ENTRE CARTAS Y MENTIRAS
CAPÍTULO 9
CAPRICHO O AMOR
El sol comenzaba a ponerse más fuerte y ambos rubios entre risas y miradas tiernas decidían terminar al ver que ya habían avanzado bastante en ese tiempo. El señor Whitman les agradeció a ambos por su ayuda y él continuó su labor para poder tener todo listo para esa noche.
Anthony observó que la piel de Candy estaba algo enrojecida y sonrió apenado.
-Tu piel está roja. – Dijo a la pecosa quien lo miraba aún como quien mira a una visión.
-Tú también. - Dijo la rubia, pero ella ya había notado que la blanca piel del rubio ahora estaba tostada por el sol.
-Ven conmigo. – Dijo Anthony tomando a Candy de la mano y llevándola dentro de la mansión rumbo a la cocina. – Dorothy ¿Podrías proporcionarme un poco de leche en una vasija por favor y algunas prendas para poder hacer de compresas? – Candy lo miró confundida al igual que Dorothy, sin embargo esta última no se detuvo mucho en obedecer y el rubio aclaró a la rubia.
-Por supuesto joven Anthony. - Obedeció con simpatía.
-Necesitas calmar lo rojo de tu rostro o de dolerá bastante. – Dijo para que Candy comprendiera. Ella sonrió agradeciendo su preocupación. – Siéntate aquí. – Le dijo sin quitar su mirada de ella. Dorothy llegó con lo solicitado y Anthony mojó uno de los trozos de tela en la leche y la colocó en su frente. Candy se sobresaltó al sentir la cercanía del rubio comenzando su corazón a latir impaciente.
-Yo puedo hacerlo. – Dijo tímida. – O Dorothy puede ayudarme. – Dijo para librarse de aquel contacto que la ponía tan nerviosa y ansiosa, un sentimiento nuevo que no sabía como manejar.
-Lo siento señorita Candy. – Dijo Dorothy, yo tengo que llevar el desayuno a la señora Elroy y al Sr. William. – Dijo a modo de excusa y Candy la observó confundida guiñándole esta un ojo a la rubia cómplice de aquel movimiento. Candy se sonrojó aún más al pensar que Anthony se diera cuenta de todo ello.
-No te preocupes Dorothy, yo puedo hacerlo. – Dijo Anthony tranquilo para que Dorothy siguiera con sus labores. A Candy no le quedó de otra más que dejar que Anthony le ayudara a mitigar lo rojo de su rostro, pero con cada roce y con cada mirada el latido de sus corazones se alebrestaba de inmediato, intercambiando miradas que más de una ocasión les había hecho olvidar que no estaban juntos, deseando ambos suprimir aquella distancia tan mínima que los separaba, sin embargo Anthony parecía tan tranquilo que esto hacía que Candy desistiera de sus pensamientos.
-Tranquila Candy, él solo te está ayudando. – Se decía la rubia para no dejarse llevar por aquel sentimiento.
-Tranquilo Anthony, ella sigue sufriendo por él. – Se decía Anthony sin pensar ninguno en la relación que tenía el rubio con Gabriela, la cual para él era cada vez más insostenible.
Mientras los rubios continuaban con su labor, Elisa y Gabriela continuaban juntas pasando más tiempo al lado de Neal quien aprovechaba cualquier oportunidad para halagar o quedar bien con aquella chica. Gabriela se divertía con ellos y le gustaba su manera de ser tan desinteresada de la vida algo que le llamaba la atención, ya que ella siempre se la había vivido en fiestas y desde que andaba con el soltero más codiciado de Florida, por tal de agradarlo había suspendido la mayor parte de sus actividades sociales, pero al conocer a los Leagan y no saber mucho de ellos le divertía pasar tiempo a su lado, aunque a veces los encontraba que se creían muy "orgullosos y superiores" en comparación del resto de la familia.
-Dorothy ¿Has visto a Anthony? – Preguntó Elisa a la mucama quien venía saliendo de la cocina, lugar que ni de broma Elisa pisaría.
-Lo siento señorita Elisa, no lo he visto. – Respondió Dorothy mintiendo a la odiosa joven que ella solo toleraba por ser su patrona, sin embargo al saber a Candy y Anthony juntos no quiso importunarlos y mucho menos causar pena en Candy. – Con su permiso. – Dijo sin agregar más dirigiéndose al comedor para atender al Sr. Y la Sra. Andrew. Ese día por la presentación nadie había estado obligado a presentarse al comedor y cada uno decidió tomar sus alimentos cuando lo creyeran conveniente.
