué siento un hueco en el pecho? Asomé a la ventana y miré el cielo cubierto de nubes… ella está sola y desprotegida y ¡quién sabe dónde carajos! Solo habían pasado unas horas desde que la vi y la extrañaba demasiado, tomé mi abrigo y un paraguas.

No sé cómo pero la encontraría…

Conduje por las calles centrales de Tokio por varios minutos hasta quedar atorado en el tráfico, seguí marcándole al celular pero ella no contestaba. Una llamada de Ryoga más temprano asegurando que ella había ido por los restos de su padre solo hizo que me preocupara más, aún no asimila el duelo y con su madre rondando por ahí simplemente colapsará de un momento a otro.

Pasaron las horas y mi reloj marcaba las siete de la tarde, la noche caía con todo encendí la calefacción y continué conduciendo por la carretera, de pronto comenzó a llover cual diluvio. Perdiendo toda esperanza de encontrarla en este lugar tan alejado de la ciudad decidí retornar en la próxima salida, fue entonces que entre lo oscuro de la noche y la intensa lluvia vi una persona que caminaba de frente a mí por la berma, su largo cabello y su fina silueta solo podía ser ella. Me orillé con sumo cuidado y bajé junto a mi paraguas, ella no se percató de mi presencia miré su espalda mientras continuaba caminando como un fantasma…

-¡Akane! — grité y ella se detuvo en el acto, caminé rápidamente e intenté cobijarla bajo el paraguas pero para ese entonces ella estaba completamente empapada, temblaba de frío y sus dientes castañeaban por el mismo motivo, me saqué el abrigo y se lo puse encima, ella soltó la bolsa que traía en las manos y mientras me aseguraba de que el abrigo no se cayera por su escuálido cuerpo me dedicó una mirada tan triste que apoyó su rostro en mi pecho y sentí como dejó caer su peso sobre mí, la sostuve a tiempo de que no cayera— Akane vamos al coche, te vas a enfermar— dije dando pasos lentos con ella a mi lado hasta llegar a mi auto, esperé a que subiera y aseguré su cinturón.

-La bolsa— articuló ella, miré hacia atrás y esta había quedado en el suelo.

-Iré por ella— dije cerrando la puerta, recogí la bolsa mirando su contenido dentro había una caja de madera, regresé rápidamente al coche para conducir de regreso— Dejé la bolsa atrás, estás tan empapada que dudo que la calefacción te abrigue— dije más para mí llegando al retorno que estaba buscando.

-No quiero ir a mi casa— dijo ella sin dejar de tiritar.

-Iremos a un motel— señalé sin dejar de mirar al frente, sentía su mirada sobre mí — es para que seques tu ropa — agregué.

-¡Por qué mejor no me dejas en esa esquina! — bufó enojada.

-¿Por qué te enojas? Tardaremos una hora en regresar al centro de Tokio creo que es una buena opción el motel vi uno de camino aquí, debe estar cerca— hablé.

Guardó silencio por los siguientes diez minutos hasta que al fin entraba al motel y dejaba estacionado el coche, la tomé de la mano y entramos.

Había una pequeña "recepción" un sujeto que no dejaba de mirar la pantalla apenas y alzó la vista al vernos, se quedó prendado de Akane al notar que estaba empapada y que el vestido de color rosa se le pegaba al cuerpo dejando notar todos sus atributos, lo miré molesto por su evidente descaro mientras que la aludida miraba con detenimiento la máquina llena de innumerables preservativos que ofrecía el lugar, aclaré la garganta y el tipo al fin me prestaba atención.

-Necesito una habitación— dije serio.

-Claro que sí, la quiere con ¿temática? — Preguntó con una sonrisa socarrona, lo miré dubitativo — tengo muchas opciones para ofrecerle o quizás algo más rudo con ¿cadenas? — El tipo ofrecía un catálogo con la fotografía de cada habitación y Akane miraba muy interesada cada propuesta— la veo muy mojada quizás un ¿jacuzzi? — ella abrió los ojos en aprobación y fastidiado le quité el catálogo de las manos para devolvérselo al sujeto.

-Nada de temática solo necesito una habitación— repuse serio.

-Tengo frío el jacuzzi sería perfecto para los dos— repuso ella.

-Akane solo quiero que te quites esa ropa— dije algo cabreado, ella alzó la ceja y me dedicó una mirada que hizo revolotear mi corazón, el sujeto tosió interrumpiendo el momento.

-Está muy apurado — dijo este entregando una tira de condones que Akane recibió sin dejar de mirarme— use la habitación 215 extendió la tarjeta.

Pagué la habitación y tomamos el elevador hasta el segundo piso, Akane iba delante mirando los números en las puertas hasta que encontró la que reservé.

-Apresúrate— dijo pasando sus manos por los brazos sin soltar la tira de preservativos.

