CAPÍTULO 9
Edward se acercó hasta la pequeña mesa situada al fondo de la estancia y sirvió un par de vasos de vino. Al parecer, alguien se había tomado la molestia de preparar algo de fruta y bebidas para ellos.
—Toma una copa, te sentará bien. —Le ofreció tendiéndole el vaso.
—No suelo beber...
—Es vino dulce, muy suave. Te calmará un poco los nervios.
Isabella sentada al borde de la cama, apretó un poco más la bata con a que se había cubierto minutos atrás por petición de Edward al tiempo que con la otra mano aceptaba la copa que le ofrecía y tomaba un pequeño sorbo.
—Está bueno... —Susurró saboreando el líquido y volviendo a beber de la copa.
—Poco a poco... —Aconsejó divertido al verla beber— Lo último que necesitamos es que te emborraches.
—O puede que quien acabe ebrio seáis vos. —Respondió después de tragar con dificultad— quiero decir, tú.
A Isabella aún le parecía extraño tutearle.
—Vaya, vaya… Parece que el alcohol favorece a tu descarada lengua viperina. —Edward permanecía apoyado de manera relajada sobre la pequeña mesa— Ya decía yo que habías estado demasiado contenida durante toda la ceremonia...
—Yo no...
—Está bien, no quiero iniciar una disputa. Dejémonos de rodeos y vayamos al grano. —Suspiró Edward frotándose los ojos—. Mi deseo era partir después del enlace, no quería... Llevar a cabo este asunto tan pronto, pero parece ser que Aro no pina lo mismo. Ahora mis deseos, al parecer están unidos a lo de él.
—¿A qué te refieres?
—Seré sincero, no pensaba cumplir con mi deber como esposo esta noche. —Confesó acercándose hasta ella.
—Ah... ¿No? —Preguntó confundida.
—Pareces sorprendida. ¿Es que acaso estabas deseando yacer conmigo?
—¡No! —Exclamó rápidamente— Por supuesto que no, es solo que Rose me dijo que….
—¡Ah! Ya entiendo…Los consejos de una mujer casada a una futura novia…Siempre me ha parecido interesante ese tipo de conversaciones. Cuéntame, ¿Qué te dijo tu cuñada?
—Cosas…íntimas, que no te incumben. Pero creo que nos estamos desviando del tema. ¿No querías pasar la noche en Swan?
—No, quería partir hacia Cullen inmediatamente después de la boda. Llegar a mi hogar y dejarte unos días para que te acostumbrases a tu nueva vida y a mí, y después...
—Cumplir con tu obligación.
—Exacto.
—Qué considerado….
—No soy un demonio, a pesar de que tú lo creas.
—Digamos que te tengo la misma estima que tú a mí.
Edward sonrió de nuevo. Al parecer, el vino estaba surtiendo efecto y la Isabella que tenía frente a él era la misma que había conocido y no ese pajarillo asustado que estuvo junto a él durante la ceremonia.
—Como ves…Tenía buenas intenciones, pero Aro ha trastocado mis planes.
—Entiendo...
—Isabella, he estado pensando en estos días y aunque ninguno de los dos ha accedido a este matrimonio por voluntad propia creo que lo más inteligente es intentar llevarnos bien, conocernos y tolerarnos. Al fin y al cabo, vamos a compartir nuestras vidas.
—Bueno…, yo puedo intentarlo si tú te comprometes a hacer lo mismo. Durante estos días no has sido especialmente amable conmigo, así que…permíteme que dude de tus palabras.
—Tú tampoco has sido un alma cándida. Cada palabra que lanzas por esa boca es una pequeña daga contra mí. Por eso creo que lo mejor es… volver a empezar. ¿Estás de acuerdo? —Preguntó enarcando una ceja.
Isabella le miró de arriba abajo, parecía muy seguro de sí mismo y sincero en sus palabras.
Aunque le costase, debía confiar en él. Cuando abandonasen Swan, sería a la única persona que conocería a parte de sus cuatro hombres.