-¡Es una igualada! – Dijo Elisa molesta por la actitud de Dorothy, que si bien no era grosera, para ella era poco amable. – Pero no te preocupes, vamos a seguir buscándolo. – Dijo mientras jalaba a Gabriela para encontrar a Anthony, habían ido a todos los lugares posibles, menos a la cocina aquella área era una que nunca era frecuentada por la caprichosa chica.
-No entiendo cómo mi primo es capaz de dejarte tanto tiempo sola. – Decía Neal a Gabriela, mientras ella se sonrojaba por aquellas palabras que a leguas se veían no eran inocentes.
-Anthony es muy serio. – Decía Gabriela. – Siempre tengo que ser yo la que tome la iniciativa. – Decía haciendo plática ahora respecto a su noviazgo.
-Pues si tú fueras mi novia, no te descuidaría tanto tiempo, mucho menos con tanto caballero interesado. – Decía sacando una falsa simpatía, una que era muy lejos de demostrar con cualquier chica, solo para ella y para poder molestar a su primo y de paso si molestaba a Candy mucho mejor.
Gabriela sonreía sonrojada por los comentarios zalameros que hacía Neal, sobre todo porque a pesar de seguir encandilada con Anthony, eso no le impedía ver que realmente todos en aquella familia eran bastante atractivos, pero aquel moreno era el más atento con ella y eso le gustaba, más al ser una chica que siempre había sido asediada y pretendida por varios chicos, pero ella se había encaprichado con el que nunca la había tomado en cuenta en plan amoroso, solo como el de una amiga más, igual que a las otras chicas que lo habían buscado, solo que su insistencia y haber llegado en un momento de debilidad para Anthony la había hecho la acreedora a aquel alto honor.
-Eres muy amable Neal. – Respondió confiada en que le decía la verdad. – Pero Anthony siempre ha sido un caballero y me da mi espacio. – Decía, pero comenzaba a darse cuenta que todos se habían percatado del poco interés que Anthony siempre había mostrado en ella.
-Pues ten cuidado. – Dijo Elisa. – Anthony es un hombre muy guapo y cuando vivía en Lakewood más de una quiso conquistarlo. – Dijo obvio sin incluirse ella en el paquete. – Como Candy, pero él nunca la tomó en cuenta. – Dijo recordando con molestia como era ella la rechazada una y otra vez por el rubio.
-¿Candy? – Preguntó sobresaltada ya que ella había notado cierta inclinación de Anthony por ella, pero se había querido hacer de la vista gorda al suponerla inferior a ella e incluso a Elisa.
-Sí, pero no te preocupes, aunque a él no le interesa tal vez ella se encargue de volver a acosarlo. - Decía Elisa con saña, divertida de ver las expresiones de angustia de la chica, como siempre se divertía con el que pudiera hacerlo. – Por eso yo no dejo a Patrick ni un minuto solo cuando ella está cerca y no por él, porque sé que le gustan las chicas elegantes y con clase, pero no me fío de ella, pasó lo mismo con Terry, él estaba interesado en mí en el Colegio y de pronto Candy se le metió entre los ojos hasta que lo comprometió tanto que terminó yéndose con ella. – Decía contando todo a su conveniencia de una manera tan legítima que hasta ella se convencía que así había sido realmente. – Pero no le duró mucho el gusto, cuando Terry conoció a una actriz en el teatro donde trabaja la dejó sin dudarlo, aunque tampoco es gran cosa esa actriz, es una chica simple y además coja. – Dijo despectiva al hablar tanto de Candy como de Susana. Gabriela la escuchaba hablar, sin embargo no la seguía mucho al pensar que Anthony tuviera algo con Candy, le preocupaba más al saber ahora que serían pareja en el baile de esa noche.
Mientras los Leagan seguían paseando con Gabriela hablándole todo a su conveniencia, Anthony acompañaba a Candy a su habitación.
-¿Te sientes mejor? – Preguntó aún preocupado por la pecosa, sin embargo ya tenía el rostro con un aspecto más normal.
-Sí, muchas gracias. – Respondía Candy tímida cuando llegaban a la puerta de su habitación, quedándose de pie fuera de ella mientras ambos quedaban frente a frente.
- Me alegro, pero quiero darte algo más. – Dijo el rubio de nuevo. – Solo espera un segundo. – Dijo apresurándose a su habitación, volviendo unos minutos después para entregarle a Candy una pomada para su rostro y brazos.
-¿Qué es esto? – Preguntó cuándo tomó el tubo de la pomada.
-Es una pomada de aloe vera, te servirá, te ayudará a eliminar por completo la molestia. – Decía con una sonrisa.
-Pareces un experto. – Dijo Candy correspondiendo a la sonrisa que él le dedicaba. Anthony levantó los hombros despreocupado.
