Contenido: Historia de romance(?), llena de escenas clichés solo para llenar mi vacío existencial con esta ship. A veces alguna especie de humor. Sin spoilers, UA Kimetsu gakuen.
Pareja: GiyuuSane / SaneGiyuu (Tomioka Giyuu x Shinazugawa Sanemi)
Disclaimer:
Hikari: Esto es inesperado, aún para mí, pero en lugar de llenar este espacio de absurdas explicaciones (que en realidad diré en las notas finales) solo me queda pedir que disfruten de la lectura de este pequeño extra. Kimetsu no yaiba pertenece a Koyoharu Gotoge, por lo que este fic fue escrito únicamente por ocio y sin fines de lucro.
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Capítulo extra
Sanemi soltó un prolongado suspiro mientras estiraba ambos brazos, sintiendo como sus huesos tronaban debido a la falta de movimiento de las últimas horas. Después de breves segundos volvió a encorvar levemente su espalda para regresar la mirada a la pantalla de su laptop.
Llevaba varias horas en la misma posición, sentado en el viejo y desgastado tatami con el portátil puesto en la mesita baja. Sin embargo todas aquellas horas le darían resultados, ya que estaba a punto de terminar todas sus tareas e investigaciones de final de semestre.
Por lo general, los universitarios de su edad no invertirían tanto tiempo en proyectos y trabajos, pero Sanemi era la clase de estudiante que se atrevía a meter en su curso materias de semestres avanzados, todo con el propósito de terminar en tiempo record la carrera de matemáticas, además de tener un trabajo parcial como asesor. Por lo que Shinazugawa no contaba con el tiempo libre necesario, comparado con el resto de sus compañeros, para salir con sus amigos o a citas románticas.
Si, en parte eso era verdad.
Porque, aun por muy extraño que pareciera, el joven Shinazugawa Sanemi pasaba básicamente todo el tiempo que no estaba en la universidad en casa de una persona en concreto: su novio.
El albino sintió el impulso de querer golpear su frente con la mesa por el simple hecho de pensar en aquella palabra, pero el ladrido de un cachorro desvió por completo su atención.
-¿Que sucede?- Le preguntó cariñoso mientras acariciaba su peluda cabeza, el can soltó pequeños ladridos aceptando los agradables mimos de su dueño.- Tienes hambre ¿verdad? Ese idiota se ha tardado demasiado, ¿hasta dónde habrá ido?
Justo después de decir aquello, Sanemi escuchó como la perilla giraba desde la puerta principal, sin embargo, cuando vio a la persona culpable de ello entrando al departamento no pudo evitar sentirse algo incómodo por esperar ver otro rostro.
-Oh, Shinazugawa.- Nombró cuando lo reconoció.- Hola, ¿no está Giyuu?
-No. Salió a comprar comida para Yoshiro, supongo que no debe tardar.- Contestó tratando de sonar indiferente. Sin recibir ningún otro tipo de recibimiento, Sabito terminó de entrar con completa libertad a la residencia.
-¡Hola, Yoshiro!- El perro saltó a sus pies en cuanto pudo y parecía gustoso de recibir la atención del pelinaranja, cosa que por cierto, molestó en cierta manera al albino, quien desvió sus ojos violáceos nuevamente a la pantalla de la laptop.- Vine a darle algunas cosas a Giyuu, ¿te molesta si espero contigo?- Preguntó cordialmente mientras esbozaba una amistosa sonrisa.
-Adelante.- Sin más, Sabito se dirigió a la habitación continua para jugar con el can. Las puertas corredizas estaban completamente abiertas por lo que ambos podían verse mutuamente sin ningún problema, pero ninguno parecía estar dispuesto a comenzar algún tipo de conversación.
Aunque Sanemi fingía estar nuevamente hundido en su investigación, realmente escuchaba con atención las jugarretas de los otros dos. No es que se llevaran mal, pero cada vez que el albino lo veía no podía evitar recordar un vergonzoso y patético recuerdo que, aunque había pasado hace ya varios años, aun guardaba receloso dentro de su mente.
Si, aquella vez en que, sin razón alguna, había terminado golpeando en la cara al pobre chico.
