Capitulo X: Una oportunidad, una esperanza, un nuevo camino.
Fresco de la era del clima. Empezaba a enfriar, pero no era de extrañarse puesto que el otoño estaría acercándose, aunque ahora lo sintió más porque iba con el cabello corto. Se sintió extraña sin su larga melena, era como si estaba expuesta, como si por primera vez en su vida estaba enfrentándose al mundo absolutamente sola. Sin Tanjiro o Zenitsu para defenderla.
La mención de su mejor amigo trajo a su mente dulces y amargos recuerdos de los acontecimientos vividos hace pocos días.
¿Podrá algún día aniquilar lo que siente por él?
–Entonces, Otome me dio un pase, le hice una finta a los defensas y marqué el gol que nos llevó a cuartos de final from el otro lado de la línea. ¿Qué te parece?
Nezuko regresó a ver a Rui expectante. Ese día encontró al castaño en la puerta de su apartamento cuando se disponía a ir al colegio y se ofreció a acompañarla. No pudo decirle que no, no había motivos para hacerlo, aunque últimamente estaba sobre ella a cada paso que da y resultase un poco asfixiante, Rui era el mejor escudo contra Zenitsu que conocía. Cuando estaba con él, el rubio ni se le acercaba y eso era lo que quería.
Se repetía constantemente que eso era lo mejor para ella.
–¿Nezuko?
El castaño la llamó y ella se vio obligada a salir de sus cavilaciones y regalarle una sonrisa. ¿De qué hablaban? De algo sobre el soccer. Sí, de cómo el equipo de su instituto había llegado a los cuartos.
–Felicidades. –Dijo la menor Kamado sinceramente. –El equipo la tendrá difícil cuando te gradúes este año.
–Es cierto, no hay nadie como yo. –Comentó Rui con orgullo. –Pero Akami hará un gran papel, lo sé.
¿Por qué no se podía fijar en Rui?
Tendría que estar ciega para no darse cuenta de que el capitán del equipo de soccer estaba loco por ella. Rui no sólo era una buena persona, sino que también era muy atractivo y al menos un cuarto de las chicas del colegio suspiraba por él.
Pero no. Ella tenía que pertenecer al setenta y cinco por ciento que babeaba por Zenitsu Agatsuma.
–¿Agatsuma?
Nezuko alzó la vista ante la mención del nombre de su mejor amigo y ahí lo vio, rodeado por, al menos cinco niñas de cursos inferiores e incluso de otros colegios y él les sonreía con descaro.
Claro, como ella ya no se encontraba con él para ir juntos desde la estación del metro, Zenitsu podía encontrarse con sus diez mil admiradoras. Ahora que ella no está a su lado es como si lo atractivo del rubio se hubiese multiplicado por mil y de seguro eso le gustaba.
Sin embargo, no fue dicha lo que vio en sus ojos cuando éste los miró fijamente, primero a ella y luego a Rui. Sus ojos dorados denotaron primero sorpresa para que luego sus cejas se juntasen frunciendo su ceño. Estaba molesto, podía asegurarlo, lo conocía demasiado bien como para aseverar aquello. Y justo antes de que pudiera seguir descifrando lo que la mirada de Zenitsu denotaba, este se giró indignado.
¿Con qué derecho Zenitsu la miraba así? Acusándola de algo, como si hubiera asesinado, robado o cometido adulterio. Sintió muchísimo coraje.
Pero, a pesar de ello se mantuvo estoica y se puso seria antes de volverse hacia Rui.
–Vamos, llegaremos tarde.
Nezuko apremió al castaño y se metieron en el primer metro que pasó sin importarles si estaba o no lleno de gente. Afortunadamente no lo estaba, y ella alcanzó a sentarse con el castaño parado frente a ella y mirándola cuidadosamente.
–Han peleado. –Señaló el muchacho. No lo preguntaba, lo aseveraba. Nezuko no pudo decir nada contra eso. –Debí imaginarlo.
–Rui… –Tenía que decirle que no era por eso por lo que pasaba más tiempo con él, pero nunca se le ha dado bien mentir. –No es…
–Shh. –La atajó el muchacho poniéndose en cuclillas frente a ella y poniendo un dedo sobre sus labios. –No me importa Nezuko. –Le aseguró con una sonrisa amable. –Siempre he pensado que sólo necesito una oportunidad para convencerte de que te quiero y ahora que la, créeme cuando te digo que lo que menos me importa es cómo la conseguí.
–Pero…
Las imágenes de Zenitsu rodeado de chicas, como siempre le afectó. Lucía tan despreocupado que le entraron unas terribles ganas de ir y sacudirlo porque ella sufría por su lejanía y él no. Él estaba tan fresco y rodeado de tantas chicas como le era posible. Para colmo la miró y fue cómo si le estuviese recriminando algo cuando él no tiene ningún derecho a decirle nada estando tan bien acompañado, así como ella tampoco tiene derecho de reclamar nada. Fue su idea marcar distancia, no podía decir nada si a él le importase poco mientras que ella se estaba muriendo lentamente.
–Sé que quieres a Agatsuma. –Admitió con leve pesar. –Y también sé que yo te quiero a ti. No te pido que iniciemos una relación ahora, pero quisiera que empieces a conocerme mejor. Quien sabe y hasta te resulto mejor partido. –El castaño funciona como Nezuko aún se mantenía seria y pensativa. –Para que no te sientas mal, te confieso que sólo quiero conquistarte para que Tanjiro me pase las tareas por ser su cuñado.
Y ella rio. Cómo no había reído en una semana.
Ciertamente, las palabras de Rui le traían consuelo y la sorprendían. Es decir, el muchacho siempre había sido pesado y había declarado su… afecto por ella abiertamente. Incluso tendía a ser arrogante y molesto, sin embargo, desde la fiesta, él había cambiado su actitud. Era atento y preocupado sin llegar a ser hostigoso.
Era como si Rui supiera que algo iba mal y no la presionaba, sino que la apoyaba como un buen amigo. Y eso era lo que necesita.
–Has cambiado Rui. –Señaló la castaña como quien no quiere la cosa.
–Él rediseñado mi estrategia. –Comentó despreocupado.
–¿Sólo amigos? –Preguntó Nezuko dudosa volviendo a ponerse seria.
–Sólo amigos. –Asintió Rui. –Aunque cuando pases unos días siendo mi amiga, te aseguro que serás tú quien compre el anillo. –Nezuko volvió a reír. –Eso está mejor. Ríe Nezuko, quiero que seas feliz.
–Gracias Rui.
Ambos compartieron una sonrisa cómplice. Nezuko miró con nostalgia cómo Rui lucía tan tranquilo ante lo que le estaba ofreciendo, y ella se sintió terrible por aceptarlo. Pero no tenía opción, al menos con Rui cerca debería tener una tabla donde agarrarse cuando se sintiera desfallecer.
Quien sabe y con el tiempo… Pueda olvidarse de Zenitsu.
::
El techo de la sala de cómputo parecía hacerse más chiquito conforme sus ojos se cerraban paulatinamente, pero no podía dormirse. Se incorporó rápidamente y se restregó los ojos. Literalmente, no había dormido sólo por iniciar el trabajo y prácticamente no tenía nada, al menos nada conciso o de gran valor.
Se moría de sueño, tomando en cuenta que salió de su casa para evitar contagiarse por el sueño de sus hermanas, la soledad de la escuela no había sido un gran progreso.
Revisó su reloj de pulsera, aún le quedaban alrededor de treinta minutos. Con que duerma quince de ellos estará como nueva. La semana de desvelos trabajando en el proyecto empezaba a cobrarle factura.
Sólo quince minutos…
La puerta se abrió abruptamente obligándola a incorporarse para ver quien entraba.
Maldita su suerte y tenía que ser la última persona en el mundo a quien quisiera ver cuando quiere descansar.
Iguro.
–Buenos días.
Saludó escuetamente el muchacho sin dirigirse especialmente a ella, sino más bien como una muestra de educación pasajera.
–Buenos días. –Contestó Mitsuri de igual forma.
Un incómodo silencio se tornó entre ellos. El hecho de ser los únicos en el salón no ayudaba en lo absoluto, es más, empeoraba la situación. La joven de cabello rosado no iba a permitirle a su rival ver lo mucho que le afectaba su presencia por lo irritable que era, por nada más, ¿Por qué otra cosa podría ser?
Absolutamente no era por el beso. ¡No! Por muy extraño que fue el hecho de que Iguro, a quien nunca se le ha conocido novia, bese así. Ni ella que ha tenido un par de noviecillos ha sido besada de aquella manera tan… apasionada. ¡No! Ella ya no debía pensar en ello, tenía que seguir adelante, cortar con todos los lazos de rivalidad que la unían al muchacho, sólo de esa manera podrá ir hacia el futuro.
Finalmente decidió que ya no dormiría, no mostraría aquella muestra de debilidad, sobre todo cuando ya había decidido dejar su rivalidad detrás. Daría la espalda a su contrincante, pero se iría con la frente en alto. Lo ignoraría, sí eso haría. Se comunicaría con él estrictamente por el proyecto y por medio de e-mails.
–Kanroji.
Cuando lo escuchó tan cerca, su cuerpo dio un respingo. En lo que su mente se decidía a dejar todo lo relacionado con Obanai Iguro atrás, éste se aparecía delante de ella con la mayor naturalidad del mundo y con algo cuadrado en sus brazos.
–¿Qué se te ofrece, Iguro? –Arrastró las palabras. No decirle nada, no quería volver a dirigirle la palabra, pero no podía. Por alguna extraña y maldita razón no podía hacerlo.
–El proyecto. –Fue lo único que indicó él antes de inclinar el artefacto rectangular sobre el pupitre donde se encontraron Mitsuri, junto al teclado de la computadora de mesa. Pasó uno de sus largos dedos cuadrándolos sutilmente por la superficie del aparato e inmediatamente, una luz iluminó elradito dejando ver el contenido de la ventana principal.
La joven tuvo que parpadear varias veces para ver bien. No podía creerlo, se supone que aquellos aparatos apenas están empezando a salir en el mercado: el nuevo ¡Pad.
–Es hermoso. –No pudo evitar decirlo tan soñadoramente. Ese aparato era una de sus ilusiones más grandes, algo que sabía no podía pasar de una ilusión debido a lo mucho que aquello costaba. Estaba resignada a verlos exhibidos en una vitrina; jamás pensó que vería uno tan cerca. –Procesador AX, memoria de 512GB de memoria RAM, imágenes HD. ¿Cómo lo conseguiste? –Observó cómo el muchacho fruncía el ceño incrédulo. –Digo, apenas salió al mercado el sábado.
–Y lo compré el domingo. –Explicó como si fuera lo más sencillo del mundo.
–Está carísimo. –Con mucho esfuerzo ya través de mucha presión psicológica ella había obtenido que sus padres accedieran a regalarle uno cuando entrara a la Universidad, de manera que daría tiempo a que el precio baje y aun así ese sería su regalo de graduación, de cumpleaños y de navidad por los próximos tres años más o menos. –Es lo último en lo que ha trabajado Apple.
–De hecho, están trabajando en la próxima versión, por eso ya han sacado este a la venta, seguramente debe ya estar en periodo de prueba. Es probable que para inicios de año la saquen.
–Cuando ya estén trabajando en la próxima unidad. –Concluyó Mitsuri como si nada, centrando su atención en el ¡Pad frente a ella.
–Así es. –Asintió el joven. Kanroji aprendía rápido, no cabe duda de que es por ello por lo que es la segunda mejor estudiante del instituto. No recordaba haber tenido una plática técnica de ese calibre con alguien de su edad, a la mayoría ni siquiera le interesaban los componentes del artefacto con tal que sea llamativo por fuera. Ese caso era especialmente el de las mujeres. –Presiona donde dice proyecto. –La joven obedeció. –Ya inició el prototipo.
–¡Oh yo también! –Mitsuri salió del trance en el que la metió el último avance de Apple y apresuradamente sacó su USB del bolsillo de la falda y lo introdujo en la CPU.
–¿Misu? –Iguro se sorprendió a si mismo al expresar su duda en voz alta, pero no pudo evitar hacerlo luego de leer tan extraño nombre en la USB.
–Ah. –La joven sonrió. –Kaori, mi hermana que es un año mayor que yo no podía pronunciar Mitsuri cuando nací, lo que más se le acercaba era Misu y Keito, mi hermano mayor, me llama así porque le gusta más que mi nombre. A mí no me gusta especialmente, por eso sólo Keito puede llamarme así.
Misu, era extraño, como ella, le quedaba a la perfección. Un momento, habló de una hermana y un hermano y la joven que vino a buscarla aquella vez, se llamaba Sachi si mal no recordaba. Era miembro de una gran familia, hablaba de sus hermanos con gran familiaridad, se notaba que había lazos afectivos muy fuertes entre ellos. ¿Qué se sentirá aquello? Él nunca podría entenderlo.
La joven interpretó el silencio del chico de mala manera. Viniendo de Iguro, aquello podría significar que poco le importó lo que le dijo. Quizá sólo debió decirle hasta que era como su hermana la llamaba de bebé. Además, ¿Qué diablos iba mal con ella? Se supone que iba a ignorarlo y terminaba contándole una anécdota familiar.
–Estaba pensando. –Empezó Kanroji. –En vista de que por ser un humano mi sola presencia te molesta, creo que lo mejor será que cada uno trabaje por separado y mantengamos comunicación únicamente por vía e-mail.
–No dijo nada. –Contestó Obanai ligeramente irritado.
–Los actos dicen más, o en tu caso, los silencios. –Espetó la joven.
–No todas las personas hablan hasta por los codos. –Se defendió el chico.
–Por eso él sugerido comunicarnos por medio del correo electrónico para así evitarnos la fatiga de vernos o escucharnos.
–No podrías hacerlo sola. –Exclamó con arrogancia Obanai.
–Pues sí puedo y, es más, cuando tenga una duda no te apures que no acudiré a ti, Muichiro puede ayudarme sin problemas. Él es un genio.
Tokito, otra vez el enano peliazul y sabelotodo.
-Yo también. –Rebatió el muchacho exteriorizando su enfado, algo que nunca había hecho.
Ambos dejaron sus pensamientos de lado cuando sus respectivas computadoras abrieron sus programas. Los ojos de Obanai se abrieron desmesuradamente pero no tenían comparación con los de Mitsuri.
–No puede ser. –Musitó Mitsuri. –No es posible.
–No tiene sentido, tiene que haber algún error. –Secundó el muchacho.
La campana que anunciaba el inicio de la jornada sonó estrepitosamente alrededor de ellos. Tenían que llegar a clases, ya iban tarde. Se miraron fijamente por un par de eternos minutos.
–Nos veremos aquí al final del día. –Decretó Obanai mientras presionaba sutilmente la pantalla de su ¡Pad. –En el mejor de los casos, esto representará un retraso menor.
–Y ¿en el peor de los casos? –Cuestionó Mitsuri preocupada, aunque ya sabía la respuesta.
–De no poder llegar a un acuerdo, deberíamos que reiniciar el proyecto.
Aquello implicaría un retraso y al paso que estaban realizando el proyecto; lo único que compensaría el tiempo que tomaría volver a ponerlo en marcha sería…
Trabajar juntos.
::
Era la décima vez que sus pensamientos no lo dejaban concentrarse. Volvió a fijar su vista al libro con la esperanza de que su concentración se mantuviera en esas páginas, pero como era de esperarse fue en vano. Cerró el libro con pesadez y talló sus ojos, por mas que lo intentaba no podía estudiar tranquilamente. Sacó su teléfono para ver la hora, ya eran 7:40, sus compañeros no tardarían en llegar.
Miró a su alrededor, el salón era tan tranquilo cuando no había nadie. ¿Cómo no se le ocurrió antes de llegar temprano? Podías terminar tus tareas con tranquilidad, revisar tus notas en silencio, y no estaban los molestos bullicios que normalmente hay durante la jornada educativa.
Bueno, la respuesta era sencilla. Porque antes llegaba a la escuela acompañado de Kanao.
Desde que regresaron del mes de vacaciones, había decidido llegar antes que sus compañeros para tener su propio espacio, pero, sobre todo, para no encontrarse con Kanao. Ver a Kanao no le disgustaba, sino que, al contrario, él moría por volver a verla, estar cerca de ella, pero no toleraba su desprecio, y aun más verla con Hideki quien ya no se le despegaba. En pocas palabras, no podía concentrarse en sus estudios por pensar en su mejor amiga.
Tan absorto estaba que ni siquiera notó cuando alguien entró, hasta que esa persona se sentó a su lado llamándolo.
–Como siempre llegando temprano Tanjiro. –Comentó su compañero mientras tomaba asiento.
–Buenos días Zenitsu. –Lo saludó con desgana. –¿Y qué me dices de ti? Siempre se te enredan las sabanas.
–Bueno, creo que desarrolló un reloj biológico. –Contestó observando como algunos de sus compañeros empezaban a llegar.
–Tres años tardes. –Le dijo el pelirrojo en forma de burla esperando alguna respuesta, pero Zenitsu no se veía con ánimos. –¿Y mi hermana? –Vio como su amigo se tensaba, sabia que las cosas no mejoraban para ninguno de los dos.
–Por lo que vi en el metro se fueron muy bien. –Volteó a ver a Tanjiro. –¿Por qué dejas que el idiota de Rui la acompañe? Es molesto verlo a cada rato con ella.
Ahora que lo pensaba, desde la primera semana que regresaron de vacaciones Rui ha pasado de forma puntual por su hermana, y tal vez al principio le desagradó eso, pero al ver cómo el castaño trataba a su hermana, lo mucho que la procuraba y cuidaba , se sintió tranquilo de que estaba con ella.
Sí, Rui llega a ser un insoportable con él, pero debe de agradecer que cuide de su hermana porque, después del incidente que tuvieron Nezuko y Zenitsu, él no intentó conquistarla al instante, sino que ahora lo que hace es tratar de animarla.
Tratándose de su hermana Rui es un buen chico, y había llegado a una conclusión.
–Zenitsu… –Se preparó mentalmente para lo que iba a decir. –Tal vez yo sea muy protector en el aspecto de que Nezuko tenga un novio, pero lo he pensado y Nezuko ya está en la edad de conocer a más personas, no puedo protegerla para siempre y considero que Rui no es una mala persona. –Observó como Zenitsu lo veía como si estaba diciendo un sacrilegio. –Tal vez sea un pesado con nosotros, pero cuando se trata de Nezuko se transforma, es muy amable.
Y al ver la expresión de estupefacción de su rubio amigo, era más que obvio que no compartían el mismo punto de vista.
–¿Dónde está el otro Tanjiro? Con el que molestaba a Rui cada que se acercaba a Nezuko, ese es al que quiero ahora. –Bufó molesto el rubio.
–Digamos que… –Pensó en qué decir para darle un pequeño golpe de realidad a su amigo. –He pensado en que Nezuko merece estar cerca de alguien que la quiera y valore.
Zenitsu tuvo que parpadear varias veces para procesar lo que acababa de escuchar. Tanjiro, su mejor amigo, el hermano más sobreprotector del mundo hablando sobre dejar a su hermanita con otras personas, o más específicamente, con Rui, a quién siempre ha detestado. Y no sólo eso, ahora también le decía que Nezuko no lo merecía, o al menos eso fue lo que él entendió.
Observó por unos instantes a su mejor amigo, se veía cabizbajo, cansado y un poco frustrado. La respuesta a su comportamiento llegó cuando al voltear al pasillo, vio a una joven de cabellera negra pasar elegantemente frente a su salón acompañada de un moreno y, que al verla, Tanjiro suspiró pesadamente. Era Kanao y el inseparable de Hideki.
Entonces fue ahí cuando se le ocurrió una idea.
-Tienes razón. –Contestó por fin Zenitsu. –He lastimado a Nezuko y no merezco ni siquiera respirar el mismo aire que ella, y de cierta forma te entiendo. –Se acomodó despreocupadamente en su pupitre. –Yo haría lo mismo si se tratara de Mitsuri, Shinobu y sobre todo por… Kanao, que es a quién consideró una hermana pequeña para mí. –Miró de reojo como Tanjiro se tensaba ante su sola mención. –Ella también merece conocer a otras personas, que la comprendan y valoren.
