DIEZ MIL LÁGRIMAS
Cuando los primeros rayos de sol comenzaron a entrar por los ventanales del templo de Virgo,
anunciando la llegada del alba, Natalie se despertó y no vió a Ásmita a su lado.
Al instante comprendió que él se había marchado rumbo a Jamir, el lugar en el que liberaría su última batalla.
Otra vez la tristeza se hizo presente, y los ojos se le llenaron de lágrimas. Antes de partir, él la había cubierto con una preciosa manta de terciopelo color bordó. Se había ido sin ella.
Se levantó para vestirse y comenzar con sus actividades rutinarias temprano, así podría luego viajar hasta Jamir para verlo una vez más... El recuerdo de la noche anterior la hizo sonrojar; había ido en contra de sus principios debido al sentimiento que llenaba su corazón desde que lo había conocido, un amor tan puro y tan grande, tal era lo que sentía por él. Se puso de pie lentamente, estaba un tanto adolorida, lo cual era comprensible, ya que le había entregado su virginidad a Ásmita; caminó envuelta en la manta hasta el cuarto de baño para refrescarse. Al verse frente al pequeño espejo que decoraba una de las paredes de la habitación, contempló su reflejo: su largo cabello castaño alborotado, sus labios enrojecidos y algo edematizados... pudo observar sobre su piel los rastros de la pasión de la noche anterior, ante lo cual no pudo evitar sonrojarse al recordar el calor de la piel de Ásmita sobre la suya. Pasó las yemas de sus dedos sobre sus labios suavemente, cerrando los ojos, rememorando el sabor de los besos del caballero.
Una vez que hubo terminado de arreglarse, salió de la casa de Virgo con paso apresurado; debía buscar sus materiales para revisar a los heridos que aún se encontraban convalecientes en el Santuario. Cuánto más rápido terminara con eso, más rápido podría ir hacia Jamir; estaba decidida a ir hasta allá para verlo una vez más.
Mientras tanto,en los aposentos papales, Sage se había despertado con un malestar más intenso que los días anteriores, su vista estaba borrosa y su cabeza parecía que iba a estallarle; se levantó y se dirigió hasta el gran ventanal por el que solía observar las estrellas por la noche, para tomar un poco de aire. Comenzó a presentar dolor en el abdomen, punzante, tan intenso que logró doblarlo debido a la gran intensidad del mismo; a esos síntomas se agregaron mareos. Caminó tambaleante hasta la mesilla que se encontraba en su habitación y estiró el brazo para tomar la campanilla para llamar al servicio, más sólo logró hacer que el objeto se cayera al piso y rodara. Todo a su alrededor de oscureció. Sage se desplomó antes de llegar a la puerta de su recámara.
Natalie se encontraba cambiando los vendajes a unos aldeanos heridos que aún se encontraban en el Santuario a la espera de recibir el alta médica luego del feroz ataque a Rodorio, mientras Pefko y el anciano sanador habían salido a comprar insumos para reponer los que habían utilizado durante los últimos días, puesto que ya tenían pocos materiales para seguir trabajando, y esperaban que en las próximas semanas las batallas por la Guerra Santa se recrudecieran y nuevamente tendrían una gran demanda de pacientes.
La joven trataba de realizar su trabajo de forma eficiente y con rapidez, ya que se encontraba sola para atender a los pacientes. En eso estaba cuando de repente, unos pasos fuertes y ruidos de lanzas se escucharon pasar junto a la casa del Sanador, luego se detuvieron, y entonces alguien tocó la puerta del improvisado consultorio médico.
Natalie se dispuso a abrir la puerta, y entonces uno de los guardias que custodian el templo del Patriarca ingresó abruptamente, y exclamó:
_ Señorita Natalie, debe acompañarnos enseguida, se le acusa de conspiración para asesinar al Santo Patriarca_ .
_¿Qué???¿Pero qué es lo que está diciendo?? ¡Yo no he hecho nada, jamás conspiraría para dañar a nadie y mucho menos al Patriarca!!!_ .
Otros dos guardias con sus armas ingresaron a la casa del Sanador y tomaron a la joven médica de sus brazos, y la llevaron por la fuerza en dirección al templo Papal.
Allí la arrojaron en uno de los fríos calabozos que están situados en los sótanos de dicho edificio, sin darle la oportunidad de defenderse.
_Esto no puede estar pasando... ¡Ásmita!! Perdóname por no poder estar a tu lado..._ , sollozó la joven mientras se acuclilló en un rincón del húmedo y helado calabozo y se cubría el rostro con las manos.
Así estuvo durante un largo rato, hasta que escuchó pasos acercarse. Frente a ella apareció un hombre que se identificó como el comandante de los guardias del Santuario.
