"Su versión"
(Lado Katsuki)
.
.
.
.
.
.
Si bien, no recordaba el tiempo en que llevaba sintiéndose tan abrumado de sólo verlo pasar frente a él; como una figura radiante, que ha visto repetidas veces durante su infancia.
Es casi extraño que algo tan intenso sucediera en su pecho; algo nacido de un malentendido y transformado en un sentimiento cegador. Tan profundo que estremece su cordura.
El suceso fue traumático.
No porque fuera perturbador, sino porque fue incapaz de digerirlo cuando se percató de su existencia.
Lo excluyó de su mundo. Lo empujó, lo desperdigó y lo tildó de inútil.
Sin embargo, el sentimiento seguía vivo en su corazón. Latiendo. Creciendo.
Fue como si hubiera vuelto a nacer. Pues el sentimiento se expandió, se fusionó con su psique. Distorsionó sus percepciones, destruyó sus antiguas opiniones con respecto a esa persona y descubrió el trasfondo del supuesto odio que proclamaba sentir.
Porque ese odio, era un odio disfrazado, para no tener que decir que era amor.
Y en cuanto lo descubrió, se sintió terriblemente vulnerable frente a la presencia de su amigo de la infancia, de quien portaba dichos sentimientos. Parecía estar en bancarrota consigo mismo, porque se mostraba idiota en presencia del pecoso y su interior revoloteaba fiel a su lado; al sonido de su voz.
Cada vez que Deku estaba frente a él, su cerebro se apagaba. Dejaba de funcionar. Y su inmediata reacción era gritar y alejarse. Un mecanismo de defensa rivalizado con su inconsciente, con tal de mantener la imagen de chico rudo y explosivo a quien le daba igual los sentimientos y lo que éstos propiciaban en uno.
A fin de cuentas, él no era adepto a correlacionar con los sentimientos. Si a duras penas podía congeniar con las emociones que esas duraban unos segundos y se esfumaban de su cuerpo.
Los sentimientos por el contrario, son duraderos. Pueden durar meses, incluso años. Y Katsuki no podía vivir con el peso que tal responsabilidad suponía en él, ya que si los sentimientos dominaban su vida, no podría ser un buen héroe. Al menos eso era lo que él pensaba.
Los miedos de ser descubierto en el acto, lo llevaron a mantener un perfil bajo, desinteresado, para desviar el foco de atención que mostrarse como un ser sentimental arruinaría. Porque sí, Katsuki es una persona sensible, ligada a los sentimentalismos que no comprende, pero que es inevitable sentirlos en el rezago de éstos mismos.
Por eso, reprimió todo grado de emoción posible en su rostro. Ocultos en lo más recóndito de su ser lo que realmente sentía. Todo para no decir que le gustaba Deku.
Su fachada de chico explosivo no duró mucho, porque un buen día sus idiotas compañeros de clase decidieron jugar a verdad o reto y una de sus verdades salió a la luz: él no había tenido su primer beso.
Es cierto que no quiso tenerlo con nadie, puesto que eso suponía intercambiar saliva con otro extra más en la población y él no estaba dispuesto a dar ese paso. Además, él guardaba celosamente su primer beso para compartirlo con alguien especial.
Ése alguien es Deku.
En cuanto admitió para sí mismo sus sentimientos de amor por su amigo de la infancia, decidió guardar esas experiencias para vivirlas con él, en algún futuro no tan remoto como imaginaba.
Sin embargo, sus esperanzas se vieron alimentadas cuando escucho a Deku rechazar a su amiga, Mina; y también cuando cayó encima de él, sintiendo por primera vez lo fuerte que se había vuelto en cuestión de meses.
Se advirtió ruborizarse con semejante cercanía entre ellos, cosa que causó un enorme revuelo en su corazón y un revoloteo en su estómago.
Pero por mucho que disfrutaba estar a lado de Deku, se obligó a alejarlo de él, mediante un golpe de su granada. Un golpe que no fue intencional, mas que detonador de que sus sentimientos se amontonan en la punta de su lengua e hicieran estremecer su cuerpo.
Por desgracia, se proyectó vulnerable. Frágil.
Deseaba ser sostenido por los brazos de su amigo de la infancia. Lo deseaba tanto, que cúmulos de lágrimas se amontonaban en los lagrimales dispuestos a salir disparados por la inercia del momento.
