Capítulo 11: El arco y la flecha escarlata
"Serás un buen padre".
"Sí… o intentaré serlo".
Las palabras rondaban en la cabeza de Mike, mientras avanzaba al frente de la larga fila de legionarios.
Era entrada la noche, todos se mantenían alerta y sostenían sus faroles con cristal brillante.
-¿Algo? -preguntó Erwin. Mike negó sin voltear.
El comandante manco se conformó con la cortante respuesta de su amigo. A su derecha caminaba la Reina de las Murallas, pegada a su futura esposa. Ambas iban acompañadas por varios oficiales de alto rango y soldados capacitados para afrontar cualquier contingencia. Estaba segura, o eso quería creer.
Friedrich se sacó una barra de ración del bolsillo y comió la mitad de un bocado.
-Qué asquerosidad -criticó, para luego morder otra vez.
Armin caminaba junto a Eren. Ninguno de ellos hablaba, preferían no hacerlo con Mikasa cerca. Nada sugería que ella supiera sobre lo suyo, pero era mejor guardar las apariencias.
Ellos, sin embargo, no eran los únicos callados; prácticamente nadie emitía palabra, nadie se comunicaba con nadie. Marchaban en silencio y al abrigo de los árboles, que mecidos por una calma pero melancólica brisa, parecían darle un último adiós a los legionarios.
Mina y Sasha iban juntas, unos metros atrás de Eren y compañía. Cada tanto se miraban, asentían y volvían la vista al frente. Estaban nerviosas, sensación compartida con el resto de su tropa.
De pronto, un soldado perdió el equilibrio y dejó caer su farol.
-Más cuidado -reprochó Levi-. Alumbra el camino. ¿Cuánto falta? Está por amanecer.
-Shiganshina está pasando esta montaña. En media hora deberíamos estar al caer -contestó un oficial, repasando el papel.
-Gracias por llevar mi caballo -habló Eren.
-Debes conservar tus fuerzas -dijo Mikasa.
-Es cierto. Tú igual, dame las riendas -le dijo Friedich a Niko.
-Estoy bien, gracias, hombre.
-Sin ese poder de fuego tuyo perderemos una gran ventaja -insistió el rubio pelilargo.
-Llevar o no las riendas no me afectará, pero si te hace sentir más calmado… -Niko dejó las riendas sobre el cuello de Casio, el cual siguió la marcha junto a su jinete.
-Lo has entrenado de maravilla -comentó Connie.
-No soy yo. Casio es un caballo singular, sigo sorprendiéndome de que sea tan leal -el de cabello atado acarició el hocico del animal, que bufó complacido.
Mike alzó una mano, todos se detuvieron en seco.
-Allí -señaló detrás de una gran roca a doscientos metros.
Se acercó junto con Levi con espada en mano. La luz de los faroles descubrió a un titán narizón y corpulento reclinado contra su almohada de piedra.
-Oh, está dormido -dijo el hombre bajo.
-No por mucho tiempo. Apretemos el paso mientras siga así.
Mike hizo una seña y la tropa avanzó.
La chica de coletas se aproximó hasta el de pelo atado. No iba a hablarle, simplemente quería estar cerca de él.
"Por fin… de vuelta a casa" pensó, con una mezcla de miedo y ansias revolviéndole el estómago. "¿Podremos vencer? O… ¿Moriré? Si es así, ¿podré verte de vuelta, Brisa?".
Mike giró el cuello para ver a su ahijado. Seguía el paso sin inmutarse ni notar su mirada. Él, sin embargo, sintió los ojos de Erwin posándose encima suyo. Lo miró.
-Ya son cinco años -dijo el comandante.
-Sí. Niko no te guarda rencor, nadie lo hace -se adelantó Mike.
-Sé que lo han dicho hasta el cansancio. Pero… Iván y T… ¿Los imaginas caminando junto a su hijo, con el uniforme puesto? -el de buen olfato volteó en un leve shock.
Sus retinas creyeron captar dos figuras caminando junto al joven capitán: Ambas tenían una estatura no muy distinta, pero formas de caminar opuestas. Una firme y constante; la otra lenta y pesada.
-Casi que puedo -respondió Mike.
Quince años atrás
-¡Mira esa panza! -exclamó Hange-. ¿Cuánto falta?
-Unos cuatro meses -dijo entusiasmada Teodora, acariciando su vientre, ahora con más volumen del que estaba acostumbrada-. Ya no puedo esperar.
-¿Cómo le van a poner? -preguntó Erwin.
-Si es niño, Nikolai; si es niña, Verónica -contestó monótono el futuro padre, sorbiendo algo de té.
-Uyyy… ¿Qué serás? -le preguntó la de anteojos a la panza de su amiga-. ¿Eh? ¿Que un niño?
Mike sonrió por lo infantil de la actitud de Hange. Teodora no se quedó atrás. Erwin miró a Iván, quien tenía una cara de extraña desconfianza que metía miedo.
-¿Qué pasa? ¿Quieres una niña? -cuestionó Hange.
-Sí… no… ¡Da igual! Lo que sea, sólo quiero que nazca, y bien -zanjó el hombre.
Teodora frunció levemente el ceño y le echó una mirada de castigo a su esposo.
-Nacerá sin problemas -le dijo, desafiante.
-Eso espero, con todo mi ser -contradijo Iván.
-¿Tienes que ser pesimista?
-¿Pesimista? Estoy tratando de no serlo, maldición. Me fuerzo para pensar positivo, pero ¿y si pasa algo? Si tú o el niño tienen alguna complicación, ¿qué debería hacer?
Nadie replicó por unos segundos.
-Afrontarlo -habló Mike-. Haz lo que puedas para que tu hijo nazca sano y salvo. Encara las contingencias como encaras a los titanes.
-Hablamos de la vida de mi hijo, no de la mía -respondió Iván-. Luchar contra los titanes me dejó de causar pavor hace tiempo ya que entendí que si muero, sólo caigo yo -el futuro padre descansó los codos sobre la mesa un momento y apretó los dientes-. ¡Aquí está en juego alguien más! Parece que hubiéramos olvidado que se puede morir de otras formas que no son devorado ahí fuera.
-¡Iván! -gritó Teodora-. Lo que dices es de muy mal gusto. Estoy frente a ti, que no se te vuelva a pasar.
La mujer lo fulminó con los ojos. El futuro padre reconoció su error y se retiró lentamente del comedor de la casa.
-Está mucho más acobardado que tú, y eso que no tiene que parirlo -comentó Hange.
-Saben que él tiende a preocuparse demasiado, pero actúa como si esto fuera su responsabilidad al cien por ciento. Como si… él tuviera la culpa.
El joven Zacharius analizó las palabras de la embarazada mientras bebía lo último que quedaba en su taza.
-Hablaré con Iván, quédense tranquilos -dijo, previo a levantarse e ir tras él.
De vuelta al presente
Las fosas nasales del sub-comandante captaban algo de la esencia de sus padres en el aroma del muchacho, pero sin dudas tenía una fragancia propia, cercana a la pimienta recién molida.
Por su parte, el oficial manco siguió con la vista hacia adelante y hacia el cielo. Este comenzaba a aclararse.
Llegaron al pie de la montaña, pasados diez minutos.
-Aquí es donde veníamos a recoger leña… y puedo oír el río -dijo Mikasa.
-Lo hicimos -habló Armin-. Volvimos a casa.
Mina se estremeció un poco al ver la muralla rodeando la ciudad donde había vivido desde su nacimiento. Ella también solía ir de vez en cuando a buscar leña y de paso juguetear en el río buscando ranas o renacuajos. No tenía recuerdos de cruzarse con Eren, Mikasa o Armin, pero no importaba realmente.
-Erwin -dijo Mike, en tono bajo, para que los demás soldados no lo oyeran.
-¿Están cerca?
-Todo lo contrario. Es un titán, se aleja y muy rápido, su olor es cada vez más débil.
-El Acorazado...
-No es tan rápido, y según recuerdo ni ese ni el Colosal olían así. Tampoco el Titán Bestia.
-¿Insinúas que…?
-Allí tienen otro titán cambiante.
El comandante procesó lo dicho.
-Son cuatro de ellos contra dos de los nuestros, y Niko.
-Él tiene que guardarse para el Colosal, es el único que puede acercársele con todo el vapor que expulsa. Ymir puede despistar al peludo ya que es más rápida, y Eren, con apoyo de las lanzas trueno, hará trizas al Acorazado si hacemos todo bien. En cuanto al otro… habrá que esperar y verlo.
-¿Hueles algo más?
-No por ahora.
Ambos asintieron y reanudaron el último tramo de la marcha en silencio.
Desde dentro de la muralla, el traidor escuchó con toda claridad el sonido de los anclajes disparándose. Oyó voces familiares, mutadas en enemigas.
"Chicos…" era lo único que podía pensar.
Dos años atrás
-¡Hey, miren lo que encontré! -exclamó Friedrich, escondiendo algo debajo de su chaleco.
-¿Qué es? -preguntó Jean.
El pelilargo esperó a que sus compañeros masculinos se acercaran y verificó rápidamente que ningún superior o mujer estuviera cerca.
Ninguno de los jóvenes, exceptuando a Dosu y Eren, quedó sin derramar un pequeño hilo de sangre por su nariz al ojear las páginas que Friedrich les enseñó.
-¿De… de dónde lo sacaste? -preguntó Bertholdt.
-Un instructor lo olvidó por ahí, ha de habérselo quitado a algún desgraciado. Como sea, ahora es nuestro.
-¿Quién tendría un libro erótico en un cuartel? -cuestionó Armin.
-Curvas… -dijo Connie.
-¿Qué es "erótico"? -todos voltearon a ver a Eren con cara de intriga.
-¿Cómo que "qué es"? -replicó Niko-. Es… tú sabes, porquería de adultos, como este libro -Eren ladeó su cabeza a un costado.
-Eso, lo que nunca nadie te quiere explicar y tienes que adivinar por tu cuenta -añadió Reiner.
No hubo respuesta más que una expresión de inocencia por parte del joven Jäeger.
"¿Y tu papá era doctor?" pensó Friedrich.
Decidieron dejar de darle vueltas a la cuestión y dejar que el chico sacara sus propias conclusiones cuanto más se avanzara en las páginas.
De vuelta al presente
"Un guerrero no puede involucrarse en semejantes tonterías, ¡y menos con sus enemigos! Habérmelo tomado en serio sin siquiera darme cuenta… me enfurece".
Un gran resplandor precedió al relámpago que descendió sobre Eren.
Lanzó un rugido ya en su forma de titán, se apoyó contra la muralla brechada y comenzó a endurecerse por completo.
Mike sintió un escalofrío recorrer su espalda y sus fosas nasales. Caminó unos metros sobre el muro, no alejándose demasiado de Erwin. El aroma se intensificó todavía más, y no era el del humo verde recién liberado para indicar el éxito del sellado de la puerta interna.
-¡Niko! -llamó a su ahijado, junto con una seña.
El chico llegó sin tardarse y preguntó qué ocurría.
-Debajo de mí: Es Reiner.
-¿Bajo el muro?
-Dentro de él. Y algo más… es bastante llamativo.
-¿Comida? -el sub-comandante olfateó, con rostro sereno y serio.
-Probablemente.
Ambos vieron cómo Eren y algunos soldados se alejaban corriendo sobre el muro, rumbo a la puerta exterior de Shiganshina. Abajo, Armin inspeccionaba los restos desparramados de un campamento.
El joven capitán entendió lo que debía hacer y desenvainó sus espadas.
-Que todos preparen las lanzas. Sería mejor que ubicaras a Bertholdt para que no nos tome por sorpresa.
-Me encargaré.
Mike fue a notificarle a Erwin la situación, y éste consintió el accionar que estaba por llevarse a cabo, no sin antes alertar a todos los soldados cercanos.
-Todavía no saben quién es Eren -dijo Dosu, ya con las lanzas preparadas-. Usemos eso en nuestro favor. Quédense con la capucha puesta hasta que logremos distraerlo con una bengala. No gasten lanzas en los ojos.
-¿Y luego de que pase el efecto? -habló Jean.
-Habrá un enemigo menos.
"Eso si tenemos en cuenta sólo a los cambiantes. Es demasiado conveniente que no haya ni un solo titán dentro de la ciudad" analizó mentalmente el de lentes.
