Los personajes no me pertenecen exclusivamente a sus creadores Nagita e Igarashi mundo alterno época actual contenido adulto queda advertido. Reto NOCHE DE BRUJAS 2020.
Reconociendo sus sentimientos.
Albert abría sus hermosos ojos azules mientras el alba dejaba asomar los primeros rayos del sol. Se sentía desubicado y con la garganta pastosa. Miró a su alrededor y vio que estaba en una pequeña casita hecha con ramas. Buscó rápido a Candy y le vio que estaba dormida a un lado de él y se le veía preciosa. Ese hermoso rostro de porcelana y esas bellas pequitas. La hacían lucir como toda una diosa. Su mirada se posó en esos labios rojos cereza y recordó que en sus sueños había besado esa deliciosa boca. Le pareció tan real que no deseó despertarse nunca. Quiso levantarse pero todo le dio vueltas.
—No, no te levantes–estás demasiado débil todavía. Te ha mordido una serpiente negra y has sobrevivido por suerte— Candy explicó mientras se ponía de pie. Le arrimó rápidamente un vaso con zumo de flores que había recolectado la tarde anterior. Y le acercó un trozo de conejo asado, aunque estaba frío estaba delicioso. Albert bebió el zumo moría de sed. Y recordó lo sucedido la tarde anterior.
—Me has salvado...— gracias—dijo Albert mientras daba la primera mordida al trozo de carne. Moría de hambre a pesar de todo.
—Aun está débil... —creo que debemos pasar un día más aquí...
—No, no podemos, el tiempo apremia y yo estoy bien—dijo Albert levantándose y más tardó en levantarse que en caer desmayado otra vez. Candy corrió hasta él para auxiliarle y sabía que debía ayudarle. No podían detenerse más tiempo. Así que se arrodilló ante él, y posó sus palmas de sus manos en su abdomen sin tocarle. Y comenzó a recorrer con sus manos en todo su cuerpo, las manos de Candy desprendían una luz brillante. Candy, le estaba donando de su energía. Duró algunos minutos hasta que por fin liberó a Albert de todo el veneno que aún se encontraba en su sangre. Candy cayó al piso débil y pálida. Cada que ella hacía eso, esa energía jamás regresaba y su organismo mermaba. Las hadas podían donar de su energía. Pero, Candy cada que lo hacía, perdía poder. Si continuaba haciéndo esto., al no ser de sangre pura... ella dejaría de existir.
Albert abrió los ojos por segunda vez y se sintió renovado y con demasiada energía. Habían desaparecido los mareos y la jaqueca. Se sentía con las energías suficientes para enfrentar a mil trolles gigantes. Albert buscó a Candy y le vio recostada con los ojos cerrados.
—Candy, —¿Estás bien?—preguntó Albert mientras le ayudaba a levantarse.
—Sí, estoy bien...—Candy se obligó a fingir que todo iba bien con ella. Pero, Albert observó que se le veía pálida.
—No, no estas bien...—de pronto te has puesto pálida...
—Necesito desayunar, eso es todo—contestó Candy y se acercó a donde estaba la comida y bebió el zumo de flores. Albert no dijo más ambos desayunaron y se alistaron para marcharse. Candy bebió y comió el conejo asado y sintió que recuperaba un poco sus fuerzas.
—Falta poco para llegar a los volcanes...—estamos a dos días para llegar—dijo Candy más animada mientras caminaban entre el bosque. —pero tenemos que ser cuidadosos, tenemos que cruzar el pantano de las sirenas de la muerte—soltó la bomba Candy. Esa travesía no se comparaba con lo vivido hasta ahora. Las sirenas de la muerte, en un tiempo eran las hadas más hermosas del mundo mágico. Pero, fueron castigadas por el Dios del Oasis. Eran sus hijas, pero fueron desterradas de su mundo. Eran doce hermosas hadas del agua. Pero, su pecado fue enamorarse de seres terrenales y su padre no se los perdonó jamás. Cuando las desterro las despojó de todos sus dones. Les quitó su belleza y sus poderes elementales. Y las castigo... Les hizo un encantamiento irrompible. Deben vagar por aguas pantanosas por toda la eternidad. Pero, son peligrosas, le dan muerte a cualquier ser viviente. Y si por casualidad ven a un humano, desean apoderarse de este. Y lo desaparecen para siempre—Candy narró el relato y a Albert se le puso la piel de gallina.
—¿Cómo es que cruzaremos el pantano, sin que nos vean o nos hundamos?—preguntó Albert valiente, no se dejaría intimidar. Era una muy buena pregunta. Candy antes cruzaba volando sin problema. Pero, con su desgaste de energía no podría volar, tampoco cambiar de tamaño. Así que debían esperar al barquero para que les cruzara. Pero, no estaban a salvo. Donde las sirenas de la muerte lograran hundir la barca, estarían perdidos.
