—Realmente no hemos descubierto mucho, querida. Nos hubiera gustado traerle al rey todo un informe súper detallado contando el cómo hubiéramos podido hallar la manera de adelantar el proceso de curación, mas no fue posible. No hubo manera de descifrarlo.
La expresión derrotada que el rostro de Prunia dejaba ver delataba la sinceridad que había en sus palabras, lo que hizo que la abatida princesa suspirara con cierta frustración y posara la mirada sobre el techo del laboratorio, rememorando aún el semblante enfurecido que su padre había mostrado hace unos instantes, cuando ella le había entregado los documentos y le había detallado lo que decía el informe acerca del Santuario de la Vida. Desde que se reveló la existencia de esa misteriosa cámara, el soberano siempre tuvo grandes expectativas sobre toda la información que podrían sacar de allí, lo que se vio reflejado en el entusiasmo que mostró al aprobar de buena gana los permisos que la investigadora había solicitado para realizar diversas expediciones al mismo, y que ahora seguramente acabe en hacerle cargar a Zelda con una mayor presión debido a que ya tenían menos aliados a su disposición.
—Bueno… de todas formas, habéis investigado arduamente durante todo este tiempo. Creo que debemos quedarnos al menos con el gran esfuerzo que habéis hecho —concluyó la heredera con aplomo mientras intentaba evadir los dolorosos pensamientos que venían a ella cada vez que la imagen del regente aparecía en su cabeza. Aún si él no había pronunciado palabra alguna en cuanto supo de los decepcionantes resultados, ella sabía que pronto volvería una nueva regañina en la que el tema se haría presente con el fin de intentar que se centrara más en su deber y dejara de lado todo lo demás, trayendo así de nuevo los odiosos llantos de impotencia que solían acompañarla cada vez que se veía sola o en compañía de Link.
Las miradas preocupadas de las dos sheikah presentes se posaron sobre la heredera.
—¡Pero sólo va a ser una carga para ti! —protestó Prunia con notoria frustración —. Sabemos las implicaciones que todo esto va a tener en tu relación con el rey, Zelda. Por eso nos duele tanto haber venido con estos pobres resultados.
—Es igual. Soportaré todo lo que él me diga. No es culpa vuestra que no pudiéramos expandir nuestros conocimientos acerca de la tecnología ancestral.
Aún si los esfuerzos que la heredera hacía por mantenerse firme eran grandes, en el fondo sabía que las jóvenes que tenía enfrente eran capaces de visualizar el sufrimiento y la inseguridad que le causaba el mencionar a su superior. Era completamente normal que eso ocurriera, ambas la conocían bastante bien y siempre fueron algo parecido a sus nuevas figuras maternas, y por ello siempre había mantenido una relación de gran afecto con ellas, afecto que en ocasiones superaba al que tenía con su propio padre.
Viendo las nulas ganas que Zelda tenía de continuar hablando del tema, esta vez fue Impa quien suspiró.
—Bueno, creo que ya no merece la pena seguir hablando de ello si no conseguimos nada. Mejor dediquémonos a hablar de algo nuevo y disfrutar del poco tiempo que tenemos juntas, ya que no sabemos cuánto tiempo pasará antes de volver a estar reunidas.
—Tienes razón —acabó declarando la investigadora —. Ha pasado muchísimo tiempo desde que no hablamos las tres juntas. Ahora que andas arrimada a Link, ya no hay quien te separe de él.
El tono maléfico que la menor de las hermanas había empleado para referirse al elegido consiguió hacer que la princesa se removiera incómoda en su asiento, tratando por todos los medios de reprimir el sonrojo que amenazaba con teñir sus mejillas y mostrarse lo menos afectada posible por la insinuación que ella parecía esconder bajo sus palabras, creando así un ambiente incómodo que incrementó en gran medida cuando sintió la intensa mirada de Impa sobre ella de una manera evaluativa, como si estuviera esperando que en su forma de actuar estuviera la solución a alguna incógnita que poseía.