Niko descendió lentamente con sus anclajes, acercándose más y más a lo que presentía era un escondite, o una emboscada. Armin lo vio, al principio confundido. El de pelo atado movió su espada derecha hacia arriba, apuntando a Erwin, encontrándose éste a una distancia prudente. El pequeño rubio comprendió y se alejó también.
La hoja del chico tanteó la superficie del muro: Sonaba normal.
Bajó un poco y repitió la acción: Nada.
Volvió a descender, esta vez más cauteloso. Golpeó débilmente y no tuvo resultados. Fue ahí que sintió la pared moverse delante suyo. Había llegado a él.
Con rapidez arrancó el pedazo de muralla falsa. Lanzó una estocada que fue detenida por una palma que acabó ensangrentada y perforada. Tomó a Reiner por el cuello y se dejó caer junto con él al vacío.
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-¡Den la señal! ¡Todos a sus puestos! -aulló Erwin.
Un legionario disparó a la brevedad una bengala amarilla.
-Ese color… -dijo Eren, deteniendo su carrera.
-¡Oye! -lo reprendió Levi-. No se te ocurra paniquearte, eh. Asegúrate de pasar desapercibido por ahora.
-Tranquilo, Eren -habló Mikasa.
Los anclajes de Nikolai supieron amortiguar la caída para él y el traidor. Los dos rodaron por el suelo, pero se pararon enseguida. Reiner sacó sus espadas y separó las piernas, dispuesto a combatir.
-¡Cubran a la reina! -ordenó el comandante.
-No -impidió Historia, desenvainando sus armas-. Yo he venido como soldado, no como reina.
Ymir se molestó por la terquedad y valentía de su querida rubia, al mismo tiempo que sentía que su obligación de protegerla se avivaba viéndola tan resuelta.
Nikolai no medió palabra alguna. Tomó envión y cargó contra Reiner.
Erwin se abstuvo de ordenar un ataque completo contra un enemigo destransformado, habría sido una pérdida de recursos y energía.
Los cortes iban y venían cargados de rabia, pero ninguno daba en el blanco.
Niko realizó una finta poco exitosa, pues Reiner no se vio confundido y contraatacó impetuoso. El de pelo atado bloqueó un golpe doble que bajaba sobre su cabeza y pateó en el estómago al rubio sin piedad. Se valió de esa mínima oportunidad para golpear en el rostro con el pomo de una espada a Reiner y atravesar su hombro derecho con la otra.
"Con esa herida de recién ya puede transformarse. Debo… matarlo antes de que lo haga".
-Ojalá hubiera sido diferente -dijo, captando toda la atención de su antes amigo-, en serio. ¿Por qué lo hicieron? ¿Qué intentan proteger exterminando a la humanidad?
-Niko -pronunció el rubio de pelo corto-, no vivirás para comprenderlo. Ustedes no son la humanidad.
El capitán, en efecto, no entendió a lo que se refería, pero no se trataba de falta de razón, más bien de la sorpresa que le generaba oír su voz después de tanto tiempo. Reiner debía sentirse igual, pero de haber sido el caso, no lució nada que lo sugiriera.
Niko supo que dialogar era inútil y reanudó su feroz combate.
"Otra vez, luchando como humanos, rehusándose a poner sus poderes sobre el tablero" pensó Mike. "No sé lo que quieren probar matándose tan lentamente".
Niko recibió un pequeño corte en la mejilla izquierda. Lo ignoró, lanzando un golpe con su hoja derecha que fue detenido por un arma oponente. Los aceros se hicieron pedazos.
Reiner maniobró hacia la derecha, evadiendo un tajo fatal. Terminó con la espalda apoyada contra la puerta de una casa. Niko no perdió un momento, pues volvió a arremeter con la hoja frente a sí. Las espadas chocaron, lanzaron chispas y chillaron, mellando sus filos. Capitán y traidor empujaron incansablemente.
-¡¿Qué esperas?! ¡Házlo! -vociferó Nikolai, ganando terreno, apuntando a la yugular del rubio.
-No… un guerrero… yo soy… -estas y demás palabras intentaban formar alguna frase coherente previo a ser escupidas, sin éxito.
Niko dio un empujón final. La puerta se vino abajo y ambos se desplomaron dentro de la casa.
El rubio se levantó primero y estampó su pie contra la boca de Niko. Éste sintió la sangre agolparse entre sus labios y dientes, así que se bajó la máscara y escupió hacia un costado.
Reiner vio que su hoja estaba demasiado dañada, igual que la de Niko. La envainó, pero no extrajo una nueva.
-Podré ser todo lo que quieran, pero no dejaré de lado mi honor -aclaró, poniéndose en guardia, listo para zanjar lo que había quedado inconcluso tres meses atrás.
Nikolai se incorporó aturdido, negó con la cabeza. Guardó su única arma y se preparó.
Se apaga la música
Levi chasqueó sus dedos con cara de pocos amigos.
-Vamos, mocoso, ¿cuánto vas a tardar en matarlo? Usa ese fuego tuyo, o lo que sea.
-No lo hará -sentenció Mike-. Ni uno ni el otro se atreverá a luchar si no es como simples humanos. Tienen cuentas pendientes, y las resolverán a su manera.
-Entonces, sabueso, ¿hueles algo más? -Mike le mostró a Levi una taza vacía-. ¿Qué es esto?
-Tiene un líquido negro y algo agrio dentro. No es venenoso y huele muy bien. ¿Alguna idea?
-Nop.
"Tienen comida desconocida… Friedrich tenía razón: hay gente fuera de los muros" concluyó Dosu. "Más aún, vienen de alguno de esos lugares extraños que Niko nos contó".
"Esto está tomando demasiado tiempo, pero está bien. Si podemos quitarnos del medio al Acorazado sin usar a Eren ni a Ymir o gastando lanzas trueno, estaremos en la delantera".
-¿Honor? -cuestionó Niko, limpiándose la sangre de los labios-. ¿Qué honor puede tener un genocida como tú?
Reiner oscureció su mirada y tensó su cuerpo.
-Esto no es cuestión de honor, ¿verdad? No quieres matarme -dedujo el capitán-. Si quieres volver a tu "hogar", deja la tontería de lado. El tiempo de llorar la traición acabó para mí. Yo he venido a cumplir con una misión y no me iré de aquí derrotado.
Niko salto encima de Reiner y asestó un derechazo en su pómulo. Lo empujó contra un aparador, golpeando así la espalda baja del rubio y aturidéndolo un poco. Descargó un golpe tras otro en el rostro de Reiner. Por fin, éste reaccionó y tacleó a Niko. Lo arrojó sobre una mesa que terminó reducida a astillas, luego esperó a que se levantara, lanzó una feroz patada que golpeó directo en el pecho del de pelo atado. Niko voló por la sala y cayó en un sofá polvoriento y echado a perder por la humedad y el abandono. El rubio pelicorto se apresuró a tomar una silla en un estado algo menos deteriorado y la rompió sobre la espalda de un medio-consciente Niko.
El joven capitán de la Legión emitió un gruñido cortado antes de desplomarse bica abajo. Reiner se quedó viéndolo impávido. ¿Tan fácil lo había vencido? De ninguna manera.
Niko barrió a Reiner y se paró de golpe. Tomó dos patas de silla del suelo y descargó uno en la espalda del rubio, igual que le había hecho a él, y el otro lo destrozó en un bestial golpe descendiente, en mitad del cráneo de Reiner.
-¿Lo oyen? -preguntó Armin.
-¿Qué cosa? -dijo Mina.
-Nada. Apenas hay viento. Todo está… tranquilo desde que Niko distrajo a Reiner.
-La calma antes de la tormenta -expuso Dosu-. Están esperando una señal para atacar. Bertholdt ya habría sido detectado por Mike de otra manera. Esto prueba que luchamos contra rivales organizados, humanos.
-Sean humanos o titanes, los exterminaremos a todos aquí y ahora -exclamó Friedrich, aferrándose a sus lanzas trueno-. ¡Y lo haremos antes de la hora de la cena!
-¡Eso! -se sumó Sasha ocultando inseguridad.
Mike lamentó no tener un oído tan agudo como su nariz. Olía mucho a sangre, derramada por su ahijado y su enemigo. Miró bajo sus pies. La muralla estaba húmeda, pero era predecible, por el cielo aparentaba haber llovido hacía poco.
"Aquí falta algo" pensó. "Casi me duele la maldita nariz de tanto intentar olfatear una posible tomada por sorpresa, pero lo que más me preocupa es que Niko vuelva a forzarse como la última vez que luchó con Reiner. Tal vez sea sólo alteración mía, aquella vez estaba agotado para cuando descubrimos quiénes eran en realidad esos dos, y se ha vuelto más fuerte a comparación de aquella ocasión, pero aún así… no puedo relajarme".
Orbes color carbón y miel se examinaron inquisitivamente. Sus portadores estaban sentados a escasos metros del otro, el rubio apoyado contra la parte trasera del sillón, el otro de pelo negro reclinado contra la pared. Tenían energía y razones para luchar, más no ganas.
-¿Qué estamos haciendo? -habló Reiner.
-Algo que no deberíamos. A estas alturas tú o yo deberíamos ser historia -Reiner se acarició la cabeza y comprobó que sangraba.
-Razón no te falta.
La mente del rubio divagó en cálidos recuerdos de su tiempo en la academia, y Niko lo supo al ver su expresión ensimismada.
"¡Yo no seré una carga para nadie!" Exclamaba Armin.
"Mira, Christa tiene un peinado nuevo hoy. Es tan… refrescante" decía enamorado Connie.
"Te apuesto cincuenta monedas a que no colocas el borrador en la puerta para que le caiga al instructor" lo desafiaba Friedrich.
"Dicen que los oficiales al mando tienen bebidas alcohólicas escondidas en las bodegas. Deberíamos… visitarlas y tomar prestadas algunas, eh" proponía Jean.
"Eres un buen soldado y cumpliste con tu deber" lo alentaba Christa.
"Mucho ojo. A este paso tendré que procurar no quedarme detrás tuyo" bromeaba Niko.
"Sí, yo soy Eren. Reiner Braun, ¿verdad?".
-Ya sé que tú no eres de aquí -admitió el de pelo atado- así que no tengo por qué fingir contigo. ¿Qué demonios es Eldia? -la sangre de Reiner se congeló en sus venas-. ¿Sabes algo de un tal Marley?
"¿Cómo…? ¡No es posible! ¡Él no puede saberlo!"
El rubio se apartó de Niko arrastrándose rápidamente. El legionario también tomó distancia al saber lo que se venía.
-Eres perceptivo, Niko -dijo, sin darse cuenta de lo mucho que se acercaba esa frase a la que le había dicho a cierto compañero, muerto para entonces-, DEMASIADO perceptivo.
El nombrado palideció al ver la estática rodear a Reiner. Atinó a saltar por una ventana y usar su equipo de maniobras para llegar al tejado de una casa más o menos alejada.
-¡EREN! -rugió, antes de que un relámpago partiera el cielo y el edificio donde se había encontrado segundos atrás.
Ni bien Reiner se transformó, hileras de luces y un nuevo relámpago se mostraron delante de la puerta externa del distrito.
Mike apretó los dientes y echó mano a sus espadas.
"¡Estaban demasiado lejos! Claro que tenían un plan de estos, Reiner y Bertholdt pueden proporcionarle información vital al Titán Bestia, como por ejemplo mi sentido del olfato. A saber qué más le dijeron".
Erwin ensartó la vista en la hueste enemiga. En el medio de la formación de gigantes antropomórficos se sentaba tranquilo uno de aspecto más corpulento y alto que el promedio, además de estar cubierto de pelo de pies a cabeza.
-Mike -llamó, desenvainando la única espada que podía-, mira -señaló a la izquierda del Titán Bestia-. Ese de cuatro patas lleva algo en la espalda.
El sub-comandante olfateó el aire y abrió los ojos al tope.
-Cuesta captarlo, pero es el mismo olor extraño que sentí antes de llegar a Shiganshina. Definitivamente es un cambiante. No lo prevení porque lograron ubicarse demasiado lejos como para que pudiera olerlos.
