17

Hinata

No llevamos a los niños a la cama hasta casi una hora después de su hora habitual de dormir. Atrapé a Naruto mirándome mucho, como si esperara por ese momento en que por fin dejaría que el estrés de toda la noche me afecte y me caiga a pedazos. Pero logré mantenerme cuerda.

Cuando por fin nos deslizamos bajo las mantas, uno frente al otro en el brillo de las luces de la noche, metí las manos bajo mi cara y lo miré al otro lado mientras él hacía lo mismo, examinándome.

Había estado tan segura de que la siguiente vez que él tuviera una noche libre, por fin nos meteríamos en algunas delicias físicas… pero por desgracia, mi padre ahogó esa idea por completo. Naruto se veía muy asustado para siquiera tocarme, lo que me hizo preguntar cómo antes había conseguido un beso de él en el baño.

Una suave sonrisa iluminó su rostro. —¿Qué estás pensando?

Se la devolví. —Pensaba en lo dulce que fue de tu parte conseguir una niñera para que pudiéramos salir esta noche.

Suspiró. —Sí, bueno, lamento que eso no resultara. Supongo que es lo que obtengo por hacer planes.

Estiré la mano para acariciar su mejilla. Entonces enderecé el arete en su ceja. —Fue la idea lo que me impresionó.

Siguió observándome mientras le hacía mimos, peinando los mechones rebeldes de su cabello.

—En realidad íbamos a salir a celebrar —dijo—. Hoy recibí una carta. Mi anulación ha finalizado.

Inspiré un jadeo sorprendido. —¿En serio? ¿Eres un hombre soltero de nuevo?

Asintió, pero una mirada extraña inundó sus rasgos. Casi podía jurar que era culpa. —Sé que fue muy presuntuoso de mi parte querer llevarte a cenar en el mismo día que dejé de estar casado. Lo siento. Yo no…

De pronto, me di cuenta por qué se sentía tan mal. —Naruto Sarutobi Uzumaki —murmuré en un regaño burlista mientras me incorporaba—. ¿Planeabas conseguir un polvo esta noche?

Antes de que pudiera detenerme, volé a abrir la mesita para encontrar una caja de condones nuevos adentro.

Naruto se sentó bruscamente, luciendo incluso más culpable que antes. — Hinata…

Saqué la caja y la estudié. —Ahh, e incluso compraste los estriados para el placer de ella. Qué considerado.

Sin embargo, eso no parecía calmar su remordimiento. —No tenía intención…

Me incliné para besarlo, callándolo. Él sabía a sorpresa y a la manzana que había comido antes de venir a la cama. Abrí la boca para saborear más. La punta de su lengua tocó la punta de la mía y gruñó, comenzando a acercarse antes de retroceder de golpe.

—Tal vez no deberíamos —dijo, aunque su respiración ya era superficial y rápida—. No después de lo que sucedió esta noche.

Pero agarré su mano. —¿Sabes lo que me dijo una vez? Dijo que sin importar con cuantos chicos lo hiciera, nunca sería capaz de borrar su toque. Que me había manchado por siempre.

El rostro de Naruto se volvió púrpura de la furia. —Hijo de puta —pronunció entre dientes antes de atraerme a él y presionar su frente en la mía—. Él mentía, nena. No estás manchada. Para nada.

Enganché mi mano alrededor de su nuca, con una mirada suplicante. — Pero me hizo creerle. Nunca… disfruté de tener intimidad con ningún chico. No hasta ti. Dejaba de prestar atención y prácticamente borraba cada encuentro de mi cabeza. Sin embargo, cuando estoy contigo, me haces sentir todo. Soy hermosa, amada y limpia. Necesito que me hagas sentir así ahora. Necesito que me demuestres que ese bastardo se equivocó.

Cuando apreté la caja de condones en su mano, cerró los ojos y gruñó—: Te amo muchísimo. —Sus dedos temblaban cuando tocó mi mejilla.

—Y yo te amo, Naruto. Ahora hazme tu Lunita.

Abrió los ojos, y la confusión en su cara me dijo que no estaba seguro de cómo responder ya que le ordené nunca llamarme así de nuevo.

—Me llamaste Lunita esta noche cuando vinieron los policías — dije—. Y antes de eso en el baño.