–¿A dónde quieres llegar con esto Zenitsu? –Preguntó con molestia Tanjiro.
–A lo mismo que tú me dijiste hace unos momentos. –Lo miró de forma retadora. –Kanao merece estar con alguien que el valor de verdad, incluso si se trata de Hideki, después de todo es un buen chico.
–¡Tú no tienes ningún derecho para decirme eso! –Se levantó Tanjiro de su asiento complemente indignado llamando a la atención de los pocos compañeros que estaban en su salón.
–¿Ah no? –Se levantó de igual forma el rubio para ponerse a la altura de su amigo y verlo de forma retadora. –Tengo todo el derecho del mundo porque Kanao también es mi amiga y me preocupa, así como tú lo haces con Nezuko. –A pesar de que veía a Tanjiro con intenciones de golpearlo, se mantuvo firme. –Y la protegeré de quién sea, incluso de ti.
Tanjiro logró su mejor amigo tratando de procesar sus palabras. Si lo veía desde las perspectiva de Zenitsu de cierta forma tenía razón, aunque detestara admitirlo. Tanto él como el rubio saltarían por su hermana y cualquiera de sus amigas con tal de protegerlas, incluso pelearían con ellos mismos de ser necesario.
Ahora comprendía el porque de sus palabras.
–Somos unos idiotas. –Habló por fin Tanjiro dejándose caer nuevamente sobre su asiento.
–Me alegra no haber sido yo quién lo dijera. –Respondió Zenitsu imitando a su amigo.
–Lamento haberte dicho eso, pero nada de lo que te dije es mentira. –Miró al rubio con detenimiento. –Lo dije porque quería hacerte ver un poco la realidad, aunque creo que no debería de meterme en los problemas que tienen Nezuko y tú, después de todo es algo que sólo ustedes dos deben solucionar.
–Lo sé, pero créeme que ni yo mismo sé que es lo que quiero. –Suspiró pesadamente.
–Pero ... ¿Sabes? Todo este asunto de Kanao fue lo que me hizo ver algunas cosas de otra manera, por eso le di algo de libertad a Nezuko. Tal vez sea su hermano, pero no tengo porque meterme en sus asuntos a menos que ella me lo pida.
–¿Tanto te afectó lo que pasó ente Kanao y tú? –Tanjiro asintió. –Tanjiro, sé que tanto tú cómo yo tenemos nuestros propios problemas y tal vez por eso nos hemos alejado un poco, pero… ¿No crees que es ahora cuando deberíamos de estar más unidos?
–Rara vez dices algo coherente, me sorprende tanta seriedad viniendo de ti. –Contestó el pelirrojo en forma de burla.
–Oh vamos, no me hagas esto. –Se quejó Zenitsu notoriamente sonrojado.
–Sabes que sólo me gusta fastidiar. –Una pequeña risa salió de los labios de Tanjiro. –Y disculpa si me alejé, he estado tan abrumado con todo esto que… No hay otra cosa en la que piense.
–Para eso están los amigos, para hacer más ligeros los problemas. –Dedicándole una sonrisa. –Sé que mi problema con Nezuko puede estar perdido, pero podemos hacer algo con el tuyo, no te desanimes.
–Empiezo a resignarme, cada día se vuelven más unidos.
–Porque tú lo has permitido… Y si quieres recuperarla, –Se apresuró a hablar al ver que su amigo tenía intenciones de protestar –Empieza por marcar tu distancia con Katsumi.
–Pero yo no le veo el problema… Es una buena chica. –Respondió con inocencia Tanjiro haciendo que Zenitsu rodara los ojos.
–Tenemos que trabajar con tu excesiva bondad. –Suspiró con resignación. –Pero, si las cosas no salen como queremos… Hay que respetar la decisión de Kanao, es mi amiga y también debo ver por su bienestar.
–Lo entiendo perfectamente. –Contestó Tanjiro como si fuera lo más obvio del mundo.
Por supuesto que sabía que no podía obligar a Kanao estar a su lado, él respetaría cualquier decisión que tomara su amiga, pero tampoco significaba que no haría su pequeña lucha. Haría lo que fuera que estaba en sus manos para recuperar a su amiga, más ahora que había admitido que estaba enamorado y que ella correspondía a ese sentimiento, o al menos eso le dio a entender cuando correspondió a su beso.
Sería una misión muy difícil, pero lo conseguiría.
–Ah, y por cierto. –Volvió a hablar Zenitsu sacándolo de sus pensamientos. –¿No me quieres acompañar más tarde al entrenamiento?
–¿Y a qué se debe eso? –Contestó con otra pregunta.
–Lo sabes perfectamente, después de todo lo que ha sucedido dudo mucho que Nezuko esté presente.
–Agradezco tu invitación, pero más tarde tengo asesorías de historia. –Tanjiro pudo notar el rostro afligido de su amigo. –Aunque puedo pasar a buscarte cuando termine e irnos juntos a casa.
–Será buena idea si es que Nezuko tampoco tiene intenciones de hacer algo en nuestro viernes. –Observó como Tanjiro le dedicaba una amable sonrisa. –¡Oh Tanjiro, gracias por ser un gran amigo!
Zenitsu se lanzó a lloriquearle al pelirrojo y este no hizo más que reír ante la escena. Él y Zenitsu siempre ha sido mejores amigos, pero debe admitir que la mayor parte del tiempo lo pasaban con sus amigas, y ahora que ellas se han alejado sólo se tenían el uno al otro.
Suspiró pesadamente. Sería difícil acoplarse a estar sin Kanao, pero tenía la esperanza de que no sería así por mucho tiempo.
::
El ambiente era perezoso y hasta deprimente a su alrededor.
Mitsuri a su lado parecía haber sido atropellada por un camión, Kanao se mostraba distante y pensativa, y Nezuko, ella no era la misma desde la fiesta; algo más había pasado entre ella y el rubio. Tenía que averiguar qué se traían sus amigas, porque de Kanao ya era consciente de su problema con Tanjiro. Y ella, ella estaba muy molesta.
No había visto a su novio en una semana, pero no era eso lo que le molestaba, al menos no directamente, le irritaba darse cuenta de que no tenía su número móvil. ¡Qué clase de novio no tenía el número telefónico del otro! en su defensa diría que lo suyo fue muy repentino, igual que el súbito anuncio de Aoi en el que enviaba al pelinegro a un seminario por cuatro días.
Era viernes y apenas volvía. ¿Pero qué ocurría ?: NADA. No la había llamado, buscado y por si fuera apenas la había mirado en clases. ¡Ella no le despegó la vista de encima!
Pero ya la escucharía, tenían que dejar en claro algunas cosas. Él era su novio y… ahí estaba.
Desde lo alto de la terraza apenas podía verlo, recostado contra el tronco más grueso entre los árboles del instituto. Sí, esos eran sus zapatos y lo que veía era un mechón de cabellera negra. Su querido y sexy profesor la iba a escuchar.
Se dio la vuelta dispuesta a bajar, miró de soslayo a sus dos amigas y hermana, cada una metida en su respectivo mundo. Sea cual sea el problema de ellas, era por mucho, más insignificante que el suyo.
–No crean que no me he dado cuenta de la cara larga que traen. –Avisó llamando a la atención de los tres jóvenes. –Y vayan haciéndose a la idea de que yo lo que soltarán todo hoy en la noche. Pijamada en mi casa. –Decretó finalmente.
Sin darles tiempo de replicar salió, por la puerta de la azotea y empezó a bajar a toda prisa sin perder la elegancia tan característica de ella. Encontrar a su profesor resultó más difícil de lo que le había parecido cuando apenas lo vio desde la azotea. Empezaba a preguntarse si no habría sido obra de su imaginación. Entonces, sus dudas se despejaron cuando llegó a su nariz el delicado pero penetrante olor de la nicotina. Estaba asumiendo que era Giyu cuando podría ser cualquier estudiante, sin embargo, algo dentro de su corazón le decía que era él.
Y así fue. El profesor yacía recostado sobre el grueso tronco del árbol, con cigarro en mano y los ojos cerrados. No se inmutaba por su cercanía y eso que las hojas crujían estrepitosamente conforme caminaba acercándose a él. Cuando estuvo lo suficientemente cerca notó que unos audífonos se encontraban en los oídos de Giyu y no sólo eso, su saco estaba colocado correctamente sobre el césped, la corbata aflojada y sin lentes.
Parecía otra persona, alguien como mínimo cinco años más joven de lo que era. No pudo resistirse a la tentación y le sacó una foto inmortalizando el momento. Al verla reconoció que, si es que la subía a las redes sociales identificándolo como su novio, nadie lo relacionaría con el atractivo y serio maestro que impartía clases en el instituto.
Sin embargo, no podía hacerlo, su relación era prohibida. Entre ellos no había besos diarios, ni could ir tomados de la mano, ni siquiera llegaría tan lejos. ¡Nadie podía saber que ellos eran novios! Y en su caso, sus amigas no podía saber que tenía un novio ya que no podía revelar su identidad.
Pensar en ello no cambiaría el hecho de que ella era una alumna y él un profesor, se dijo. Sin más preámbulo se sentó a su lado y le quitó uno de los auriculares logrando captar su atención.
Tomioka se giró sorprendido ya que se creía solo, hasta que encaró a una carita bonita que, aprovechándose de su perplejidad, depositó un rápido y casto beso en sus labios. ¿Quién era? Estaba medio dormido de manera que su cerebro no trabajaba rápidamente. Pero pudo distinguir que su invitado era una mujer con el cabello negro a morado y ojos púrpuras ¿Alice?
Hace unos momentos estaba pensando en ella, pero no podría ser. Era absurdo pensar que su esposa estaba ahí y le había dado un beso. Una vez que su mente se aclaró, pudo distinguir la diferencia entre la joven frente a él y el recuerdo de su esposa. La joven tenía el cabello ondulado con graciosos bucles morados alrededor de su carita. Las pestañas que delineaban sus ojos eran largas, curveadas y abundantes y toda ella olía a lilas.
Sólo había una persona a quien relacionaba con aquel aroma.
–Kocho…
–Shinobu. –Corrigió ella instantáneamente a la par que le quitaba el cigarro de las manos y lo apagaba contra el suelo. –No te hace bien para tu salud, Giyu.
Tomioka la miró por un largo rato. Tenía días de no verla, de estar inquieto respecto a todo el asunto del noviazgo al cual no pudo decir que no, y el cual estaba mal por donde se lo viera. Lo había meditado mucho el tiempo que estuvo fuera y cada vez que pensaba en ello, se reprochaba su falta de control de la situación, y cada día la idea de que tenía que terminar con aquello cuanto antes lo martillaba con más fuerza.
–Estamos en el instituto, y mientras estemos aquí, tú eres para mí la señorita Kocho y para ti yo soy el profesor Tomioka, ¿Entendido?
–Sí, entiendo. –Le aseguró Shinobu sentándose a su lado e igualmente recostada sobre el árbol. –Pero no me gusta.
–Te entiendo. –Asintió Giyu. –Por eso los estudiantes deben salir con estudiantes.
–No me refiero a eso. –Se apresuró a argumentar, decidida a que Giyu no encontrara una forma de sugerir una separación. –Me refiero a que, está bien que no podamos hablar en horas de clase, pero, –Shinobu se ruborizó al ver como había logrado llamar la atención de su profesor. –Estuviste fuera de varios días y yo no supe nada de ti. –No entendía por qué, pero se sintió muy avergonzada, a pesar de haber practicado esa conversación como un reclamo. –Esa misma noche me di cuenta de que no tenía cómo localizarte, no tenía tu número telefónico o tu dirección de E-mail ni siquiera, y lo peor de todo es que no podía pedírselo a nadie sin que aquello levantara sospechas.
Mintió respecto a lo último, había atormentado a Tanjiro todos los días para conseguir su número pensando que lo habría conseguido en su visita, pero no. La única persona con quien podía conseguirlo era Inosuke, pero sería igual de sospechoso.
–Te eché de menos. –Finalizó Shinobu con sinceridad.
Giyu estaba atónito por la confesión, por la facilidad con la que ella expresaba sus sentimientos y sus ideas, pero, sobre todo, por lo frágil que lucía en esos momentos. Como si temiese perder una importante posesión.
–¿Cómo puedes echarme de menos si apenas nos conocemos? –Fue su cínica respuesta.
-¡I don't know! –Explicó ella fervientemente. –Te mentiría si te dijera lo contrario, sé que no tiene sentido, pero, me sentí muy sola y hoy, al verte desde la terraza me han entrado unas ganas irracionales de venir a verte y… –Estaba tan roja que las orejas le ardían . –Ahora ya me siento bien, sólo con estar aquí, verte y escucharte. El único motivo que se me ocurre es, porque te quiero Giyu y me hiciste mucha falta.
¿Por qué siempre hacía eso? Primero era una niñita malcriada y después pasaba a ser una mujercita echa y derecha. ¿Por qué tenía que ser tan abierta y decir lo que piensa sin dudarlo?
¿Por qué él no podía ser igual y reconocer que cuando la vio también sintió una paz desconocida desde hace algunos días?
–Eres una niña muy dulce Kocho y mereces alguien que…
-¡Distensión! –Shinobu ya sabía o al menos sospechaba por donde iba la conversación y no le gustaba.
–Esté contigo siempre, en público, no clandestinamente. Y…
La joven cortó las palabras de su profesor sellando sus labios. Ella llevó las riendas del beso, mordisqueó su labio inferior para profundizarlo y quizá así, hacer olvidar lo que él comenzó a decirle.
–No vas a terminar conmigo cuando ni siquiera hemos empezado. –Le advirtió con un dedo sobre sus labios. –Tengamos una cita. –No era una pregunta, era una aseveración.
–Esto no nos llevará a ninguna parte, Shinobu.
Kocho no podía creer que el hombre frente a ella era al que se le declaró hace pocos días, ni mucho menos el apasionado hombre que la besó el día de la fiesta. Era más bien, el temeroso joven que lloraba y se culpaba por la muerte de su amada esposa.
–Cobarde. –Dijo Shinobu. –Por eso todo el mundo te odia.
–A mí nadie me odia. –Frunció el ceño ante ese comentario. –Y no es cobardía. –Espetó viendo como los ojos color purpura adquirían una tonalidad más oscura por el coraje. –No lo entiendes.
–Entonces explícamelo. –Pidió decidida. –Porque, lo único que veo aquí es que tienes tanto miedo de iniciar una nueva relación que estás dispuesto a confinarte en tu propio mundo sin compartirlo con nadie y ¿Sabes algo Giyu? No estás solo, me tienes a mí, yo sé cuán dolorosa es la soledad y por eso, ten por seguro que yo no te voy a dejar solo.
¿Cómo lo hacía?
Giyu miró a la niña frente a él completamente anonadado. ¿Cómo podía esa mujercita entender tan bien sus miedos e inseguridades sin siquiera proponérselo? Simple. Porque podía ver a través de él, poco, pero más de lo que nadie lo ha visto jamás.
Solo Alice. Pero, incluso ella lo manejaba de una manera muy diferente. Su difunta esposa se quedaba a su lado, acompañándolo en silencio, jamás le habló fuerte y mucho menos lo reprendía en serio. Cuando él estallaba, ella simplemente le sonreía y lo confortaba.
El sorprendente físico que compartía Shinobu Kocho con Alice Tomioka se iba al demonio cuando se trataba del temperamento y la forma de ser de ambas. Era algo…
–Increíble. –Musitó más para sí mismo que para ella.
–¿Perdón?
–Eres increíble. –Le supo decir por la cara de confusión que ella tenía. –Pero ¿Por qué estás tan segura de que no me vas a abandonar? –Inquirió de repente.
–Porque no quiero que sufras más. –Contestó con simpleza. –Y por supuesto, tú lo has dicho, porque soy increíble y necia.
–Creo que ya me he dado cuenta de eso. –Se burló. –Y respecto al asunto de la relación…
–Tendremos una cita. –Lo interrumpió ella. –Nuestra primera cita. El sábado, a las cuatro, nos vemos en la fuente fuera del parque de diversiones en Nerima. –Improvisó todo el encuentro como si lo hubiera preparado todo con antelación. Vio el celular de Tomioka descansando sobre una de sus piernas, lo tomó y ágilmente presionó sus dedos en el teclado, pocos segundos después su celular color morado sonó y se lo devolvió. –Ahí está mi número, acabo de marcar a mi celular así que ya tengo el tuyo también. A partir de ahora nos comunicaremos por aquí primero. –Añadió señalando el celular. –¿Qué clase de novios no tienen el celular del otro? –Se quejó.
–Es poco ético que una alumna tenga el número de su profesor. –Reconoció el pelinegro poniéndose de pie y extendiendo su mano para ayudar a la joven a levantarse.
–Pero es normal que una novia tenga el número de su novio. –Contraatacó ella y revisó su reloj de muñeca. –¡Diablos! Estamos a la mitad de la siguiente clase.
–Tendrás una falta. –Dijo el chico al verla preocupada.
–A mí no me importa, tenía clase con Inosuke. –Explicó. –Pero tú…
–Tengo libre todos los viernes a esta hora. –No sabe porque se lo dijo, pero lo hizo. Se dio cuenta de lo que implicaron sus palabras cuando vio la sonrisa de la joven en todo su esplendor. –No era una insinuación. –Se apresuró a corregir mientras se ponía su saco y torpemente desanudó la corbata.
–Lo sé. –Acotó Shinobu divertida por su reacción y se acercó a ayudar en la labor de anudar la corbata. –Listo. –Empezó a apretar el nudo y con ello se impulsó hasta llegar a los desprevenidos labios de Giyu y besarlos suavemente. –Nos vemos mañana. –Le susurró.
Caminó dignamente sin mirar atrás y con una despampanante sonrisa en los labios. Y una vez sola, empezó a reír.
¡Tenía una cita! ¡Con Giyu!
No podía estar más contenta. Era un inicio, había dado el primer paso para conservar y mantener su relación. Aparentemente sería más difícil de lo que pensaba. Saltaba a la vista que él aún quería a su esposa, pero Alice había muerto y él no.
Giyu aun podía y merecía ser feliz.
A su lado.
E iría hasta las últimas consecuencias para demostrárselo.
::
La pantalla se oscureció completamente, indicando que la computadora había entrado en estado de suspensión.
Aoi pudo ver su reflejo en la pantalla. Frustrada, presionó un botón del teclado haciendo que el programa de cálculo y organización que tenía abierto volviese a aparecer; más fue en vano porque no progresó.
¿Por qué los últimos dos trimestres eran tan cortos?
Aún tenía mucho que organizar y parecía tan poco el tiempo que le quedaba. Tenía que planificar desde cuando empezaría el festival cultural y dónde sería el paseo anual; eso sin mencionar la graduación. Todo tenía que quedar en fechas precisas.
El festival cultural debe ser después de los segundos exámenes porque, su preparación lleva un tiempo considerable, pero también debe dar tiempo a los estudiantes de último año por las pruebas de ingreso a las Universidades, de manera que las preparaciones para el festival deben de empezar a llevarse a cabo instantáneamente después de volver del segundo mes de vacaciones.
Mes en el que se debería llevar a cabo el paseo estudiantil de dos días y una noche. Ni siquiera sabía a dónde irían.
Y ella que creía que el trabajo de inspectora sería menos estresante que el de profesora. Igual tenía que lidiar con monstruosos adolescentes y su bajo rendimiento académico, aunque ya no calificase las pruebas.
Al diablo , pensó, cuando frustrada cerró el programa después de haberlo guardado en su USB. Tenía todo el fin de semana para planificar sus pendientes y lo haría sin el estrés de estar en el instituto.
Sus ojos se posaron en la hora y fecha que marcaba el ordenador. Era viernes, dos y cuarto de la tarde, faltaba poco tiempo para el fin de la jornada académica y no vería hormononales adolescentes por los siguientes dos días. Si aguanta toda la semana, cuarenta y cinco minutos cifras un chiste.
