© Todos los derechos del autor reservados.
© Los personajes de One Piece pertenecen a Eichiro Oda.
© El personaje femenino que utilizará la autora se llama Rose.


¡Aún no me lo podía creer! Todavía estoy sin creerme lo ocurrido de este fin de semana. Smoker me besó, de nuevo. Y con la noticia de que le gusto y quiere dar una oportunidad a esto. No paraba de moverse a un lado para otro abrazando la almohada como si fuera una adolescente enamorada. ¿Puede que sea él el definitivo? Con esa idea en la cabeza, me imagino un montón de cosas con él. Más paseos románticos, más citas, más besos... ¡Oh, dios! Creo que me estoy enamorando.

¿Qué es lo que pensará él? Bueno, es difícil saber qué es lo que piensa ya que los hombros son un misterio. Miro un momento el reloj y me levanto para irme de casa. Y no es trabajar. Hoy es lunes y le pedí al jefe tomarme un día de descanso, ya que tengo una cita con Law para que me chequeara. Sí, es hora de que me siga cómo voy en proceso. La última vez que le vi no estaba muy contento. Sin embargo, esta vez es diferente. Estoy comiendo y gracias a Smoker.

Él es la cúspide que me mantiene. ¿Qué haría yo sin él? No lo sé y no quiero pensarlo que hasta muevo la cabeza no querer imaginarlo. Ya salí de casa dirigiéndome a la estación de bus donde espero con tranquilidad al vehículo. Escucho las voces de unas vecinas mías, pero, esta vez, las ignoro completamente. Estaba haciendo caso a las palabras de Smoker. Ignorar lo que hay alrededor mía o más bien ignorar aquello que me pueda hacer daño. Me siento orgullosa de mí misma por estar haciendo esto. Era un gran paso.

Y no lo hacía por él sino también por mí. Ya quisiera tenerlo cerca mía y sentir su mano en la mía. Hace que me sienta segura de mí misma. Lo deseaba verlo, de verdad. Escuchar aquella voz tan dominante y varonil que lo hacía ver un hombre con carácter. Y en el fondo se veía a alguien que se preocupaba y mostraba que realmente tiene sentimientos, aunque no los demuestre.

Oh, Smoker, no te me quitas de la cabeza ni un segundo. El beso que me daba era una mezcla de habano y dulce. Era un sabor extraño, pero excitante. Como me gustaría volver a probarlos. Son adictivos. Vale, creo que me estoy volviendo un poco enamoradiza. Y es que no puedo dejar de pensar en él. Es alguien a quien deseo estar. No me di cuenta de que me subí al autobús y que había llegado al centro de salud donde habitualmente estaba Law.

Es un médico prodigioso. Se movía de un lado para otro para ayudar a los más necesitados o cuando tiene que ir a un hospital importante para operar a alguien. Tiene un don, lo reconozco. Le conozco desde hace mucho tiempo y ha velado por mí durante estos años. Hoy iba ver ajetreo ya que es lunes y la gran mayoría de pacientes que tiene Law vienen este día. Y yo tengo que aguantarme porque no tengo opción que esperar y que me toque. Ya me encontraba en la sala de espera quitándome los cascos para escuchar que me llama.

No sé si en estas dos semanas note algún cambio en mí porque yo sí. Sobre todo, en cuanto a la comida y estoy un poco más motivada. Aunque todavía me daba asco mi cuerpo. Estos michelines no los quitaba nadie y aunque quisiese no se irían. Estoy destinada a ser "gorda" de por vida. Entraban y salían pacientes, cada uno se tomaba su tiempo para ser atendidos. Hasta que le veo con un expediente en la mano.

Trafalgar D. Water Law. Un hombre guapo con muchos tatuajes y que es aclamado por muchas mujeres. Yo debo reconocer que hacía tiempo que me he fijado en él; sin embargo, Law es homosexual. Aunque no se le notaba. Hace dos años tiene pareja, nunca le he visto la cara, pero cada vez que recibe una llamada lo único que escucho es "Eustass-ya". Ese chico no sabe en donde se metió. Alza la mirada como si estuviera buscando a alguien hasta que me ve y sonríe un poco.