—Yo… —Tragó saliva y sacudió la cabeza—. Lo siento. Simplemente… se me escapó. —Cerró los ojos brevemente antes de lanzarme un respingo arrepentido—. No sucederá de nuevo. Lo juro.

Negué con la cabeza. —No, estuvo bien. Fue grandioso, en realidad. Lo he extrañado. —Moviéndome más cerca de él, pasé los dedos por su rostro, por los aretes de su labio y abajo, por el tatuaje de las raíces del árbol en su cuello; raíces ya que siempre había querido una familia y un lugar al cual pertenecer.

Saber que yo era sus raíces y su lugar al cual pertenecer, me hizo sentir completa.

—No me di cuenta la noche que me enteré de Lunita el honor que era ser ella. Porque no entendía que no solo sería un sueño hecho realidad para ti; es un sueño hecho realidad también para mí. Me has dado las cosas que nunca supe que necesitaba o quería, pero terminaron siendo las más preciosas que tuve. Mi trabajo, esta familia… —Señalé hacia la cuna—. Un amor que me completa. Todo esto es debido a ti. Sinceramente, solo puedo pensar una cosa más que necesito de ti, y mi vida será perfecta.

Cuando mi mano trazó su pecho desnudo, se detuvo en el tatuaje sobre su corazón y luego continuó más abajo, atrapó mi muñeca con suavidad.

—Si hacemos esto esta noche, voy a dejar de pagarte por ser la niñera. Porque eso sería raro. Serías más como una…

Cuando parecía no ocurrírsele un término apropiado, sonreí. —¿Más como una esposa hogareña?

Sus ojos llamearon. —¿Eso te enloquecería?

Probablemente enloquecería a Ino si supiera al respecto. Diría que me volví loca, que avanzábamos demasiado rápido, que necesitaba reducir la velocidad y pensar en esto. Pero ya sabía que era la solución perfecta para nosotros.

—No voy a enloquecer. Ahora… —Atrapé la cima de sus pantalones de pijama y comencé a bajarlos—. ¿Podemos continuar hacia el entretenimiento principal de la noche, o vas a resistirte a mí por siempre?

Soltó un aliento y se estremeció cuando agarré su carne dura e hinchada en mi palma. Sus ojos se cerraron y gruñó con gratitud.

—¿Estás totalmente segura de que quieres hacer esto? —preguntó con voz tensa, su dominio sobre sí mismo casi destrozado.

Parpadeé con repentina inseguridad, pero solo porque su resistencia continua me molestaba. —Si estás de acuerdo con tener una chica que creció siendo abusada por su padre.

Aspiró bruscamente y rodó hacia mí, soltando el agarre que tenía en él.

—No tiene nada que ver con esto. No estás sucia, Lunita. En absoluto. Él es el único asqueroso. Tengo miedo de que estés intentando apresurar esto para demostrar algo que no tienes que demostrar.

Sonreí ante su proclamación inflexible, incluso más segura que nunca de lo que quería de él. Curvando las manos alrededor de sus hombros, me incliné para besar su tatuaje favorito. —Me acabas de llamas Lunita. —Levantando el rostro para susurrar en su oído, dije—: Hazlo de nuevo. —Luego lamí el arete de su tetilla antes de atraparlo entre los dientes.

—Maldita sea —gruñó, haciéndome girar sobre mi espalda para cernirse sobre mí. Entonces pronunció con voz áspera—: Mi Lunita. Mi alma gemela.

Me besó, con la boca cerrada, sus labios suaves y perfectos. Después, balanceó su erección contra mi muslo, y las cosas se pusieron mejor.

Me sacó mi camisa; le saqué sus pantalones. Acunó mis senos a través del sostén de maternidad y me estremecí bajo su intensa atención.

—Jódeme, quiero chuparlos con tantas ganas. —Giró el índice alrededor de mi pezón, y aunque apenas podía sentirlo a través de todo el relleno, todavía se endurecieron—. Cuando los niños terminen con ellos, van a ser míos. ¿Entiendes eso? Voy a pasar un día entero con mi boca en nada más que estas bellezas.

Gimoteé y arqueé la espalda, queriendo su boca allí ahora. —Deja de provocar y pon tu boca en algo antes de que entre en combustión.

—Mmm. Mandona. Me gusta. —Se agachó para mordisquear mi caja torácica, justo bajo el borde de mi sostén.

Agarré su cabello grueso. —Sigues provocando.

