"¡Adora, Entrapta quiere que vayas a su casa ahora!" La puerta de madera emitió un sonido gutural, mientras era abierta con fuerza y sin ningún decoro. "Dice que Catra está por llegar a su casa y no va permitir retrasos ... ¡Oh, vamos! ¡Saca tu maldito trasero de la cama y alístate!" Las sábanas coloridas volaron por sobre la cabeza de Adora, dejándola al descubierto en una posición que no parecía nada cómoda, no para Glimmer; y es que para nadie eso sería cómodo, porque Adora estaba boca abajo contra la almohada (¿siquiera podía respirar?), con las piernas abiertas cual estrella y un brazo arriba de su cabeza y el otro saliendo de la cama. "Joder, parece que caíste desde un quinto piso ... ¿Acaso no puedes dormir como una persona normal?" ¿Acaso no podía dejarla dormir como ella quisiera? "Luego no te quejes de que te duele la espalda, es tu culpa", touché-

Un minuto ... ¡Estaba por llegar de nuevo tarde a su trabajo!

Sus párpados pesaban, pero aun así consiguieron abrirlos. Mala idea hacerlo de repente, la luz de su ventana chocó contra sus retinas, haciéndola cerrar otra vez sus párpados con fuerza, como si eso quitara la molestia ya adquirida.

Gruñó en voz baja, mientras Glimmer seguía hablando y hablando de lo dormilona que era Adora, y si no fuera por Bow o ella tal vez se quedaría invernando como un maldito oso, sin trabajar y viviendo de lo gratis. Y Adora estaba casi a nada de explotar y gritar al compás de su amiga todas las verdades que se reprime a no decir, gruñendo como método para no hacerlo, y pensando en las desastrosas consecuencias que eso conlleva, tal vez sacándola del departamento o simplemente realizando una ley del hielo, pero, aunque eso fuera el mínimo de los castigos, Adora no pensaba tenerlo. Y en ese vaivén de pensamientos mañaneros absurdos, sus ganas de salir de la cama fueron nulas en lo absoluto.

"Puedes, por favor, levantarte y salir a trabajar. Tengo que hacer muchas cosas en la empresa; anoche salimos sin terminar el papeleo pendiente del señor Carter, en verdad que queríamos la reunión de La Rebelión" Oh, la reunión, por eso Adora está tan cansada -entre limpiar la sala de estar gracias a los desastres de Sea Hawk, y prevenir que Frosta decida jugar con el refrigerador, Adora estaba realmente agotada, pero logra dormir a las doce de la noche luego de limpiar y ordenar con Bow, mientras la princesa Glimmer dormía como un bebé porque ella necesita su sueño reparador-; y jodida mierda por ella, porque ahora tenía que obligarse (con toda su fuerza de voluntad) a levantar su laxo cuerpo y volver a trotar hasta la casa de Entrapta.

No, no quería hacer nada ese día, sus piernas dolían gracias al ejercicio, limpiar, y correr tras Frosta junto con Mermista para no dejarla hacer ninguna tontería.

"Uf, no quiero trabajar". Recalcó, dándose la vuelta y desenredando sus piernas y brazos, estirando su espalda para poder darse algo de energía. No funcionó.

"Yo tampoco quiero trabajar, pero el alquiler no se paga solo". Y tenía toda la razón. "Bow salió temprano, así que no tienes tiempo para prepararte un desayuno, y yo tengo que ir a la Horda, junto a los malditos Hordianos". Había un deje de ira contenida en su tono de voz, y aunque Adora aún tenía los ojos cerrados porque no se acostumbraba del todo a la luz excesiva, podría saber que estaba apretando los dientes, estaba segura de ello. "Aagh, como sea, solo debía despertarte. ¡Recuerda que Entrapta odia los atrasos, así que ve preparando tus tonificadas piernas para correr!" No era necesario el dato, Adora ya lo tenía claro. Glimmer cerró la puerta de su cuarto, dejándola sola con su pésima bruma perezosa.

Movió, con pocas ganas, todo su cuerpo, al abrir los ojos la luz era casi tolerable como para poder ver con tranquilidad. Un bostezo se escapó de sus labios, y cuando terminó sus ojos se cristalizaron como siempre. Frotó su rostro con ambas manos y se dirigió al baño. A estas alturas sabía que Glimmer ya se había ido, pues de la forma en cómo hablaba, entendía que estaba contrarreloj, como ella ahora.