Se dispuso a revisar su correo electrónico y entre tantos mensajes nuevos, el que más le llamó la atención fue uno que acababa de llegarle, de la página al cual se había suscrito para que le avisase de las actualizaciones semanales de One Piece. ¡Diablos, era viernes! El manga salía ese día, ¿Cómo pudo olvidarse de ello estando en la parte definitiva de la historia?
Justo después de que iniciara la guerra en Wano contra Kaido. Sin más preámbulo entró a la página y leyó el capítulo esperado.
No pudo evitar suspirar una vez que lo concluyó. La guerra se estaba tornando más emocionante, Inuarashi y Nekomamushi por fin se ha transformado en su forma Sulong y le darían una gran pelea a Jack, y por otra parte ya descubrieron que X Drake es un doble agente y peleará junto a Luffy. Simplemente intrigante.
–Emocionante, ¿verdad?
Se asustó al escuchar aquella voz a sus espaldas. Apagó el monitor ante la falta de tiempo que tuvo para reaccionar y salir de la página web y se regresó a ver a quien le habló y ahora se reía, utilizando todo su autocontrol para que sus mejillas no se pintaran de carmín.
–Tú… –Aoi dijo esa palabra con el mayor desprecio que pudo. Las risas se convirtieron en estridentes carcajadas.
–Si no supiera qué estabas observando, diría que te sorprendí viendo pornografía en tu lugar de trabajo, Aoisita.
–¡Hashibira! –Exclamó la peliazul con el rostro rojo por el coraje que sintió al ser sorprendida por su molesto colega. –Qué falta de respeto es esta. –Le espetó. –Es educado tocar la puerta antes de entrar a una oficina privada.
–Pero sí toqué la puerta, más de una vez. –Se defendió Inosuke. –Estabas tan absorta en el computador que ni siquiera sentiste que entré y cerré la puerta tras de mí y me acerqué a tu escritorio.
–¡Por la espalda! –Agregó la mujer. –Pudiste haberte hecho presente de alguna otra manera.
–Así no había sabido qué veías con tanta pasión, aunque, debí imaginarlo. –Contestó encogiéndose de hombros. –Tu no verías pornografía en tu lugar de trabajo.
–¡Ni en ningún otro sitio! –Se apresuró en contestar.
–Ajá. –Contestó Inosuke rodando los ojos con el único afán de fastidiarla.
–¡Es enserio! –Aseguró ella aún más roja que al principio.
–Claro, claro. –Siguió molestándola. –Digamos que te creo.
–¿En qué puedo ayudarte Hashibira? –Preguntó con los dientes apretados.
El aludido la examinó de pies a cabeza terminando en sus ojos.
–Tu abuelita debe estar feliz de que le hayas devuelto su ropa. –Agregó mirando cómo iba vestida la señorita. Un pantalón negro ajustado, con una blusa blanca que tenía encima un chalequito color negro que creaba cintura y realzaba sus senos. Unos senos muy grandes y bien formados. –Ya era hora de que usaras ropa normal.
Ahí está, pensó Aoi. Cómo siempre, a criticarla. Si hacía algo mal y si hacía algo bien, también. Ya estaba acostumbrada a que nada de lo que hacía era suficiente, para nadie.
–Si has venido a molestarme, por favor retírate. –Le dijo lo más tranquila que pudo.
A Inosuke, aquel cambio de actitud lo tomó desprevenido. Aoi siempre le devolvía sus ataques, lo que hacía divertido molestarla. Esa actitud tranquila y sumisa que adoptó repentinamente lo dejó desubicado.
–Aoisita…
–¿Qué quieres Hashibira? –Preguntó mirándolo con dureza. –No tengo tu tiempo.
Por alguna extraña razón no quiso seguir fastidiándola. A pesar de mantener su pose estoica, Aoi parecía que podría quebrarse si la presionaba un poco más.
–Necesito que firmes esto. –Dijo Inosuke entregándole unas hojas. –Son las autorizaciones para que todos los seleccionados de mi equipo participen en la última etapa del torneo.
–Las revisaré este fin de semana y te las traeré el lunes. –Anunció sin regresarlo a ver.
–Gracias.
Aoi no contestó.
Inosuke iba a salir, pero se detuvo a medio camino y regresó a colocarse frente al escritorio de la inspectora, ella ni siquiera alzó la vista para verle. Él no se iba a ir, no así. Si había dicho algo que la ofendió se disculparía, porque era un hombre. Lo malo era que no sabía por qué disculparse.
-Lo siento. –Igual lo dijo, era mejor que nada.
–No te disculpes. –Pidió Aoi. –Valoro las críticas que dicen de frente, así como aborrezco que se hable a mis espaldas.
El joven Hashibira no prestó atención a lo último que dijo su superiora, se concentró en la parte de la crítica. ¡Claro! Él había comentado acerca de su vestuario, pero fue con la mayor inocencia del mundo. Era su manera de decirle que se veía bien. Salvo que, por alguna razón ella lo tomó mal, después de todo a ninguna mujer le gusta que se insinúe siquiera algo malo de su ropa o maquillaje.
–Aoi. –Se sintió raro decir su nombre. –Lo que yo quería decir…
En ese momento el teléfono celular de ella sonó y con un ademán de su mano detuvo su hablar.
–Kanzaki. –Habló a la voz al otro lado de la línea. –Sí, con ella. –Aquella voz le resultaba familiar. –¿Qué ocurrió? –Sintió como la garganta se le secaba y de repente, todo le daba vueltas. –Voy enseguida. –Dijo con un hilo tenso de voz.
Inosuke la vio palidecer y con manos temblorosas tomar su cartera, en el ajetreo, su celular se cayó al suelo y él se agachó a recogerlo. Cuando sus manos tocaron las de ella, las sintieron heladas. Dejó el celular sobre el escritorio y encaró a la peliazul.
–¿Estás bien? –Preguntó preocupado.
-Si.
Y sin más que decir salió corriendo de la oficina dejando un atónito Inosuke, preguntándose quién llamó a la inspectora para que la siempre controlada Aoi Kanzaki perdiera los nervios de aquella manera. Incluso olvidó su celular.
Sin pensarlo mucho tomó el teléfono y hábilmente revisó las llamadas recibidas. Por alguna extraña razón sintió que debía llamar a ese número y averiguar quién habló a Aoi.
¿A ti qué te importa ? Preguntó su subconsciente. Los asuntos de Aoi no son de tu incumbencia , repitió su voz interior.
Sin saber muy bien porqué e ignorando a su ego, sacó su celular y marcó al número que había llamado a Aoi. Esperó por segundos que parecieron eternos hasta que finalmente descolgaron del otro lado de la línea.
- Clínica de Rehabilitación de Tokio. ¿En qué puedo ayudar?
::
Era una tarde sin sol, afortunadamente. De otra forma, Zenitsu no podría estar respirando agitadamente echado en el piso mientras las gotas de sudor se escurrían de su frente hasta el concreto.
Estaba enojado. Muy enojado.
¿Qué carajo pasaba con él? ¿Quién había lanzado un embrujo contra él?
Es decir, ¿acaso no bastaba con su repentino desinterés por el sexo femenino? Y no, no es que haya cambiado de preferencias, si no que ya no puede ver a una chica deseable e imaginarse teniendo sexo con ella. Corrección, de poder, puede., Pero por alguna razón NO QUIERE.
Cuando considera acostarse con alguien e intenta imaginarse con esa persona, de la nada, los recuerdos de su noche con Nezuko lo atormentan, o sea, aquella noche fue sublime y eso es lo que le atormenta. Cree que no podrá repetir la experiencia de tal éxtasis con alguien que no sea ella. Su unión con la castaña fue algo tan diferente que sabe que ninguno de sus futuros encuentros amorosos será ni la mitad de satisfactorios.
Dios, Tomori Miyaki insinuó directamente que podía ir a su casa el sábado por la noche porque sus padres no estarían. Sólo un muerto no reaccionaría ante la voluptuosa Tomori Miyaki, y tenía miedo, sí temía que al momento de la acción resultó que no quería, cuando antes quería SIEMPRE.
Pero seguramente aquello no pasaría. Tomori era, según comentarios de sus propios amigos, una diosa en la cama. Así que, no se preocuparía más por eso. De momento.
Lo importante ahora era porqué, demonios, no podía encestar una pelota. Él era una máquina de los tiros libres y de los jugadores que más tiros de tres puntos aseguraban un partido, ahora fallaba hasta en las entradas sencillas. No había fallado en una entrada desde que la aprendió a los ocho años, y ese día era una basura en la práctica de baloncesto.
El entrenador lo notó y tras recordarle que tenía que dejarse de niñerías porque estaban en cuartos de final, le obviar el entrenamiento y simplemente ir a hacer tiros libres. Pero, tras media hora y ni un solo acierto se rindió y ahora yacía en el suelo de la cancha descansando muy frustrado.
En conclusión, fue hechizado. Aunque el término debería ser: maldito.
Al parecer alguien le lanzó una maldición para que su perfecta vida se fuera al traste. Empezando tras perder el contacto con su mejor amiga de toda la vida, no, empezó cuando se acostó con ella. Claro que no podía llamar maldición a una unión tan sublime como la que compartieron juntos, pero lo alejó de ella, apagó su lívido sexual y aniquiló su habilidad para el baloncesto.
¿Cómo es posible que su vida, antes perfecta ahora sea una desgracia? ¡¿Por qué se quejaba como una niña ?!
Algo impactó sobre su rostro golpeando su nariz y obligándolo a incorporarse.
–¡¿Quién demonios tiró la pelota en mi cara ?!
–¡Lo sentimos, superior Agatsuma! –Chilló un novato corriendo a pedir disculpas por su imprudencia. –¡Ha sido un accidente!
¡Un accidente y un carajo! Era parte de su maldición. Dios, ¿Qué debería que hacer para librarse de ella?
–Desaparece. –Fue lo único que le dijo ahogando las ganas que tenía de reventarle el balón en la cara. Pero, qué culpa tenía el chiquillo de su maldición.
La nariz le quemaba y seguramente, pronto empezaría a estornudar oa sangrar. Se la restregó en un vano intento de mitigar el dolor. Sintió el líquido caliente bajar por sus fosas nasales, de modo que sangraría. Menudo día para que la enfermera no asistiera.
Sonrió con nostalgia. En otras circunstancias, Nezuko ya estaba frente a él atendiéndole la herida. Ella tenía todo en su bolsa y era apropiado, porque sabía que él tenía práctica y era probable que lo necesite. Pero ahora, Nezuko ya no lo frecuenta y aunque no se han hablado en días, sabe que ella no tiene motivos para estar en su práctica de baloncesto.
Instintivamente recorrió con la mirada el lugar habitual donde ella se sentaba siempre, en el lado de la cancha de baloncesto. Por reflejo giró a ver hacía el otro lado, aquel que delineaba con la cancha de soccer, pero desde la cual también se podía ver los entrenamientos de baloncesto.
Y ahí estaba ella. Nezuko. En medio de las dos canchas y sumida en los apuntes que sacaba de un libro, ajena a todo a su alrededor. Pero, lo importante era que ella estaba ahí, aunque dijo que iba a mantener distancia no pudo y hoy fue a su entrenamiento. Se sentó lejos, claro, seguramente planeaba esperarlo a la salida, para decirle que era una tontería eso de la distancia y que volvieran a ser mejores amigos.
Que lo extrañaba.
La confesión quedaría olvidada y todo volvería a su cauce paulatinamente. Ella diría todo, él no debería que sacrificar su orgullo al admitir que también le hacía falta horriblemente, se disculparían y nada pasaría. Él estaba dispuesto a olvidar todo por muy difícil que eso fuera. Pero, si con esa condición recuperaría a su mejor amiga entonces valdría la pena.
El rubio salió de su paraíso idílico cuando sintió algo líquido caer en la comisura de sus labios. Los cerró por instinto y un sabor ferroso recorrió sus papilas gustativas. Se tocó la nariz y comprobó que la sangre provenía de allí, debería que ir a curarse.
Vio la pelota a sus pies y sin pensárselo mucho la tomó. Audazmente retrocedió hasta la línea de tres y se colocó en posición de lanzamiento sin tener en cuenta el dolor en su nariz o aquel incómodo sentimiento de tener la misma llena de líquido escarlata. Fijó sus orbes doradas en la canasta y de soslayo miró a Nezuko antes de lanzar.
La muchacha se giró al sentirse observada y por una fracción de segundo sus ojos rosados se encontraron con los de él; y Zenitsu lanzó.
Y encestó, limpiamente.
Lejos de alegrar aquel hecho al muchacho, lo preocupó. Había gastado toda la tarde intentando encestar vanamente y ahora lo hace así de fácil. ¿Por qué? Si estaba igual que al principio, el sangrado de la nariz no influía en su puntería. Entonces, ¿Qué?
El rubio alzó la vista y vio a Nezuko. Había vuelto a sumirse en sus cuadernos y ya no lo veía. No podía ser por eso… ¿o sí?
Para salir de dudas recogió nuevamente la pelota y se preparó para lanzar. Miró a la castaña, pero esta vez ella ni siquiera regresó a verlo. Convencido de que sus ideas estaban erradas lanzado confiadamente el balón.
Pero, esta vez falló.
Zenitsu no siguió el desigual camino que tomó el objeto redondo el cual increíblemente salió despedido por los cielos. Su mente estaba más concentrada en averiguar qué diablos había pasado. ¿Por qué acertó cuando Nezuko lo veía y falló humillantemente cuando no lo hizo? ¿Por qué?
Nuevamente sintió un impacto, la pelota regresó expresamente a atrofiar su nariz. ¿Qué clase de maldición era esa?
Regresó a ver a su amiga con lagrimillas en los ojos por el dolor que le infligió el segundo golpe de la pelota.
–¿Qué clase de embrujo me lanzaste, Nezuko?
::
-I don't like.
Habló una joven.
–Es el más práctico y útil. –Respondió esta vez una voz masculina.
–Pero el diseño no llama la atención. –Rebatió la muchacha. –Es aburrido y… deprimente.
–Clásico. –Corrigió el joven.
Los ojos verdes de ella se encontraron con los bicolor de él, y comenzó una guerra de miradas que ninguno estaba dispuesto a perder.
–Es inútil. –Farfulló la joven. –No sé cómo se nos pudo ocurrir que trabajar juntos sería una buena idea.
–Básicamente, los errores cometidos son causados por la falta de cooperación. –Rebatió el muchacho. –No hay otra explicación para que las bases de nuestros prototipos sean tan diferentes la una de la otra.
–Entonces usemos la mía y sigamos adelante. –La jovencita se acomodó las trenzas con superioridad.
–Tiene demasiados errores. –Fue la corta respuesta de él. –Si utilizaremos una de ellas, la más funcional es la mía.
–¡Hice mi parte con la ayuda de Tokito, no puede estar llena de errores! –Chilló molesta. –Además, lloraría para impedir que instalaran ese sistema operativo en mi computadora. Su estructura carece de originalidad y eso es lo que lo hace llamativo y comerciable.
–En efecto, pero después de unos meses afrontarías demandas y múltiples quejas por el mal funcionamiento de tu producto.
–Entonces, ¿Qué sugieres niño genio? –Preguntó ya exasperada la chica. –Si no tomarás en cuenta ninguna de mis sugerencias, ¿Qué demonios estamos haciendo aquí? Si consideras mi trabajo tan insignificante, entonces ¿Por qué no lo haces todo tú solo y me dejas tranquila?
–Porque conociéndote, te pondrías histérica como ahora Kanroji.
–Tú no me conoces Iguro y el que esto te haya parecido un ataque de histeria lo demuestra.
–No me interesa. –Fue la parca respuesta del muchacho.
–Lo sé.
El muchacho alzó la mirada para ver a la joven, era demasiado extraño que ella diese su brazo a torcer en una discusión tan fácilmente. Kanroji no era de las que se callaba así no más, era de las que luchaba hasta tener la última palabra. ¿Le ocurrirá algo?
A él qué le importa.
Obanai siguió analizando el prototipo que Mitsuri tenía en su computadora y se lo mandó por correo al ¡Pad. No tenían nada en común y no es que estaban mal, simplemente, eran demasiado diferentes.
Incompatibles.
Como ella y él. Una de las esquinas de sus labios se alzó levemente. Menuda comparación, pero era cierto. Ellos no tenían nada en común salvo tal vez, que ambos eran aplicados e inteligentes. Pero en lo demás no. Ella era sociable, alegre y chillona. Él era repelente, no era alegre y es callado. Nunca podrían compaginar, al igual que sus prototipos de sistemas operativos.
Por su parte, Mitsuri hacía lo propio con el prototipo de Obanai y llegaba a la misma conclusión. Al parecer eso sería más difícil de lo que pensaba, pero ella no podía darse el lujo de quedarse sin su beca. No podía. Pero tampoco iba a dejar que el azabache hiciera lo que se le pegara en gana. Sin embargo, ella era quien perdía más.
¡Necesitaba una señal divina!
Y cómo si Dios la hubo escuchado, en pocos segundos, ambos quedarán sumidos en la más profunda oscuridad.
–Se fue la luz. –Exclamó Mitsuri como si no pudiese creer lo que pasaba.
–Creo que eso es obvio. –Respondió el joven que sí era iluminado por su ¡Pad, aunque le quedase poca batería.
–Es una señal. –Murmuró la joven de cabellos rosados para ella mirando la oscura habitación únicamente iluminada por el aparatito electrónico de Iguro.
Obanai se puso de pie y fue a abrir la puerta. Al menos afuera aún contaban con la claridad del día, nada sacaban quedándose en una habitación a oscuras.
–Está cerrado. –Dijo en voz alta y volvió a empujar la puerta con fuerza. –Estamos encerrados.
¡Su señal! ¡Ahí estaba! De repente, cayó en cuenta de algo más: Iguro y ella estaban encerrados sin luz en un aula.
Nada bueno podía resultar de eso.
::
Poco a poco empezaba a atardecer. Pudo observar desde la ventana como algunos tonos rojizos se empezaban a hacer presentes a pesar de que había sido un día nublado.
Suspiró con nostalgia, ese tipo de clima le traía buenos recuerdos que había compartido con Tanjiro. Cada vez que el día estaba nublado o lluvioso, él la invitaba sin falta a tomar un chocolate caliente, ya fuera en alguna cafetería o en la casa de él.
¿Por qué las cosas no podría seguir como antes? ¿Por qué Tanjiro incluirá que todo cambiara entre ellos? Todo comenzó desde que llegó que Katsumi penetró poco a poco en la bonita amistad que ambos tenían. Tal vez una amistad no era lo que ella quería, pero por lo menos tenía el gusto de tenerlo a su lado la mayor parte del tiempo.
Pero ya basta, ella tomó la decisión de ya no acercarse a él, por lo cuál no debería por qué estar pensando en ese tipo de cosas. Él debe de estar muy a gusto pasando el tiempo con la rubia mientras que ella se sigue martirizando por lo mismo.
–Kanao. –La llamó a alguien obligándola a salir de sus pensamientos. –¿Te encuentras bien?
–¿Eh…? –Se giró dónde provenía la voz para encontrarse con unos dulces ojos verdes. –Ah, Hideki. No te preocupes, está todo bien.
–¿Estás segura? Te llamé varias veces y no respondiste. –Se acercó a ella para posar su mano en su frente. –Tal vez vayas a enfermar.
Kanao tardó en reaccionar y darse cuenta de la cercanía de su amigo. Al tenerlo así de cerca pudo apreciar lo apuesto que era y que el perfume que llevaba olía bastante bien. No era de extrañar que Hideki tenía más de una chica detrás de él, después de todo tenía lo suyo. Pero por alguna extraña razón no estaba con nadie, ni siquiera se notaba que estaba interesado en alguna chica. Bueno, ahora que lo pensaba ella tenía el gusto de disfrutar de su compañía.
¿Pero qué…?
–¡E-estoy bien! –Lo alejó como si quemara al darse cuenta de lo irracionales que eran sus pensamientos. ¿Pero en qué estaba pensando?
–De acuerdo, de acuerdo. –El moreno se alejó de ella no muy convencido.
–Y… –Tomó aire tratando de mantener la compostura. –¿Para que me buscabas? Estoy un poco ocupada con algunas medicinas que estoy probando. –Dijo mientras volvía dónde estaban sus instrumentos de trabajo.
