Parte uno: Entrégate


Capítulo 5


El sonido del timbre me distrajo de la lectura y me saqué los lentes para mirar hacia la puerta de entrada por unos segundos, pero un nuevo timbrazo me hizo reaccionar. Me levanté del sofá y acomodé mi ropa antes de pararme frente al espejo, peiné con las manos mi cabello, acomodando mi coleta y abrí. Casi creí morir cuando Naruto Uzumaki se afianzó a mi cintura, besándome con la misma fuerza de siempre y apremiándome a entrar al departamento.

Mi cuerpo reaccionó ante el imperativo choque de su boca contra la mía y cerré los brazos en torno a su cuello, atreviéndome a devorarlo. Como la última vez, terminó el beso suavemente y me separó de su cuerpo. Su mirada se encontró con la mía y repasó mi cuerpo, mi pequeño short de franelilla y mi camiseta de tirantes. Podía sentir mis pezones erguirse ante su atenta mirada.

—Ve a vestirte —murmuró suavemente, dejando un último beso en mis labios—. Empezaremos las clases.

—¿Hoy?—pregunté como idiota, Naruto se veía mucho más repuesto que la última vez que lo vi. Tenía un traje de tres piezas que se ajustaba perfectamente a su cuerpo, se había quitado la corbata y traía el chalequillo abierto. Su cabello rubio como el sol estaba despeinado, haciéndome notar que había pasado sus manos innumerables veces por él, Naruto tenía el cabello como si se lo tiraran.

—No sabes lo que me provoca que me observes así —dijo con voz burlona y sarcástica—¿El inventario está completo? y antes de que preguntes, no, no he estado con nadie en la última semana—me dio una sonrisa torcida y gemí internamente—. Ve a cambiarte de ropa, antes que me arrepienta y empecemos la primera clase aquí —salí de mi pequeño aturdimiento con la suave palmada que dio en mi nalga izquierda.

—¿Nuestra primera clase? Ya sé que no estaba en el decálogo, señor Uzumaki, pero ¿no deberías haberme avisado?

—¿Y quitarle la diversión a este asunto? No, Dulzura—odiaba cuando me decía Dulzura porque sé que lo dice para burlarse—. Ve, cámbiate de ropa y acompáñame a cenar, vamos a hacer la inauguración de la escuela del sexo, comeremos rico y brindaremos y ¡llámame Naruto!

—Naruto.

—Correcto—me miró con simpatía—. Soy una persona cordial y, solo es una cena.

Sí, era cordial, encantador, simpático, inteligente, sexy, hermoso, atlético, guapo. ¡Una ofensa para las demás personas! Un Dios del Olimpo codeándose con los humanos, Pero nunca lo admitiría en público.

Hinata, ¿estás bien?...

—Entonces, pido una pizza y brindamos con Pepsi Cola.

—Cena, Hinata... Fuera de tu lindo apartamento.

—¿Piensas que mi departamento es lindo?—dije sonriendo.

Yo también puedo tomarte el pelo, querido

—Ve a vestirte o yo mismo empezaré a quitarte la ropa—se acercó a mí — vamos a estar tres meses juntos, y quiero comenzarlo con estilo—dijo con voz baja.

—¿Qué te pasa? ¡Yo tengo estilo!

—¿Pizza y Pepsi? ¡Eso nunca! Vamos, vístete.

—Yo diría que estás irrespetando el punto seis —mis ganas de divertirme esta noche estaban puestas en permanecer echada en el sofá mientras veía una repetición del último episodio de la Ley y el Orden.

Naruto caminó hasta sentarse en el sofá, cruzando sus piernas y mirándome de frente manteniendo su sonrisita ladeada.

—No quiero intervenir en tu vida privada, es una maldita cena en un restaurant donde no venden pizza ¡joder! Si no tuvieran código de ropa— nada de jeans y camiseta— te arrastraría así, como estás vestida —le restó importancia a mi imagen de joven dueña de casa que se acaba de depilar toda—. El reloj corre, tienes veinte minutos para arreglarte, tenemos una reserva a las 19:00 y ya falta poco.

Bufé resignada, antes de guardar los cambios en el computador y apagarlo

—Ya vuelvo...

—Ponte un lindo vestido—le mostré el dedo del medio, mientras caminaba hacia el corredor. ¿Vestido? ¡Já! Ni loca...

Tardé un poco más de treinta minutos arreglándome, inconscientemente, me había esmerado por no lucir tan normal, me puse unos pantalones negros de vestir, muy ajustados, una blusa blanca con lunares negros, de seda , una chaqueta de tweed, zapatos con taco ancho y un sombrero Fedora.

Solté mi cabello dejando que cayera largo, suelto, maquillé mis ojos y mis labios, me di una última mirada en el espejo y sonreí al darme cuenta que parecía una hípster de catálogo. Si no le gustaba mi atuendo pues bien podía joderse. Agarré un collar de cuentas rojas, de dos vueltas, que me había regalado Ino, me lo puse. ¡No me vengas a decir que no tengo estilo, querido Naruto!

Cuando salí él estaba mirando algo en su celular, carraspeé un poco y su mirada me recorrió haciéndome sentir desnuda, a pesar de que estaba completamente vestida.

—Nada mal, aunque me hubiese gustado un vestido.

—En tus sueños—refunfuñé.

—Créeme, en mis sueños estás justo como terminarás esta noche—lo miré sin entender—. Perderemos la reserva—comentó levantándose del sofá y caminando hacia mí—. Eres tan hermosa.

—No tienes que halagarme Naruto, no es necesario. Finalmente, me follarás como yo necesito para mi libro ¿no? Así que ahorrémonos la cursilería y las mentiras—Naruto sonrió y luego colocó su mano en mi espalda baja para guiarme rápidamente, su tacto quemaba mi cuerpo.

—¿No eres muy agria para tener veinte años?

—Tengo veintiséis.

Me miró con actitud de "lo sé" pero no dijo más. ¿Habrá sido una indirecta? ¿Me quiso decir que soy inmadura? Porque, no creo que haya querido decirme que me veo como una chiquilla para la edad. No, eso sería un halago y, él no halaga.

Bajamos el elevador en absoluto silencio, pensé que iba a intentar besarme pero no lo hizo, tampoco se acercó o dijo algún comentario con doble sentido o sarcástico. Parecía preocupado y no sabía por qué. Su auto estaba estacionado fuera del edificio, me despedí del conserje, y subí en el vehículo.

Condujo por varias avenidas hasta que llegamos a un restaurante, se veía elegante por lo que me felicité a mí misma por mi atuendo. Bajó del auto pero no le di oportunidad que abriera mi puerta, él me dio una vez más su sonrisa torcida antes de extenderme el brazo que, como era obvio, no acepté.