-No entiendo para qué le recibiste eso— dije fastidiado pasando la tarjeta por la puerta.

Una vez dentro vimos la enorme cama en medio, la habitación se veía decente y cálida y en el baño un enorme jacuzzi, pero que joda con ese sujeto, pensé.

-Akane creo que debes tomar un baño antes de que… — ella se colgaba de mi cuello sin dejar de verme a los ojos — ¿qué haces?

-¿Por qué preguntas tantas estupideces? Me traes a un motel ¿qué esperas que piense? — dice peligrosamente cerca de mis labios.

-Akane te traje aquí porque estás muy mojada, y tardaremos en llegar a Tokio— ella frunció el ceño y lentamente se alejó de mí.

-Abajo dijiste que me quitara la ropa ¿qué mierda te pasa? ¿Eres de esos tipos que les gusta subir de nivel para luego quedar con las ganas?

-Cálmate, tú malinterpretaste todo no es culpa mía— dije levantando los brazos.

-¡Maldito cretino! — chilló molesta yéndose al baño, no pude evitar sonreír al verla enojada me di la vuelta cuando sentí que algo golpeaba mi cabeza, giré y ella cerraba la puerta estrepitosamente. La tira de condones había dado de lleno contra mi nuca, ¡esta mujer me volverá loco!

Minutos más tarde…

Pasó un largo rato y ella no salía del baño ¿por qué tarda tanto? ¿Se sentirá mal? ¿Se enojó? Miré por la ventana y la lluvia no cesaba estaba tan intensa como esa tarde en mi apartamento, que coincidencia era que siempre terminábamos juntos en días como estos.

Fui hasta la puerta y toqué una, dos y tres veces pero ella no daba señales…

-Akane si no me hablas voy a entrar… ¿Akane? ¡Voy abrir! — dije fuerte era imposible que no me escuchara.

Finalmente abrí la puerta, pude ver sus zapatos y su vestido en el suelo pero ella no estaba en la ducha. El Jacuzzi estaba encendido, las burbujas se veían desde aquí y el aroma a sales mezclado con ella invadía mis fosas nasales. Me acerqué despacio a este pero con la espuma no se veía nada, me agaché despacio para verificar que estaba bajo ésta cuando sus manos salieron bruscamente del agua junto a su rostro se colgó de mi cuello e hizo que perdiera el equilibrio haciéndome caer como un bobo dentro del jacuzzi.

Ella reía divertida mientras intentaba levantarme, pero Akane no me soltaba y caí sobre su cuerpo que se encontraba desnudo debajo de mí.

-Te atrapé— dijo cuando al fin pude estabilizarme, pasé las manos sobre mi rostro para quitar la espuma que invadía hasta mis ojos— quédate quieto, el agua está muy caliente ¿la sientes? — preguntó abrazada a mí. ¿Qué pretende esta mujer? no soy de fierro.

-Akane, no creo que sea un buen momento para que pienses en esto— dije evitando mirarla, la situación y la sangre de mi cuerpo se agolpaba en un solo lugar.

-¿Y cuándo será un buen momento Ranma? — preguntó cerca de mi oído, me provocaba besarla pero ¿y si no paraba? — Mírame Ranma— exigía como solo ella sabía hacerlo.

-Yo… eh… es que me pareció que hace unas horas por el teléfono te despedías— dije con las manos en el borde del jacuzzi, ella se acomodó sobre mí sentía como quitaba la coleta que usaba y desacomodaba mi cabello.

-Eso hice, pero tú… siempre vienes a mi encuentro ¿qué puedo hacer? — preguntó acariciando la línea de mi cuello, tragué duro esto se ponía tenso y mi mente se debatía entre salir pronto del jacuzzi o quedarme allí a su lado.

-Quieres decir que ¿no nos veremos más? — pregunté dubitativo.

-Ahora mismo no deberíamos estar juntos— dijo confundiéndome — eres tan hermoso— dijo pasando la yema de sus dedos por el puente de mi nariz— me gustas desde la primera vez que te vi, siempre me rechazas pero soy una puta terca y aquí estoy de nuevo— dijo soltando un suspiro— de nuevo me tienes desnuda y en tus brazos pero no haces nada por tocarme— finalizó clavando sus marrones en mis labios.

-Akane yo… — me perdía en sus carnosos labios, de pronto lamió sutil el labio inferior era una tortura, mientras el hidromasaje del jazuzzi hacía de las suyas, la ropa se me pegaba al cuerpo y comencé a sentir mucho calor. Ella tenía razón una vez más, no era la primera vez que nos encontrábamos en esta situación, sin embargo siempre me zafaba aduciendo la relación de paciente con ella, una que en realidad nunca tuve y que más bien quise marcar desde que la conocí.