–Bueno, el profesor Yagami quiere verte en su oficina. –Le informé mientras se acercaba nuevamente a ella. –Me pidió venir por ti.
–¿Y no te comentó para qué? –Preguntó mientras se quitaba su bata de laboratorio dejándola en el perchero. Él negó con la cabeza. –Bien, entonces vamos. –Le pidió mientras salían juntos del salón.
–¿Y ya has comido algo? No he visto que salgas del club para tomar un descanso. –Habló su amigo tratando de sacar tema de conversación.
–Con lo que comí a la hora del almuerzo fue más que suficiente, no te preocupes.
–Pues no me quedo para nada tranquilo. –Le reprochó mientras sacaba una sándwich de su maletín. –Toma, ya ha trabajado bastante.
–N-no creo que…
–Y no aceptaré un no como repuesta. –Le interrumpió antes de que pudiera negarse. –Sabes que me preocupas.
Kanao lo miró por unos instantes para después sonreírle dulcemente, provocando el sonrojo de su acompañante.
–Muchas gracias Hideki.
–No es nada, de por sí ya no tenía pensado comerlo. –Mentira. Ese sándwich lo había preparado especialmente para ella, solo estaba esperando la oportunidad para dárselo.
–No lo digo sólo por esto, si no que por todo. –Se detuvo en seco mientras jugaba con sus manos un poco nerviosa.
–¿Eh? –También se detuvo retrocediendo dónde estaba Kanao. –¿A qué te refieres?
La menor de las Kocho se mantenía cabizbaja sin dejar de jugar con sus manos. ¿Por qué se ponía nerviosa? Sólo se trataba de Hideki, y ella solo quería agradecerle por todo el apoyo que le ha dado, por no dejarla sola.
¿Entonces por qué su corazón no dejaba de latirle con rapidez?
–Porque siempre has estado para mí. –Soltó por fin viéndolo a los ojos y con su rostro notoriamente sonrojado. –Has hecho más livianos mis pesares, y te agradezco por siempre tratar de buscar lo mejor para mí. Creo que desde que nos conocemos… –¿Desde cuándo hablaba tanto? –He pasado momentos agradables contigo.
Por su parte, Hideki no podía creer lo que estaba saliendo de los labios de su amiga. Tal vez no era una confesión, pero lo que decía lo sentía tan sincero que llego a lo más profundo de su corazón.
Desde que entró al club y la vio por primera vez quedó fascinado con ella, y no sólo por lo linda que es, si no porque la dedicación y el cariño que le dedicaba a su trabajo era digno de admirar. Kanao disfrutaba de lo que hacía y disfrutaba compartir sus conocimientos con sus demás compañeros, eso lo comprobó cuando le dio asesorías personales, being ahí cuando se enamoró completamente de ella.
La exposición por unos momentos convenciéndose a sí mismo de que Kanao era lo que más deseaba en su vida, si no es que todo.
–Kanao… –La llamó con dulzura sorprendiéndola. –No tienes nada que agradecer. –Extendió su mano para acariciar su mejilla con delicadeza. –Ten por seguro que yo nunca haría algo que te lastimara. –Y sin previo aviso besó su frente con dulzura.
Usó bastante fuerza de voluntad para no besar sus labios, pero quería ir poco a poco, no debería lanzarse al instante ya que aún no sabía los sentimientos que tenía Kanao hacia él. Mientras Kamado no haga aparición, tomará todo con calma.
–Ahora andando, el profesor Yagami ya nos ha esperado por mucho tiempo. –Le ánimo a seguir mientras se adelantaba a la sala de maestros ante la atónica mirada de Kanao.
No sabía cómo, pero cuando menos se dio cuenta Hideki le había besado la frente dulcemente. Llevó sus manos a su pecho e inhaló aire profundamente para asimilar lo que había pasado. Aún estaba nerviosa y sintió su rostro arder por la vergüenza.
Dirigió su vista dónde caminaba Hideki y sonrió tímidamente. Si Tanjiro puede seguir adelante, ella también lo haría.
::
Inosuke caminaba por inercia y sumido en sus propios pensamientos. Lo que había presenciado le parecía increíble, no se lo había esperado. O tal vez no se lo esperaba de ella.
- Flashback-
" Clínica de Rehabilitación de Tokio"
Inosuke leyó el letrero que indicaba que aquel suntuoso lugar era el que estaba buscando. Tras pedir la dirección por teléfono no tardó mucho en llegar. Fue la llamada de ese sitio la causante de la repentina palidez de Aoi y de su atolondrada salida. Parecía asustada, como si fuera una emergencia. Por eso estaba él ahí, por si acaso necesitase ayuda. Conoce a Aoi de años y nunca ha visto a un familiar suyo, podría ser hija única o algo así y era muy orgullosa para pedir ayuda, aunque la necesitase. Era una mujer y una fuerte; sin embargo, no podía quitar de su mente el rostro tan atormentado y dolido que tenía cuando malinterpretó sus palabras.
Por cómo ella lucía sabe que la hirió, aunque no fue su intención. Por eso estaba ahí, para tratar de enmendarlo de ser posible. Por ningún motivo en especial, simplemente, Aoi es su colega, además era un ser humano, o eso creía y era mujer; podría necesitar ayuda sólo que era tan cabezota que nunca lo pediría.
- ¿Podemos ayudarlo, señor?
Inosuke no se había dado cuenta que había llegado a la recepción, donde una amable señorita le preguntaba qué quería.
- Sí. –Dijo después de unos segundos. –Disculpe, quisiera saber en qué habitación se encuentra Kanzaki. –No podía decir señor o señora ya que no sabía de quien se trataba. ¡Por Dios, ni siquiera sabía si estaba buscando a algún familiar de Aoi! Podía ser un amigo o el hijo de su vecino o su novio.
- ¿Es usted familiar de la señora Kanzaki? –Preguntó una tercera voz, igualmente femenina pero más gruesa y severa. Era una mujer mayor.
- Soy amigo de su hija. –Aoi le pegaría si supiera que se refiere a ellos como amigos. –Y me ha dicho que venía hacía acá. –Mintió deliberadamente, esperando que la señora le diese la información.
- Lo siento, pero no damos información de nuestros pacientes a terceros. –Le dijo muy firme y viéndolo con suspicacia. –Sí quiera saber algo pregúntele a la señorita Kanzaki cuando la vea
En otras palabras: "Largo. No pienso decirle nada. La salida está a cincuenta metros."
- Es la primera vez que vemos a un amigo de la señorita Kanzaki aquí. Quizá ella le pidió ayuda.
Inosuke escuchó que la más joven le hablaba a la mayor en murmullos creyendo que él no las escuchaba.
- Es un caso privado, no podemos dejar pasar a nadie a menos que venga acompañado expresamente por un familiar. –Le respondió la mayor.
- Las crisis de la señora Kanzaki son cada vez más fuertes y sólo su hija mayor se encarga de ella. No sería raro que haya pedido ayuda esta vez.
- A mí también me da pena por la señorita, pero no podemos hacer nada. Ahora, vuelve a su trabajo.
La mayor de las féminas se volteó a continuar su trabajo en el ordenador. La más joven lo miró y comprendió que había escuchado toda su conversación. Discretamente alzó su cuaderno de tal forma que pudiese ver lo que ella había escrito: "Segundo piso, habitación 222."
El peliazul le dedicó una sonrisa de agradecimiento y veloz pero discretamente subió por las gigantes escaleras sin inmutarse por su excelente condición física hasta que llegó al lugar requerido. No fue muy difícil dar con la habitación ya que incontrolables gritos se escuchaban por todo el piso. Decidió seguirlos y lo que encontró fue un cuadro que llevará grabado en su memoria quizá por el resto de su vida.
- ¡Vete al demonio! ¡Eres un fracaso como mujer, hija y como persona! ¡Una marimacha gorda y fea no puede ser mi hija! ¡Yo no quería tener más hijos! ¡Me arruinaste la vida!
-Fin del Flashback-
El semblante de Aoi era imperturbable ante la sarta de ofensas que profería aquella mujer contra ella. Su rostro no denotaba emoción alguna, era como si se hubiera vuelto inmune a todo a su alrededor. Con voz monótona trataba de calmar a la mujer vanamente, aquella imponente señora de cabellos negros yacía sujeta a la cama de la habitación. Cuando la peliazul trató de acercársele, ella pareció perder más la cordura y seguía gritando como una poseída, de nada servía que los médicos y las enfermeras tratasen de dialogar con ella. Lo único que salía de su boca eran insultos dirigidos a Aoi.
Tanta era la tensión en ese lugar que cuando una enfermera entró con una jeringa en mano ni siquiera notó que él estaba parado discretamente observando el dantesco espectáculo. La mujer seguía gritando e insultando a Aoi cada vez más y con palabras más sórdidas y crueles. Sólo una vez que lo que le inyectaron comenzó a surtir efecto, la mujer se calmó paulatinamente y Aoi se acercó a ella para acariciar sus cabellos con infinita ternura.
Entonces le dijo aquello:
" No creas que por vestirte así serás algo. Tú nunca serás nada Aoi, nunca."
Luego comenzó a balbucear cosas respecto a una tal Ayame. Aoi no le contestaba, simplemente se mantenía callada y seguía acariciando sus cabellos. Inexplicablemente le entraron unas ganas de entrar y gritarle a la vieja esa que no podía gritarle a Aoi de esa manera, y también gritarle a la peliazul, porque por muy madre que sea no debería de tratarla así.
Ella no tenía complejo de alfombra y eso todo el mundo lo tenía claro. Era frustrante verla tan dócil y sumisa ante alguien que la agredía tanto. ¡¿Por qué era así de tierna con alguien que la trataba tan mal ?!
Porque es su madre. Respondió la voz de su interior.
En ese momento volvió a la realidad, y antes de que todos los presentes se percataran de su presencia, salió de la clínica sin mirar atrás. Lo que presenció lo había impresionado. Aparentemente esa mujer era la madre de Aoi, pero el trato que le dispensaba era propio de una madrastra. Él no podía imaginar aquello que su madre siempre ha sido un amor, si bien es cierto que cocina peor que Akane Tendo, pero es una madre amorosa y comprensiva, al igual que las madres de todos sus conocidos.
Con una madre como la de Aoi, para qué enemigos, por muy enferma que esté. Aquello explicaba mucho respecto a la conducta de Aoi, aunque, por su semblante, ya parecía inmune a todo lo que le decía. Eso probaba que todas las cosas que le dijo en ese momento ya las escuchado antes y quizá cosas peores.
Nunca pensó que llegaría a pensar esto, pero siente lástima por su colega. Y se siente culpable por lo que le dijo, aunque no lo había hecho con afán de herirla. Estuvo claro que ella lo malinterpretó, ahora tenía que disculparse con ella, pero, por supuesto que no tenía ni la más remota idea de cómo hacerlo, es decir, no podía llegar y decir que lo sentí, que no sabía que su madre la humillaba de esa forma.
Podría invitarle algo… Era más probable que acepte la invitación a Zenitsu, a quien detesta.
Mierda, tenía que haber una forma.
–¡Inosuke!
El peliazul se giró y se encontró frente a frente con su mejor amigo.
–Giyu…
–Llevo gritándote por un buen rato, parecía que estabas en otra galaxia, para variar. –Le espetó el pelinegro quien visiblemente venía de terminar sus quehaceres como director del equipo de natación. Equipos… miró la hora en su reloj de pulsera y no pudo evitar emitir un juramento.
–Diablos… –Se quejó Inosuke golpeando su frente. –No fue a la práctica. Ojalá que ese grupo de ociosos hayan jugado entre ellos al menos.
–¿Qué sucede? –Preguntó Giyu preocupado invitando a su amigo a sentarse en unas barandillas a las afueras del colegio. Que Inosuke esté en otro mundo cuando camina es una cosa, pero que haya olvidado ir a las prácticas de su equipo de baloncesto es algo de preocuparse.
El profesor de gimnasia vaciló un momento antes de sentarse y contarle todo lo que había pasado, es decir, que había seguido a Aoi y descubierto cómo la trataba su madre. Le noté lo que le dijo antes de eso y que quisiera saber cómo disculparse y que no tenía ni idea. Sabía que podía confiar en Giyu al momento de guardar un secreto.
–Eres un insensible. –Contestó Tomioka después de haber escuchado todo atentamente.
–Gracias. –Contestó con sarcasmo Hashibira. –Creo que eso ya lo sabía. Vamos Giyu ¿qué puedo hacer? Tú siempre sabes qué hacer.
–Los halagos no te servirán de nada. –Le informó el joven sacando sus lentes de su estuche y colocándoselos. –No puedes disculparte con ella porque se supone que tú no sabes que dijiste algo que la lastimó y porque la hirió. Supongo que tendrás que quedarte callado y aprender a no ser tan bocón.
–Me siento un canalla Giyu. –Confesó finalmente. –Ha sido un golpe bajo.
–Si mal no recuerdo, hace poco te burlabas de lo poco femenina que era.
–Pero eso sólo lo sabes tú. –Le espetó. –Simplemente quería fastidiarla, no lastimarla. Se ve bien con la ropa que se pone, ya no parece la carcelera de una penitenciaría.
–Y ya no puedes decírselo porque pensará que lo haces sólo por obligación.
–Sí, claro. –Empezaba a frustrarse, no se supone que Giyu le dijera lo que ya sabía. –Entonces, ¿qué hago?
El pelinegro meditó un poco antes de contestar.
–Sé un hombre. –Fue la simple respuesta de Giyu. –Has cometido un error y tienes que reconocerlo, llevaste una broma demasiado lejos sin tomar en cuenta los sentimientos ajenos. Ella no tiene que enterarse que sabe que la heriste, es cosa de sentido común nunca comentar negativamente acerca de cómo va vestida, peinada o maquillada una mujer, y ambos sabemos eso. Lo que pasa es que claramente, apenas has notado que Aoi es una mujer y que por muy fuerte que aparente ser en el exterior, también es frágil y delicada.
Las palabras de Giyu calaron muy profundamente en su cabeza. Era cierto, hasta hace poco consideraba a Aoi como una especie de ser de otro planeta, jamás la había considerado como una mujer, hasta ese momento. Estaba seguro de que, aunque se mostró impasible en aquellos momentos en la clínica, por dentro quería llorar. Pero ella tenía que ser fuerte y lo mismo era en el trabajo. Él sabía de primera mano lo difícil que era tratar con adolescentes.
–Soy un idiota. –Declaró dramáticamente.
–Sí que lo eres. –Corroboró Giyu. Inosuke lo empujó con fuerza. –Es la verdad, pero eres un buen amigo, el mejor.
–Lo sé. –Ahora fue él quien recibió un golpe en la cabeza por parte de Tomioka. –Tú tampoco eres tan malo, Tomioka. Al parecer tu relación con aquella chica misteriosa va bien.
La mención de su "romance" cambió el semblante del pelinegro. Aún era un asunto delicado y se había convencido a sí mismo de que tenía que acabarlo. Le daría a Shinobu su ansiada cita y luego la cortaría caballerosamente.
–Eso no va a ninguna parte. Terminará tan pronto como empezó. –Aseguró Giyu mientras se ponía de pie y sacaba un cigarro.
–Ah no. –Inosuke se levantó y se puso frente a él. –Ahora sé tú un hombre Giyu y enfrenta de una maldita vez tus fantasmas.
–No es tan sencillo como piensas Inosuke, tú no sabes nada, no lo entiendes. Es imposible.
–Entendería si me lo explicases. –Le espetó Inosuke y se adelantó a Giyu en contestar. –Bien, sé que no me lo vas a contar y lo entiendo. –Estaba convencido de que Giyu salía con una mujer casada o quizá una prostituta. Era la única explicación que se le ocurría para que asegurase que era imposible. –Pero ¿qué tiene de malo intentarlo?
–Tiene todo de malo. –Fue la respuesta del pelinegro. –Ella y yo no podemos estar juntos. Se merece algo mejor. –Contestó mirando su anillo de matrimonio.
Inosuke entendió con aquella frase que el del problema era Giyu.
–¿Y tú? –Cuestionó Inosuke a su amigo. –¿Tú no mereces ser feliz?
–Ya no puedo serlo. –Giyu ni siquiera lo vio venir. En un momento estaba bien y ahora estaba en el suelo. –¡¿Pero qué carajo…?!
–¡Alice está muerta! –Le gritó el muchacho. –¡¿Entiendes?! ¡M-U-E-R-T-A! –Observó cómo su amigo abría sus ojos azules desmesuradamente. –No volverá. –Dijo más calmado. –Tú no estás violando su memoria, el cura mismo lo dice: "Hasta que la muerte los separe." Y a ustedes ya los separó.
–¡Ya lo sé! –Exclamó Giyu desde el piso. –Ya lo sé. –Murmuró viendo su anillo.
–Pero tú estás vivo, Giyu. –Inosuke se acuclilló a alturas de su mejor amigo. –Vivo y mereces intentarlo. ¡Joder! ¿Qué es una oportunidad? inténtalo. ¿Qué puedes perder? Si después de eso no funciona, lo dejas, pero al menos haz la prueba. –Tomioka seguía sin responder. –Alice así lo querría.
–¿Cómo lo sabes? –Preguntó el pelinegro con amargura.
–Porque te quería, y sé que odiaría tanto como yo el ver en lo que te has convertido, y que estaría tan agradecida como yo de saber que alguien ha despertado tus sentimientos, y lo más importante, que estaría tan enojada como yo al saber que estás hecho un cobarde y no quieres enfrentarlo. ¡Tú me lo acabas de decir! Ahora te lo repito yo: ¡Sé hombre! Y enfrenta el pasado de una vez por todas.
¿Enfrentar el pasado? ¿Enfrentar el dolor? No, no podía. No cuando huir era mucho más fácil. Él estaba muy cómodo con su vida, hasta que esa pelimorada con carita de ángel irrumpió en ella, y sin su permiso la puso de cabeza.
–No podría volver a sufrir así. –Confesó luego de un profundo silencio. –No lo soportaría.
Giyu parecía no darse cuenta de lo que estaba diciendo, pero Inosuke lo comprendió al verlo, más no dijo nada. Tomioka tenía miedo de volver a sufrir lo que sufrió con Alice con aquella mujer misteriosa. Su mejor amigo temía que aquella chica pudiera curar sus heridas y volverse una parte importante de su vida la cual no quisiera perder. Aquello era una esperanza para el mismo Giyu.
–Y ¿Cómo sabrás si terminará así? –Aquella pregunta tomó desprevenido al pelinegro, se reflejó en su rostro. –Vamos. –Le extendió la mano para que se incorporara. –Puede que la vida te esté dando una segunda oportunidad y tú la estás dejando ir. O tal vez sea una prueba de que necesitas superarlo. El punto es que nunca lo sabrás si no lo intentas, al menos, piensa en ello. –Giyu seguía sin decir nada. –Sabes que puedes contar conmigo siempre. –Le recordó Inosuke. –En las buenas y en las malas.
Ambos jóvenes se verán mutuamente sin decir una sola palabra. En un silencio en el cual se decían muchas cosas, habilidad lograda únicamente a través de tantos años de amistad. Inesperadamente Giyu le devolvió el golpe a Inosuke.
–Odio cuando hablas con sentido Inosuke. –Reconoció Tomioka. –Y por favor, no siempre tienes que hacer las cosas a golpes.
–Sólo con los cabezotas que no quieren escuchar. –Concluyó con una sonrisa de medio lado. –Además, tú no te quedas atrás, me has pegado sin razón. –Se quejó sobándose la mandíbula.
–Tú me pegaste primero. –Le espetó sacando otro cigarro ya que el primero yacía consumiéndose en el suelo. –¿Nos vamos? A esta hora tus chicos ya habrán terminado de practicar. Si es que lo hicieron hoy.
–Tengo que recoger mis cosas. –Informó el muchacho. –Y creo que ambos necesitamos espacio para pensar. ¿No crees?
–Creo. –Contestó vagamente Giyu. –Nos vemos. –Se despidió dirigiéndose a la salida del instituto.
–¡Giyu! –Lo llamó a Inosuke, el pelinegro volteó. –Piénsalo.
