Capitulo 10: Intrigas y traición
Pycelle
Año 280 después de la conquista
Había pasado una semana, una semana desde que la extraña "tormenta" había azotado la capital del reino. Vientos poderosos ahora chocaban contra las paredes de la Fortaleza Roja, estruendos deslumbrantes ocurrían en los cielos y lo mas extraño es que ni siquiera una gota de agua había caído del cielo desde el comienzo del extraño fenómeno. Nubes oscuras, vientos desgarradores y nada de lluvia… la situación perfecta para que el pueblo comenzará a inventar tonterías.
Aerys, que cada día estaba más demente, había convocado a septons y maestres para lidiar con el fenómeno. El rey se había vuelto paranoico, temeroso… después de todo, había quienes decían que se trataba de un castigo de los dioses por todas las injusticias que había cometido, incluso que se trataba de una venganza de las almas atormentadas de la casa Darklyn.
"Oh, la casa Darklyn" pensó sombríamente.
Había pasado un año, un año desde que el ingenuo señor, Denys Darklyn, había cometido el peor error de su vida. "Resistencia del Valle Oscuro", así llamaban al intento de no pagar impuesto de lord Denys, el tonto señor había decidido secuestrar al rey, esperando salir ileso ante tal estupidez. Sus planes fueron frustrados por ser Barristan Selmy, que se infiltró en la fortaleza, logrando rescatar a Aerys. Lo que sucedió después seria conocido como "La hoguera de Valle Oscuro", la mano del rey, lord Tywin Lannister, había capturado a toda la familia del traidor y por orden del rey, les había prendido fuego a todos, desde los niños hasta los ancianos, nadie había quedado vivo para contarlo.
Pycelle sabía que, desde ese día, el rey se había vuelto un ejemplo de la locura Targaryen. El rey ahora era temeroso incluso de su propio heredero, a quien acusaba de no haber asistido para ayudarlo en Valle Oscuro. Incluso había traído a ese eunuco intrigante de Essos, el llamado "lord" Varys. Pycelle había escuchado al castrado susurrar traiciones al oído de Aerys, sembrando dudas sobre las intenciones de los Dornienses y del príncipe Rhaegar. La situación, sin embargo, era agradable para él y sus intereses. Las dudas sembradas por Varys, habían causado que Aerys se acercase cada vez más a su otro hijo, el príncipe Daeron, quien en muy poco tiempo se convertiría en esposo de lady Cersei Lannister.
"Lord Varys, ¿Eres un amigo o un enemigo?" se preguntó, acariciándose la extensa barba que recorría su barbilla.
Era tarde para preocuparse por las intenciones del eunuco. Lo que importaba es que desde el día en que Varys había llegado a la ciudad, no había revelados sus planes, o lo que, para algunos sin duda, sería un "complot". Hace años, Lord Tywin se había acercado a él y desde ese momento su futuro había quedado sellado; algunos lo habrían considerado traición. Y quizá al fin y al cabo si se trataba de una traición, pero, ¿Traición a quién?... ¿A un rey loco que quemaba gente por diversión?, Aerys y su heredero se habían ganado todo lo que pudiese pasarles.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por un fuerte estruendo que había sacudido la fortaleza, entonces su mente comenzó a divagar sobre la causa de ese estruendo, la "tormenta". Él había servido a tantos reyes, desde Aegon V, un gran hombre reformista, posteriormente a su hijo enfermizo, Jaehaerys II y ahora al llamado "rey loco" Aerys ll. en todos esos años había visto muchas cosas, incluida la tragedia de Refugio Estival, causada por un intento eclosionar huevos de dragón. A pesar de tantos años y experiencias, muchos creían que él era un viejo tonto, pero pocos sabían que uno de los eslabones de la cadena que portaba había sido forjado con acero valyrio, demostrando su conocimiento sobre las artes ocultas.
La tormenta había causado que su interés en lo desconocido recobrase intensidad. Pycelle se volvió un poco a la derecha, en dirección a la ventana de sus aposentos. Recorrió con la mirada la loma de una de los acantilados que se encontraban a los lados de la fortaleza, donde las olas del mar chocaban con dureza. Su mirada se fijó en la cumbre, la cual se alzaba con imponencia. En lo alto, una bandada de gaviotas volaba hacia el mar, después de unos minutos, la bandada de aves chocó de manera intencional contra el oleaje marino, perdiéndose en las profundidades del océano.
"Suicidio" pensó.
El fenómeno estaba causando comportamientos extraños en los animales que deambulaban por las afueras de la ciudad. Lo que había presenciado era ciertamente espeluznante, Pycelle comenzaba a creer en los delirios de los septons, tal vez los dioses si querían un castigo, tal vez los dioses querían un sacrificio… pero ¿Qué dioses?