—Rose-ya, pasa.

Tiene la manía de llamar a sus amigos y pacientes de esa manera. Para él, era nuestra de respeto, pero para otros no. Aunque ya uno, se acostumbra demasiado a esa forma de hablar. Entro en la sala donde yo lo llamo a veces "sala de la tortura". ¿Por qué? Porque deseaba irme de allí cuanto antes. Pero esta vez no tenía miedo, mi determinación estaba por encima y lo demostraré.

Me siento en aquella silla un tanto ruidosa para mi gusto. Debería cambiarla muy a menudo. Noto su mirada clavarse en mi cuerpo como si quisiera ver algo diferente.

—¿Cómo estás?

—Mejor que nunca. —Eso le ha tomado de sorpresa que hasta me mira.

—Me esperaba a que me dijeses lo típico.

—Pues esta vez cambia la cosa.

—Bueno, ¿cómo vas con la alimentación? Dime por lo menos que estás comiendo algo diferente. —Él sabe que siempre como ensalada.

—En estas dos semanas he comido cosas diferentes. —Alzo la mano para contar con los dedos—. Rosquillas que estaban un poco saladas, pollo al curry, albóndigas al curry...

—¿Y tu cuerpo ha reaccionado bien?

—Sí, no he tenido ningún problema.

—Es que lo noto en tu rostro. —Deja el bolígrafo a un lado para apoyar los codos en la mesa y la barbilla en sus manos.

—Ah, ¿sí?

—Cuando veo a un paciente progresar es porque una de dos: o está haciendo caso a su médico o hay alguien que está de por medio y es el causante de todo esto.

Mis mejillas se sonrojan de golpe cuando dijo eso último. No pude evitar en pensar en Smoker a lo que desvío la mirada. Una pequeña risa sale de los labios de Law como si lo hubiera descubierto.

—¿Una de tus amigas? —Ahí viene el interrogatorio.

—No.

—¿Algún chico que hayas conocido?

Agacho la mirada más roja aún.

—Sí... Es un encanto de persona.

—Ah, ¿sí? —Se le veía interesado.

—Él es muy diferente a los otros chicos que he conocido —le voy explicando detalladamente—. Es atento y cariñoso, a su manera. Se preocupa en que coma algo y no me mira como una simple gorda sino alguien más en su vida cotidiana.

—Entonces es alguien que te ha marcado mucho.

—Sí, hasta no puedo evitar pensar en él. —Law no es psicólogo, pero es mi amigo.

—Eso es un gran paso —observo como se acomoda en el respaldar de la silla—. ¿Tú a él le gustas?

No dije nada. Ya el silencio lo decía todo y mi cuerpo también. Law conoce estudió detalladamente todas las reacciones que realizo y él sabe el significado.

—Ya me lo dices todo —ríe divertido a lo que le miro con un puchero—. Mi consejo es que no le dejes escapar. Se ve que es alguien que muestra preocupación. —Coge una taza donde aún le quedaba algo de café—. ¿Puedo saber su nombre?

—Es el comisario Smoker, de la comisaría Loguetown.

Veo a Law atragantarse con el café cuando escucha el nombre de aquel hombre que hace que sienta mariposas en el estómago.

—¡¿Smoker-ya?!

—¿Le conoces?

—Claro, es también paciente mío. Fui yo quien le cocí aquella cicatriz de su rostro.

—Pues hiciste buen trabajo. —Me sonrojo aún más—. Le queda bien.

—No me puedo creer que Smoker-ya se haya fijado en ti. Se le veía un hombre que le gusta más bien... —Sé que intenta por todos los medios buscar la palabra adecuada para no herirme—, delgadas.

Yo también lo pensé, no es el único. Sin embargo, cada acción que realizaba daba que pensar. Y aquel beso en mis labios era real. Yo a él le gustaba y no importaba las veces que me vea. No soy una "gorda" ante sus ojos.

—¿Has quedado más veces con él?

—Sí, la última vez fue este finde —lo digo con un tono de enamorada que se ha notado.

—¿Y pasó algo?

—Estas entrando en terreno peligroso.