-Ya veo, así que esa es la situación. Estaban preparados para todo.
Los soldados presenciaron atónitos cómo el gigante peludo tomaba una gran roca y, haciendo gala de una fuerza y puntería extremas, tapaba la puerta externa.
-Falló -dijo un legionario.
-No. Fue un buen tiro -replicó Erwin-. Nos han dejado con los caballos afuera y rodeados de titanes. Al fin muestran sus cartas. Ambos bandos queremos resolver todo aquí y ahora, de una vez por todas. ¿La humanidad o los titanes? ¿Quién perecerá y quién se alzará con la victoria? -la hoja de Erwin brilló al levantarse con la punta al cielo-. ¡Queda en nuestras manos decidirlo!
Todos apretaron la empuñadura de sus espadas.
El Titán Bestia aulló y aporreó el suelo con sus enormes extremidades superiores. La fila de titanes pequeños al frente del ejército anti-humano comenzó a correr desenfrenado hacia la ciudad.
-¡Mike, que tus muchachos sigan a Hange y acaben con el Acorazado! ¡Tú y Levi cubran a los reclutas mientras alejan a los caballos! ¡Dirk, Klaus y Marlene, con ellos!
-Bien -aceptó el sub-comandante.
-Reina Historia -dijo Erwin, acercándose a la nombrada-. Necesitaremos que Ymir nos ayude ahora.
-Entendido. Ymir, vé.
La castaña no se mostró entusiasmada, pero obedeció a su querida rubia.
-Reina, usted…
-Voy con el grupo del Acorazado -sentenció Historia-. No intentes detenerme, comandante.
-No era mi intención. Proceda. ¡Todos, manos a la obra! Que Hange y Nikolai den las órdenes en el interior del distrito. ¡Esta batalla decidirá la supervivencia de la humanidad! ¡ENTREGUEN SUS CORAZONES UNA ÚLTIMA VEZ!
-¡Oi!
Los soldados partieron a la batalla. Levi se quedó clavado en su lugar, mirando a Erwin.
-¿Me envías a cuidar a los caballos en lugar de a Eren?
-Exacto -el comandante apuntó con su arma al Titán Bestia-. Necesito que Mike y tú se encarguen de acabar con ese.
-Es mío -habló el de buen olfato-. Tengo cuentas pendientes con esa bola de pelos.
Niko miró sus hojas, afiladas y listas para matar, y al Titán Acorazado.
"Si concentro un poco de fuego en las espadas, podré molestar a Reiner lo suficiente para que Eren o las lanzas relámpago lo aniquilen. Sólo espero que… Mina, maldición, ten cuidado".
-¡Avanzamos, por aquí! -ordenó Jean.
-Dividámonos -habló Hange-. Jean, Mikasa, Armin, Eren, Connie y Sasha, por la calle principal. Mina, Fred, Historia, Dosu, Moblit y yo seguiremos en esta dirección. Procuren avisar cuando lancen una bengala cegadora.
-¡Sí, mayor! -exclamaron los jóvenes.
La de coletas experimentó un pequeño dolor en su pecho al ver la plaza central de Shiganshina, el río fluyendo a lo lejos a través de la muralla, y el vecindario donde se erguía su antiguo hogar.
"No puedo flaquear. ¡Debo ser fuerte! ¡Por mis amigos, por mi especie y por mí misma!".
-¡REINER! -gritó Nikolai, llevando ahora dos espadas flameantes en rosado tirando a violeta-. ¡Vamos, éste es el segundo round!
El Titán Acorazado bufó un vapor ardiente y arremetió contra el chico, llevándose por delante edificios que se desplomaron como montones de paja.
Niko dio con su anclaje en una zona desprotegida de la coraza ubicada en los gemelos y, al volar cerca de ella la tajeó, dejando un rastro ardiente que sacó de equilibrio a Reiner.
"Tsk… nada mal. Sí que has entrenado para esto, dudo que la última vez que nos vimos pudieras herirme tan fácilmente. Buen movimiento, pero necesitarás más para vencerme".
El Acorazado arrojó un golpe, luego otro. Niko los evadió, volando alrededor de su enemigo y limitándose a hacer ataques rápidos.
"Tengo que cansarlo, aunque me estoy desgastando a mí mismo. Ahorrar hojas no es problema con el fuego, pero como me quede sin gas seré blanco fácil" analizaba frenético el joven capitán.
El grupo de Hange se acercó veloz por la retaguardia del Titán Acorazado. Éste se volteó justo cuando Dosu extraía su pistola de bengalas.
"Así que ustedes también llegaron. Han de haber adivinado que mi objetivo eran los caballos… pero desde mi posición tardaré muchísimo en cruzar el muro y eliminarlos. Niko, Eren y Mikasa son mis principales preocupaciones, pero incluso transformado, Eren es vulnerable a mis ataques blindados. Más allá, no hay nada de que temer, nadie más puede dañarme con esas espadas".
-¡CEGADORA! -aulló Dosu.
Todos los presentes cerraron los ojos. Reiner se puso en guardia pensando que se le venía un espadazo fácil de repeler, se vio cegado por completo. Le dolió la vista y se restregó en un intento de sopesar su malestar. Friedrich no pudo evitar reír al ver a una bestia de semejante tamaño realizar movimientos tan desesperados.
"¡MALDITOS! ¡¿QUÉ ME HAN HECHO?!"
-¡Ataquen! -exclamó Hange, al tiempo que el grupo faltante aparecía y descargaba sus lanzas sobre el punto débil de Reiner.
El estallido fue espectacular. El Acorazado rugió y lanzó golpes sin ver su objetivo.
-Está por pasar el efecto, dispérsense -ordenó la de anteojos.
"Ese es su plan" pensó Reiner. "Conque armas nuevas. Yo también puedo jugar a eso".
Las manos del titán se vieron endurecidas, y en sus dedos se formaron punzantes garras.
-Eso cambia las cosas -comentó Niko-. Pero creo que puedo encargarme.
-Recapacita -replicó Dosu-. Tú también hiciste pruebas con tu poder, igual que Eren. Si aumentas demasiado tu temperatura, derretirás el endurecimiento como si fuera hielo, pero te forzarás y serás inútil contra el Titán Colosal.
Sus compañeros recordaron las increíbles sesiones de testeos que estuvieron a cargo de Hange.
Un mes atrás
-¡YAJUUU! -festejó la mayor-. ¡Eso está excelente!
Niko volvió a posar sus manos sobre el titán de Eren, que había sido endurecido en una prueba reciente. Sus palmas se encendieron y después de unos segundos la superficie brillante que hizo contacto con él quedó liquidada.
Dosu acomodó sus lentes y se acercó a su amigo.
-Calor y tiempo es lo que necesitas -analizó-. Tanto la naturaleza del material como la de tu poder son inexplicables para nosotros aún. Todavía más inexplicable es que esta sea la única forma conocida de deshacer el endurecimiento aparte de romperlo a base de golpes producidos por titanes cambiantes.
-Todo apunta a que ambas capacidades tienen algún tipo de relación -expuso Moblit-. Digo, hasta hace poco nadie creía que un humano pudiera convertirse en titán, y ahora estamos intentando mejorar el desempeño de alguien así. Podría haber muchos más como tú, Niko.
El nombrado había ponderado acerca de esa posibilidad, pero la escasa información que poseía no lo dejaba conjeturar fuera de un esquema reducido.
Más gente como él, con el poder de asesinar titanes tocándolos y volverse por unos momentos el hombre más fuerte de la humanidad (o al menos esa era la sensación que inspiraba desplegar su habilidad).
De vuelta al presente
-No seas idiota y guarda tus fuerzas -continuó el de lentes.
-Eren, es tu turno -dijo Hange.
-¡Sí!
El de ojos verdes saltó desde el tejado en el que se encontraba. Su hermana gritó su nombre, y esto lo sacudió por un momento. En una fracción de segundo se repuso y enterró los dientes en su mano mientras evocaba todas las vivencias junto a los traidores en los pasados tres años.
Un relámpago lo envolvió.
Del destello surgió su forma de titán, con los ojos fulgurantes y ansiosos de venganza.
-¿Qué haces aquí aún? -preguntó Erwin.
Mike vio cómo Marlo y Arthur intentaban guiar a los demás cadetes y mantener la moral alta. Otro haz de luz abrió el firmamento, colocando a Ymir como participante activa de la batalla.
-Ya hay heridos -pronunció al rato.
-Sí, incluso los de tres metros son problemáticos. Hemos perdido fuerzas, a varios de los mejores.
-Dejamos atrás a nuestros amigos y compañeros para llegar hasta aquí. Algunos se quedaron por voluntad propia.
Ambos oficiales callaron unos segundos. Sus expresiones eran las de dos hombres que estaban muertos por dentro.
-¿Recuerdas los días en la academia? ¿Cuánto nos llenamos la boca hablando de la teoría que mi padre tenía? ¿La que decidimos abrazar y usar como guía para nuestras vidas?
-La misma teoría que aterrorizó a Nile en el último segundo -Erwin agachó la cabeza-. Por esa teoría Iván decidió que quería ser comandante y ver que tuviéramos razón. Al final, él y T se sacrificaron por ti, por esa idea.
-Me cuesta creerlo. Tenían dos hijos a los que criar y amar. ¿Eso valía menos que un sueño?
-Sabían que algún día su propia sangre nos acompañaría a la victoria, que su hijo se volvería un soldado para proteger a su hermana, y en el camino se cruzaría con la posibilidad de un mundo más grande de lo que jamás imaginó. Pienso que eso los alentó a no hacerle asco a la muerte en esa expedición.
-Tenemos un sueño. Lo teníamos entonces y lo tenemos ahora, aún si pretendimos olvidarlo cuando nos graduamos. Lo seguimos compartiendo en silencio, ni un instante pasó en el que ese mundo prohibido saliera de nuestras mentes. ¿Miento?
-No.
-Iván ansiaba ser un comandante… por mí. Él cuidó de mí como si hubiera sido un hermano mayor. No quería que acabara enviando a otros directo a su perdición, por más que eso implicara cargarse ese peso a la espalda. Y murió cuidando de mí de la misma forma que cuando éramos niños, con firmeza, pero… tan familiar, que no me importa si no nos unían los genes. Iván era mi hermano, como tú, Hange y Teodora.
Mike no contestó. En un acto impropio de un oficial, vio sin reaccionar cómo un titán le arrancaba la pierna de un mordisco a una cadete que fue inmediatamente rescatada por un legionario de mayor rango.
-Nos engañamos -reanudó Erwin-. LOS engañamos, a todos. Y ahora… estamos parados sobre una montaña de cadáveres.
Los amigos sintieron que alucinaban.
Mike vio los rostros de Gelgar, Nanaba, Henning y Lyne viéndolo con resentimiento. Las botas aplastaban la espalda de la rubia de cabello corto, que le recordó a la cadete desmembrada unos momentos atrás.
Erwin se encontró con las miradas de Ness, Nifa y su padre. Éste último tenía el pecho oprimido por la suela de su propio hijo.
-Y aún así, no dejo de pensar en ese sótano -volvió a hablar el manco-. Aunque… la misión fracase, tal vez pueda ir ahí antes de morir. Poco importa si puedo demostrarlo en público, saber la verdad de este mundo me dará la paz y el valor para afrontar mi castigo.
El de barba miró directamente a su hermano de armas.
-Zackly estaba en lo correcto -dijo Erwin, sonriendo desanimado-. No me interesa en realidad la humanidad… sino mi sueño. Haría lo que fuera, mataría a cualquiera, le vendería mi alma al demonio mismo si eso me da la oportunidad de verlo vuelto realidad.
-Nuestro sueño -corrigió Mike-. Yo también dejé morir a mis hombres. Luché codo a codo con el hijo de Iván, y probé que nosotros no somos la salvación de la humanidad, sino él, y todos quienes lo acompañan. Hemos quedado atrás, Erwin. Nuestros amigos también. ¿Qué nos queda?
El sub-comandante cambió su rostro por uno de cólera.
-¡Nada, excepto luchar!
Mike se arrojó al vació. Disparó sus anclajes al cuello de un titán de cuatro metros, giró en el aire, gritó y descargó sus cuchillas.