Pycelle sacó de su túnica negra un pergamino. Se encontraba en una encrucijada, o como el pueblo llano lo decía "entre la espada y la pared". Hace meses un curioso mensaje había llegado desde lejanas tierras, un mensaje de un viejo conocido. Un escrito desesperado con la petición de ayuda de su viejo compañero, el maestre Walgrave. Habría sido fácil hacer la vista gorda y desentenderse de los pedidos de su amigo, pero debido a un extraño sentimiento de curiosidad, había decidido escuchar y responder a las peticiones. Pycelle recordó parte de los dichos que contenía el pergamino.
"Noticias de extrema urgencia que me veo en la necesidad de comunicaros viejo amigo. Las velas de vidrio han ardido hace meses y presagios oscuros de Sothoryos requieren atención, me veo en la urgente necesidad de solicitar una audiencia contigo y con el príncipe Daeron, a quien estas noticias resultaran de gran interés".
De nuevo dirigió la mirada a la ventana. El cielo empezaba a oscurecerse más, y el viento se hacía más fuerte. Ya no había tiempo de arrepentimientos, hace mucho que había respondido afirmativamente al pedido de su amigo, ahora solamente esperaba su llegada. Incluso había ocultado esa información de lord Tywin, ya vería si después sería necesario mostrársela. Pycelle extendió las manos fuera de la ventana, donde la brisa marina chocó contra ellas, posteriormente con movimientos lentos y deliberados, hizo añicos el pergamino. Dejó que el viento sobrenatural se llevara los restos, después de unos segundos, vio como los restos se dispersaron arrastrados al grisáceo mar donde las olas los llevaron mar adentro, desapareciendo completamente.
"¿Por qué tarde tanto en deshacerme de ese pergamino?" se preguntó con curiosidad.
Poco después, pequeños golpecitos se dejaron escuchar en sus aposentos, alguien tocaba la puerta.
—¿Quién es? —preguntó.
—Soy un simple guardia mi señor, he venido a informar algo urgente. El príncipe Daeron solicita su presencia en sus aposentos.
Pycelle sonrió
"¿Has llegado el mismo día en que me deshice de tu pergamino, Walgrave?"
—Bien, iré enseguida.
Con eso, Pycelle se dirigió a la puerta, esperando que la decisión que había tomado no le causase problemas en el futuro.
Aerys
Año 280 después de la conquista
Aerys estaba sentado en el trono de hierro, recargado lo máximo posible, refugiándose en el acero cortante de las espadas derretidas, soportando los estruendos que no cesaban en la ciudad.
Traidores… ¡Todos eran unos traidores!
Los septons, los maestres… todos eran incompetentes y traidores, parecía que lo único que querían era hacer que todo el pueblo lo odiase.
—Mi señor, son los Dornienses, ellos conspiran contra usted —Varys le susurraba a su lado—, Mientras más pronto muera usted, ellos controlaran más rápido el trono a través de su hijo traidor, Rhaegar.
Aerys sabia que los aldeanos hablaban, decían que la "tormenta" era una maldición por sus pecados, que los dioses lo querían castigar.
"¡Mentiras!" maldijo.
Los dioses lo habían elegido para reinar, era imposible que lo quisieran castigar… ¡los dornienses!, seguramente esos mestizos con sangre impura querían tomar su trono, ellos buscaban arrebatárselo a través de esa puta maldecida… una bruja, seguramente ella era una bruja, ¡Ella había convocado la tormenta!
—Recordad majestad —Varys seguía susurrando—, el príncipe Rhaegar permaneció en los muros de Rocadragón mientras usted se pudría en las mazmorras de Valle Oscuro. Él quería que usted muriera, él quería tomar su corona.
Era cierto, Rhaegar no había acudido en su ayuda, solamente Daeron había estado en el asedio, ¡Rhaegar era un traidor!
—Los mataré, ¡Haré que los quemen a todos! —Dijo con exaltación.
—No mi señor, sigue siendo su familia, si hace eso, todos los señores se rebelarán —Varys dijo con delicadeza—, debe traerlo a la capital, solo aquí podremos vigilarlo de cerca.
Aerys gruñó, pero su consejero tenía razón. Una cosa era quemar a señores menores y aldeanos insignificantes, pero si quemaba a su heredero y a su familia, los perros dornienses se rebelarían y quien sabe cuántos los seguirían.
—Varys envía un mensaje a mi heredero, debe regresar a la capital urgentemente, si no lo hace, será declarado traidor y todas sus posesiones y títulos confiscados.
El eunuco hizo una reverencia y se marchó lentamente de la sala del trono, dejándolo con sus pensamientos.
"Rhaegar, no permitiré que me quites lo que es mío" Aerys pensó mientras se retorcía en el trono, rasgándose la piel con los bordes filosos de las mil espadas.
Glosario ingles/español
Eslabón de acero valyrio
"Acero valyrio (Magia y Ocultismo) - Sólo uno de cada cien tiene un eslabón de acero valyrio, pues el estudio de la magia es mal visto por la mayoría de los maestres".
"A small number of maesters, including Maester Luwin and Archmaester Marwyn, have Valyrian steel links in their collars, representing their study of magic and occultism. Marwyn also has a ring, a rod and a mask of Valyrian steel. The maesters who gain Valyrian steel links do not have to forge the metal themselves."
