Señorita Constructora
Esta historia es una adaptación.
La historia original es Miss Fix-It de Emma Hart
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer
Capítulo 20
—Otra vez?—pregunté.
Ambos asintieron. —¿Po favol?
Esa plática simultánea empezaba a ser un poco menos extraña. Tal vez.
—Una vez más, después tienen que ir a la cama.
Ambos me miraron con los ojos muy abiertos y asintieron de nuevo.
»Bueno, está bien. Me convencieron. —Acababa de abrir la portada del libro para leerlo por tercera vez cuando sonó el gritó de Edward.
—¡Mierda! ¿Eli? ¿Ellie?
—¡Aquí! —corearon.
Me estremecí.
Tal vez no se ponía menos extraño.
Se apresuró al salón, deteniéndose cuando nos vio. Su cabello era un desastre, y tenía el aspecto de alguien que se sentía frustrado y confundido al mismo tiempo.
—Hola —dije alegremente—. Bienvenido de vuelta.
Parpadeó hacia mí. —Estoy tan confundido. —Se pasó la mano por el cabello—. Ni siquiera sé qué hora es. No hay manera de que haya estado al teléfono tanto tiempo.
Los gemelos, benditos ellos, asintieron sabiamente. —Horas, papá —dijo Eli dramáticamente.
—Casi nos morimos de hambre —añadió Ellie.
—Oh, basta. No, no lo hicieron. Encontramos comida justo a tiempo, ¿verdad? —les dije.
—No lo sé —continuó Eli—. Estuvo cerca.
—¡Cerca! ¿Cerca? Oh, sí. Mírate. Eres piel y huesos. —Pinché suavemente su costado y se disolvió en un ataque de risitas.
Edward parpadeó hacia nosotros. —No sé qué es lo que sucede aquí.
Para ser sincera, parecía agotado.
—Bueno —dije cerrando el libro y poniéndolo en la mesita de café—. Ellie y yo finalmente terminamos con la mesa de café alrededor de las seis. Bajamos y tú hablabas por teléfono, así que después de algunos intentos de hacer los movimientos del Cirque Du Soleil, improvisamos la delicadeza que es sopa y queso a la parrilla, bebimos un poco de leche y encontramos unos pijamas, y leímos acerca de dinosaurios que hacen todo popó. Dos veces. Estábamos a punto de leerlo por tercera vez cuando nos honraste con tu presencia.
—Espera. ¿Qué hora es?
—Siete y media.
—Jesús. —Se frotó el rostro con la mano—. Lo siento mucho. Ni siquiera me di cuenta.
—Está bien. Todos estamos bien, ¿verdad? —Miré a los gemelos—. Nos divertimos. —Ambos asintieron.
—¿Hora de dormir ahora? —preguntó Ellie.
—Si. Sin lugar a dudas. Vamos. Los llevaré arriba. —Edward dejó escapar un largo suspiro—. Digan buenas noches a Bella.
—¡Buenas noches, Bewa! —cantaron, trepando fuera del sofá. Entonces, ambos se detuvieron, se dieron vuelta, y saltaron sobre mí. Chillé mientras los atrapaba, y los dos plantaron un gran beso en mis mejillas.
—Gracias —dijo Eli.
—Buenas noches —repitió Ellie.
Los apreté con una risa. —Buenas noches, chicos.
Sonrieron, y volvieron a subir, corriendo hacia las escaleras otra vez. Edward me miró por un momento y levantó un dedo.
—¿Esperarás a que regrese antes de irte? —preguntó titubeante.
—Claro. —Sonreí.
Parecía como si quisiera decir algo más, pero cambió de opinión. Siguió a los gemelos y miré sus montones de ropa sucia en el piso.
Edward parecía hecho polvo, como si pudiera quedarse dormido de pie.
Me levanté y los agarré, después los pasé por el área de servicio justo al lado de la cocina. Los puse en la ropa sucia, después regresé al salón y levanté los dinosaurios que asistieron a la boda de Barbie con Batman.
Entonces, con mi mano alrededor de la cola de un T-Rex, me congelé.
Bajé la mirada al juguete en mi mano.
¿En quién me convertí?
No hace mucho tiempo, la idea de niños me aterrorizaba. Eran pequeños demonios ruidosos que gritaban y gritaban. Eran asquerosos, sucios y desordenados.
