Descargo: Shingeki no Kyojin y sus personajes le pertenecen a Hajime Isayama, yo solo los he tomado prestados para esta historia.

Tema del capítulo: Toques.


20 DE OCTUBRE:

OTOÑO


De pronto

mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:

frente a mis ojos estabas, reinándome y reinas.

Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.

(Pablo Neruda, Soneto XXII)

Veinte días conviviendo junto a Eren se ha sentido como un suspiro. Octubre ha avanzado con tanta prisa, que apenas parece existir cambio de una semana a otra, con sus días tormentosos que hablan del invierno próximo, o aquellos que son toda brisa danzante y bosque pintado en ocre, rojo y oro por el sol.

Aun así, aquella tarde que presagiaban apacible para ambos acaba convertida en cataclismo, llegando a tu puerta personificado en el padre del mocoso exigiendo respuestas y lanzando culpas, y contigo finalmente perdiendo la paciencia hasta abrir la boca y recordarle el trato que han hecho.

La discusión se vuelve caótica en algún punto, probablemente cuando tú le reprochas al otro su mal rol como padre, y este te restriega en la cara tu mal rol como maestro por el tipo de hombre en que has convertido a su hijo, y aunque aquella no es tu primera vez hablando con Grisha Jaeger sobre Eren, sí es la primera en que su fachada de cortés respeto se triza por completo.

Eren, harto de aquello, harto del mundo, rompe su mutismo exigiéndole a su padre que se marche, y aunque le ves tan aterrado como la primera vez que llegó hasta ti roto de dolor y miedo, de todos modos lucha por lo que siente correcto y justo, por lo que en verdad quiere; quizá, porque ha llegado a un punto de no retorno donde ya no es capaz de seguir sufriendo.

El silencio que llena la casa al marcharse el médico es agobiante como el calor de agosto, más aún cuando notas el desastre de emociones apenas contenidas que es el chico a tu lado.

Desde el primer momento en que se conocieron, aquel verano tres años atrás, Eren siempre cuidó bien de resguardar la parte más fea de su vida solo para sí mismo, permitiéndote ver solo atisbos de ella cuando el dolor se volvía insoportable y necesitaba convertirte en su refugio antes de que la tormenta de su interior devastase todo a su paso.

Eren se encargó de convertirse en tu mayor secreto y al mismo tiempo en tu mayor enigma, solo dándote pista de quien en verdad era y lo que quería; pintándote su vida a pinceladas hasta que solo unos días atrás lograste vislumbrar el cuadro al completo; aquel cuadro hecho de trozos afilados y una vida sangrante, la cual aun así él abrazaba porque era todo cuanto poseía.

Entre disculpas sin sentido y palabras hechas un lío por parte del mocoso, ambos acaban sentados frente a la chimenea porque este tiembla como hoja al viento a pesar de que la tarde es ligeramente cálida. Eren habla y habla de su padre, de aquella niñez que siente tan lejos pero todavía así le afecta, de la culpa que carga por las metas no cumplidas y del fallo que han sido sus elecciones a ojos del otro por negarse a cambiarlas. Eren habla a borbotones, de ti y de él, y de cómo conocerte lo convirtió en otro, porque las dudas sobre quien en verdad era se convirtieron en certezas, y los sueños de ser libre se convirtieron finalmente en una necesidad.

Eren habla hasta que ya no encuentra palabras, y cuando finalmente calla, acaricias con sumo cuidado su rostro sonrojado; una caricia que torna su fulgurosa mirada verde en mar calmo y hace temblar apenas sus labios en un suspiro cuando sus dedos se entrelazan con los tuyos.

Contorneas su rostro, sus ojos y su boca, las tensas líneas de su cuello y acabas posando tu mano sobre su corazón, donde sus latidos marcan un ritmo único, constante y vivo; un latir que durante los últimos años has aprendido a sentir como propio solo porque a él le pertenece. Entonces los ojos de Eren, tan apagados hace solo un instante, se encuentran con los tuyos y el sangrante dolor en ellos finalmente sana lo suficiente para que puedas verte reflejado en aquel verdeazulado espejo, permitiendo así que el invierno se llene de cálida brisa de primavera.

