Capítulo Final: La última esperanza del Universo

Presente…

—Y entonces estoy aquí, contándote mi historia —mi vista estaba perdida. Leni estaba recostada en mí.

—Eso significa que no importa a dónde hayan huido Luna, Lucy y Lana… las vas a encontrar y las matarás…, pero… al menos estaremos todos con vida —me abrazó con mayor fervor.

—Me hubiera gustado visitarlas, pero era imposible —volteé a verla—. Lo siento.

—Tranquilo, Lincoln…, lo entiendo. Ahora… todo tiene sentido. Si esto es lo que tienes que hacer…, entonces hazlo. No puedo detenerte, eres invencible —suspiró—. ¿Puedo pedirte un favor?

—Claro.

—Utiliza una de tus técnicas y mátame con rapidez.

—De acuerdo, Leni —me levanté y me dirigí hacia mi espada.

Me concentré en aquello que temía perder…, y entonces… me vi tentado a preguntar.

—Leni…, ¿dónde está Lynn? No estaba en la casa.

—Lynn —suspiró—. Hace seis años que salió a buscarte, tenía fe en que estabas allá afuera…, sobre todo cuando nos envió un mensaje diciéndonos que creía que seguías con vida tras encontrarse con un viajero. Ninguno la detuvo, hasta papá permitió que se fuese porque vio en ella la esperanza que él no te tuvo. Nadie comprendía por qué papá experimentó ese extraño cambio de actitud, pero ahora que mencionas la inexistencia, todo cobra sentido.

—Lynn…, ¿ha estado buscándome todos estos años?

—Así es, Lincoln…, ella está allá afuera, creyendo que su hermano está en alguna parte; el último mensaje que nos envió decía que estaba por Sudamérica.

Un sentimiento de nostalgia se cernió sobre mí. Suspiré con pesadez.

—Gracias por decirme, Leni…

—No hay de qué, Lincoln…, ahora… solo termina con esto —asentí.

Realicé un corte diagonal derecho emitiendo una onda rojiza.

Técnica destructora número uno: último aliento.

Leni respiró y, al terminar de realizar dicha acción, falleció. Me acerqué al cuerpo inerte de mi hermana y acaricié su cabello.

—Nos veremos algún día, mis hermanas —besé su frente y salí de la casa.

La Tierra temblaba con fuerza, del cielo caían rocas y cenizas. Los rayos impactaban con fiereza los suelos. El Universo estaba colapsando, solo faltaban cuatro más.

—¡Destructo! —el dragón salió de las sombras y me monté en él tan rápido como apareció.

Nos dirigíamos rápidamente hasta donde estaban corriendo mis otras hermanas, y para no tardarme demasiado, decidí efectuar una técnica. Inhalé profundo y sentí un gran abismo en mi ser; me dejé caer del dragón y fijé mi vista en mis hermanas, para después efectuar un corte diagonal izquierdo.

Técnica destructora número tres: destrucción onírica

Una onda rojiza traspasó a las tres, hundiéndolas en un profundo sueño. Al menos morirían dormidas y, efectivamente, al tocar el suelo, dejaron de respirar. Caminé hasta las tres, eran realmente bellas. Me hubiera gustado conocerlas, pero, desafortunadamente, eso sería en la próxima vida.

—Lynn…, ¿dónde estarás? —enfundé mi espada y miré hacia el horizonte. Suspiré

—La última batalla os espera, mi Amo —declaró Destructo.

—Lo sé, Destructo. Solo debo ir con mi hermana, aunque no entiendo por qué dices eso —suspiré—. En fin, vayamos a Sudamérica, la encontraremos rápido —hice una señal para que Destructo bajase.

Lynn…, esto sería lo más doloroso para mí. No quería enfrentarte…, no quería verte…, no quería… matarte. Mi corazón se entristeció, pero al menos tenía el regocijo de la promesa de mi padre.