Ahora, aquí estaba. Me hice cargo sin problemas, alimentándolos y preparándolos para la cama, y ahora, recogía juguetes. Ponía su ropa sucia en el cesto de lavar.
¿La parte más aterradora?
Se sentía completamente natural.
Claro, los gemelos habían sido terriblemente bien portados, pero ese no era el punto.
Una parte de mi… Una parte de mi sentía que pertenecía aquí.
Respiré profundamente y arrojé el T-Rex a la caja de juguetes. Rugió mientras chocaba con un camión de volteo, pero lo amortigüé dejando caer la tapa en la parte superior de la caja.
Mi boca se sentía seca. ¿Cuándo cambié de odiar a los niños a jugar… bueno, a jugar a ser madre? ¿Cuándo sucedió? ¿Hubo un punto o algo cambió?
¿Fue por aceptar mis sentimientos por Edward?
¿Fue el reconocimiento de sus sentimientos por mí?
¿O solo me enamoré irrevocablemente de dos preescolares de medio metro? ¿Con pequeñas manos, sonrisas atrevidas y hoyuelos en las mejillas?
Quiero decir, ni siquiera lo pensé dos veces acerca de prepararlos para ir a la cama esta noche. Solo lo hice, como si supiera lo que hacía, cuando no lo sabía. Para nada. No sabía dónde se hallaban sus pijamas. No sabía dónde guardar en su sitio ese estúpido libro de dinosaurio que hace popó.
No sabía nada.
Excepto por el hecho de que estaba jodida. Atrapada entre una roca y la pared. Entre romper corazones o sanarlos. Tal vez incluso en romper el mío.
Mierda.
Pasé los dedos entre mi cabello. La banda de la trenza de esta mañana se encontraba en mi muñeca, y recogí mi cabello en un giro irregular y suelto en lo alto de mi cabeza.
Necesitaba algo de beber. Tenía la boca tan seca que dudaba que pudiera hablar.
Entré a la cocina y saqué un poco de agua de la nevera. Bebí y bebí, esperando estúpidamente que calmara los rápidos latidos de mi corazón.
Niños.
Estaba enamorada de dos niños que robaron mi corazón.
Y su padre me hacía lo mismo.
Y ahora, después de esta noche, mi pregunta no era "¿puedo hacerlo?".
Era, ¿soy lo suficientemente buena para esta familia?
No quería preguntar. No quería saber la respuesta.
—Bel… oh, aquí estas.
Me di vuelta al sonido de su voz.
El arrepentimiento se asentó en su expresión, y se pasó la mano por la mandíbula.
»Lo siento muchísimo, Bella. Lo que se suponía que era una simple llamada se convirtió en un interno jodiendo tres cuentas, y tuve que llamar a cada hombre y su madre para solucionarlo de nuevo.
—Está bien —dije. Y lo decía en serio—. No fueron un problema en absoluto. Fueron perfectos para mí.
—Ese no es el punto. Ya te he pedido demasiado, Jesús, ni siquiera sabía la hora. Pensé que había pasado media hora, no más de dos. —Se apoyó en el mostrador y se frotó el rostro. Parecía frustrado consigo mismo, y era evidente que intentaba no perder la cabeza.
Nada que le dijera ahora cambiaría eso.
Entonces, actué en su lugar.
Puse la botella en la mesa y caminé hacia él. Todavía tenía la cabeza enterrada en sus manos, así que suavemente lo alcancé, agarré sus muñecas, y retiré sus manos.
Sus ojos culpables encontraron los míos.
Me incliné y lo besé.
Un suave toque, destinado a no hacer nada más que quitarle la frustración.
Envolvió sus brazos alrededor de mi cintura, atrayéndome hacia él, y suavemente me devolvió el beso. No sabía si hacía lo correcto, especialmente después de nuestra conversación más temprano, pero era todo lo que quería hacer.
Quería que supiera que no me importaba.
Que no me sentía enojada ni molesta. Que no lo culpaba, porque la mierda sucede.
—Punto a favor —murmuró cuando retrocedí un poco. Sin embargo, no me soltó—. ¿Fueron realmente buenos?
Asentí. —Bajé y Eli miraba la televisión. Además de ayudar a Ellie a subir el armario y de verme cocinar mientras se hallaban sentados en la mesa…
—En general, fue un éxito.
—Nadie salió herido, así que sí.