Con rapidez se lavó la cara y las manos, se vio al espejo y bufó, maldiciendo a sí misma por quedarse dormida, pero no tenía el suficiente tiempo para reprimirse internamente sobre sus malos hábitos adquiridos en esas dos semanas de desempleo, decidiendo apurar todo y simplificar los pasos de higiene personal, como bañarse y cepillarse los dientes al mismo tiempo, o algo más absurdo como no sacarse la polera pijama que tenía, y en su lugar colocarse una chaqueta militar para tapar esa pequeña imperfección que nadie notaría, no a menos que se lo saque, y no pensaba hacerlo.

Tomó su mochila que se encontraba en el sillón de la sala de estar, y decidió salir mientras se colocaba los zapatos en media carrera. Cerró la puerta de su apartamento, pero antes de cantar victoria buscó en sus bolsillos la llave del lugar, palpando su cuerpo, ya que no tenía el tiempo para meter su mano y buscar con cuidado; más bien las encontró en su pantalón deportivo que llevaba puesto, y ahora sí podía darse el lujo de suspirar aliviada, bajando las gradas hasta la planta baja.

Al salir, saludó a la anciana amable que de vez en cuando le regalaba -a ella ya sus amigos- una caja de bolas de estambre, que luego Glimmer se encargaba de dar a su tía de parte de los tres como un presente cada que la visitaban.

"Señorita Carola". Adora sonrió forzosamente mientras el tono dulce y tembloroso de la viejita la llamaba a sus espaldas.

"Me llamo Adora, señora Razz" Volteó aun sonriendo sin ganas de ocultar su apuro en cada gesto que hacía, pero la anciana no la tomaba en cuenta.

"Oh, claro, claro. Jovencita Dorotea". ¡Que estresante!

"Sabe qué, no tengo mucho tiempo, llego tarde a mi trabajo y no quiero quedar despedida de nuevo. ¡Adiós!" Sin esperar a la reacción tardía de la adulta mayor, Adora volvió a correr hacia la puerta de la salida, dejando atrás el edificio mientras escapaba de una anciana y sus locas preguntas descabelladas sin sentido, que seguro no solo la irritarían más de lo que ya está, sino también la retrasarían por el simple hecho de ser amable. Pero hoy, Adora estaba tan apurada, que dejó de lado ese espectro suyo para poder llegar a tiempo. De verdad que no quería terminar desempleada de nuevo.


...

El viento golpeaba su brillante cabello. Una horda de robots tras ella. Su espada en mano mientras su mirada parecía poseída por el poder de la magia profunda de She-ra. Estaba ahí, en medio del campo de batalla. Todos los soldados la veían con miedo a través de sus cascos, ella lo sabía, lo podía sentir. Le gustaba, pero le aterraba perder el control. Demasiado tarde para detener la poderosa magia roedora de She-ra.Clavó su espada en las áridas tierras de ese lugar. No se rompió por más fuerte que el golpe haya sido. La tierra se levantó. Los soldados retrocedieron, espabilando en los pocos pasos que iban de reversa.La mirada de todos estaba sobre ella, pero antes de que pudiera atacar a los soldados directamente, primero fue a por los robots. Uno a uno fueron cayendo, mientras She-ra se alzaba poderosa con cada máquina destruida a sus espaldas. Arrasando súbitamente con cada robot, los soldados corrieron del miedo generado por su poder. No quería lastimar a nadie, ni siquiera a sus enemigos. Y cuando el último robot dejó de funcionar, She-ra desapareció, y en su lugar, Adora jadeó de cansancio, aun sosteniendo la espada, y viendo que el brillo en la gema había desaparecido. Ya no sentiste magia recorrer sus venas.

"Algunas veces es algo molesta, aunque no hable igualmente te sentirás un poquito incómoda con su mirada. Tal vez te quiera golpear o incluso matarte, pero es inofensiva ... ¡Como un gatito!, Oh, y ella ama a los gatos, tal vez más que a su propia vida. No olvides que si quiere algo no te lo dirá directamente, quizás ni te hable o muestre señales de que quiere algo; así que no te preocupes, solo siéntate a su lado y evita que muera. DT lo hace a veces, pero necesito a alguien que esté tiempo completo con ella, bueno, casi tiempo completo. Y cuando yo, o Scorpia, llegue a casa tu turno habrá acabado y te daremos tu pago por día ... eh, ¿Adora, estás escuchándome? "Adora parpadeó, se quitó la ilusión que tenía en su cabeza y volvió a la aburrida -pero energética- charla de Entrapta que estaba frente suyo.