Observé el paisaje con determinación, mientras todo se derrumbaba. La Tierra se estaba agrietando, una tormenta se originó en el sitio. Todo era muy violento, la inexistencia de este Universo estaba siendo quebrada y estaba llegando a su fin.

—Amo… un adversario desconocido se os acerca —la advertencia de Destructo me dejó desconcertado, ¿quién podría ser?

Una silueta se presentó en la lejanía, parecía portar una especie de manto que la cubría por completo. Traté de agudizar mi vista y nada, solo podía observar aquel manto cubriendo al extraño. Me encaminé hacia aquella persona, la distancia entre ambos disminuía.

Mientras más me acercaba, más distinguía a la silueta. El manto fluía con el viento, su rostro estaba ensombrecido a causa de la prenda que portaba encima. Los pasos de ambos eran lentos, nuestra distancia se reducía más y más…, hasta que finalmente nos encontramos de frente.

La persona inició a hablar, pero lo hizo de tal manera que no podía distinguir su género.

—He oído que quieres exterminar la vida… he oído que asesinaste a una familia…, he oído que nada te importa ya…, he oído… mucho sobre ti.

—¿Quién eres? —pregunté extrañado, posé mi mano en mi espada, listo para usarla.

—Alguien que te admira mucho, alguien que creyó en ti hasta el último momento… —se acercó más.

—¿Janice? ¿Will? —preguntaba mientras soltaba mi espada—. ¡Will! ¡Eres tú? No te vi desde que efectué la técnica destructora —mencioné con pesadez…, temía haber matado a mi tío.

—No…, él está bien —desvió su mirar hacia el horizonte. El viento azotaba con fuerza, pero el manto estaba reacio a abandonar a su portador.

—¿Entonces quién eres tú?

—Soy la esperanza de este mundo y el Mundo. Soy lo último que queda entre el filo de la vida y la muerte… yo voy a detenerte…

—¿De qué hablas? Ni siquiera sabes con quién te estás metiendo… soy imbatible.

—Yo también tuve un buen maestro —suspiró—. Ahora soy lo único que queda, pero estoy feliz y una inmensa seguridad me acompaña…, todo porque Dios está de mi lado —se acercó más. Unos pocos pasos nos separaban.

—Dios, ¿eso qué importa? ¡Aquí Dios es irrelevante! ¡Dios no tiene sentido aquí!

—Claro que la tiene, Dios creó todo lo que existe —pausó—. Dios me puso aquí para detenerte.

—¡No tienes idea de lo que dices! ¡Ya dime quién eres! —la rabia me estaba invadiendo.

—Yo soy el residuo que Dios vio para la última esperanza de este Universo…, ya te lo dije. Yo soy quien te detendrá.

Mi paciencia se estaba agotando.

—Seas quien seas, temo arruinarte tus ilusiones…, pero tengo la capacidad de borrar casi toda la inexistencia —saqué mi espada a relucir.

—Lo sé… —su mano salió a la luz y tomó su manto—, pero yo soy el reflejo de tu pasado… yo soy la esencia verdadera de tu persona… lo comprendí gracias a él y es por medio de Dios que yo… la leyenda que dejaste morir, pero que yo mantuve viva…, yo… lo más preciado en tu vida…, yo… ¡voy a detenerte! —y se quitó la prenda de encima.

Me vislumbré de la gran cantidad de luz que emanaba. Me tuve que tapar los ojos ante tanta luminiscencia.

—¡Yo, Lynn Loud, voy a detenerte! —cuando escuché esas últimas palabras, no pude evitar quedar anonado.

—¿Qué…? —y en el momento en que pude quitarme el brazo de encima para poder observarte mejor…, me quedé silenciado.

Lynn…, tú… estabas portando mi armadura y mi espada… aquellas que vieron nacer la leyenda de "El Caballero de Madera" estaban ahora bajo tu poder.

—No…, no es cierto… —mis ojos veían con incredulidad tu presencia.