Friedrich miró a Jean, Sasha y Connie a su derecha. Por la izquierda aguardaban Mina, Moblit, Hange, Dosu y Niko. Algunos legionarios tomaron posición en edificios cercanos.
Eren lograba dominar a Reiner de forma inesperadamente simple. Por más que el Acorazado lograra acorralarlo contra el suelo por un momento, Eren se las arregló para contraatacar y volver a tomar a Reiner en la llave que había aprendido de Annie. Esto produjo sensaciones mixtas en el pelilargo, pero no iba a dejarse cegar por sus sentimientos otra vez.
-¡Es nuestra oportunidad! -anunció Hange-. ¡Tiene la nuca descubierta y dañada, acabémoslo!
Mina no dejó pasar un solo milisegundo y se precipitó a atacar. Clavó furiosa su lanza trueno en el punto débil de Reiner, y sus compañeros la siguieron.
Reiner miró hacia arriba: Las puntas de acero estaban cernidas sobre él, y brillaban.
-¡Alto! -gritó, justo antes de la explosión.
-¡¿Lo matamos?! -cuestionó Jean.
El Titán Acorazado volvió a proferir un alarido bestial. Después, su cuerpo se destensó. Eren se lo quitó de encima, el cuerpo inmóvil cayó boca abajo.
Reiner sobresalió de la nuca, sin rostro ni la mitad de su cráneo.
-¡Lo hicimos! -celebró un soldado-. ¡Le volamos la puta cabeza!
Friedrich corrió la vista, evitándose un revoltijo de tripas, Dosu se acomodó los lentes y Niko simplemente hizo de espectador, inexpresivo. Connie y Sasha comenzaron a llorar, y Jean interrumpió su alegría para reprenderlos.
-¡¿Qué les pasa?! -exclamó zarandeándolos.
-Jean -lo calmó Dosu, colocando una mano sobre su hombro-. Esto aún no termina.
"Bertholdt no se muestra todavía. Hay algo que falta, algo… no cuadra".
-Ni siquiera pudimos pactar con él -dijo Armin.
-¿Por qué lo haríamos? -habló Niko-. No sé por qué creíste que era una buena idea.
-Hiciste lo que todos hubiéramos tratado -agregó Historia-. Incluso habiendo hecho lo que Reiner hizo… él era nuestro compañero.
-Falso -dijo Friedrich-. Yo no estoy relacionado de ninguna forma con esa basura más que de la forma en que se relaciona un gato con una rata común. Lo que haya pasado antes de ahora no tiene peso alguno.
-¿Qué hay de Annie? -preguntó Jean.
Friedrich lo miró y se encogió de hombros mientras resoplaba.
De improviso, el Titán Acorazado emitió un alarido final, desde el suelo.
-¡Bastardo! -exclamó Dosu-. ¡Acaba de llamar a Bertholdt, hay que alejarse!
Mike miró hacia la muralla detrás de él.
"¿Lo habrán matado?" pensó.
El sub-comandante clavó los ojos en el Titán Bestia. Éste agarró un objeto de la espalda de su acompañante cuadrúpedo y, con un movimiento similar con el que había acabado con el caballo de Mike, lo arrojó, pasando este por encima de la muralla.
-¡Arriba! -señaló Nikolai-. ¡Nos caerá encima! ¡Ustedes vayan, ahora tengo que acabar con él de una vez por todas!
Eren bufó, pero el de cabello atado replicó usando una mirada muda y fulminante. El titán se retiró a una distancia segura junto con el resto de compañeros, menos uno.
-Armin, ¿qué haces? -dijo el joven capitán.
-Quiero… tengo que intentarlo.
Los dos vieron cómo Bertholdt pareció cambiar sus planes al ver a su amigo derrotado. Bajó usando el equipo de maniobras hasta él.
-Reiner… si puedes oírme, mueve tu cuerpo aunque sea un poco. Si no, lo siento, pero prepárate para lo peor.
El castaño miró una cuadra adelante. Dos figuras lo esperaban en un tejado.
-Armin, ¿entiendes que si se transforma yo no podré protegerte? -preguntó Nikolai.
-Sí. Tú tampoco sabes si sobrevivirás a la explosión.
-Tengo más chances que tú, si a eso vas. Durante las pruebas me dispararon con todo tipo de armas y ninguna me causó más que comezón. Por otro lado, no quiero tener que llorar otra pérdida.
-No lo harás. Mira -el pequeño rubio se adelantó y enfrentó al atacante-. ¡Bertholdt, espera!
El nombrado se detuvo algunos metros antes de alcanzarlos.
-Armin, ¿qué quieres? -inquirió Bertholdt.
-¡No tiene que morir nadie más! ¡Negociemos!
-Si negociamos, ¿accederán a morir todos? -Armin se sobresaltó-. Aquí está mi oferta: Entreguen a Eren, y luego que se extinga la humanidad de las Murallas -la sangre de Niko se caldeó, pero Armin mantuvo la compostura-. ¡Esa es la verdad, sin mentiras ni trucos! ¡Accedan y todo acabará rápido!
-¿Quién decidió eso?
-Yo…
-¿Cómo? ¡Habla más alto!
-¡Yo, aquí y ahora!
Armin se sorprendió, pero no dejó de lado su astucia.
-¡Qué lástima, ya me estaba cansando de oír los gritos de Annie! ¡Sólo tú puedes salvarla de los salvajes de la Policía Militar, a este paso la usarán de pienso para…
-¡Adelante, dénsela de comer a los cerdos si quieren! -interrumpió el castaño antes de intentar alejarse.
Armin intentó seguirlo. Justo cuando él y Bertholdt iban a trabar espadas, alguien se interpuso.
-Armin, vé con los demás -ordenó Dosu.
-¿Qué pasa? ¿No íbamos a negociar? ¿Creías que perdería la cabeza si mencionabas a Annie? Engañar al bueno de Bertholdt, ese seguro era tu fin.
-¿Otra vez enfrentándome? -habló el de lentes-. Hace meses estuvimos en la misma situación, cuando mataron a Sawney y a Bean. Sólo que ahora no están tus compañeros para darte una vía de escape. No importa cuánto lo intentes, no saldrás vivo de Shiganshina -sentenció, apuntando su arma contra Bertholdt.
-¿Por qué aceptaste negociar si esta es la única opción? -preguntó Armin.
-Porque…
-Querías probarte que no te quebrarías de vuelta, igual que la vez que secuestraron a Eren -las gafas de Dosu centellearon-. ¿No es así?
-Correcto. Sí, los considero mis compañeros, y por eso tienen que morir.
-De acuerdo.
Dosu se impulsó a una velocidad aturdidora y su espada chocó con la de Bertholdt.
-¿Esto es lo que ves en nosotros? ¿Demonios?
-No, no son tal cosa. Ustedes no han hecho nada malo, pero tienen que morir. No hay otra salida -repitió el portador del Colosal mientras forcejeaba, tratando de que su espada superara a la contraria.
Bertholdt logró zafarse del combate y esquivar por muy poco el ataque sorpresa de Niko.
-Vuelvan con los demás y guarden la distancia de una puta vez -ordenó el capitán.
-Bertholdt… ¡Va en la dirección de la mayor Hange! -exclamó Armin.
Los nervios de Niko y Dosu se erizaron. El de pelo atado hizo girar las hojas en sus manos y les reiteró la orden previo a precipitarse en la persecución del castaño.
Ymir devoró la nuca de un titán de tres metros y se sostuvo de la muralla para apreciar mejor el panorama.
"Aún quedan muchos enemigos, y cada segundo nos cuesta hombres. Sin los veteranos, la línea frontal no resistirá. Tengo que ir con Historia antes de que esto se vuelva un caos, al menos podré sacarla de Shiganshina a salvo y volver a Trost".
Los pensamientos de la pequeña titánide se vieron perturbados por un descomunal temblor, seguido de una luz que lo cubrió todo. Luego, el terror la invadió.
"Si Bertholdt se transformó… significa que… ¡HISTORIA!".
Ymir trepó a todo lo que su cuerpo le dio el muro.
-¿Adónde demonios va? -cuestionó Mike, jadeante y transpirado.
"Lo de recién debió ser el Colosal. En ese caso, Niko ya ha de estar buscando la manera de sacarlo del juego. Por ahora Levi y yo nos centraremos en liquidar al lanudo".
Una diminuta piedra pasó frente a los ojos del sub-comandante, y de pronto, el perfume metálico de la sangre asedió su sentido del olfato.
Sobre las casas se levantó una nube roja. Los reclutas gritaron de horror.
-¡Corran hacia la muralla! -aulló Mike-. ¡Levi, sígueme!
El nombrado y los que debían ser los últimos dos oficiales con vida se reunieron detrás de la última línea de viviendas, resguardándose momentáneamente del bombardeo.
-¿Cuál es la situación? -preguntó Levi.
-La peor: Ymir se retiró hacia el interior del distrito, Hange y los demás podrían estar muertos, y los escuadrones de Dirk, Marlene y Klaus fueron triturados en el primer lanzamiento del Titán Bestia, junto con las casas delanteras. A este paso limpiará toda la zona -dijo Erwin-. Así que, al parecer, solo quedamos nosotros tres y los reclutas.
Otra andanada de piedras golpeó la muralla.
-Si ya no hay forma de contraatacar, retirémonos. Al menos que Erwin y los demás se suban a Eren e Ymir y que escapen, para que sobreviva alguien -sugirió Levi.
Mike gruñó furioso y le echó una ojeada a los cadetes.
-¡¿Qué pasa contigo?! -reprendió Marlo a un pelirrojo carente de optimismo-. ¡Esos caballos estaban a tu cuidado!
-¡Da igual, ya no sirven! Estamos… condenados. Caballos o no, todos vamos a morir -contradijo el recluta.
El pelirrojo comenzó a lamentarse y rememorar una idea de heroísmo que para entonces estaba vacía de significado.
-¿Tanta fe te tenías, Floch? -habló Arthur, de espaldas a sus compañeros-. Te envidio por eso. Yo siempre supe que no era especial, ni importante solo por llevar un uniforme. No califiqué como uno de los mejores de mi promoción, ni fui jamás una pieza clave de ninguna operación de la Legión, y aparentemente nunca lo seré. Tú también, eres nada más un transferido que apenas se entera de que no es especial. Esos dementes dentro de la ciudad que están luchando contra el Colosal sí lo son. Estos tres hombres, que cargan con la responsabilidad de todas nuestras muertes sí lo son. Tú, yo, los demás reclutas, ¿tenemos que forzarnos a creer que también lo somos para poder morir en paz?
Terminó de hablar y volteó a ver a sus compañeros.
-Ninguno volverá a ver a sus familias. Yo no volveré junto a mi novia, y eso es casi un hecho. Así que es lo mismo a partir de ahora. Morirás allí en el frente o pegado a la muralla, pero morirás, por lo que no le veo el caso a que sigas instándolo a luchar, Marlo. Si esa es su decisión, déjalo.
El trío de oficiales admiró en silencio al muchacho.
-Levi, vé con Niko y los demás -dijo Erwin-. Si él logró encontrar alguna forma de tumbar al Colosal, le serás de ayuda.
-Con ese fuego él debe de poder solo, seré más útil aquí.
-No con el plan que tengo en mente. Nos queda solo una forma de contraatacar. Sin retirada, ni rendición. Pero necesito a Mike para esto. Apúrate y verifica que no todos murieron.
El hombre bajo sostuvo su mirada en la de Erwin, pero siguió la indicación y trepó la muralla.
-¿El capitán se retira? -cuestionó una cadete.
Los dos oficiales rubios caminaron en silencio hasta el porsche de una casa. Erwin tomó asiento y suspiró.
-Yo quería ver ese sótano -se lamentó-. Pero veo que eso no será ni siquiera una posibilidad remota. Está aquí, al alcance de mi mano, tanto que ya puedo palpar el picaporte de su maldita puerta.
-¿Vas a morir?
-Tú sabes que sí. Levi también, y si Hange sigue viva, igual. Moriré sin ver realizado mi sueño, igual que Iván.
Quince años atrás
-Oye -Mike tomó por el antebrazo al pelinegro, el cual se giró sorprendido-. No debiste decir eso frente a ella. ¿Pensaste en lo mucho que la afectará, o al bebé?