-Lo haré. –Prometió el muchacho. –¡Inosuke! –Lo llamó ahora él. –Gracias.
–No es nada, te pegaré más seguido. –Aseguró con una de sus afables y despreocupadas sonrisas. Giyu, tras asegurar que nadie lo veía, le hizo una señal poco madura y educada con su dedo de en medio. –Yo también te quiero Giyu, y gracias.
Así eran ellos, se hablaban, se pegaban, se aconsejaban, se insultaban. Pero, sobre todo, se ayudaban. Porque eran amigos, mejores amigos.
Ahora Inosuke pensaba en las palabras de Giyu y se quedó pensando en cómo arreglaría el problema con Aoi. Quedarse para disculparse hubo servido, pero era demasiado obvio. Tratándose de Aoi, debería que lograr que lo escuche primero, porque trataría de refugiarse luego de sentirse insultada y lo disfrazaría con indiferencia.
Tal y como se defendía de las palabras de su madre, pero, a diferencia de ella, él enmendaría su error.
Y ya tenía una leve idea de cómo.
::
El libro llegaba su mejor parte y aún le quedaba un cuarto del libro que leer. Las lágrimas no tardaron en acudir a sus ojos, ¡Que desesperación! Faltaba menos de la mitad del libro y el aparente protagonista ya estaba muerto. Qué manera de retransmitir la escena a los lectores, sentía que era ella quien estaba perdiendo a su amado.
Quizá sea por eso por lo que le afectó tanto, porque de una forma u otra ella también había perdido a su ser querido, claro que no puede comparar las situaciones. En el libro, todos tenían su parte de culpa y estaban en un futuro postapocalíptico en el cual morir era algo muy natural, pero al final fue la ambición y egoísmo de la protagonista lo que impidió que pudiese vivir feliz con su amado los últimos días de su vida.
–Nezuko.
Escuchó que la llamaban a sus espaldas. Una voz que ella reconocía perfectamente a pesar de escucharse algo extraña.
–Zenitsu. –Se giró a verlo tras secarse los restos de lágrimas en sus ojos para verse lo más digna e impersonal. Lo que vio la asustó. –¡¿Qué te pasó?! –Preguntó escandalizada. El rubio llegaba con la cara roja y dos motitas de algodón tenuemente rojas en sus fosas nasales.
–Me golpee con la pelota… dos veces. –No quería entrar en detalles respecto a cómo y porqué, y sabía que Nezuko entendería aquello.
–Deberías verla. –Comentó la joven preocupada, pero incómoda refiriéndose a la herida. No quería que él supiera que trajo su botiquín de primeros auxilios por la costumbre de ser viernes.
–No es gran cosa. –Aseguró sentándose a su lado y girándose para encararla. –Al menos ya ha dejado de sangrar. –No pudo evitar que la cercanía de su amiga le afectara y empezó a captar las diferentes esencias que la rodeaban. Olía a jazmín y a vainilla, y el cabello corto le quedaba muy bien, se la veía más adulta, más mujer.
Por su parte, Nezuko con una mano lo hizo alzar la cabeza y delicadamente retiró los algodones. Aquello le dolió a Zenitsu, pero casi ni lo sintió, estaba más ocupado sintiendo las suaves manos de Nezuko sobre su rostro.
–Así parece. –Comentó la joven luchando fuertemente por no sonrojarse por la cercanía del rubio. Fue una malísima idea ofrecer atenderlo, pero no tenía corazón para dejarlo así no más a la buena de Dios. Estaba herido y a pesar de todo ha sido el mejor amigo del mundo. –Con unos antiinflamatorios y unas compresas frías deberían bajar la hinchazón y el dolor.
–Gracias por su diagnóstico, doctora Nezuko. –Agregó Zenitsu. Aquello ya lo sabía, es más, ya se había tomado dichos medicamentos, pero no hubiese habido acercamiento si se lo decía. Aun así, le decepciona saber que no trajo su equipo de primeros auxilios a la práctica.
No puede dejar que aquello lo desanime. Nezuko había ido y eso significaba bastante, era un gran progreso. Claro que Nezuko no iba a tomar la iniciativa, ella siempre ha sido tímida y había dicho que le quería; sin embargo, seguramente le pasaba como a él, que no quería perder la amistad que los ha unido por tantos años. Lo mejor sería que él empiece la plática.
–Bueno, han estrenado una buena película hoy. –Empezó a hablar él. –Deberíamos ir a verla. –Fijó su vista en las canchas donde los equipos de soccer y baloncesto ya habían terminado de recoger.
–Zenitsu, no creo qué…
–Tienes razón, primero deberíamos comer algo. –¿Qué ocurría con Nezuko? ¿A caso iba a negarse? Pues sobre su cadáver. –Pizza.
–No es eso, yo no…
–No te preocupes, pago yo. –Forzó una sonrisa. Empezaba a impacientarse. ¿Por qué Nezuko no aceptaba y ya? –El cine también lo pago. Me sorprendió mucho que vinieras a la práctica y que a pesar de todo recordases nuestras salidas de los viernes, incluso le había pedido a Tanjiro que viniera, pero mejor se ofreció a irnos juntos, aunque ahora que estás aquí creo que…
¡Que alguien la ayude! Zenitsu hablaba muy rápido y había malinterpretado su estancia ahí. Ella no fue por él, mentiría si dijera que no lo vio de reojo mientras encestaba solo y fallaba. No debió haberle dado pie a una conversación, pero al verlo herido, no pudo evitar tener la necesidad de comprobar que se encontraba bien. Ahora quería huir.
Estar cerca de Zenitsu la lastimaba y más cuando lo veía tratando de acercarse a ella pretendiendo que nada ha pasado, invitándola a salir, pero como su amiga. Cómo siempre. Ella había decidido arrancarse a Zenitsu del corazón y sí, dolía mucho estar lejos de él. Ha perdido a su mejor amigo y al amor de su vida. ¿Acaso no lo entendía? Cuánto dolía estar cerca de él y saber que nunca pasará de ser su mejor amiga.
–¡Nezuko!
Una tercera voz llamó la atención de ambos. Un Rui recién bañado se acercó a ellos rápidamente. Zenitsu vio a Nezuko suspirar aliviada.
–Rui. –La joven no pudo evitar exteriorizar el alivio de ver al castaño. Se fijó en la mejilla del muchacho que tenía una delgada raya inclinada. –Te has lastimado.
–No es nada. –Aseguró el joven despreocupado. –Hoy no ha venido el entrenador y hemos jugado a que todo se vale. –Explicó. –Creo que mi cara quedó grabada en el campo.
–¿No llegó el entrenador? –Preguntó bajo. Decirlo en alto implicaría admitir que no estaba prestando la debida atención a la práctica de Rui, mejor había notado que Inosuke no acudió a la práctica de Zenitsu. Sacó de su bolso una tirita y un poco de loción antiséptica. –Dolerá un poco. –Avisó mientras limpiaba y procedía a poner la bandita. -Ya esta. ¿Nos vamos? –Preguntó viendo esperanzada a Rui.
-Si. –Rui entendió rápidamente porque a Nezuko le había entrado tanta prisa y aquello tenía que ver con el rubio que lo miraba con cara de pocos amigos. –Gracias por esperarme, linda. –Pasó su brazo por los hombros de Nezuko. –Vamos al cine. –Le descrito a Zenitsu. –Parece que Nezuko ha entendido que voy en serio con ella. A veces, las buenas oportunidades se ofrecen una sola vez en la vida y no podemos dejarlas escapar.
¿Qué se creía Rui y por qué se tomaba tantas confianzas con Nezuko? Sí, lo había visto acuclillado frente a ella en el metro, pero jamás imaginó que se le estaba declarando. Ahora hasta le curaba las heridas a él y le ponía sus banditas con imágenes Pokémon. "¡Quítale las manos de encima!" quería gritarle, pero ¿con qué derecho? Nezuko no era nada suyo, y si había decidido darle una oportunidad… ¡No podía! No después de habérsele declarado, no después de haber hecho el amor con él. Ella aún lo quería, era suya… ¡Ella estaba enamorada de él!
Pero él sólo la veía como una amiga, ¿Cierto? Como amigo sabe que Rui es un buen chico y así como se lo prometió tiempo atrás, el día que Nezuko desease darle una oportunidad, él iba a apoyarla. ¡Pero no podía hacerlo! Eso fue antes de lo que compartieron juntos.
–Nezuko… –En sí no sabía qué decirle. Se veía tan frágil que sólo quería alejarla de Rui y por alguna extraña razón decirle que todo estaba bien, a pesar de saber que él no podía dar ese confort, sólo quería hablar con ella, no, sólo quería alejarla de Rui.
–Bueno, adiós Zenitsu. –Cómo si Nezuko adivinara las intenciones del rubio, se dirigió a Rui. –La película estará por empezar.
-Si. Adiós, Agatsuma. –Rui tomó el bolso de Nezuko en hombros y junto con la menor Kamado salieron de las canchas, dejando un Zenitsu atrás. –¿Estás bien? –Preguntó el castaño una vez que se alejaron lo suficiente de la cancha.
-Si. –Aseguró Nezuko nada convencida y trató de sonreírle a su amigo. –¿Nos vamos? –Cuando terminó de hacer esa pregunta, escuchó el timbre de su celular. Sintió pánico y lo único que alcanzó a hacer fue a apagar el aparato sin mirar quien era, por miedo a que se tratara del rubio. –¿Dónde tienes tu celular? –Preguntó repentinamente.
–Supongo que en los confines de mi maleta. –Contestó el joven sorprendido por la repentina pregunta. –¿Quieres que lo saque?
-¡No! –Exclamó inmediatamente la joven de ojos rosados. –Mejor no lo saques.
–Nezuko… –Ella ni siquiera lo volteó a ver. Claramente el encuentro con Zenitsu le había afectado, se le notaba. –Si estás incómoda, lo dejamos para otro día. –Le dijo el capitán del equipo de fútbol percibiendo los miedos de su querida Nezuko.
–No, Rui. –Contestó la castaña. –Ya habíamos quedado, no me parece justo.
–Tranquila. –Le aseguró Rui. –He esperado años a que aceptaras salir conmigo Nezuko, puedo esperar un par de días más. –Observó el ademán de pena y vergüenza que se dibujó el pálido rostro de su amiga. –En serio, está bien. Te llevo a tu casa.
–Eres un buen amigo, Rui. –Le dijo sinceramente. –Iré a la casa de Shinobu. –Le informó. –Quedamos para otro día.
–Seguro. –La tranquilizó el chico con una sonrisa. –Vamos, que te llevo a casa de Shinobu.
¿Por qué nunca se había dado cuenta antes de cómo era Rui en realidad? Que detrás de aquel pegajoso y molesto admirador suyo había un buen amigo. La respuesta era fácil: porque llevaba diez años de su vida enamorada de Zenitsu Agatsuma y, ¿de qué le han servido? De nada. ¿Por qué será que las mujeres dicen querer a un chico amable, dulce, atento, comprensivo si cuando lo tienen lo dejan como amigo? Todo por estar eternamente enamorada del más patán.
Además, era imposible que viese a Rui como algo más que cómo un amigo después de lo que compartió con Zenitsu. Sus caricias quedaron grabadas en su piel por tiempo indefinido, sus labios, su olor. Al menos por ahora, era mucho pedir. Quisiera asegurar que después podría verlo algo más, pero no puede, sin embargo, él le dijo que no importaba, que fueron amigos, entonces, ¿Está bien lo que está haciendo con Rui?
Su mente viajó al libro que leía hace poco y se vio a sí misma en el reflejo de la odiada protagonista. Claro que ella no era ni la mitad de segura que Mary, aun así, la protagonista en un arranque de despecho se acostó con el hermano del amor de su vida y su mejor amigo, para después hacer lo propio con su amado. Tanta duda e indecisión la hicieron lastimar a dos seres queridos por ella. Al final queda sola y aunque cumple su sueño, no tiene a nadie con quien compartir tal dicha.
Su amado había muerto y ella no hizo sino lamentarse de no haber hecho sus últimos días los mejores.
Hipotético. Si ella supiese que es el último día de su vida ¿Qué haría ?, ¿Se arreglaría con Zenitsu o dejaría que el orgullo hiciera que el último recuerdo compartido sea un fiasco?
Tal y como se dieron las cosas, en ese momento no podía contestar aquella pregunta.
::
El silencio era incómodo y la oscuridad no ayudaba en nada.
Mitsuri no pudo evitar suspirar audiblemente, si mal no contaba, aquella sería la décima o duodécima vez que lo hacía.
Maldito sea el genio que sugirió que la sala de cómputo no tuviese ventanas, así al menos tendrían la luz del ambiente para iluminarse y no solo la escasa luz que daba el ¡Pad de Iguro. El joven lucía tan impasible como siempre, mirando la pantalla de su aparato como si eso los sacase de allí más rápido. Definitivamente lo peor que podía pasar, además de quedarte encerrada ya oscuras con una persona, era que esa persona en específico sea MUDA, eso sin mencionar que te robó un beso y no lo recuerda. Además de antipático y cabezota.
Volvió a maldecir al arquitecto responsable de la estructura del instituto. Si hubiera una ventana al menos pudiera poner fin a aquella larga agonía, y no quitándose la vida necesariamente, pero sí podría ponerse a gritar como una posesa hasta que alguien los saque de ahí, pero no podía. Al paso que iba podría morir, ¡Dios! Ni en sus peores pesadillas hubo imaginado que moriría asfixiada junto a Obanai Iguro. ¡No! ¡No podía pasar los últimos momentos de su vida con él a su lado! ¡Quería llorar de la frustración!
Volvió a suspirar ya maldecir. Conforme pasaban los minutos repetía dicha acción, sin contar con lo molesta que era para su compañero aquella acción.
-¡Paraca! –Habló finalmente el joven, notoriamente molesto. –Deja de hacer eso, es molesto y un desperdicio de oxígeno.
–Discúlpeme señor perfecto. –Le espetó la pelirosa. –No puedo evitar que me ponga de los nervios estar encerrada en una habitación sin luz y con un… tú.
–¿Con un hombre? –Preguntó el azabache con el afán de molestarla.
–No, tú no eres un hombre, es más, dudo que seas humano. Por eso eres un "tú".
–Bien. –Se rindió Iguro. –Pero suspirando no lograrás nada y es muy molesto.
–Para mí es molesto estar aquí. –Estalló la joven de trenzas.
–¿Crees que uno de mis sueños es estar encerrado contigo Kanroji? –Inquirió sarcástico. –Perdón por decepcionarte, pero no.
–Pfff. –Bufó molesta tratando de ignorar su comentario. –¿Estás seguro de que tu señal de internet no llega hasta aquí dentro? –Preguntó la joven esperanzada.
–No llega. –Contestó comprobándolo una vez más.
–Tanta tecnología y es inútil en momentos vitales. –Criticó Mitsuri.
–No veo que tu teléfono nos ayude en mucho. –Respondió Iguro a la provocación.
–¡Lo hubiera hecho si tuviera crédito! –Defendió ella su modesto celular. –Además, de seguro mi linterna durará más que tu ¡Pad.
–¿Qué problema tienes con la mejora tecnológica? –Preguntó en tono de fastidio.
–Ninguna, lo que me molesta son los poseedores de dichos bienes. –Le contestó Mitsuri. –Creen que por tener tales bienes banales son mejores que aquellos que no los tenemos cuando no es así. –Añadió mirándolo acusadoramente.
–¿Crees que yo soy así? –Adivinó Obanai.
–Estoy segura. –Aseveró recordando involuntariamente su encuentro en la fiesta. –Y déjame decirte que, aunque tengas mejor posición económica o seas más listo que los demás, no te hace una mejor persona Iguro.
–Lo sé.
Escucharlo admitirlo era algo que Mitsuri no esperaba, así como tampoco quería iniciar una discusión con él, es decir, ¿Cómo empezó? ¿Porque él tenía un ¡Pad y ella un Alcatel con linterna? ¿Porque siempre que estaba con Obanai Iguro en una misma habitación le hacía perder los estribos? Primero con esa pose tan prepotente y arrogante y luego, de alguna forma la hacía sentirse mal por decirle lo que consideraba, se merecía.
–Lo que no sé es qué ocurre contigo. –Le dijo sincera e irritadamente. –Desde la fiesta, tu actitud es otra. Sé que pasó algo que no me lo quieres decir, y exijo saberlo.
–No pasó nada. –Arrastró las palabras con dificultad y apartó la mirada ante el súbito recuerdo del beso de Iguro.
–Sí, sí pasó. –Aseguró él acercándose a la joven. –Vamos Kanroji, dímelo, imagino que bebí por la resaca del día siguiente, pero no recuerdo absolutamente nada de la fiesta.
–No… –¿Qué quería que le dijera ?, que fue un cerdo, me besó y me soltó un montón de barbaridades.
El muchacho farfulló frustrado y adoptó una pose altiva.
–Sea lo que sea, no fue tan malo. –Sintió como Mitsuri lo fulminaba con la mirada. Su provocación funcionó. –Considerando quien soy yo y quién eres tú, seguramente fue algo banal e insignificante.
–¡¿Quién te crees que eres ?! –Explotó, no podía tolerar lo que el joven insinuaba. –¿Señor Perfección? ¡Ja! Déjame decirte que estás muy equivocado. –Ahora era ella quien se acercaba a pasos decididos a su compañero. –¿Quieres saber la gracia que hiciste? Bien, te lo diré todo: Después de sacarte, casi cargando del lugar porque estabas tan ebrio que apenas te mantenías en pie, empezaste con tus dotes de superioridad, me ofendiste, me besaste y, –¿Cuándo empezó a llorar? –Me volviste un delincuente.
El joven estaba estupefacto. De todas las cosas que pensó que había hecho en su estado de embriaguez, jamás había considerado haber ofendido y besado a Mitsuri. Ni siquiera le repitió lo que él le dijo, debió ser algo fuerte, no es de hombres hacer eso. Con justa razón Kanroji lo veía con tanto desprecio últimamente, ¡No es para menos! Ahora quería saber qué le dijo, pero era poco probable que se lo quisiera decir. Seguramente no la insultó, no tenía motivos para hacerlo y no acostumbraba a usar ese lenguaje. Pero ella dijo que la ofendió…
La escuchó sollozar. Mierda, ¿Qué podía decirle? No podía burlarse de ella, no después de saber que la ha ofendido.
–¿Hay alguien ahí?
Cuando menos lo esperaban, las luces empezaron a parpadear hasta que la energía regresó completamente, dejando una llorosa Mitsuri frente a un sorprendido Obanai. Entonces se escuchó como la puerta se abría.
–Escuché ruidos y vine a ver…
Mitsuri no dejó que el conserje terminara de hablar. Atolondradamente recogió sus cosas, deseando no olvidar nada, luego salió de la sala de cómputo atropellando al encargado. Aquello fue tan humillante para ella, tener que decirle a Obanai lo que él hizo aquella noche fue doloroso y humillante. No quería volver a saber de él en la vida.
Obanai la obra marchar sin saber qué decir. En sus diecisiete años de vida nunca tuvo que lidiar con una situación semejante, menos con una sensible mujer. No se le ocurría que hacer, solo pensaba en decirle que lo sentido, pero era muy difícil, igual que hablar con sus padres o con los demás, sin embargo, esta vez se lo debe.
-Lo siento.
Pero, como siempre, ella no estaba para escucharlo.
::
Se sintió cansado, su cuerpo le dolía y sólo luchaba para no quedarse dormido. Eso era raro en él, ya que no era como Zenitsu que con tanta facilidad dormía en clases despreocupadamente, si no que era más responsable y descansaba a sus horas. Aunque últimamente por más que lo intentara no podía conciliar el sueño.
Se talló los ojos y regresó su vista al frente para divisar a Rengoku-san quién impartía con entusiasmo las asesorías de historia. Le gustaba compartir su pasión por la historia con él, por eso lo había elegido para ayudar a asesorar a los alumnos de nuevo ingreso. A parte de Tomioka-san, él es uno de los profesores que más admira y ha pasado momentos agradables con él, pero nunca hubiera imaginado que darle su apoyo al profesor Rengoku le traería muchos problemas.
