XX
Sueño
Estoy sentado con la espalda recargada sobre un hermoso árbol; sus hojas cafés caen sobre mi cabeza con delicadeza, siento cómo me hacen cosquillas al rozar mi piel. Es gracioso. Frente a mí yace un hermoso atardecer; los colores rojo, naranja, y el negro se combinan a la perfección para regalarme una vista digna de una postal. He visto muy pocos atardeceres en mi vida, pero este en particular me hace sentir una paz interior dentro de mi corazón. Me hace sentir...que por fin encontré mi lugar.
—Creí que me ibas a esperar —dice una voz femenina a mi derecha, la reconozco en un instante; sonrío y levanto la mirada—. ¿O me equivoco?
—Para nada, sí te estoy esperando —extiendo la mano frente a mí y la muevo para abarcar todo lo que yace frente a mí: Una canasta de fruta fresca, sandwiches de diferentes ingredientes, zumo de naranja, y una tarta de manzana como postre. Estamos por tener un día de campo—Te tardaste.
—Tenía que llevar a Gale al médico —comenta entregándome un pequeño bulto envuelto con una sábana azul claro; el pequeño bebé está dormido, nuestro hijo—. Esta mañana tenía fiebre.
—¿Y cómo está?
—Ya mejor, le dí su medicina —ella toma asiento junto a mí y toma un sandwich para luego darle un gran mordisco.
—Me alegra saber que sigues teniendo ese apetito tan voraz —digo a modo de broma, ella ríe—No sabes cuánto he estado esperando por este día.
—Yo también —admite, volteo y noto que sus mejillas están coloradas—. Quería estar contigo, no podía dejar de contar los días.
—¿Y cuántos terminaste por contar? —pregunto, interesado por saber. ¿Cuántos días ha deseado estar junto a mí?
—Sesenta —responde. Casi me ahogo con mi bocado. ¡¿TANTOS?!
—¿En verdad?
—Sí. Es que te amo demasiado, Natsu.
No puedo evitar sonreír al escuchar aquello; siempre que me lo dice siento cómo mi piel se eriza y un escalofrío recorre mi espalda. Siempre he anhelado el día que me diga esas dulces palabras a los oídos. "Te amo". No puede existir algo mejor.
Ahora, este momento sólo es para nosotros; nada más importa, nada me hace falta ya, Aquí lo tengo todo, y agradezco mucho por que finalmente las cosas se han arreglado.
Creí que en pasado la podría perder, que las cosas llegaran a complicarse tanto hasta el punto donde no hubiera remedio; sin embargo yo no me rendí, luché, tomé la decisión, actué. Eso es todo lo que me importaba: Hacer algo para arreglar las cosas, aclarar los malentendidos, decirle cuánto la amo. Y lo logré, y henos aquí.
—Lucy —musito con un hilo de voz, ella voltea con las mejillas llenas de comida, parece una ardilla—Yo...en verdad lo siento.
—...¿Porqué? —pregunta después de pasar su bocado.
—Por no haberte confesado mis sentimientos a... —un sonido me interrumpe; se escucha como una alarma sísmica muy lejana. Ay, no. Sólo puede significar una cosa—. Tiempo.
—Natsu... —ella se acerca más hacia mí, y coloca la mano en mi mejilla izquierda—, no hay nada más que me haga feliz que saber lo mucho que me amas... —
—Lucy... —la alarma suena otra vez, no puedo evitar sentir un nudo en la garganta.
—Pero...yo no soy real —es lo que más me duele. Y no quería entender—. Soy, junto con todo esto, sólo parte de un sueño. Estás soñando.
—Lucy, yo... —
—Debes entender que por mucho que quieras permanecer aquí, junto conmigo y nuestro bebé, nada de esto es real.
—No, Lucy.
—Sí, Natsu. Mi "Yo" real está allá afuera, esperándote; debes tener el valor necesario para buscarme y confesar tus sentimientos por mí. Búscame, es todo lo que debes hacer.
—Lucy... —la alarma suena una vez más; Lucy toma a nuestro bebé de mis brazos y se levanta del suelo, se aleja de mí, yo no quiero que se vaya y me levanto rápidamente para alcanzarla—. ¡Lucy, espera, no te vayas!
—No iré a ningún lado, Natsu —dice volteando hacia mí—.Porque yo siempre estaré contigo, dentro de tu corazón.
—Lucy... —la alarma suena una vez más, sólo que esta vez más fuerte. El inevitable momento se acerca cada vez más—¡Lo haré! ¡IRÉ POR TI AUNQUE ME CUESTE LA VIDA! ¡Te buscaré y te convertiré en mi mujer!
—Te estaré esperando —dice con lágrimas en los ojos, luego desaparece como una nube de humo en el viento. Es entonces que caigo de rodillas y rompo a llorar.
—¡LUCY!
Finalmente despierto, a pesar de que mi sueño fue sólo eso: Un producto de mi imaginación, mis lágrimas siguen aquí. Mis lágrimas sí fueron reales, y eso me enfada. ¡Maldita sea!
Mi propio subconsciente me está dando a entender que tomé la decisión equivocada y que debo remediarlo. ¡Tengo que ir por ella!
¡TENGO QUE IR POR LUCY!
FINALE.