-Cuando llegué a Florida tuve que buscar la manera de aliviar mi piel. – Dijo recordando cómo el sol le quemaba cuando recién llegó a aquel lugar, debido a lo blanco que era, era muy fácil que sufriera daño solar y aunque el sol de Chicago era menos intenso no quería que por la noche el rostro de Candy luciera enrojecido y quemado. Ambos se quedaron sin más que decir mirándose uno al otro a los ojos, nerviosos, mientras de nuevo se perdían en la profundidad de sus miradas.
-Gracias… - Dijo Candy colocando su mano en la puerta de la habitación, indicándole que entraría. Anthony asintió aceptando un tanto frustrado el dejarla ir, pero sabía que no podía detenerla por más tiempo.
-Te veo más tarde. – Dijo Anthony con una sencilla reverencia para permitir que ella entrara y poder así retirarse de su habitación. Candy le volvió a sonreír y terminó de cerrar lentamente la puerta, sintiéndose también igual que él frustrada por no tener un motivo válido para él para quedarse más tiempo juntos. Suspiró pesadamente y se recargó en la puerta quedándose así con tantas palabras atoradas en su garganta. Se colocó la pomada en su rostro y sintió mayor alivio, decidió dormir un poco más antes de la presentación.
Anthony por su lado se quedó uno minutos más en la puerta, como esperando o deseando que ella volviera a salir y le dijera que lo amaba y que estaba así de nerviosa porque no se atrevía a confesárselo, sonrió triste al darse cuenta que se había dejado llevar una vez más por sus deseos.
-¡Anthony! – Dijo una voz chillona que conocía muy bien cuando se dirigía ya a su habitación. – Te hemos estado buscando. – Dijo refiriéndose a ella y Gabriela.
-¿Sucede algo? – Preguntó sin interés.
- No, pero Gabriela ha estado muy abandonada por ti. – Dijo Elisa según para defender a Gabriela.
-Qué bueno que me lo dices. – Dijo sin quitar la mirada de la chica. – Necesito hablar contigo Gabriela. – Dijo más amable cuando se dirigió a ella. – Gabriela asintió nerviosa sintiendo una mala corazonada en su pecho. Anthony ofreció su brazo cual caballero. – Con tu permiso Elisa. – Dijo mientras se dirigían rumbo a las escaleras para hablar en la biblioteca con ella, lejos de la presencia de su prima.
-¿Qué sucede? – Preguntó Gabriela a Anthony quien no respondió nada por estar aún cerca de Elisa, quien los miraba curiosa como queriendo saber lo que hablarían entre ellos y que ella no podía escuchar.
Llegaron a la biblioteca y el rubio le dio el pase a la chica, la trataba con cuidado, siendo amable con ella, no la amaba pero eso no le quitaba el trato que merecía solo por el hecho de ser su novia.
-He notado que te has acercado mucho a Elisa. – Inició su plática con ella.
-Sí, es una linda persona aunque un poco parlanchina. – Dijo ante el asombro de Anthony.
-¿En verdad te lo parece? – Preguntó incrédulo mientras ella asentía.
-Ella y su hermano son los únicos que me han puesto atención. – Dijo a modo de reproche, cosa que Anthony supo interpretar muy bien. Suspiró tomando paciencia para otro reproche más de los muchos que recibía de ella.
-Cuando te comenté de este viaje, no era para que me acompañaras. – Dijo tranquilo, Gabriela bajó la mirada tímida, sabía que era la verdad y que ella se había empeñado en acompañarlo para escapar de la vigilancia de sus padres y según ella animarlo un poco más en su trato, buscando un poco más de aquel único beso que habían compartido tiempo atrás. – Sabías que no era un viaje de diversión, sino de negocios, a pesar de que la presentación de mi tío será en una gran fiesta no quita que yo esté aquí por negocios familiares. - Le volvió a repetir una vez más.
-¿Eso es verdad? – Preguntó dudosa al recordar a Candy.
-¿A qué te refieres? – Preguntó ahora él sintiendo que había algo detrás de aquella pregunta.
-Lo que sucede es que Elisa me dijo que Candy… - Al mencionar el nombre de la chica que amaba junto al de Elisa lo hizo tensarse de pronto y se puso atento a lo que diría.
-Candy es una buena chica. – Dijo rápidamente evitando escuchar las tonterías que Elisa inventaba siempre de ella. – Además yo la respeto y te respeto a ti. – Dijo seguro de sus palabras.
-Lo sé, pero ella dice… - Volvió a insistir.