Y es que desde que comenzó con su trabajo de enseñanza fue cuando conoció a Katsumi, haciendo que su relación con ella fuera mal interpretada por Kanao alejándose definitivamente de él. Aunque ahora que lo pensaba… Sus problemas empezaron desde que Katsumi llegó a su vida.
Miró de reojo a la rubia que se encuentran a su lado tomando notas con detenimiento. Entonces recordó la conversación que tuvo en la mañana con su amigo… ¿Y si Zenitsu tenía razón? ¿Realmente Katsumi es la causante de sus problemas por lo cuál debería de marcar su distancia con ella?
Suspiró pesadamente tratando de despejar sus pensamientos y concentrarse mejor en sus actividades. Eso de pensar todo el tiempo en sus problemas no le dejaban nada bueno.
–Kamado, mi chico. –Escuchó a Rengoku-san llamarlo. –¿Me estás escuchando?
–S-sí, discúlpeme. –Dijo apenado ante su distracción.
–Bien, porque necesito que estés atento a lo que les voy a decir. –Le dedicó una de sus características sonrisas. –Bueno, como ya saben el festival cultural está próximo. Aún tenemos algo de tiempo, pero quiero informales de una vez lo que se hará para que tengan tiempo de organizarse.
–¿Entonces nosotros también tenemos que participar en el festival cultural Rengoku-sensei? –Preguntó Katsumi con su fingida dulzura.
–Efectivamente Suzuki-san, y eso contará para su calificación final.
–¿Yo también tengo que estar presente? –Preguntó Tanjiro ya que él solo estaba ahí para apoyar a su profesor a impartir las clases.
–Por supuesto que sí, voy a necesitar de tu total apoyo. –Le aclaró con entusiasmo. –Lo que presentaremos va a ser un museo de historia. Se dividirán en equipos ya cada uno se le asignará un tema de la historia que interpretarán.
–¿Y dónde lo haremos? –Preguntó un alumno.
–¿Dónde conseguiremos los vestuarios?
–¿Quién nos va a coordinar?
–Calma, calma. –Rio con entusiasmo el profesor. –He apartado la mitad del auditorio para poder realizarlo, al parecer la otra mitad estará ocupado por el club de herbolaria. Los vestuarios nos los proporcionará el club de teatro o pueden hacerlos ustedes mismos, no hay problema. Y con respecto a quién organizará todo… –Le lanzó una mirada a Tanjiro. –El joven Kamado los coordinará para que todo salga a la perfección.
–Pero Rengoku-san, ¿Yo solo…? –Preguntó ya que eso sería mucho trabajo para él.
–Por su puesto que no. –Respondió despreocupadamente. –Katsumi te ayuda, ella se ha convertido en una de las mejores alumnas, por lo cuál confío que ambos harán un excelente trabajo.
Tanjiro azotó su frente contra la mesa, mientras que Katsumi chilló de felicidad.
–¡Muchas gracias por la oportunidad Rengoku-sensei! –Gritó emocionada, ahora pasaría mucho más tiempo con Tanjiro. –Le aseguro que seré de gran ayuda para Tanjiro-san.
–¡Bien! Cuento con ustedes. –Dijo confiando el profesor. –Ahora… ¿Les importaría llevar estos libros a sala de maestros? En un momento los alcanzo.
–Por supuesto que sí sensei. Tanjiro-san, vamos. –Le llamó a Katsumi emocionada mientras tomaba una parte de los libros que estaban sobre el escritorio. Tanjiro simplemente se levantó por inercia tomando los libros restantes.
Ambos salieron del salón de clases rumbo a la sala de maestros. Tanjiro estaba muy confundido, Katsumi no le caía mal, pero si quería arreglar las cosas con Kanao debería mantener su distancia con la rubia, y ahora que tenían un trabajo juntos sería imposible.
¿Por qué la vida se ensañaba así con él? Tenía que pensar mejor las cosas, idear algún plan que lo ayude a acercarse a Kanao nuevamente, pero con Katsumi a su lado no sería tan sencillo.
Por su parte, Katsumi no podía disimular su emoción, no dejaba de sonreír embobada con solo imaginar que tenía tiempo a solas con Tanjiro y estaba dispuesta a aprovecharlo al máximo. Haría hasta lo imposible para seducirlo y hacer que se enamore de ella.
Ambos salieron abruptamente de sus pensamientos cuando al girar en una esquina, presenciar lo que parecía ser un momento romántico entre una pareja. Pero es que no era cualquier pareja, se trataba de Kanao y Hideki quiénes eran avergonzados, como si estuvieran confesando sus sentimientos.
La respiración de Tanjiro se detuvo por un momento cuando vio como Hideki se acercaba al rostro de Kanao, depositándole así un beso en la frente. Ella se sonrojaba y le sonreía, era como si estaba… ¿Enamorada? No, no, no, se negaba a pensar siquiera en ello. Kanao estaba enamorada de él… ¿No era así?
Katsumi observaba el rostro consternado de Tanjiro, se veía a leguas que presenciar esa escena le había afectado bastante.
Sonrió con malicia. Kocho había resultado ser una resbalosa después de todo, y se alegraba de que Tanjiro haya presenciado todo, para que se de cuenta del tipo de persona con la que se estaba involucrando.
Las cosas estaban mejorando para ella y ni siquiera tuvo que hacer nada. Empezaba a tener el camino libre para conseguir a Tanjiro.
::
Shinobu miró complacida cómo su recámara se transformó en el sueño de toda mujer soltera. Productos naturales para rostro y cabello, una gama de esmaltes para uñas extensa, botanas bajas en grasas y té helado, negro y verde, y cocteles de menta en su pequeña y rosada nevera. Una edición dorada de "The Notebook" y un paquete de Kleenex con aloe vera por si acaso. Parecía un SPA, nada mejor para hablar con tus mejores amigas.
–¿Nee-san? –Escuchó una vocecilla a sus espaldas. Volteó hacia su puerta encontrándose con Kanao entrando a su cuarto.
–Kanao, pasa. –La llamó con entusiasmo. –¿Qué te parece? Quedó todo bien, ¿No crees?
–Así es, te esforzaste bastante, como siempre. –Le apremió regalándole una pequeña sonrisa.
–Sabes que por ustedes hago lo que sea. –Tomó de las manos a su hermana invitándola a sentarse sobre su alfombra morada. –Y hoy todas vamos a hablar, sin excepciones.
–¿Y de qué se supone que hablaremos?
–Todas somos amigas, y si queremos apoyarnos hay que compartir nuestros pesares. –Vió a Kanao con intenciones de protestar así que continuo. –Así que también debes de hablar con ella.
–Pero…
–No aceptaré un no como repuestas. –El timbre sonó y se incorporó dirigiéndose a la puerta. –Iré a abrir, puede que sean ellas. –Y salió de su recamara dejando una pensativa Kanao.
El timbre volvió a sonar. Avisó al servicio que ella atendería y bajó rápidamente. Era Nezuko, la sonrisa se le borró inmediatamente al notar el rostro abatido de la castaña. Ni siquiera se percató de que Rui la acompañaba sino hasta después.
–Pasa, cariño. Mi recámara está lista y Kanao ya espera ahí. –Invitó a la muchacha quien apenas le saludó. –Te invitaría a pasar, pero eso conllevaría a que aceptas cualquier alteración estética en tu cuerpo. –Le advirtió juguetona. El castaño soltó una pequeña risa.
–Paso. –Respondió y finalmente echó un último vistazo a las escaleras por las cuales la castaña había desaparecido. Se acercó a Shinobu haciendo ella lo mismo. –Anímala. –Pidió.
–También has notado que algo va mal con ella, ¿Cierto? –El aludido simplemente se encogió de hombros y se ruborizó. –No te preocupes, hoy me encargaré de que se desahogue. Adiós Rui.
La dueña de la casa cerró la puerta a sus espaldas y se dirigió dónde las escaleras para subir. Iba por el primer descanso de las escaleras cuando unos fuertes golpes contra la puerta la detuvieron. Shinobu volvió a bajar los escalones de dos en dos. Debía tratarse de Mitsuri, pero ella no golpearía así.
Su sorpresa fue grande cuando encontró a su amiga pelirosa con sus cabellos alborotados. Su respiración era agitada y tenía lágrimas perfilando su rostro.
–¡Oh Shinobu! –Exclamó antes de abrazarse a su amiga angustiada.
–Vamos arriba. –Atinó a decir la joven antes de cerrar la puerta y direccionarse a su recámara.
Una vez ahí dentro, ambas encontraron un Nezuko y Kanao abrazadas mientras sollozaban. Cuando Mitsuri vio el rostro de sus amigas bañado en lágrimas, el llanto amenazaba con invadirla como si se tratara de una especie de cadena.
Entonces, Mitsuri se soltó de Shinobu para abrazar a Nezuko y Kanao, y las tres se desahogaron. La anfitriona se limitó a sentarse en el suelo de su habitación y acunar a las tres jóvenes con ternura sobre su regazo. No sabía porque lloraban, y ella también quería hacerlo por la reacción en cadena, pero no podía, dadas las circunstancias ahora le tocaba a ella ser la fuerte. Lo primero era dejar que lloren y se quiten aquello que lleva días molestándolas, luego ya vería cómo solucionar la situación.
Al cabo de unos veinte minutos, el llanto se aminoró hasta que se convirtió en débiles gimoteos. Los pañuelitos estaban por acabarse y Shinobu ya no sentía las piernas por la incómoda posición en la que se situaba.
–Lo siento Shinobu. –Se disculpó Mitsuri incorporándose, seguido por Kanao y Nezuko.
–Sí, mira que invitarnos y nosotras ponernos a llorar. –Habló Nezuko mientras abrazaba a Kanao. –¿Sus papás no están? –Preguntó.
–No, ellos no se encuentran. –Respondió Kanao limpiando sus lágrimas.
–Así es, tranquilas chicas. Nuestros padres no están. –Les dijo Shinobu recordando que había visto en la mesilla una invitación para una cena de caridad, y por supuesto que el misericordioso y amoroso matrimonio Kocho no podía dejar de ir para aparentar ser la mejor pareja del año. –Y aunque estuviesen, saben que ni siquiera lo hubieran notado. –La pelimorada se puso de pie para ir a la neverita y empezó a sacar las bebidas verdosas. –¿Coctel? Es ligero. –Aseguró.
–Gracias. –Respondieron todas al unísono, aceptando lo que Shinobu les ofrecía.
–Ahora, ¿Quién empieza? –Preguntó la joven observando el rubor en el rostro de sus amigas. –No esperen que crea que veinte minutos de llanto son producto del SPM.
–Verán. –Empezó Mitsuri. –Hay la oportunidad de una beca… –Empezó a relatar su desgracia. Desde que el director le comunicó sobre el proyecto, la desastrosa fiesta, e incluso les dijo los insultos que le profirió Iguro y los eventos que ocurrieron aquel día. Luego de finalizar su relato, apresuró su bebida y finalmente vio a sus amigas con indignación marcada en sus ojos castaños. –Obanai Iguro es una persona horrible.
–Has dicho que no tiene una buena relación con sus padres. –Se atrevió a sugerir Kanao.
–Bueno, nosotras tampoco nos llevamos bien con nuestros padres. –Apuntó Shinobu. –El punto es que no tenía ningún derecho de tratarte así, ebrio o no. Sin embargo, dadas las circunstancias, lo mejor será que se pongan de acuerdo. Es una oportunidad invaluable, sí, pero no por eso debes dejar que te pisotee.
–Por supuesto. –Corroboró Nezuko. –Pero sabes que tienes que hablar con él para que puedan trabajar juntos.
–Supongo. –Contestó resignada. –Pero no quiero trabajar con Iguro.
–Eso no diría la Mitsuri que conozco. -Expresó Shinobu sirviendo otra ronda de coctel. –Ella le demostraría a Iguro ya todo el mundo que es diferente. Siempre te han gustado los desafíos porque siempre los superas. Míralo así, Mitsuri. –Empezó Kocho. –En el futuro, cuando entres a la Todai jóvenes tendrás mayor competencia y te encontrarás incluso peores que Obanai. Tendrás que superarlos y demostrar tu valía.
–Empieza demostrándoselo a Obanai Iguro. –Intervino Nezuko con una sonrisa.
–Nosotras confiamos en ti y sabemos que lo lograrás. –Añadió Kanao amablemente.
–¡Chicas! –Exclamó Mitsuri conmovida. –Son las mejores. Lamento no habérselos contado antes, ni siquiera sé porque no lo hice. –Claro que lo sabía, no les había dicho nada porque ella tampoco acababa de aceptar la situación, hasta ahora. Shinobu tenía razón, ella no era de las que dejaban vencer. Ya había llegado demasiado lejos para eso, y más ahora que ya no tiene guardado dentro de sí aquello que tanto le molestaba. –Creo que ahora que le grité, podré trabajar con él.
Jamás admitiría que le decepcionaba que él no recuerde nada.
–Si te vuelve a dar problemas, nos avisas. Obanai Iguro escuchará a Shinobu Kocho. –Añadió solemne. –Su comportamiento no tiene excusa.
–Tampoco la tiene fácil. –Se apresuró a decir la joven de trenzas. –La familia de Iguro es una mierda, y él no es tan fuerte como aparenta, y le afecta aunque jamás lo admita y… –Se detuvo al darse cuenta de lo que estaba haciendo al tener a esos tres pares de ojos parpadeando sincronizadamente y mirándola A ella. Se ruborizó y se terminó el vaso con la bebida verde. –No es cómo si lo defienda. ¡No es eso! No se lo merece. –Demonios, ¿Cuánto alcohol tenía ese coctel? –Sólo digo la verdad.
Shinobu, Kanao y Nezuko prefirieron ignorar la situación. Notaron la reacción de su amiga muy inusual, tomando en cuenta la sarta de insultos que profirió al muchacho previamente. Lo estaba defendiendo. Shinobu entrecerró los ojos, algo le decía que las cosas entre Mitsuri y Obanai darían mucho que ver y hablar; pero, lejos de ser un mal presentimiento era todo lo contrario.
–Todo saldrá bien Mitsuri, estoy segura. –Le sonrió Shinobu.
–Nosotras estaremos de tu lado, siempre. –Nezuko tomó la mano de su amiga impartiéndole simpatía.
–Sin importar nada. –Le apoyó Kanao.
Mitsuri sonrió, sintiéndose afortunada de tener las amigas que tenía.
–Ya hablamos mucho de mí. –Añadió dándole una mirada especulativa a la menor Kocho. –Tú también traes algo Kanao, no es para nada normal verte llorar.
-¿Yo? N-no creo que…
–¡Es verdad! –Intervino Nezuko al instante. –Y apuesto a que tiene que ver con mi hermano.
–Pero… –Estuvo por decir que lo suyo no era algo de importancia, pero al ver las inquisidoras miradas de sus dos amigas sobre ella sabía que no tenía otra alternativa. Volteó a ver a su hermana y ésta simplemente le sonrió delicadamente para inspirarle confianza. –Bien, les diré. –Suspiró pesadamente.
–Diez por seguro que no intentaré asesinar a mi hermano. –Le animó Nezuko mientras entrelazaba sus manos con las de su mejor amiga.
–Yo no prometo nada. –Agregó Mitsuri esperando la confesión que daría Kanao.
–Pues todo comenzó desde que apareció Katsumi… –Kanao comenzó a relatarles los desplantes que le hacía Tanjiro cuando aparecía la rubia, como fue el incidente de la fiesta, cuando la besó sólo por celos y rabia, y como le insinuó que ella tenía algo que ver con Hideki cuando no podía tener ojos para alguien más que no fuera él. –Y… me duele mucho ver cómo pasan la mayor parte del tiempo juntos, que cada vez que intento acercarme a él ella lo aleja de mí al instante y Tanjiro no hace nada por evitarlo, y… y… –¿En qué momento comenzó a llorar?
–¡Oh, Kanao! –Sin dudarlo Nezuko se lanzó a abrazar a su amiga. –Perdóname por tener un hermano tan torpe.
–Ahora resulta que ni Tanjiro es la excepción. Todos los hombres son iguales. –Bufó molesta Mitsuri. –Y mira que cambiarte por esa rubia sin chiste es un sacrilegio.
–Lamento no acercarme a preguntarte cómo te sentías. –Nezuko miró a su mejor amiga con los ojos llorosos. –Soy la peor amiga del mundo, perdóname.
–Pero esa bruja no se salva, mañana mismo iré a buscarla y… y… ¡La pondré en su lugar! –Exclamó Mitsuri formando un puchero de enfado.
–N-no se preocupen. –Trató Kanao de tranquilizar a sus amigas. –Yo he decidido mantener mi distancia y… he conseguido un buen amigo cómo lo es Hideki.
–Quién lo diría, la pequeña Kanao no pierde el tiempo. –Insinuó la pelirosa de forma pícara. –Pues déjame decirte que tienes buen gusto, Hideki es muy apuesto.
–Mitsuri. –Le reprimió Shinobu a su amiga. –Ahora Kanao no piensa en esas cosas, ella sólo necesita de nuestro apoyo. –Alegó sin darse cuenta del sonrojo que había llegado al rostro de su hermana.
Kanao recordó su incidente de hace unas horas que tuvo con Hideki. Pero lo mejor era omitir esa parte, no quería decir nada hasta estar completamente segura.
-Perder perder. –Se excusó Mitsuri. –Pero sólo quería hacerla sonreír un poco, ella sabe que cuenta con todo nuestro apoyo incondicional. –Trató de hacerse un hueco entre Nezuko para abrazar a Kanao. –¿Verdad?
–Así es. –Apoyó la castaña abrazando con más fuerza a su amiga. –Te queremos Kanao, nosotras también somos como tus hermanas, así que siempre debes de tenernos la confianza de contarnos lo que te pasa.
–Y con respecto a tu problema con Tanjiro… –Intervino de nuevo Mitsuri. –Si ya no quieres hablar con él estás en todo tu derecho, pero pienso que deberían de aclarar todo, creo las cosas no deben de dejarse inconclusas.
–Estoy completamente de acuerdo. –Apoyó la pelimorada. –No estoy diciendo que lo que hizo Tanjiro este bien, pero creo que merece que le des la oportunidad de dar una explicación, y de paso que tú le digas como te sientes.
–Tal vez mi hermano sea despistado, pero no hace las cosas con mala intención, es una buena persona. –La castaña tomó la mano de su amiga para inspirarle confianza. –No vamos a presionarte, pero tan siquiera piénsalo.
Las palabras de sus amigas y hermana resonaban en su cabeza. Estaba más que claro que Tanjiro no es una mala persona, pero sus acciones involuntarias eran lo que la lastimaban.
Entonces, los buenos momentos que había pasado con Tanjiro llegaron a su memoria, todos esos pequeños detalles la hicieron muy feliz, y tenía que admitir que lo extrañaba bastante, que su corazón latía desbocado cuando lo veía y moría de ganas por acercarse a él.
Alzó su vista y se encontró con las sonrisas de su hermana y amigas, las cuales le inspiraban confianza. Lo meditó por unos momentos y entonces suspiró profundamente.
–Supongo que lo pensaré. –Dijo por fin.
–Y sabes que por cualquier cosa nosotras estamos aquí. –Le apoyó Shinobu.
–Y si esa oxigenada se vuelve a meter contigo… –La pelirosa tronó sus nudillos. –Ya sabes dónde buscarme.
–Ni lo intentes, terminarás siendo expulsada antes de que acabe el año escolar. –Habló Nezuko quién se encontró en el regazo de Kanao.
–No pienso dejar evidencia. –Guiñó un ojo mientras que sus amigas no hacían otra cosa más que suspirar resignadas.
–Bueno, ya arreglado el problema de Kanao. –Empezó a hablar Shinobu. –Pasemos con Nezuko.
–Es verdad. –Recordó Mitsuri dirigiendo su mirada a Nezuko. –Y me corto un brazo si no se trata de Zenitsu.
Shinobu se mantuvo callada, observando cómo el pálido rostro de su amiga fluctuaba entre los diferentes matices del rojo.