Medio sonrío, y en realidad llegó a sus ojos. —Sabes, es gracioso. Para alguien que admite que no quiere niños, eres increíble con ellos.
Lo miré a los ojos. —Tus hijos lo hacen fácil.
—Claramente, olvidas ese momento cuando los bañaste.
—No, solo aprendí la lección de no bañarlos.
Se echó a reír, y pude ver que la tensión dejaba su cuerpo. —Afortunada. Desearía tener esa opción.
Sonreí. —Necesitas algo de comer.
—¿Ahora me estás ordenando?
Asintiendo, aplasté mis manos contra su pecho. —Si. Necesitas comer algo.
—¿No puedo tenerte en su lugar? —Deslizó las manos hacia abajo para ahuecar mi trasero.
—Comida y sueño serían más sensatos —comencé, mi aliento se detuvo.
—Soy sensato todo el día. Tú me haces querer ser estúpido.
—¿Tratas de decirme que estar conmigo es estúpido?
Edward hizo una pausa. —Mira, siento que sin importar lo que diga aquí estaré equivocado. Es una trampa, ¿verdad?
Levanté una ceja. —No lo sé. ¿Crees que es una trampa?
—Eso definitivamente es una trampa.
Hice mi mejor esfuerzo por no reír, pero nunca he tenido cara de póker, así que ese intento solo duró cinco segundos antes de derrumbarme y estallar en carcajadas.
»Lo sabía —murmuró—. No tengo hambre.
—Mientes. Tienes que estar hambriento.
Negó. Después con una fuerza que no debería haberme sorprendido, me agarró por la cintura y me empujó hacia la mesa.
»¿Qué haces?
—Shhh —susurró, empujándome hasta que mi trasero chocó contra el borde. Me levantó, sentándome en el borde, y se puso entre mis piernas—. Cállate y déjame besarte.
—No puedo.
—¿Por qué no?
—Creo que aplasté un poco de queso asado con mi mano.
Se retiró ligeramente. —Eso es excitante como nunca antes había escuchado.
—Queso asado aplastado —le dije, levantando mi mano y confirmando mis pensamientos—. Ayudando a la libido en todas partes.
Quitó el ofensivo emparedado a medio comer, hizo un rápido barrido de la mesa para asegurarse de que nada más se interpusiera en lo que se iba a convertir en una sesión de besos.
Estaba bien con esto. Especialmente cuando consiguió un paño húmedo y limpió mi mano.
—Ya está. Ahora, ¿te callarás y me dejarás besarte?
—¿Lo vas a hacer de todos modos?
—Si. Y tengo pensado darte un orgasmo porque te lo mereces.
Lo miré. —Ya veremos.
Sonrió, después se abalanzó. Sus labios sobre los míos, calientes como el infierno, y demasiado adictivos. Sus manos masajearon mis piernas, subiendo sobre mis caderas. Aplastó una sobre la mesa y presionó la otra contra mi espalda para evitar que cayera hacia atrás.
Su lengua chasqueó contra mis labios.
Mordí su labio inferior.
Se echó a reír, haciéndome sonreír. Su mano se deslizó por mi espalda, y nuestros cuerpos se apretaron cuando me besó de nuevo. Su lengua luchó contra la mía y sentí ese beso por todas partes. Mis pezones se endurecieron y mi clítoris dolía, y sabía sin lugar a dudas que lo necesitaba esta noche dentro de mi otra vez.
Necesitaba más.
Necesitaba asegurarme de que la forma en que me sentía era correcta, que no había estado nublada por el sexo. No es que tener más sexo fuera la mejor idea para arreglarlo, pero aun así.
Entonces, me congelé de golpe.
Dejamos de besarnos, y al mismo tiempo giramos la cabeza para mirar hacia la puerta.
Ahí, encontramos dos pares de ojos, fijos firmemente en nosotros.
Y nunca vi tal mirada de asco en personas tan pequeñas en toda mi vida.
—Iugh. —Gimió Eli—. Eso es asqueroso.
Edward me soltó y se aclaró la garganta. —¿Por qué están fuera de la cama?
—Hay una araña en mi cama —anunció Ellie.
—Y una mosca en la mía —dijo Eli—. ¿Podemos intercambiar los bichos?
—No. No podemos intercambiar los bichos.
—¿Puedo dormir en la cama de Ellie, entonces?