—Oh, entonces pasó algo. Una noche fugaz, ¿quizá?

—¿Tu novio no te está mimando por la noche? —Sé cómo jugar mis cartas.

—No, y cuando le vea, se acordará de mí. —Que directo ha salido el doctor—. Bueno, basta de cháchara, veamos. Como estás en buen progreso, te recetaré unas pastillas menos fuertes que la anterior. Y dentro de dos semanas vienes y me dices qué tal todo.

—Me quieres drogar.

—Lo único que quiero es que no recaigas.

—Lo sé. —Me levanto de mi silla ya dispuesta a marcharme—. Bueno, gracias Law.

—Eres mi amiga, para eso estamos. —Se acerca a mí para darme un abrazo de despedida—. Y que todo salga bien.

Sí, yo también lo deseo. Y creo que todo saldrá bien. Con él, las cosas serían diferentes. Soy feliz a su lado. Me despido de Law y me marcho de allí. Debería aprovechar para ir a comprar, ya que tengo al lado el supermercado y necesito comprar algo de comida. No sé por qué tengo la sensación de que tendré visita muy pronto. Lo más gracioso es que ahora me pongo a buscar por internet nuevas recetas. Maldita sea, Smoker. Por tu culpa he vuelto a comer.

Y la verdad agradezco haberlo conocido. Sin él, ya estaría pérdida realmente. No comería nada ni siquiera una ensalada por tener ese pensamiento de que todos no me miran con buenos ojos. Y él en cambio, lo hace. Me pongo tonta a veces cuando estoy delante de él. ¿No te habrás enamorado realmente Rose? Es demasiado pronto, pero estoy sintiendo cosas por él. Y es que la cosa es que va muy rápido de lo poco que nos conocemos.

Bueno voy a relajarme comprando y prepararé algo de comer ya que tengo tiempo.


¡Estoy cabreada! El autobús tardó más de lo esperado y, encima, el chófer se pone a hablar con una chica que conoce. ¡Vaya chasco! Hasta se me ha apagado el móvil por no cargarlo ayer. Es lunes, Rose. ¿Qué esperabas? Todo sería catastrófico para ti. Debo tomarme algo, me está doliendo un montón la cabeza. Dejo las bolsas aún lado para dirigirme a la cocina y encontrar la caja de fármacos que suelo tomarme para estos casos.

Un buen Nolotil ayuda mucho. Me lo tomo con un poco de agua. Espero que sea rápido el efecto porque estoy es demasiado. Voy al salón para cargar el móvil que el cargador siempre lo tengo tirado por ahí, casi siempre en el sofá. Ya lo tengo ubicado. Lo cargo y al encender me encuentro unos cuantos mensajes y llamadas de Smoker. ¡Ala! Exageró un poco, ¿no? A ver desaparecí por un instante, pero no del mapa.

Escucho el timbre de mi puerta y es raro porque si fuera Nami me llamaría diciéndome que vendría. Y tampoco puede ser la casamentera ya que le pagué este mes. Entonces, ¿quién es? Me dirijo a la puerta para abrir y mi cara se quedó a cuadros cuando vi a la persona que menos me esperaba.

—¡Smoker!

—¡¿Dónde estabas?! —Y, por primera vez, me abraza con fuerza si hubiera desaparecido—. Pensé que te habían secuestrado o algo.

—No. —No sé por qué, pero me hizo gracia.

—¿Por qué no fuiste a trabajar? —Entra como si nada, como si conociese el sitio.

—Pedí día libre porque tenía médico.

—¿Y dónde tenías el móvil?

—Sin batería.

—Ahora lo entiendo —dice muy tranquilo viendo mi piso.

—Tampoco he desaparecido de la tierra —río con ternura acercándome; aunque, me sonrojo un poco al verlo aquí—. ¿Le preguntaste a la casamentera donde vivo?

—Ya que sé cuál es tu edificio tengo que saber tu puerta —responde tranquilamente—. ¿Puedo sentarme?

—Sí, claro.