-No… no. Es cierto, debí controlarme. Pero no lo ví en su momento. Lo siento, pero aún tengo dudas.
El rubio notó en los ojos de su amigo un desasosiego que nunca antes había captado en él.
-No sé a qué le temes, y probablemente sea poco más que una paniqueada tuya que se alargó más de la cuenta…
-Quiero que así sea -interrumpió Iván-. Comandar a un soldado que no conoces a una muerte segura es una cosa… pero cuidar de una vida a la que tú concebiste es otra, distinta en todos los aspectos. Hay algo que hace pesar esta clase de cosas mucho más que un regimiento entero.
El rubio y el pelinegro se quedaron fijos en el otro, sin moverse ni mutar sus rostros.
-Serás un buen padre -habló Mike al cabo de unos segundos.
-Sí… intentaré serlo.
De vuelta al presente
-Si hubiera alguna forma de…
-No la hay -interrumpió Erwin-. Ya lo comprendo. Ellos lo supieron igual cuando murieron: No había otra salida. Para salvarme debían sacrificarse, y ahora me toca imitarlos. Yo haré de carnada al lado de los cadetes, así podrás alcanzar al Titán Bestia desprevenido.
-Usaré los titanes enfilados para aproximarme, ¿verdad?
-Ajá.
-¿Abandonarás tu sueño y morirás? ¿Así como así? Pasamos de ser seis reclutas ansiosos a tres oficiales moribundos persiguiendo un sueño imposible.
-Dos si Hange también murió, y uno dentro de poco. Serás el último de nosotros. Si lo logras, mantendrás vivo nuestro legado. Cumplirás mi sueño, sentirás mi admiración cuando descubras la verdad. ¿Los ves, Mike? ¿Ves a nuestros camaradas caídos?
El aroma del alcohol barato y las frutas se implantaron en la nariz del nombrado por un instante. Desapareció tan rápido como llegó.
-Quieren saber qué les pasó a los corazones que entregaron… porque la lucha aún no acaba.
Otra descarga acribilló el lugar. Mike le extendió una mano a Erwin, éste la aceptó y se incorporó.
-Incluso ahora suenas como un niño ilusionado -dijo-. Desde siempre lo hiciste. Eso me convenció de perseguir junto contigo este sueño inalcanzable. Pero ya no hay vuelta atrás. Avanza por una última vez, hermano, y yo me aseguraré de entrar primero que nadie en tu nombre a ese sótano. Mataré al Titán Bestia. Acataré tu orden final, comandante.
Erwin se maravilló al oír esas palabras. Su mano y la del de buen olfato se apretaron con fuerza y nostálgico valor.
-Gracias, Mike.
-¡Oye! -gritó Jean-. ¡Dinos qué hacer, tú estás a cargo ahora!
Nikolai analizó al gigante carente de piel que hacía destrozos por toda Shiganshina, incendiando lentamente la totalidad del distrito.
-Dosu, llévate a todos lo más lejos que puedas -indicó el de pelo atado-. Te dejo al cuidado del escuadrón.
-Jean sería un mejor líder.
El nombrado quedó boquiabierto.
-¿Seguro?
-Él sabe lo que hay que hacer en situaciones de riesgo como éstas. Yo diría que es la mejor decisión.
-Bien. Jean, quedan a tu cargo. Váyanse tan lejos como puedan, esto se va a poner feo. Súbanse a Eren, traten de ahorrar gas.
-¡Iré contigo! -exclamó Mina.
-No. Quédate con ellos, y guarden la distancia con el Titán Colosal.
-Con las lanzas trueno puedo hacer aunque sea algo de daño.
-Los equipos de maniobras no funcionan contra el vapor. Las va a repeler de igual manera.
-¡Si yo…
-¡MINA, ES UNA PUTA ORDEN! ¡LARGO DE AQUÍ ANTES DE QUE ESTO EXPLOTE! -rugió el muchacho. Ella enmudeció de pronto y su ánimo se desplomó.
-Hay que apresurarse, movámonos -dijo Jean, sonando calmado respecto a la situación.
-Todo estará bien -intentó confortarla Historia.
Nikolai se quedó solo, contemplando a su enemigo.
"Espero que no me odies por eso" se disculpó interiormente. "Pero como oficial al mando, creo que debo preservar las vidas de mis camaradas ante todo lo demás. Todos ustedes me han llevado a ser lo que soy, a veces a comportarme de la peor forma y a dirigirme a ustedes pésimamente con tal de protegerlos. Si no puedo salir vivo de esta, que es lo más probable, ojalá sepan que los aprecio como a nada en el mundo, y que soy el que más afortunado se siente de haber luchado junto a ustedes".
Las espadas del chico se incendiaron otra vez.
-¿Qué eres en verdad? -preguntó, recordando palabras que lo aterraban y que seguro estaban relacionadas con esas llamas tan únicas.
"Tú la mataste. La mataste"
-Sé que el fuego, mis sueños, incluso esa voz en mi cabeza están conectadas de alguna manera. Hay un misticismo detrás de todo que me quita el sueño, y ahora puede que nunca llegue a resolverlo.
A lo lejos, Mina comprobó horrorizada que el barrio en el que había crecido se había evaporado cuando Bertholdt se transformó.
-Esto es entregar el corazón. Mamá, Papá. Llegué adonde ustedes estuvieron tan rápidamente que no me dí cuenta. De esta forma tan repentina, es como me encuentro en una situación mortal. Sacrificarse para permitir que nuestros seres queridos puedan vivir, combatir hasta que en ti ya no queden fuerzas y cualquier esperanza de sobrevivir se haya esfumado, siempre desde la autosuficiencia, sin depender ni exponer a nadie más que a uno mismo, pero jamás disponerse a dar un paso hacia atrás, en retirada. ¿Eso es tener honor, Padre?
Nikolai, en un parpadeo, se vio envuelto en llamas.
"Bertholdt, deberías saber que si juegas con fuego, terminarás quemado. No sé qué es de Mike, Erwin y Levi, pero puedo imaginar que los titanes de afuera les habrán dado problemas, si no se los han comido ya. En ese caso, lo siento, Mike, por seguir debiéndote ese trago".
La idea de que sus superiores estuvieran muertos acrecentó la ira dentro del chico. Las espadas giraron en sus manos, y el Titán Colosal no logró evitar voltear al oír un alarido estremecedor.
-¡¡TRAIDOR!! -le gritó Niko.
Luego, él se precipitó clavando sus anclajes por donde se pudiera y eludiendo los pedazos de casas incendiadas.
-¡AHORA PROBARÁS LA FUERZA DE LA HUMANIDAD! -exclamó, antes de hacer el primer corte.
-¡Ymir! -Historia se acercó a la nombrada que la alcanzó a ella y al escuadrón-. ¿Dónde están el capitán Levi y los demás?
-Ni idea, yo vine aquí cuando ví que Bertonto se transformó -explicó la castaña, saliendo de la nuca de su titán.
-¡No debiste abandonarlos! -reprochó la rubia.
-De hecho, esto es positivo -habló Dosu-. Ymir, llévate a Historia de vuelta a Trost. Tenemos compañía otra vez.
El de lentes apuntó con su hoja al Titán Acorazado, repuesto de sus heridas.
-¡De ninguna manera, yo no me moveré de aquí!
-No estoy preguntándote. Tu vida vale más que las nuestras. Sin una reina legítima, la humanidad perderá todas sus posibles oportunidades de avanzar. Debes vivir. Jean, eres el que está a cargo, ¿qué dices?
-Tiene razón -apoyó el líder provisorio.
-Al fin dices algo coherente -dijo Ymir, volviendo a meterse en su titán.
La futura esposa de la reina la tomó con una mano. La pequeña rubia forcejeó y exigió que la bajaran, en vano.
-¡Prepárense, hay que eliminarlo de una vez! -aulló Jean.
Eren se puso en guardia y todos se bajaron de encima suyo. Sus puños se endurecieron y su mandíbula pareció apretarse aún más.
-¡Ymir, déjame! -gritó Historia.
-Historia -Dosu giró levemente su cuello para verla-, hay hombres, mujeres y niños que rezan para que su reina vuelva sana y salva. Concédeles a tus súbditos un gramo de alegría al menos. Vé, y haz que los huérfanos sonrían de nuevo junto a su Diosa de los Campos.
Ella permaneció ojipltática al oír esto, luego cortó los dedos que la atrapaban.
-¡Seguiré luchando! -sentenció Historia.
Ymir se paralizó y los lentes de Dosu brillaron.
-Querías que fuera honesta, pues aquí me tienes. Soy la Reina de las Murallas, y de ninguna manera me echaré para atrás cuando mi gente más me necesita.
Dosu no mostró ningún tipo de oposición. Asintió y devolvió la vista a Reiner.
Eren rugió y cargó contra éste sin piedad.
Las pezuñas de los caballos resonaron hasta lo más interno del comandante. Cada paso que daban lo acercaba más a la muerte. Los proyectiles se avecinaban. Le quedaba poco tiempo antes de ser alcanzado por uno, y no consiguió mejor manera de hacerle frente a su destino que arengando a sus hombres mientras recordaba el peor día de su vida.
-¡RABIA, MIS SOLDADOS! ¡GRITEN, MIS SOLDADOS! ¡LUCHEN, MIS SOLDADOS!
Cinco años atrás
-I-Iván… -balbuceó Erwin.
El nombrado yacía en el suelo, carente de un brazo y ensangrentado en su totalidad. A su lado se hallaba su esposa tendida, pálida y fría, sin piernas.
-Mierda… -gruñó Iván-. Ya no tengo espadas -comentó, comprobando que sus últimas hojas estaban quebradas-. De todas formas, ya no puedo continuar. Me voy a desangrar… ¡Cof, cof!
-¿Por qué? -cuestionó el rubio.
Alrededor de los amigos se extendía un espeso bosque. Los cadáveres mutilados de legionarios y algunos más recientes de titanes decoraban el lugar.
-¿Cómo que por qué, idiota? Eres mi hermano de armas… esto es lo que se debe hacer cuando alguien de nosotros está en peligro, sin importar el resultado.
-¡No! ¡Tú tienes familia! ¡No puedes morir así! -se desesperó Erwin-. ¡Tus hijos te esperan en casa, y es Teodora quien está ahí! ¡Debiste dejarme y huir, tú tenías algo que perder!
-Igualmente habría perdido a mi hermano. Esto sólo me perjudica a mí, y ella me siguió porque fue su voluntad. Mis hijos… quisiera poder despedirme de ellos, o verlos al menos. Sabíamos que tarde o temprano alguno moriría, y me tocó primero a mí y a mi esposa. No huiré de las consecuencias de mis actos. Hemos criado a Nikolai para que sepa cómo vivir sin nosotros. Lleva mi sangre y la de ella… nada le pasará. Nada...
Mike llegó al galope acompañado por Levi, con la cara desencajada en una mueca de horror.
-No… ¡No! -exclamó, incorporándose sobre su amigo-. ¡Maldición, Iván!
El hombre bajo miró a Teodora y agachó la cabeza, consternado.
-Oye, ya -tranquilizó Iván al de buen olfato.
-Estoy soñando. Voy a despertar y… tú…
-¡Ya basta! Eres un soldado, ambos lo somos. Entrenamos para esto, cada día luchamos conscientes de que esto iba a pasar algún día. Ya no hay nada que hacer. Moriré, pero al menos será junto a la mujer que amo.
Iván estiró débilmente su brazo y agarró la mano de Teodora. Se tomó su tiempo para quitarle el anillo plateado de su dedo. Después se quitó el suyo, dorado, y se los dio a Mike.
-Haz que le lleguen a Niko -el hombre se detuvo un momento para mirar al cielo y, para el asombro de los tres presentes, mostrarse alegrado-. Ahhh… mis niños… tienen sonrisas hermosas. Es una lástima… que yo ya no pueda velar porque sigan iluminando sus rostros. Es… una lástima…
Y por fin, la vida se le escapó en un último, sonriente suspiro.
De vuelta al presente
Aunque no tan grande, la piedra que impactó en el abdomen de Erwin fue más que suficiente para condenarlo. Se tambaleó junto con su blanca montura, y luego cayó.
-¡El comandante! -gritó Floch.
-¡No mires! -lo alentó Marlo-. ¡AVANCEN!
