—Ugh, Potter ¿Sabes que es peor que trasladar abono para mandrágoras, el que por cierto huele a orina de troll? Trasladar abono para mandrágoras contigo -bufa el rubio, acomodándose la túnica mientras camina molesto hacia los invernaderos junto a él. —Es cientos de veces peor.
Harry, a quien no le hacía nada de gracia la situación, rueda los ojos emitiendo un suave sonido de exasperación.
—Para mí tampoco es la mejor de las situaciones, Malfoy -gruñe —Pero si te quedaras callado harías esto mucho más ameno para ambos.
—No es mi intención que algo entre nosotros sea ameno.
—Claro, tu intención solo es ser desagradable.
Malfoy, quien iba a penas un par de pasos delante de él bajando la pequeña colina que se formaba en los jardines de Hogwarts, se voltea para mirarle con indignación.
—Especialmente contigo, gracias por notarlo.
Harry va a replicar, pero en ese momento un estruendoso ruido, como el de un trueno, les hace detener en seco, teniéndose que llevar las manos a la cabeza para taparse los oídos.
Se dedican una mirada de confusión, y tanto él como Malfoy miran hacia su alrededor intentando averiguar la mejor opción que tenían; o volver al castillo o correr hasta los invernaderos, los cuales quedaban más cerca.
Sin embargo, ni lo uno ni lo otro alcanzan a hacer. El sonido se hace más potente y sobre ellos se forma un enorme aro de luz y fuego, con ondas en el centro que giraban a una increíble velocidad. Harry cree que lo mejor es salir del alcance de lo que sea que fuese aquello, pero unos gritos que parecían provenir de dentro de eso, llaman su atención.
—¡Hay que correr! -grita Malfoy, con los oídos tapados mientras daba un par de pasos hacia atrás.
Harry asiente, teniendo que aceptar que aquello era la mejor opción aun cuando tenía curiosidad por los gritos, pero solo alcanza a dar un par de pasos cuando dos bultos caen del aro de luz, el que desaparece en el mismo instante en que los bultos dan contra el suelo, llevándose con ello el ruido y el repentino viento.
Malfoy y Harry intercambian una mirada. Harry se percata de que Malfoy aun parece tener intenciones de alejarse de allí pero él, no pudiendo soportar más la curiosidad, decide inclinarse sobre lo que parecía un manojo de túnicas negras.
—Potter, sea lo que sea eso, no te salvaré así que vámonos de aquí.
Harry le hace con la mano una señal para que aguarde un instante y se inclina sobre aquello que comienza a moverse y a emitir gemidos de dolor.
De pronto, un par de voces lo dejan perplejo.
Rápidamente se gira a ver a Malfoy y puede ver que tiene la misma expresión que él en el rostro. Y, pasmado, camina casi involuntariamente hasta quedar a su lado.
—¿Ves lo que has hecho, Potter? Por cierto, quita tu mano de mis costillas, que duele. -decía una voz igual, pero igual, a la de Malfoy.
—No ha sido mi culpa, y creo que es mi pie. -replica la otra voz, que sorprendentemente se parece a la de él.
Vuelve a mirar hacia Malfoy y éste se encoge de hombros cuando se encuentra con sus ojos.
Entonces, del montón de túnicas negras, comienzan a incorporarse dos chicos despeinados y con la ropa desordenada, que ajenos a ellos dos, seguían reclamándose el uno al otro.
Si Harry hubiese podido hablar, se hubiese acercado para ofrecer su ayuda, pero no puede mover ni un solo músculo, porque frente a él hay otro Malfoy y otra versión de él que le hacen pensar que están en un sueño.
—¿Qué mierda ha sido eso? ¿Qué te he dicho sobre leer cosas en ese libro? -el otro Malfoy se alisa la túnica y mira con recelo un libro que Harry reconoce al instante y que su otro yo sostenía en una mano. —Solo lograste meternos en una horrible cápsula que nos lanzó al mismo lugar en el que estábamos.
—Tú tenías curiosidad por lo que era ese texto. ¿Qué sabía yo que era un hechizo? Ahora ¿Podemos dejar de discutir e ir por el abono?
—Tú deberías llevar solito ese abono…
Ambas versiones de ellos, sin percatarse de su presencia al darles la espalda, comienzan a caminar tranquilamente hacia los invernaderos. Harry intercambia una última mirada atónita con el Slytherin, y ambos, de forma tácita, acuerdan llamar la atención de los dos extraños no tan extraños.
—¡Oigan, deténganse! -grita Harry, quien duda que los dos chicos se detuviesen solo porque él lo decía, sino que cree que lo hicieron por lo familiar que les debió de haber resultado su voz.
Los dos se voltean y ambos ahogan un grito de asombro cuando los tienen frente a frente.
—¿Quiénes son? -inquiere el otro Malfoy, con el ceño fruncido sacando su varita tan rápido como el Malfoy original.
—Ustedes son los que acaban de aparecer del cielo, así que ustedes deberían responder eso. -ruge el rubio a su lado.
Harry por su parte, intercambia una mirada cautelosa con su otro yo.
—¿Por qué se ven como nosotros? -pregunta el otro Harry sin despegar la vista de él. Harry también lo mira fijo y es por eso que, no se le pasa por alto el brazo protector que pone entre el otro Malfoy y el Malfoy que estaba junto a él.
—Las respuestas las deberían dar ustedes. ¿Qué quieren? -pregunta el rubio, y el otro rubio chasquea la lengua, adoptando la misma mirada soberbia del Malfoy que él conocía.