Nezuko tomó su bebida, buscando valor para. Shinobu ya sabía lo que diría, pero, Kanao y Mitsuri no, y parecían estar a la expectativa. Claro que Shinobu no esperaba escuchar lo que salió de los labios de la menor Kamado.
–Le confesé mis sentimientos. –Tuvo que reunir mucho valor para decirlo así que lo mejor sería soltar todo de una sola vez, cómo una bandita. –Me declaro, lo besé y… y… –Inhaló y exhaló. Sintió que las lágrimas volvían a acudir a sus ojos y sus manos temblaban sosteniendo aquel vaso vacío. –Me entregué a Zenitsu.
Las tres copas cayeron, afortunadamente sobre la alfombra, de manera que no se rompieron. Shinobu, Kanao y Mitsuri fueron no pudieron creer lo que escuchado y lo único que las sacó de su estupor los sonoros sollozos de Nezuko. Rápidamente acudieron a su lado y abrazaron con fuerza a la pequeña.
–Ya, tranquila. –Confortaba Mitsuri.
–No hiciste nada malo. –Dijo Kanao mientras acariciaba los cabellos de su amiga.
De repente, Kanao y Mitsuri se sintieron mal porque sus penas se sentían tan insignificantes a lado de la pobre Nezuko. Especialmente porque sabían el gran amor que la castaña sintió por su amigo, y el que después de todo ella terminara como terminó sólo significaba que había sido rechazada.
–Puedo hablar con unos amigos y te aseguro que Zenitsu amanecerá boca arriba en el río.
Aquel comentario de Mitsuri no hizo reír a la joven, pero empezó a apaciguar su llanto.
–El muy canalla ... –Masculló Shinobu entre dientes. Zenitsu sólo le dijo que había besado a su amiga, nunca mencionó haberla… desflorado. –Tanjiro no lo sabe, si no ahora mismo Zenitsu estaría en terapia intensiva.
-¡No! –Exclamó la joven castaña asustada. –Tanjiro sabe que me declaré, y tanto él como Rui asumen que fui rechazada. No me importa que eso se propague. –Aseguró. –Sólo ustedes saben qué tan lejos llegaron las cosas entre nosotros. Prefiero ser el hazmerreír de la escuela a ser considerado una cualquiera.
-¡Por favor! –Exclamó Mitsuri horrorizada por lo que escuchaba. –Tienes mucha más clase que todas las golfas con las que se ha revolcado Zenitsu.
–También está mal que pienses que haberte entregado a la persona que amas te haga una cualquiera. –Le dijo Kanao en forma de reproche. –Nadie tiene por qué juzgarte, ni siquiera tú misma.
–Exactamente. –Apoyó Shinobu. –Nadie osaría a llamarte o pensar siquiera en ti como una cualquiera. –Aseguró con ternura. –Te entregaste por amor, al chico que has querido desde los seis, no hay nada de indigno en eso. El amor no tiene orgullo, por eso dicen que es ciego, sordo y mudo.
–Aún así, Zenitsu merece la hoguera. –Sentenció Mitsuri. –No pienso volver a hablarle.
–Este es un problema entre Zenitsu y yo. –Señaló Nezuko firmemente. –He decidido marcar la distancia. Agradezco su solidaridad, pero no quisiera que ustedes se pelearan con él por mi culpa.
–Nuestra pequeña Nezuko ya es toda una mujercita. –Señaló Shinobu con orgullo y riendo al ver como se avergonzaba la aludida. Pero, era cierto, tanto Kanao como Nezuko siempre fueron sobre-protegidas por todos a su alrededor. Tanjiro, Zenitsu e incluso Rui con Nezuko. –Si así quieres que sea, respetaremos tu decisión. –Aunque, pensaba golpear a Zenitsu por haberle dicho la verdad a los medios.
–Al menos deberíamos asustarlo. –Siguió farfullando Mitsuri. –Hay una pandilla por mi casa y me deben algunos favores…
–Si Nezuko había querido, hoy en día Zenitsu no estaba entre nosotros. –Señaló Kanao mientras abrazaba con ternura a su mejor amiga.
–Bastaba con insinuárselo a Tanjiro. –Dedujo la pelimorada. - Me alegra que estés frecuentando a Rui. –Añadió cambiando el sentido de la conversación.
–¡¿Que Nezuko qué ?! –Gritó sorprendió a Mitsuri.
–No es lo que piensan. –Apresuró a aclarar la aludida. –Rui no sabe nada, pero imagina algo y me ha ofrecido su amistad sinceramente.
–Claramente tendrá esperanzas de llegar a algo más. –Explicó Shinobu. –Y quisiera que te tomes las cosas día a día y no le cierres las puertas en las narices. Quien dice y Rui es el amor de tu vida.
–Además que si le cierras las puertas, seguro rompe las ventanas. –Acotó Mitsuri. –Apoyo a Shinobu, y así le demuestras a Zenitsu que no estás muriendo por su rechazo.
–Y si es verdad que no siente nada por ti, se sentirá aliviado de no haberte dañado o algo parecido. –Le apoyó la menor Kocho.
Ninguna de las tres mencionó que de no ser así, el rubio empezaría a subirse por las paredes y no tardaría en admitir lo que siente por Nezuko.
–Debí habérselos dicho antes. –Acotó Nezuko. Shinobu la secundó.
–Claro, tal vez los problemas no se resuelven, pero se aligeran si es que los compartimos. –La pelimorada alzó su copa. –Para eso estamos las amigas. –Añadió animada.
Mitsuri, Nezuko y Kanao compartieron una mirada cómplice y las tres centraron su vista en Shinobu.
–¿A ti no te pasa nada? –Preguntó la joven Kanroji pillando desprevenida a la anfitriona.
–¿Por qué habría de pasarme algo? –Contestó con otra pregunta y procurando que no se note su tensión ante tan repentina pregunta.
-Nariz. –Respondió Kanao. –Sólo que Mitsuri, Nezuko y yo hemos estado tan liadas con nuestros problemas que no nos hemos fijado mucho en ti.
–Y tú no has hecho más que estar pendiente de nosotras. –Concluyó Nezuko.
Shinobu se relajó notoriamente y les sonrió.
–Estoy perfectamente. –Aseguró.
–Lo de Andrew…
–Ya está superado. –Se apresuró a contestar. –No puedo perder mi tiempo pensando en ese tipo de personas.
–¡Así se habla! –Exclamó una enérgica Mitsuri. –Yo no perderé el mío por el idiota de Iguro, y ustedes tampoco. –Dijo eso último dirigiéndose a Nezuko y Kanao.
-Amén. –Sentenciaron las otras tres chicas al unísono.
Shinobu miró a sus amigas complacida. Lucían mejor, más tranquilas, y aunque la pena no se disipara de sus ojos, sabía que todas lograrían superar sus problemas.
Se sintió mal por no decirles lo de Giyu, también hubiera querido compartir sus inseguridades y que apoyasen el hecho de que está dispuesta a defender su reciente relación con uñas y dientes. Pero, no podía prever cómo lo tomarían, después de todo su relación es prohibida y anti-ética, y tenía que seguir being secreta. No es que desconfiara de ellas, pero, no hay mejor secreto que aquel que no es compartido.
Estaba seguro de que Mitsuri, Kanao y Nezuko nunca se lo dirían a nadie, sin embargo, al comentarlo entre ellas podrían ser escuchadas.
Aquello le causaría un escándalo a su familia, pero era Giyu el que le preocupaba. Él no sólo perdería su empleo, si no la credibilidad como docente. Por eso su relación debía ser un secreto, por eso había decidido que su cita fuera en uno de los distritos vecinos.
Suspiró ilusionada, al siguiente día debería su primera cita con Giyu.
::
No sabía qué hacía ahí, pero ciertamente no le disgustaba del todo. Nunca se había atrevido a ir a una convención Otaku y francamente estaba maravillada con lo que veía. A pesar de ser temprano aun, ya se veían personas con cosplays de sus Animes favoritos. Habían muchas cosas que comprar y que ver, y no se sintió extraña puesto que personas visibles mayores que ella revoloteando alegremente por los alrededores y no necesariamente acompañando a un menor de edad.
Lo mejor de todo resultaba que no era extraño que estuviese sola, al contrario, había atraído más de una mirada y no era para menos tomando en cuenta como lucía. Un pantalón blanco entallado que lucía sus piernas torneadas, una blusa azul de hombros descubiertos y unas sandalias negras de tacón. Se había colocado las extensiones, pero, esta vez primero se hizo una cola de caballo, de manera que su rostro se afinaba.
¿Por qué se había vestido así? Para mostrarle de una vez por todas aquella lección que quedo pendiente con Inosuke Hashibira. Cuando regresó de la clínica encontró sobre su escritorio el panfleto sobre la exposición. Atrás llevaba escrito un: "Vamos, será divertido". Aquella era su oportunidad y no iba a desperdiciarla. Inosuke iba a arrepentirse de vendió burlado de ella dos veces.
–¿Tú?
Escuchó como una sorprendida voz masculina hablaba a sus espaldas. Dedujo que era él y no se equivocó. Tras de ella se encontró el profesor de gimnasia, vestido atléticamente y mirándola sorprendido. "En tu cara Hashibira", pensó su subconsciente. Feliz de verlo tan perplejo por su cambio. Nunca más osaría burlarse de ella.
–¿Qué hace aquí la princesa de la fiesta? –Preguntó coquetamente.
Aoi quiso caerse de espaldas. Por el amor de Dios, ¡¿Cuán ciega podía estar una persona ?! Le gritaría en ese instante que era ella, la solterona amargada de la que tanto se burló. Lo vio acercarse hasta quedar frente a ella.
–¿No es obvio? –Cuestionó como quien no quiere la cosa, siguiéndole la corriente. Esperando que la reconociera.
–¡¿Eres Otaku? –Exclamó sorprendido. La peliazul asintió con recelo. -¡Marry Me!
Kanzaki no pudo evitar reír. Tal vez debería aceptar y llevarlo al registro en ese instante de manera que se enteraría quién era ella solo cuando fue demasiado tarde. Aquella sería una jugada maestra, pero ella también perdería atándose a un hombre que la consideraba la última mujer sobre la tierra con el cual podría plantearse mantener una relación. No era que él figurara entre sus primeras opciones, no, nunca.
–¿Qué haces aquí? –Le preguntó desviándose del tema.
–¿Bromeas? –Contestó con otra pregunta. –Siempre vengo, por eso puedo decirte con seguridad que es la primera vez que vienes.
–Efectivamente. –Respondió suspicaz –¿Vienes solo? ¿Esperas a alguien? –Lo probaría sin que él se diera cuenta. Si él le decía que sí, que la esperaba, que la invitó, entonces las cosas quedaban hasta allí. Le diría quién era ella en realidad y no tendrían que llegar a mayores. Su ego no resultaría tan atrofiado, sin embargo, si decía que…
–No, no vengo acompañado ni… –Dudó un momento, se podría decir que sí esperaba a alguien pero… Total y probablemente Aoi nunca llegaría. Además, se prometió no perder de vista a la belleza peliazul si es que se volvía a cruzar en su camino. –Ni espero a nadie.
El joven no notó el brillo de malicia en los ojos de Aoi.
–Ya veo. –Le regaló una candorosa sonrisa. –Entonces no te molestará mostrarme los alrededores.
–Por supuesto que no. –Asintió contento, ofreciéndole un brazo que la mujer aceptó gustosa.
Aoi no sabía ser coqueta, pero había visto muchas novelas, leído muchos libros y visto a su hermana en acción en más de una ocasión. Inosuke era un ser humano de mente simple y un hombre que piensa con lo que tiene entre las piernas. Vengarse por las cosas que ha dicho será mucho más divertido de lo que creía. El aún no sabía que estaban jugando con fuego.
–Diez, para ti. –Dijo el muchacho extendiéndole una rosa de un estante por los que pasaban. Era un puesto que pintaba rosas de diversos y extraños colores. La que le dio a la joven era una de una mezcla de diversos azules. –Aunque no le hace justicia a tu cabello, es de un azul muy bonito y diferente.
Nunca le regalado una insignificante rosa, mucho menos la entrada elogiado de aquella forma. No pudo evitar ruborizarse.
–G-Gracias.
Quien juega con fuego, acaba quemándose.
::
Revisó su reloj por tercera vez, marcaba las cuatro menos diez. Faltaban minutos para la hora pactada y quizá más tiempo tomando en cuenta el elegante y cortés retraso de rigor. Todo el mundo lo hacía para cualquier encuentro que no era de negocios. Entonces, aún quedaba tiempo para encontrarse con ella. Aún así, se sintió nervioso, cómo un adolescente en su primera cita.
Aquello era absurdo, tomando en cuenta que él era un hombre hecho y derecho. Ya se había casado y había enviudado. Observó su mano izquierda, específicamente su dedo anular. Ahí estaba su alianza, sería problemático si alguien la viese y se percatara de que Shinobu no lleva ninguna. La gente podría malinterpretar, por lo que procedió a quitársela.
Lo contempló minuciosamente. El oro era real, pero no era muy caro ni tenía tantos quilates, después de todo fue lo poco que pudo pagar con sus ahorros y trabajos de media jornada. Había dos inscripciones en ella. Una era el tradicional nombre "Alice" y en la otra, había hecho que escribieran "Hasta que la muerte nos separe".
Nunca habría imaginado que aquello ocurriría tan rápido.
Por eso había decidido que no volvería a involucrarse con nadie sentimentalmente, sin mencionar que ni se creía capaz de hacerlo. Amó a su esposa con todas las fuerzas de su corazón, y cuando ella murió, que sus sueños y esperanzas respecto a aquel afanado "Felices para Siempre" se destrozaron. No volver a amar volver a alguien así, porque no quería a sufrir de tal manera. Si volvía a pasar por lo mismo, ni siquiera Inosuke o toda su familia junta podrían volver a sacarlo de aquel estado de depresión.
Pero no contaba que aparecería en su vida cierta joven con sonrisa de ángel y estaba tan decidida a penetrar aquella dura coraza de autodefensa que él mismo se había colocado. Lo peor de todo era que a él no le era indiferente. Al principio pensó que sólo había despertado en él el instinto protector que todos los hombres poseer, sin embargo, todo cambió cuando juntaron sus labios. Despertó en él algo más, algo que pensó no volvería a sentir jamás.
–¡No es justo!
Una voz femenina llamó su atención y lo obligó a girarse para encontrarse con una muy bonita vista.
Una pelimorada con cuerpo de infarto estaba frente a él envuelta en un bonito outfit. Usaba un short de mezclilla, sus piernas estaban cubiertas por unas medias negras de Nylon mientras que en la parte de arriba llevaba una blusa blanca de tirantes y un suéter largo color negro. Se veía un poco más alta debido a que llevaba botines haciendo que sus atributos resaltaran mejor. Su cintura estrecha, sus piernas torneadas, su proporcional busto y su cabello con bucles morados.
Parpadeo tres veces seguidas antes de volver a la realidad. Sobretodo, al darse cuenta de que no era el único que apreciaba lo atractiva que iba aquella joven frente a él. Frunció el ceño tras sus lentes oscuros y se las puso sobre la cabeza. Guardó su anillo en bolsillo del pecho de su camisa y se encaminó a la joven amohinada.
–¿Qué no es justo? –Preguntó con una media sonrisa, observando con satisfacción como todos los hombres a su alrededor parecían haber entendido que aquella joven no iba sola.
–Se supone que yo llegaría puntual y tú te demorarías un poco. –Empezó a decir mientras miraba cómo iba su profesor. –Entonces llegarías avergonzado por dejarme esperando y yo como linda y buena novia te diría que no hay problema. –Se sintió avergonzada por decírselo, ¡Pero debería haber sido así! No era justo.
Así como tampoco lo era que él se viera tan bien en unos simples jeans gastados y una impecable camisa negra y casual. ¡Ella revolvió su habitación! El atuendo que traía puesto fue elegido luego de habérselo probado tres veces con distintas combinaciones de carteras y zapatos. Aún así, él no le había dicho que estaba linda o algo parecido.
Por su parte, Giyu miraba complacido como la joven se enfurruñaba y desviaba la mirada. Estaba roja y pudo apreciar que su rostro iba desprovisto de maquillaje. Sus pestañas, abundantes y oscuras lucían naturales, igual que toda ella, apenas se notaba el brillo translúcido que se había puesto en los labios.
Y su cabello. Eso era lo que más le gustaba de ella: su corto y ondulado cabello color violeta. Se veía tan sedoso y suave al tacto. Tenía vida propia y era adorable ver como los bucles se formaban de manera natural desde la mitad del cabello. Irónico. Aquello era lo único en lo que diferían físicamente con su difunta esposa y era lo que más le gustaba de Shinobu.
–¿Tengo que disculparme por ser un caballero y llegar antes? –Preguntó divertido.
-No. –Contestó ella aún molesta porque las cosas con él no salieran como siempre. Es decir, tal y como ella quería, siempre se salía con la suya excepto en lo que a Giyu concernía. –Pero ni modo. –Se apresuró a agregar observando como se alzaba una de aquellas perfectas cejas masculinas. –¿No piensas saludarme?
Aquello lo tomó por sorpresa y la joven aprovechó aquel flanco para ponerse de puntitas y rozar sus labios.
–Así se saludan los novios. –Se apresuró a explicar. –Ahora vamos. –Tomó su mano entre las suyas y se adentraron juntos al establecimiento. –¿Dónde quieres ir?
–Yo debería preguntar eso. –Corrigió el pelinegro.
–Yo quiero ir a la montaña rusa. –Anunció animada.
Sin duda, su ánimo era contagioso. Llegaron a la boletería y vio como Shinobu hacía un ademán de sacar algo del pequeño bolsito que cruzaba en diagonal por su esbelta figura.
–No sé qué tanto habrán cambiado las costumbres desde la última vez que salí a una cita. –La detuvo tomando su mano. –Pero, yo pago. –Le dijo mientras hacía lo propio entregando el dinero en la boletería.
–Es la primera vez que reconoces que tenemos una cita. –Le dijo Shinobu con los ojos ilusionados y notando como él se ruborizaba.
–Pasen por aquí.
Giyu agradeció la intervención de la dependienta y dejó pasar a Shinobu primero en dirección a los juegos mecánicos. Se subieron y aseguraron en el aparato y empezaron a subir. Cuando estuvo a punto de llegar a la cima, ella tomó su mano, él se giró y ella le sonrió. Todo aquello antes de empezar a gritar por la adrenalina del juego.
–¡No es gracioso! –Exclamó Shinobu molesta ante el rostro de su acompañante, que tenía una mueca clara de contener la risa.
–Perdona, no puedo escucharte, creo que quedé sordo. –Se burló Giyu haciendo referencia a los gritos de la muchacha.
–No es culpa mía, hacía mucho tiempo que no me subía a uno de esos aparatos. –Se defendió.
–¿Qué tanto? –Se animó a preguntar. La última vez que se subió a uno fue con Alice, a ella le encantaban ese tipo de juegos.
–Desde los diez años. –Aquella fueron las últimas vacaciones familiares a las que ella acudió, cuando su hermana Kanae aún seguía con vida.
Giyu notó que aquello no traía precisamente buenos recuerdos en Shinobu. De nuevo, ella despertaba en él reacciones que no terminaba de entendre. En esos momentos quería crear nuevas y buenas memorias con ella, por lo que se apresuró a tomar su mano y seguir caminando.
–¿Ahora dónde vamos? –Preguntó tratando de sonar casual. –¿La casa embrujada? –Preguntó recordando que a Alice solía encantarle ir ahí. Más de una vez había salido riéndose de los falsos que eran en aquella atracción.
–No me gusta la casa embrujada. –Contestó la joven deteniéndose.
–Pero si a ti te… –Regresó a ver a su acompañante y se encontró con Shinobu mirándolo expectante e insegura. No pudo sino inspirarle ternura y mandar los recuerdos de los momentos compartidos con Alice a un lado, momentáneamente. –Vamos, yo estoy contigo, no te dejaré sola.
Shinobu sonrió y tomó su mano segura, confiada, y ambos entraron al establecimiento. Sabía que podía confiar en Giyu.
Salieron al cabo de pocos minutos. La pelimorada gimoteaba y reía al mismo tiempo. Giyu se encargó de entretenerla todo el recorrido y efectivamente logró encontrar gracioso a los intentos de las personas por parecer terroríficos.
