A/N: Disculpad el retraso. El día de reyes mi madre se hizo un esguince en un tobillo y ahora que esta semana ya ha vuelto al trabajo estoy de chófer con servicio de puerta a puerta, y es un no parar…
Anyway. Este capítulo y el siguiente son de mis favoritos. Espero que os gusten
Capítulo 8: ¡Gracias por ponerme cachonda!
Apartamentos Allendale, Nueva York
14 de julio del 2026, 18:47h
Beca enciende el intermitente derecho con un simple golpe de meñique y gira lentamente el volante para hacer la curva de entrada a la calle residencial en la que vive Chloe. Comprobando que no lleva a nadie detrás, disminuye la velocidad hasta ponerse al ralentí.
Han pasado seis años desde que estuvo aquí por primera vez y sus recuerdos son bastante borrosos, pero si su memoria no le falla, juraría que el edificio de Chloe está hacia el principio de la calle.
Se inclina ligeramente sobre el volante, mirando a ambas aceras con la esperanza de ver algo que le resulte familiar.
- En quinientos metros habrá llegado a su destino – anuncia la alegre y un tanto robótica voz de Google Maps a través de los altavoces del coche.
Beca asiente para sí misma con un suave "mmhh" y aprovecha un hueco entre dos coches para aparcar.
No es hasta que ya ha apagado el motor y salido del refrescante interior del Audi que se da cuenta de que había un espacio mucho más grande un poco más adelante en el que no tendría que haber maniobrado tanto para entrar.
Chasca la lengua, bufa una risa y sacude la cabeza. Mira hacia la derecha antes de cruzar la calle de único sentido y camina por los adoquines de la acera bajo la sombra de los árboles plantados a ras de la carretera.
Reconoce el edificio de Chloe por el toldo verde que cuelga sobre la acera y protege la entrada, con "The Allendale" escrito en la parte frontal en letras de un dorado desvaído.
Recuerda que la primera vez que vino, cuando ayudó a Chloe a hacer la mudanza antes de irse a Los Ángeles, casi esperaba que un portero vestido en uniforme verde botella saliera a recibirlas. Solo que nadie vino a auxiliarlas y les tocó cargar a ellas con las cajas y los muebles.
Se apresura para entrar con una señora mayor que está tratando de mantener la puerta abierta al mismo tiempo que empuja su carro lleno con la compra, sin mucho éxito en ninguna de las dos acciones.
Le sujeta la puerta y la señora se lo agradece con una sonrisa que se torna cautelosa al ver que Beca la sigue al interior del fresco edificio.
Chloe parece un poco sorprendida cuando responde al timbre. Abre con tanta energía que la corriente que produce le empuja el pelo hasta que cae por su espalda y la tela de su vestido se agita antes de volver a reposar alrededor de sus piernas.
Su sonrisa al ver a Beca en el pasillo es cegadora y envuelve a la morena en un cálido abrazo del que se ven obligadas a separarse por unos ladridos excitados que reclaman la atención inmediata de Beca.
- Hola, Billie – saluda en una risa. Dobla las rodillas para agacharse y extiende una mano hacia el animal.
Billie corretea hacia ella, derrapando sobre las baldosas de madera. Roza su hocico húmedo contra la piel de la palma de Beca, pero pronto lo sustituye por su lengua rasposa hasta que Beca la retira con una exclamación de asco.
Empuja su cabecita de perro contra las piernas de Beca con tanto ímpetu que la morena tiene que alargar una mano hacia el suelo para no desequilibrarse.
- Vale, vale – le calma rascando su lomo y, al instante, Billie se deja caer al suelo del pasillo con la barriga al aire.
- Alguien te ha echado de menos – observa Chloe en tono divertido.
Beca alza la cabeza para mirar a Chloe y se le dibuja sola una sonrisa en los labios al ver la asombrosa cantidad de cariño y felicidad que burbujea en el azul bebé de sus ojos como si fuera champán.
Algo en su pecho se tensa por lo guapa que está con su vestido blanco, sus sandalias romanas y esos labios enmarcados por pintalabios rojo intenso. Beca ya sabe que va a tener problemas toda la tarde para despegar la mirada de su boca.
- ¿Hablas de Billie o de ti? – pregunta con cierta burla.
Chloe pone los ojos en blanco en una casi perfecta imitación de Beca, quien suelta una carcajada y se incorpora.