—Y sigues siendo mandona. —Levantó la mirada y me guiñó un ojo—. Relájate, Lunita. Tengo esto bajo control. —Después de mostrarme una sonrisa traviesa, me quitó las bragas y enterró su cara entre mis piernas, pero inhaló profundamente, oliéndome, antes de comenzar a lamer.

Al primer toque con su lengua, arqueé la espalda, jadeando por la sorpresa del placer. No podía notar que hacía diferente, pero se sentía mejor que nunca. Agarré un puñado de las sábanas que tenía debajo de mí. Me abrió más las piernas, haciendo lugar para sí mismo. Luego lamió un poco más abajo. Mis ojos llamearon por la sorpresa cuando mi centro se apretó con el placer travieso y codicioso. Pero entonces se movió arriba de nuevo, antes de que pudiera correrme. Su lengua salió para pasar sobre mi clítoris, y algo inesperado y duro lo empujó mientras metía un dedo dentro de mí. Comencé a estremecerme y gemir, ya tan cerca.

Me cubrió la boca con su mano justo antes de que aquellos dedos provocadores de clítoris abandonaran mi canal ardiendo de deseos. —Shh — advirtió—. Nunca cambiamos de lugar la cuna. Si los despiertas esta noche, nunca llegaremos a la mejor parte.

No me gustaba eso. Quería verbalizar cuán bien se sentía, en voz muy alta. Incapaz de controlarme, mordí su dedo.

Con una maldición, sacó el dedo mordido de mis dientes y abandonó mi coño para subir por mi cuerpo. —Maldita sea, mujer. Si vas a ser una mordedora, supongo que tendré que callarte de algún otro modo. Envuelve tus dientes alrededor de esto. —Me besó largo y duro, su lengua ahogó cualquier sonido que hice cuando se clavó profundo.

Cuando sentí un tintineo de metal, retrocedí de golpe. —¿Qué…?

Movió las cejas y sacó la lengua para mostrarme su piercing más nuevo.

—Sorpresa. Lo conseguí después de que dijiste algo.

Oh, madre de Dios. Agarré dos puñados de su cara y lo jalé de nuevo a mí, jugando con su lengua hasta que tuvo que retroceder y calmarse, jadeando bruscamente y mirándome como si no pudiera creer que yo me encontraba aquí.

Localizando la caja de condones al lado nuestro, la abrió. Me sentí obligada a ayudarle a ponérselo, y de repente él era el único haciendo todos los ruidos con un profundo gruñido mientras rodaba el látex sobre su longitud larga, temblorosa y dura como el acero.

—De acuerdo, supongo que los dos tenemos que amortiguar los ruidos —dijo antes de besarme y encajar sus caderas entre mis muslos. Sentí la cabeza de su pene acoger mi apertura. Yo estaba tan mojada y ardiendo en deseos, que me arqueé en él.

Atrapó mi cadera, tranquilizándome. —Esto cambiará todo. —Se separó de mi boca para decir—: Una vez que esté dentro de ti, eres mía, soy tuyo y estamos juntos. No habrá amistad ni citas leves. Va a ser todo o nada.

Lo miré a los ojos. —Entonces hazme tu todo.

Sus ojos se calentaron. —Siempre lo fuiste. —Luego empujó dentro de mí.

Ninguno amortiguó los sonidos. Pequeño error. Jadeamos al unísono, compartiendo nuestro asombro cuando nos miramos boquiabiertos y atónitos por la fuerza de nuestro placer.

—Oh, maldición —susurró, luciendo pasmado—. Es esto. Esa sensación que he estado buscando.

Desde la cuna, uno de los bebés se removió. Naruto maldijo en voz baja y se congeló dentro de mí. —No, no, no —susurró, mientras bajaba su cara para enterrarla en mi cuello—. Por favor, no.

Alguien debió haber escuchado su súplica porque los dos bebés se quedaron dormidos. Suspiramos de alivio.

—En verdad vamos a mover esa cuna —gruñó—. Mañana.

Solté unas risitas, por lo que me besó para callarme. Entonces hizo retroceder sus caderas, solo para embestir de nuevo dentro de mí. Tuve que morderle el labio para que no gritara. Se sacudió con risas silenciosas. Palmeé su trasero en reprimenda por reírse de mí, solo para maldecir cuando el golpe de mi palma contra su carne se volvió un chasquido más fuerte en el silencioso dormitorio. Las sacudidas en el pecho de Naruto aumentaron.