El restaurante más que opulento, era exclusivo, original y moderno ¡Santo cielo! Al menos, eligió un lugar de mi agrado. Las paredes pintadas con colores vanguardistas y las mesas de forma circular estaban distribuidas en distintos ambientes. Naruto habló con el maître y una chica rubia, a la que se le abrieron los ojos al verlo, nos trajo la carta.

Parecía de esas chicas que trabajan de meseras mientras esperan su oportunidad en Broadway: piernas largas, espalda recta y caminar celestial, toda una belleza. Naruto levantó una de sus cejas luciendo sensual y la chica sonrió aún más batiendo sus pestañas como toda una colegiala.

Iba a vomitar.

Afortunadamente se fue tan rápido como vino, la mesa se sumió en silencio mientras revisábamos el contenido de la carta, unos minutos después un chico llegó y tomó el pedido Naruto; pidió vieiras y lenguado asado, emparejados con ragú de calamares y pepitas de tocino, con crujiente capa de crutones y queso azul; yo, pollo tierno con espárragos blancos, hummus y ensalada de kale.

Aunque los nervios y la ansiedad por lo que me esperaba me tenían inquieta, recurrí al "técnica George" —no mostrar mis emociones—y me obligué a disfrutar del lugar. Era un sitio de moda, todo aquel que era alguien en Nueva York, tenía que comer, a lo menos, una vez a la semana aquí, era muy difícil de encontrar una reservación de un mes para otro. Supuse que él tenía contactos.

—Quiero brindar por nuestro excelente pacto—dijo Naruto alzando su copa.

—A tu salud, querido. Espero que el pan de aceitunas no traiga carozos ¡sería horrible atragantarse en una noche tan especial!—dije sarcástica y Naruto negó divertido.

—Tú puedes atorarte, hago una maniobra de Heimlich que te encantará— levantó una ceja, sonrió de lado y... estuve a punto de ahogarme.

Ambos comimos en silencio. Naruto dedicaba una que otra sonrisa y gestos de saludo a los comensales de otras mesas ¡joder! Saludó a tres actrices de cine, un actor de televisión y a cuatro cantantes.

¡Contrólate, Hinata! No puedes salir corriendo a pedirles una selfie!

Al final pedí una tarta de arándanos, Naruto no pidió nada pero, se disculpó un momento y se alejó de la mesa. Regresó unos minutos después y me dio una mirada pícara junto con su sonrisa sexy. Solicitó la cuenta y salimos del lugar.

—Puedo tomar un taxi, así puedes volver y follarte a esa aspirante a ganadora del Óscar que te miraba con tanta hambre—mi voz destilaba veneno, estaba segura que si me mordía la lengua, caería muerta.

Eso fue ridículo, Hinata.

—¿Celosa, Hinata? —me reí sin gracia en su cara.

—¡Já! Solo estoy midiendo tu capacidad para respetar el decálogo. Punto uno.

No respondió. Creo que le pareció lógico mi comentario.

¡Bien, Hinata, salvaste!

—Quiero llevarte a un lugar que te servirá para el libro.

—Hablaste de cenar, nada de "ir a un lugar"—¡Joder, mujer! Deja de hacer comillas con tus dedos.

—Soy tu instructor y tenemos un tiempo ajustado... mientras más pronto comencemos, mejor te irá con tu libro.

Bufé sonoramente.

—¿Me llevarás a casa después de que vayamos a dónde sea que me quieres llevar?—él asintió abriendo la puerta del coche para mí. Podía ver su sonrisita torcida, pero la ignoré lo mejor que pude.

—Me he visto con Fûka hoy, te envía sus saludos y dice, que solo estará aquí hasta el lunes por si la necesitas. Podrías llamarle.

—Ya hizo mucho por mí —me encogí de hombros—, su relato me ayudó corregir un par cosas, la llamaré para desearle un buen viaje —contesté sin emoción.

Naruto condujo hasta llegar cerca de Manhattan, a lo que parecía ser un bar o algo así. Había una larga cola, pero Naruto estacionó el auto dejándole las llaves a un chico rubio que hacía de valet.

—Ya sabes Chris, sin marcas—el chico asintió y se llevó el auto.

—¿Has visto la fila?—le pregunté.

—Eso no es problema para mí—me dio una sonrisa centellante, antes de dirigirse al mastodonte que estaba en la entrada.

Mientras Naruto hablaba con el rubio, me dediqué a mirar el entorno y me pareció que todos los empleados del lugar eran sospechosamente rubios y de ojos azules, que el uniforme era sacado se "Star Trek" y que el local, recubierto de reluciente cerámica negra, no tenía nombre.

—¡Ya está!—llegó a mi lado— podemos pasar —entramos sin importar las murmuraciones de las personas que se encontraban en la larga fila de espera.

—¿Dónde estamos?

—Verás, descubrí este lugar hace algunos años por internet —dijo mientras me conducía por un corredor pintado de negro, tenuemente iluminado—. En Europa, encontrar un sitio como éste es muy normal, así que dije ¿Por qué no?

—¿Es tuyo?—pregunté intentando enfocar mi vista.

—Tengo un pequeño porcentaje de participación. Sasori, Sasuke y yo tenemos otro socio—habló con desagrado, él apretó mi mano más fuerte hasta llegar a lo que parecía el final del pasillo. En frente de nosotros había un letrero enorme incrustado en la pared: FETICHES ¿Qué demonios era esto? Bajo el letrero, había cuatro puertas, así que miré a Naruto con una ceja alzada. Él sonrió, como llevaba haciéndolo toda la maldita noche antes de explicarme.

—Hinata, este lugar es algo especial—nuevamente lo miré sin entender—. Hay cuatro puertas, ¿verdad?—efectivamente, habían cuatro puertas frente a mí, no era ciega, las estaba viendo. Sobre ellas, había luces de diferentes colores: rojo, naranja, amarillo y blanco—¿Has escuchado el refrán que dice que en la variedad está el placer?

—Por supuesto —contesté enseguida.

—Este lugar ofrece ese servicio: amarillo si quieres ver; rojo si quieres participar; naranja si solo quieres bailar y, blanco, si quieres irte.

Lo miré sin creerlo, ¿él me había traído a especie de casa de orgías?

—¿Me has traído a que presencie una orgía? ¡Porque, no quiero creer que me trajiste a participar!—le dije seriamente, con todo mi cuerpo tensionado.

—Pensé que te gustaría ver, ahora, si quieres participar—alzó una ceja descaradamente.

—¡Estás loco!—grité, aunque no era esa mi intención, no quería parecer una histérica—¡Eres un depravado!—y lo empujé con mis dos manos, con fuerza.