- ¿Estás lista?
A esto Chloe sí que responde con un asentimiento y un sonido afirmativo. Se aleja hacia el interior de su apartamento, probablemente para coger sus cosas, mientras habla con Beca por encima de su hombro.
- Solo tenemos que parar un momento en… – su voz se apaga por la distancia antes de volver a medio volumen cuando se asoma desde el umbral de la entrada al salón –, …para dejarle a Billie.
Beca arquea las cejas y aprieta los labios, pero no hace falta que diga nada para que lo que está pensando se escuche alto y claro: todo lo que implica que Chloe haya hecho planes para que alguien cuide de Billie esta noche.
El hecho de que, sin querer dar nada por sentado, sea consciente de que es una posibilidad que no vaya a volver esta noche a casa.
No han vuelto a hablar de su noche juntas en Barden, por lo menos, no más que para hacer alguna insinuación o broma al respecto. No hablaron de que pudiera repetirse en un futuro, pero tampoco hablaron de que no fuera a hacerlo.
Pero con un gesto tan cotidiano e irrelevante, Chloe acaba de delatar que no se opone a una posible repetición.
Cuando Chloe emerge al pasillo, rehúye su mirada y es toda la confirmación que Beca (no) necesitaba.
Le da su bolso y su móvil a Beca en una petición silenciosa de que se lo sujete un momento y se agacha para enganchar el arnés de Billie en la correa, quien echa a andar animadamente como si ya supiera exactamente a dónde va.
Beca no puede evitar reírse para sí misma cuando Billie se dirige con decisión hasta la primera puerta del pasillo, justo al lado del ascensor, y planta su culo en el felpudo para dejar claro que no piensa moverse de allí.
Mientras Chloe y Billie esperan a que alguien responda al timbre, Beca se acerca a ellos con el bolso de Chloe colgado de su hombro.
- Entonces, ¿puedo saber a dónde me llevas? – pregunta Chloe con una sonrisa curiosa y las cejas arqueadas.
Beca ríe y se encoge de hombros para demostrar que nunca ha tenido intención de mantenerlo en secreto.
- Pues…
Pero la puerta frente a la que están paradas se abre de golpe y una niña pequeña, entre los cinco y los diez años, aparece en el hueco con expresión inquisitiva que desaparece al reconocer a Chloe.
En cuanto ve a Billie, que empieza a saltar sobre sus dos patas traseras y mueve la cola a tal velocidad que se convierte en un borrón blanco, en su rostro se dibuja una desdentada sonrisa rebosante de ilusión.
Rápidamente cae al suelo de rodillas y se pone a jugar con el animal sobre el felpudo.
- Hola, Hayley – saluda Chloe con una risa –. ¿Está tu madre?
Igual que si Chloe la hubiera invocado, la puerta se abre del todo para revelar a una mujer de mediana edad que va secándose las manos mojadas en un trapo de cocina, su ropa cubierta por un delantal de florecillas.
En sus ojos se forman arrugas cuando sonríe que, en opinión de Beca, solo ayudan a potenciar su atractivo.
- ¡Chloe! – saluda alegremente –. No te esperaba hasta un poco más tarde, creía que me habías dicho… – su mirada marrón danza de Chloe a Beca y lo que fuera que iba a decir a continuación nunca llega a salir de su boca, transformándose en un pequeño sonido de atragantamiento.
Sus ojos se abren un par de centímetros y sus labios se mueven alrededor de sonidos silenciosos durante unos segundos hasta que consigue reponerse con un carraspeo.
Beca, ya acostumbrada a recibir este tipo de reacciones por gente cogida desprevenida por su presencia, esboza una sonrisa algo incómoda y alza una mano para saludar a quien asume que es Lizzie.
- Oh, es cierto – exclama Chloe tras un parpadeo que disipa su confusión.
Beca puede ver que Chloe ni siquiera había pensado en que a lo mejor Lizzie encontraría extraño que hubiera una cantante famosa parada en su felpudo, y no le culpa.
Aunque Chloe, y las Bellas, se han adaptado bien a este gran cambio, es de lo más normal que a veces se olviden. La conocen desde antes de la fama, cuando nadie se habría girado al ver a Beca entrar en una habitación.
Para ellas, Beca es simplemente Beca.
Para el resto del mundo, Beca es Beca Mitchell.
