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TÓMALO O DÉJALO


A LAS ONCE Y MEDIA las sombras de la noche inundaban la biblioteca. Sólo dos lámparas estaban encendidas, una cerca de la puerta y otra sobre la mesa. Incluso las luces sobre los retratos alrededor de la sala estaban apagadas, y a Shion le costaba trabajo distinguir las figuras en la penumbra, incluso cuando se inclinó hacia delante para inspeccionarlas.

Sasori, tras ella, estaba sentado en actitud tensa en el brazo de un sillón de cuero cerca de la chimenea, el vaso de whisky apoyado en el muslo mientras miraba con cautela a su abuelo. Ashina acababa de entrar en la habitación y cerró la puerta tras él.

—Es tarde, abuelo. ¿Qué quieres?

Era un eco de la impaciente pregunta que antes le había hecho Naruto, y obedecía en gran parte a la misma razón: Sasori no estaba de humor para recibir sermones de su abuelo; no lo estaba nunca y especialmente ahora, en presencia de un testigo. Se pasó una mano por el cabello rojo y reprimió un suspiro.

Su abuelo no replicó. Al parecer, pensó ácidamente Sasori, estaba remiso o creía que obtendría alguna ventaja ganando tiempo antes de plantear el tema. Parecía bastarle contemplar a Shion mientras ésta miraba el retrato al óleo de otro Uzumaki débilmente iluminado. Le dejó que lo estudiara interesada durante algún tiempo más, antes de hablar.

—Siéntate, querida. ¿Quieres otra copa?

Ella se volvió y dirigió a Ashina una mirada de curiosidad. Al cabo de un momento, se sentó en el sillón ante Sasori y levantó su copa.

—No, gracias. Todavía no he terminado esta, como puede ver.

Entonces se sentó, arreglándose la falda alrededor de las rodillas, en actitud expectante.

Ashina se limitó a sonreír y empezó a pasear por la sala. Al cabo de unos minutos Sasori exhaló un suspiro de fastidio.

—Si me has hecho venir aquí sólo para que te vea pasear, me voy arriba. Además, Papá Noel está a punto de llegar y no quiero molestarle.

Sonrió tras hacer esta observación y se llevó la copa a los labios. Ashina miró a su nieto con severidad. Pero su expresión se suavizó al cabo de un momento.

—Los dos forman una estupenda pareja. ¿No han pensado en casarse?

Sus palabras tuvieron el efecto deseado. Ambos le miraron con asombro, pero la similitud de sus reacciones terminó ahí, pues la expresión de Shion se hizo especulativa, mientras que la de Sasori era claramente escéptica.

Su breve mirada en dirección a Shion fue elocuente. Ashina les observó y dejó que una breve sonrisa se dibujara en sus labios. Entonces cruzó la estancia y se detuvo frente a Shion. Introdujo una mano en el bolsillo de la chaqueta y le sonrió complacido.

—Tendrás que perdonar mi estilo brusco, querida, pero como ya tendrás ocasión de aprender, creo en la confrontación. Ahorra tiempo y dinero. —Hizo una pausa antes de continuar—: Te he estado observando toda la noche, y pareces enamorada de mi nieto.

» Aparte de tu patente interés por los mejores aspectos de Sasori, creo que tu incorporación a esta familia mediante el matrimonio te resultaría muy gratificante.

Shion no dijo nada; no iba a hacer admisiones hasta que el terreno estuviera completamente explorado. Sin embargo, no desvió la vista, y Ashina leyó la expresión de sus ojos.

—Eso es lo que pensaba. Y quizá podría proporcionarte la oportunidad de demostrar que eres digna de ello.

—¿A qué viene todo esto? —le preguntó Sasori.

Ashina extendió las manos al tiempo que se volvía.

—Simplemente a que los dos formáis una buena pareja, como he dicho. No me cabe duda de que vuestros hijos serán igual de atractivos. Como bien sabes, los herederos son de gran importancia para mí. Naruto y tú sois ya mayores. Hay que hacer algo por alguno de vosotros, y pronto.

Una sonrisa cínica apareció en los labios de Sasori, y miró a Ashina por encima del borde del vaso.

—Mira por dónde. Siempre he pensado que eso era asunto de Naruto. Los herederos y las responsabilidades.

No había obtenido la reacción prevista. Ashina desvió la vista y frunció el ceño mientras miraba la alfombra.

—Ya no puedo contar con Naruto para eso —murmuró—. No, ya no puedo contar con él.

Sasori no estaba interesado por las dificultades que Ashina tenía con Naruto, y en aquel momento menos que nunca. Lo que le preocupaba de inmediato era el tenor de aquella conversación y el patente interés de Shion.