—Aterriza, Dulzura—capturó mis manos en el segundo intento—. Vivimos en un mundo pervertido. ¿Por qué crees que el tipo de libro que estás escribiendo se vende tan bien?

—Quiero irme a casa—dije fuertemente zafándome de su amarre, aunque no podía negar que en el fondo—muy en el fondo—tenía curiosidad por ver.

—¿Estás segura, Hinata? Es información. Una orgía real excita mucho más que un libro pornográfico, a menos, que lo escribas tú, pero tienes que conocer.

¿Cree que escribo bien? ¡Santo Joder!

—¿Amarillo para ver, rojo para formar parte, naranja para bailar y blanco para irme?

—Entendiste bien.

—Bien, no sé qué tan jodidamente pervertido esté tu cerebro, pero este tipo de cosas no me gustan —dije fríamente antes de encaminarme a la puerta blanca.

—¡Hinata, espera! No tienes por qué ofenderte. Esto es parte de las lecciones. Se llama motivación. Tienes que saber de qué se trata todo esto.

Estamos aquí por tu libro. ¿Acaso pensaste que te iba a llevar al cuarto rojo? ¡Joder! Sí que estás mal.

—No me gustan este tipo de "reuniones". Lo dejé claro en el contrato.

—Bien, he entendido que esto puede ser demasiado fuerte para tus castos ojos, Dulzura—se burlaba de mí—voy a llevarte a casa para que sigas jugando a ser la chica mojigata que estas cansada de ser.

¿Seguir jugando a lo que estoy cansada de ser? Vaya, es todo un poeta ¡Já!

—Puedo tomar un taxi.

—No puedes. Y te juro, Hinata, otro no esta noche y te alzo para llevarte en hombros—me guiñó un ojo—¡será maravilloso tener tu lindo culo al alcance de un mordisco!

—¡Ja! y ¡Ja!

—¡Cobarde!

—¡Agresor de sensibilidades y maltratador de emociones!

¡Joder, Hinata! Que increíble capacidad de decir ridiculeces tienes cuando estás con él. Naruto me miró con cara de asombro, abrió la boca y la cerró, negó con la cabeza.

—Sí, sí, lo que tú digas.

—¿No debes ir a la radio hoy?—era jueves.

—Grabamos el programa en la tarde, porque tanto Karin como yo, teníamos compromisos.

—¿Compromisos? —se encogió de hombros.

—¿Vamos o te alzo?

Le mostré el dedo del medio y caminé hasta llegar al auto. El camino de vuelta fue bastante silencioso, solo deseaba llegar y recostarme en la cama para sacar de mi mente la palabra "orgía". Naruto giró a la izquierda cuando tenía que hacerlo a la derecha para tomar la avenida que conducía a mi edificio.

—Este no es el camino para ir a mi casa. —mascullé entre dientes.

—No vamos a tu casa, vamos a la mía—contestó sin mirarme.

—Quiero ir a mi casa, Naruto—dije frustrada.

—Punto siete, modificado: de lunes en la noche a sábado en la mañana.

—Pero...

—Necesito enseñarte algo—masculló, enojado—. Luego te llevaré a tu jodida casa, a menos que no lo desees.

—Todo sería más fácil si me explicaras cuáles son tus objetivos para cada clase. No es mi culpa que seas tan desorganizado y poco práctico. No es que te tenga miedo o me niegue a cumplir el decálogo que yo misma te hice firmar, es que dijiste cena y no...

—¡Cállate, Hinata!

Cuando el auto entró al estacionamiento, Naruto me sonrió de nuevo, no me había vuelto hablar y pensé que estaba enojado; de cierto modo, eso me relajaba pero esa sola sonrisa hizo que mi cuerpo empezara a entrar en tensión. Me sentía como si estuviese entrando en la cueva del león. Tomé aire, tratando de que él no notara mi nuevo ataque nerviosismo.

Caminamos hacia el elevador con su mano en mi espalda baja, mientras yo temblaba ridículamente. Sentí el calor del cuerpo de Naruto muy cerca al mío y cuando las puertas del elevador se cerraron, su mano tomó mi barbilla manteniendo mi rostro elevado.

—Relájate—murmuró cerca de mis labios—, no haremos nada que tú no quieras.

He ahí el problema. No sabía que tan fuerte podría ser cuando estuviéramos nuevamente solos en su departamento. Sus labios tantearon levemente los míos, mientras mis manos agarraban su chaqueta.

—Eres el instructor y yo debo escribir un libro—esa respuesta estuvo buena, ni mucho ni poco.

—Es excitante la manera en la que tus besos elevan mi temperatura, empiezan siendo inocentes hasta que puedes llevarme el ritmo y luego, ¡boom! Todo un volcán de deseo se apodera de ti. Sé que no te soy indiferente, como tú no lo eres para mí—volvió a besarme suavemente, su mano libre recorrió la curvatura de mi espalda pegándome más a su pecho mientras el beso subía de intensidad. La campanilla anunciando la llegada al piso de Naruto se escuchó haciéndonos separar—. Así... respira, inhala... exhala—dijo antes de salir, colocó el código en la entrada del departamento y la puerta se abrió mostrándonos el frío lugar.

—Bienvenida a mi casa, tu escuela por los próximos tres meses—negué con la cabeza.

—¡Por favor! Nada de cursilería de salón de clases, pizarrón y lápiz. No lo podría soportar, de nuevo... Me sentía nerviosa.

—Como tú digas, Quédate aquí.

—Tu puerta abre con un código, que no me sé, así que no creo que pueda ir a muchos lugares—dije tajante y con un tonito irónico para dejar en evidencia la tontera que decía.

Naruto rió. El maldito gozaba burlándose de mí.

—Mañana te daré un código, Dulzura. ¿Quieres una copa de vino?—una copa de vino sin duda ayudaría a mis nervios, así que asentí—. ¿Blanco o tinto?

—Prefiero vermú—señalé en voz baja.

—Creo que tengo algo de eso, solo no te muevas. Regreso enseguida— expresó antes de desaparecer por el mismo corredor en el que había desaparecido la última vez que estuve aquí. La casa de Naruto Uzumaki me daba miedo. Era tan fría, tan parecida a la casa de George en Jersey, solo el cuadro que estaba en la parte alta de la pared lateral parecía realmente algo de Naruto, algo preciado.

—Discúlpame si te asusté al llevarte a "Fetiches"—Naruto colocó frente a mí una copa de vermú, me giré para rebatirle pero casi me quedé sin respiración.

Se había quitado la chaqueta, tenía las mangas recogidas hasta los codos y había abierto los primeros botones de su camisa. Su sonrisa centelló triunfal cuando vio mi rostro, por lo que tomé aire y ordené a mis manos no temblar antes de tomar la copa de su mano.