—Ha sido el hechizo.
—Uju, Potter, punto para Gryffindor por tanta astucia -suelta sarcástico Malfoy dos, y luego se cruza de brazos para mirar hacia ellos. —Nos han castigado por culpa de Harry e íbamos a trasladar un asqueroso abono cuando, por culpa de Harry también, nos vimos envueltos en un viejo conjuro de alguien que se apoda el príncipe mestizo. -El otro Malfoy le quita el libro de las manos al otro Harry para examinarlo, pero Malfoy uno se lo quita de las manos para leerlo también. Harry se asoma por sobre su hombro, sin dejar de apuntar hacia sus otros yo.
—Habla de mundos paralelos. -comenta el rubio, traduciendo lo que a Harry le parece un latín muy extraño.
—Lo sé, me acabo de dar cuenta. -comenta el otro Slytherin.
—Veo que mi otro yo es medio imbécil -dice el rubio.
—Bah, al parecer, porque dejé que Potter hiciera el conjuro.
—¿Podrías dejar de culparme a mí, Draco? Tú querías saber para qué servía, ahora hazte cargo de tus acciones.
—Han dicho que también los han castigado ¿Tú -apunta hacia el rubio —también intentaste quitarle el libro a él haciendo que derramaran el caldero? Porque eso es lo que nos ha sucedido a nosotros.
—Anda, dile que la peor parte es que nos hayan puesto como compañeros de trabajo -bufa Malfoy a su lado.
—Sí, es justamente lo que pasó -asiente el otro Harry, mirando molesto hacia su Malfoy —Sólo que el profesor no nos ha juntado. Fuimos nosotros quien nos escogimos como compañeros.
—¿Por qué? -preguntan Harry y Malfoy a la vez. Harry perplejo y Malfoy como si estuviesen locos.
—¿Ustedes no suelen ser pareja en pociones?
Los dos niegan con la cabeza, entonces Malfoy dos se rasca la barbilla y luego, deduciendo algo, se aclara la garganta.
—Nosotros trabajamos juntos en pociones porque, ya saben, mi talento y el libro de Potter, pero en transformaciones Harry siempre trabaja con sus amigos y yo con los míos -comenta—Así que, si este es un universo alterno, supongo que ustedes trabajan juntos en transformaciones y no en pociones.
—¿Por qué rayos querríamos trabajar juntos? -pregunta el Slytherin, incrédulo.
El otro Harry mira de él hacia el rubio y luego intercambiando una mirada con el chico de su mundo, y asoma una pequeña sonrisa.
—¿Ustedes no son novios?
Tanto Harry como Malfoy intercambian una mirada de horror que hacen reír a los otros chicos.
—¿Qué? -suelta Harry. —¿Cómo siquiera pudo pasar eso?
—Bueno, en primero nos castigaron y tuvimos que ir con Hagrid, Hermione y Neville al bosque prohibido ¿A ustedes les ocurrió? Draco y yo fuimos juntos y vimos a Voldemort, o a Quirrell, da igual, bebiendo sangre de unicornio y bueno, hay cosas que te unen con otra persona.
—Desde ese entonces, Potter y yo comenzamos a hablar y bueno… Ya van dos años que somos novios -se encoge de hombros el rubio.
Harry y Malfoy intercambian una mirada y, como si le hubiesen contado la estupidez más grande, se largan a reír.
—Qué suerte que no soy de ese mundo.
—Claro -suelta Harry. —¿Te imaginas tu y yo…?
—No, antes me imagino a Snape vistiendo de un color vivo y cortándose el cabello. -ríe Malfoy.
El otro Slytherin rueda los ojos y le quita de las manos el libro antes de hojearlo.
—Antes de que tú y yo estemos juntos, el cielo se volvería rosa y McGonagall haría bromas con los gemelos Weasley -ríe Harry.
—Aquí está el conjuro para volver -el otro Malfoy interrumpe, y los dos, todavía con lágrimas por tanto reír, les dedican una mirada.
—No sé por qué ríen tanto. La verdad, han tardado más en darse cuenta, pero están destinados a estar juntos. -apunta el otro Harry
—Este Harry está más idiota que tú, Potter -dice Malfoy entre carcajadas. Harry sabe que lo ha insultado, pero no puede evitar reír.
—Volvamos. -sugiere Malfoy —Estas versiones nuestras son un poco ¿cómo lo digo? subnormales.
—Por lo que me han contado, créeme que no. -replica el ojigris.
—Adiós, chicos, nos vamos porque si se entera Dumbledore de esto, seguro nos expulsa -comenta el otro Harry, tomando de la mano al otro Malfoy quien leía el conjuro del libro. A Harry se le hace tan extraña la imagen que se estremece.
—Dumbledore está loca. Seguro te da unos mil puntos por lograr hacer esto.
—¿Dumbledore es mujer?
Los otros asienten. Y luego de dedicarles una última mirada, el otro Malfoy agita su varita, y de un instante a otro, ambos desaparecen.
—Dumbledore chica, y tu y yo juntos ¿Puedes creerlo? -pregunta Harry, sin creérselo aún. Malfoy sacude su cabeza, como si quisiera deshacerse de alguna horrible imagen.
—Vamos, por el abono, Potter. Tengo serias sospechas de que el caldero que derramamos liberó alguna extraña toxina y ahora estamos alucinando.
Harry debe admitir que tiene razón. Asiente y luego de intercambiar una última mirada de incredulidad, se dirigen a los invernaderos para terminar cuanto antes con el castigo.
