CAPÍTULO OCHO
Bella/Marie
¿Por qué me dolió enviarle ese correo electrónico? Sentía el pecho como si estuviera en llamas, y mi corazón y mi cerebro se balanceaban en un péndulo de lujuria y vergüenza. Sentí que perdía a un buen amigo al dejar ir a Edward, pero sabía que era mejor alejarme de él ahora en vez de esperar a volver a casa.
Con un gran vaso de vino, intenté concentrarme en otra cosa, en cualquier cosa, pero no sirvió de nada. Hasta ahora, lo único que salió de esta pérdida, lo único que ayudaba a calmar un poco más el dolor, era la foto de su polla. Había escrito cinco nuevas escenas de sexo usándola como medio de inspiración, atrapada en esta habitación.
Y anoche, mientras estaba en la cama, miré su foto y la usé como musa. Me froté descaradamente el clítoris mientras lo imaginaba deslizando su lengua contra mi coño y haciéndome gritar su nombre.
Vaya. Es hora de escribir otra escena de sexo.
Abrí mi computadora portátil y descorché mi segunda botella de vino de la noche. Mientras abría el documento Strangers in Spokane, un fuerte golpe sonó en mi puerta.
—¡Ya voy, ya voy!— me abotoné la camisa y agarré unos cuantos billetes de mi mesita de noche.
Este hotel tenía un gran ojo para el servicio; me traían vasos de vino nuevos cada pocas horas como si supieran que me comprometí a beber durante toda mi estancia. Me acerqué a la puerta y la abrí.
—Muchas gracias por...— mis palabras se atascaron en mi garganta al ver a Edward.
—Hola, Marie— dijo, con voz profunda.
Jadeé, incapaz de decir nada más con él tan cerca de mí. Sus labios se curvaron con una sonrisa, y sus hermosos ojos se encontraban fijos en los míos. Con un aspecto aún más sexy que ayer, llevaba una camiseta negra que abrazaba los músculos del pecho y unos vaqueros azul oscuro que mostraban de nuevo su "V" perfectamente tallada. Nos quedamos mirándonos varios segundos, ninguno de los dos hizo un movimiento, ninguno de los dos encontró las palabras correctas para decir.
—Hola, Anthony...— fue todo lo que pude pensar en pronunciar. Mis pezones se endurecieron bajo mi blusa mientras se lamía los labios, y mis bragas ya estaban empapadas.
—¿Vas a hacer que me quede aquí afuera?— preguntó —¿O me vas a dejar entrar en la habitación para que podamos hablar?—
—No estoy segura— mi corazón se aceleró cuando se acercó, cerrando la brecha entre nosotros —no creo que haya nada que tengamos que decirnos ahora mismo...—
—Tienes razón— de repente presionó sus labios contra los míos, besándome hasta dejarme sin sentido en segundos. Sin decir una palabra, me rodeó la cintura con sus brazos, avanzando lentamente mientras yo retrocedía hacia la habitación. La puerta se cerró de golpe detrás de nosotros, y me empujó contra una ventana.
—Ahhh...— gemí mientras usaba sus caderas para inmovilizarme. Me mordió con fuerza el labio inferior y lo chupó entre los dientes cuando intenté controlar nuestro beso. Me miró y me dijo:
—No lo intentes de nuevo— y deslizó su lengua contra la mía, tomando el control total de mi boca. Agarré un puñado de su cabello mientras seguía dominándome. Su beso seguía un ritmo rápido e imprudente que no entendía, pero tampoco quería que dejara de tocarme.
De repente, apartó su boca de la mía y me abrió la camisa, haciendo que los botones volaran por toda la habitación. Presionó sus labios contra mi cuello, besando lentamente mi piel y mordiéndome burlonamente, dándome largos y profundos besos que seguramente dejarían huella.
—Joder...— cerré los ojos mientras frotaba con su mano mi espalda desnuda y me desabrochaba el sujetador con facilidad. El encaje cayó hacia adelante, y él chupó con fuerza el pezón derecho en su boca, usando su otra mano para acariciar y provocar al izquierdo.