—No me asustó, simplemente me tomaste con la guardia baja —tomé un sorbo de la copa y él me imitó.

—Entonces, eso de agresor de sensibilidades y maltratador de emociones ¿no es verdad?

Me miró con una cara simpática y no pude evitar sonreír. El muy bobo no pasó por alto la tontera que le dije allá afuera.

—Licencia poética—apuré otro sorbo de mi trago.

—Las lecciones son empíricas—vaya, que manera de cambiar de tema—. Aunque no está en tu decálogo, intentaré decirte antes de lo que va cada clase.

—Me has quitado un gran peso de encima, Mr. Black.

Él dio otro trago a su copa mientras mostraba su sardónica e infernal sonrisa.

—Yo soy real, no un pobre personaje traumado escrito por una fantasiosa mujer—sonrió—. Ven conmigo—tomó mi mano libre, la entrelazó con la suya y me hizo caminar por el corredor que no era nada pequeño.

—¿A dónde vamos?

—A mi estudio—Naruto abrió la puerta adornada con hermosos vitrales y pasamos a una habitación. Como la sala, estaba alfombrada, había un escritorio de roble y las paredes estaban rodeadas de libros. Todas, excepto una en donde estaban sus múltiples títulos. Los leí cada uno. Numerosos congresos y seminarios, su título de Harvard como Psicólogo y su título en Cambridge como Sexólogo. El escritorio, estaba adornado con varios portarretratos en donde se veía a Naruto de niño junto con una muy pequeña Karin y un chico de cabello negro.

—Ese es Sasuke—susurró, mientras alzaba la fotografía—, mi hermano.

—¿Tu hermano?—Naruto miró la foto con cariño.

—Lo conocí la noche que mis padres murieron, tuve un corto paso por Servicios Sociales mientras que Jiraya legalizaba mi tenencia. Los padres de Sasuke también murieron en ese accidente —suspiró—. En fin, es una historia muy larga. —colocó la fotografía en la mesita —Y esta noche no está programada para contar historias.

Sus manos se deslizaron por mis hombros y mi cuerpo tembló ante el roce. Tomé otro portarretratos. En este, Naruto estaba boca abajo y alguien trabajaba en su espalda: su tatuaje.

—¿Dónde te lo hiciste?

—En India, yo tenía la columna vertebral tatuada desde que cumplí quince y Raff, un viejo amigo agregó las serpientes. Me gusta, es similar al símbolo de la medicina...Un Caduceo, en India las serpientes la reverencian como diosa de la fertilidad y de la profecía. En el yoga Kundalini, se dice que la energía de la serpiente reside en la base de la columna vertebral, lista para ascender desde el centro sexual y emplearse al servicio de la consciencia.

—¿Tú lo crees?—inquirí, dejando la fotografía en su lugar.

—En ese tiempo, creía en todo—su voz se oscureció.

—¿Por eso te la tatuaste?

—En realidad, la serpiente es sabiduría, astucia; son animales fríos y cínicos. La capacidad de la serpiente para mudar su piel, siempre ha resultado fascinante para el hombre, un truco que la ha asociado con el renacimiento y la inmortalidad. En India, la cobra es sagrada, un tótem para los pueblos indígenas, y un símbolo de poder —lo confieso, estaba maravillada con sus palabras—. Lo lamento, a veces hablo de más, salgamos de aquí—asentí.

Ubicó su mano en mi espalda baja, guiándome como lo había hecho en casi toda la noche.

—¿A dónde me llevas?

—A mi templo.

—¿Tienes una Iglesia?—¡que ridículo! ¿Quién tiene un templo en su casa?

—Templo, santuario, jardín secreto, lugar privado. Es un lugar que ninguna otra chica jamás ha visitado.

—Ohh... es un honor para mí que me hagas partícipe de ver tu "Templo" —me burlé de él— ¿será por qué soy virgen?

—Muy graciosa, Hinata Hyûga —abrió la puerta y me hizo pasar.

—Esto es... —no sabía qué decir, no estaba preparada para encontrarme con eso.

—Mi Templo—dijo Naruto mostrándome el lugar.

No entendía nada; frente a mí, una habitación más larga que ancha, que tenía una superficie de algo parecido al corcho, de unos dos metros de ancho por unos quince de largo; más o menos de ese mismo largo; en la pared había una vitrina que estaba dividida en dos secciones: una, la más grande, llena de trofeos y medallas, la otra, con varios tipos de espadas. Bordeando la alfombra de corcho, había cables y otras cosas indescifrables.

—¿Este es tu templo?—me sentía ridícula, yo me había reparado para ver doseles, cadenas, columpios eróticos y mil mierdas más, no para esto. ¡Joder, Hinata! Esto libro te tiene paranoica.

—Practico la esgrima desde que tengo doce años, amo este deporte, es el segundo placer que disfruto realmente. El primero, obviamente, es follar— lo dijo tan cerca de mi cuello, que pude sentir todos mis vellos erizándose bajo su aliento.

Tomé otro trago de mi copa, seguí observando la habitación y me percaté que había un sistema de circuito cerrado de TV ¿acaso hace sus propias películas?

—¿Y esto?

—Me grabo para corregir mis movimientos, cuando practico. Vamos...— esta vez me tomó por el brazo sacándome de la habitación. Pasamos por dos habitaciones más, a las que Naruto nombró como la cocina y un cuarto de baño, dos puertas más, que eran el cuarto de huéspedes y una puerta doble de madera indicaban el final del corredor—. Mi habitación...

Tragué saliva cuando él empujó suavemente la puerta. Su habitación era enorme, casi triplicaba la mía; la cama era tamaño king size, cubierta con un edredón blanco y varios cojines. Tenía un balcón enorme, en el que sin duda Manhattan debía verse en toda su gloria; un pequeño sofá estaba pegado a una de las paredes; un gran televisor estaba empotrado en su pared acompañado de un teatro en casa; una melodía se colaba desde algún lugar, dos mesas de noche a lado y lado de la cama, el piso era de roble y las paredes en un tono verde ocre muy claro.

—Ven...—su voz flotaba en el aire gloriosamente y mi corazón empezó una terrible carrera maratónica como cada vez que él estaba cerca de mí—. El cuarto de baño—abrió la puerta.

¡El cuarto de baño, señores! Sí, la habitación era exageradamente grande. El baño no se quedaba atrás. Había un jacuzzi y una ducha de hidromasajes, una pequeña banca que se desplegaba de la pared, completamente enchapada en negro con dorado... y yo, estaba simplemente pasmada.

—¡Faraónico!—sí, no pude controlar mi sarcasmo.

—Me alegro que te guste; luego, puedes usarlo—con el pasar de los minutos su voz iba adquiriendo un matiz extraño, ronco y deseoso. —Todo es tan masculino.