—Tengo que admitir que actualmente él y yo somos prácticamente inseparables —comentó tras unos segundos, tratando de retener la sonrisa tonta que comenzaba a brotar en ella —. Ahora nos hemos vuelto los mejores amigos, y de verdad que hay momentos en los que es demasiado obvio que nos llevamos de maravilla.
Las jóvenes pintaron una sincera sonrisa en sus rostros al captar la genuina alegría que desprendían todas y cada una de las palabras que salían de los labios de la hyliana. A pesar de que en el fondo de su ser creían que Zelda escondía algún secreto que no les había contado con respecto a Link, seguían sintiéndose muy contentas de ver a su protegida expresarse de esa manera tan entusiasta cuando hablaban de alguien, agradeciendo mentalmente al rey de Hyrule por haber tenido la excelente idea de haberle asignado ese puesto tan especial al elegido.
Pero, aún así, había una cuestión que llevaba bastante tiempo alimentando la curiosidad de Impa, ya que, desde que ocurrió, no volvió a saber nada de ella, haciendo que así prestara más atención a la expresión de su contraria en cuanto se decidió a comentarlo:
—Querida —la llamó con una voz teñida de cierto misterio, lo que captó inmediatamente la atención de Zelda —. Dentro de unos pocos días se darán las Lágrimas de Farore, y me preguntaba qué irías a hacer ese día, ya que estarás fuera del castillo y no sé si por fin te animarás a verlas después de todos estos años. Al fin y al cabo, no hay un escondite donde te puedas encerrar y evitarlas.
Antes de responder, la princesa miró con indecisión sus manos, aún dudando de si había hecho lo correcto aceptando la proposición que su escolta le había hecho. Al fin y al cabo, era fácil decir que ya era hora de salir de aquella dura etapa de su vida a bastante tiempo de que ocurriera, pero ya no era tan sencillo cuando el evento se acercaba a pasos agigantados.
—Sí. Las veré este año con Link.
Pero al final la decisión ya estaba tomada, y tampoco era justo que se echara hacia atrás en el último momento y dejara al joven solo. Además, y aunque fuera duro para ella tener que enfrentarse a algo que aún seguía dejando una profunda herida en su alma, en el fondo seguía manteniendo la determinación de que superarlo sería de gran ayuda para hacerse un poco más fuerte y así ir poco a poco superando los traumas que la partida de su progenitora había dejado en su lastimado corazón.
Las sheikah, ajenas a su tormento interno, le dedicaron unas sonrisas cargadas de orgullo.
—De verdad que nos alegramos por ti, querida —declaró Prunia —. A pesar de seguir dolida por no poder tener a tu madre a tu lado, demuestras un gran esfuerzo por seguir caminando hacia delante sin ella, por tratar de satisfacer a todos los habitantes del reino y continuar en pie aún si tus intentos son en vano. Y eso nos hace sentir un enorme e incomparable orgullo hacia nuestra princesa.
—Gracias por las palabras, de verdad. Yo… no sé qué decir…
—No necesitas agradecer nada, Zelda. Tan sólo quédate con que esa es la verdad, y aunque sé que en los derrumbes no lo pensarás, tienes que tenerlo en cuenta siempre. Porque eso es lo que eres.
En respuesta, ella acabó asintiendo con suavidad, haciéndoles ver qué había captado el mensaje y que trataría de tenerlo en cuenta más a menudo.
—Pero en serio, me habéis animado un poco más, y de verdad que os lo agradezco. No es fácil encontrar apoyo en esta situación.
A pesar de que ya le habían dicho anteriormente que su agradecimiento no hacía falta, hicieron un gesto para aceptar las palabras y acabaron por decidirse a cambiar de tema y dedicar el resto del tiempo que les quedaban juntas para charlar acerca de temas de investigación ancestral, entre los que estaban sus exitosos intentos de revivir a los guardianes y los pequeños avances que habían hecho en sus estudios para intentar comprender un poco su funcionamiento. Cuando ya vieron que ya habían contado todas las novedades, terminaron centrándose en hablar acerca del plan alternativo que emplearían para cuando Ganon resurgiera, acordando que, en el caso de que Mipha también aceptara la proposición, tendrían que escoger en conjunto una fecha que les viniera bien a todos para juntarse y poder planificar con calma cómo se distribuirían las ayudas cuando llegara el momento, lo cual era importante hacerlo en algún laboratorio de los exteriores o un lugar improvisado para evitar que sus planes llegaran a oídos del regente y se metieran en problemas.