—Debemos esperar al barquero a media noche, le debemos pagar con algo que sea valioso para nosotros. Él nos cruzara... pero, lo difícil es lograr que las sirenas no nos hundan—concluyó Candy era mejor explicarle el panorama. Albert asintió y caminaron por horas, les cayó la noche, pero lograron llegar a las orillas del pantano. El ambiente era tétrico y con neblina. Se sentía una vibra oscura y se podía percibir el dolor, la soledad y el odio. Se podían escuchar el canto de las sirenas de la muerte. Era un canto agudo y transmitía dolor y desespero.
—Candy, ¿dónde buscamos al barquero?—preguntó Albert acercándose a ella. Y pudo observar el semblante debilitado de Candy. —¿Candy? Te ves mal, debemos descansar, perdóname por favor. No debí permitir que me acompañaras. Es mí hermana y tu no tienes porque pasar por todas estas travesías—dijo Albert preocupado y apenado.
—Albert... —no, no te preocupes. Necesito descansar y comer algo. Ven vamos a buscar donde esperar al barquero. Todavía faltan unas horas y podemos cenar algo. Todavía tengo del conejo asado y el zumo de flores, estaré bien—dijo Candy dibujando una sonrisa y obligándose a sobreponerse, no le diría que su debilidad se debía a él. Albert le siguió y limpiaron el lugar, encendieron una fogata, calentaron la carne y se sentaron a disfrutar la cena. Ambos platicaban de todo un poco. Y ambos se sintieron más animados. Candy se quedó dormida recargada en un gran árbol.
Albert le dejó descansar. Todavía faltaba alrededor de una hora para que el barquero arribara y se preguntaba: —¿qué tipo de persona, podría aceptar un trabajo así y más en este lugar?— Y cruzar gente por el pantano a deshoras. Albert acomodó a Candy sobre sus piernas y sintió la tibieza de su cuerpo. Verla así vulnerable, le entraban unas ganas de protegerla. Le había salvado la vida y lo estaba ayudando a recuperar a su hermana y sin pedir nada a cambio. Se sentía conmovido y su corazón se estrujo de emoción. Quería abrazarle, besarle y estar con ella para siempre.
*Oh, Candy... ¿qué es esto que siento por ti? Acaso, ¿esto es amor?*
Albert recordó como su hermana Rosemary amaba a ese hombre y por esa razón su hermana había escapado para buscarle y después sucedió lo de su desaparición. A Albert le pareció correcto y leal enterar a Vincent Brown lo acontecido con su hermana. Le buscó y se arrepintió por buscarle. Ese hombre jamás amó a su hermana.
Retrospectiva
Albert se sentían frustrado, furioso y desesperado por no saber de su hermana. Sus padres no querían saber nada al respecto de ese relato fantasioso. Ellos creían que alguien la pudo robar, en ese entonces se estilaba así., y la buscaban con las autoridades. Pero, él sabía la verdad y nadie le hacía caso. Fue de visita al castillo del Duque de Brown. Y pidió hablar con este. Vincent al indicarle su mayordomo de quien se trataba de inmediato lo hizo pasar.
—Jovencito, ¿en que puedo ayudarle?—preguntó el Duque. Vincent Brown era mayor que su hermana. Tendría alrededor de 28 años o menos. Era un hombre alto y de carácter regio. Albert jamás le había visto, solo le conocía por lo que su hermana le había contado. Rosemary lo había conocido a las orillas de un lago. A su hermana le gustaban las caminatas matutinas y al Duque le gustaba salir a montar. Rosemary era temeraria como imprudente y no media los peligros. Y al estar sola en el bosque, fue atacada por un horrible jabalí de colmillos enormes. Rosemary corría desesperada y gritaba pidiendo ayuda. El Duque que se encontraba dando de beber a su caballo, escuchó el grito desperado de una dama y le vio al otro lado de la orilla. De inmediato se montó a su corsel de nombre zafiro. Y fue a su rescate. La veía huir de esa gigantesca criatura. Vincent galopaba veloz, logrando emparejarse a la mujer rubia que parecía a punto de desfallecer. Logrando tomarle del talle y logrando subirla a su caballo. Rosemary se aferro al cuerpo de su salvador cerrando sus ojos. Vincent aceleró el galope y dejando atras a la bestia. Vincent sentía la calidez de esos brazos que se aferraban a él con miedo. Desaceleró el galope hasta parar en su totalidad a zafiro.
—Señorita, esta ha salvo...— dijo Vincent tratando de encontrar el rostro de esta mujer. Pero, la melena rubia enmarañada se lo impedía. Pero, aspiró un delicioso aroma a flores de lavanda y se llenó de este olor silvestre. Rosemary, fue levantando el rostro lentamente, quería dar las gracias a su valiente héroe. Además ya había recobrado el aliento. Así que haciendo a un lado esos cabellos que cubrían su rostro. Postro su mirada azulada a este hombre, que le miraba con una sonrisa amigable. Rosemary abrió sus hermosos ojos, sorprendida por lo buen mozo que era este hombre. Sus cabellos eran castaños y sus ojos negros como el ébano. Y quedó atrapada en esa hermosa sonrisa que le prodigaba este caballero. Vincent quedó prendado de esos hermosos ojos azules acerados, le causó un gran impacto ver lo hermosa que era y sintió una atracción inmediata. A partir de ese momento se enamoraron y vivieron muy buenos momentos y hacían planes juntos. Pero, la historia era diferente... Así como Charles Ardley no aprobaría jamás esa unión. El Duque tenía deberes que cumplir y jamás podría unirse a la mujer amada.