Siguieron paseando por el lugar. Giyu fue muy caballeroso y cortés, sin embargo, el silencio aún primaba en ellos en los ratos muertos y no debería ser así.
–¿Te apetece comer algo? –Preguntó el joven profesor amenamente.
-Si. –Contestó ella tomando su brazo.
Fueron a uno de los establecimientos de comida y disfrutaron de una cena informal. Pizza y refresco, una vez sentados y después de comer, Shinobu tomó las riendas de la conversación.
–¿Cuál es tu color favorito? –Preguntó súbitamente.
–¿Eh?
–Contesta. –Exigió. –No me gusta admitirlo, pero no sé mucho sobre ti y eso tiene que cambiar.
–¿Por qué? –Indagó Giyu. –Puede que lo que descubramos no nos agrade.
–Sé que quiero arriesgarme. –Contestó Shinobu posando sus pequeñas manos sobre las grandes y masculinas de él.
Giyu se tensó ante el gesto, más no se alejó. Alzó la mirada y sus ojos se perdieron en el mar púrpura que era la vista de ella. Se veía tan ingenua, aunque fue ella quien tomase la iniciativa en todo, al mismo tiempo era tan frágil y delicada. Se sintió tan sincera, que lo invitaba a confiar en ella. Le inspiraba una calidez y una ternura que lo asustaba, porque…
–Sería demasiado sencillo enamorarse de ti. –Masculló entre dientes. Molesto consigo mismo por sentir lo que sintió y por percibir el peso de su alianza en su bolsillo.
–¿Dijiste algo? –Preguntó Shinobu porque lo había escuchado mascullar.
–Dije blanco. –Improvisó rápidamente. –¿El tuyo? –Le siguió la corriente.
–Morado. –Contestó con simpleza –¿Qué tipo de música escuchas?
–Clásicos. –Contestó con simpleza y la miró con elocuencia.
–Música extranjera desde los 50's a los 90's. –Contestó sorprendiendo al pelinegro cuando pronunció el nombre de grupos con perfecta fluidez. –¿Qué esperabas? ¿Sólo J-Pop y K-Pop?
El aludido sólo sonrió, francamente esperaba exactamente eso. La joven lo notó y dejó escapar su cantarina risa. Él comenzó a hablarle sobre canciones y letras y ella le pudo seguir la conversación con deleite. Rompiendo tensiones instantáneamente, la música era algo que ambos disfrutaban y que al parecer les apasionaba.
–Reconozco que me ha sorprendido. Ni siquiera nacías en la época en la que esta música fue un éxito, yo apenas era un bebé.
–La buena música durará por siempre en el mundo, independientemente del lugar que proceda. –Citó dramáticamente.
–Eres un estuche de monerías. –Le dijo Giyu. Aquella postura de ella hizo que el joven de ojos azules no creyera a la muchacha que tenía en frente. A veces tan inmadura y otras, tan irreal.
El equilibrio perfecto entre una niña y una mujer. Pero él ya era un hombre y los hombres debían de buscar mujeres, no niñas, menos sus propias alumnas. Aquel pensamiento le provocó una mueca de desagrado.
–¿Qué tipo de comida te gusta? –Preguntó Shinobu sacándolo de sus cavilaciones.
–He estado tanto tiempo lejos del país que todo lo que sea tradicional me sabe de maravilla. –Reconoció tras una pausa. –Aunque, no sé si pueda volver a comer un pollo a la cordon bleu como el de París.
Shinobu no se lo diría, pero desde el siguiente día empezaría a practicar su cocina francesa hasta perfeccionarla, aunque tuviese que contratar a un chef de Francia, y el postre que tanto le gustaba a su querido rubio según lo que escuchó.
–¿Tienes alguna otra pregunta?
¡Tenía varias! Quería saber cuantas novias tuvo, cuando fue su primer beso, su momento más vergonzoso, el más feliz, el más triste, pero temía a las respuestas. Temía arruinar la cita. Temía que todos los momentos importantes en la vida de Giyu estuviesen vinculados al fantasma de su esposa.
Ella se encargaría de crear nuevos recuerdos y hacer que Giyu olvide, no, supere su pérdida. Sólo necesita que él le diera carta blanca y le permitiese entrar en su corazón. Y para saber eso, sólo debería hacer una pregunta. Pregunta de la cual le aterraba conocer la respuesta.
–Ninguna. –Contestó finalmente.
Tomioka se adelantó a la joven y se puso de pie para ayudarla a hacer lo mismo. Salieron del establecimiento y caminaron por el lugar. No se alejaron mucho cuando Giyu notó que sus lentes se encuentra caído, pidió disculpas a Shinobu y fue a buscarlos donde estaba comido.
Shinobu miró a los alrededores hasta que de repente se quedó petrificada ante el peluche más hermoso que había visto en su vida. Era una pantera negra inmensa, cubriría al menos la mitad del ancho de su cama y lo que más llamó su atención fueron el gran par de ojos azules que la miraban. Aquella mirada felina, que le recordaba tanto a su querido profesor.
–¿Lo quieres, linda? –Preguntó el encargado del local. –Sólo aciértale a los tres blancos y será tuyo.
–Puedo ganarlo para ti.
Shinobu se giró sorprendida al escuchar una voz masculina. ¡Giyu! Pero su rostro no pudo ocultar su decepción cuando se encontró con otro joven, con el cabello oscuro y grandes ojos del mismo color que contrastaban con su pálida piel. Sí, era muy guapo pero, no era su profesor.
-No gracias. –Se excuso un poco cortante. –No es necesario.
–Insisto. –Puso el dinero sobre el mostrador. –Una ronda por favor.
El encargado le extendió el arma con el que disparaba a los blancos. Acertó al primero ante la perpleja mirada de la joven. Le dio al segundo y sonrió complacido al haber capturado su atención. Falló al tercero, apropósito, por supuesto. La mitad de su estrategia ya había sido puesta en práctica.
-Lo siento. –Se excusó pretendiendo lucir apenado.
–No es nada. –Le aseguró ella. –No tenías que hacerlo de todas formas.
–Permíteme resarcirte. –Pidió. –Te invitó una malteada.
–Apenas terminó de comer. –Se excusó con voz seca, procurando mantener la distancia.
–Entonces a un juego. Vamos, acepta. –Pidió tomándola del brazo sin su consentimiento.
–Vengo con mi novio. –Trató de librarse del chico.
–Debe ser un tonto. –Le dijo. –Dejándote sola aquí.
Ella iba a contestarle que ahí el único tonto era él y que la soltase, que no sabía aceptar un no por respuesta. Pero justo cuando iba a hacerlo, se escucharon tres disparos de corrido, llamando la atención de ambos. Cuando se giraron vieron a Giyu recibiendo el premio que había visto a Shinobu añorar a lo lejos.
–¡Qué buena puntería joven! -Exclamó el dueño tan sorprendido por su puntería que ni siquiera le molestó perder el premio.
Giyu no le contestó. Con suma elegancia se volteó acercándose dónde Shinobu. Su elegancia era palpable y la mirada que le dedicaba al moscón que estaba agarrando el brazo de la chica podía congelar a cualquiera, haciendo que este soltase a la pelimorada como si quemase.
–Para ti. –Le dijo antes de dirigir su vista al idiota que lo miraba perplejo. Era muy consciente de qué hacer para intimidar a las personas y había utilizado todo aquello en el… joven. Pasó su brazo por los hombros de su alumna.
El joven parecía bastante sorprendido. El pelinegro frente a él podría no ser musculoso o gigante, pero tenía una mirada que lo dejó sin habla.
Shinobu estaba alucinada. Era como los protagonistas de los Shojos que leía de vez en cuando. Se giró con una malévola mirada hacia dónde estaba el sujeto ese mientras abrazaba su peluche ya Giyu, aferrándose a su cuerpo.
–¿Decías? –Preguntó Shinobu consciente de que no diría nada y se iría con el rabo entre las piernas.
–No está en tu liga niño. –Le hizo notar Giyu con sus ojos azules mirándolo de manera arrogante. –Es demasiado para ti.
El azabache se marchó sin decir nada, estaba avergonzado por lo que acababa de ocurrir. No miró atrás para encontrarse con el sonriente rostro de la joven.
–Te dejé sola cinco minutos. –Masculló Tomioka entre dientes.
Shinobu no pudo evitar reír y sus cantarinas risitas llamaron la atención de su acompañante que la regreso a ver con una ceja alzada. Ella no le contestó, estaba feliz, lo que acababa de ocurrir fue casi un ataque de celos. Giyu pareció dejarle bien en claro al muchacho que ella estaba a su lado y que no era ningún tonto. Se sintió muy feliz de provocar esa reacción en él. No pudo evitar ponerse de puntitas y darle un cálido beso en la mejilla.
–Gracias. –Dijo Shinobu. –Por esto. –Señaló el peluche. –Y por aquello. –Hizo un ademán con la cabeza al lugar donde desapareció el joven.
-De nada. –Contestó girando el rostro para que Shinobu no notara su vergüenza. Lo que acababa de ocurrir era algo que no le había sucedido en mucho tiempo. Es más, siempre había sabido controlarse, nunca había sido tan imprudente e impulsivo.
Cuando lo vio coqueteando con ella, no puede decir que le agradó, más aún quería hacerse presente en ese instante, sin embargo, recordó que ambos eran estudiantes. Él buen mozo y ella, preciosa. Los estudiantes deben salir con estudiantes. Si es que Kocho había respondido a su coqueteo, él se había marchado tranquilo, aliviado de que aquel devaneo había estado hasta allí. Pero, cuando vio al tipito tomando el brazo y por la fuerza a su novia no pudo evitar actuar.
Aquel idiota no tenía ningún derecho a tocarla, porque Shinobu era su novia.
Dios, ahora hasta decía que Shinobu era su novia. No podía pensar así cuando se suponía aquello tendría que haber finalizado en unas horas. Con aquella salida ella debía entender que eran muy diferentes, aunque claro, resultó al revés y al parecer tienen más en común de lo que pensaban. Pero no, no podía.
–¿Giyu?
Su voz lo sacó de su ensoñación y regresó a verla. Tenía una mirada preocupada.
–Tranquila. –Trató de sonreírle. -Nothing is wrong. Como un adulto que soy, no podía dejar que aquel muchacho molestara a una niña, a mi alumna.
Shinobu asimiló aquella oración cómo él quería, lo supo por cómo se le quedó mirando. Sí, así debía ser, no podía seguir mirando su rostro afligido y empezó a caminar para alejarse de ella. Era extraño, a pesar de saber que hacía lo correcto, resultaba molesto e incómodo.
–Giyu. –Llamó Shinobu tomándolo del brazo. Se negaba a dejarlo escapar. –Mírame. –Exigió con una voz seria y dulce a la vez. Él la obedeció.
Ahí estaba de nuevo, ella y su capacidad dese una mujercita en un segundo.
–Kocho. –Empezó a decir. –Los alumnos deben salir con alumnos.
–No estamos en el instituto. –Lo interrumpió ella. –Sólo somos Shinobu y Giyu. Dos jóvenes en una cita.
–Acepté esta cita para demostrarte que esto no podía ser. –Le descrito. –No puedo estar contigo.
–Me niego a creerlo. –Espetó enojada. –Me niego a aceptarlo. –Añadió vehemente. –La hemos pasado bien, tú sabes que entre nosotros hay algo, sólo que no quieres aceptarlo. Tienes miedo de aceptarlo, a involucrarte con las personas porque no quieres salir lastimado de nuevo. Primero tu familia, luego, cuando creíste ser feliz a lado de la mujer que amabas, la vida te la quitó tan prematuramente. De una u otra manera todo lo que has querido alguna vez te ha sido arrebatado. Está bien tener miedo. –Acercó su mano a su rostro. –Pero tienes que seguir adelante, dejar atrás el pasado y avanzar, tú no eres un cobarde.
Tomioka la miró perplejo. Ella descubrió en unas horas lo que a él tomó tanto tiempo asumir. Cobardía, era parecido a lo que Inosuke le había dicho. Sí, tenía miedo y de muchas cosas. Ella era joven, podía tratarse de un mero pasatiempo para ella y si él se involucra demasiado, que puede llegar a tener grandes y profundos sentimientos por su alumna. No podía volver a mostrar aquella debilidad.
–Shinobu…
–Una. –Interrumpió a su profesor. –Aún tengo una pregunta que hacerte.
-Hazla.
–¿Qué sientes por mí? –Sus ojos púrpura lo miraron fijamente. –Y quiero que lo digas sinceramente. Lo que sea, lo aceptaré.
Nunca se había esperado aquella pregunta o quizás no quería pensar que llegaría. ¿Qué podría contestarle? No quería lastimarla y tampoco mentirle. Ella le estaba pidiendo sinceridad.
–Tengo miedo de ti. –Le contestó sinceramente. –Porque sería muy fácil enamorarse de ti, Shinobu.
Ella suavizó su mirada.
–¿Me quieres? –Pidió saber con urgencia y se acercó a él. –Aunque sea… ¿Un poquito?
No podía mentirle a aquella mujer, no podía seguir mintiéndose a si mismo.
-Si. –Contestó finalmente y clavó una de sus miradas de hielo a Shinobu. –Pero te haré daño. Tú no te mereces eso. –Pretendía alejarla. Más ella lo miró con aún más ternura, obligándolo a verla igual.
–Ese es un riesgo que yo elijo tomar. –Añadió con una traviesa sonrisa. Llevó sus manos al cuello de Giyu y atrajo su rostro al propio para unir sus labios. Ella tomó la iniciativa, mordió su labio inferior y profundizó el roce. Su lengua acariciaba la de su compañero con cariño y él, le correspondía de igual manera.
Sintió como los músculos de él se relajaban y sus grandes manos se colocaban en su cintura, abrazándola a él. Sus cuerpos encajaban como dos piezas de rompecabezas. Se separaron por el impacto de sentir cómo todas las luces a sus alrededores se prendieron. Ambos quedarán en medio de un arcoíris psicodélico de varios colores. Parecía de película.
–Que lindo. –Susurró Shinobu aún abrazada a su profesor.
Giyu se volteo a verla. Parecía una niña pequeña maravillada por la diversidad de tonos, y así iluminada como estaba, lucía como una figura etérea.
–Preciosa. –Corroboró él mirándola fijamente provocando que ella se ruborizara.
Shinobu tenía razón, aunque le costara admitirlo, hasta Inosuke tenía razón. Podría ser una señal de esperanza.
–Ya es hora de seguir adelante. –Concluyó por fin Giyu observando cómo los grandes ojos de Kocho se abrían con sorpresa.
–¿Puedo acompañarte? –Preguntó sintiéndose repentinamente tímida.
–Es una novedad que preguntes. –Se burló el profesor. La joven lo miró molesta. –Antes de responderte debes entender algunas cosas. –Le dijo, ella asintió esperando que continuara. –Soy tu maestro, por lo que nuestro trato debe ser estrictamente secreto. –Empezó a nombrar. –Tengo muchas responsabilidades y ocupaciones, por lo que puede que no tenga mucho tiempo libre para dedicártelo. –Continuó. –Tengo mal genio, soy quisquilloso, estoy deprimido, necesito tiempo y mucha paciencia.
–No importa. –Aseguró Shinobu con una gran sonrisa.
-Puedo llegar a ser intolerable.
-No importa.
–Seré un novio celoso y posesivo. –Añadió como último recurso. –En serio, no soy, ni de lejos un buen partido.
–Sí lo eres, para mí. –Asintió segura.
–A pesar de todo lo que te he dicho ¿Aún quieres involucrarte conmigo? –Se estaba exponiendo, pero tenía que saberlo.
–Yo tengo muchos más defectos. Quiero escribirte y hablar de tonterías. –Habló ella. –Pero, más que nada, quiero estar contigo Giyu, ser tu amiga, tu apoyo, tu novia.
La miró por segundos que parecieron horas, tratando de hallarle en ese momento un parecido a su difunta esposa, pero fue en vano. Tan parecidas, pero tan distintas. Si es que Inosuke tenía razón, esta podía ser la oportunidad que le da la vida para volver a ser feliz y entonces, no debería desaprovecharla.
–Entonces te tomo la palabra. –Apretó más su esbelto cuerpo al suyo.
La besó sin preguntarle, fue un beso mucho más apasionado que el anterior. Giyu marcaba un ritmo difícil de llevar, con movimientos muy seguros y experimentados. Era tierno y agresivo a la vez, dejándole muy claras sus palabras. Aquella mujercita le hacía perder la cabeza y aceptar hasta el más arriesgado noviazgo de su vida. Sin embargo, él no era un cobarde, y si había una mujer que podía sacarlo adelante, esa era Shinobu. No estaba dispuesto a volver a exponer su corazón al dolor, pero tampoco iba a dejar pasar la oportunidad de sobreponerse al mismo.
Shinobu no cabía en sí de tanta emoción. Giyu la estaba aceptando, ya no era sólo ella la que participaba, él también lo hacía, oficialmente novios. Se sintió tan feliz y tan asustada al mismo tiempo. Él había dicho que temía enamorarse de ella, pero que la quería.
Aún no estaba enamorado de ella, sin embargo, lo único que importaba era aquello que ella sintió por él, y aunque en esos momentos él no siente lo mismo, y seguramente esté a su lado por cariño o por el parecido que compartía con su difunta esposa, algún día, no muy lejano, Giyu la mirará y sólo verá a Shinobu Kocho y se enamorará tanto o más que ella.
Eso corría por su cuenta, por lo pronto ella lo querría por los dos.
Se separaron y ella le sonrió antes de abrazarse a él. Giyu inclinó su cabeza y olió sus cabellos. Lilas, un olor tan limpio y puro.
Quizá Shinobu Kocho era lo que él necesitaba para salir adelante.
Su novia.
–Espero que sepas atenerte a las consecuencias.
::
Notas de autora:
VOOOOOOLVIIIIIIIIIII. Sé que me demoré bastante, pero les juro que la universidad no es nada bonita, sobre todo si estudias una ingeniería. Pero la buena noticia es que sí salvé el semestre con calificaciones bastantes satisfactorias y para celebrar me puse a hacer lo que más me gusta, que es escribir.
Para serles sincera este capitulo lo llevo escribiendo desde el mes de julio, pero con tantas clases y tareas que tenía prácticamente nulo el tiempo libre con el que contaba para continuar con el capítulo.
En primer lugar, les ofrezco una disculpa por la demora y también por hacer largo el capítulo, fueron 70 paginas con mas de 25,000 palabras, pero es que son bastantes cosas que ya se deben de ir aclarando poco a poco en la trama, y pues perdón si los aburrí jaja)):
No sé si desearles desde ahora Feliz año nuevo porque tal vez para esa fecha subo el próximo capitulo, pero es que hay tantas cosas pendientes que tengo en casa que mejor no me comprometo a traerles el capitulo para esa fecha, pero les prometo que haré el intento. Mi plan era subir el capitulo para navidad, pero ya los hice esperar demasiado así que tómenlo como su regalo de navidad adelantado.
De corazón espero que les haya gustado el capítulo, y no solo me agradezcan a mí, si no también a Jess ya que es la que hace las correcciones porque yo ya estoy medio ciega y no me doy cuenta cuando se me escapa un error xD. Ya llegamos a la mitad de la historia así que en Diez capítulos u once más daré por concluido este proyecto. (No se preocupen, sí tengo la intención de acabarlo jaja).
Y bueno, para despedirme quiero agradecer por sus preciosos Reviews, me hace muy feliz recibir una notificación de que alguien ha dejado un comentario y eso me motiva a escribir. Disculpen si no contesto, pero lo olvido, no vayan a creer que es porque no lo quiero hacer jaja: c Trataré de responder los próximos reviews, sin falta.
De una vez les deseo una muy Feliz Navidad y que pasen un excelente día al lado de sus seres queridos y recuerden atender a las recomendaciones con respecto a lo del Covid-19, no se lo tomen a la ligera, tenemos que llegar todos juntos al final de esta historia. Tomen mucho awa y recuerden que los amo mucho. ¡Nos leemos pronto!