Pedía ser abrazado.
Y afortunadamente su petición fue cumplida, porque Deku lo abrazó después de soltar la bomba ("Te quiero") que detonó revuelo en su corazón.
Tanto que acaeció su alma y atenuó en su espíritu.
Juraría que lloraría de la felicidad, de no ser por que mantenía esa faceta de chico malo.
Sin embargo, no negaría que fue extremadamente feliz de ser abrazado por los estrechos brazos de su amigo de la infancia, los cuales lo abrigaron con su calidez y dulzura.
Katsuki se sintió desfallecer de amor.
No tenía palabras para describir lo que pasaba por su interior. No existía un adjetivo en particular que pudiera acercarse a la sensación que se apoderó de él.
La embarcación que para entonces naufragó en el barco de su cerebro, se convirtió en una especie de alcoba donde se refugiaba entre sus pensamientos, los cuales lo impulsaban a albergar esperanzas de que algo entre ellos surgiera.
Por supuesto que quería que algo surgiera. Pero a veces las circunstancias lo hacían pensar lo contrario, puesto que su mejor amigo se encontraba enamorado de Deku y para su desgracia, era un mejor partido para el nerd, de lo que él pudiera ser.
Escuchar a Kirishima decirle que gustaba de Deku, fue la culminación que lo orilló a desechar toda esperanza posible, porque no se sentía capaz de ser la persona que se parara a lado de Deku, con la frente en alto y el orgullo rebosando en sus facciones, de que estaban a la par. En el mismo plano.
No podía ser el indicado. Mucho menos ser el afortunado de tener el privilegio de tomar la mano de Deku, dado las circunstancias que ocurrieron en el pasado, junto con las palabras que no podía regresar a no decirlas, porque bien sabe que tuvo la opción de no decirlas en un principio; nadie lo obligó a decirle a Deku 'inútil'.
Katsuki estaba podrido por dentro, consumido en las cenizas del pasado.
Deku no debía quererlo, pero lo hacía.
Y fue ahí, que su corazón resonaba contra su cabeza, haciéndole frente a sus acciones de no hacer nada. Porque no hacer nada equivalía a hacer mucho; equivalía a lastimarse a propósito.
En cierta forma, era una especie de auto castigo por lo que le hizo a Deku durante años.
Es lo menos que podía hacer para enmendar sus errores.
Los miles de errores que hizo e indudablemente se arrepentía de haberlos hecho en primer lugar.
No faltaba mencionar que después de vivir en la miseria sentimental, un día cualquiera, Deku lo invitó a salir. Así esporádicamente. Sin prevenirle, ni nada. Simplemente apareció la cabellera verde frente a él y lo invitó a salir con tal presencia que se tornó rojo brillante y su corazón revoloteó gozoso.
Aceptó la invitación.
Lo que sucedió en la cita, fue suficiente para hacerlo estremecer.
—Deku— Le habló a su acompañante, esperando que su voz no saliera efusiva.
Asintió.
—¿De qué son los cupones?
—Son para comer hamburguesas en el distrito Harajuku— Respondió el pecoso, sonriente.
—Ah…
Ya no sabía qué decir después de eso.
Carajo.
Estaba tan nervioso que el cerebro se le apagó. Su corazón latía como loco, y sus manos vibraban.
Deku se situaba muy cerca suyo, podría decirse que a escasos centímetros de rozar su hombro a la más leve ventisca.
—Uraraka me regala cupones muy seguido— Informó Deku.
—Y ¿por qué?
—Porque ella no puede usar todos— Respondió. —Así que me los da a mi, ya que Iida no acepta los cupones y a Todoroki no le interesa usarlos.
—Tus amigos son unos idiotas— Replicó Katsuki, despectivo.
Deku suspiró, meditándolo.
—Son discretos—Repuso.
Katsuki chasqueó la lengua, moviendo la cabeza en arrogancia.
—Eso no es discreción— Corrigió él. —Es ser idiota.
—Hm— Deku musitó pensativo. —Entonces, ¿cómo se le pudiera decir?
—¿Me preguntas a mi?— Interrogó ruborizado.
¿Acaso el nerd confiaba en él?