—De acuerdo. —Aceptó
—Perfecto. —Asintió Edward satisfecho— Entonces, creo que lo mejor será brindar por ello. —Sugirió tendiéndole una mano para que se pusiera de pie. Se aproximó hasta ella e inclino su copa haciendo que ambas chocasen.
—Y... ¿Ahora?
—Ahora... Debemos relajarnos e intentar disfrutar de la noche. —Edward no pudo evitar esbozar una traviesa sonrisa.
—¿Yo también?
—Principalmente tú.
—Pero tú también debes disfrutar, bueno, quiero decir, no sé qué va a pasar, pero... Dentro de tu soberbia y tu falta de tacto se ve que eres atractivo y...
Edward se mordió la lengua para evitar contradecirle ¿Soberbia? ¿Falta de tacto? ¿Pero esa mujer había escuchado la conversación que habían tenido?
—Cada minuto que pasa me sorprendes más; me halagas y me insultas en la misma frase.
Isabella ignoró su comentario y continuo...
—Puede que tú no pienses lo mismo de mí, que no me consideres...
—¿Atractiva? ¿Hermosa? —Preguntó acercándose hasta ella y tomándola de la barbilla, haciendo que el ambiente se volviera sensualmente pesado—. Isabella, eres demasiado tentadora para tu propio bien. —Confesó centrando su mirada en los labios.
—¿Vas...? Vas... ¿A besarme? —Preguntó completamente ruborizada.
—¿Te gustaría? —Susurró a escasos centímetros de sus labios— ¿Te gustó el beso de antes?
—Sí...
—¿Cuánto sabes acerca de lo que va a pasar esta noche? —Las palabras salieron a media voz de su garganta. El aroma de Isabella se estaba colando por cada poro de su piel, haciendo que una hoguera en su interior comenzase a prenderse.
—Un p-poco...—Como ya te he dicho Rosalie habló conmigo sobre el tema.
—Entonces… imagino que sabrás que no sólo te besaré
—No, pero... ¿Podemos empezar por ahí? —Preguntó mordiéndose el labio inferior. La cercanía de Edward la estaba perturbando en exceso.
—Si tú quieres... —Edward acortó la distancia que les separaba y besó sus labios.
Al igual que le pasó en el altar, la intención de besarla suavemente abandonó su cabeza cuando sintió el contacto de sus labios. Una ráfaga eléctrica le sacudió de arriba a abajo haciendo que la tomase de la cintura y profundizase el beso. Bella apoyó sus manos en el pecho de él para buscar apoyo, el asalto enfebrecido de su boca la estaba desarmando. Solo cuando la necesidad de aire se hizo presente ambos se separaron jadeantes.
—Esto será sólo el principio. —Confesó Edward tomándola en brazos y llevándola a la cama. Sus ojos esmeraldas se habían tornado oscuros y la miraban hambrientos.
Dejándose hacer, Isabella sintió como su cuerpo caía en la cama y Edward se cernía sobre ella.
—¡Espera! —Gritó haciendo que él se sobresaltase.
—¿Qué ocurre?
—Puedes... Apagar las velas, por favor.
—¿Qué? ¿Por qué? —Preguntó contrariado.
—Yo… Me da vergüenza. —Confesó apesadumbrada.
—Y estar a oscuras, ¿Te ayudará a relajarte?
—Sí
—Está bien, solo por esta vez. —Claudicó suspirando resignado.
A él no le gustaba estar a oscuras y menos cuando se trataba de intimar con una mujer. Prefería disfrutar de esos placeres carnales viendo el rostro de su amante, pero entendía la situación de Isabella, por eso accedió. Al fin y al cabo, para él, era mucho más fácil.
Se había autoconvencido de que lo de esta noche sería colmo una aventura más, un mero trámite, una noche de sexo con una mujer, como había pasado tantas veces con otras, solo que esa mujer era virgen y además, su esposa.
Se levantó de la cama y se acercó hasta los candelabros que sostenían las velas que iluminaban la estancia. Sopló fuerte quedando la habitación en penumbras, solo iluminada por la luz de la luna.
—¿Mejor? —Preguntó observando como ella permanecía levemente incorporada apoyada en sus antebrazos.
—Sí. Gracias.
—Pues prosigamos.