Las reconciliaciones momentáneas eran una cosa, pero pensar en algo más con aquella mujer de reacciones tan extrañas estaba fuera de lugar. Recordó la escena en la sala del Club de Caza y trató de poner fin a la discusión.

—Abuelo...

Ashina hizo caso omiso de su tono, que reflejaba un deseo de no seguir hablando del asunto, y continuó:

—Tu abuela y yo bendeciríamos el matrimonio entre vosotros. Creo que puedo hablar por los dos al decir esto. —Se volvió hacia Shion y añadió—:Ella te conoce poco, pero parece encontrarte cautivadora. Créeme, eso es muy raro en ella, aunque no es de extrañar, porque tu comportamiento ha sido admirable...

» Lo apruebo totalmente. —Entonces se volvió hacia su nieto con una brusquedad desconcertante—. En cambio tú no pareces estarlo. Tengo la impresión de que el matrimonio con Shion no te atrae.

Sasori desvió el rostro y contempló un punto en la alfombra.

—Abuelo... —repitió, sin saber qué decir.

—¿Ni siquiera si te recompensara?

Sasori alzó la vista y miró a Ashina cuidadosamente. Su abuelo permanecía envuelto en sombras.

—¿Y cómo me vas a recompensar?

El viejo respondió sin la menor vacilación.

—Una asignación sustancialmente mayor, que estará fuera del control de Naruto.

Sasori enarcó las cejas. Aquello había sido algo totalmente inesperado, y sin duda tenía un enorme atractivo. Reflexionó en la sugerencia, pero al cabo de un momento su expresión pensativa se transformó en suspicacia.

—¿Y vas a hacer eso por la promesa de un montón de nietos? Vamos, ni siquiera yo puedo tragármelo. Nunca has sido tan generoso conmigo. Tiene que haber algo más. ¿Qué es?

La sombra de una sonrisa cruzó por los labios de Ashina; no había esperado que Sasori viera sus intenciones con tanta claridad.

—A veces me sorprendes, ¿sabes? Nunca he creído que fueras tan astuto. Y no me interpretes mal. No me siento más orgulloso de ti ahora que antes. Siempre has sido un fracaso abismal. Francamente, no espero que eso cambie, aunque confío que podrías tener mejor éxito con tus descendientes. Pero no, tienes razón, eso no es todo.

Rodeó su mesa y alzó la vista al cuadro de su hijo. Permaneció así largo tiempo, contemplando aquel rostro tan distinto del suyo, y cierta emoción brilló en sus ojos, tal vez de remordimiento. Pero cuando se volvió, ya había desaparecido.

—A tu abuela y a mí nos haría felices verlos casados, pero hay otra condición. Queremos que impidas el matrimonio entre Naruto y Hinata. Ese es el otro aspecto de mi ofrecimiento, y el dinero adicional depende de tu éxito. —Alzó ligeramente la voz—. Me ocuparé de que dispongas de una asignación mayor... bastante mayor... que no esté bajo la supervisión de Naruto, sólo si consigues que él ponga fin a su relación con Hinata.

No se oyó ningún sonido en la habitación, y al cabo de un momento Ashina se apoyó en la mesa con ambas manos, taladrando con la mirada a Sasori.

—Es simplemente impensable que se case con ella. No es adecuada, es... —se levantó y permaneció rígidamente tras la mesa— deficiente. — Entonces se volvió hacia Shion—. Te pido disculpas, querida, aunque no creo que sea realmente necesario. —Le dirigió una mirada penetrante y luego sonrió sombríamente—. Como te he dicho antes, te he estado observando toda la noche, y creo que estás de mi parte.

» Ella no dijo nada y Ashina asintió—. Lo había supuesto. —Se enfrentó entonces a Sasori, que seguía sentado en el brazo del sillón—. He tratado de hablar con Naruto de esto, pero ya no tengo ninguna influencia sobre él. No quiere escuchar ni una sola palabra. Y te digo que ese matrimonio no puede, no debe celebrarse. ¡No soportaré que uno de mis nietos se case con una ciega!

Sasori miraba a su abuelo con expresión pensativa. Sí, el asunto era muy atractivo: un aumento sustancial de sus fondos. Calculó el efecto que eso tendría en su estilo de vida y le gustó lo que vio. Y además se libraría del control de Naruto, lo cual no era precisamente desdeñable. No pudo evitar que apareciera en sus labios una sonrisa sardónica. Oh, sí, todo aquello era muy atractivo..., tanto como imposible.

—Hay algo que no has tenido en cuenta en toda esta conspiración — le dijo, mirándole fijamente—. Naruto es inconmovible. Por si no lo habías notado, está realmente enamorado de ella. —Se levantó entonces, apurando su bebida—. No hay nada que yo pueda hacer.