Sonrió internamente.
—Sí, por supuesto, Kacchan— Afirmó Deku. —Eres genial.
Se sonrojó furiosamente, sintiendo una calidez aflorando en su cuerpo, haciendo vibrar sus extremidades.
—Ya te dije— Recordó, fingiendo que no hubo efecto en él su elogio. —Es ser 'idiota'. Si alguien te ofrece cupones, los aceptas. ¿Para qué carajos habría que negarse? Es estúpido.
—Ya entiendo— Dijo tras unos segundos de por medio.
—Es bueno que entiendas— Masculló parco. —No me gusta repetirme.
Y siguieron su curso.
Caminaban por las escaleras de la UA, en dirección al distrito Harajuku, donde tomaron el metro, con el propósito de llegar más rápido.
Por otro lado, Katsuki estaba intranquilo. Volteando para todos lados, sin saber cómo reaccionar o qué decir para disminuir la tensión que él se sobreponía como sombrero de la vergüenza.
—Ya casi llegamos— Le dijo Deku, una vez llegados al distrito y haber caminado algunas calles.
Katsuki asintió, ocultando el bochorno que era su rostro entero.
—Kacchan— Se sobresaltó al escuchar su apodo venir de su voz en un santiamén.
—¿Qué quieres?— Contestó alterado.
—Estamos aquí— Avisó, viendo que él no se detenía a sus anteriores llamados, diciendo que ya estaban afuera del local y que presionó un poco más la entonación de su voz para hacerlo reaccionar.
Total, funcionó.
—Sí, sí, ya vi bastardo— Replicó Katsuki, haciendo de cuenta que no pasó nada.
Aunque por dentro, se removía de los nervios y las palpitaciones que éranse sus reacciones frente a él. —¿Qué estamos esperando? Entremos, inútil.
—Claro, Kacchan— Deku le abrió la puerta del local (como el caballero que es) y su inmediata respuesta fue torcer los ojos, fingiendo que aquello no hizo que su corazón diera un vuelco.
—No te voy a agradecer por eso— Advirtió a modo de regaño.
—Descuida— Aseguró Deku, sonriéndole como si nada.
El nerd no se veía afectado por sus recientes comentarios, lo que lo llevaba a pensar que tal vez él intuía que no todo lo que salía de su boca eran verdades, sino falsedades. O mejor dicho, desviaciones de lo que realmente piensa. Tergiversa lo que piensa en gran medida, como una manera de evitar hablar de sentimientos. Cosa que no era de su total dominio, si no, todo lo contrario. Decir los sentimientos era uno de sus muchos defectos, porque carecía de la habilidad para hacerlo correctamente, así como darse a entender.
Era un fracaso para darse a entender mediante palabras. Y lo comprobaba cada vez que abría la boca y decía pura maldita estupidez.
Se maldecía por dentro, ya que no sabía qué decir; mientras que Deku andaba muy hablador (como siempre) y lo trataba demasiado bien. Bueno, no dejaría mentir que le gustaba ser tratado bien, pero no sabía cómo tomar sus tratos. Es decir, si los tomaba como cortejo o como muestras de aprecio hacia él.
Quería pensar que se trataba de lo primero, aunque en su mundo se parecía más bien como el segundo. Y demonios, Deku le gustaba mucho.
Se decía que no debía de ilusionarse, mas era inevitable.
Entre más tiempo compartía con el pecoso, mayor era el sentimiento de amor hacia él.
No buscaba sentirse vulnerable y estúpido. Mas no previó que Deku lo llevaría a ver tiendas alrededor del distrito, para después darse el atrevimiento de invitarlo a su casa. Algo que supo que negarse conllevaría a arrepentirse de haberlo hecho. Sus acciones a veces no son justas, o mejor dicho, la mayor parte del tiempo no son justas, pero las realiza porque no conoce otro modo de zafarse de sus sentimientos.
Lo que siente en concreto, es irreversible. Innegable. Es una marca imborrable en su corazón, tallada con firmeza sobre su expresión cuando fija sus ojos en su cada movimiento.
Aceptó ir a casa de Deku, porque no había razones para negarse.
Además, el nerd le dijo que extrañaba mucho a su madre y por tanto, tenía deseos de verla, aunque fuera un rato.