Al final, y tras un tiempo de acordar las cosas que harían en el caso de que recibieran un sí de todos, decidieron que ya era hora de retirarse a sus respectivos lugares a cumplir con sus quehaceres, y así dejar que la menor se dirigiera al gran comedor a degustar la comida que seguramente estaría sobre la mesa en cuestión de segundos. Y, a pesar de que el olor a de la misma ya se notaba desde los pasillos y solía ser suficiente como para que su estómago rugiera de apetito, esta vez no sintió nada de eso, sino que notó cómo su nervioso cuerpo rechazaba el penetrante olor que salía de la cocina y una sensación parecida a las náuseas se apoderaba de ella.
Y todo por sólo pensar en que iba a ver a su padre.
oOoOoOo
—En unos días hablaré contigo de nuevo para comprobar tus progresos. Por ahora puedes retirarte.
Ignorando la presión que su pecho ejercía al escuchar las últimas palabras que salieron de la boca de Rhoam, la princesa hizo un esfuerzo por mantenerse firme y despedirse adecuadamente del regente, lo que volvía a esas palabras y a las de saludo las únicas que habían compartido en todo el rato que llevaban juntos en la sala.
Unos segundos después de haberle dado la espalda al soberano y al encontrarse de nuevo en los pasillos, se permitió relajar la inconscientemente rígida postura que había adoptado todo el tiempo, lo que no era más que una simple manifestación de toda la incomodidad que la había invadido mientras degustaba sin apenas apetito los platos que las sirvientas le habían puesto en la mesa, haciendo que a su mente volviera a venir el reciente recuerdo de su mirada gacha y fija únicamente en la pieza de porcelana todo el rato, sin atreverse a conectar sus ojos con los del hombre, soportando con dificultad toda la tensión que se respiraba en el ambiente y la mirada escrutadora que se clavaba fríamente sobre sus gestos y rostro.
—Espero que lo que haya pasado por su mente no sea algo muy malo —se dijo en un pequeño susurro cuando llegó a su cuarto y desvió su atención a su corsé, sacándolo y cambiándose a sus ropas habituales para salir del castillo. Hoy tenía planeado aprovechar su tiempo libre antes de volver a las fuentes saliendo al campo a curiosear un poco los exteriores de los muros de la ciudadela, y así poder encontrar una manera de alejarse de la creciente presión que sentía aspirando el reconfortante aire que provenía de allí.
Y para qué mentir. También tenía ganas de ver a Link de nuevo, de pasar tiempo a solas con él y volver a sentir aquella sensación de calidez que, a pesar de que su cerebro negaba, sabía que en el fondo de su ser disfrutaba, porque aunque aún seguía manteniéndose reacia a aceptar lo que sentía por él, en el fondo no quería que todo lo que experimentaba cada vez que se juntaban se desvaneciera y nunca más pudiera anhelar esos labios que venían a su cabeza cuando pensaba en él.
Sabía que llegaría el día en el que la negación caería y acabaría cediendo ante sus emociones.
oOoOoOo
Una vez que terminó de equipar a su montura con todo lo que iba a necesitar para aquella ajetreada tarde, la condujo hacia el exterior de los establos con rapidez, acariciando su cuello en el acto como muestra de afecto y felicidad por haberse podido reunir con ella tras todo este tiempo.
—Parece que te ha echado mucho de menos —comentó una voz divertida que provenía de enfrente de ella. Al captar de quién se trataba, Zelda irguió una gran sonrisa y desplazó su vista hacia el propietario de aquel comentario.
—Lo sé, Link. Cuando entré, vi claramente cómo se emocionaba al percibir mi presencia —aclaró, ganándose un suave relincho por parte del animal que evidenciaba que estaba en lo cierto, lo que hizo que la muchacha soltara una suave risa y volviera a mimarla con caricias.
