Sett bajó de las escaleras con paso lento, vestido con una camiseta sin mangas de color negro y un pantalón de manta. Soltó un largo bostezo y sus orejas se inclinaron hacia atrás mientras una lagrimilla se escapó de sus ojos. Pasó la palma de su mano sobre su rostro y frotó el puente de su nariz con actitud cansada. Aunque había dormido lo suficiente, tenía demasiado sueño y para su mala suerte, sus heridas no se estaban curando con la rapidez con la que habitualmente lo hacían. Desde hace algún par de días había notado el extraño fenómeno y se preguntó si eran imaginaciones suyas o tan solo estaba muy cansado.
Desde la salita, el profesor lo escuchó bajar por las escaleras y apartó la vista de su libro para ver a su pelirrojo huésped con un aspecto decaído que le preocupó.
—Buen día, Sett ¿Te encuentras bien?—Le saludó dando una fumada a la pipa de madera que sostenía en su mano.
—Quisiera decir que me encuentro magníficamente pero algo extraño le pasa a mi cuerpo— confesó la mitad vastaya con la vista fija en su puño que abría y cerraba; su movimiento era aletargado.
—¿A qué te refieres?— le preguntó el profesor curioso.
—Siento mi cuerpo débil y mis heridas no están cerrando tan rápido, generalmente una herida así no tardaría más de una hora —señaló Sett su mejilla herida y se inclinó para mostrarsela al profesor. Tenía una capa de costra sobre ella y su pómulo aún estaba hinchado.
El profesor se levantó de su asiento para mirarlo más de cerca, se acomodo sus lentes y se alzó de puntillas para examinarlo durante algunos minutos mientras sobo su mentón pensativo.
—Tengo una teoría de lo que te sucede— dijo luego de evaluar al chico— pero tal vez no te gustará oír lo que te diré—agregó
—Escúpalo— dijo Sett irguiéndose nuevamente.
—No conozco muchos mestizos vastaya, de hecho es muy raro ver uno; son tabú dentro de los clanes. Tú eres el primero que conozco pero si algo sé, es que necesitan magia salvaje para vivir. Tu madre o padre vastaya debió haberlo mencionado alguna vez—explicó el profesor dejándose caer nuevamente en el sillón y Sett lo imitó tomando asiento en el sofá. .
—Mi Ma me hablaba de ella, que era algo innato en ellos pero yo nunca la sentí como tal, de hecho la marca que le hice a Aphelios creí que no había funcionado por mi sangre mestiza. Fue una sorpresa que después de tanto tiempo la torpe marca que hice de adolescente hubiera funcionado— explicó el pelirrojo.
—¿Sett, sabes porque casi no hay vastayas en Piltover?—lo interrumpió el profesor liberando el humo de su pipa.
Sett se quedó en silencio y reflexionó sobre ello. Desde que había llegado a Piltover, se había dado cuenta que había gente de todas las naciones pero curiosamente no había visto vastayas en la ciudad.
—Ya te diste cuenta ¿No es así? Aquí la magia no corre libremente como en Jonia, Shurima o en Targon, nosotros manipulamos esta para nuestros avances tecnológicos. No te estás recuperando porque la magia salvaje que usabas de manera inconsciente para ello no llega a ti. Mientras más tiempo pases aquí, tu sangre humana será la dominante. — le advirtió el profesor.
Sett apartó el humo con su mano y chasqueó los dientes molesto, no contaba que el ambiente de Piltover lo afectaría. Aún le quedaba un round esa noche y no pensaba dar un paso atrás por una pequeñez de ese tipo. Sería su última pelea y por fin terminaría de juntar el dinero para la cura de Aphelios y llevarlo a Jonia con él.
—No deberías ir a tu trabajo hoy— dijo el profesor adivinando sus pensamientos.
—Estaré bien, profesor—dijo Sett restándole importancia y se puso de pie con una sonrisa confiada sobre su rostro. Olfateó el aire y un olor dulce se coló a su nariz. —¿Hicieron panqueques?
—Creo que no te estás dando cuenta de la gravedad de esto, muchacho, así que lo diré claramente— dijo el profesor poniéndose de pie nuevamente quedando frente a Sett—No vayas a Zaun; te matarán—vaticinó preocupado y Sett lo miró sorprendido.