—Si te incomoda, hay otros tres, elige el baño que más te guste.

Volvimos a la recámara, suspiré notoriamente para llamar su atención.

—¿Es todo?—me miró extrañado— Digo, no hay habitación con artefactos para el maltrato, un cuarto de juegos, ¿una... mazmorra? —Naruto rió abiertamente, negando con la cabeza y limpiando lágrimas imaginarias de sus ojos.

—¡Tú sí que eres graciosa! ¿Quieres anular el punto dos?

—¡Nooo! Solo es que...

—No soy un dominante, Hinata, tampoco un sumiso, pero me gusta que las mujeres con las que estoy me obedezcan.

—Dominante encubierto—murmuré simulando una tos.

—Hombres como Mr. Black, de que los hay, los hay, pero te aseguro que pocos pueden manejarlo. Ambos roles son importantes, para el dominante es primordial que su juguete no sufra daño, es por eso que dan una palabra de seguridad pero, alcanzar el placer y entregárselo a la compañera se va al carajo cuando el dominante encuentra el goce en la humillación y el castigo de la sumisa. En ese caso, ninguna palabra de seguridad salva.

—¿Y, a ti...?

—No me gusta lastimar pero quizás, en alguna de nuestras clases, pueda enseñarte algo de lo que aprendí en ese mundo.

—¿Fuiste dominante?—Naruto volvió a negar.

—Fui sumiso, por diversión. En una relación de Dom/Sub, el dominante cree llevar las riendas en el encuentro sexual, pero es el sumiso quien realmente posee el control de la situación. Una palabra le entrega el sumiso la decisión de cómo controlar su placer y el de su dominante, o parar todo el juego, Hinata. ¿Entiendes?—asentí bebiendo un poco más de mi copa...

—Sí, entiendo, pero no creo que alguna vez llegue a practicarlo... no tengo carácter para eso.

—Puede ser, pero... basta de charla—Naruto me quitó la copa y me tensé inmediatamente. Desde algún lugar podía escuchar la suave melodía de The Scientist, era una de mis canciones favoritas de Coldpaly—. Hemos venido aquí para tu inducción.

—Naruto, yo...—Mi lengua se trabó, si antes estaba nerviosa, ahora hiperventilaba.

—Chsss..., te dije que por ser tu primera vez, no sería una clase —sus manos tomaron mi rostro delicadamente—. Voy a enseñarte lo que significa el clímax total, esta vez te haré el amor y no solo con mi cuerpo, si no con el conocimiento que he adquirido y con la experiencia de conocer el cuerpo de una mujer a la perfección.

—No voy a negar que estoy algo nerviosa —yo siempre escapaba de todos los dolores del mundo.

—Haré que tu primera vez sea una experiencia placentera —su rostro se estaba acercando peligrosamente al mío— Solo déjate llevar.

Cerré los ojos cuando él depositó un suave y delicado beso en mi cuello, podía sentir mi cuerpo temblar ante su toque.

—Aa... ¿ahora?

—Sí, yo te guiaré —otro beso, mientras continuaba sacándome la ropa. —¿No hay palabra de seguridad? —ahora lo besé yo —No —sé que se sonrió.

—¿Puedo... puedo tocar?—enterré mi cara en su cuello porque quería evitar que viera el sonrojo de mi cara

—Hazlo. El ser humano no nace con un manual a la hora de practicar una relación sexual, pero tiene instintos, y nosotros debemos responder a ellos —sus dedos empezaron a desabrochar los botones de mi blusa, yo no sabía dónde poner mis manos.

Quería decirle algo, pero no me salían palabras, mi mente estaba en otra cosa ¿Dónde pongo mis manos?

—He esperado este momento, desde aquella vez en que te vi entrar al edificio —hablaba con sus labios pegados en los míos. —pero se volvió completamente infernal, cuando te vi en el restaurant.

¡Dios, por favor! cada palabra y caricia hacía que mi cuerpo estuviese en una montaña rusa que subía cada vez más y más alto.

—Naruto, yo... —mis manos se fueron a su espalda y tiraron la camisa hasta sacarla del pantalón.

—Las veces que tuve que frenarme para no ir a tu casa y follarte hasta quedar agotado —dos movimientos míos y mis zapatos volaron. Él bajaba mis pantalones.

No iba a contestarle eso porque en este momento estaba ida por sus caricias y solo atinaba a aferrarme a su camisa con todas mis fuerzas.

—Me estoy frenando en este momento. No quiero que te asustes—su boca en mis mejillas susurrando palabras tan calientes como el hierro fundido—. Voy a cuidarte. No soy tu verdugo, soy tu guía—su voz era suave, reconfortante y enternecedora, hacía que mi cuerpo respondiera con leves sacudidas.

¿Debía agradecerle por eso? ¿Por ser el primer hombre en mi vida? Por favor...

—El día que me propusiste enseñarte sobre el arte de satisfacer a una mujer... enseñarte sobre sexo, estoy seguro que abriste la caja de pandora, Hinata.

—No me refería a esto precisamente —mi tono era cortado, tembloroso pero tenía que dejarle mis cosas claras.

Un pequeño apretón en mi pecho izquierdo me hizo saltar, evidentemente, él también tenía sus cosas claras.

—El sexo no es una historia para contarla, hay que vivirlo. ¿Cómo he de explicarte yo lo que se siente en el orgasmo, o lo que sentirás cuando los músculos de tu vagina se cierren entorno a un falo erecto?—mordisqueó mis labios mientras seguía masajeando mi pecho en sus manos—. Dime, ¿podrías tú explicarme lo que estás sintiendo ahora?

Podía sentir mi sangre convertirse en agua ¿o en mazamorra? mientras corría por mis venas, el corazón latiéndome atronadoramente en mis oídos, mi cuerpo temblando por sensaciones para las cuales no tenía palabras con que describirlas. Tenía razón, no se podía.

—Soy... soy escritora—trataba de salvar mi orgullo.

Naruto me deslizó la camisa por los hombros y se alejó de mí para observarme. Estaba en ropa interior y no sabía dónde dejar mis manos.

—Realmente, eres preciosa—sentía la boca seca, mientras sus manos apretaban mis pechos por encima del sostén negro.

—Umnf —gemí vergonzosamente.

—Eso nena, no te reprimas, si quieres gemir hazlo, si quieres jadear nadie va a detenerte. Es más, maldice si eso es lo que tu cuerpo te pide a gritos.

—Naruto...—el maldito estaba torturándome.

—Aún no empiezo. Simplemente te preparo. ¿Está tu coño húmedo, Hinata?

—moví la cabeza en señal de afirmación—. Dime, ¿quieres hacer algo tú?