Ashina observó a su nieto, que se dirigió al extremo de la sala, los labios apretados. Como siempre, el derrotismo inmediato de Sasori era irritante.

—¿Y eso es todo? Me dices que no puede hacerse, ¿y no hay más que hablar?

Sasori giró sobre sus talones, sin poder evitar que brotara la frustración que había intentado disimular.

—¿Qué diablos quieres que haga? No tengo ninguna influencia sobre Naruto. Por Dios, si ni siquiera nos hablamos a menos que haya necesidad de hacerlo. Si no te escucha a ti, ¿qué diablos te hace pensar que me hará caso a mí?

—Como siempre, puedo ver que soy yo quien tendrá que ocuparse de esto —dijo haciendo gala de una gran resignación—. Me has decepcionado una vez más, y aunque seguirá complaciéndonos tener a Shion en la familia, debes comprender que no voy a aumentar tu asignación.

Dicho esto empezó a encaminarse hacia la puerta. Casi había llegado cuando la voz de Shion sonó con claridad.

—Aceptamos tu oferta, y en las condiciones que impones.

Ashina se detuvo sin volverse, sonriendo satisfecho para sus adentros. Shion había picado el anzuelo del matrimonio, como él había calculado que haría, y el resto no tardaría en seguir. Finalmente se volvió hacia ella, fingiendo una expresión de sorpresa.

—¿Cómo?

Shion estaba en pie ante su sillón, sonriente. Pero fue Sasori quien se apresuró a hablar.

—En primer lugar, Shion, las condiciones son imposibles, como he dicho. Y en segundo lugar, no cuentes conmigo.

Ella dejó su vaso sobre la mesita y empezó a deambular lentamente por la estancia, tocando los objetos mientras pasaba junto a ellos, la cabeza ladeada con exagerado interés, sin prestar a ambos hombres una atención inmediata. Ashina había dicho que «el tiempo se estaba agotando», y ésa era una frase adecuada a algo más que el problema de la descendencia de sus nietos.

Tenía que hacer algo, y bastante rápido, aunque no fuera por más razón que el hecho de que no sabía durante cuánto tiempo más podría seguir convenciendo a Hinata para que le hiciera préstamos. Se mordió el labio distraídamente, poniendo en orden sus pensamientos. Desde luego, la oferta de Ashina era la clase a la que ella había aspirado llegar, y era estupendo que se lo sirvieran en bandeja de plata.

Decidió entonces poner algunas de sus cartas sobre la mesa con Sasori, y casi se rió por lo acertado de la analogía. En otra ocasión, podría haber sido imprudente aquella franqueza, que dejaba espacio a posibles equivocaciones, pero ahora no. Después de todo, era ella la que tenía la clave para el éxito del objetivo de Ashina: esa era la mejor seguridad que podía tener. Finalmente miró a Sasori, el cual la miraba con cautela, como había mirado antes a su abuelo.

—Las condiciones no son imposibles —le dijo sonriendo—, y en cuanto a nosotros... —Se encogió ligeramente de hombros—. Tu abuelo tiene toda la razón. Formamos una estupenda pareja.

Mientras ella deambulaba por la estancia, Sasori había tomado algunas decisiones por su cuenta. Quería hablar con tanta franqueza como ella, aunque en general no le gustaba el enfoque directo, a menos que se viera acosado. Dejó el vaso vacío sobre una mesa y se cruzó de brazos.

—Mira, Shion, aunque estuviera buscando una esposa, cosa de la que no estoy seguro, no serías tú la elegida. —Lo dijo con más dificultad de lo que había esperado. Fue hasta el pequeño bar, se sirvió un whisky, lo tomó de un trago y se sirvió otro. Entonces se volvió hacia Shion y añadió—: Hay algo en tus intenciones que no me gusta nada.

Shion alzó el mentón y el ondulado cabello, le cayó suavemente sobre la espalda. Tenía en la punta de la lengua una respuesta airada, pero se dio cuenta de que aquella no era la ocasión para ofenderse. Con alguna dificultad, pasó por alto el comentario.

—Tu abuelo también tiene razón en otra cosa —le dijo en tono neutro —. Admito que entrar a formar parte de esta familia sería muy atractivo para mí. —Se pasó una mano por el cabello y sonrió—. Sasori, sería muy conveniente para ti en muchos aspectos. Por ejemplo, podría darte la clase de hijos que harían sentirse a tu abuelo orgulloso de ti.

La idea de tener que traer hijos al mundo era deprimente, pero era también un pequeño precio a pagar para conseguir lo que ella se merecía.