El recorrido de sus dedos largos y morenos cuando te toca es similar al tuyo, trazando el camino de tu rostro hasta acabar sobre aquel corazón que por completo le pertenece.

Eren te mira y tú devuelves la mirada, y en ella intentas trasmitirle todo aquello que ninguno de los dos puede decir en palabras, como lo mucho que lo amas y deseas que sea feliz; lo orgulloso que te sientes de que al fin esté enfrentando a sus fantasmas aunque duela; lo mucho que ansías que alcance sus sueños y por eso has decidido ayudarlo a abrir sus alas aunque eso sea condenarte a la voluntad de otros; lo mucho que lo extrañarás cuando ya esté lejos, pero que ni siquiera la enorme distancia hará que tu amor se vuelva menos, aunque él ya no lo necesite.

Son demasiadas cosas por decir y ninguno de ustedes es bueno en ello, por eso imploras porque aquellas caricias basten; porque aquel toque se convierta en el lenguaje que no puede ser dicho en palabras.

Y cuando la necesidad se hace inmensa, la distancia entre ambos se acorta hasta besarse, respirando el mismo aire y compartiendo la misma pena.

Un ligero y diminuto maullido rompe el silencio, haciéndoles bajar los ojos al mismo tiempo. Tomando al pequeño bicho entre sus manos, la sonrisa del mocoso regresa convertida en incipiente aurora y lo acuna, desterrando así los últimos vestigios de dolor en sus ojos.

—Será Autumn —dictamina él esta vez sin pedir consenso de tu parte, y aceptas, porque comprendes lo que quiere decir con ello.

Eren llegó a tu vida con dieciséis años pintado de verano, siendo todo risas y fuego; no obstante, será otoño dorado y deshojado cuando se marche, espléndido y hermoso, y aun así completamente frágil y etéreo, como la primera vez que le viste en su peor momento.

Otoño, el recuerdo exacto del momento en que fue tuyo y en el que acabarás por perderlo.


Lo primero, como siempre, es agradecer a todos quienes han llegado hasta aquí. Espero que la lectura de hoy fuese de su agrado y valiera la pena el tiempo invertido en ella.

Y bueno, con esta viñeta ya llegamos al día veinte de este evento tan largo, y a solo un día de completar las tres semanas de actualizaciones diarias; ni yo me lo creo, jaja.

Por otro lado, esta vez tuvimos un invitado más en el capítulo (que creo no a muchos les habrá gustado), por lo que espero que su aparición haya dejado al menos una pequeña duda abierta ya que será necesaria para ir cerrando parte de todo el lío de dudas que hay en esta historia.

Además, finalmente tenemos nombre para el gatito de estos muchachos, «Autumn», el cual supongo que la mayoría ya sabrá significa «otoño» en inglés, y es una alusión a muchas de las cosas que han sucedido entre Eren y Levi durante esa época del año desde que se conocieron hasta ahora mismo, compartiendo ese mes como pareja antes de que tengan que separarse.

De manera personal, para mí otoño siempre ha sido mi estación favorita porque es la estación del cambio, ese momento preciso en que la vida se detiene un poquito para volverse hermosa en colores, en sonidos, en aromas, antes de entrar en su periodo de letargo para volver a renacer con fuerza en primavera. Otoño es una estación de cambios, sí, y por eso muchas cosas han cambiado para Eren y Levi en otoño a lo largo de los años y lo seguirán haciendo, así que de allí la referencia al título en esta ocasión, a su pequeño gatito, a Eren mismo y la relación de ambos.

El tema asignado por el evento para mañana es otro de los que me hizo sufrir un poquito por su dificultad en su momento, pero que al final sentí que resultó tan bien, que hasta agradecí que lo incluyeran: «escena de película», así que espero les cause tanta ilusión el leerlo como a mí el escribirlo.

Una vez más muchas gracias a todos quienes leen, comentan, envían mp´s, votan y añaden a sus listas, marcadores, favoritos y alertas. Siempre son el mayor incentivo para seguir esforzándome por aquí.

Un enorme abrazo a la distancia y mis mejores deseos para ustedes. ¡Hasta mañana!

Tessa.