«Oh», se recordó a sí misma mientras miraba la calle vacía en la que estaba, justo enfrente de la gran puerta de la casa de su amiga, a punto de iniciar con su labor que se volvería cotidiana. «Tengo que prestar atención, claro».

«¡Por un demonio, la situación estaba por ponerse interesante!» Hizo todo lo posible para mantenerse centrada luego de asentir a la pregunta de Entrapta, quien volvió a soltar una maraña de palabras con respecto al comportamiento de Catra, o algo así. Tenía que perecer cortes, no cansada o enojada, deseando volver a su cama para recuperar las horas de sueño perdido que tuvo gracias a la tediosa Rebelión y la montaña de trabajo doméstico que tuvo que realizar, y tendrá que repetir pues esa misma noche Glimmer invitó a los chicos a tomar el té en el departamento, ¿adivinen quien tendrá que hacer el aseo? Exacto, Adora. Pero Glimmer lo valía, y ella como amiga tenía que ayudar.

Un tanto descompuesta por la serie de múltiples indicaciones (Dios, deben hacer un manual para cuidar a esa chica), Adora asentía a las preguntas de Entrapta, aunque no entendiera muchas de las cosas que decía -por su simple lenguaje codificado solo para genios, y a parte por el caso de que en serio eran muchas cosas que el cerebro de Adora no pudo con tanta información-, sabía lo básico (por así decirlo).

Cuando Entrapta la dejó entrar, cambiando de lugares porque ahora ella estaba afuera y Adora dentro de la casa, colapsó en su mente, gritando desesperada, rogando por un descanso cuando ni siquiera había iniciado con su tarea de ver si Catra estaba en condiciones como para levantarse de la cama -aunque, seguro, ahora ella debe estar sentada en su silla de ruedas, pues era muy tarde como para despertar-.

La puerta principal estaba cerrada, por lo cual Adora podía darse un minuto para entrar en pánico antes de bajar. No tenía idea de cómo cuidar a una persona invalida, pensó que podía hacerlo, pero estaba tan sumergida en su descuidada ignorancia que ahora, gracias a la variedad de reglas, detalles y un resumen de los problemas de Catra, entendía que esto no era un chiste, no era tan simple como lo creía, y estaba jodida porque ahora no sabe por dónde iniciar su trabajo. "Quizá solo deba verla primero", sería un buen inicio, comenzar por lo básico, como dijo Bow. Pero había un pequeño gran problema en eso que Entrapta hizo recalcar, y ahora rebota en su cabeza como la única frase que lograba tener sentido en ese momento, y de la cual sí puede acordarse con toda certeza.

"Tal vez te quiera matar", y sabe que dijo algo más aparte de eso, pero su mente estaba en shock total y no podría reconfortarse con las siguientes palabras, porque lo único que logró almacenar, y lo que logra recordar, son adjetivos de las palabras: molesta, muerte, golpes, violencia, gruñona e inofensiva; y lo último le dio algo de bienestar, pero no el suficiente, porque Entrapta le ve lo bueno a casi todo (incluso al fundador de la Horda, Hordak).

Ya dentro de sus cabales, y con la escena grabada mentalmente en su cabeza para luego dibujarla (dedicaría todo un cuaderno de bocetos a sus problemas emocionales), Adora caminó hasta donde se suponía estaría Catra. Fue en línea recta, pasando por el comedor cocina, unas gradas que llevaban a la planta superior, y por fin llegó al final de todo: Una puerta pintada de color hueso, con una pequeña inscripción en ella, la leyó en voz alta, "sótano ", rememorando algunas cosas que sabía por simple sentido común, entendía que ese lugar era el de la persona que tenía que cuidar, así que no esperó mucho para entrar. Como en cualquier otro sótano, tenía gradas de bajada (¿Cómo le hacían para subirla a la planta principal?) Pero había algo que no era común, demasiada luz proveniente de abajo, detalles pequeños, pero seguía siendo un sótano.

Comenzó la bajada con cautela, los escalones no tronaban mientras caminaba sobre ellos, la llegó a asombrar, pensando que serían igual de descuidadas como las de la mayoría de las personas; al parecer Entrapta sí que cuida su hogar completamente.