—¡Lincoln! —ya eras muy grande…, mi dulce y tierna hermanita… creciste mucho desde la última vez. Tu caballera fluía con el viento mientras desenfundabas la espada de madera en mi dirección—. ¡Yo…! —no podía ni formular ningún sentimiento… yo… ya estaba llorando con el simple hecho de verte… y pude ver que tú también—. ¡Maldita sea, Lincoln! —oprimiste con fuerza tu puño—. ¡Maldito seas! ¡En el nombre de Dios, voy a impedir tu destrucción! —y sin previo aviso, comenzaste el ataque.

Esquivé con facilidad tu ataque, pero luego volteaste y efectuaste con facilidad la técnica de silenciamiento. Me tuve que dejar caer para impedir que me dieras con la onda…, desconocía si tenías alguna esencia, no sabía quien te había entrenado…, no sabía contra quien luchaba.

—Lynn, ¡déjame explicarte!

—¡No tienes nada que explicarme! ¡Tomaste una decisión y ahora debo salvar este mundo! —efectuaste la técnica varias veces más.

Concentré el odio de mi persona y efectué un ataqué vertical.

Técnica destructora número siete: cancelación.

Tus ondas se desvanecieron como si nada, no te inmutaste ante aquello… como si lo hubieras visto venir. Posteriormente, efectuaste la octava técnica guardiana…, tenías más trucos bajo la manga de lo que pensaba.

No podía quedarme atrás, así que también la realicé. La batalla de velocidad daría inicio y nuestras espadas chocarían con rapidez. Nos acercamos y podía observar las chispas brotar…, en tus ojos podía observar la determinación…, la misma determinación que yo poseía. Nos separamos.

—¡Lynn! ¡Este Mundo ya no merece vivir! ¡Debo acabar con esto! ¡Es mi propósito! —te acercaste de nuevo mientras usabas la técnica sin parar. Yo tuve que usar la mía propia para impedir que me dieras.

—¡Cada uno decide su destino! ¡Yo decidí salvaguardar todo lo que me enseñaste! ¡Lo hice para honrar tu memoria! ¡Soy pura de corazón! —tu coraje y valentía eran idénticas a las mías. Debía admitirlo, eras honorable.

—¡En la inexistencia eso no es posible, Lynn! ¡Compréndelo de una buena vez! —intenté darte en el torso para hacerte caer, pero tenía que ser franco, la forma en como conseguías bloquear cada uno de mis ataques me confirmaban que habías tenido un maestro formidable.

—¡Eso no es cierto, Lincoln! ¡Son ideas equivocadas! —eras insistente.

—¡Yo lo vi con mis propios ojos! ¡Yo lo viví!

—¡Entonces cómo explicas que estamos con vida?

—¡Es parte de la inexistencia! —efectué entonces la técnica guardiana decimoquinta, deteniendo el tiempo. Eso iba a pararte de una vez por todas. Me acerqué a ti para darte la estocada final.

—¡Dios… está… conmigo! —con mucha dificultad te moviste y bloqueaste mi ataque.

—¡Cómo…? —estaba sorprendido.

—No eres el único con sorpresas —usaste la técnica nuevamente, pero pude evadirla gracias al poder de mi padre. En ese instante, pude ver una expresión de asombro en ti…, entonces supe que había cosas que no sabías.

Nuevamente te resististe a rendirte…, después de todo… cuando practicabas algo no dejabas de hacerlo hasta ser la mejor. Sin duda alguna, aparte de mi padre y de mi tío, habías sido la única que me había hecho batalla; pero yo no me estaba tomando la pelea en serio…

—¡Lynn, por favor! ¡Detente! —bloqueaba y cancelaba cada uno de tus ataques, resultaba inútil todo lo que hacías, pero aún así…, podía ver la esperanza en tus ojos.