Y hasta la propia Beca a veces se olvida de ese pequeño detalle y se asusta cuando alguien reacciona con grandes aspavientos al verla.
- Lizzie, esta es mi mejor amiga, Beca – presenta Chloe con tranquilidad, usando una mano para señalar a cada mujer según menciona su nombre –. Beca, esta es Lizzie.
- Encantada, soy una gran fan – Lizzie alarga una mano para estrechar la de Beca animadamente, con sacudidas llenas de energía que se prolongan más de lo necesario. Suelta una risa nerviosa –. O, lo era.
Beca sonríe y acepta esa pequeña pulla. No es la primera vez que recibe algún tipo de comentario por haber dejado de hacer música propia, y no necesita poder ver el futuro para saber que no será la última.
Hayley desaparece en el interior del apartamento, Billie correteando alegremente tras ella sin lanzar una sola mirada atrás. Eso parece hacer que Lizzie se dé cuenta de que se está excediendo con su saludo y suelta la mano de Beca con las mejillas sonrojadas por la vergüenza.
Debe de notar el repentino vacío, porque las llena con el trapo, el cual retuerce nerviosamente entre sus dedos.
- Bueno, dejo que os marchéis – agita el trapo en su dirección, como espantándolas –. Billie queda en buenas manos.
Chloe le lanza una mirada a Beca por el rabillo del ojo, quien ladea la cabeza de forma casi imperceptible mientras se pregunta a sí misma a qué viene eso.
- Vendré a buscarla mañana por la mañana – promete Chloe.
Mañana.
Beca se muerde el interior de la mejilla para no reírse.
- Tú avísame y aquí estaremos – le asegura Lizzie.
Dicen sus adioses y Lizzie cierra la puerta de su apartamento mientras las chicas esperan por el ascensor. Una vez sus puertas se abren, entran a la vez en el interior de acero y Chloe presiona el botón 0.
Beca no puede contenerse más.
- Así que mañana, eh – comenta con una enorme sonrisa burlona.
Chloe solo muestra breves señales de aturullamiento antes de cubrirlo todo con un encogimiento de hombros despreocupado, clavando la mirada en las planchas de acero del ascensor con demasiada intención como para ser casual.
- Sí, Lizzie no puede permitirse un perro por ser madre soltera así que de vez en cuando dejo que Billie se quede para que Hayley juegue con ella – explica en tono forzadamente neutro.
- Ajá – asiente Beca, aunque se nota que no se cree ni de lejos que ese sea el verdadero motivo.
Chloe, algo sonrojada, le lanza una mirada fulminante justo cuando el ascensor se detiene en el piso 0 y Beca estalla en risas. Le da un empujón que manda a Beca unos pasos atrás y sale sola del ascensor.
A Beca le toca apretar un poco el paso para ponerse a la altura de Chloe en el portal, pero para cuando lo hace ya ha logrado controlarse.
- Está ahí aparcado – indica con un dedo hacia un punto más adelante en la acera de enfrente al ver la mirada interrogante de Chloe.
- Vale, pero no es eso lo que quiero saber – aclara Chloe con una risa –. Todavía no has contestado a mi pregunta de a dónde vamos.
Beca mira hacia la izquierda antes de indicarle a Chloe que es seguro y ambas cruzan la calle por el medio.
- ¿Sabes qué día es hoy? – inquiere Beca como toda respuesta.
Chloe frunce el ceño, pero decide seguirle el juego.
- Mmm, ¿viernes? ¿catorce de julio?
- Sí – ríe Beca –. Pero también es el Día Nacional de Francia, y en Manhattan celebran un pequeño festival con puestos de comida, música en directo y juegos de feria – explica antes de encogerse de hombros –. Pensé que podría ser divertido ir.
Desbloquea el Audi con el mando a distancia y ambas se dejan caer en los asientos de cuero del coche, ahora recalentados por el sol de la tarde.
- Si te apetece, claro – continúa Beca mientras inserta la llave en el contacto para poner el aire acondicionado.
- Suena genial – Chloe acepta el plan con emoción, alargando un brazo por el hueco entre asiento y puertas para tantear en busca del cinturón –. ¿Cómo has oído hablar de ese festival? Llevo ocho años viviendo en Nueva York y no tenía ni idea de que eso existía.
Beca asiente con una sonrisa satisfecha e introduce la dirección pertinente en el navegador del Audi.