Por el rabillo del ojo, vio cómo Link clavaba su vista sobre su mano y luego la dirigía al equino.
—Al menos me consuela pensar que me echas mucho más de menos a mí.
Ante aquello, Zelda no pudo reprimir el ataque de risa que le causó oír el comentario de su contrario, lo que hizo que él se ruborizara y desviara la mirada hacia un lado, notoriamente afectado por la indiscreción que cometió al decir lo que había pasado por su mente en ese instante.
Otra vez sus complicadas emociones habían arruinado las cosas y le estaban haciendo pasar un desagradable momento.
—No… no me puedo creer que estés celoso de un simple animal, Link. Has caído bastante bajo —consiguió decir mientras aguantaba las carcajadas que amenazaban con volver a hacerla explotar de la risa, lo que contribuiría a que su actualmente cohibido acompañante se sintiera más avergonzado de lo que actualmente se mostraba.
—Olvídalo, anda —habló en cuanto consiguió encontrar su débil voz bañada por el bochorno, algo que hizo que las ganas de carcajearse desaparecieran de su mente y buscara su casi oculto rostro con la mirada, sonriendo con ternura y sintiéndose enternecida ante la adorable visión que él le ofrecía de sus mejillas carmesí, lo que inevitablemente la obligaba a ceder.
—Está bien…
El resto del trayecto fue en un inicio algo incómodo debido a que el muchacho seguía avergonzado por su impulsivo comentario anterior, pero, a medida que el tiempo transcurría, consiguió mostrarse más abierto al participar en mayor medida en los furtivos comentarios que la heredera solía soltar para aligerar el pesado ambiente que se había formado entre ambos, lo que también alivió a la misma. Lo que menos deseaba era que en estos momentos su risa le haya hecho sentir culpable y que ya no quisiera hablar con ella por miedo a volver a meter la pata, cosa que no había hecho en lo absoluto.
Porque realmente era cierto que lo había echado de menos como a nadie.
—Un momento… —dijo al cabo de un rato, deteniendo al blanco equino bruscamente a la vez que escudriñaba el terreno en busca de lo que creyó haber visto anteriormente. Su escolta, arqueando una ceja al detectar el tono sorprendido que había empleado, imitó su gesto y frenó el paso del suyo propio, aguardando por que ella terminara de localizar aquello que había robado su atención por completo en cuestión de escasos segundos —. ¡No puede ser!
El grito de gran asombro que había soltado cuando finalmente dio con su objetivo no se podía comparar en lo absoluto con la inmensa alegría que la desbordó inmediatamente. Con algo de rapidez y obviando todo peligro que le pudiera haber causado su abrupto gesto, se desmontó de su caballo y echó a correr con rapidez hacia la derecha, acabando por mirar la hierba con suma emoción y hacerle un rápido gesto al joven para que rápidamente acudiera a su lado, cosa que él inmediatamente hizo en cuanto logró tocar suelo después de haber salido de su silla de montar.
Y, cuando llegó, entendió perfectamente el motivo de tanta felicidad en la princesa con tan sólo dedicar una breve mirada hacia donde los ojos de Zelda señalaban.
Porque allí, en el suelo, creciendo desenfadada e indiferente al sentir ajeno, se hallaba un pequeño ejemplar de la flor de la que la muchacha tanto le había hablado: la Princesa de la Calma.
—¡Es increíble! —exclamó Zelda con una enorme sonrisa de oreja a oreja —. Realmente debía haber supuesto que podría estar por aquí, ya que crecen en cualquier sitio, pero ha sido un hallazgo increíble. ¡Siento que a partir de ahora el día sólo puede ir a mejor!
El entusiasmo que emanaba de ella se contagió de manera casi inmediata hacia Link, quien no pudo evitar sonreír y mostrarse mucho más animado que antes, agachándose para quedarse más cerca de la planta y poder apreciarla desde menor distancia.
—Es una flor singular y muy majestuosa —prosiguió —. Realmente da igual el número de veces que la hayas visto antes; cada vez que la ves de nuevo siempre te quedas prendado por su gran belleza y la exquisitez de su fino aroma. Es una pena que no haya manera de hacer que crezca artificialmente, ya que si lo consiguiéramos, podríamos hacer que su majestuosidad no se convierta en una leyenda con el pasar del tiempo.