—¡Técnica guardiana número nueve: ralentización! —hizo un giro de trescientos sesenta grados sobre su eje y expulsó una explosión turquesa. Fue algo imposible de evadir; sin embargo, usando la esencia Dagger que había dentro de mí, impedí que me surtiera efecto.

—¡Nada de lo que me lances podrá afectarme!

—Nada excepto la primera técnica —refutaste lanzando inmediatamente más ondas de silenciamiento.

Sí…, todo lo que se emitía dependía de la cantidad de poder con la cual se desprendía; sin embargo, si tenías menos poder que yo, significaba que no importaba cuanto lo intentaras, jamás podrías silenciarme, pero al ver que tenías mucha fe…, no podía confiarme. Suponiendo que tuvieras la misma cantidad de poder que yo, entonces eso significaba que todavía tenías la posibilidad de silenciarme.

—¡No me obligues a usar el armamento pesado, Lynn! —en serio no quería hacerte daño de gravedad…, solo quería que te detuvieras.

—¡No puedo rendirme! —te abalanzaste contra mí con velocidad, tratando de asestarme un golpe crítico a mi cabeza, pero te detuve con mi espada—. ¡No puedo permitir que destruyas los sueños y las esperanzas de todos aquí!

—Entonces… —la aparté de mí con fuerza… debía tomar esto con seriedad si no quería perder…, debía… usar la técnica guardiana secreta—, ¡tendré que terminar esto de una vez por todas!

—¡No lo permitiré! —con un grito de guerra, expulsaste una infinidad de ondas que se dirigían hacia mí…, eran demasiadas. Estaba obligado a hacerlo.

Inhalé profundo y exhalé…, cerré mis ojos.

Concentré en mí aquellas memorias que me daban paz y armonía. Recordé nuestro primer partido juntos…, recordé nuestro paseos por el parque…, recordé todas las lecciones que te enseñé…, recordé todas las veces que comimos chocolate juntos…, recordé tantas cosas de la infancia…, pero lo que en verdad me llenaba de paz… era recordarte a ti… era irónico debido a la situación…, aunque así era y nada podía hacer ante esta mísera inexistencia.

Agarré la empuñadora de mi espada y la solté dejando que la punta de la misma tocara el suelo con delicadeza.

Técnica guardiana secreta: en calma.

Todas las ondas de silenciamiento me traspasaron; sin embargo, no sucedió nada. Abrí los ojos y podía ver tu expresión de incredulidad. El secreto de esta técnica era…, que era invulnerable a cualquier tipo de ataque. No podía recibir daño ni podía caer rendido…, era prácticamente invencible; desafortunadamente, no lo sabías.

Comencé a acercarme a ti mientras seguías usando la técnica sin éxito alguno, no importaba lo mucho que lo intentaras, jamás ibas a poder vencerme con esta técnica bajo mi poder. Te moviste a todas partes para que no te alcanzara, y bajo ese panorama, me obligaste a usar otra técnica.

Clavé mi espada en el suelo mientras sentía dolor emocional. La Tierra tembló y nos cercó.

Técnica destructora número seis: prisión destructiva.

Te arrastré hasta mí por medio de esta técnica y te atrapé.

—¡No! ¡Suéltame, Lincoln! —no eras rival para mí…, pero admitía…, que en verdad lo intentaste. Quien te entrenó fue realmente audaz y formidable, pero no te enseñó lo suficiente. Aparte…, yo tenía más años de experiencia que tú, era imposible.

—Lo siento, Lynn… —alcé mi espada. Suspiraste… y derramaste lágrimas.