-Gabriela... Elisa no es de fiar, ella no tolera a Candy, nunca lo ha hecho. – Dijo de nuevo defendiendo a Candy. – Además no hay chica más noble y respetable que Candy en la familia. – Gabriela lo miró no muy convencida, lo único que había notado era aquel particular brillo que desprendían sus ojos cuando mencionaba a la rubia.
-Ella es con la única que puedo platicar. – Dijo refiriéndose a Elisa.
-Bien, si te sientes a gusto con su compañía, pero no por ello yo voy a pasar tiempo con ella y mucho menos con su hermano. – Dijo recordando al odioso de su primo.
-Muy bien. – Dijo Gabriela saliendo de la biblioteca para irse a su habitación y comenzar a arreglarse. Anthony permaneció en aquel lugar, pensando acelerar las cosas con Gabriela y romper aquel noviazgo, volvería Florida, hablaría con sus padres y continuaría con su vida. Suspiró al pensar en Candy y su lindo rostro, pero al saberla ahora con el corazón roto no le animaba a acercarse a ella, ya que sabía que debía estar vulnerable, así había aceptado a Gabriela, cuando en otras circunstancias ni aunque le hubiese llorado la hubiera aceptado. Suspiró nuevamente cansado por aquella situación, pero sabía que solo era él el único responsable de todo.
-¿Qué sucede? – Preguntó Stear palmeando su hombro, sorprendiéndole aquel movimiento.
-Nada. – Respondió con la misma actitud.
-Pues para no ser nada, parece mucho. – Dijo el inventor.
-Necesito hablar con Gabriela. – Habló para sacar aquella incomodidad.
-¿Y qué te detiene? – Preguntó Stear tranquilo.
-Nada, solo la presentación. – Dijo de nuevo. – Mañana que todo haya pasado, regresaremos a Florida de inmediato y así hablaré con su padre. – Explicó a Stear sus planes.
-¿Te irás tan rápido? – Preguntó sorprendido.
-No tengo más que hacer aquí. – Dijo viéndolo a los ojos. Stear torció los ojos hasta ponerlos en blanco.
-¿Y Candy? ¿Te irás sin hablar con ella? – Insistió con lo mismo.
-Stear, ella está vulnerable por el rompimiento con Grandchester. – Stear iluminó su rostro porque pensó que ya había hablado con la rubia, sin embargo lo asaltaba la duda de aquella afirmación que le hacía su primo.
-¿Ella te dijo eso? – Preguntó extrañado.
-No hubo necesidad. – Dijo aparentando serenidad. Stear lo escuchaba sin interrumpir esperando que continuara. – Escuché sin querer una plática entre Elisa y Gabriela. – Dijo no muy orgulloso por revelar su fuente.
-¿Elisa? ¿Ella que sabe de eso? De seguro puso todo en contra de Candy. – Dijo el inventor seguro de que era así. Anthony sonrió de lado.
-Dijo que Grandchester la había cambiado por una actriz. – Explicó a grandes rasgos, lo único que a él le importaba era que se había separado del actor, independientemente de los motivos que los hayan orillado a ese resultado, sabía que Candy estaría lastimada.
-Ninguno de nosotros sabemos los motivos de esa separación, Candy siempre se mantuvo hermética en ello, nunca habló ni mal ni bien de Terry, simplemente tomaron caminos diferentes. – Decía para que Anthony comprendiera que Elisa era la que menos información tendría de aquella relación.
-Pero ella está dolida Stear, tiene el corazón roto… está vulnerable, y yo sé bien lo que es un corazón roto. – Dijo sin dejar de ver a su primo quien lo estudiaba detenidamente.
-Tal vez sí tiene el corazón roto. – Se aventuró a decir Stear. – Pero no por Grandchester como supones. – Dijo de nuevo. Anthony lo miró confundido, sin embargo no alcanzó a preguntar. – Sino por un chico tan terco y necio que reapareció en su vida de pronto con novia, cuando ella esperaba que llegara ilusionada arreglando todo lo necesario para una gran cena y no le quedó de otra más que salir corriendo de la mansión inventando que tenía que ir al hospital cuanto tiene meses que ya no trabaja ahí. – Terminó de hablar Stear quien se había soltado hablando de corrido para que entendiera por fin su primo de lo que hablaba.
-¿Qué estás diciendo? – Preguntó para cerciorarse que había escuchado correctamente.