- Mi hotel está solo a un par de manzanas de donde se celebra – responde de forma despreocupada, su atención puesta en maniobrar fuera de los dos coches entre los que ha aparcado –. Cuando pregunté en recepción si había algo interesante en la ciudad este fin de semana, me lo recomendaron.
A pesar de su máxima concentración en salir de ese espacio, puede ver por el rabillo del ojo la sonrisa traviesa de Chloe.
- Así que tu hotel está solo a un par de manzanas de donde me vas a llevar a cenar, eh – observa, en el mismo tono que empleó Beca antes con ella.
La morena solo bufa y hace todo un show de encender la radio a un volumen alto para ahogar las carcajadas de Chloe.
Calle 60 Este, Nueva York
14 de julio del 2026, 21:12h
Chloe estaría dispuesta a poner la mano en el fuego por esta afirmación: Beca no ha estado nunca tan guapa como ahora.
El pensamiento cruza su mente, fugaz pero tan cegador que se queda grabado a fuego en la parte interna de sus párpados y cada vez que los cierra lo ve otra vez con la más absoluta claridad.
Dos horas estuvieron paseando por el festival, escuchando las actuaciones musicales en directo y los mimos que bailaban al ritmo en absoluta coordinación, jugando en los puestos de feria hasta que Beca se cansó de perder y se alejó musitando que están amañados de todas formas.
Acaban sentadas en unas diminutas mesas de madera en una crepería montada dentro de una vieja furgoneta Volkswagen. Un toldo a rayas azules, rojas y blancas se cierne sobre sus cabezas y el festival continúa a un brazo extendido de distancia.
La puesta de sol empezó hace media hora y los rayos se reflejan en las superficies de cristal de los edificios que se alzan a ambos lados, tiñendo la calle en sus tonos naranjas y rosados.
No se conoce como la hora mágica por nada.
Beca, libre de la gorra y las amplias gafas de sol tras las que se ha escondido durante su paseo para evitar ser reconocida, está sentada justo de espaldas a la puesta de sol y la luz cae sobre su piel y crea un halo de fuego alrededor de su cabeza.
Y Chloe está segura de que nunca ha estado más guapa que ahora.
Ni con sus elegantes trajes y vestidos en las galas de Hollywood, ni vagando sin rumbo por una feria de actividades universitarias, ni desnuda y completamente abandonada al placer que la lengua de Chloe le está proporcionando.
No. Es ahora, envuelta en luz naranja que hace que brille como si fuera un ángel.
Es ahora, con sus mechones castaños cayendo alborotados por sus hombros llenos del confeti metalizado de un cañón que han hecho estallar justo sobre ellas.
Es ahora, mientras se ríe sin control alguno por el susto que se han dado por la explosión repentina y completamente inesperada.
- Oh dios mío – jadea Beca y sus dos manos presionadas sobre su pecho se agitan con cada una de sus aceleradas respiraciones –. Casi me da un infarto.
Chloe ríe y rápidamente recoge el vaso volcado por un aspaviento de Beca.
Solo se permite lanzarle a la morena una breve mirada antes de coger la última servilleta de papel que les queda y usarla para frenar el río de vino tinto que amenaza con derramarse por su lado de la mesa y sobre su vestido blanco.
La dueña del puesto, que ha debido de ver todo el incidente desde el interior de la furgoneta hippie, se acerca hacia ellas con una bayeta y un nuevo vaso de vino que, insiste:
- Es cortesía de la casa – les asegura de manera despreocupada, espantando los intentos de ambas chicas de pagar por él.
Beca sacude la cabeza mientras observan a la mujer marcharse de vuelta a la Volkswagen y el movimiento provoca que una lluvia de papelitos de colorines caiga sobre la mesa.
- Ugh – protesta al mirar su plato lleno de confeti y llevarse una mano al pelo.
Vuelve a sacudir la cabeza bruscamente de lado a lado en un intento inútil de lograr que el confeti caiga de su pelo.
- Espera – ríe Chloe –. Así solo vas a conseguir desencajarte el cuello.
Se inclina sobre la pequeña mesa, los brazos estirados hacia Beca, y recuerda cientos de otras veces que se inclinó hacia Beca sobre una mesa igual de pequeña en la cocina de su estudio en Brooklyn.
Por algún motivo, los recuerdos se quedan atascados en su garganta y tiene que carraspear para librarse de ellos.
