Este Fic es una adaptación de la novela "Déjame amarte" de Maruena Estríngana la cual les comparto sin fines de lucro,

sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.

Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.

Capítulo 9

Ichigo

El timbre resuena en mi cabeza. Joder, que pare ya de una puta vez. Sigue sonando

y maldigo. Trato de moverme y noto que tengo a alguien abrazado. Me separo un poco

y con la luz del atardecer observo a Rukia, dormida sobre mi pecho, y es entonces

cuando soy consciente de todo. De lo que hemos hecho, inducidos por el alcohol, y de

todo lo que puedo haber pedido. Recuerdo el momento y noto como me excito de

nuevo. Joder, esto no está bien.

—¡Ichigo! Sé que estás en casa.

—A quién sea, dile que se calle—Rukia habla en sueños.

—Rukia, despierta —Rukia se levanta de golpe y me mira. Noto como poco a poco

es consciente de lo que hemos hecho y como se sonroja. Como en sus bellos ojos

asoma la vergüenza, el miedo... y como se cierra en banda.

—Yo no... Yo no hago esto... yo...

—Rukia, no le demos más importancia de la que tiene. Se nos ha ido de las manos

por la bebida —asiente.

—¡Ichigo! —tocan al timbre otra vez.

—¿Seguimos siendo amigos? —me pregunta, temerosa, y yo tengo el mismo miedo.

No quiero perderla y no quiero que esto nos distancie.

—Sí. Eso no cambiará. Pero ahora tenemos un problema mayor.

—¿Cuál? —dice, buscando su ropa mientras yo hago lo mismo.

—Mi novia está en la puerta —Rukia me mira, dolida, tan dolida que pierde el

color del rostro.

—¿Novia?

—¿No te lo he dicho nunca?

—No. Y eso me hace pensar qué clase de amigos somos —aparta la mirada, dolida

—. Yo creí... ¡Qué tonta soy siempre!

—¡Ichigo! ¿Acaso escondes algo?

—Sí, muchas cosas —ironiza Rukia, que ya se ha vestido y va hacia el balcón—.

Puedo bajar por la madera que hay en la pared de la enredadera, está bien sujeta.

—¡Estás loca!

—¿Tienes una idea mejor? Tu novia seguro que registra tu casa y, si quieres un

consejo, métete en la ducha y hazle creer que te estabas duchando. Apestas a mi

perfume y yo a ti, dicho sea de paso...

¡Joder! Rukia está muy enfadada y siento que más que porque nos hemos dejado

llevar es porque creía que éramos buenos amigos y no haberle dicho lo de Senna es

raro. ¿Por qué no se lo dije? Dudo. Rukia se sienta sobre la barandilla. La enredaderade

madera es dura pero tengo miedo de que le pueda pasar algo.

—O me ayudas o salto —me dice, con determinación.

—Joder, estás loca.

—Habló el que se mete de infiltrado —Rukia no lo piensa más y empieza a bajar.

Me acerco a ella y me echo hacia delante por si tuviera que sujetarla. Va bajando

poco a poco y al final cae sobre suelo firme y suelto el aire.

—Adiós, Ichigo —y siento que no es un hasta luego, que algo se ha roto entre los

dos por mi culpa.

Pienso en ir tras ella, el problema es que no sé cómo lidiar con lo que siento por

Rukia y sí que sé hacerlo con lo que siento con Senna. Lo que tengo con Senna sé

manejarlo. Mi amistad con Rukia, no. Hago lo que me ha dicho Rukia y me meto en la

ducha. Sólo me paso por agua y, tras salir, cojo una toalla y me hecho perfume para

alejar de mi piel el olor de Rukia. Bajo hacia la puerta mirando de reojo el sofá. No

puedo olvidar lo que sentí mientras la hacía mía, mientras me adentraba en ella. Debo

hacerlo. Es mejor pensar que todo ha sido más intenso debido a la borrachera. Abro

la puerta y Senna me mira, enfadada.

—¿Algo que ocultar, Ichigo?

—Me encanta que confíes en mí. Estaba duchándome.

—Si me dieras llaves de tu casa no pasaría esto.

¡Ja!, no pienso darle llaves de mi casa. Senna entra y, como Rukia dijo, registra mi

casa como quien no quiere la cosa, alegando que está buscando algo que no encuentra.

Me voy a mi cuarto y me pongo ropa cómoda mientras Senna lo revista todo. Entra en

mi cuarto cuando me estoy poniendo la camiseta y me abraza. Su contacto ahora

mismo me molesta.

Llevamos meses tonteando y ella quería algo más que no le di hasta que Rukia

apareció en mi vida, como si necesitara estar con Senna para ser fiel a mi palabra y no

estropearlo todo con Rukia. Casi no sé nada de ella, ni Senna de mí, a ella sólo le interesa

decir que es mi novia, nunca ha indagado más allá de saber que soy dueño de Kurosaki.

Rukia no lo sabe, pero me he abierto más a ella que nadie, exceptuando a Kaien.

Me jode haberla cagado todo.

No quiero perderla. Y una parte de mí teme que ahora mismo esté recogiendo sus

cosas y marche lejos.

—Estoy casando Senna. ¿Qué quieres?

—Hemos quedado con unos amigos esta noche...

—Acabo de regresar de un viaje. Lo que menos me apetece es quedar con tus

amigos..

—Nuestros amigos, Ichigo. ¿A qué viene esta actitud conmigo? ¿Te he hecho algo?

No, tú no, yo. Yo te he puesto los cuernos . Cierro los ojos y trato de calmarme.

Nunca le había sido infiel a nadie. Siempre he ido de cara y ahora no sé cómo

manejar todo esto.—Cariño —pone su mano sobre mi mejilla y recuerdo otras manos,

otros labios y a otra mujer amándome. Desinhibida por el alcohol, me recuerdo

—. ¿Estamos bien? —

Senna pone cara de pena y, por un instante, me veo tentando de decir que no y mandarlo

todo a la mierda. Romper esta unión que nunca debió existir.

El problema es que sé que a Senna nunca la amaré, que ella nunca me querrá salvo

por ser la novia de uno de los importantes jefes de Kurosaki. Ella nunca exigirá

todo de mí y si la pierdo, si se marcha, nunca sentiré el dolor de su pérdida. Y eso me

da tranquilidad. Porque sé lo que duele perder a alguien a quien quieres. Porque no

quiero perder a Rukia, a quien estoy empezando a apreciar, y si le ofrezco algo más

que amistad puede que lo estropee todo y se marche para siempre. Estoy cansado de

decir adiós a personas que me importan y, en mi mente, la amistad es para siempre, el

querer a alguien no.

Sé lo que se pierde cuando se quiere de verdad y lo pierdes todo... no quiero

volver a pasar por eso.

—Todo está bien.

Tal vez soy un cobarde, o un débil, o quizás sólo un hombre herido que no sabría

reconstruirse tras otro fracaso.

Es curioso que, siendo mi trabajo tan arriesgado, ahora actúe movido por el miedo.

Pero es que yo mejor que nadie sé que las heridas del cuerpo sanan, las de alma no.