—Y sospecho que no te importaría estar por encima de Naruto. No sólo por librarte de su férreo control financiero, sino por la apariencia muy superior que tú y yo presentaríamos ante el mundo. Eso es bastante importante en los círculos que te gusta frecuentar.—Hizo una pausa, para dejar que penetrara bien el significado de sus palabras, y añadió—: Tú y yo formaríamos una buena asociación. Y, querido mío, no tendría por qué ser más que eso.

Todo iba a salir tal como ella lo había planeado, aunque, como es natural, no debía haber sido tan directa o, con más exactitud, serlo tan pronto.

Sasori la contemplaba con despego, tomando pequeños sorbos de su bebida.

—Un montón de adorables mocosos no es mi aspiración, sino la de mi abuelo, ¿recuerdas?

—Desde luego, pero dudo que no te interese la posición superior en que te colocaría tener un heredero. Y yo puedo dártelo.

—También pueden dármelo muchas mujeres —replicó él de inmediato.

—Quizá —concedió Shion, sonriendo plácidamente—. Pero ninguna otra mujer puede darte acceso al dinero que tanto deseas.—Era un intercambio comercial, sin duda, y ella lo ofreció fríamente—. Yo sí que puedo. Una asociación, Sasori. Tú me das lo que quiero y yo te daré lo que deseas. Cásate conmigo y me ocuparé de que puedas tener tu dinero.

La frase «tómalo o déjalo» acudió a su mente, y su sonrisa se ensanchó. Hacía poco que conocía a aquel hombre, pero le conocía bien.

Muy bien. Mientras la miraba pensativo, barajaba ya en su mente las ventajas de su aceptación. Era una oportunidad que quizá no volvería a presentarse jamás.

—Pareces muy segura de ti misma —observó—, y si es así, me temo que hay ciertas cosas que pasas por alto. Se lo he dicho a mi abuelo y te lo digo a ti. Naruto es inconmovible. No le conoces en absoluto. Está loco por Hinata, lo creas o no, y cuando tiene esa clase de sentimientos hacia algo, no hay nada que hacer. Esa es una de sus virtudes —añadió con sarcasmo —. Sólo quería dejar eso bien claro antes de terminar lo que he de decir.

» Hizo una pausa y prosiguió—: No te quiero, Shion, ni siquiera estoy seguro de que me gustes, aparte de... —Dejó sin completar la significativa frase—. Como te he dicho, hay algo en tus intenciones que no me gusta nada. Sin embargo, me casaré contigo, con una única condición. Aceptaré esta «asociación» contigo si eres capaz de encontrar algún medio de satisfacer las condiciones de mi abuelo.

Ashina había permanecido cerca de la puerta, escuchando el intercambio que él mismo había orquestado. Naturalmente, desde el principio había sabido que era ella, y no Sasori, quien habría de buscar la manera de lograr su objetivo. Las dudas de Sasori, por irritantes que fueran, eran las mismas que tenía Ashina.

Y había dirigido el cebo tanto a ella como a Sasori, quizá, con más exactitud, a los dos, porque uno no servía sin el otro. Consideró por un momento el hecho de que la mayor asignación que proponía a su nieto serviría para que intensificara sus extravagancias, y se estremeció. Pero cumpliría lo dicho: era un hombre de palabra. Y todo tenía su precio.

Cuando pareció que Sasori había terminado y que Shion no tenía nada más que decir, regresó a las profundidades de la sala. Permanecieron sentados a cierta distancia, como oponentes preparándose para el siguiente asalto, y Ashina se colocó en un punto equidistante entre ellos.

—Parece que habéis arreglado las cosas entre vosotros —observó con sosiego, mirándolos alternativamente—. A menudo los matrimonios de conveniencia salen mucho mejor que los que obedecen a motivos apasionados. —Dio un paso hacia Shion—. Ahora dejemos claros varios puntos. En primer lugar, ¿queda entendido que el final de esa relación es esencial para el trato?

—Perfectamente.

El anciano asintió y en su rostro apareció una sonrisa enigmática.

—No tienes escrúpulos. —No esperó una respuesta a su observación y continuó—: Y ahora quisiera saber cómo te propones hacer eso. Ya has oído lo que Sasori ha dicho acerca de Naruto, y él le conoce mucho mejor que tú, como le conozco yo. Es evidente que tú actuarás en otra dirección, y me interesa saber cuál es exactamente.

Shion se levantó entonces y se alisó el vestido. Se dirigió en silencio a la mesita, recogió su copa de coñac vacía, caminó hasta la puerta y cogió el pomo de latón. Entonces miró a los dos hombres, su rostro radiante de confianza.

—No te preocupes, sé exactamente lo que he de hacer.

Y dicho esto salió de la estancia.

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Continuará...