—¿Desde cuándo y cómo lo sabe?—preguntó curioso.
—Un buen historiador jamás revela sus fuentes— dijo el profesor cruzándose de brazos.
—Eso o la rubia abrió su enorme bocota —resopló molesto Sett.
—Está preocupado por ti y debo confesar que yo también. Puede que al principio fuera un asunto de intereses en común lo que nos unió pero les he comenzado a tomar cariño a Aphelios y a ti, no quisiera que algo malo le pasara a alguno de los dos. Ezreal también los aprecia, por eso reconsideralo Sett. Si es por el dinero puedo usar mis contactos y...— el profesor calló abruptamente cuando escucharon una ventana romperse y ruidos de pisadas en el piso superior.
—Creí que no había nadie, revisé el cuarto de Aphelio y Ezreal y estaban vacíos— dijo Sett tensando sus orejas.
—Así es, Ez y Aphelios salieron al mercado; solo estamos tu y yo en casa— susurró nervioso el profesor pegándose a Sett
—Son tres. Me encargaré de ellos, usted salga de aquí— dijo Sett y se encaminó hacia la escalera pero el profesor lo tomó por sus ropas para detenerlo.
—Huye conmigo— le pidió el profesor preocupado.
—Estaré bien, salga de aquí, lo protegeré— dijo el chico y se soltó de él.
El profesor observó impotente a Sett subir las escaleras para enfrentar a los hombres que se habían colado a su hogar y se lamentó de no poder ayudarlo, corrió hacia la puerta de entrada para huir cuando se detuvo y sintió coraje consigo mismo. ¿Cómo podía usar dos veces al mismo chico para que lo protegiera? Tenía que hacer algo al respecto; conseguir ayuda. Entonces corrió hacia la cocina, tenía un teléfono ahí y en el taller. Marcaría a la comisaría para que enviaran ayuda. Mientras tanto escuchó a Sett pelear ferozmente contra los invasores que se habían colado a su casa y esperó que pudiera aguantar hasta que la Sheriff llegará con refuerzos.
Estaba girando la rueda numérica del teléfono que tenía colgado en la pared de la cocina cuando un brazo se envolvió alrededor de su cuello y el filo de un cuchillo se posó en su mejilla.
—Suelte la bocina— demandó el hombre que lo tenía capturado.
El profesor obedeció a regañadientes y a través de la bocina se pudo escuchar una voz que decía: "Aló, Policía de Piltover ¿Aló? ¿Hay alguien ahí?"
—Bien, ahora alce sus manos y camine sin voltear— le ordenó y el profesor obedeció sin poder hacer nada al respecto.
—Llévese lo que quiera pero no nos haga daño— le dijo el profesor mientras salían de la cocina y se dirigieron a la sala.
—Tranquilo viejo, no quiero nada de ti. He venido por el mestizo—le dijo el hombre parándose al pie de la escalera.
Un tenso silencio se instauró en la habitación y el profesor sintió un nudo en la garganta al no ver a Sett por ningún lado. Sus pocas esperanzas de que se encontrará bien el chico se esfumaron cuando un hombre encapuchado descendió con rapidez por la escalera.
—¡¿Dónde está el vastaya?!— le preguntó su captor al encapuchado.
—No lo sé, creí que estaba aquí contigo. Acabo con "3" y "4" más rápido de lo que esperaba— confesó el enmascarado. — Logré dispararle con uno de mis dardos, no debe estar lejos.
—Eso espero,no se irá sin su amiguito ¿Cierto?— dijo el hombre inmovilizando al profesor.
El enmascarado y él observaron a todos lados esperando que Sett apareciera de su escondite.
—Sal de ahí mestizo o voy a rebanar a tu amigo y no quieres que este pobre hombre muera por tu culpa ¿o sí?—amenazó al profesor y encajó la punta de su cuchillo en su mejilla haciendo que un hilo de sangre corriera.
—¡Vete Sett! ¡Ellos no me quieren a mí, han venido por ti!—gritó el profesor.
—¡Anciano estúpido, callate!—el hombre que mantenía capturado al profesor lo golpeó con fuerza en la nuca y el pobre hombre cayó inconsciente en el piso produciendo un sonido seco.