Tragué saliva fuertemente.

—Quiero... —el aire faltaba en mis pulmones— quiero que te quites la camisa.

—No entendiste la pregunta, Hinata. Te la repito —sus manos seguían torturando mis pechos, lo único que nos mantenía unidos, eran sus manos sobre mi sostén de encaje—¿Quieres hacer algo tú?—su voz era baja, contenida y aterciopelada.

Se estaba tomando en serio su papel de profesor.

—Quiero quitarte la camisa—dije uniendo todas mis neuronas en función de cuatro palabras.

—¿Qué te lo impide?—murmuró.

No contestes, Hinata. Es una pregunta retórica.

Llevé mis manos a su camisa y comencé a desabrochar sus botones hasta dejarla abierta, mis dedos se entretuvieron en recorrer concienzudamente su marcado abdomen, su piel era suave y caliente. Respiró profundo, su labio inferior temblaba levemente, se veía que le gustaba lo que le hacían mis manos.

Di un paso más hacia él y comencé a bajarle su camisa. Sentí un click, no perdió tiempo y aprovecho mi acercamiento para sacarme el sujetador y con sus palmas, acariciarme los pechos, cerré los ojos y me concentré en sentir todas las sensaciones que me invadían cuando tiraba de mis pezones erectos.

A esta altura, mis bragas estaban deshechas, oficialmente.

—¡Santo Joder!

—Me gustaba más cuando decías Naruto—sonrió socarronamente.

Y fue como un balde de agua fría, me alejé abruptamente de él, cubriéndome los pechos con las manos—una total estupidez, pero... no sé, era como un escudo—y lo miré desafiante.

—¿Qué sucede?

—Te burlas de mí.

¡Qué otra mierda podía decirle!

¿Algo como: verás Naruto, estaba jodidamente entregada a tus caricias porque estoy caliente como el demonio pero, de pronto, apareció esa vocecita que suena dentro de mí, de vez en cuando y me ha hecho caer en cuenta que, aunque deseo que todo esto pase, no es más que un maldito error y es mejor que arranque?

—Hinata...—bajé mi rostro y eso fue un error, la protuberancia en sus pantalones negros era más que evidente.

—Yo...

—Relájate.

—Oh... sí, qué fácil decirlo.

—Lo estabas haciendo bien—se acercó a mí y me giré mirando ¿Luces? ¿Las estrellas? ¿El maldito universo frente a mí? Cualquier cosa era mejor que mirarlo a él.

—Es que...—apegué más mis brazos cruzados sobre mi pecho y traté de seguir mentalmente la melodía que se escuchaba por los parlantes.

—Hinata—se acercó a mí—, la relajación es la parte clave en esto, tú solo déjate llevar...Solo entrégate—sus manos comenzaron a acariciarme desde el vientre hasta llegar a mis manos, suavemente descruzó mis brazos y los dejó a mi costado. Tomó mis pechos con delicadeza y comenzó a estimularlos nuevamente. No pude resistirlo y dejé que mi peso se apoyara en él. Besó mi cuello y mi hombro derecho.

—Naruto...

—Bésame—ordenó suavemente, colocando su rostro en la curvatura de mi hombro. Su lengua se deslizó húmeda y suave sobre mis labios y ese fue mi fin.

Lo besé al mismo tiempo que él serpenteaba una de sus manos por mi vientre e introducía sus dedos entre los húmedos pliegues de mi sexo, jadeó por la humedad que los rodeaba, pegó su erección a mi trasero, gimiendo entre mis labios, mientras yo gemía en los suyos. Solo tocaba. Sus dedos se paseaban por mis pliegues sin intentar nada más que el simple contacto entre la ardiente carne de mi clítoris y sus finos y largos dedos.

—¡Mierda, Hinata!—gimió, separándose de mis labios y haciéndome girar antes de tomarme en sus brazos y tirarme en la cama—. Durante mis veintinueve años de vida he aprendido mucho. Sé que con esfuerzo y dedicación, uno puede ser mucho más que excelente en la cama, me he rodeado de personas que son expertos a la hora de intimar.

» Sé perfectamente que la mente juega una parte fundamental a la hora de compartir el deseo, pero saber que estás así de húmeda por mí cuando simplemente he tocado tus maravillosos pechos, me está volviendo malditamente loco de deseo. Solo quiero abrir tus piernas y clavártela tan fuerte, que no sepamos dónde demonios empiezo yo y dónde terminas tú.

Su voz era rápida, su respiración acelerada. Mi corazón latía en algún lugar de mi cuerpo menos donde debería estar y mis pulmones luchaban por retener aire. Naruto no se veía muy diferente a mí. A pesar de estar desnuda, él solo miraba mis ojos. Gateó como un león hasta llegar a mi rostro y descendió el suyo, besándome como solo él podía hacerlo.

Fuerza, intensidad, rebelión, pasión, deseo. Mordisqueaba mis labios fuerte, despacio, lento... luego pasaba su lengua por ellos y terminaba succionándolos. Iba a morir. El deseo se arremolinaba en mi vientre bajo su mano que, después de vagar despreocupadamente por mi cuerpo, se quedó quemándome justo donde sentía la tensión que me volvía loca.

Las mías, acariciaron sus mejillas y se enredaron en la maraña de su pelo, quedamos mirada con mirada, en silencio, ni siquiera la música que se escuchaba nos distraía. Llevó su mano hasta mi entrepierna y hurgó hasta encontrar el punto que me quemaba, apretó fuerte y yo no supe de mí. Grité. Grité como si estuviese quemándome en el mismo quinto infierno, porque en realidad, lo estaba haciendo. Mi espalda se arqueó completamente, Naruto gimió entre mis labios cuando conseguí mi primer orgasmo.

Abrí los ojos lentamente cuando las sacudidas de mi cuerpo se hicieron menos frenéticas, él estaba sobre mí y no me quitaba la mirada, sus ojos eran deseo, su rostro, tensión.

—Eso fue ¡uf!

Besó mi mentón y luego, lo mordió... mi cabeza se arqueó hacia atrás, sus labios se deslizaron por mi cuello y por el valle de mis pechos, lamió mi vientre con su lengua ágil y llegó a donde su mano arropaba mi sexo.

—¿Qué haces? —Hinata, la lenta, ¿de verdad no sabes qué te hará?

—Ábrete para mí...—su voz fue ronca y excitante mientras mi cuerpo lo obedecía.

Inhaló sobre mi sexo, húmedo por sus atenciones, sentí su nariz rozar mi clítoris y jadeé.

—Naruto—mis dedos tiraron de su cabello ante las sensaciones que asaltaban mi agotado cuerpo— Por favor... por favor, Naruto.