Smoker se sienta tranquilamente en el sofá. No sé si debería darme miedo, pero es como si no le gustara mi piso. Voy a la cocina donde tengo la bolsa de la compra y meter la comida en las despensas o en la nevera. Y al darme la vuelta, me asusto encontrándome a Smoker en la entrada.

Me llevo la mano al corazón intentando tranquilizarlo. ¡Dios! ¿Qué es un ninja o algo? No hizo ningún tipo de ruido.

—Veo que has aprovechado para comprar.

—Y tú deberías de avisar cuando te asomes.

—Quería darte una sorpresa —sonríe un tanto satisfecho caminando para coger mis manos. ¿Cuándo se ha vuelto tan tierno?—. Veo que has comprado algo de comer.

—Por tu culpa.

—¿Por mi culpa?

—Has hecho que vuelva a comer —lo digo con toda la sinceridad del mundo mirándole a los ojos.

—No iba a dejar que te murieras de hambre —exhala el humo de su boca—. ¿Te molesta?

—Ya estoy acostumbrada a que fumes en todos lados.

—Pero a lo mejor en tu casa es diferente. —Con todo el morro, abre la nevera viendo la comida que tengo—. ¿Quieres que te ayude a preparar algo?

—Smoker, eres mi invitado —digo para apartarlo, pero ya era demasiado tarde, había cogido los ingredientes.

—¿Y tu pareja no puede hacerte por lo menos el almuerzo?

¡¿Qué dijo?! ¿Mi pareja? Mi cara estaba ardiendo al escuchar aquella palabra. No daba crédito. ¡¿Ya definitivamente piensa que somos pareja?! Aún estoy en proceso de mentalización porque aún no daba crédito a lo que ha dicho. Me estaba muriendo de vergüenza y me estaba encogiendo. Él ni se inmutó, empezó buscando los utensilios para cortar las verduras.

Yo me acerqué a él para coger algún cuchillo; sin embargo, él me detiene. Me mira y se acerca hacia mí, ¿iba a recibir un beso? No en mis labios sino en mi frente. ¡Esto es demasiado para mi corazón, maldita sea! ¿A qué vino eso? Yo le miró confusa recibiendo una sonrisa de él.

—No hagas nada.

—Al menos dime qué hacer, es mi casa, te lo recuerdo.

—Bueno pues puedes aprovechar en preparar el arroz mientras yo me encargo de esto, ¿te parece?

—Está bien.

Nos hemos pasado un buen rato en hacer la comida. La verdad es que preparar la comida con Smoker era divertido y relajante. No me he aburrido en ningún momento y vi más de cerca esas habilidades culinarias que tiene aquel hombre que me encantaba. Tenía cada cosa que me gustaba. Y hace que me ponga boba con él, era una cosa super extraña y este sentimiento que sentía con él era real. Ni siquiera es comparable con las películas.

Preparé la mesa ya con la comida lista mientras él va sirviendo. Realmente parecemos una pareja de verdad. ¿Será eso? Me sonrojo de nuevo al recordar aquella palabra que hasta me siento con algo de torpeza. Menos mal que la mesa estaba en el salón y tengo de amortiguación la alfombra que se encuentra en el suelo, obviamente. Escucho una pequeña risa por su parte, estaba divirtiendo por mi nerviosismo.

Ahora que veo la comida tiene buena pinta. Me da vergüenza que él haya venido y me haga la comida. Me siento inútil a su lado.

—¿Estás bien? —Vuelvo al mundo real.

—Smoker, no me gusta que me vengas a mi casa así sin más y me prepares la comida —confieso mirando su rostro que se relaja.

—Tú hubieras hecho lo mismo —me rectifica a lo que yo me callo.

Él ha ganado en esta batalla de dos. Así que me dispongo a comer aquella comida tan exquisita en mi paladar. Dios, echaba de menos está sensación de probar comida nueva. Cierto, debo acordarme de tomarme aquella pastilla menos mal que me acordé de acercarme a una farmacia para comprarlo, si no estaría en la mierda absoluta. Voy a la cocina un momento recibiendo la atenta mirada de Smoker que me mira extraña.

Y vuelvo ya con la pastilla para tomármela. La píldora no contrarresta los efectos de la anterior así que me quedo más tranquila.