Solo es un rato en la casa de Deku, se dijo.
No podría pasar nada extraordinario al ir a la casa de Deku. Fue lo que erróneamente pensó sin meditarlo.
Cual fue su sorpresa cuando después de ver una película de su ídolo de la infancia, y que Deku quitara el disco del reproductor de DVD, se regresara a tomar asiento a su lado, y rozara su piel con la suya. Se estremeció. Y el bombeo de su sangre se dilató.
A sus ojos, parecía que lo hizo a propósito.
No podía parecer una simple casualidad, o un tonto accidente.
—¿Hiciste eso a propósito?— Le preguntó a Deku con molestia en su voz.
El aludido lo vio por lapso de un segundo. Su cara mostraba la confusión que se atenúo en su cabeza.
Esa reacción le indicó que no fue adrede, sino que fue espontáneo.
—¿Qué?— Balbuceó el pecoso, desorientado. —No-no. Yo no. No hice nada a propósito.
Con oírlo balbucir rápidamente, corroboró al doble que no sucedió nada que su imaginación incitara que sí ocurría.
—¿T-te incomodé, Kacchan?— Deku posó sus orbes verdes en la suyas rojizas y se sintió enrojecer de su malinterpretación. —Si es así, lo siento. No fue mi intención incomodarte.
—No me incomodaste, inútil— Replicó con el ceño fruncido.
—Pero, te molestaste.
—No me molesté.
—Perdona si me sobrepasé al traerte aquí si no querías— Musitó Deku, hilvanando sus ojos hacia los lados, luego regresando su atención puestas en él. Siempre en él.
—Yo no dije que no quería venir aquí— Aclaró, entrecerrando el ceño.
—Kacchan, está bien— Aclaró el pecoso. —Mi intención no es incomodarte. Lo que yo quiero es otra cosa.
—¿Hah? ¿De qué carajos hablas?— Espetó ruborizado.
Sea lo que el nerd quisiera decir, lo estaba poniendo al límite de sus sustanciosos nervios, que lo devoraban de una bocanada.
—Lo que quiero es…— Lo vio sonrojarse y lo único que supo después es que era sostenido por unos brazos que lo aprisionaban gentilmente, provocándole una ráfaga efusiva de calor desmedido entrar a través de sus poros.
Soltó un jadeo frente a la sorpresa que lo embargó.
—¿Deku?!— Musitó él, desconcertado. —¿Qué te pasa? ¡Suéltame!
—Lo que quiero es poder pasar más tiempo contigo— Sobrepuso su voz. Los ojos de Katsuki se agrandaron a la par. —Estoy tan feliz de que hayas aceptado salir conmigo hoy y espero que volvamos a salir otra vez, porque me gusta pasar tiempo contigo.
—¿Eh?— Trastabilló rojo; toda la sangre le invadía el rostro.
Sintió sus brazos apresarlo fuerte, aferrándose a sostenerlo debidamente. La miseria por la que se obligó a lidiar, se erradicaba.
Sentía la respiración errática de Deku rozar su oreja, ralentizando sus sentidos. Sus preocupaciones.
—Te quiero, Kacchan— Dijo Deku, determinado. —Quiero estar contigo.
Esa fue la gota que derramó el vaso.
Los oídos perceptivos del rubio procesaron toda la información de una tirada, mientras que su corazón parecía estar a punto de explotar, dado que se sintió correspondido. Querido y protegido. Se vio seguro entre sus brazos, donde nada podía dañarlo.
Tan suave, tan gentil, tan cerca suyo.
Yo también te quiero, pensó sin poderlo conjurar en palabras.
Entrecerró sus párpados, imposibilitado de ceder a sus encantos, a sus palabras; su calidez.
Aún no podía ceder, pues no se había confesado. No había dicho nada con respecto a como se sentía.
Katsuki sabía que debía hablar. Mas palabras no salieron de su boca, más que puro mutismo y permitirse ser abrazado.
Sólo anhelaba que el momento duraría siempre.
Te quiero, apegó su cabeza a su hombro.
Sonrió un poco.
Sí había esperanzas para él.
.
.
.
.
.
.
NOTA: Este es un capítulo especial, sobre el lado de Katsuki de las cosas. Es su punto de vista.
El próximo será de él también.