El sentimiento positivo se vio momentáneamente desplazado a medida que iba pronunciando cada palabra, mostrándose apenada e impotente ante la realidad que representaba el no poder salvarla, sobre todo porque sentía que una especie de vínculo especial la unía a ella y la hacía sentirse mayormente comprendida, como si una especie como esa fuera una clase de peculiar reflejo suyo que adoptaba una forma que no era humana, pero con la que seguía compartiendo la misma esencia.
Con la yema de sus dedos, rozó con extrema delicadeza uno de sus pétalos, como si temiera que ésta se fuera a caer a pedazos si la acariciara con menos suavidad. Al mismo tiempo, una fugaz pero curiosa pregunta cruzó su mente y la hizo endurecer un poco más el semblante que poseía, volviendo a ganarse la completa atención de Link en el acto.
—A veces… a veces me pregunto cuál es el significado que esconde esta flor. Me gustaría saber si tiene algún motivo por el que la gente recorrería largas distancias con el fin de encontrarla, algo tan profundo que volviera su búsqueda una cuestión muy importante. Pero, por desgracia, desconocemos mucho acerca de esta especie, y cosas como esa no podrían ser reveladas por mucho tiempo.
El espadachín se sintió apenado al ver la melancolía que revirtió de manera rápida todas las emociones positivas que había visto en ella, causando que el deseo de hacerla sentirse mejor volviera a aparecer, y que casi por instinto se animara a tomar una de las manos de la princesa, entrelazando sus dedos con los de ella y llevándolos a su boca, donde depositó un suave beso en cada uno de ellos.
—¿Y por qué no le das el tuyo propio? —musitó con suavidad, aún rememorando el reciente contacto de la blanca y suave piel de la heredera —. Al fin y al cabo, la acepción que esconde una flor puede tener varias interpretaciones según el punto de vista de cada uno. Es difícil saber si una clase tan singular como la que hay aquí presente tiene un significado general y especial, pero, si se lo das tú, ese podría ser el que quedara.
Cuando él terminó de explicarse, levantó de nuevo la mirada que inconscientemente había bajado para no quedarse prendado de los hermosos iris ajenos, topándose con la bella visión del rostro de la joven ligeramente cubierto de un tono carmesí, acompañado de una cálida y pequeña sonrisita que había brotado de sus labios y había vuelto a revertir la pesadumbre que la envolvió con los melancólicos pensamientos que actualmente ya no estaban presentes en su mente.
Y fue así, perdida en la mirada del joven que la había cautivado por completo, observando los preciosos ojos en los que tanto le encantaba verse reflejada y aún gozando el calor que la mano de su compañero seguía brindándole, que encontró el significado perfecto para aquella emblemática flor con la que se sentía estrechamente relacionada.
—Me gustaría que su significado fuera relacionado con el amor —comenzó, todavía cautivada por la encantadora mirada de Link, dejando salir todo lo que pensaba sin medir las consecuencias que eso acarrearía —. Me gustaría que esta flor reflejara un amor que no tiene fin, que sea una especie codiciada por el hecho de que pueda consolidar el fuerte lazo de amor que une a dos personas. Me gustaría que fuera una flor que trajera un amor verdadero cuando una persona jure que querrá a ese alguien especial para toda la eternidad. Sería algo que creo que le hace justicia a una especie tan emblemática e increíble como esta.
Tras terminar de decir todo lo que pensaba, condujo con discreción la mirada a sus manos todavía entrelazadas y posadas sobre el suelo, dándose inmediatamente cuenta de que lo que había dicho no era nada más que un pequeño deseo que guardaba desde el fondo de su alma, que había salido a flote desde algún desconocido rincón de su ser que siempre anheló poder decir esas significativas palabras, unas que prácticamente podrían ser consideradas una declaración indirecta de todo lo que sentía por él.
"No, no, no, Zelda. No debiste decir eso. Lo vas a arruinar todo".