Sett aprovechó la distracción de ambos hombres para lanzarse sobre ellos. Brincó desde atrás del sofá donde estaba oculto y antes de que pudiera sujetarlos para estrellar sus cabezas, el hombre que tenía capturado al profesor, rodó hacia atrás para evitar que lo atrapara y sacó de su bolsillo un aparato pequeño que accionó dos pequeñas pinzas metálicas que salieron volando y atravesaron el abdomen del mitad vastaya,quien ni se inmuto ni detuvo su ataque hasta que una descarga eléctrica recorrió su cuerpo y lo hizo caer al piso.
La electricidad aún recorría su cuerpo y en cuanto intentó incorporarse el hombre que le había disparado entrelazo sus manos y lo golpeó con fuerza en la espalda haciéndolo caer. Sett había olvidado esa sensación desde que se había vuelto Jefe de la arena, el estar en el suelo luchando por mantenerse vivo. Nunca pensó que después de tanto tiempo volvería a sentir en su sangre esa adrenalina que le impulsaba a luchar hasta el último momento.
—Perdón pero sé de lo que eres capaz no dejaré que me toques—le susurró el hombre apoyó la planta de su pie sobre su rostro.
—Si querían pelear conmigo, solo debieron pedirlo— masculló Sett desde el piso
—Esperaba que fuera más difícil, Dominic. Como comentaste que era el ganador del battle royal esperaba más pelea—dijo el enmascarado hincándose frente a Sett.
—¡Espera! ¡No te acerques a él!— le advirtió Dominic pero fue demasiado tarde, Sett se liberó de él y atrapó del cuello a su compañero para darle un cabezazo que lo desorientó. Iba a volver a golpearlo cuando Dominic sujetó al profesor y apoyó su cuchillo en su cuello.
—¡Detente o lo mataré!— Amenazó al mismo tiempo que Sett tenía sujeto a su compañero.
—¡Suéltalo o le rompo el cuello!—le advirtió Sett apretando el cuello de su rehén que luchaba por liberarse de su mano.
—Puedes matarlo, no me importa. En cuanto intentes atacarme, le cortaré el cuello a este hombre— soltó Dominic.
Sett apretó los dientes molesto, sabía que hablaba en serio y no podía arriesgarse a que le hicieran algo al profesor. Así que soltó de mal modo a su compañero y enseguida que éste se vio libre, lo golpeó con fuerza en el estómago.
—¡Maldito bastardo!— gritó el recién liberado rehén.
Sett se hincó de dolor y escupió un poco de sangre en el piso. Su vista se volvió borrosa y se sintió mareado, tuvo que apoyarse en la pared para no caer. La cabeza le daba vueltas y le zumbaban los oídos.
—¿Qué rayos…?—soltó cayendo de rodillas.
—Con todo ese movimiento, el veneno del hongo ya debe estar en todo tu sistema. No te preocupes no te matara pero pronto quizás desees estarlo — escuchó la risa de Dominic resonar en su cabeza y Sett lanzó dos golpes al azar para evitar que se acercaran a él pero fue inútil, pronto lo sometieron a golpes y cayó en una profunda oscuridad.
El profesor que había recuperado la conciencia por un breve instante vio cómo arrastraban a Sett hacia el elevador que se encontraba al final del pasillo y que conectaba con la planta baja, en donde se encontraba su taller.
—¿No podemos llevarnos algo de valor?— preguntó uno de los lacayos de Dominic mientras jalaban a Sett.
—No somos vulgares ladrones, conozcan su lugar. No querrán molestar a Madame con tonterías—El profesor se concentró en esa palabra: "Madame" . No sabía a quién se refería pero era una pista.
Aphelios sintió un escalofrío recorrer su cuerpo a pesar de ser un día bastante soleado, pensó que quizás se debiera a que no estaba acostumbrado a otro clima que no fuera el de la montaña nevada donde vivía.
Ezreal que revisaba la mercancía en un puesto ambulante de libros notó que el chico frotaba sus antebrazos con sus manos como si tuviera frío.
—¿Estás bien, Phel?—le preguntó el rubio preocupado.
