Chinatsu se metió en la cama, dispuesta a dormir, pero las ganas que tenía de masturbarse se lo impedían. Llevaba ya 20 días. Antes de aceptar participar en ese reto nunca hubiera pensado que pudiera estar tanto tiempo sin masturbarse. El día a día y la mayoría del rato no eran muy agobiantes, era en los momentos en que se excitaba cuando realmente lo pasaba mal. Y lo peor es que a medida que pasaban los días se excitaba con más frecuencia, y muchas veces sin motivo. Simplemente, de repente le venían ganas. Hacía pocos días le sucedió en la escuela, en plena clase. En aquella ocasión sí que lo pasó mal. Aunque la mayoría de las veces la excitación se iba sola al cabo de pocos minutos, en los momentos que duraba era una tortura aguantar sin tocarse, y de hecho, algunas veces hasta se tocaba un poco, aunque fuera apretándose un poco la vagina, para sentirse algo mejor. El problema es que después le costaba más parar. Desde hacía ya varios días que Chinatsu sentía la necesidad de masturbarse antes de ir a dormir. Casi cada noche desde el inicio del reto se excitaba cuando se metía en la cama, y esas últimas noches más que las anteriores, y tardaba un rato en calmarse. Para calmarse un poco, Chinatsu decidió hacer como las otras veces y tocarse un poco.
Chinatsu dirigió su mano derecha a su entrepierna y apretó levemente. Eso le hizo soltar un leve suspiro. Chinatsu apretó un poco más. Y más. Y más… Lentamente empezó a mover su mano arriba y abajo, y su respiración se hizo más rápida y audible. El placer nublaba su cabeza, y ni siquiera podía pensar que debía parar. Chinatsu incrementó la fuerza y los movimientos de su mano, abarcando cada vez más espacio. Ahora iban desde delante del todo de su cuerpo hasta casi el ano, frotando todo lo que había en medio. El placer se apoderó de ella y ya incluso movía sus caderas inconscientemente para incrementar el contacto. La chica respiraba rápidamente, y el volumen de su respiración hacía que si no tenía cuidado pudiese ser oída desde fuera de la habitación, especialmente por algunos pequeños gemidos que soltaba. Tras casi un minuto, la chica llegó a su límite.
–¡Mo, ya no aguanto más!
La chica se bajó el pantalón y frotó directamente su vagina. Al hacerlo se le escapó un gemido que intentó reprimir poniéndose rápidamente la mano izquierda en la boca. El corazón le iba a mil. Temía que sus padres o su hermana la hubiesen oído. Tras unos segundos de silencio, intuyendo que nadie la había oído, empezó a frotarse la vagina directamente. Al igual que antes, otro gemido escapó de su boca, sin embargo, esta vez pudo moderar el volumen y fue más flojo que el anterior. La chica siguió moviendo su mano derecha, frotándose el clítoris, introduciéndola en su vagina y apretando los puntos erógenos desde dentro…
Mientras, podía notar como sus pezones estaban duros, pues la camisa que llevaba hacía contacto con ellos. La chica se desabrochó la camisa, y a través de la poca luz que entraba por debajo de la puerta y por fuera de la ventana, pudo ver cómo de duros estaban sus pezones. Nunca antes los había visto tan erectos. Lentamente Chinatsu acercó su mano izquierda a su pezón izquierdo. Cuando lo tocó, sintió un placer mucho mayor que cuando se masturbó por última vez el 31 de octubre. Y solo lo había tocado suavemente. Chinatsu entendió entonces que si quería evitar soltar gemidos de placer debería ser muy cuidadosa con sus pezones, pues estaban más sensibles que nunca.
Con su mano izquierda la chica siguió tocando y frotando suavemente sus pezones. Aunque fuera suavemente, el placer que sentía era enorme. Para sentir ese placer otras veces tenía que apretárselos más fuere. Sin embargo, esta vez bastaba un leve frote para sentirse así de bien. Mientras, con su mano derecha seguía frotando su clítoris e introduciéndola en su vagina. La chica cerró los ojos dejándose llevar por el placer que sentía. Ya le daba igual si perdía el reto, ya le daba igual si era una ninfómana, ya le daba igual si decía la verdad o mentía. En ese punto simplemente no era capaz de parar. Por primera vez en mucho tiempo, Chinatsu no estaba pensando en Yui mientras se tocaba. No se estaba imaginando nada, simplemente se limitaba a disfrutar al máximo de aquella placentera sensación.
A medida que se acercaba al clímax, el cuerpo de la chica empezaba a temblar. La chica movía inconscientemente sus piernas, tanto hacia los lados como a veces también arriba y abajo. Respiraba agitada y entrecortadamente, mientras dejaba escapar gemidos que intentaba contener. Chinatsu estaba llegando, estaba a punto.
–Aaah… Aaaaah… ¡Aaah! Ngh… Mnn… ¡Mmmmm!
Finalmente alcanzó el orgasmo. El cuerpo de la chica empezó a convulsionarse, de forma más violenta que en otras ocasiones, expulsando flujo con cada contracción, a la vez que le hacían sentir un placer como nunca antes había sentido. Chinatsu simplemente no podía pensar en nada. Lo único que podía sentir en ese momento era el placer recorriendo su cuerpo.
Finalmente, tras un tiempo más largo que otras veces, los espasmos producidos por el orgasmo terminaron cesando, dejándose caer Chinatsu sobre la cama, completamente agotada. La chica, que respiraba agitadamente, poco a poco iba recuperando la capacidad de pensar. Aquello simplemente había sido increíble. Nunca se había sentido tan bien después de masturbarse.
Tras casi un minuto, ya recuperada del orgasmo, Chinatsu se incorporó, para coger papel para secarse la vagina y su mano derecha, pero entonces vio algo.
–¿Eh? ¡¿Eeeh?!
Su cama estaba manchada por los fluidos que había expulsado.
–No… No puede ser. ¿Cómo es que me he corrido tanto? ¿Tal vez es porque hacía 20 días que no me tocaba? Dios, así parece que me haya meado encima…
Además de su cama, también una parte del pantalón de su pijama se había mojado.
–Así no puedo dormir… ¿Qué hago ahora?
Chinatsu tuvo que quitar las sábanas de su cama, quitarse el pantalón, y dormir directamente sobre el colchón, tapándose con una manta para no tener frío. Dormir directamente sobre el colchón era algo incómodo, pero no tenía otra opción si no quería resfriase, ya que la otra opción era salir de la habitación para coger unas nuevas sábanas, siendo vista por sus padres, y tendría que decirles que, o sea había meado, o tras masturbarse se había corrido tanto que había mojado las sábanas. Ninguna de esas dos opciones le gustaban, así que tendría que aguantarse. Mañana tendría que poner a lavar las sábanas y todo el pijama, pues poner a lavar solo los pantalones y no la camisa sería raro. La parte buena es que ya llevaba muchos días con las mismas sábanas, por lo que nadie sospecharía que las lavara, ya que ya tocaba hacerlo de todos modos.