Cuando llegó al final de esa inclinación la luz era más fuerte - debió suponerlo- y sus ojos no se acostumbraron al momento de parpadear, cubriéndose con el dorso de su mano y caminando a la única puerta que había ahí. Tocó dos veces, no recibió respuesta del otro lado. Esperó un poco, pero nada, así que suspiró gritando a medias que entraría, solo por cortesía. Abría con cuidado la puerta, mientras sus ojos parecían acostumbrarse a la luz filtrándose por una enorme ventana frente a ella, tapada un poco por una silueta, que a contraluz apenas si podía distinguirla como Catra.

"Disculpa, ¿tú eres Catra?" La silueta asintió. "Oh, me llamo Ador-"

"¿Cuánto te pagó?" Fue interrumpida, escuchando el tono rasposo y monótono que tenía aquella chica. Frunció el entrecejo al captar la pregunta, pero antes de que pudiera responder, la volvió a interrumpir. "Adivinaré ... ¿Doscientos? ¿Seiscientos? Mira, si te largas de aquí te doy el doble de lo que Entrapta te ofreció" Adora se quedó pensativa. "¿Sí me escuchaste o te lo repito?" Espabiló negando con la cabeza, como si pudiera verla, "ya, entonces, ¿aceptas la oferta?" ¿Cómo carajos?

Cerró fuertemente los párpados, intentando analizar todo con más detalle. No era una completa estúpida, pero desgraciadamente era muy moralista, tanto que no podría aceptar ese dinero fácil cuando le prometió a su amiga hacer el trabajo. ¿Acaso ese era un ... un soborno? Se veía así, Adora lo veía así.

No quería trabajar. Por un demonio, ella solo quería volver a casa a comer un desayuno decente, con huevos, tocino, un jugo o un simple café mañanero (aunque ya pasaban de las once), disfrutar en el sillón de su sala alguna película o serie de Netflix , actualizar su playlist de Spotify porque ya lleva dos meses seguidos escuchando las mismas últimas cuatro canciones que agregó a su lista de favoritos -ahora las odia-, quería pasar un tiempo de calidad con sus amigos, ir a su trabajo a la hora del almuerzo y pagarle a Bow todo el esfuerzo que hace por darle algo de comer, con comida bien preparada ... y ahí entra otro punto. Que ahora tiene libertad y que no sabe qué hacer con ella, pero sí sabe una sola cosa, no quiere perderla.

Catra le estaba ofreciendo una buena oportunidad, y en bandeja de plata.

La tomaría, aceptar el soborno sin quejarse porque sus más profundos y oscuros deseos perezosos se lo gritaban, con lo que sea que ella le ofrece podría pagar la renta de dos meses, comprar la consola tan deseada que quiere Bow, darle el juego de té que Glimmer vio el último fin de semana en un aparador.

Pero, aquel lado virtuoso que tenía, ese que la hacía enteramente Adora, entregada y casi despreciada a sí misma por hacer felices a los demás, le decía que estaba mal ... Mara le advertía en su cabeza el riesgo de lo que conlleva aceptar ese pequeño soborno a espaldas de Entrapta.

Aunque no era la gran cosa decirle que sí a Catra, Adora lo veía como si estuviera apuñalando a una de sus únicas amigas. Le prometió hacer su trabajo, Entrapta ya le pagó la mitad por simplemente presentarse casi a tiempo en su casa. Su creciente ansiedad la hacía verse como un monstruo, y estaba tan concentrada en lo mal que quedaría con sus amigos, que no se dio cuenta de que estaba tardando demasiado en responder, y -si es que escuchó bien las indicaciones- Catra no tiene mucha paciencia.

Apretó el agarre que tenía en la correa de su mochila, su pie derecho empezó a golpear el piso de madera con desesperación.

Oh mierda, estaba a nada de entrar en un ataque de pánico, y al parecer la chica frente a ella lo había notado (No sabe cómo, aún sigue de espaldas) y lo que escuchó no se lo esperaba: "Hey, ¿te sientes bien? "Su voz ... Estaba preocupada por ella, por una desconocida que solo venía a fastidiarle su día, seguramente.

Su mano dejó de apretar la correa, su pie se quedó quieto, y abrió los ojos encontrándose con la chica frente a ella, no está de espaldas, podía verla claramente, la luz de la ventana le permitía ver su rostro, sus pecas en sus pómulos, un cabello totalmente alborotado y crespo, pero lo que más llamó su atención fueron esos ojos ... los había visto.

"Eres tú". Y al parecer Catra también la había olvidado, porque tan pronto como dijo eso, tomó con fuerza los lados de las ruedas de su silla y las jaló hacia adelante, haciendo que retrocediera lejos de Adora.

"Oh mierda ..."