Arthur observó cómo el Titán Bestia se preparaba para lanzar de vuelta.
"Ya me toca" pensó, calmado y con resignación. "¿Por qué sonríes, Marlo? ¿Piensas en Hitch? Debe ser eso. También me tranquiliza pensar en la persona que tiene ese lugar en mi vida. No nos salvaremos de esta, pero… hoy morimos por ellos".
De cara al nuevo lanzamiento, el pelinegro escupió un alarido brutal mientras disparaba su bengala y desenvainaba su espada en un acto inútilmente épico.
Después, todo fue oscuridad.
Eren lanzó un golpe, luego otro, y otro más. Reiner los evadía con movimientos pesados, y a la vez mantenía a raya a Ymir, quien con sus garras laceraba donde podía las partes no protegidas por su armadura.
"El Colosal se vé como si peleara contra algo" analizó Dosu, pues en en efecto la enorme figura de carne lanzaba manotazos destructivos hacia algo que por la distancia era imperceptible a la vista. "Niko lo mantiene ocupado por ahora, y tenemos a Reiner justo donde lo queremos. El único problema es que ya andamos cortos de lanzas. Fred, Mikasa, Mina, Jean, Connie y Sasha aún tienen, y es una por cada uno. Si apenas lográramos debilitar a Reiner sin gastarnos las seis lanzas, podríamos darle algo de apoyo a Niko, u ocuparnos del Titán Bestia si aún permanece allí".
-Su guardia es infranqueable -dijo Armin-. No parece haber forma de romperla.
El de lentes se fijó en el combate que libraban los tres titanes: Reiner conseguía alejar a Eren evitando así una de sus llaves, y al no tener Ymir la capacidad de endurecerse, perdía mucho tiempo al momento de calcular el lugar y momento de dirigir sus ataques. Sus manos se desgastaban rápidamente, por lo tanto quedaba fuera de combate algunos segundos hasta que se regenerara. Eren era quien se cargaba la mayoría de la lucha en sus hombros.
"Sus hombros… lo tengo".
-Friedrich, Mikasa -habló Dosu.
-¿Qué pasa? -preguntó la oriental.
-¿Creen que puedan apuntar sus lanzas a la parte inferior de los hombros de Reiner?
-¿Qué? ¿Para qué? -cuestionó el rubio.
-Si logran destruir sus articulaciones, su defensa perderá estabilidad y Eren logrará sacarlo del titán.
-Buen plan -acotó Jean-. Yo puedo atacar su brazo derecho, necesito alguien que me acompañe.
-Yo -se adelantó Mina.
-Hace falta que uno de nosotros distraiga a Reiner con una bengala cegadora. Puede que afecte a Eren y a Ymir pero si el plan funciona no importará.
-Déjenmelo a mí -habló Armin.
-¿Estás seguro? -preguntó Jean, no del todo convencido.
-Totalmente. Confíen en mí.
Los cuatro legionarios se prepararon para atacar. Eren los vio, y entendió a la perfección.
Armin se colocó en un tejado del lado derecho de la calle, oculto detrás del relieve curvado. Esperó pacientemente, sin perderse el más mínimo detalle de la lucha. En un momento dado, Reiner tomó a Ymir por los pelos y la arrojó contra Eren. Estos cayeron sonoramente el suelo.
Ni corto ni perezoso, el pequeño rubio se impulsó con sus anclajes hacia el techo de una casa paralela a su posición. Pasó en un segundo frente al rostro de Reiner, apuntó la pistola y jaló el gatillo.
Los ojos les ardieron, tanto a los titanes como al chico, que por la adrenalina no llegó a cerrar los ojos. Eren tampoco lo hizo, se había quedado pasmado con el accionar de Armin.
El pequeño rubio se desplomó de espaldas sobre el techo. Las tejas se quebraron debajo suyo y el cuerpo se le hizo imposible de levantar, pero cumplió con su objetivo.
-¡VAMOS! -exhortó Jean.
El cuarteto arremetió.
Mikasa y Friedrich, siendo más veloces que sus compañeros, no tardaron en enterrar sus armas en el punto indicado. El rubio pelilargo tiró del alambre que controlaba la detonación de la lanza con más enojo que otra cosa.
Jean y Mina llegaron unas fracciones de segundo más tarde, pero igual cumplieron con su tarea. Cada par descendió sobre unas casas cercanas en el momento en que las lanzas explotaban y la ceguera de los titanes permanecía.
Reiner bramó furioso al no poder levantar su guardia.
La de coletas, aún así, no se permitió festejar su acierto. No mientras los traidores siguieran con vida. Extrajo sus hojas y se lanzó al ataque.
-¡Espera! -intentó detenerla Jean.
Mina cortó por donde pudo, mas no para matar (de inmediato).
"Ustedes me quitaron a mi hermanita, y veré que mueran por eso. ¡Si tengo oportunidad los asesinaré personalmente!"
La sangre cubrió el cuerpo de la chica que no desperdició una ráfaga de gas, valiéndose de la falta de orientación que padecía Reiner.
Eren se levantó y sus puños volvieron a endurecerse. Gruñó y exhaló vapor, llamando la atención del Acorazado.
Los ataques de Mina se vieron entorpecidos por los movimientos bruscos que Reiner inició para apartarla. Balanceó su tronco levantando sus brazos flácidos y lanzándolos en todas direcciones.
Mina eludió un golpe y realizó un tajo profundo y recto en una parte de carne descubierta en la nuca de Reiner. Éste, al percatarse, pegó un salto repentino y, tomándola por sorpresa, la alcanzó con una patada corta.
La de coletas voló por el aire y se estrelló en una casa.
-¡MINA! -gritaron Sasha e Historia, que corrieron a auxiliarla.
Dosu abrió la boca, atónito. Con su equipo de maniobras llegó junto a Friedrich, que estaba pálido.
-No creo que alguien pueda salir bien de algo así -dijo el pelilargo.
-El plan se concretó -sentenció Dosu, recuperando la compostura al tiempo que Eren quebraba por completo los brazos de Reiner e Ymir usaba sus dientes para sacar al traidor de su lugar-. Hay un enemigo menos del que preocuparnos. Veamos cómo está Mina y mantengámosla viva todo lo que podamos. Niko se encargará de Bertholdt a su manera.
-¡Chicos!
-Mayor Hange -exclamó Dosu, impresionado y preocupado de que ella ahora careciera de un ojo.
-Reiner…
-Bajo control. ¿Dónde está Moblit?
La oficial arrugó el rostro en una expresión desconsolada y explicó lo sucedido.
-Hmmm… no fue un juego perfecto, pero ese último lanzamiento fue similar a una chuza. Ja, ja, ja. "Chuza", ese es bueno -se regocijó el Titán Bestia.
El gigante peludo giró el cuello y enarcó una ceja.
-¿Qué pasó? ¿Cómo se murieron mis titanes?
Entonces, del humo verde sobre su cabeza, emergió una silueta imponente, de cabello corto y de ámbar, orbes color azul pálido y portante de una sed de venganza sin igual.
El hombre, antes de lanzar el primer ataque, recordó las palabras de aliento que le había dedicado a su estimada compañera rubia el día que todo su escuadrón falleció.
"Uno solo pierde cuando deja de luchar. Mientras sigas luchando, aún no has perdido".
Mike emitió un rugido que heló por completo a su enemigo y arrojó sus espadas directo a los globos oculares de la bestia. Repuso sus armas y eludió un manotazo.
"¡¿Cómo?! ¡No puedo ver nada!" pensó el Titán Bestia.
Algunas horas atrás
-¿Hay algún soldado del que deba preocuparme? -preguntó el rubio de lentes.
-Algunos. Los más peligrosos son el capitán Levi, Mikasa Ackerman y Nikolai Gradost -nombró Reiner
-¡Ackerman! -dijo sorprendido.
-Ajá.
-¡¡Gradost!!
-¿Le suena, jefe de guerra? -inquirió Bertholdt.
-Nop, de ningún lado. Ja, ja.
De vuelta al presente
"Este es… ¿Levi?"
El sub-comandante disparó sus anclajes al pecho del titán, se impulsó hacia arriba y descendió sobre el brazo recién esquivado, cercenándolo a la altura del codo. Corrió por la parte restante de la extremidad y se impulsó con una ráfaga por la espalda repleta de pelo. Enterró su espada derecha y bajó hasta el muslo, derramando sangre sobre él y sobre el suelo, dejando su camino marcado por una abertura en la carne que de inmediato empezó a soltar vapor.
"Mi brazo y pierna derecha… los tengo inutilizados".
Mike utilizó como punto de anclaje la rodilla de la pierna atacada y arremetió contra la pierna intacta. El Titán Bestia no llegó a anticipar nada gracias a sus ojos cegados. Mike cortó alrededor de la rótula, girando sin parar y vaciando cada vez más su tanque de gas. Sus hojas se gastaban con cada corte, pero lo valía. Si hacía pagar a quien estaba dentro del gigante, claro que lo valía.
Por fin la tibia se desprendió con un crujido. El titán se dobló hacia adelante, atinando solo a lanzar un golpe ciego y a mano abierta. Mike fue atrapado en el aire. El titán lo estrujó entre sus dedos y se regocijó. Pero, para cuando quiso darse cuenta, ya no tenía dedos. Mike se liberó convertido en un torbellino de acero y se arrojó a por el ataque final.
-¡¿LO GOZASTE?! -preguntó, bañado en rojo y con su chaqueta derruída-. ¡¿DISFRUTASTE ASESINÁNDOLOS?! ¡AHORA ES MI TURNO DE GOZAR CON TU SUFRIMIENTO!
"¡Endurecer, endurecer!" se desesperó el dueño del Titán Bestia. "¡No podré hacerlo a tiempo! ¡NOOO!"
-¡Esto es por Nanaba, por Gelgar, por Lynne y por Henning! ¡¡¡MUERE!!!
Las dos hojas del rubio trazaron un tajo limpio y largo a lo ancho de la nuca. Mike exhaló un alarido demencial mientras duró el corte, llegando a opacar el grito que pegó el de anteojos al salir de su titán.
El sub comandante sobrepasó los límites de la velocidad conocida por ese hombre y le quitó ambos brazos en un solo movimiento, para luego dar una patada lateral en la sien del sujeto, lanzarlo varios metros y saltar sobre él cuando cayó. El legionario respiraba con pesadez, sus jadeos eran gruesos y guturales. Sus ojos despedían un aura que congelaba cada fibra del cuerpo del dueño del ahora destrozado Titán Bestia.
La espada acercó su punta al rostro del desconocido, mientras la gran mano de Mike se aferraba a su cuello.
-Fin del juego, bastardo. Ya no puedes transformarte, no mientras estés regenerándote. Ahora eres MÍO.
"Pero no puedo matarlo. Erwin debe… tiene que haber sobrevivido. Podemos usar la jeringa de Niko para salvarlo y sumarnos el poder de este tipo".
-¿Eres… Levi Ackerman? -gruñó el dueño del Titán Bestia.
La expresión de Mike se relajó, ahora mostrando desprecio.
-No. Yo soy Mike. Mike Zacharius. ¿Te acuerdas de mí?
-Oh… claro, el grandulón que estaba con el mocoso aquella vez.
El sub-comandante aproximó su rostro al del hombre y olfateó, dejando a su derrotado rival muy confundido. Se alejó y esbozó una sonrisa sarcástica, luego hundió el acero en el estómago de su presa.
De pronto, un nuevo aroma lo distrajo. Volteó. A diez metros se acercaba el titán de cuatro patas, corriendo en su dirección. Soltó al hombre y corrió a enfrentarse al nuevo enemigo. Usó el cadáver del Titán Bestia para impulsarse y estar cara a cara con la criatura, casi cayéndole encima. Entonces el de cuatro patas maniobró hacia la izquierda, logrando despistar a Mike. Él cayó al suelo y rodó, gruñendo de frustración. Para cuando se incorporó, su prisionero escapaba en la boca del titán.
-¡Acaben con él! -ordenó el dueño del Titán Bestia a la fila de titanes que aún se erguía inmóvil.
Mike sintió la desilusión que Erwin habría experimentado.
-Aún no puedes irte. No he acabado contigo -se quejó mientras dejaba caer su chaqueta, luciendo una manga corta ocre, y reemplazaba las hojas gastadas por su último par-. ¡Aún no he dejado de luchar!