Como un león que examina a su presa se acercó nuevamente hasta la cama, de pie, a su lado, se deshizo de los pantalones quedando única y exclusivamente con sus calzones. Divertido por la situación observó como su ingenua esposa cerraba fuertemente los ojos, pues la penumbra no era suficiente para no verla.
—¿No te gusta lo que ves?
—¡No veo nada! —Exclamó nerviosa.
—¡Con los ojos cerrados no me extraña! —Bromeó sin poder ocultar la risa— Pero Bella, en la penumbra también se aprecian los detalles.
—¿Puedes cerrar las cortinas?
—No. —Respondió subiéndose a la cama y cerniéndose sobre ella, trepo por su cuerpo si tocarla hasta llegar a su rostro y susurrar a su oído—. Accedí a tu deseo de apagar las velas, ahora tu aceptarás el mío.
Suavemente, deslizó el tirante de su camisón por su hombro dejando al descubierto su sedosa piel. El tirante del otro lado siguió el mismo camino dejando al descubierto sus dos senos: tersos, firmes, coronados por sus dos pequeños pezones sonrosados.
Acarició uno y luego otro, pellizcándolos suavemente, arrancando un jedo de sorpresa de la boca de Bella.
—¡Oh, Dios! —Jadeó.
Edward sonrió sobre la piel de ella y continuó deslizando la prenda hasta dejarla completamente desnuda.
No podía observarla bien debido a la oscuridad, de hecho, en ese momento se odiaba a sí mismo por haberle hecho caso y ser tan considerado y complaciente. Quería verla, necesitaba saber cómo era ese cuerpo desnudo que le estaba encendiendo.
Porque algo estaba pasando en su interior, desde el momento que comenzó a desnudarla y a sentir su piel, una febril necesidad de poseerla crecía en su interior. Jamás había sentido nada igual, y no era capaz de controlarlo.
Bella se removió inquieta bajo el cuerpo de Edward
—¿Estás bien?
—Sí
—¿Te hago daño?
—No, es solo que...
—¿Qué?
—Necesito... más
—¿Más qué? —Susurró acariciando el suave cuello de ella con su lengua.
—Cómo…. me has tocado. ¡Dios mío, que vergüenza!
—¿Te ha gustado?
—Sí. —Aceptó avergonzada.
—No te avergüences, es una reacción normal. —Sonrió— Espera y verás.
Edward aproximó su mano hasta el pubis de ella y empezó a acariciar su monte de venus. Isabella, en un acto inconsciente atrapó la mano de él y frenó su movimiento
—Shhh…déjame, esto también te gustará.
Lentamente introdujo un par de dedos y empezó un suave bamboleo en su interior. Sintió como poco a poco ella se humedecía. Lo estaba disfrutando, sus jadeos así se lo demostraban.
Las manos de Isabella se aferraban a las sábanas haciendo que su pelvis se alzase en busca de los dedos de Edward. Quien al sentir como la vagina de ella se contraía en torno a su mano, buscó su clítoris y lo acarició presionándolo suavemente, haciendo que su orgasmo estallase.
—¡Santo cielo! ¿Qué me has hecho? —Preguntó una jadeante— Eso... Tocarme así no es…. decente.
—Isabella..., en la cama es en el único lugar donde podemos dejar de ser decentes.
Edward sonrió por la actitud escandalizada de su esposa. Estaba a punto de estallar, al menos su miembro lo estaba, y él…Él se moría por saborearla en sus partes más íntimas, pero si lo hacía, temía que saliese huyendo por su propio pudor.
—Pero... Esto no está bien.
—¿Te desagrada? ¿No te gusta? —Preguntó enarcando una ceja.
—No, quiero decir que sí, es decir, que no me desagrada, que si me gusta.
Intentó explicarse nerviosa.
—Pues entonces todo está bien.
—Pero... Debe doler, ¿No? Al menos eso dicen...
—A ese paso vamos ahora, aunque intentaré que sea lo menos desagradable posible.
—Pero… ¿Que vas a hacer? ¿No podemos seguir como hasta ahora?
Edward tomó aire para calmarse. No solía hablar mucho mientras mantenía relaciones, y mucho menos explicar cada paso que daba, pero entendía la preocupación de ella.