—Perdone que venga a su castillo así sin más; pero, mi hermana Rosemary le necesita—Albert fue directo, y al grano. Vincent sintió un gran nudo en el estómago, pero tenía que poner fin a todo esto. Su padre tenía pocos días de morir y todas las responsabilidades y ocupaciones del Castillo y el título había pasado a sus manos y debía hacer lo que se esperaba de él. Desde que tenía uso de razón había sido educado para seguir los pasos de su padre y servir a la corona. Así que cualquier relación que haya soñado tener con su amada Rosemary, estaba terminada. Vincent ya estaba comprometido para casarse con una marquesa, por órdenes de la reina que era su tía hermana de su padre. Y no podía negarse. Aunque amaba a su hermosa ninfa de ojos azules. El honor y lealtad, pesaban más que el amor. Habían sido unos ilusos al creer que la nobleza inglesa y la escocesa, les permitiera lograr una unión. Así que debía romper cualquier lazo, aunque su corazón se le fuera en esto. Pero, de algo estaba seguro. "Jamás volvería a amar a nadie... como amaba a su bella Rose".
—Siento mucho lo que le pueda estar sucediendo a Rose... —yo pensaba hablar con ella, pero nunca llegó a nuestra cita... Pero, es mejor así. Yo, estoy prometido a otra persona y pensaba enterarle. —Albert escuchó con gran dolor y decepción, lo que este hombre le decía de manera seria e impersonal. Como si su hermana jamas hubiese sido importante para él. Albert se llenó de rabia y decidió irse de aquel lugar. Sin decir palabra alguna.
—Usted...— jamás mereció el amor de mi hermana...—expresó Albert y se marchó sin decir palabra alguna y con el corazón destrozado. Dejando a Vincent muerto en vida.
*Tienes razón muchacho, jamás merecí su amor... adiós para siempre mi hermosa ninfa* pensó Vincent con lágrimas en los ojos.
Final de retrospectiva
Candy despertaba y vio como Albert se limpiaba sus lágrimas. Le vio su rostro triste y desencajado. Sabía el amor que le profesaba a su hermana y se le encogió el corazón. Candy pensaba que si este hombre amaba a su hermana con tal devoción, ¿cómo sería ser amada por este hombre? Con amor pasional y carnal. Candy sólo de imaginarlo, su cuerpo ardió interiormente.
—Albert, creo que ya es hora... —debemos esperar al barquero al norte del pantano. Vamos...— dijo Candy sacándole de sus recuerdos. Albert asintió y caminaron solo con la guía de la luz de la luna. Que esa noche parecía enorme y más brillante de lo normal. Caminaban en silencio, Albert se sentía, lleno de mil emociones. Después de la muerte de sus padres no se permitió decaer y se aferró a la esperanza de encontrar a su hermana. Candy le veía perdido en sus pensamientos y respetaba su dolor o demonios internos. Solo deseaba protegerlo. *Oh, mi hermoso caballero... te ayudaré a encontrar a tu hermana. Seré tu protectora. *pensó candy decidida y con su corazón entregado. Cuando una hada deseaba ser guardián de un ser terrenal lo hacía con el corazón, alma y su vida.
—Albert, Albert... —hemos llegado. No hagas ningún ruido—Candy indicó, ya que se encontraban en la orilla norte del pantano. Había un puente no más de dos metros de largo pero era angosto. Se tenía que cruzar en fila.
—Albert, iré adelante de ti, debes ser silencioso para no atraer la atención de la sirenas—dio instrucciones en susurro Candy.
—Candy... —debes dejarme hacer esto solo. No quisiera exponerte más. Has hecho demasiado por ayudarme. Pero, no soportaría que algo te sucediera—dijo Albert mirándole con adoración. A Candy se le calentó el corazón y se prometió internamente que le seguiría hasta el fin del mundo.
—Albert, no conoces mi mundo. Soy la única que puede guiarte y...—además quiero ayudarte—dijo Candy tocándole su mano. Albert se sintió feliz y con el corazón acelerado.
—¿Por qué? ¿por qué quieres ayudarme?— preguntó Albert enredando sus dedos a los de ella. Y se acercó más a ella. Candy quería desmayarse de emoción al sentirlo cerca de ella. Y sus miradas se cruzaron conectando sus miles de emociones.
—Deseo ayudarte porque, te quiero—dijo Candy sincera. Candy no sabía lo que era ocultar sus sentimientos. Si ella sentía amor, lo expresaba sin pedir nada a cambio. Albert dibujó una hermosa sonrisa y acercó su rostro a la de ella y sin decir palabra alguna la besó. Candy se entregó a ese besó sin miedo. Albert ya era dueño de todo su ser. Albert la besó con ternura y profundizó el beso tornandose demandante. No importaba nada ahora solo ellos uniendo sus bocas y sus almas bajo la luz de la luna.
Continuará
Chicas les dejo actualización. Espero sus comentarios. Pasen linda noche.