_Usted está en este lugar por haber conspirado para asesinar al Patriarca; el día de ayer por la tarde le entregó unos frascos con unas sustancias en su interior, alegando que eran medicamentos, pero más tarde cuando nuestro Patriarca se disponía a cenar, ingirió esos preparados y hoy por la mañana temprano fue hallado inconsciente en el piso, y los frascos que usted le dió estaban allí, con signos de haber sido utilizados; por lo tanto es la única sospechosa y permanecerá aquí hasta que el Patriarca se despierte y se logren aclarar los hechos... espero por su bien que él sobreviva..._ , mencionó con un tono glacial y amenazante. _¡Soy inocente de lo que se me acusa!!! Es cierto que le llevé los frascos pero sí tenían medicamentos, ¡no eran nada malo!!! ¡Soy una sanadora, no puedo hacer daño a ninguna criatura viviente, ¿no lo entiende??!! ¿Cómo se encuentra el Patriarca? Ahora no hay ningún otro Sanador en el Santuario, mis colegas han salido a buscar materiales de curación y hierbas. El Patriarca necesita atención, ¡yo puedo ayudarlo!! ¡Por favor lléveme con él!!_ . _¿Para que termine su trabajo? ¡Ni lo sueñe!! Debe ser una sirviente de Hades que busca aniquilarnos desde dentro para tener ventaja en la Guerra Santa_ , dijo el comandante, luego se dió media vuelta y regresó por donde había venido.
Caminó por los largos pasadizos que se encontraban en donde estaban emplazados los calabozos, buscando un lugar desolado, y se escabulló por un oscuro pasillo; allí cambió de apariencia y volvió a ser la mujer morena de ojos negros que destellaban maldad.
Ya estaba cansada de tener que usar tanto tiempo esos disfraces. Una sonrisa macabra asomó en sus labios, al fin tenía en sus manos a la mujer que había visto en sus visiones y que había estado buscando durante tanto tiempo; podría ponerle fin a su existencia antes de que aquéllas se cumplieran. Entonces su señor estaría complacido.
Sage mientras tanto, se encontraba en su lecho, luchando por sobrevivir, presa de dolores abdominales cólicos, náuseas y vomitos; tenía la respiración acelerada, al igual que su ritmo cardíaco, y alternaba entre la consciencia la inconsciencia. La noticia de sobre su estado de salud se diseminó como reguero de pólvora por todo el Santuario, sin embargo, había hermetismo acerca de cuál era la causa de su mal.
Al enterarse de esto, Degel fue en busca de su amiga Natalie para solicitarle ayuda para salvar a Sage, pero no la encontró por ninguna parte; tampoco estaban en el Santuario sus colegas. Se dirigió entonces al templo Papal, donde exigió entrar a los aposentos de Sage. Luego de una acalorada discusión con los guardias que custodiaban las puertas de dicho recinto, Degel ingresó y fue directo al lecho en el cual yacía el anciano; tomó una de sus manos y éste se despertó.
_¡Querido Degel, eres tú! Debes hallar a Natalie pronto, el enemigo se ha introducido dentro de nuestro Santuario y ha tratado de envenenarme; la han acusado falsamente de eso, ¡pero ella es el verdadero objetivo! ¡No hay tiempo para explicarte ahora, sólo ve por ella y llévatela de aquí!! He oído a unos guardias murmurar que la tienen en los calabozos_.
Degel partió lo más rápido que pudo en dirección a los calabozos, tratando de no llamar la atención; encontró a su compañero de armas Shion de Aries que se dirigía a la recámara Patriarcal y le contó lo ocurrido además de lo que le había dicho Sage, por lo cual Shion ofreció su ayuda para desentrañar todo el problema. Juntos se dirigieron a los calabozos.
El comandante apareció frente a la joven médica de entre las sombras de un oscuro pasillo; tenía la mirada oscura y despedía un aura de maldad. Caminó hasta ella con paso sigiloso, luego habló:
_ Finalmente ha llegado tu hora muchacha... Mi Señor estará muy complacido con tu muerte... Ahora,
¡muere!!!_ .
De sus manos comenzaron a salir una especie de flamas color negro violáceo, que se extinguieron súbitamente cuando llegaron Degel y Shion quiénes atacaron al hombre, pero éste, con una rapidez inusitada, logró hacerse a la fuga. Ambos caballeros abrieron las rejas del calabozo y sacaron a la muchacha. _¿Cómo se encuentra el Patriarca Degel?? ¡Debes llevarme con él, soy la única que puede ayudarlo en este momento!_.
Degel y Shion arribaron junto con Natalie al templo y los aposentos del Patriarca, haciendo una parada previa en la casa del sanador, para que la joven pudiera abastecerse con algunos materiales para preparar un antídoto y administrarlo a Sage antes de que sea demasiado tarde. Cuando llegaron junto a él, Natalie se acercó hasta el Patriarca, que yacía en su lecho, presa del dolor que le producía el veneno en su sangre; lo examinó y le realizó un rápido interrogatorio, luego de lo cual se dirigió a los jóvenes caballeros y les dijo:
_ Ya sé cuál es el veneno que utilizaron, me apresuraré a preparar el antídoto y podremos administrárselo_ .