—Es como si estuviéramos intentando no ser atrapados por nuestros padres —me susurró al oído—. Excepto que al revés.

Esto era, sin duda, una primera vez para mí. Riéndome y divirtiéndome en mitad de sexo alucinante. Pero la dosis de endorfinas felices parecía hacer que todo se sintiera mejor cuando se movió más profundo. Envolví las piernas alrededor de sus caderas para sostenerlo allí por más tiempo.

—Me haces tan feliz —murmuré impresionada.

—Ese es el plan, Lunita. —Me besó en el cuello y deslizó las manos por mis muslos, antes de cubrir mi culo.

Dios, se sentía…. Guau. Oh, sí. Justo ahí. Comencé a gemir nuevamente, lo cual resultó en ambos riendo y gimiendo juntos, que nos hizo besarnos para acallarnos. Amé cada segundo. Amé la sensación de su cálida piel deslizándose contra la mía, y su dura carne enterrada en mí; su boca en la mía mientras nuestras lenguas se batían a duelo por más, y sus ojos castaños brillaron cuando encontró mi mirada y sonrió.

Las ansias en mí siguieron aumentando hasta que ni siquiera podía recordar reírme segundos antes, porque ahora me aferraba a él e intentaba contenerme de correrme tan pronto. Quería que durara, solo un poco más, pero mi cuerpo comenzó a apretarse y temblar. Me besó con más fuerza y embistió en mí más rápido. Nos sostuvimos las manos y apretamos nuestros dedos con fuerza cuando ambos llegamos a la cumbre de la euforia.

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Pasaron dos semanas.

Naruto iba en serio acerca de no pagar más por mis servicios de niñera. En cambio, me dio un nuevo teléfono celular que estaba incluido en su plan y encontró un coche viejo para que condujera. Corría infernalmente mucho mejor que el de Ino. Realmente éramos como una pareja casada, y estoy segura de que, si tuviéramos la oportunidad, Naruto y yo, follaríamos como conejitos.

Era de esperar que llegara a gustarme el sexo justo después de convertirme en madre y nunca tendría tiempo para ello. Lo que era peor, Sumire tuvo fiebre, lo que me asustó muchísimo. Después de dos visitas al médico, y media docena de opiniones diferentes de las enfermeras y otras madres, por fin decidimos que tenía un dolor de garganta.

Ponerla en cuarentena, lejos de Boruto era casi imposible, pero Naruto movió la cuna razonablemente hacia el otro cuarto para que Sum y yo pudiéramos acampar allí, mientras que él y Boruto se quedaban en nuestra habitación.

Nunca supe que tener a un niño enfermo sería tan aterrador. Cada tos de mi hija me ponía frenética de preocupación. Me hallaba tan feliz de tener a Naruto a mi lado en todo. Su apoyo incondicional a veces hacía que sintiera una opresión en mi pecho por el enorme amor que me producía.

Pero en serio, pasaron tres días desde que tuve mi dosis de perversidad con él, y era demasiado tiempo para mi gusto. Esta noche, no me importaba lo tarde que llegara a casa del bar, me iba a quedar a esperarlo, saltaría sobre sus huesos sexys y sacaría al animal salvaje en él, ya que me encontraba más que caliente.

Era cerca de la hora de acostar a los niños, y nos terminábamos mi nueva rutina de yoga nocturna. Dejaba a Sumire y Boruto algún tiempo boca abajo para que fueran perfeccionando la posición de revés, y yo me encontraba en la pose de V invertida cuando una llave en la cerradura me hizo gritar, sobresaltada.

Sabía que era demasiado temprano para que fuera Naruto, por lo que mi mente inmediatamente pensó en mi padre. La puerta se hallaba entreabierta antes de que me diera cuenta de que quién fuera, tenía una llave. Por lo tanto, no era Bradshaw Hyuga, gracias a Dios. Empecé a preguntarme por qué Naruto regresaba a casa tan temprano cuando entró una pelirroja de aspecto rudo.

—¡Vaya! —Me puse de pie, lista para arrastrar a la intrusa en el pasillo por su desaliñada cabellera escarlata. Ella se paró bruscamente cuando me vio y entrecerró los ojos como si yo fuera la que no pertenecía aquí.

—¿Quién demonios eres tú?