—Chsss...—movió su nariz lentamente—. Te haré sentir mejor, Dulzura, solo déjame disfrutarlo un poco más. Eres dulce aquí—jadeé en busca de aire cuando su lengua se abrió paso entre mis pliegues, mis manos se tensaron en su cabello.

—¡Naruto!—una lamida más larga y profunda me hizo temblar completamente y tiré con más empeño de sus cabellos. Él enterró su cabeza en mí.

—¡Diablos!—jadeé... lloriqueé. La sensación era diez mil veces más placentera que la anterior. Sentía nuevamente el correr de mi sangre más aprisa, mis pulmones pidiendo el aire, mis caderas se movían solas pegándose más a su rostro, mientras él sorbía, lamía y penetraba mi vagina. Estaba volviéndome loca de placer.

—Naruto...

El primer orgasmo había llegado a mí sin darme cuenta pero ahora, podía sentir las mismas sensaciones y dolía... dolían mis pezones, dolía mi clítoris, tenía el cuerpo rígido, era una tortura.

—Naruto... —volví a llamarlo, intentando en vano removerlo de dónde estaba mientras halaba sus cabellos. Con los dedos de mis pies retorciéndose y las manos hechas puños en su cuero cabelludo—.¡Por el amor a todo lo sagrado! —grité arqueando mi espalda.

—Déjalo ir—murmuró sin separarse de mi clítoris, torturándolo con su lengua sin levantar la mirada hacia mí.

—¡No sé cómo!—de verdad, no sabía cómo hacerlo.

—Ya lo hiciste una vez, relájate y déjalo salir—gimió dejando que dos de sus dedos me penetraran, podía sentirlos ensanchándome allá abajo.

—Umnf.

—No es fanfarronería cuando digo que estoy bien dotado —sus dedos me penetraban rítmicamente y su lengua se enredó como una boa constrictor en mi clítoris, mi cuerpo temblaba como una hoja en una tormenta hasta que se tensó y quedó cual bloque de mármol; entonces, su lengua se deslizó con persistencia entre mis pliegues y así comenzó mi pequeña muerte— ¡Córrete, Hinata!

Y yo, la que había dicho que era imposible que otro cuerpo reaccionara con esas palabras, lo hice. Si la primera vez fue intenso, este había sido asombroso. Estaba segura que mis ojos habían rodado entre las cuencas mientras los tenía cerrados. Escuché a Naruto vociferar una maldición mientras remplazaba sus dedos por su lengua, succionando fuertemente.

Mis sensaciones caían en picada cuando volvió a introducir uno de sus dedos moviéndolo de tal manera que tocó un punto dentro de mí que me hizo ver estrellitas de colores... despegando mi cuerpo completamente de la cama mientras maldecía en voz alta una y otra vez.

Estaba en el paraíso. Había escuchado a Ino muchas veces decir que mientras leía, creía que moriría de combustión espontánea. Yo sí que estaba muriendo de esa combustión. Sentía como lamía suavemente mi entrepierna, tocando mí muy adolorido clítoris y haciéndome sisear sumergida entre la densa neblina que cubría mi visión.

Cada músculo de mi cuerpo estaba agarrotado y el maldito ni siquiera había roto mi membrana. ¿O sí lo había hecho? besó mi vientre, lamió cada uno de mis pechos que, para ese momento, estaban extremadamente sensibles y luego, sus labios se posaron en los míos, dejándome sentir mi propio sabor cuando deslizó de manera suave su lengua en mi boca.

Cerré los ojos completamente agotada cuando se acercó a mi oído y me susurró.

—Estás consciente de que aún no terminamos, ¿verdad? —asentí.

—No me has penetrado, pero tenía la esperanza que hubieses eyaculado en tus pantalones—dije sin abrir mis ojos. Me encontraba entre la bruma post orgásmica y el deseo de tener un sueño reparador.

Pude escuchar la risa suave de Naruto.

—Tengo más autocontrol que eso, pero no te niego que puede que haya líquido pre seminal en mi bóxer.

—Es agotadora su inducción, señor profesor.

—Falta la última fase, señorita alumna. Es la que más me gusta.

No podía hilvanar palabra alguna, sentí como su peso abandonaba la cama, lo busqué con la mirada y vi que estaba ocupado con un control remoto.

—No más música. Quiero escucharte solo a ti ahora— terminó de sacarse la ropa.

¡Completamente desnudo! Naruto se acercaba a mí, absolutamente desnudo. Salté de la cama como si tuviese un resorte en el trasero. ¡Santo Joder! No mentía cuando decía que estaba bien dotado, aunque eso ya lo sabía, igual era impresionante. Su miembro era enorme. Creo que Ino caería muerta y reventada si pudiera verlo, no conocía el de Sai, ni tampoco quería imaginármelo, pero...

—¿Impresionante, verdad? —él y su jodida sonrisa torcida.

Cada neurona de mi cerebro estaba enfocada en la gruesa extremidad de color rosa, larga, llena de venas, completamente erecta y fuerte que amenazaba con partirme en dos. Mierda, eso iba... No pude evitar tensar mi cuerpo cuando la agarró con su mano, comenzó a acariciarse, dio un par de pasos... ¿qué hago?

—Chsss, tranquila. No voy a hacerte daño, los orgasmos te han dejado húmeda y preparada para mí y ya te he dilatado bastante. Lo haré suave— susurró con sus manos en mi rostro.

Intenté mirarlo, de veras que lo intenté pero no podía cuando el capitán Jack Sparow me estaba mirando por ese único ojo.

—Nnoo.

—¡Mírame a mí!—Naruto subió mi mentón y besó mis labios, ahora hinchados—. ¡Tus ojos en los míos, Hinata!—asentí mientras me recostaba y se postraba de nuevo sobre mí—Pon tus manos en mi cuello—su voz era realmente suave y relajante, su mano bajó hasta separar mis piernas y él se coló entre ellas, abriendo con sus dedos los labios de mi sexo —¿Confías en mí?—preguntó.

—No—y era cierto. Él dejó un beso en mis labios.

—No te haré daño.

—Eso espero o vete olvidando del jodido trato —mi voz se quebró cuando sentí la punta de su miembro acariciar mis labios íntimos. Gimió, su respiración cambió abruptamente mientras ejercía un poco de presión en la entrada de mi vagina.

—Va a dolerte cuando entre —afirmó, empujando un poco.

—Lo sé...—susurré, porque simplemente, lo sabía. Él entró un poco más y tensé mi amarre a su cuello.

—Relaja, nena—me golpeaba suave, la ingle.

—Naruto—apenas me salió su nombre.

—Abre—una de sus manos controlaba el empuje— un poco más las piernas, nena.

—No me digas, nena —dije soportando un ligero empujón.