—Yo… solo quería hacerte recapacitar…, yo… siempre supe que terminaría así… —me abrazaste de improviso—, te busqué por años… para terminar enterándome que eras el caballero más poderoso que existía en el Universo…, Will me encontró en mi camino y me dijo acerca de ti. De inmediato pensé en llamarle a nuestra familia, pero me dijo que no podía hacer eso —apretaste más fuerte—. Me contó de ti y de tus acciones…, me dijo que alguien debía proteger a los inocentes que tus tropas pudieran lastimar sin tu consentimiento —podía sentir la humedad de tu rostro—. Me entrenó y me enseñó acerca de Dios; admito que fue extraño al principio, pero le dio sentido a mi vida y me mantuvo en la pureza cuando Will se dispuso a enseñarme las demás técnicas —me miraste a los ojos—, pero ambos sabíamos que tú eras demasiado hábil como para derrotarte…, a diferencia de ti, Will no me pudo otorgar más allá de una quinta parte de su poder…, tú tienes el doble que yo —desvió la mirada—…, quería salvar este mundo…, quería hacerte entrar en razón…, pero tú no te inmutaste ante mi presencia…

Te tomé de las mejillas.

—Lynn…, eres una mujer muy honorable…, en serio me haces sentir muy orgulloso —sonreí.

—¿En serio? —me miraste confundida.

—Sí…, pero…, Lynn… nada de eso importa —suspiré.

—¿Por qué?

—Por la inexistencia —alcé mi espada para clavarla en tu pecho—. Mi padre me prometió traer a todos con vida —el Universo seguía colapsándose más y más.

—¿Cómo estás seguro de que lo hará?

—Porque tengo fe en sus palabras.

—Lincoln…, te quiero… —tus palabras seguían tentándome a resignarme…, pero debía hacerlo; aunque sea, lo haría de manera sutil y fugaz.

—Y yo a ti, Lynn…, solo… quiero saber una cosa —puse mi espada cerca de tu cuello mientras sentía piedad—, ¿por qué poner tanta fe en Dios?

—Porque él nos creó, Will me lo enseñó —sonreíste a pesar de la situación.

—Pero…, eso es imposible en esta inexistencia.

—Déjame decirte algo…, ¿puede algo que existe crear algo que no existe?

—Uhm…, por supuesto. Una palabra que no existe, como haiga —repliqué; sin embargo, lo que dijiste a continuación puso en duda toda mi percepción.

—Es cierto…, haiga no existe, pero… para muchos existe. Existe siempre que la pronuncies y le des tu propio significado; que los demás digan que no existe no quiere decir necesariamente que no exista, porque la palabra existe, pero carece de todo significado…, así… algo que existe no puede crear algo que no existe…, solo algo que no existe podría crear algo inexistente.

—Entonces…, ¿tú crees fielmente en Dios?

—Sí, es creador de todo lo que existe —denotabas una inmensa alegría.

—Vaya…, yo… —mi espada estaba a escasos milímetros de ti—, sé que… te volveré a ver entonces —sentí el corazón apretujado…, pero a pesar de todo, este era mi propósito.

—Primero Dios, Lincoln…, primero Dios… —cerraste los ojos y mi espada tocó tu garganta.

Técnica destructora número dos: Toque piadoso.

Moriste al instante. Te había perdido para siempre, pero nada podía hacer…, estaba entre la inexistencia y la existencia misma… ¿era o no era? Ya no sabía que pensar.

—Hola, hijo mío… —un trueno resonó con fuerza.

—Padre…, he terminado con mi familia… y el Universo sigue en pie —comenté entristecido.

—Es porque aún queda un integrante dentro de la familia Loud —expresó con pesadez. Escuché como liberó su espada de energía.

—¿Cómo vas a matarme si no puedo morir?

—Así como tú pudiste matar a Lynn, solo un poder superior a ti puede matarte. Yo tengo la esencia total de mi padre, por lo que nada puede matarme, pero a ti solo te concedí dos quintas partes y, con ello, dos quintas partes de mi poder.

—Entiendo…

Suspiré.

—Entonces…, que así sea padre.

—Lincoln… te prometí que toda la familia Loud viviría.

—Sí…, pero yo sería parte de tu legado.

—Te amo, hijo.

—Y yo a ti…, padre.

Lo último que escuché fue una ventisca que se llevaría mi último aliento de vida.