Las negaciones que su cabeza hacía y la nueva oleada de culpabilidad que nació desde su corazón se instalaron con fuerza en ella por primera vez en todo el día, volviendo a hacerla sentir mal por haber permitido cederle tanto terreno a sus sentimientos amorosos hacia su escolta, incluso permitiendo que el contacto que tuvieron anteriormente se prolongara tanto como para poder hacer que en un futuro fuera un incentivo para que todo empeorase, y a pesar de que poco a poco sentía que todo su tormento interno iba perdiendo fuerza, su parte políticamente correcta seguía empeñada en que no era lo correcto.
Se obligó a volver a la realidad en cuanto escuchó de nuevo la voz del elegido.
—Es un significado muy bonito, Zelda —comentó Link mientras esbozaba una dulce sonrisa —. A mí también me parece que le hace completa justicia y se ajusta al misterio de la Princesa de la Calma.
—Cierto… —musitó con suavidad, tratando de camuflar el nuevo cambio de emociones que acababa de experimentar y que la había sumido en sus propios fantasmas, para después mirar de nuevo el azulado cielo que cubría el reino en su totalidad y poner final a la compartición de calor que sus manos hicieron en contra de su voluntad, soportando el dolor que atravesaba su corazón al recibir el frío aire en la palma de su mano justo después de haber aflojado la presión y la tentación de mandar todo al diablo y devolverla inmediatamente a donde estaba, para luego pasar toda la tarde de esa manera —. Mejor deberíamos partir antes de que el tiempo se nos eche encima. Una larga tarde de investigación nos espera.
Ambos volvieron a mirarse una última vez con algo de vergüenza pintando sus rostros, por fin dándose cuenta de las implicaciones que roces como los que acababan de tener en el incierto futuro de la correspondida atracción que ambos sentían el uno por el otro. Al final, y con un pequeño bufido saliéndose de los labios de Zelda, ambos terminaron por levantarse de su sitio y caminar hacia sus caballos, con posteriormente los potentes trotes de ambos animales rompiendo el efímero silencio que se respiraba desde el momento en el que las palabras de ambos habían dejado de llenar el ambiente.
Lo que ambos no pudieron detectar debido a la distancia, fue que la singular flor se inclinó ligeramente en dirección hacia donde ambos estaban un rato después, lo que era una evidencia de algo que nunca se hubieran esperado.
La flor los había escuchado.
Y también había sellado aquel indirecto pacto de amor salido desde lo más profundo del alma de la Diosa, como una silenciosa promesa de que el amor que los unía en una época tan difícil como esta nunca desaparecería.
Nota de autora final:
Al final había publicado este capítulo en Wattpad desde el móvil hace un rato, pero sabía que tenía que postearlo por aquí pero no tenía mi ordenador a mano xD. Y ahora que sí tengo disponibilidad de él, posteo por aquí el que es el primer capítulo del nuevo año 2021.
Antes de nada, desearos a todos un próspero año nuevo, donde espero que todos estéis bien y gocéis de buena salud.
Y ahora que ya terminamos la algarabía… hablemos un poquito del cap.
Realmente sí disfruté este en concreto (el anterior fue una tortura por culpa de mi bloqueo). La verdad es que me reí un poco con esa "escenita" de celos de Link hacia el caballo de Zelda (soy mala con el pobre Link, lo sé xD).
Y por lo referente al significado de la Princesa de la Calma, me basé en una de las misiones de BoTW, en la que dos viajeros (Sorelia y Tynel para ser más concretos) revelaban el significado oculto detrás de esta singular flor (aunque aparte de eso, sabemos que es una representación floral de Zelda y blábláblá). Y pues quise adaptarlo a las circunstancias presentes en la historia y así aportar mi propia versión acerca de cómo se originó.
Y pues… no sé qué más decir xd. Espero que hayáis disfrutado el capítulo ^^
Agradezco un montón todos los favs y reviews que tienen tanto las historias como mi perfil (de verdad que muchísimas gracias por el apoyo, significa mucho).
Y… nada, nos vemos en la próxima actualización.
Mimmary