—Concéntrate en relajarte. Si no lo haces, el dolor será más fuerte.

—Naruto—intenté separar más mis piernas.

—Dime, Dulzura—dio otro empujó.

—Es una estupidez—intenté cerrar las piernas.

—Dímelo, aunque sea lo más estúpido del mundo —martilló de nuevo.

—¿Sabes que hablas mucho?

—¿Yo?—sonrió y empujó más dentro de mí.

—Sí, tú.

—Te distraigo, para mí también es doloroso.

—No me distraes, sigo pensando cómo vas a enterrarme eso.

—Te he dado tres orgasmos sin correrme, estoy tan jodidamente duro que un mal movimiento podría lastimarme.

—Ahora, me asustas más.

—¿Crees que es fácil para mí?—se hundió otro poco.

—Tú eres el profesor.

—Sí y voy a empujar fuerte ahora—lo vi impulsarse con sus manos.

—Espera! No lo hagas así...

—Así ¿Cómo?...—me observó confundido.

—¡Miénteme, Naruto! Tienes diecisiete y es nuestro último año, me invitaste al baile y...

Patética.

—¿Qué?—sus ojos se abrieron, sin entender.

—Por favor, juguemos un rol—jadeé—Nos conocimos cuando éramos niños y siempre hemos sentido algo. Te vas a una Universidad distinta a la mía y eres el jugador estrella del equipo de basquetbol.

Una lágrima se deslizó por mi mejilla ante un recuerdo fugaz de mi última noche con Utakata. Naruto la limpió con un beso y me devolvió a la realidad.

Patética y loca.

—Eres rara, Hinata Hyûga —musitó besándome y entró en el juego—. Entonces ¿estamos en mi habitación?, —asentí—mis padres no están y soy hijo único —finalizó el idiota con una sonrisa juguetona en su rostro.

Iba a torturarme cuando todo esto acabara.

—No sé si te volveré a ver, te irás lejos y eres tan popular.

—Lo harás, pienso volver a casa todos los fines de semana.

—Quiero ser tuya esta noche—Naruto apretó todos sus músculos, conteniéndose.

—Te he deseado durante tanto tiempo, al fin voy a hacerte mía de una manera que jamás olvidarás —sus labios bajaron a los míos.

—Por favor.

—Abre más las piernas.

Hice caso a su orden y, mientras me besaba, se abrió paso en mi cuerpo de un solo y certero empujón.

—¡Oh Mierda!—dolía... Era como si me estuviesen quemando las entrañas, en mis ojos se desbordaron lágrimas de dolor, mientras encajaba los dientes en sus labios hasta sentir el sabor de su sangre y mis uñas se enterraban en la piel de sus hombros. Él estaba estático, limpiando mis lágrimas sin importar la sangre en su boca.

—Fue un placer haberte desvirgado, chica rara —musitó en voz baja.

Su sangre no fue repugnante para mí. El dolor fue pasando y dejé de tensarme alrededor de él. Lo sentía tan dentro, tan profundo...

¿Ya no soy virgen? ¿Ya?

Naruto empezó a moverse. Yo abrí los ojos, observándolo y despegando unos mechones de cabello de su rostro.

—Lamento haberte hecho daño—dijo en voz baja.

—Era un hecho que iba a doler. Más que dolor, fue ardor —expliqué.

—Lo sé...

—Tu boca—su lengua lamió ahí donde yo lo había mordido.

—No importa, ¿puedes tratar de llevarme el ritmo?

—Vale, pero ya podemos dejar el juego de rol —él sonrió y yo lo besé mientras empezaba a mover mis caderas.

—Justo así, Hinata—dijo entre dientes, con el cuerpo empapado de sudor—.

Así, nena, muévete conmigo, linda—se burlaba, feliz.

—¡Cállate!—dije riendo, ya no dolía.

En cambio, se estaba formando nuevamente esa sensación pesada en mi vientre bajo. Sus embestidas eran lentas pero profundas, podía sentirlo entrar y salir de mi cuerpo con concentración y maestría. Tenía el ceño fruncido y la vena de su frente se había hinchado y palpitaba. Alejó una mano de mi cadera, haciendo un camino por mi muslo hasta flexionarlo y abrirme un poco más, encajando perfectamente entre mis piernas.

—Te sientes tan bien, Dulzura —se movía lento pero con intensidad —.Tan malditamente caliente y jodidamente estrecha.

Fue incrementando el ritmo de sus arremetidas, mientras yo trataba de seguirlo a trompicones. Lo escuché jadear y gemir y no era que yo hiciera algo diferente. Sentir el choque de nuestros cuerpos era alucinante, podía jurar que su miembro me tocaba hasta la matriz y, joder, era tan placentero.

Me agarré de sus cabellos, de sus hombros encajando las uñas aquí y allá, siguiendo el ritmo de sus caderas. El dolor se fue mitigando a medida que sentía el fuego crecer en mi interior. Una vez que logré sincronizarme con él, no pasó mucho tiempo cuando sentí mi cuerpo explotar en pedacitos.

Alzó una de mis piernas pasando las manos por mis caderas y levantándome, ahora sí que lo sentía en el fondo. Grité, jadeé y maldije internamente porque sin saberlo, Ino y media población femenina de Nueva York tenían razón: ¡El tipo era un puto Dios!

—Naruto...—las gotas de sudor en su frente caían en mi pecho, mientras él seguía entrando y saliendo de mí—Naruto... ¡por favor!—tocó mi clítoris con sus dedos y mi cuerpo se arqueó nuevamente, queriendo pegarse más a él.

Jadeó y murmuró palabras entrecortadamente mientras salía y entraba en mi cuerpo. Luego de tres estocadas y, mientras yo sentía mi cuerpo sacudirse por un orgasmo, dio un último empuje y gritó guturalmente, descargándose, mientras mi interior lo apretaba como si fuese un guante.

Se desplomó sobre mí por unos segundos y luego se giró, dejándome sobre él. Su mano se deslizo por mi espalda hasta quedarse en mi cadera, nuestros corazones latiendo atronadoramente en nuestros cuerpos y yo sentía que no podía mover ni un solo músculo. Estaba exhausta y quería dormir.

Naruto levantó mi rostro, quitó los mechones de cabello que lo ocultaban observándome con sus cristalinos ojos azules. Ahora que sabía que todo estaba consumado, nuestros cuerpos se sentían pegajosos debido al sudor, aún podía sentir su corazón intentado normalizarse. El mío no es que estuviese del todo tranquilo...

—Está usted iniciada, señorita Hyûga. Bienvenida a la escuela del sexo, a partir de este momento prepárate para conocer el placer en plenitud —y luego, unió sus labios a los míos.

¿En qué rayos me metí?

Continuará...