20. Fastidio
Duo lo observó a discreción durante la jornada completa. Se le hacía increíble como Heero podía atender a todo, a una lección de clases, respondiendo correctamente las preguntas; cómo podía participar en un partido de básquetbol, siendo eficiente en sus pases y tiros; cómo se las arreglaba para pasar como un chico normal, poco comunicativo, pero educado en cada instancia que se presentaba.
Estaba impresionado. Ese sujeto realmente hacía cada actividad que la escuela demandaba y nadie parecía notar ese dolor tan claro en sus ojos azules de hielo. Era doloroso de ver, se estaba asfixiando de solo mirarlo.
Casi parecía como si hiciera todo en modo automático, pero en realidad no dejara de torturarse ni un solo segundo por su error.
Terminado el horario de clases, la situación ligeramente desagradable se le había tornado insoportable. Ya en la habitación, Heero había pasado de monitorear a Oz en su computadora, a tirarse en la cama completamente vestido, inmóvil, como si estuviera sin vida.
Sentía un enorme fastidio de tener que quedarse quieto, pretendiendo que no estaba allí para no importunarlo, cuando lo único que quería hacer era distraerlo de su masacre interna.
Tampoco creía que lo dejara abrazarlo otra vez, pero tenía que hacer algo.