Levi se quedó parado sobre un tejado, observando el panorama que lucía la ciudad.
Todo ardía, había un aura de muerte cubriendo la zona como una sábana funesta.
"El Colosal sigue ocupado con el mocoso" pensó. "Todos ahí fuera del muro deben estar muertísimos. Y dentro de Shiganshina… no sé cómo están Hange y los demás".
El hombre bajo se sobresaltó al ver que Niko se le acercaba rápido y envuelto en llamas.
-¡Capitán Levi! -exclamó-. ¿Qué hace aquí?
-Ayudar, supongo. Eso no se va a venir abajo si atacas de a uno -el capitán más veterano extrajo sus espadas y tomó una como si fuera un cuchillo, con la punta hacia atrás-. Veo que estabas dándole a las piernas, nada mal. Cortemos sus tendones y luego vayamos a por sus brazos para que no pueda sostenerse.
El de pelo atado aceptó y los dos soldados se dispusieron a atacar.
Ambos se impulsaron al mismo tiempo y llegaron a los talones de Bertholdt. Levi giraba en torno a la descomunal pierna, rasgando cada centímetro como si fuera a morir en caso de detenerse (en realidad así era). Nikolai utilizaba menos gas y era más lento, pero lo compensaba con el rastro calcinante que dejaban sus espadas y consumía la carne del titán a cada segundo. Bertholdt intentó repelerlos liberando vapor y aumentando su temperatura gradualmente, pero era inútil. A él se enfrentaban quienes con seguridad eran los dos hombres más fuertes de la humanidad, sus enemigos, los de su familia y su patria.
Por fin los tendones cedieron con un estallido que taladró los tímpanos de los legionarios, obligándolos a descender en un tejado que estuviera más o menos intacto.
Levi se apresuró a arrancarse su capa casi reducida a cenizas que comenzaba a incordiarlo.
-Buen trabajo -felicitó el de baja estatura-. Pero siento que tengo mucha menos energía que antes, y me he quemado por todos lados.
-Estoy gastando fuerzas que prácticamente no tengo -expuso Niko-. A este paso no aguantaré consciente por mucho más, tengo que zanjar esto de una vez. Capitán, vaya a buscar al escuadrón de Jean y los demás. Cuídelos por mí.
"No deberías ser tú quien me ordene, niño" quiso replicar Levi, pero entonces se cruzó con algo que lo impidió, algo que notó en los orbes color azabache del chico.
Eran vistosos, confiados y brillantes, y a pesar de no asemejarse a los de su madre, emitían la misma calma, porque mantendrían su brillo pasara lo que pasaba. Brillarían, iluminando todo aquello sobre lo que se posaran. Muertos o vivos, brillarían.
-Como digas, pero si llegas a dejar de respirar, te revivo a patadas, ¿de acuerdo?
-No podría pedir menos…, Levi -rió secamente Niko, tuteando a su compañero de rango como sabía que no le gustaba.
-Suerte, Niko.
"Sangre… siento la sangre fluir por mi frente. Creo que me he roto un brazo. Pero… ¿Sigo vivo? ¿Acaso no me mató esa cosa? Me duele todo. ¿Qué es eso que vuela? ¿Un buitre? Has de venir… a llenarte la puta panza con mis amigos. ¿Seguirán allí? ¿Y el comandante? Tengo… que verlos, si puedo… Aprovecharé las fuerzas que tenga y ayudaré al primero que vea. Quizás por algo… no me tocó morir".
Arthur se sentó con un esfuerzo inmenso. Confirmó que su brazo derecho estaba roto y su pierna izquierda perforada a la altura del fémur por una roca que seguía alojada entre su carne. Miró a su alrededor: Su caballo estaba muerto, igual que todo y todos los que captó. No logró pararse, así que se colocó boca abajo y se arrastró como pudo, utilizando solo una mano y cada tanto aplastando el rostro contra el suelo regado de carmesí.
-¡Hey! ¿Hay alguien? -preguntó en un gruñido jadeante-. ¡Hola! ¡Quien sea! ¡¿Hay alguien aquí con vida?!
Nadie respondió.
Reanudó su lento reptar por el campo, mientras sus esperanzas se nublaban igual que su vista.
Se topó con el cuerpo de una chica que había venido junto con Floch, amiga suya sin lugar a dudas. Ella tenía el cuello roto y el pecho estallado, pudiendo verse algunas partes de su esternón y pulmones destruidos. Con su mano sana la hizo a un lado rodándola y continuó avanzando.
-Todavía es pronto… todavía…
-¿Hola? -oyó preguntar a una voz familiar.
-¿Tú? ¡Oye, Floch!
El nombrado corrió de inmediato hacia él y se arrodilló para examinarlo.
-¡Arthur! No puedo creer que aún estés de una pieza.
-Sí, de una pieza, totalmente. Las costillas y los brazos se reparan solos, ¿verdad?
-Tú y yo… creo que somos los únicos que quedan.
-No lo acepto. Tiene que haber alguien más. Cualquiera, solo un sobreviviente.
-Dudo que eso sea posible -admitió Floch, envolviendo el ancho de los hombros de Arthur con su brazo y ayudándolo a pararse-. Vamos, hay que ir al distrito para poder tratarte.
El par de jóvenes se movió a paso lerdo. Ninguno habló, pero se mantenían alerta y con los oídos aguzados.
Entonces llegaron hasta encarar al cadáver de un corcel blanco. Ambos relucieron asombro y desesperación.
-Co… comandante Erwin -balbuceó Floch.
-Vé si respira.
El pelirrojo se agachó un poco y acercó sus dedos a los labios del rubio. Pasaron uno, dos, tres segundos.
-¡Está vivo! -exclamó Floch.
Él y Arthur sonrieron aliviados. Pero el pelinegro endureció su rostro y empujó a quien lo cargaba, cayendo al suelo sobre su brazo roto.
-¿Qué mierda haces? -cuestionó fúrico Floch.
-No puedes llevarnos a ambos. Toma al comandante y vuelve a Shiganshina con él -dijo el herido, casi ordenándole mientras se acomodaba boca arriba.
-¿Qué? Pero…
-¡Que lo lleves, carajo! Si te demoras se va a desangrar y no podemos permitirnos perderlo. Hace un rato hablabas sobre ser un gran soldado y hacer la diferencia, pues aquí tienes una prueba de temple. Llévate al comandante, puede que cuando vuelvas a casa te reconozcan como el hombre que salvó a Erwin Smith. Si vuelves.
-Arthur…
-Deja de perder el tiempo, ¡muévete!
Los lentes de Dosu centellearon.
-El Colosal está perdiendo. Todo indica que sus piernas fueron cortadas -anunció.
-Ya casi. Estamos cerca de ganar -dijo Connie, levemente ilusionado.
-No ganaremos -contradijo Jean-. La Legión de Reconocimiento dejó de existir, apenas debemos quedar nosotros. Por más que venzamos a los titanes… ya dejamos atrás demasiado -el líder designado se giró.
Sasha, Historia, Hange y Friedrich intentaban detener la hemorragia en el estómago de Mina, que había sido atravesado por un trozo de madera.
El pelilargo suspiró y caminó hacia sus amigos.
-¿Cómo está? -preguntó Eren.
-Mal. Pésimo. Si sigue perdiendo sangre no pasará de esta noche.
-¿Qué hay de Levi? -habló Ymir-. Cuando vine para acá no la pasaban muy bien.
-Es imposible para nosotros saberlo -dijo Hange-. Nada más podemos implorar para que vivan y nos reunamos.
"Tengo que mantenerme firme frente a los muchachos. Pero… en realidad no concibo sufrir una pérdida de esas, no otra vez" meditó la mayor.
-Chicos -lloró Sasha, acercándose-. Mina está muriendo.
Los ojos de todos reflejaron el desasosiego más puro.
-¿No hay nada que hacer? -preguntó Jean-. Nada excepto… ¿Lamentarnos y dejarla irse?
-Aún nos queda una alternativa -dijo Dosu-. Niko guarda la inyección para adquirir el poder de un titán -miró a un costado: Reiner estaba sentado contra una pared, falto de brazos y piernas, calvo y con los ojos vendados-. Ahí está la salvación de Mina.
-¡Hay que traerlo YA! -gritó Sasha.
-Contrólate -habló Jean.
-No -sentenció el de lentes, fijándose en la batalla que libraba su amigo-. Esperemos a que termine su trabajo.
El Titán Colosal, apoyado en sus rodillas, latigó su brazo derecho, derruyendo la mitad de un barrio en un abrir y cerrar de ojos. Niko lo esquivó, llegando con su equipo de maniobras hasta la extremidad agresora. Sin perder el impulso, realizó tajos por donde pudo hasta llegar al codo, donde se detuvo y concentró sus ataques.
La sangre, el vapor y las llamas de extraño color revoloteaban. Las heridas sobre la carne de Bertholdt no cicatrizaban como usualmente lo harían, esto sacó de quicio al castaño.
"Maldito…" insultaba en su mente. "Mi forma tan grotesca no me deja prevenir sus ataques. Una vez se ocupe de mi brazo irá directo a mi nuca y… alto. Lo tengo".
La mitad de la extremidad derecha del titán se desprendió, desplomándose con sumo estrépito al aplastar algunos escombros.
Niko voló en dirección al punto débil de su rival, y como si hubiera sido el momento adecuado, varias imágenes asaltaron su mente.
Vio al signo similar a una V invertida, un trío de niñas y una ciudad en llamas rebalsada de cadáveres mutilados de hombres, mujeres y niños, algunos muy por debajo de la pubertad. Escuchó el entrechocar de las espadas, el silbido de las flechas, los gritos de los heridos y el crujir del fuego. Las lenguas que envolvían los edificios eran las mismas que lo cubrían a él.
"¡No, no ahora! ¡Maldita sea! ¡¿Qué significa esto?!" se enfureció Nikolai, volviendo a clavar su vista en el punto débil.
Sus anclajes se enterraron en la nuca de Bertholdt, ignorando el vapor hirviente al estar respaldadas por el fuego.
Cuando las espadas del legionario estuvieron por rozar su objetivo, una luz lo cegó.
Sus anclajes se habrían desprendido enseguida de no haber poseído su peculiaridad, pero esto no impedía que los alambres estuvieran tensos al punto de parecer cortarse en cualquier momento.
El Titán Colosal emitió un calor nunca antes expulsado, junto con una cantidad de vapor y una lumbre ígnea que como si fuera la peor pesadilla de toda la humanidad, atañó los corazones de quienes espectaban y obligó a Levi a voltear y quedar boquiabierto, sin detener su avance hacia sus compañeros.
-¡CARAJO! -gritó Niko.
"No puedo acercarme si sigue así. Aunque se desvanezca una vez termine, yo estoy agotado, no tendré fuerzas para contraatacar en caso de sobrevivir".
Bertholdt hizo fuerza, más fuerza que nunca para soportar la tortura que implicaba desplegar semejante mecanismo de defensa.
"Sé que crees que me soltaré, porque estoy débil y tu calor comienza a afectarme. Pero no podrías equivocarte más. Si me rindo, no habrá justicia para la gente que asesinaron, ni esperanzas para la raza humana de probar su merecida libertad".
Una semana atrás
-¿Han pensado en cómo será el Mundo Exterior? -preguntó Dosu, acompañado por sus dos mejores amigos, sentados en la vereda frente al salón domde festejaban la pronta recuperación de la Muralla María.
-No he tenido tiempo -contestó Niko.
-Debe ser amplio -habló Friedrich, dando una pitada a su cigarrillo.
-Yo sí lo he pensado. Cada instante desde que Armin me habló de él, no me lo he sacado de la cabeza. ¿Qué habrá más allá, fuera de nuestra jaula para pájaros, llamada "Muro"? Desiertos de nieve, ríos de fuego y lagos de agua salada tan grandes que son imposibles de drenar por el medio que sea. Si eso está ahí fuera, quiero comprobarlo con mis propios ojos, y dejar en evidencia que todos los que han muerto hasta ahora en combate se han ido defendiendo una causa justa.
El de pelo atado y el rubio miraron al suelo y permanecieron callados. Niko se paró al cabo de unos segundos, sonriendo con inocencia.