Parpadeé. Oye, ¿no se suponía que fuera la que preguntara eso? ¿Y por qué una completa extraña tenía la llave de nuestro apartamento? ¿Por qué entraba como si fuera la dueña del lugar?

—¿Quién eres tú? —respondí.

—Soy Fūka. vivo aquí.

Mi boca se abrió. Oh, diablos. Eso no era lo que esperaba oír. Pero... Guau.

¿Esta era la esposa de Naruto? Quiero decir, ex-esposa. ¿Esposa anulada?

Lo que sea.

Mi primer pensamiento celoso y egoísta, fue que era mucho más bonita que ella. Pero eso estaba mal. Mal, mal, mal. Sin embargo, no pude evitarlo.

—¿Dónde está Naruto? —Cuando miró alrededor solo para establecer su mirada en Boruto, me coloqué de manera protectora frente a él. Fea o no, su mirada en mi niño no me gustaba. Un pánico repentino se disparó a través de mí cuando me di cuenta de que en realidad no era mi hijo, ¿verdad? Era de ella.

Oh mierda. Esa era la realidad.

Sacando una brillante sonrisa, y aspirando, dije—: Hola, soy Hinata. La niñera.

Su mirada saltó de nuevo a mí. Luego se estrechó.

Así que asentí alentadoramente. —Boruto es adorable. Ha sido un perfecto áng…

Su resoplido burlón me cortó. —Eres la niñera, mi culo. Sé quién eres en realidad. —Cuando dio un paso intimidante hacia mí, levanté las cejas. Si cree que puede amenazarme, sería mejor que tenga cuidado. No me tomo bien las amenazas—. Tú eres la puta razón de que mi marido obtuvo una anulación. Eres la causa de que se quiera llevar a mi bebé y adoptarlo. Así los dos pueden tener su pequeña familia perfecta juntos... ¿Con mi hijo?

Bueno, cuando lo ponía de esa manera, lo hacía sonar mal. Salvo que lo queríamos porque amábamos a Boruto. Ella, obviamente, no lo hacía. Ni siquiera preguntó por él ni intentó sostenerlo desde que irrumpió por la puerta, ya que se encontraba demasiado ocupada siendo una perra.

Asenté una mano en mi cadera, aumentando mi actitud y le envié una mirada maliciosa. Si quería tener la conversación de esta manera, iría allí con ella. Echaba espuma por la boca por dejar que la mamá sobreprotectora en mi interior saliera para darle una bofetada verbal a esta estúpida.

—¿llevarse a tu bebé? —repetí. Con una risa oscura, di un paso justo en frente de su cara—. Chica, tú eres la que lo abandonó aquí. Lo dejaste solo en una casa sin supervisión de un adulto. El lugar se podría haber incendiado, él pudo caerse y morir, pudo ser asesinado a golpes por algún... ladrón que entrara a la casa. Cualquier cosa. Pero, ¿lo tuviste en cuenta? No. Estabas demasiado ocupada siendo una jodida, desalmada y desagradable vaca. — Bueno, tal vez me fui un poco por la borda, pero me hallaba demasiado enojada como para pensar racionalmente—. Tú no tienes un bebé. No te mereces este bebé.

Sí, me sentí muy bien y animada diciéndole todo lo que me moría por decirle durante semanas. Me sentía como si estuviera rebotando en mis pies y doblando mi cuello de un lado a otro, como una especie de boxeador que se preparaba para un gran combate. Me encontraba a punto de disparar el tema de Naruto —diciéndole que lo trató como la mierda— cuando su rostro se puso morado.

—Eso es todo. No sé quién coño te crees que eres, pero yo di a luz a ese niño. Y me lo llevaré lejos de ti.

—¿Qué? —Oh, mierda. No debería estar sucediendo esto—. No. Espera. —Cuando se movió a mi alrededor, acercándose a él, me interpuse en su camino y le agarré el brazo—. No puedes hacer eso.

Las náuseas se arremolinaron en mí y lágrimas brotaron de mis ojos.

Fūka sacó su brazo de mi agarre y me empujó a un lado. Cuando me tropecé hacia atrás, lo alzó bruscamente. Él empezó a llorar al instante.

Salté frente a la puerta y la bloqueé con mi cuerpo. —Espera, espera, espera. Lo siento. Vamos a hablar de esto.