-Que eres tú quien le rompió el corazón y no una, sino dos veces, y aunque la primera tú no tuviste culpa eso no quita que se le haya roto el corazón. – Dijo de nuevo. Anthony estaba incrédulo a lo que decía el inventor, pensando en esa posibilidad. – Candy terminó su relación con Terry hace varios meses y él no vino a disculparse con el tío Albert, Candy estuvo triste un tiempo, pero después comenzó su vida normal, vivió con Albert otro poco después de ello y cuando la tía abuela la quiso comprometer con Neal, ella descubrió la identidad del famoso tío abuelo, después la tía abuela la aceptó por fin como miembro e hija adoptiva del tío y se ganó su cariño.
-Sí, me pude dar cuenta de ello, ambas se quieren. – Dijo el rubio con una sonrisa, feliz de que por fin la tía abuela se hubiera dado la oportunidad de conocerla. – Pero me cuesta creer lo que dices Stear. – Dijo insistente.
-¡Anthony, entiende! – Dijo Stear tallándose la cara y comenzando a caminar de un lado a otro en señal de ansiedad.
-Stear ¿Cómo quieres qué entienda si ellos mantuvieron una relación muy larga? Mucho más larga de la que nosotros tuvimos o mejor dicho de la que nunca empezamos. – Dijo levantándose también de su lugar y comenzando a moverse detrás de Stear.
-¿Larga? ¿Cuál relación larga? Lo de ellos comenzó por carta cuando él estaba estudiando para ser actor, Candy y él estuvieron más de un año sin verse después de que él abandonó el colegio. – Anthony lo escuchó atento. – No debería de decirte esto porque yo no soy Candy, pero cuando se enteró que iríamos por ti para la presentación estaba muy emocionada, feliz, y cuando llegamos de Florida casi nos mata por saber cómo estabas y cuándo llegarías, se la pasó tarareando aquel vals que bailaron en su primer baile, parecía un colibrí revoloteando por toda la mansión, incluso contagió a la tía abuela de su alegría y ambas dispusieron de que hacer para tu regreso, pero la tía abuela le dio el honor de organizarlo solo ella, para tener la oportunidad de alabarla frente a ti. – Decía Stear, soltando todo lo que tenía en su pecho y que sabía bien que Candy no hablaría. - ¿Y qué pasó cuando llegaste? – Preguntó queriendo darle un zape. – ¡Llegaste con novia! – Dijo exagerando los movimientos de sus manos. – En ese momento la sonrisa de Candy se esfumó, su alegría se apagó y aquel colibrí que revoloteaba alegre por la mansión se volvió un gorrioncito tímido y lastimado. – Terminó de decir el inventor sintiéndose más a gusto por aquella intervención, respirando aliviado por el tiempo que tenía callando aquellas verdades que le lastimaban también a él, ya no quería tener nada que ver con las tonterías que había provocado su hermano.
-Soy un idiota Stear. – Dijo atónito ante todo aquello que le era revelado.
-No seas tan duro contigo, tú no lo sabías, rompiste la carta donde te explicábamos todo. – Dijo el de anteojos dando por hecho eso.
-Todo por los celos que sentí al leer que se había ido a Nueva York. – Dijo sobando su frente con una mano. – Con mayor razón tengo que terminar la relación con Gabriela. – Dijo más seguro.
-¿Y Candy? – Preguntó otra vez.
-Aún no sé, Stear, no quiero que se sienta culpable por Gabriela. – Stear asintió.
-Pero no puedes ser infeliz solo por darle gusto a una chica que se la pasa mirando a todos. – Dijo Stear delatando las miradas que había descubierto en aquella chica. Anthony rió con ganas.
-Tienes razón Stear. – Anthony palmeó el hombro de Stear agradeciendo las palabras que le había dicho, suspirando queriendo o no más ilusionado que nunca ante la posibilidad de poder reconquistar el corazón de su pecosa.
Ambos se dirigieron a la salida de aquel lugar para ir rumbo a sus habitaciones, iban jugueteando con sus rostros felices y animados, cuando se toparon a un desanimado Archie que también iba a su habitación.
-Otro. – Dijo Stear al ver el rostro de su hermano menor.
-¿Qué sucede Archie? – Preguntó Anthony.
-Nada, solo que por primera vez asistiré a un baile sin Annie. – Dijo un tanto melancólico. Stear rodó los ojos una vez más, desesperado por la actitud de su hermano.
-¿Hablaste con ella? – Preguntó Stear. Archie negó comenzando a subir las escaleras.
-¿Qué no viste cómo salió corriendo Stear? – Preguntó desesperado.
-¡Me rindo! Tal para cual, ninguno de los dos es capaz de hablar de lo que verdaderamente sienten, tan fácil que es hacerlo. - Decía el inventor.
-Stear tiene razón Archie. – Dijo Anthony. – Habla con ella.
-¿Ya hablaste con Candy? – Preguntó Archie revirándosela al rubio. Anthony negó. -¿Entonces?