—Claro, pero apuesto a que Ellie quiere que la araña se vaya.
Ella sacudió la cabeza enfáticamente. —No. Se llama Bob.
Una araña llamada Bob.
Cuán original.
—Claro —dijo Edward lentamente—. Eli, agarra tus cosas y ponte en el extremo de su cama, ¿bien? Pies con pies como solían hacerlo.
Asintió, y ambos corrieron de regreso escaleras arriba como una manada de elefantes bebés.
Edward respiró profundo y me miró.
»Es como si no quisieran que tenga sexo.
Reí y salté de la mesa. —Tan dramático. Solo entraste demasiado pronto. Error de novato. Y ahora tienes que responder todas las preguntas sobre besos.
Gimió. —La buena noticia es que finalmente tengo mi habitación para mi mismo.
Me miró significativamente.
—Oh, Dios, no. ¡Esa es una mala idea y lo sabes!
—Quédate. —Me atrajo hacia él—. Por favor. Quédate conmigo esta noche.
Titubeé. Por un lado, era una idea terrible. Por otro lado…
»Bella, por favor —dijo en voz baja, ronca, deslizando sus manos por mi espalda.
—Bien —susurré—. Pero me preparas el desayuno.
Me besó, sonriendo. —Hecho.
. . . . . .
Despertar con la sensación de un cuerpo duro, y caliente detrás de mí, y un pesado brazo alrededor de mi cintura era nuevo para mí. Habían pasado dos o tres años desde que estuve en una relación y pasé la noche con alguien.
No estaba segura de lo que era esto con Edward, pero mientras abría lentamente los ojos y me retorcía, me gustó.
—Deja de retorcerte —murmuró, deslizando su brazo debajo de las sábanas y enganchándolo alrededor de mi cintura. Tiró de mí de vuelta hacia él, acomodando mi trasero contra su ingle y enredando nuestras piernas.
—Quiero ver qué hora es —susurré, apoyándome y palpando ciegamente alrededor de la mesita de noche por mi teléfono. Mis dedos conectaron con él. Casi lo derribé, pero de alguna manera me las arreglé para salvarlo antes de que cayera al suelo.
Presioné el botón de encendido en el costado e hice una mueca mientras el brillo me cegaba. Lo desbloqueé rápidamente y cambiándolo pude verificar la hora.
Seis y media.
»Ay, mierda —dije.
—¿Qué?
—Tengo doce llamadas perdidas de mi mamá. —Dejé caer la cabeza de regreso en la almohada—. Y un mensaje de texto exigiendo saber por qué mi auto sigue estacionado fuera de tu casa a las once de la noche.
Edward enterró su rostro en la almohada y se echó a reír.
»No te rías. Insiste con el desayuno. Ya que esta fiesta de pijamas fue idea tuya, ¿por qué no vienes y le explicas?
Levantó la cabeza, su codo clavándose en la almohada y me miró. —¿Qué se supone que le debo decir exactamente? ¿Lo siento, Sra. Swan, retuve a su hija en mi casa toda la noche para poder follarla sin sentido?
Fruncí el ceño. —Un poco menos grafico quizás sea lo mejor.
—Solo se sincera y dile que pasaste la noche aquí. ¿A quién se lo va a contar?
Tenía un punto. Mientras que mi mamá era el centro de cada chisme en la ciudad, solo recibía chismes de mí. Nunca los daba.
—Mmph —murmuré—. Necesito hablar con ella de todos modos. Puedo matar dos pájaros de un tiro.
Asintió. —Ahora baja el teléfono y regresa a dormir por una hora.
—Espera. —Rápidamente le respondí el mensaje de texto a mamá que estaría en casa a las ocho para desayunar y después dejé mi teléfono.
—Gracias —dijo cuándo me acomodé bajo las sábanas.
—Eres gruñón en la mañana.
—Me despertaste. Tenía un plan para despertarte y seducirte, pero ahora estoy despierto con una incómoda erección.
Me moví y rodé para enfrentarlo. —Eso no es culpa mía.
—Tu trasero desnudo ha estado contra mí toda la noche. Es cien por ciento tu culpa.
—Fuiste tú quien me hizo pasar la noche.
—No te obligué a hacer nada.
—Cierto, pero me diste un argumento muy convincente.
Enganchó el brazo bajo mi cuello y me abrazó. —Mmm. Son veinte centímetros de largo y le gustas mucho.
