Día 20. Armonioso
Número de palabras: 863
Sinopsis: Después de todo, canciones hay muchas, él pensaba en dedicarle su vida entera.
Garden Lodge, 1982
El demonio apareció de súbito en el lugar, e importándole un carajo los modales o las reglas de cortesía, entró arrebatadamente a la mansión ubicada en Kensington, después de todo, él ya pasado suficiente tiempo ahí para ser considerado un habitante más.
Caminó apresuradamente por el lugar, golpeado furiosamente las plantas de sus pies contra las baldosas que recubrían los suelos de Garden Lodge. Hizo caso omiso a cualquier cuestionamiento que pudiera haber sobre el misterioso pelirrojo que vagaba por la casa y llegó a una de las habitaciones del hogar, dirigiéndose directamente hacia el bar.
Mientras volcaba toda su atención en hacer una bebida lo suficientemente fuerte como para hacerlo olvidar los eventos pasados, el otro hombre presente se rio antes de tocar algunas armoniosas notas en el piano frente al que se encontraba sentado.
— ¿Día difícil, Darling? —preguntó mientras cesaba el ritmo del piano.
Crowley soltó un respingo al verse acompañado antes de volver a su estado furibundo. Se quitó las gafas oscuras y se pasó cansadamente una mano por el rostro. —Digamos que hoy no fue mi día, Freddie. —bufó.
El cantante volvió a reír. — ¿Dónde estuviste?
— Yo…
— Fuiste a verlo, ¿No es así? —le interrumpió antes de que pudiera seguir hablando.
El demonio sólo se sonrojo y bajo la mirada, al parecer, avergonzado. Mercury soltó un largo suspiro, sin saber qué hacer con su pelirrojo amigo y su atolondrado corazón. Freddie, tras conocer un largo tiempo a Crowley, ya sabía todo lo referente a él, desde su status demoniaco hasta saber quién era Aziraphale y el lugar que ocupaba en la vida de su amigo. Era bastante especial, tenía que admitirlo, pues solamente bastaba su mención para hacer que los ojos de su amigo irradiaran brillo, que sus mejillas se tornaran de un rojo carmesí y que una sonrisa sincera se posara sobre los labios del demonio. Lo único que sacaba de quicio a Freddie era la manera en que ambos seres parecían hacerse daño todo ese tiempo, quedando atrapados en un círculo vicioso de amor no correspondido que tarde que temprano terminaría por acabar a ambos.
— Ven, siéntate y cuéntamelo todo. —le instó al pelirrojo.
Crowley caminó arrastrando pesadamente los pies para luego caer sentado en el suelo, a los pies del piano. —No fue nada, sólo volvió a decir que…
— Que vas demasiado rápido para él. —completó la frase Freddie con una sonrisa clemente.
— ¡Sí! Ugh, ya no sé qué hacer… —el demonio paso una manos por su cabello pelirrojo.
— En serio lo amas. —dijo enternecido el cantante, aunque él desde ante ya sabía hasta donde podían llegar los sentimientos del demonio hacia el rubio.
— Sí. —respondió el pelirrojo completamente seguro. —Él para mi es…
El otro hombre empezó a tocar en su piano las notas de Love of my life, sin importarle siquiera el ceño fruncido que le dirigía el pelirrojo. Cuando finalmente dejo de tocar, Crowley continuó hablando.
— En realidad yo quisiera hacer las cosas bien con él, aunque sé que es imposible. —se quejó amargamente. —Ya sabes, llevarle serenata, escribirle cartas, llevarlo a cenar a restaurantes, todas esas cosas que a los demás le parecen cursis.
— ¡Ah! Como todo un amante chapado a la antigua, ¿Verdad, Darling? —Mercury le guiñó un ojo y empezó a tocar Good Old-Fashioned Lover Boy en su piano, algo que pronto fue acallado por el demonio.
— ¡No te atrevas! —le advirtió. —Cada vez que vengo a visitarte, a los meses descubro que convertiste mis palabras en una canción de amor.
— Bueno, entonces deberías pensarlo dos veces antes de venir a quejarte sobre "tu ángel" conmigo. —respondió el cantante sin dejarse amedrentar por las palabras de su demoníaco amigo. —Además, su amor es todo un arte, y el arte como tal, merece ser expresado a todo el mundo, ¿No te parece?
— Freddie…
— ¡Ah no! No seré ni el primer ni el último artista que escriba canciones de amor basadas en un quejumbroso demonio que no deja lamentarse por un ángel que no le corresponde porque ambos son lo bastante cobardes para…
— ¡Basta, basta! Ya entendí Freddie.
— Bien, ¿Y qué te parece escribirle una canción? Eso también es bastante romántico…
Crowley negó con la cabeza, lamentándose por haber dejado su bebida en la barra del bar y estar lo suficientemente cansado y derrotado para no levantarse e ir por ella. —No, no. Yo no pienso dedicarle canciones a Aziraphale.
— ¿Por qué no, Darling? —preguntó Mercury sinceramente intrigado.
— Canciones hay muchas, yo le pienso dedicar mi vida. —dijo en un sonoro suspiro el demonio, dejándose caer por completo en el suelo.
Freddie pareció entender con aquel gesto que Crowley había terminado con el tema referente a Aziraphale, así que decidió cambiar de tema y pasar la velada tocando en un tono armonioso, diversas piezas en su piano. Además, ¿Quién sabe? Quizás termine creando una nueva canción sobre aquellos tortolitos, tan románticos como tortuosos.
Después de todo, estaba en lo correcto, él no sería ni el primer ni el último artista en crear su obra basándose en aquellos dos amantes inefables. Frank Sinatra, Elvis Presley, ¡Incluso el mismísimo Shakespeare! Todos ellos tenían bastante que decir sobre esos dos desventurados amantes.