-¿No te gusto Ranma? Porque esos besos en tu departamento me decían lo contrario, eres tan ambiguo… — dijo delineando mis labios con el borde de su uña, ya no haré nada más por ti— señaló llamando mi atención ¿a qué se refería? — No me veas así, me gustas pero tampoco andaré de arrastrada y si esta vez será la última vez que te vea ¡que así sea!— sentenció alejándose de mí.

Mi corazón dio un vuelco total, ¿acaso era tan imbécil como para dejarla ir?

-Puedes salir primero, así no te hago sufrir mirando mi cuerpo desnudo— dijo ella mirando la puerta del baño.

Me removí un poco y miré la salida definitiva o entregarme a mi perdición…

Desabotoné los primeros tres botones de mi camisa mojada y me abalancé sobre su cuerpo como lo quise hacer ese día en mi apartamento, ella me vio un poco sorprendida pero pronto mis labios buscaron su boca que me recibió en un beso lleno de pasión contenida, su lengua probaba cada rincón hasta entrelazarse con la mía. Mis manos la abrazaban fuertemente a mi cuerpo y es que no quería soltarla nunca más, sus dedos se enredaron en mi cabellera y jalaba cada tanto solo para dejar marcas en mi cuello cada vez que miraba el cielo de aquel lugar inundado por el vapor del jacuzzi, pronto se deshizo de toda la ropa que traía puesta en medio de un preámbulo exquisitamente adictivo.

Su menudo cuerpo calzaba perfecto en mi regazo y mientras repartía besos húmedos por el borde de sus brazos hasta llegar a su cuello, mis dedos se aventuraban más abajo en lo recóndito permitiendo oír sonoros jadeos salir de su garganta, Akane se entregaba por completo y ya no había retorno. Dejando de lado todas esas dudas en mi mente, disfrutaba de aquel momento como nunca antes.

Caricias desvergonzadas en su zona más erógena hicieron que Akane arqueara la espalda dando acceso libre a sus hermosos y redondos senos que moría por probar, mi boca atrapó uno de sus pezones lamiéndolo a gusto al tiempo que mis dedos rosaban su botón una y otra vez, sus gemidos más me excitaban provocando un dolor agudo en mi glande que reclamaba por más atención.

Entonces dejé de explorar su interior y me fui directo a su boca, nunca había sentido tanto deseo por una mujer. Akane llamó mi atención desde el primer instante en que la vi, no solo por su personalidad tan avasalladora sino que fui descubriendo su interior, su verdadero yo ese día que me besó en el balcón de su habitación. Esa coraza que mantiene solo se la ha quitado frente a mí en este último tiempo, ella no es un monstruo. Es una mujer con ciertas fragilidades más sin embargo su capacidad de lucha y sobrevivencia es sin igual, pero por sobre todas las cosas quiere amar y ser amada.

Aunque se daba por vencida conmigo hasta hace instantes, no pude eludir al sentimiento que quemaba mi pecho. Su boca me daba el dulzor que necesitaba en mi monótona vida, éramos tan diferentes como el agua y el aceite. No obstante ella estaba arraigada en mi corazón como las fuertes raíces de un árbol.

La deseaba demasiado, deseaba sus besos sus caricias, deseaba experimentar la intimidad con ella… deseaba explorar cada centímetro de su piel, amansar esos hermosos pechos que me mostró sin vergüenza en mi departamento y que como un idiota rechacé.

Ahora la tenía bajo mi yugo con el rose de nuestros cuerpos ardiendo en deseo el uno por el otro, removí su larga cabellera y me perdí en su cremoso cuello. Mientras desde atrás disfrutaba de su esencia mis manos amansaban una y otra vez sus endurecidos pezones, mi glande chocaba contra su retaguardia esperando una oportunidad, el momento se acercaba lo presentía pero disfrutaba de cada segundo a su lado.

Ella se giró y se sentó ahorcajadas sobre mi cadera solo para hacer el contacto más directo, su centro rosaba mi miembro endurecido y ambos jadeábamos en un ronroneo exuberante. Ella mordisqueó mis labios y luego mi cuello para terminar en el lóbulo de mi oreja sin cesar, frotándose descaradamente. Sus pequeñas manos bajaban por mi torso con el único fin de llegar a mi erección y pronto lo sujetó demandante — ¡ah! — gruñí sonoramente y ella me sonrió perversamente. Hundí mis dedos en sus nalgas para afianzar el agarré y ella movía de arriba abajo provocando sensaciones deliciosas en esa zona.