Pero cuando Beca mueve la cabeza hacia un lado para poder lanzarle una mirada curiosa a través de la cortina que sus ondas castañas forman sobre su rostro, a Chloe no le queda otra opción que inventarse una excusa.
- Creo que me he tragado algún trozo de confeti – lo cual puede tener algo de verdad en ello porque se le escapó un grito del susto y las malditas tiras de confeti se han metido en todos lados.
La morena ríe quedamente, pero permanece quieta mientras los dedos de Chloe trabajan rápida y expertamente en retirar todos los rectángulos de colorines que encuentra así a simple vista enredados entre sus mechones.
- Vale, creo que ya está – anuncia al terminar.
Beca alza la barbilla para mirarla y le regala una sonrisa agradecida.
- Aunque probablemente todavía sigas teniendo.
- De eso no me cabe duda alguna – resopla Beca –. Voy a estar soltando confeti hasta dentro de tres meses – hay una densa pausa cuando su mirada se desvía hacia un punto por encima de Chloe y ríe quedamente –. Tú también tienes…
No ve necesario acabar la frase porque ambas saben de sobra a qué se refiere y simplemente alza una mano para retirar con extremo cuidado los trozos de confeti que descansaban en su flequillo.
Chloe siente el suave tirón en su pelo y una sensación de hormigueo baja de su cabeza hasta las puntas de los dedos de sus pies, igual que si alguien le acabase de volcar un cubo de agua helada encima, solo que mucho más agradable.
De repente, el aire su alrededor parece cargado de electricidad y Chloe puede sentirlo presionando sobre cada centímetro de piel expuesta.
Por miedo a cometer alguna estupidez, Chloe disuelve la tensión con una broma.
- Parecemos monos quitándonos los piojos mutuamente – murmura con voz un poco ronca, un poco reseca.
Beca suelta una carcajada y se aleja, sentándose con la espalda recta en su taburete, y el momento se rompe y cae como una segunda ducha de confeti sobre ellas.
La tensión, que era como una cuerda en el estómago de Chloe que alguien estuviera tirando en direcciones opuestas cada vez más y más y más hasta que comenzaba a deshilacharse por el medio, se disipa de golpe.
Chloe siente la cuerda suelta rebotar, flácida, contra las paredes de su estómago igual que un roce tan suave que te vuelve absolutamente loco.
Y es como si todo en su interior se aflojase, una sensación muy parecida al alivio más profundo, de esos que cuando suspiras casi parece salir de tu propia alma y tus huesos se te vuelven de gelatina.
Un pequeño grupo de bailarinas francesas aporta una bien recibida distracción cuando comienzan a desfilar entre piruetas, y Chloe y Beca se giran en sus taburetes para verlas deslizarse sobre el asfalto de la calle con la mayor de las gracias.
Comparten el vaso de vino regalado y picotean los últimos trozos de sus respectivas crepes de entre los restos de confeti, y superan ese pequeño momento de no sé qué con tanta facilidad como si nunca hubiera existido.
Y Chloe es consciente por milésima vez en su amistad con Beca de lo fácil que es todo con ella.
Por supuesto, como toda relación, requiere de esfuerzo y dedicación, pero la mayoría del tiempo que pasa con Beca simplemente… fluye.
Sus conversaciones, sus emociones, sus lapsus de rareza, todo es arrastrado por esa corriente constante y subterránea que siempre ha estado ahí con ellas.
Se creó en el momento en que sus miradas coincidieron en medio de la feria de actividades de Barden. Igual que un segundo Big Bang, igual que la colisión de dos estrellas.
Y ha permanecido ahí siempre, en un segundo plano, como el zumbido de un electrodoméstico que está siempre encendido y al que tu oído está tan acostumbrado que dejas de escucharlo la mayoría del tiempo.
- ¿Vas a querer algo más? – inquiere Beca tras un cómodo instante de silencio entre ellas.
Chloe parpadea para salir de su ensueño y niega con la cabeza. Coge su vaso de vino y se bebe el culito que le quedaba todavía, pero su rostro se convierte en una mueca de desagrado en cuanto el líquido se posa en su lengua.
Traga como puede, y saca la lengua lo suficiente como para poder coger entre dos dedos el rectángulo metalizado de confeti que ha estado a punto de acabar en su estómago.
Beca lo encuentra de lo más gracioso, y continúa riéndose para sí misma mientras esperan a que la dueña del puesto salga de la furgoneta y se acerque a ellas con la cuenta enganchada en un platito de madera.