-Yo estoy en una relación, y a pesar de que no es un compromiso formal es una relación como tal, primero tengo que terminar con ella para poder hablar con Candy libremente de mis sentimientos, Stear me ha hecho ver que pase lo que pase tengo que ser sincero conmigo mismo. – Dijo ya más seguro de sí mismo y de lo que tenía que hacer. – Tú no tienes un compromiso con nadie, habla con Annie conquístala de nuevo, no esperes a que alguien te gane. – Dijo el rubio animando ahora él a su primo menor.
-Vaya, hasta que alguien me escuchó. – Dijo Stear, los tres reían por las expresiones del inventor mientras este los abrazó a ambos, uno de cada lado para dirigirse a sus respectivas habitaciones.
Candy comenzaba a prepararse para la dichosa presentación y Dorothy le llevaba el vestido que usaría aquella noche. Era un vestido largo de caída libre con las mangas caídas dejando al descubierto ambos hombros, era de color azul turquesa, un azul que si lo mirabas bien combinaba con los ojos de Anthony, tenía una cola muy sutil que arrastraba un poco por la parte trasera, mientras que por la misma bajaba un moño en forma escalonada simulando holanes discretos y en la parte frontal tenía una abertura que le permitía caminar libremente, los zapatos eran de raso del mismo color del vestido con un moño al frente que adornaba su estilo, el tacón era un poco elevado para estilizar su figura pero no exagerarla, su 1.63 no se veía muy afectado, pero sí le ayudaría un poco más. El vestido era sencillo de la parte superior para que pudiera lucir el broche que la anunciaba como una Andrew, uno igual que el de Anthony y el resto de la familia, pero un poco más delicado al ser para una dama, las joyas adornaban su cuello con discreción al igual que los aretes que colgaban de sus orejas.
Dorothy levantó su cabello totalmente, dejando todo su cuello y hombros descubiertos, adornó su rostro con unos cuantos rizos y colocó unos broches con zafiros para sostenerlo.
-¡Vaya Candy! ¡Te ves hermosa! – Dijo Dorothy emocionada al ver cómo lucía todo el atuendo en la rubia, colocó una pulsera que era el juego para la gargantilla y los aretes. Candy sonrió agradecida por los halagos.
-¿Y estas joyas? – Preguntó dudosa mientras se dejaba colocarlas.
-Me las ha dado la señora Elory. Dijo que eran para ti, que ya era hora que comenzaras a formar tu propia colección de joyas. – Dijo Dorothy repitiendo las palabras exactas que había escuchado de Elroy. Candy las tocó con sutileza, y sonrió al pensar que nunca en su vida se imaginó llevar tantos adornos, ella prefería ser sencilla, sin embargo reconocía que le gustaba como se veía, tan diferente a la niña de establo, como le decían los Leagan. – Bien Candy, ahora te maquillaré un poco más que ayer. – Dijo la mucama. – Me alegro que los remedios del joven Anthony te hayan servido, tu rostro está tan suave e incluso luce más iluminado. – Decía sin dejar de hablar Dorothy, mientras colocaba la base y el maquillaje en la rubia, quien se había quedado muda al recordar los momentos que había pasado con su adorado Anthony por la mañana y las miradas que se habían entrelazado antes de despedirse. Dejó que Dorothy hiciera y deshiciera con su rostro, confiaba en ella y sabía perfectamente lo que hacía, no en vano siempre le había ayudado a vestirla para las ocasiones especiales.
El toque final llegaba con el lápiz labial, delineando sus labios con sumo cuidado, era un color rojizo el que había elegido para su boca, uno que era mate y se quedaba en sus labios un poco más de tiempo, sus pestañas estaban un poco más largas por la máscara que le había puesto, el rubor había emparejado su rubor natural, pero aun así por lo sutil del maquillaje sus pecas no habían sido escondidas de sus mejillas. Candy se las tocó como advirtiendo ese detalle.
-Al joven siempre le han gustado tus pecas. – Dijo Dorothy sonriendo.
-¿A qué joven? – Preguntó Candy confundida.
-Al joven Anthony, un día lo escuché hablar con sus primos y decía que adoraba tus pecas. – Dijo con falsa inocencia, procurando que aquel comentario sonara como algo sin importancia mientras Candy sentía que el corazón le saldría latiendo por la boca. – Anda Candy, endereza la postura, recuerda que eres una Andrew, tienes que caminar derechita. – Decía Dorothy para distraerla de aquello. Una vez más se miró al espejo, el cual reflejaba la imagen de una elegante y hermosa chica rubia, una que dudaba la misma Candy era ella.
-Dorothy… - Dijo sorprendida.