Aphelios asintió con su cabeza.
—Si te sientes mal podemos regresar a casa del profesor— le sugirió pero él le indicó con un ademán que se encontraba bien. Estaba tan distraído que le tomó por sorpresa cuando una joven pasó rápidamente a su lado y sus hombros chocaron de manera accidental.
—Lo lamento, no te vi— se disculpó la mujer deteniendo su carrera, iba a continuar con su camino cuando se quedó admirando el rostro del Lunari.—Tan bien parecido pero no tanto como mi amado Sett.
Aphelios creyó haber escuchado mal, así que no le dio importancia y continuó acompañando a Ezreal que no se decidía en comprar un libro u otro. La muchacha se paró no muy lejos de ellos y revisó el perímetro como si buscara a alguien entre la multitud. Finalmente, paró en el puesto vecino de donde ellos se encontraban.
—Disculpe buen hombre ¿Ha visto un mestizo vastaya los últimos días?— preguntó la chica con altivez y empujó con su mano su largo cabello negro hacia atrás.— Es alto, fornido y con un hermoso cabello rojo con dos orejas puntiagudas sobre su cabeza—explicó y estiró su mano hacia arriba para que se diera una idea de lo alto que era.
El vendedor que estaba cautivado por la belleza de la joven ni siquiera se ofendió por el tono de voz que empleó para dirigirse a él.
—No estoy seguro cariño ¿Por qué no me ayudas a refrescar mi memoria? Ya sabes, yo te ayudo, tú me ayudas. — le dijo el vendedor mirándola de forma lasciva.
La joven dibujó una sonrisa felina en sus rojos labios y se aproximó de manera seductora hasta donde el hombre atendía a su clientela. Apoyó sus codos en la barra del puesto y le indicó con su dedo índice que se acercará. El vendedor no tardó en hacerlo.
—Tú sí que captas rápido, hermosa—dijo el vendedor
—Conozco a los de tu tipo— dijo ella pasando su mano por su cuello y parte de su pecho. Y antes de que él intentara besarla, ella lo jaló con fuerza de su camisa y lo clavó con una daga a la tabla de madera.
—¡Hey!—gritó el vendedor causando que todos los presentes fijaran su atención en ellos.
—Verás "cariño" no he tenido un muy buen día y estoy de muy mal humor. Así que lo preguntaré nuevamente ¡¿Has visto al mestizo vastaya?!— le preguntó la chica con tono demandante.
Tanto Aphelios como Ezreal intercambiaron miradas confusas al oír "mestizo vastaya"
—¡Suéltame!— gritó el hombre.
—¡Responde!— le gritó ella y clavó otra daga muy cerca de su nariz.
—Hace unos días vimos un mestizo vastaya caminaba en compañía de un hombre mayor. — le dijo el vendedor de libros.
Esta vez ambos chicos estuvieron seguros sobre quién hablaban.
—Si ya lo recuerdo… Derramo todas las botellas de licor pero es todo lo que sé ¡Lo juro!— gritó el vendedor que continuaba clavado a la tabla.
—¡Entonces si lo viste!— dijo la pelinegra y retiró su daga para liberar al hombre.
—¿Acaso es su marido señorita?— le preguntó el vendedor de libros para tratar de apaciguar la situación causando que Aphelios y Ezreal dieran un respingo.
—Lo será en cuanto lo encuentre— respondió ella con seguridad.
—De ser así, espero que lo encuentre pronto— le deseo el vendedor de libros.
—Sin duda, así será— afirmó ella.
Al escucharla, Ezreal sintió un sudor frío recorriendo su sien y observó el rostro de Aphelios en busca de algún signo de molestia o de celos pero el Lunari seguía tan imperturbable como siempre, como si no hubiera escuchado nada de aquella conversación.
Era increíble el parecido físico que esa mujer y Aphelios tenían y maldijo a Sett en silencio. Desde el cabello negro hasta los tatuajes en sus rostros, de no ser por el diferente tono de tez, aquella mujer y Aphelios podrían pasar por hermanos.
—Ay Sett—soltó Ezreal y se golpeó suavemente la cara con la palma de su mano al mismo tiempo que liberó un largo suspiro.
Aphelios le miró confundido.