Chloe hace el amago de ir a cogerlo para pagar solo para que su mano sea apartada de un manotazo.
- ¡Ey! – protesta, devolviéndole el golpe a Beca.
- Invito yo.
- ¡Tú invitaste la última vez! – le recuerda Chloe, volviendo a intentar coger la cuenta.
Una vez más, su mano es apartada de un manotazo que Chloe devuelve.
- Eso no cuenta – argumenta Beca con unos ojos en blanco –. Era servicio de habitaciones.
Beca alarga su mano para pagar, pero Chloe ya ha aprendido y copia su manotazo, y eso empieza una guerra en la que básicamente se dedican a montar una mano sobre la otra contra la mesa continuamente, en un intento de ser la que acabe arriba del todo.
Al final se están riendo tanto que sus movimientos pierden fuerza y están totalmente descoordinados, y Beca aplasta con firmeza ambas manos de Chloe con una de las suyas.
- Deja de resistirte – su mirada es fija e inamovible, al igual que su agarre –. Invito yo – constata en un tono que deja claro que Chloe no va a poder hacer nada para evitarlo –. Tú puedes invitar la próxima vez.
Chloe esboza una sonrisa torcida y baja un poco los párpados para lanzarle a Beca una mirada coqueta a través de sus pestañas.
- ¿La próxima vez? – casi ronronea –. Beca Mitchell, esto está empezando a parecerse a una cita – su tono se alza, falsamente escandalizado.
Chloe nota el momento en que la firmeza de Beca flaquea un poco, como una corriente de aire fuerte apaga la llama de un mechero aunque esta vuelva a inflamarse al instante.
Trata de aprovecharlo para zafarse de la prisión en la que están atrapadas sus manos, pero Beca reacciona justo a tiempo y el tirón de Chloe solo hace que Beca se vea obligada a inclinarse sobre la mesa hasta cernerse sobre Chloe.
- Si esto fuera una cita, ahora es cuando vendría la invitación de tomar una copa más en mi habitación de hotel – responde en voz queda con un guiño travieso.
Chloe se relame y ve cómo la mirada de Beca cae sin disimulo alguno a sus labios para observar de cerca cada uno de los roces de su lengua sobre sus labios.
- No hagas promesas que no puedes mantener – murmura.
Beca le regala una sonrisa torcida que advierte peligro de cincuenta formas diferentes, pero Chloe continúa recto y sobrepasa todas las señales sin dedicarles ni un solo pensamiento de consideración.
- ¿Quién dice que no puedo mantenerla? – pregunta Beca, y sus palabras se deslizan como terciopelo por la espalda de Chloe.
Sin embargo, antes de que pueda reaccionar de ninguna forma, Beca se separa en una exhalación y se aleja hacia el mostrador con la cuenta en una mano y su cartera en la otra.
El resto de sus posesiones permanecen en la mesa, al cuidado de Chloe, quien prometerá y jurará su inocencia a cualquiera que quiera escucharlo cuando relate lo que sucede a continuación.
Se da cuenta de que el iPhone de Beca, que ha estado sobre la mesa durante toda la cena, está a orillas del pequeño río de vino que se formó por el vaso volcado accidentalmente y la funda de silicona lila tiene una mancha granate en el lateral que sufrió el desborde.
Haciendo uso de uno de los clínex que habían empezado a usar como servilletas después de gastar todas en secar el vino, lo moja ligeramente con su botella de agua y coge el iPhone para limpiarlo.
En eso está cuando el móvil vibra en sus manos y la pantalla se ilumina para anunciar un mensaje entrante.
Lucy (ahora): Cuándo vuelves a LA?
Lucy (ahora): Tengo el domingo completamente libre 😉
Inmediatamente, Chloe presiona el botón de bloquear para dejar la pantalla en negro y limpia con prisas los últimos restos de granate de la silicona antes de devolver el iPhone a donde estaba.
No puede negar que haber visto ese mensaje por accidente la ha dejado llena de confusión.
Podría haber sido de lo más inocente, de no ser por ese guiño al final que cambia el sentido a toda la frase que lo precede.
Es cierto que sus vidas románticas no ha sido un tema que hayan tocado esta noche, pero Chloe sabe que Beca ya tiene suficiente confianza con ella como para haberle comentado que está viendo a alguien sin necesidad de que Chloe se lo sonsaque.