-Lo sé Candy… eres toda una Andrew. – Decía emocionada la mucama.
-Gracias Dorothy. – Le dijo con una sonrisa agradecida mientras tomaba sus manos en señal de afecto.
-No tienes que agradecer Candy. – Dijo de nuevo la chica.
Anthony por su lado terminaba de acomodarse el cabello para completar su arreglo, se observó al espejo y a pesar de no ser un chico presumido le gustó lo que veía en el reflejo. Su traje era un frac negro de cola, con una camisa blanca, sus mancuernillas de oro y su broche en la solapa superior izquierda, lucía impecable, muy atractivo, su cabello perfectamente peinado y sus zapatos tan brillantes como sus ojos, una verdadera pieza de arte para los ojos femeninos, sonrió al recordar su mañana junto a Candy, recordando las miradas que ella le dirigía cuando le colocaba las compresas de leche, cuando según él estaba concentrado en su labor, pero la verdad era que estaba igual o más nervioso que la pecosa, sin embargo su naturaleza de hombre de negocios lo habían enseñado a proyectar una imagen tranquila y confiada, de esa manera se aseguraba de ganar y aunque tal vez eso era en los negocios en lo referente al amor le había ayudado con Candy a no arrojarse a sus brazos y así ofenderla con su conducta al desear besarla hasta robarle el aliento. Suspiró una vez más para entrar en aquel papel, tranquilo y distante, uno que con Candy no le había funcionado a la perfección. Salió de la habitación con paso tranquilo y seguro, topándose con los otros dos que vestían muy similar a él.
-¿Están listos? – Preguntó Stear quien sabía que ambos estarían muy ansiosos por sus respectivas compañías. Ambos sonrieron asintiendo, pero la sonrisa de uno era de felicidad, mientras que la de Archie era de resignación por acompañar a Gabriela.
-Bien, iré por Gabriela. – Dijo sin más.
-Yo iré por Candy. – Dijo sin poder ocultar su felicidad.
-Por lo menos deberías de aparentar más felicidad Archie. – Dijo Stear alejándose con su hermano.
-¿Por lo menos Anthony debería mostrar celos? – Preguntó Archie con diversión, Anthony lo escucho y sonrió de lado, sabía que su primo estaba jugando pero no pudo evitar pensar que tal vez si estuviera un poco enamorado los sentiría, pero en esos momentos su sentir era de alivio por no tener que llevarla del brazo por unos momentos, su deseo era el de terminar de inmediato con aquella relación, tenía que regresar si se podía mañana mismo a Florida para hablar con los padres de Gabriela y ofrecer una disculpa por no haber podido siquiera llegar a quererla.
Cuando menos lo pensó ya estaba frente a la habitación de Candy y sintió que su corazón quería huir de su pecho, respirando tratando de tranquilizarse una y otra vez, cuando en eso se abrió la puerta de golpe, era Dorothy quien ya se retiraba de la habitación de la rubia al haber cumplido con su cometido.
-¡Dorothy! – Dijo sorprendido.
-Joven Anthony, llega usted justo a tiempo. – Dijo la mucama con una sonrisa plasmada en su rostro, ella era una de las que deseaba ampliamente ver juntos de una vez por todos a los rubios. – Adelante, la señorita Candy lo está esperando. – Decía cómplice con él. Anthony sonrió a la chica y se atrevió a entrar en la habitación donde Candy ajena a todo seguía parada frente al espejo tratando también de tranquilizarse.
Anthony la encontró bellísima, adorable, con aquella manera que tenía para calmarse, se quedó en aquel lugar incapaz de hacer ruido o moverse, impresionado por la belleza de Candy, sabía lo bella que era, pero jamás la había visto tan hermosa ante sus ojos, parecía que cada vez que la veía su belleza aumentaba cada vez más.
Candy se colocó de lado para ver su relejo por la parte posterior no pudiendo Anthony evitar ver el derriere que se le marcaba perfecto sobre el vestido evidenciando una muy buena figura, fue cuando ya no pudo callar y soltó un suspiro que Candy escuchó pegando un brinco por la sorpresa.
Continuará…
Hasta aquí el siguiente capítulo, espero que les haya gustado ya que a mi me emociona cada que vuelvo a leerlo jajajaja pero no se dejen llevar por mi opinión ya que me emociono cada que leo los capítulos de mis historias y me digo "a poco yo escribí eso?" jajajaja si, ni modo tengo que leer mis Anthonyfic ya que no hay muchos snif!.