La joven comenzó a mezclar hierbas, semillas y flores varias y a triturar todo en unas pequeñas cazuelas, y cuando terminó, colocó el líquido obtenido en un frasco, y se lo dió a beber a cucharadas al Patriarca. _Ahora sólo queda esperar a que reaccione, espero que hayamos llegado a tiempo con el antídoto... _. Al cabo de un rato, que a Natalie le pareció una eternidad, Sage abrió los ojos, y se dirigió a la joven: _Pequeña, me encuentro mejor gracias a ti... Esto fue obra del enemigo, que ha logrado infiltrarse entre nosotros... Pero... ¿qué haces aquí todavía??Debes ir hacia Jamir, ¡no queda mucho tiempo! Ya cuidarán de mí Degel y tus otros colegas; ¡anda, apresúrate!!_ .
Luego de pronunciar estas palabras, Sage miró a Shion con una orden implícita en sus ojos, lo cual el caballero de Aries comprendió, asintiendo en silencio; tomó a Natalie de la mano y se teletransportaron a Jamir.
Llegaron en el momento en que se estaba desarrollando una gran batalla; dos caballeros desconocidos parala joven médica estaban librando una encarnizada lucha contra varios espectros, los cuales parecían no sufrir daño alguno con los ataques, puesto que al caer supuestamente muertos, se volvían a levantar. Shion y Natalie se encontraron con el maestro del primero, Hakurei de Altar, hermano gemelo de Sage; en ese momento, una potente y brillante luz cegadora comenzó a irradiarse desde el punto más alto del edificio en el que se encontraban, e invadió todo el lugar y también los alrededores del mismo. Hakurei y Shion se miraron entre sí y luego a Natalie; había comenzado el final.
_ Sube, muchacha, él está arriba; apresúrate, ya no queda tiempo, y él...te está esperando..._ , musitó el caballero de Altar.
Con un nudo en el pecho, la joven se echó a correr escaleras arriba, hacia el lugar desde el que se emanaba esa luz tan brillante; cada paso que daba su corazón se aceleraba y sentía que el aire comenzaba a faltarle. A trompicones, consiguió llegar hasta arriba, y entonces lo vió.
Estaba intercambiando unas palabras con un jovencito que vestía la armadura de Pegaso; supuso que debía ser Tenma, el discípulo de Dohko de Libra.
Se veía tan magnífico con su resplandeciente armadura dorada y sus largos cabellos dorados ondeando libres con el fresco viento de la noche de Jamir, tenía sus ojos abiertos; esos ojos que me maravillaron y hechizaron y que veo en mis sueños... Él...puede ver en estos momentos, ¿cómo es posible? Al notar mi presencia, Ásmita se giró hacia mí y me sonrió ampliamente:
_ Natalie, has llegado a tiempo...Eres mucho más hermosa de lo que había imaginado, y tan joven...Nunca te menosprecies, y no permitas que nadie te haga sentir menos... Tú fuiste mi luz en la oscuridad en la que he vivido toda mi vida...Me enseñaste que había un mundo lleno de sentimientos maravillosos, me otorgaste la dicha de ser amado y de amar... Natalie, te amo y te amaré por siempre y para siempre..._ , me dijo mientras me acariciaba tiernamente la mejilla con una de sus manos , luego de lo cual me estrechó entre sus brazos en un abrazo fuerte, que parecía querer unir todos los pedazos de mi alma que se estaba rompiendo en esos momentos.
_Te amo, Ásmita, siempre vivirás en mi corazón..._ , sollozé contra su pecho.
Repentinamente, comencé a sentir como el frío comenzaba a invadirme y a reemplazar el calor de sus brazos; levanté la vista hacia él y pude observar que su cuerpo ya no era físico, sino una silueta luminosa y casi transparente. El llanto brotó de mi garganta al ver que paulatina y lentamente iba desapareciendo:
_¡Ásmita!!! ¡No te vayas!!! _ , grité con desesperación; él me miró con sus magníficos ojos azul turquesa que tanto me habían deslumbrado, y me dedicó una última sonrisa, la más maravillosa que había visto, y susurró unas palabras:
_¡Resiste, tu luz fue hecha para que brilles en la oscuridad! No estarás sola... Nos volveremos a ver..._ .
Y desapareció en destellos de múltiples colores, que se elevaron con la brisa y ascendieron al cielo estrellado. Mis rodillas se doblaron y caí al piso en un acceso de llanto, con el alma desgarrada por haber perdido al único hombre que había amado en toda mi vida. Todo lo que quedaba de él era la armadura de Virgo, que tenía entre sus manos, que aún conservaban restos de su sangre, un rosario.
El rosario de las 108 cuentas que ayudaría a sellar las almas de los espectros de Hades y así evitar su resurrección. Ésa era su contribución a la Guerra Santa, su sacrificio para que sus compañeros de armas pudieran ganarla. Él dió todo su cosmos, y hasta su vida para lograrlo. Y al hacerlo, se llevó la mía también.
CONTINUARÁ...