Y si realmente está saliendo con esa tal Lucy, ¿por qué no ha cortado de raíz todas las indirectas que Chloe le ha estado lanzando?
Chloe sacude la cabeza y decide que no está en posición alguna de asumir nada ni llegar a ninguna conclusión precipitada. Lo más razonable es esperar a que la propia Beca le dé las respuestas que está buscando.
En ese preciso momento Beca vuelve a la mesa con una sonrisa satisfecha en los labios y las manos metidas en los bolsillos traseros de sus shorts rotos.
- ¿Vamos? – pregunta, cogiendo su móvil y su bolso de la mesa.
Chloe le sonríe de vuelta y se levanta.
Hotel Parl Lane, Nueva York
14 de julio del 2026, 22:04h
El paseo hasta el hotel de Beca es agradable y lleno de conversación.
Chloe se empeña en no dejar que esos mensajes le amarguen la noche, y con el suficiente esfuerzo consigue empujar sus preguntas hasta lo más profundo de su mente para que la dejen tranquila.
Dado que el hotel de Beca estaba a solo un paseo de unos diez minutos del festival, y allí tenía el parking incluido, ambas habían acordado en el viaje de ida que lo más lógico era que aparcase en el hotel y fueran andando.
De modo que ahora, bajo el pretexto de ir a buscar el coche para que Beca pudiera llevarla a casa, bordean tranquilamente una esquina de Central Park por la Quinta Avenida y se detienen en un semáforo.
Chloe se plantea preguntarle por Lucy, pero Beca empieza a contarle lo bien que Kyle se había desenvuelto en la reunión con Epic Records y decide posponerlo por el momento.
- ¿Kyle está aquí? – pregunta, sorprendida.
- Uh-huh – asiente Beca con un gesto de cabeza.
Sus dedos rozan el brazo de Chloe ligeramente cuando el semáforo de peatones cambia a verde y Chloe agradece la vuelta al movimiento porque enmascara a la perfección el pequeño estremecimiento que sacude su columna.
- ¿Y cómo es que no ha venido con nosotras?
- Ha ido a ver el musical de Anastasia con un amigo – responde Beca –. Llevaba meses hablando sin parar de ello e hizo los planes así de rápido – chasca los dedos.
Chloe ríe.
- No le culpo, es increíble.
- De todos modos – continúa Beca, aprovechando el hecho de que están andando para evitar hacer contacto visual –, tampoco le dije nada – admite con una suave mueca avergonzada y su voz baja de volumen hasta convertirse en apenas un murmullo –. Quería tenerte para mí sola esta noche.
El corazón de Chloe da un brinco y se le sube a la garganta, haciendo que sea casi doloroso tragar saliva.
Beca sigue rehuyendo su mirada, de modo que para expresar el torbellino de emociones que se agita en su pecho y se niega a dejarse mostrar en palabras, Chloe mueve una de sus manos hasta que sus dedos chocan y se rozan con los de Beca.
La morena estira su índice y, brevemente, sus dedos se enganchan y abrazan. Se separan por completo al llegar al hotel, y Beca se detiene en la puerta.
- Entonces, ¿te llevo a casa? – pregunta de forma casi tímida.
¿Y cómo puede Chloe responder que sí, así, sin más, después de lo que le acaba de decir?
- Creo recordar que me habías prometido una bebida – hace todo un show de estar fingiendo recuperar un recuerdo muy lejano, con la cabeza ladeada y los ojos entrecerrados.
La sonrisa de Beca compensa todo su esfuerzo y más.
- Señorita Mitchell – les saluda uno de los recepcionistas con un respetuoso gesto de la cabeza una vez entran a través de la dorada puerta giratoria.
Beca le devuelve una sonrisa cordial y cruzan la recepción de mármol blanco y grandes arañas de cristal suspendidas sobre sus cabezas.
No tienen que esperar mucho tiempo para que el ascensor llegue, pero para cuando las puertas doradas se deslizan abiertas silenciosamente, Chloe ya ha perdido toda la paciencia.
- Bec – llama suavemente en tono inseguro –. ¿Puedo preguntarte algo?
La morena parece estar a punto de gastar la típica broma y decirle "ya lo has hecho", pero al girarse después de presionar el botón de su piso, algo que ve en Chloe hace que se muerda la lengua.