-Ese sí es un sueño por el que vale la pena encarar a los titanes. Yo también quiero saber qué hay allí, atestiguar todos los paisajes que nuestra especie se ha perdido durante un siglo, no dejar pasar un solo detalle de ese dichoso Mundo Exterior y guardarme esos recuerdos hasta el día de mi muerte. Por eso es que lucharé con todo lo que tenga para asegurar que veremos qué hay en realidad más allá.
Friedrich también se incorporó y arrojó su cigarrillo gastado al suelo, para luego pisarlo.
-Hemos llegado demasiado lejos para rendirnos o morir, así que para mí no hay más alternativa que la victoria. Vamos a recuperar el Muro María, a reinstaurar lo que nos corresponde y aún más que eso. Vamos a salir ahí fuera; seremos los primeros humanos en posar sus ojos en todo lo que hay más allá en más de cien años. Festejemos por ese futuro que está cada vez más cerca, hermanos.
El pelilargo le extendió su mano a Dosu, y este la aceptó, parándose, asintiendo y volviendo a ingresar al salón, seguido de sus amigos.
De vuelta al presente
"Es por ese sueño que no voy a cejar. Por ese futuro que mis amigos, mis superiores, mi hermana, los pobladores de las Murallas, todos merecemos. No dejaré que ellos caigan en la desesperanza mientras me quede aliento por exhalar. ¡Sin importar cuántas veces tenga que enfrentarme a los titanes, a enemigos humanos o al Demonio mismo, VERÉ QUE ESE FUTURO SE VUELVA REALIDAD!"
La última ráfaga de gas salió disparada e impulsó a Nikolai contra la espalda del titán. Éste redobló su defensiva, liberando más vapor.
El equipo de maniobras de Niko comenzó a incendiarse, así que se lo desajustó y lo dejó caer. Sus espadas ardían con intensidad, y él se aferraba a ellas con lo último de sus fuerzas. Enterró las hojas en la carne del titán y escaló en un tortuoso pero corto trayecto hasta su nuca.
"¡SE SUPONE QUE DEBERÍAS DESINTEGRARTE! ¡NO PUEDO ELEVAR MÁS MI TEMPERATURA"
-¡HASTA AQUÍÍÍÍÍ! -rugió el joven capitán.
Entonces, el par de filos dibujó el corte final.
Dosu ahogó un gemido de estupor.
-El Colosal… -dijo entrecortado.
-Está cayendo -exclamó Friedrich, airoso.
Reiner alcanzó a oír esto y comenzó a agitarse de forma convulsa.
Jean lo miró con desdén. Hange desenvainó una espada y la presionó contra la garganta del traidor.
-Mayor Hange -dijo Connie, intentando calmarla.
-Hágalo -la animó Historia, sombría-. Es por él que Mina se encuentra al borde de la muerte. Que se ahogue en su asquerosa sangre, Hange.
-Alto, no debemos precipitarnos -intervino Eren-. Podemos hacer que Mina se coma a Reiner y salvarla, matarlo ahora es un desperdicio.
-¡Eso da igual! Aún tenemos a Bertholdt, tú mismo lo viste, Niko lo venció. Reiner es prescindible de ahora en más. ¡Mayor Zoe! ¡Como Reina de las Murallas, te ordeno que ejecutes al prisionero inmediatamente!
La nombrada procedió con lo ordenado y enterró el acero aún más en el cuello de Reiner. De pronto una mano se posó sobre su hombro.
-No lo hagas -dijo Dosu, con amabilidad y tuteándola por primera vez-. Sé que es lo que más quieres ahora, y que Moblit significaba mucho para ti. Pero él no querría que te dejaras llevar por este impulso. Estás a punto de matar al Titán Acorazado, un poder que de estar en nuestras manos ahorraría incontables vidas de hombres y mujeres en la lucha contra los titanes, así que asesinar a Reiner no es una opción. La humanidad necesita el poder que tiene, y eso es lo que importa en este preciso instante. Dame el arma antes de que sea tarde.
La mujer cruzó su mirada con la que se ocultaba detrás de las gafas oscuras. Recordó que jamás había visto los ojos de ese muchacho, que solo lo conocía con los lentes puestos. Aún así, los lentes despedían una sensación palpable para todos, casi podían descifrar el aspecto que tenían esos misteriosos orbes, que siempre permanecían disfrazados ante ellos.
El mango se resbaló de las manos de Hange. Ella se levantó y les dio la espalda a sus soldados.
-Lo siento -dijo, disimulando el llanto mezclado con la rabia y la impotencia.
Reiner volvió a proferir gritos y llamados por su amigo. Los lentes de Dosu brillaron y medio segundo después el pie de Jean hizo añicos el maxilar inferior del prisionero, enviando por el aire varios dientes. Dosu lo miró en un silencio serio, mas en su interior estaba sorprendido.
"Reaccionó antes que yo" pensó.
Analizó su rostro: Nunca antes había notado una cantidad de emociones negativas estallando al mismo tiempo en una sola expresión.
-Tienes mucha suerte, traidor -espetó Jean-. Pero ten la seguridad de que eso se acabará pronto.
Todos voltearon al oír el mecanismo de un equipo de maniobras.
-Levi -sonrió Hange.
El hombre bajo contó cuántos eran los que estaban ahí y agachó la cabeza.
-Apenas quedan ustedes, Niko y yo.
-¡¿Y Erwin y Mike?! -se desesperó la mayor.
-Puede que muertos. El Titán Bestia estaba acribillando el frente de la muralla con piedras. Aniquiló a los escuadrones de veteranos de un tiro. Por lo tanto… esto es todo lo que queda.
Los jóvenes no tuvieron palabras para transmitir lo que albergaban en sus corazones, pero tampoco hizo falta.
Mina tosió sangre y se esforzó en modular palabras que se deshicieron antes de formarse. Levi la miró.
-Oh, carajo -dijo mientras se agachaba a revisarla-. Esto está de la mierda.
-El Titán Colosal está vencido -habló Dosu-. Pero Niko ha de haber gastado todas sus energías, no debe poder moverse en su condición. Hay que ir con él y llevar a Mina para inyectarla antes de que se desangre.
Friedrich cargó a la chica en su espalda y, junto con Dosu, Levi, Sasha, Eren, Mikasa y Armin, partió rumbo al lugar de la derrota de Bertholdt. Los demás mantuvieron su posición para custodiar a Reiner.
Bertholdt no sentía las piernas ni los brazos. Tampoco podía abrir los ojos, estaba en un estado semi-consciente que le recordó a las historias que Reiner le había contado sobre algo llamado "Parálisis del Sueño". La diferencia era que en ese preciso momento él no estaba en una cama con la protección sacra de sus frazadas ni la seguridad de sus padres durmiendo en la habitación contigua. Estaba siendo arrastrado, sentía las tejas raspar su espalda baja. Oyó una respiración lenta, pesada como el acero y gutural, propia de una bestia más que de un ser humano. Se aterrorizó, pero no fue capaz de tensar una sola fibra del cuerpo.
-Aún no me muero, ¿ves? -se regocijó una voz lejana-. Ya veremos si tú tienes la suerte de decir lo mismo.
Luego, la mente de Bertholdt se perdió.
Niko echó mano a una espada en el suelo y la levantó al encontrarse frente a frente con un titán delgado, con boca como de pato y cuadrúpedo que en su lomo cargaba a un hombre rubio y visiblemente herido.
-Otra vez tú -dijo el dueño del Titán Bestia-. Y mira quién te acompaña.
El joven capitán no contestó. Apretó con fuerzas nulas la empuñadura que aún conservaba una temperatura abrumadora y chamuscaba su palma a cada instante, liberando una pequeña cantidad de vapor. Ardía y pesaba como un yunque, pero no iba a dejar que su presa huyera estando tan cercano a la victoria.
-Es fácil ver que no te rendirás sin luchar. En ese caso, lo siento mucho, Bertholdt, pero hasta aquí llegas tú.
-¿Quién carajo eres? -inquirió Nikolai.
-Todo a su tiempo. Pero, antes de irme, ¿sabes dónde se encuentra Eren Jäeger?
-¿Qué? ¿Por qué quieres saberlo?
-Hay algo que quiero comprobar… y es si se parece a nuestro padre. Tiene que saber que yo soy su aliado en esto. Si lo ves, házselo saber.
-¿Su padre?
Tan rápido como llegó, el extraño se batió en retirada.
El grupo de Levi lo divisó a lo lejos y temió por la seguridad del joven capitán.
-¡Hay que ir por él! -exclamó Eren.
-Ni lo sueñes. Déjalo marchar, después de todo esta no es la última vez que lo veremos. Concéntrate en tapar el agujero restante -dijo Levi.
El hombre bajo y compañía alcanzaron al muchacho, quien se encontraba sentado, con la mirada vagando en el cielo tapado de gris y sosteniendo su mano quemada.
-¡Niko! -gritó Friedrich.
El nombrado volteó, demostrando en su mirada estar por poco en un estado de trance. Dicho estado se esfumó cuando los dos azabaches de Niko se fijaron en su tan amada chica de coletas.
Forzando su cuerpo a un límite inhumano, el chico se precipitó hacia ella, arriesgándose a caer de bruces e inconsciente.
-¡MINA! -se desesperó, tomándola en brazos y acariciando su rostro con delicadeza-. No… ¡¿Cómo fue que pasó esto?!
-Reiner la tomó por sorpresa -explicó Dosu-. Va a morir desangrada a menos que la inyectes para que se coma a Bertholdt.
-Reiner… ¿Dónde está?
-¿Qué importa eso? Ymir y los demás tienen su custodia.
-¡Debo asesinarlo! -aulló Nikolai-. Ese titán de cuatro patas… se lo llevará si no lo mato.
-¡Que se lo lleve, tienes al otro aquí y servido en bandeja, apresúrate! -exclamó Sasha.
-¡LO VOY A DESCUARTIZAR POR LO QUE HIZO!
Niko se encontró con alguien cerrándole el paso.
-No des un paso más -habló Jean-. No sirves de nada en tu condición. De una puta vez, inyecta a tu novia y sálvala.
-Debo matar a Reiner. Apártate.
-Mira cómo se encuentra ella ahora, él no debería importarte. ¿No lo entiendes?
-¡Lo entiendo mejor que tú, maldita sea! No lo dejaré irse impune, no esta vez.
-Lástima, porque no irás a ninguna parte.
-Sal de mi camino -intentó caminar el de pelo atado, recibiendo un suave empujón que lo hizo caer sentado.
-¿Acaso no ves lo que haces? ¡¿Esto te parece un estúpido juego?! -exclamó el joven Kiristein-. ¿No ves que le estás faltando el respeto a todos nuestros compañeros que han muerto hoy? ¡¿No te importa Mina?! ¡Estás escupiendo en el sacrificio que hicieron tus padres hace cinco años! ¡Eres un capitán de la Legión, así que actúa como tal o dame la jeringa y lo haré yo mismo!
Niko miró a su derecha. Friedrich mostraba severidad. Parecía estar decepcionado. Dosu, de forma inusual, exhibía un dejo de angustia juzgando por la posición de su ceño. Eren, Mikasa, Sasha y Armin se veían semejantes a Friedrich. Levi esperaba el desenlace con los brazos cruzados.
La mano sana del joven extrajo de dentro de su chaleco el pequeño estuche. Titubeó entre sí mismo y Jean, pero terminó conservándolo y abriéndolo.
El pelimiel asintió desbordando seriedad.
"A veces… hasta los más fuertes necesitan el empujón de alguien débil" pensó mientras veía que la aguja se aproximaba al brazo de Mina.
Niko se detuvo en seco y apreció las facciones de la chica: Desde su frente modesta y simétrica, pasando por sus mejillas regordetas, entonces pálidas, hasta sus tiernos labios.
"No voy a perderte. Igual que en nuestra primera batalla, te salvaré, y seguiremos cuidando el uno del otro. Demostrarás que eres fuerte, y que no le debes nada a nadie. Aquí voy…"
-¡Deténganse! -todos se giraron.
-¡¿Floch?! -exclamaron al distinguir al pelirrojo aferrándose al borde del tejado, sin aliento y cargando a un hombre moribundo en sus espaldas.