Girando su lengua alrededor de cada uno de ellos hasta que estuvieron duros, hizo que me rindiera a él en un éxtasis total. Agarró la cuerda de mis pantalones de chándal y tiró, ordenándome silenciosamente que me los quitara. Mientras obedecía, se quitó la camiseta por la cabeza, mostrando un perfecto conjunto de abdominales. Manteniendo sus ojos en mí, se desabrochó los pantalones y lentamente se los quitó, dejando sólo un par de calzoncillos azul marino entre nosotros.
—Esto es lo que quieres, ¿verdad?— me agarró la mano y la colocó contra su bulto, usando mi mano para frotarla —sácala— dijo, con la voz ronca.
Asentí, metiendo una mano dentro en la tela y mordiéndome el labio inferior mientras liberaba su polla. Entonces me di cuenta de que ninguna foto le haría justicia. Estaba duro como una roca, definitivamente veinticinco centímetros, esperando ser enterrado en lo más profundo de mi coño.
No tuve la oportunidad de mirarla mucho tiempo. Su boca encontró la mía otra vez, y desató un oscuro torrente de besos dominantes. Traté de alejarme de él entre respiraciones, para ponerme de rodillas y probar su polla, pero no me dejó.
—Puedes tragarte mi leche mañana— susurró.
Deslizó sus manos entre mis muslos, ahuecando mi coño húmedo antes de meter un dedo. Arqueé la espalda mientras metía otro dedo, y luego presionó su pulgar contra mi clítoris y lo frotó hasta que se hinchó contra la punta de sus dedos. Nunca había estado tan mojada, tan al límite y con tanta ansiedad.
—Oh, Dios mío...— murmuré mientras presionaba su polla contra mi muslo. Sin avisar, apartó la mano y se agachó, sacando un condón del bolsillo del pantalón. Me lo dio y lo enrollé lentamente sobre él.
—Sube a la cama— dijo, con una mirada caliente.
Accedí y me acerqué a ella, sentándome en el borde. Sonrió y me siguió rápidamente. Luego me agarró de los tobillos y me dio la vuelta para que estuviera de cara al espejo de pared completa al otro lado de la habitación. Sus ojos se encontraron con los míos en el reflejo mientras se colocaba detrás de mí. Parecía cada vez más dominante de esta manera, en el no tan lejano espejo.
—En cuatro patas— susurró, usando una mano para provocar mi hendidura y la otra para darme un azote. Con los ojos todavía clavados en el espejo, presionó su polla contra mi coño y me penetró de una sola embestida.
—Joder... Joder...— mis dedos agarraron las sábanas mientras se enterraba más profundamente, empezando a meterla y sacarla y a follarme más fuerte de lo que nunca me habían follado.
Usando sus caderas para mantenerme bajo su control, siguió el duro e implacable ritmo, haciéndome gemir más y más fuerte con cada embestida. Cerré los ojos y grité con total placer mientras poseía mi cuerpo con el suyo, pero en cuestión de segundos me estaba tirando del cabello.
—Abre los ojos, Isabela— dijo, susurrando —quiero que me mires mientras te follo...— los mantuve cerrados.
Me tiró del cabello un poco más fuerte y me dio un azote en el culo, obligando a mis ojos a abrirse. Mis ojos se encontraron con los suyos en nuestro reflejo, y capturé la visión de nuestros cuerpos entrelazados, nuestro sexo.
Me dio un largo y duro beso en el hombro, y luego empezó a follarme aún más fuerte. No podía quitarle los ojos de encima. Me quedé paralizada al verle moviéndose contra mí, lo jodidamente perfecto que era metiendo su polla en mí. Sintiéndome más excitada que nunca, deslicé una mano entre mis muslos y presioné dos dedos contra mi clítoris hinchado.
Gemí de placer ante la yuxtaposición de nuestros ritmos, y me di cuenta de que él estaba ahora paralizado por mí. Observaba cómo tomaba cada embestida, moliéndome contra él e igualando todo lo que me daba.