- Claro – dice con sinceridad.
Y Chloe, siguiendo el ejemplo de la trayectoria de su vida, decide escupirlo así sin más en lugar de andarse con rodeos:
- ¿Estás con alguien? – Puede ver que la pregunta coge a Beca completamente desprevenida, de modo que le da un poco de contexto –. Antes, estaba limpiando la funda de tu móvil de vino y sin querer vi unos mensajes de una tal Lucy.
Puede ver la sorpresa ser reemplazada por comprensión, y luego por una emoción tan compleja que Chloe no sabe muy bien qué es. Parece una amalgama de un millar de cosas a la vez sin que una se sobreponga de manera clara a las demás.
- No estoy saliendo con Lucy – aclara Beca, cautelosa –. Es solo… – parece no saber muy bien cómo expresarlo, pero finalmente se decide por una de las opciones –, una forma de cubrir ciertas… necesidades – le lanza una mirada punzante a Chloe.
La pelirroja frunce el ceño un segundo antes de comprender a qué se refiere: Lucy es la clásica follamiga.
- ¿Es exclusivo? – inquiere Chloe.
- No, para nada – Beca sacude la cabeza en una negativa vehemente.
Chloe asiente, y sin poder evitarlo se le escapa una risa por la nariz en forma de una brusca exhalación.
La sonrisa de Beca es lenta a la hora de formarse en sus labios, pero cuando finalmente termina es amplia, aunque algo confundida.
- No entiendo qué es tan gracioso.
Chloe vuelve a reírse.
- Pensé que había estado haciendo el ridículo toda la noche – admite sin molestarse en ocultar su alivio. Beca arquea las cejas en una pregunta silenciosa y Chloe se explica –. No he dejado de insinuarme.
Beca suelta una carcajada.
- Y yo pensé que había dejado claro que era recíproco – hace un gesto con la mano para abarcar el ascensor en el que están, de camino a su habitación.
La sonrisa de Chloe se vuelve coqueta y hasta su encogimiento de hombros, la forma en que se muerde el labio inferior, desprenden esa misma energía.
- Podía haber estado malinterpretándolo...
El azul medianoche de Beca se oscurece de golpe y, en un par de pasos, acorta la distancia que las separa en el ascensor vacío.
A Chloe se le escapa un gemido sorprendido (y un poco desesperado) cuando sus labios se unen y por algún motivo le viene a la cabeza un documental de National Geographic en el que mostraban la reconstrucción de una colisión estelar.
Ve un estallido de luz tras sus párpados cerrados cuando Beca la acorrala contra la pared y la besa de manera apasionada hasta que, a base de los roces de su lengua, consigue borrar hasta su propio nombre de su memoria.
Ninguna de las dos es del todo consciente de que el ascensor se ha detenido y las puertas se han abierto hasta que escuchan un repentino rugir de silbidos y vítores.
- ¡Dale, dale, dale! – está gritando alguien.
Se separan con algo de reticencia y miran hacia las puertas abiertas del ascensor. Chloe tiene que parpadear un par de veces porque al principio su cerebro tiene serios problemas a la hora de comprender lo que está viendo.
Apelotonadas alrededor de la entrada al ascensor hay un grupo de unas siete mujeres vestidas con camisetas personalizadas y diademas con penes en muelles.
- No paréis por nosotras – bromea la misma que antes les estaba gritando.
- ¿Subís o bajáis? – pregunta otra, la que está delante del todo y parece ser la líder del grupo.
Chloe se centra en las bandas que cuelgan de uno de sus hombros, cruzada sobre sus pechos, y lee: Despedida salvaje.
Cuando vuelve a inspeccionar el grupo de amigas, las diademas de penes cobran todo el sentido del mundo y deja de tener la sensación de que han sido abducidas por algún tipo de secta sexual.
- Subimos – responde finalmente Beca, su voz ronca y espesa. La líder lo desestima con un gesto de la mano, y Beca se fija en la pantalla digital del ascensor –. Pero es solo un piso más.
La líder asiente y mantiene a sus amigas en el pasillo.
- ¡Gracias por ponerme cachonda! – les grita una de las mujeres mientras las puertas empiezan a cerrarse –. ¡Ya estoy a tono para los strippers!
Chloe y Beca se quedan de nuevo solas en el interior del ascensor y comparten una mirada un tanto incrédula.
En seguida estallan en carcajadas.