—¿Estás tomando pastillas?

—Me la recetó mi médico. —Le contesto.

—¿Y qué te ha dicho? —estaba interesado en el tema y él debe saberlo, ¿no?

—Que estoy bien. Vio que estaba motivada y tenía buen aspecto.

—A saber, porqué.

—¿Será porque el hombre que tengo delante mía hace que coma más a menudo?

—Cierto —ríe terminando de comer—, y gozo ver que comes.

Os juro que casi me atraganto ante aquellas palabras y menos mal que era solo agua y no la comida. Me vuelvo a levantar para recoger la mesa y él también, aunque se dirige de nuevo a sentarse y encender sus puros. La verdad es que no me molestaba. Ya estaba acostumbrada a que Smoker fumase en cualquier sitio. Ya con los platos en el fregadero, voy al salón y me siento al sofá a un lado, casi lejos de él.

Noto la mirada de Smoker recorrer en mi cuerpo. Me dio un leve escalofrío al sentirlo. Tengo el presentimiento de que algo tramaba y no me gustaba. Al ver que estaba lejos, se acerca a mí y posa la mano en mi rodilla izquierda. Sus dedos van rozando lentamente aquel hueso cubierto por mi piel un tanto gruesa. Sin darme cuenta ya él estaba muy cerca de mi rostro a lo que me sonrojo un poco. Retira aquellos puros de su boca y va acercándose lentamente. ¡Me va a besar! Me estaba poniendo nerviosa, pero cerré los ojos para recibir aquello que lo estaba anhelando.

Un poco más. Sentir el roce de nuestros labios. Y todo acabó cuando se escuchan los gemidos de mi vecina al otro lado de la pared. ¡¿Por qué ahora, joder?! Me pongo roja, alejándome de golpe, no pudiendo soportar aquella mujer gemir tan fuerte. La cara de Smoker era de puro poema mirando hacia la pared.

—Vaya vecina tan enérgica que tienes —dice impresionado.

—¡Te prepararé té! —Corro hacia la cocina no queriendo escuchar más, pero parece que él se queda ahí como si nada.

Está claro que es un hombre y cuando se trata de gemidos, se excitan. ¿Le estará gustando oírla? No. No empieces Rose. Smoker no sería de esos. ¿O tal vez sí? Ya me estoy volviendo paranoica que mi cuerpo empieza a temblar, no de frío, sino de preocupación. ¿Le gustaba escuchar esos sonidos eróticos de otra persona teniendo enfrente a su pareja? Ya con el té listo, me dirijo al salón de nuevo con pies de plomo.

Dejo la bandeja en la pequeña mesa que decoraban el salón y me siento aún con el cuerpo tiritando. Todavía esa mujer estaba gritando con placer. Intento ignorarla, de verdad. Estoy era demasiado. Cojo la tetera dispuesta a echar el té en la taza.

—¿Tu vecina es la típica que trae hombres hacia la casa y follar? —respiro hondo para hablar.

—E... Eso creo...

—Por eso odio tener vecinos al otro lado de la pared, escuchas todo.

—Cuando tenga suficiente dinero, me iré de aquí. —Ese era mi objetivo principal, por eso ahorro.

Los gemidos no cesaban y cada vez iban en aumento. Y yo toda una virgen y sin experiencia, teniendo delante mía a un hombre forzudo y sabe más temas de sexo que yo. ¿Cómo será hacerlo con él?

—Rose —recibo su llamada a lo cual le miro—, estás echando el té sobre mis pantalones y está quemando demasiado.

—¿Eh? —Bajo la mirada encontrándome aquella situación—. ¡Oh, dios! —Retiro la tetera y me pongo a rebuscar alguna servilleta o algo para limpiarlo—. ¡Lo siento mucho, Smoker! ¡No me di cuenta, de verdad! —¡Qué torpe he sido, joder!

—Espera no...

—¡Yo remediaré esto! ¡No te preocupes!

—No. Estate quieta. —Me estaba deteniendo, pero yo se lo impedía.

—¡Déjame limpiar este desastre!

—¡¿Sabes dónde demonios estás tocando?!