—¡Sal de mi camino, perra! —Sus ojos eran salvajes. No me encontraba segura de que estuviera sobria. Tragué saliva e invoqué a todos los nervios de mi cuerpo para calmarme. Pero, oh mi Dios, nunca escuché a Boruto gritar así. Hizo que Sumire también empezara a llorar, y yo ya sabía que tenía lágrimas corriendo por mis mejillas. Solo quería tomar a mis dos bebés y sacar a patadas de mi casa a este pedazo de basura.

—Simplemente toma un respiro y piénsalo. Piensa en lo que le estás haciendo a Naruto.

Parpadeó, afectada por su nombre. Así que seguí insistiendo con eso. — Él se ha mantenido a tu lado toda la vida. Te ha ayudado siempre que lo has necesitado, y sabes que siempre lo hará.

Ahora también sus ojos se llenaron de lágrimas. —Oh, ¿por eso quería la anulación? ¿Por eso quiere adoptar a Boruto? ¿Para ayudarme? Tú y ese bastardo deben estar bastante unidos si te ha contado tanto acerca de mí. Creo que hace esto solo para que poder seguir follándote.

Apreté los dientes, molesta de que pudiera retorcer lo que teníamos Naruto y yo en algo tan pervertido. Pero tuve que tranquilizarme y pensar en Boruto. — Te equivocas. Naruto piensa en ti. Entiende que necesitas tu libertad, y trata de dártela. Quiere cuidar a tu bebé por ti. Lo dejaste aquí por eso, ¿no? Porque sabías que Naruto era la mejor persona para él. Y mira, se ha ocupado de él, ¿no?

Gesticulé hacia Boruto, pero gemía tan fuerte, que no creo haber hecho un muy buen razonamiento. Seguí suplicando—: Lo menos que puedes hacer es esperar aquí y hablar con él. Le debes mucho. —Luego, cuando llegara Naruto, la convencería de desistir de llevarse a nuestro pequeño. Tenía plena confianza en él. Pero no tenía confianza en mí misma y mi capacidad para mantener a Fūka aquí tanto tiempo.

Los niños seguían llorando. Si iba hacia Sumire, sabía que Fūka escaparía por la puerta, así que traté de tomarlo a él. Extendí los brazos tentativamente.

—¿Quieres que yo lo sostenga? Puedo conseguir que deje de llorar.

—Retrocede, maldición. —Se movió lejos de mí y me lanzó una mirada—. No me toques.

Bajé los brazos nuevamente. Se sentían vacíos sin él.

—Está bien. Déjame llamar a Naruto. Lo llamaré, y podrán hablar. —Él podía arreglar esto. Sabía cómo tratar con las mujeres irracionales, y más con ésta en concreto. Podía recuperar a Boruto.

La indecisión cruzó su rostro. Pero después de un momento, hizo un gesto brusco. —Está bien... está bien.

Alejarme de la puerta se sentía como la apuesta más grande de mi vida, pero lo hice, con mis piernas temblando todo el camino. Recogí a Sumire, la abracé y me senté al lado del teléfono. Tres intentos con los dedos temblorosos después, fui directamente al correo de voz de Naruto. Mi estómago se revolvió con inquietud. Le dejé un mensaje, y a continuación probé con el del club. No hubo respuesta. Traté el número de Sai, con la esperanza de que también estuviera trabajando esta noche.

Otra jodida sin respuesta.

Después, llamé a Ino. Atendió al cuarto timbrazo. —Por favor — sollocé—. Te necesito.

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Naruto

La noche era larga, lenta y terriblemente ruidosa en Shinobi's. Gaara se encontraba en el bar conmigo. Trabajaba con tranquila eficiencia, por lo que fácilmente llenábamos las órdenes. La música alta en la máquina de discos, y las mujeres bailando con todos los hombres que las seguían, empezaba a darme un dolor de cabeza. La misma maldita cosa cada noche. Solo quería llegar a casa con mi Lunita y acurrucarme a su alrededor, y tal vez por fin estar dentro de ella de nuevo. Pasó demasiado tiempo desde la última vez que lo hicimos. Sumire se sentía mejor, así que quizás…

Entonces vi una cara familiar atravesando la multitud, intentando abrirse paso a través de la gente. Fruncí el ceño y me acerqué a Ino cuando llegó a la barra.

—¿Qué haces aquí? Shimura no trabaja hoy.