—Ah no es lo que crees, yo pienso que tu le gustas más y…—Ezreal calló al ver que la chica le dirigía una mirada penetrante y curiosa.
—¿Dijiste Sett?— preguntó la chica acercándose a ellos.
—Ah, no. Se equivoca señorita dije "Tengo sed"— corrigió el chico de manera nerviosa.
—En el puerto dijeron que estaba con un hombre de cabello rubio y en el hotel que tenía tatuajes en su rostro—murmuró ella y volvió a sacar sus dos dagas. —Dime dónde está.
—Espera yo no...—
Ezreal apenas había tenido tiempo de procesar lo que sucedió después, fue tan rápido que se movió más por inercia que por otra cosa. La chica le lanzó con precisión sus dos dagas, fue tan rápido que no le dio tiempo de pensar ni de moverse, iban a clavarse directo en su cara cuando Aphelios tomó rápidamente un libro de pasta dura y lo usó como escudo para que las dagas se incrustaran ahí. La joven iba a sacar otro par dispuesta atacarlos cuando Aphelios volcó una torre de libros para distraerla. Tomó su mano y comenzó a correr con él a través de la marea de gente que hacía sus compras en el mercado.
Corrieron tratando de perder a la joven pero era demasiado insistente, corría tan rápido como ellos, dieron vuelta en una calle y se dieron cuenta que llegaron a un callejón sin salida. Estaban atrapados.
—Es el fin, estamos muertos ¡Bien muertos!— chilló Ezreal lamentándose de haber olvidado el guantelete en casa del profesor.— Pero cuando vea a Sett, yo mismo lo mataré ¡Lo mataré! ¡Le dije que no se metiera en cosas peligrosas y….!—Ezreal volvió a chillar de miedo al ver a Kara frente a ellos empuñando sus dos dagas.
—Muy bien chico bonito, quiero respuestas y las quiero ahora—dijo Kara caminando hacia ellos.
—Escucha, creo que me confundes con otra persona, yo ni siquiera conozco a ese Sett del que tú hablas...—Ezreal ya no pudo decir nada más cuando Aphelios lo jaló por el cuello de su chaqueta y se lo echó al hombro. Kara se lanzó por ellos pero el lunari esquivó ágilmente sus proyectiles a pesar del peso extra de su compañero.
—Eres rápido chico bonito— lo elogió la joven y la mirada de Aphelios se enturbió.
Antes de que ella volviera a atacarlos, Aphelios tomó la tapa de un contenedor de basura y se la lanzó. Ella apenas la esquivó y cuando iba a atacarlos nuevamente, vio a Aphelios saltar de balcón en balcón en un rápido zigzagueo hasta que llegó a la azotea. Todo el tiempo el rubio se mantuvo gritando hasta que estuvieron nuevamente en piso firme y Aphelios lo bajó; observó a Kara desaparecer molesta entre la marea de gente que pasaba por ahí.
—Wow Phel, eres alucinante ¿Cómo hiciste eso?— preguntó Ezreal viendo la rapidez con la que había subido el edificio pero en ese momento, Aphelios se hincó de dolor y volvió a escupir sangre.
—Vamos amigo, tenemos que llevarte de regreso a casa del profesor Rubrick. Ya me oirá Sett cuando regresemos— dijo Ezreal pasándose el brazo de Aphelios por su cuello para ayudarle a caminar.
Estaba cayendo el sol cuando regresaron a la casa del profesor, Aphelios ya se sentía un poco mejor y caminaba por su cuenta al lado de Ezreal; ambos chicos se sentían cansados. En especial Aphelios, tenía tantas cosas en su mente que no sabía a cual darle prioridad, luego de conocer a aquella chica, se dio cuenta que quizás en el tiempo que no se habían visto Sett había tenido un romance con esa mujer. Aquellos pensamientos sin duda lo hicieron sentir mal, ya no solo era el hecho de que habían discutido aquella madrugada si no que ahora tenía dudas de lo que el mitad vastaya sentía por él. Se dio cuenta que tan solo imaginar a Sett con esa mujer le molestaba y se sorprendió de sí mismo ¿Cuando se había vuelto tan posesivol? ¿Acaso estaba celoso?