Cuando dijo eso, me detengo de golpe y observo detalladamente en la zona de sus pantalones. Mi cara fue puro poema y estaba roja como un tomate. ¿Sabéis dónde estoy tocando? Ni más ni menos aquella virilidad que ha cobrado vida por mis caricias, ¿o por los gemidos de la vecina? Me quedé paralizada, no sabía qué hacer en ese mismo instante. Jamás en mi vida había tocado aquella zona importante de un hombre. Alejo mi mano de golpe y, no solo eso, sino también mi cuerpo.

Me encontraba en una esquina del sofá analizando lo que acaba de pasar. ¡He tocado una polla! Era una situación embarazosa y no podía mirar a la cara a Smoker. Sin embargo, coge mis manos atrayendo de nuevo hacia él y me besa. Aquel beso no era como las anteriores, era más rudo y dominante. ¡Espera! No soy experta en ese tipo de beso. ¿Qué tengo que hacer?

Y todo mi cuerpo se tensa al notar como la lengua de Smoker recorrer lentamente mis labios. Yo estaba con la boca abierta no sabiendo cómo reaccionar y no me esperé que aquella lengua invada mi boca, explorándolo como si no hubiera un mañana. Quería seguir aquel juego, pero era demasiado. Era inexperta y solo me dejaba llevar. Aquella articulación rozaba con la mía como una manera de incitarme. Y lo hice.

Sus manos se colocan en mi cadera para atraerme un poco más a él y aprovecha para acariciar esa zona con ternura. Esto me estaba matando, necesitaba algo de aire urgentemente. Lo nota y se separa de mí. ¡Dios! Qué beso tan apasionante. Mis pulmones gritaban con fuerza aire. Y menos mal. Un poco más y me desmayaba. Y sin poder reaccionar, su lengua va recorriendo lentamente por mi cuello y un gemido sale de mis labios. ¿Qué es lo que?

Las manos que descansaban en mis caderas van ascendiendo, sujetando aquella camisa. Reaccioné rápido y lo detengo. Se separa un poco para mirarme como queriendo una respuesta.

—Smoker... —El aliento me estaba fallando—. Aún no... estoy preparada. —No lo estaba. No estaba preparada para verme desnuda y hacerlo con él.

Un gran suspiro sale de los labios de Smoker. ¿Eso significa que está arrepentido? No, por favor. Eso no.

—Está bien, no voy a obligarte a hacer algo que no quieres. —Apoya la frente en la mía donde nuestras miradas se conectan—. Aunque me hayas dejado con un problema en los pantalones.

—Lo siento... —Estaba avergonzada.

—No te preocupes. Una buena ducha fría basta para relajarme. —Recibo otro beso que era corto que el anterior.

Me siento mal por haberle dejado así que hasta no pude evitar apoyar la cabeza en su pecho. Él apoya la mano en mi espalda como una forma de corresponder. Hasta sentir aquellos labios posar en mi cabeza dando pequeños besos en ella. Me siento como una niña pequeña y él... Bueno no lo sé, realmente.

—Este fin de semana abrirán el parque de atracciones que suelen reabrir en verano —escucho decir a lo que le miro desde mi posición—. Podríamos ir desde por la mañana y pasar el día, ¿te parece?

—¿No estás molesto?

—Mujer no soy un tipo que va detrás tuya solo para acostarse contigo —aclara volviendo a retomar sus puros—. Si no deseas hacerlo, yo lo respeto y esperaré lo necesario hasta que lo estés.

Este hombre cada vez me sorprende y cada vez me enamoro más de él. Así que olvido lo que dije anteriormente.

—Me parece muy bien.

—Genial, entonces iré pidiendo las entradas.

—¿No estarán agotadas?

—Tengo mis contactos. —Me guiña el ojo mientras va sacando el móvil.

Otra cita con él y esta vez en el parque de atracciones. Sonrío como una boba enamorada imaginándose cómo será la quedada. Smoker, ¿qué estás haciendo conmigo?


Reseñas:

Monnie's: Total, con un pensamiento de que lo harás mal en la primera cita y a lo mejor es todo lo contrario jajajaja.