—Lo sé. —Sus ojos azules eran grandes y brillantes cuando me agarró del brazo con fuerza—. Tienes que ir a casa. Ya mismo. Sai está en camino para reemplazarte.

La urgencia en su voz, el miedo en sus ojos hizo que apenas saludara a Gaara antes de saltar sobre la barra y correr hacia la salida.

Llegué a casa en un tiempo récord. No me di cuenta que Ino me seguía hasta que la encontré en mis talones, subiendo las escaleras hasta mi apartamento.

Abrí la puerta tan pronto como llegué. Hinata se paseaba dentro de la sala de estar, agarrando a Sumire contra su pecho. Por un momento, me sentí aliviado de encontrarla sana y salva. Entonces noté que lloraba fuertemente. Sus ojos se encontraban hinchados y rojos, su cabello era un desastre, y su rostro tan pálido como una tiza.

—¿Qué ocurre? —Me acerqué y agarré sus hombros con mis manos, dispuesto a matar a quien la alteró tanto. ¿Sumire empeoró? O su padre…

—Se ha ido —se lamentó—. Oh, Dios. Oh, Dios.

—¿Quién...? —Miré a mi alrededor, dándome cuenta de que Boruto no se encontraba en ningún lugar de la sala. Cuando me di la vuelta, la devastación en su rostro hizo que el hormigueo en mi piel se convirtiera en un nuevo tipo de terror—. ¿Dónde está Luchador?

Cerrando los ojos, se atragantó con un sollozo y se inclinó hacia adelante, llorando aún más fuerte—. Se lo llevó. Vino aquí y simplemente... lo llevó.

—¿Qué? ¿Quién? —La sacudí, necesitando que se enfocara—. Maldita sea, Lunita. ¿Qué demonios sucedió?

— Fūka. Ella se lo llevó.

Mis dedos se cerraron en reflejo. Por un segundo, estuve demasiado asustado para hablar. Entonces rugí—: ¿Y simplemente la dejaste?

Se salió de mi agarre y me miró, las lágrimas haciendo que sus ojos azules brillaran con una furia etérea. —Sí, Naruto, me hice a un lado y con alegría, sin una sola palabra de protesta, la dejé pasear por aquí y que se lo llevara. ¡Vete a la mierda! Por supuesto que no la dejé.

Se dio vuelta y buscó consuelo en Ino, quien de inmediato la abrazó, a ella y a Sumire. Me dolió verla buscando consuelo en otra persona, haciéndome notar lo duro que fui.

Maldiciendo, tiré de mi cabello y cerré los ojos. Sabía que debía pedirle disculpas, pero Boruto se había ido y no podía conseguir ir más allá de eso.

—¿Qué sucedió?

Dado que mi voz era más tranquila, levantó la cabeza del hombro de Ino y limpió las lágrimas de sus ojos. —Los vecinos llamaron a la policía. Nos gritábamos una a la otra y…

—Sí, sí. —Agité mi mano, irritado. Sabía lo fácil que era para la policía venir a nuestro lugar—. ¿Qué hicieron?

Negó con la cabeza, cerrando los ojos. —Dejaron que se lo llevara. ¿Qué crees que hicieron? Es su madre. Yo no tenía derecho legal de mantenerlo aquí. Incluso les dije que nunca en mi vida la vi y que no existía ninguna prueba de que fuera su madre. Pero luego ella suministró las pruebas. Traté de decirles que lo dejó hace meses… que no se encontraba en condiciones de tenerlo. Y preguntaron por ti. Les dije que estabas en el trabajo, pero no pude lograr contactarte... intenté todo. Lo siento mucho, Naruto. —Se volvió hacia Ino, llorando desconsoladamente—. Lo siento mucho.

—Es… —Quería decirle que estaba bien. Incluso extendí la mano para tocarle la espalda, pero acabé alejando mi mano para frotar mi cara; no podía superar el hecho de que mi hijo se hallaba allí afuera, con una drogadicta, haciendo Dios sabe qué—. Jesús. Tengo que encontrarlos. Tengo que... — Empecé a girar en círculos, tratando de pensar. Miré a las chicas, y me encontré con la mirada preocupada de Ino—. Voy a encontrarlos.

Estaba fuera de la puerta y corriendo por las escaleras antes de aspirar totalmente mi próximo aliento.

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Continuará….