Tenía que preguntarle y descubrir qué relación tenía con aquella chica, y si todo salía bien, se disculparía y lo convencería de ir a Targon con él. Ya no quería que volvieran a estar separados, no más.
— Que raro la puerta del taller está abierta, el profesor siempre la mantiene cerrada— dijo Ezreal sacándolo de sus pensamientos.
La casa del profesor era una construcción de tres pisos. En la planta baja se encontraba el taller con una entrada independiente debajo de las escaleras que llevaban a la puerta de la entrada principal.
—Tengo un mal presentimiento, hay algo raro en el ambiente— pensó Aphelios sintiendo como se erizaba los vellos de su nuca y nuevamente un escalofrío le recorrió el cuerpo.
Revisó la estructura con la vista en busca de algo inusual cuando se fijó en la ventana del cuarto de Sett; estaba completamente rota. Al notar esto, palmeó el hombro de Ezreal y le señaló el hecho para advertirle.
Ezreal enseguida supo que algo andaba mal y se apresuró a subir las escaleras para abrir la puerta de entrada.
—¡Profesor! ¡Sett!— gritó el rubio entrando a la casa y casi se va de bruces al ver el desastre que era la sala.
La mesa de centro estaba boca abajo, el sofá completamente destruido y varias hojas de un libro desperdigadas por el suelo con varias huellas de pisadas. Aphelios que caminaba detrás de Ezreal se sintió desconcertado al ver que había pequeñas manchas de sangre en el piso.
—¡Profesor!— gritó Ezreal al ver a su mentor inconsciente en el piso y enseguida se acercó para ayudarle.
El profesor entreabrió los ojos y miró desorientado a Ezreal.
—Ez… se lo llevaron...debes… ayudarlo— murmuró el profesor con dificultad.
—¿A qué se refiere? ¿Profesor?— preguntó el rubio pero Aphelios enseguida comprendió lo que había sucedido. Se apresuró a subir las escaleras y fue de cuarto en cuarto. No estaba, Sett no estaba en la casa.
Bajó corriendo la escalera para decirle a Ezreal cuando vio a Kara parada detrás de él.
—¿Qué demonios sucedió aquí?— preguntó la chica.
—Espera, no queremos problemas ...—le dijo Ezreal y abrazó al profesor de forma protectora.
—Oye no voy a hacerte daño, los jonianos no somos personas ruines— le tranquilizó la joven.
—¿Joniana? Entonces… cómo me dijo Sett que dijera si estaba en problemas ¡Ah, sí! ¡El Jefe me respalda!— gritó Ezreal.
— ¿Espera? ¿Dijiste que el Jefe te respalda?— preguntó Kara confundida.
—Si él me dijo que...—
Aphelios que no entendía la situación creyó que la chica intentaba atacar a Ezreal. Así que se lanzó contra ella; la atrapó del cuello y la estampó contra la pared. Le atribuyó la desaparición del mitad vastaya y una fuerte ira se apoderó de él.
—Sett… ¿dónde?— preguntó Aphelios con dificultad con un tono grave y rasposo.
—¿Aphelios?— soltó Ezreal sorprendido de escuchar la voz del Lunari.
—¡Suélt...ame…!— gritó Kara intentando soltarse de sus manos.
—Dón...de— tosió el chico y un hilo de sangre escurrió por la comisura de sus labios.
—¡Espera Aphelios, suéltala! —Le gritó Ezreal soltando un momento al profesor y se acercó a él para obligarlo a soltar a la joven cuyo rostro ya se estaba tornándose a morado por la falta de aire.
—¡No creo que ella sea la responsable! ¡Mira las pisadas, son de hombre!— gritó Ezreal y Aphelios liberó a la mujer a regañadientes.
La chica tosió fuertemente y se sobo el cuello.
—Sé que tienes muchas preguntas y nosotros también pero por ahora hay cosas más importantes que atender—dijo el rubio viendo al profesor en el piso. — Si después de hablar quieres matarnos, con gusto aceptaremos tu duelo. Antes permite que ayudemos al profesor.
Tanto Aphelios como Kara intercambiaron miradas molestas pero aceptó la propuesta del chico, ya tendrían tiempo para su rencilla.