TeamColombia, Como siempre hermosas las primeras en comentar, no sé cómo le hacen para hacer los comentarios tan rápido jajajaja pero me alegra que estén al pendiente de la historia, cada vez se suman más lectoras de este país, porque me imagino que son de Colombia la mayoría, si no sáquenme de dudas por favor. Espero que les haya gustado este capítulo, como pueden ver las cosas aunque lentas avanzas y a pesar de que llevamos 9 capítulos aún no se cumple la semana en la que han sucedido los hechos así que vamos bien. Gracias por comentar siempre y por las flores que me echan acerca de mis historias, me alegra que las nuevas se pongan al corriente con las demás y ojalá pudieran dejarme un comentario acerca de lo que les pareció la historia. Les mando un fuerte abrazo y mis mejores deseos para cada una de ustedes y sus familias. Dios las bendiga.
Mayely León, Hermosa no te preocupes, así pasa cuando estás en descanso tanto tiempo en la casa, por eso te digo que si puedes ponerte a tejer en serio ayuda, me pasó a mi por eso te paso el tip. Muchas gracias por tus comentarios y sobre todo por estar siempre al pendiente de mis historias, me alegro que te haya gustado el capítulo de la otra historia, lo publiqué nada más para que tuvieras que leer, pero me falta hacer el dibujo de esa portada, creo que ya te habrás dado cuenta que cada uno cuenta con su dibujo hecho por esta autora principiante jajajaja espero un día mejorarlos mientras ahí están jajajaja. Bueno hermosa me da gusto que estés bien y espero haberte ayudado, te mando un fuerte abrazo, saludos y bendiciones.
Aminaabud, Hola hermosa, ahora si me llegó tu comentario, en el anterior me extrañó la verdad no ver tu nombre pero sé que siempre lees, no te preocupes aunque la aplicación móvil es algo más difícil que en la computadora tiene sus ventajas, eso si no me mandes mensajes en privado por ahí porque siempre batallo para encontrarlos y en la computadora no aparecen, no sé porque. Gracias por leer y por dejar tu comentario, espero te esté gustando la historia, te mando un fuerte abrazo, saludos y bendiciones.
Denisse Treviño de la Garza, mi regia favorita ¿Cómo estás? Espero que muy bien la verdad y ya más terapeada con las navidades cálidas que pasamos (Yo más que tú) jejejeje y opino lo mismo que tú mientras las podamos disfrutar con salud y vida adelante!. Esta Gabriela pensaba agarrar solito a Anthony, pero no contaba con que la tía abuela la tendría en la mira, esta Elroy tiene que traer a alguien de bajada y pues esta chica le cayó como anillo al dedo jajaja. Pobre Archie le tiene miedo a la pecosa, quién no? si ya le ha dado varios zapes al pobre y bastante fuertes, el que siempre pensó ganarse su amor se ganó sus zapes jajaja, Tu Albertanito está feliz y tranquilo no te preocupes seguirá virgen hasta el fin de la historia, ahí después no te aseguro que ande como chino libre jajaja. Y sé que escena dices! jajajajaja morí de risa con tu comparación, si pobre Tony pero quien le manda porqué se emparejó con la Gabriela pues... Ya pronto las cosas entre los rubios van a cambiar te lo prometo... unos cinco o diez capítulos más pero de ahí no pasa XD. Esta Gabriela no es mala, solo caprichosa pero veamos como siguen sus pasos que cada vez los lleva más torcidos con este par de hermanos del mal. Creo que en el próximo te daré gusto con lo de Archie y Annie ñaca, ñaca... Yo pienso igual con la película de los TRES GARCÍA y también con los HIJOS DE MARÍA MORALES jajajaja me encantan esas películas. Bueno hermosa te deseo igual para ti y tu familia unas muy felices fiestas, te mando un fuerte abrazo, saludos y bendiciones.
Julie-Andley-00, Hola hermosa! ¿Cómo estás!? espero que muy bien, muchas gracias por dejar tu comentario y como dices ser una lectora fiel de mis historias, gracias por estar al pendiente de ellas y sobre todo por agregarla a tus favoritos, ya que vi que la nueva también la agregaste, espero te haya gustado el inicio solo que con aquella tengo que tardar un poco más para que como dijo alguien por ahí no se confundan con la trama. Gracias por agregarla a tus favoritos y sobre todo por leer. Te mando un fuerte abrazo, saludos y bendiciones.
Muchas gracias a todas las lectoras que están al pendiente de esta historia, aún o se atrevan a dejar un comentario sé que están al pendiente de ellas, tal es el caso de Silandrew y Judith Torres que siempre agregan mis historias a sus favoritos pero no se animan a comentar, mil gracias hermosas por seguir mis locuras, les mando mis más sincero agradecimiento y mis mejores deseos.
GeoMtzR.