—Te prometo, que después del dolor todo será mejor.
Edward se posicionó en su entrada. Su miembro estaba palpitante e inhiesto, había estado a punto de correrse dándole placer a ella, algo que nunca le había pasado. Eso hacía que se muriese de ganas por saber que se sentiría al hundirse en ella.
Introdujo su miembro lentamente sintiendo como la barrera de la virginidad de ella e impedía el acceso. Automáticamente, sintió cómo ella se removía incómoda deajo de él.
—Tranquila…
—Me duele… —Se quejó dibujando una expresión de dolor en su rostro
—Pasará. —Tomó suavemente las piernas de ella y las enredó en torno a su cintura, introduciéndose por completo de un solo empujón, haciendo desaparecer el rastro de su inocencia.
—¡Ahh... Edward.! —Jadeó clavando las uñas en su espalda.
—Shhh,.. ya pasó —Susurró en su oído—. ¿Estás bien?
—No lo sé. —Respondió con voz estrangulada.
—Solo serán unos segundos, pronto te acostumbrarás a mí. —Le calmó intentando aguantar su peso en sus brazos para evitar caer sobre ella. La presión en su miembro le estaba matando, se moría de ganas por moverse, pero debía contenerse.
—¿Y se acabó? ¿Ya está?
—No, —Sonrió mientras que sus ojos brillaban traviesamente— Ahora empieza lo mejor.
Suavemente retrocedió su avance y volvió a introducirse de nuevo en su interior. Arrancando un jadeo sorprendido de la boca de ella.
El jadeo de placer ánimo a Edward, que continuó meciéndose, sintiendo como las paredes de su vagina le exprimían enviando olas de placer que sacudían su cuerpo.
Sabiendo que no aguantaría mucho más, volvió a buscar el clítoris de ella y le acarició haciendo que estallase el segundo orgasmo de la noche. Orgasmo, que él alcanzó al mismo tiempo, derramando toda su simiente en el interior de su esposa, estallando un abrasador fuego en su interior.
Rendido ante el placer desconocido, reposo su frente sobre la de ella.
—¡Dios! Tenías razón, ha sido... Mucho mejor.
El tono risueño de ella le hizo tomar consciencia de lo que acababa de pasar, aunque en realidad había perdido el control.
Su intención era cumplir con su deber como marido, arrebatarle la virginidad y poco más. Sexo, solo eso. Pero esa bruja le hacía actuar de manera extraña. Cuando estaba a su lado conseguía apoderarse de él.
Como un resorte se apartó de ella, como si su sola presencia le molestase.
—¿Edward? —Preguntó al sentir como abandonaba el lecho.
¿Qué estaba haciendo? Durante un instante sintió la necesidad de quedarse allí, tumbado a su lado, abrazándola, durmiendo junto a ella…Pero eso no podía ser. Había cumplid con su deber, la consideración que tuvo fue despertada por el hecho de que era su primera vez, nada más que eso.
—¿Edward? —Insistió al ver que no obtenía respuesta.
—Duerme... —Respondió en tono frio y seco si dirigirle la mirada— Necesitarás descansar para mañana.
Tomó su ropa y se vistió rápidamente, ignorando la expresión de confusión que se dibujaba en el rostro de Isabella, que le miraba aferrada a la sábana sin saber que era lo que estaba mal.
Edward abandonó la habitación cerrando la puerta sin ninguna delicadeza. Necesitaba salir de allí, respirar aire fresco, pero sobre todo…, Necesitaba alejarse de ella.
¡Hola! ¿Qué tal todo?
Bueno pues parece que después de todo sí hemo tenido noche de bodas, aunque con un final un poco…agridulce.
¿Qué ocurrirá ahora? ¿Cómo será la nueva vida de Isabella en Cullen?
Muchas gracias a todos por os favs, follows y reviews. ¿Os está gustando la historia?
Espero ansiosa vuestros comentarios
Nos leemos el martes en el grupo de Elite Fanfiction y sus martes de adelantos y el viernes en un nuevo capítulo.
Saludos.
Nos seguimos leyendo.