—No puedo decir que el sentimiento no sea mutuo.
Se echó a reír y me apretó. —Basta, o podría empezar a pensar que no quieres regresar a dormir.
Me incliné y parpadeé. —Tal vez no quiera.
—¿Mm?
—¿De qué sirve volver a dormir por una hora?
—Tienes razón. —Sin esfuerzo me giró sobre mi espalda y se colocó entre mis piernas—. Puedo hacer que te corras al menos tres veces en esa hora.
—Ambicioso —dije, pasando las manos arriba y abajo por sus brazos—. ¿Tú crees?
—Lo sé. —Se dejó caer y me besó. Su polla rozó mi clítoris y envolví mis brazos alrededor de su cuello, dándole la oportunidad de profundizar el beso.
Lo hizo.
El deseo creció cuando nos besamos. Solo habíamos dormido unas cuantas horas así que no había ninguna razón para estar despierta, mucho menos estar… necesitada.
Todo lo que sabía era que todavía quería más de Edward.
Seguíamos desnudos por la noche anterior, hizo un trabajo fácil para excitarme, viajando por mi cuerpo en una sucesión de besos y toques, desde mi cuello hasta mis pezones y hacia abajo en mi estómago. Se deslizó por la cama, tomando las mantas con él, y separó mis piernas con un suave apretón.
Me miró por unos segundos antes de pasar la lengua por mi clítoris.
Mis caderas se retorcieron. Era una locura, cómo un toque tan suave podía provocar esa reacción.
Lancé mi brazo sobre los ojos mientras me exploraba con la lengua. Era un maestro en eso, la manera en que tomaba su tiempo y me acercaba al borde tan rápido era un milagro. Dejaba el placer frente a mí solo para quitármelo otra vez, y amaba y odiaba eso al mismo tiempo.
Porque cuando, finalmente me corría, era el maldito mejor orgasmo. Y él lo sabía, porque se deslizó hacia arriba por mi cuerpo con una sonrisa presumida.
Me sonrojé cuando nuestros ojos se encontraron.
—Uno —murmuró, sosteniendo mi mirada antes de volver a bajar.
Jadeé cuando cerró su boca alrededor de mi clítoris y lo succionó, flexionando su lengua contra él. Era tan tierno, y agarré las sabanas cuando el calor me envolvió una vez más.
Jesucristo, estuvo ahí abajo diez segundos, y ya estaba en el borde.
Un segundo orgasmo se estrelló dentro de mí. Apenas había hecho algo, y ya me mordía para evitar gemir demasiado fuerte. Mantuvo su lengua ahí hasta que me calmé, cuando una vez más se inclinó sobre mí, esta vez con su polla ya posicionada en mi coño.
Se deslizó fácilmente, susurrando—: Dos.
Nota para mí: toma un desafío muy en serio.
Un largo y lento empuje dentro de mí cubrió nuestros cuerpos con una delgada capa de sudor.
Esta vez fue diferente.
No como la primera vez contra la pared, y no como anoche, donde fue duro y alimentado por pura lujuria. Esta fue suave, casi dulce, y aunque una parte de mi quería ir cada vez más rápido y duro, sabía que no estaba bien.
Sabía lo que era esto.
Este lento, tranquilo sexo no era una follada bruta. Era una cruda emoción, y lo sentí por la forma en que me besó mientras se movía. En la manera en que sus dedos se movían por mi piel casi reverentemente.
Por la forma en que mi corazón dejó de latir cuando nuestros ojos se encontraron y jadeé.
En sus ojos, vi algo.
Fue solo un destello, una sombra que pasaba por su mirada, pero antes de que pudiera agarrarla, me besó otra vez. Más profundo, y me folló un poco más duro también. No mucho más duro, pero lo suficiente para elevar mis piernas, enterrándose más dentro de mí con cada empuje.
Y muy pronto…
Lo olvidé por completo.
Hola chicas! Vamos llegando a la recta final...
Espero disfruten el capítulo y gracias por sus reviews!
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Ahí hablaremos de todo :)
¡Subí nueva reseña al blog! Les hablo sobre la trilogía Elementos Oscuros y como afectó mi corazón xd vayan a darle una miradita a la reseña y a lo mejor les da por leerla ;)
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Nos vemos.
Bye Sweeting!