—Joder, Isabela...— gimió, y me agarró del cuello, apretándolo suavemente. Mi coño palpitaba contra su polla, y lentamente soltó su mano arrastrando su lengua contra el pliegue de mi espalda, susurrando —Quiero que te vengas en mi polla, Isabela...— volví a dejar caer mis manos sobre las sábanas, arañándolas cuando los temblores comenzaron a viajar por mi columna vertebral, mientras mis piernas comenzaron a temblar bajo él.
—Voy ahhhh...— gemí —voy a... voy a...—
—Sí...— susurró —lo sé...— eché una última mirada a nuestro reflejo, viéndolo embistiéndome, y grité su nombre mientras me deshacía debajo de él.
Oh, Dios mío...
Sentí que me penetraba unas cuantas veces más, agarrándome las caderas y llegando a su propio orgasmo. Nuestro jadeo sin aliento fue el único sonido en la habitación durante varios minutos, excepto por los pocos besos húmedos que depositó en mi hombro desnudo.
—Ya vuelvo— dijo, saliendo lentamente de mí.
Me tragué un suspiro por la pérdida de contacto, queriendo sentirlo dentro de mí otra vez. Momentos más tarde, metió su mano debajo de mí y me dio la vuelta. Me miró fijamente mientras arrastraba su mano desde mi cuello hasta mi estómago y otra vez entre mis muslos.
—¿Te vas ahora?— pregunté, con la voz ronca.
—Por supuesto que no— sonrió, agarrando mis tobillos y abriendo mis piernas un poco más —tenemos siete meses de follar con los que ponernos al día...
El sonido de la lluvia chocando con las ventanas hizo que mis ojos se abrieran de golpe a la mañana siguiente. Justo cuando pensé que había alguna posibilidad de que la noche anterior fuera un sueño, me di cuenta de que estaba envuelta por los brazos de Edward, con mi culo presionado firmemente contra su polla. Quería fingir que lo de anoche era un borrón, pero no podía. Recordaba vívidamente cada lugar de mi cuerpo donde me había besado y dominado.
—Buenos días...— me besó el cabello y me apretó un poco más fuerte antes de sentarse. Me di la vuelta para enfrentarlo, completamente saciada y confundida. Deslizo una mano por mi muslo desnudo, manteniendo sus ojos en los míos.
—¿Estás bien?—
—No estoy segura.—
—¿Por qué?—
—Porque creo que sí que tenemos algunas cosas de las que tenemos que hablar.—
—Hmmm— sonrió y salió de la cama. Se acercó a mi lado y me agarró las manos, levantándome —vamos a resolverlo en la ducha, entonces.—
—Espera— dije, conteniéndome —¿Qué pasa ahora?—
—¿Qué quieres decir?—
—Con nosotros, con esto...— mi voz se fue apagando —quiero decir, sé que no podemos ir mucho más allá de lo de hoy, y voy a volar a casa al final de la semana, así que...— intenté apartar la mirada de sus ojos, pero no pude —¿Vamos a seguir escribiendo cartas a través de la aplicación y actuar como si esto nunca hubiera pasado o...?— el resto de mi oración terminó en sus labios y agarró mi rostro con sus manos, besándome hasta dejarme sin aliento. Cuando se alejó, tomé una respiración y arrastró un dedo contra mis labios hinchados.
—Hicimos planes para el fin de semana en nuestras cartas— dijo, levantando mi barbilla con la punta de sus dedos —así que nos quedaremos en este hotel hasta la mañana siguiente, y podremos empezar con un brunch en el lugar del que te hablé antes de regresar a casa conmigo.—
—¿Entonces haremos algunas cosas de turista?—
—No— dijo, sonriendo —eso no fue lo que discutimos en absoluto.—
—No puedes pensar que follaremos toda la semana.—
—Puedo— dijo, besándome otra vez —porque, después de que te tragues mi leche en esta ducha, eso es exactamente lo que vamos a hacer.—