El frenesí ocasionado por sus delicadas manos pronto me causaría un orgasmo y no era lo que tenía planeado, no aún. Así es que la detuve y me levanté del Jacuzzi extasiado, quería más miré alrededor y vi más condones prácticamente al lado, abrí uno pero antes de que pudiese colocarlo ella engulló mi falo aprovechando la ocasión, tuve que sujetarme del borde de este para no caer, sus lengua lamía y su boca succionaba a complacencia degustando la piel de mi endurecido glande — Ah, Akane— susurré entre jadeos acariciando su cabeza, entonces sus dientes se clavaron sin más, la miré con reproche estaba por correrme nuevamente pero ella dejó su actuar y se levantó tan sensual entre el agua su cuerpo tenía ligeras marcas enrojecidas que yo mismo había dejado hace un momento, tomó mi rostro y me besó con ímpetu.

-¿Lo vas a usar? — preguntó entre besos señalando el preservativo en mi mano, me lo puse en cuanto liberó mi boca.

Ella pegó un leve salto y cruzó sus piernas en mi cintura me obligó a sentarme en el borde del jacuzzi, creí que resbalaría cuando ella se deslizó sutilmente y la penetré al fin — ¡Ah! — ambos jadeamos victoriosos. Poco a poco me fui deslizando por el borde de la enorme tina hasta quedar sentado con ella subiendo y bajando por mi carne expuesta, era perfecta su estrechez me hacía delirar de la excitación y con cada embestida sus pechos chocaban entre sí provocando que despertaran mis instintos más bajos, adjudiqué uno en mi boca, Akane mordía sus labios y nuestras miradas siempre puestas en el otro, sus blandas y estrechas paredes albergaban mi glande en mimadas caricias que me volvían loco.

Mis manos subían y bajaban por su fina espalda y ella me besaba con vehemencia ahogando gemidos en mi boca — ¡Ah Ranma! — decía entre sonoros jadeos mi nombre llenándome de orgullo al saber que era yo quien la hacía explotar de placer, sus embestidas eran cada vez más duras me correría junto con ella eso quería, entonces me vio a los ojos y sin decirme nada lo sabía, podía sentir su centro arder.

-¡Bésame Ranma, me voy a correr! — exigió sin dejar su frenesí, tomé su boca con premura y nos entregamos al amor, quería ser suyo ahora y siempre y así fue como juntos llegamos el clímax. Una explosión de jugos y el mejor orgasmo de mi vida me hicieron tocar el cielo…

Su cuerpo se derrumbó sobre mí agotada, nuestras respiraciones aceleradas lentamente fueron volviendo a la normalidad. Nos llenamos de mimos dulces por varios minutos sin decirnos nada, salió de mí y retiré el preservativo con cuidado dejándolo a un lado.

Acariciaba sus brazos y ella me besaba en los labios sin prisa, despacio como una bonita añoranza cómo si nuestras vidas hubieran esperado este momento por mucho tiempo…

-Pensé que los condones habían quedado afuera— dije sonriendo.

-Estamos en un motel esto es un fábrica de condones— esbozó ella volviendo a besarme.

Sus besos se volvían intensos y mi libido se volvía a despertar, si no se detiene la haría mía nuevamente.

-Quiero más— dijo jalando mi cabello para morderme en la clavícula.

-Vamos a la cama— contesté perdiendo el juicio, la tomé entre mis brazos y salí del jacuzzi estábamos empapados pero el deseo era imperante.

Caminé con ella enredada a mi cintura, mi glande había despertado nuevamente dispuesto a otra batalla. Tenso, endurecido y sediento por Akane la deposité sobre la cama con delicadeza para perderme en su bello cuerpo, uno que volvería a ser mío.

-Akane yo…— quise hablar pero ella no me dejó.

-Hazme el amor como si fuera la última vez— dijo extendiendo sus brazos.

Y así sería porque mi corazón anhelaba ser uno con ella, mi sexo se frotó contra su vientre al agacharme para depositar un beso en sus labios, entrelazamos nuestras manos firmemente como si la vida dependiera de ello. Estaba perdido, lo supe desde un principio pero me resistía a la idea. Me enamoré de esta hermosa y delicada copa de cristal llamada Akane Tendo.

Continuará…

Estimado lector, un capítulo cargado de tristeza… Akane apenas se recupera de la visita de su madre y tuvo que ir por las cenizas de su padre. Tiene miedo de volver a verla y lo que es peor, ella le advirtió que se alejara de Ranma. ¿Quién es Naoko? ¿por qué su mente retorcida quiere dañar a su hija?

Por otro lado Ranma no se da por vencido, creyó prudente contarle a Mousse lo que sucedió pero eso no será una excusa para alejarse de ella sino todo lo contrario. El amor que crece en su corazón por Akane pudo más, sucumbió ante el deseo y por sobre todo a su reacción, ella se daba por vencida con él y esto no lo pudo soportar dando rienda suelta al amor…

¿Quieres saber más? Si te gustó déjame tu preciado review, amo leerlos.

Desde Chile una fanática más de Ranma ½

Sweetsimphony._