Y tampoco es como si pudiese evitar verlo, era el mejor amigo (mejor dicho el único amigo) de Tomioka Giyuu y, de hecho, ahora mismo se encontraban en el departamento de éste, así que simplemente no podía despedir tan casualmente a Sabito de ahí aun si el mismo Giyuu no se encontraba presente.
-¿Por qué le llevará tanto tiempo?- Preguntó en voz alta Sabito, sin referirse específicamente a Sanemi mientras veía su reloj de muñeca.- A este paso Makomo me matará si llego tarde otra vez. ¿Está bien si te dejo los papeles y se los das de mi parte?
-Claro…- Contestó en un susurro, viendo que Sabito ya estaba rebuscando en su maleta. Cuando dejó los papeles junto a su laptop se sorprendió por el tipo de folletos que eran.
-Son de bienes raíces y otros anuncios de departamentos en renta.- Explicó inmediatamente el pelinaranja.- Ahora que Giyuu está planeando mudarse supuse que este tipo de cosas podrían ayudarle.
-¿Planea mudarse?
Sabito notó hasta ese momento los ojos sorprendidos de Shinazugawa, quien por lo general evitaba cualquier tipo de cruce de miradas ahora lo veía con gran confusión plasmada en su expresión.
"Mierda. Creo que he hablado de más."
-¿Ustedes ya por fin están saliendo? En una relación más seria quiero decir- Trató de cambiar el tema radicalmente.- Él no me lo ha comentado pero es obvio que ha estado de mejor humor los últimos días. Tararea canciones mientras camina.
-¿Él planea mudarse?- En cualquier otra situación, Shinazugawa hubiese querido defender su supuesta relación secreta, pero parecía haber quedado absorto luego de oír esa aclaración.- ¿Desde cuándo?
-Eh… bueno, no estoy seguro. Desde aquí queda un poco lejos su universidad así que supongo que ¿está buscando algo más cercano?- Su oración sonó mas a una pregunta mal formulada que una afirmación correcta.- En fin, espero que le funcionen. Nos vemos, Shinazugawa.- Emprendiendo una huida estratégica, Sabito se despidió con un movimiento de cabeza antes de correr hacia la salida, ni siquiera se tomó la molestia de despedirse del pequeño animalito.
Cuando cerró la puerta detrás suyo suspiró cansado.
"Mierda. Giyuu va a golpearme por esto."
El silencio reinó en el pequeño hogar, los gritos habituales de infantes en la calle no se colaban por las ventanas, no pasaban coches ni bicicletas y hasta el travieso de Yoshiro se había quedado recostado en alguna esquina de la otra habitación.
Con cierto temor tomó los folletos que el pelinaranja había dejado a su lado, efectivamente era una recopilación bastante grande de anuncios y rentas, la mayoría de ellos cercanos a la universidad de Giyuu, que por cierto, era una diferente a donde él asistía.
No es como si se fuese a cambiar de país, ni siquiera de ciudad, lo que lo tenía conmocionado eran las escondidas razones por las que el ojiazul no le comentó nada al respecto aún.
Por lo general, ambos tenían horarios bastante ocupados, aunque Shinazugawa hacia tareas y descansos en casa de Tomioka (bajo el estúpido pretexto de que sus hermanos pequeños lo distraían en la suya propia), en realidad eran pocos los momentos en que podían estar juntos, y eso que realmente no había pasado mucho tiempo desde que Shinazugawa por fin había aceptado la confesión de Tomioka de ser más que simples amigos.
Exacto, después de tanto tiempo él también aceptó sus estúpidos y cursis sentimientos, y ahora era el novio de Tomioka Giyuu.
Por muy rosa y patético que aún se escuchara aquello.
Fue así que, aun cuando estuvieran en universidades distintas, Tomioka se esmeraba (la verdad, hasta el mismo albino debía reconocérselo) para trasladarse de su escuela a la suya durante los descansos entre clases, ya fuese para almorzar, para platicar o para evitar que él matara a cualquier estudiante o profesor que se atreviera a molestar su frágil estado de ánimo.
Y, aunque él pasaba gran parte dentro de la casa Tomioka, no podía compararse con los esfuerzos monumentales que a veces hacia Tomioka para poder estar con él, aun fuesen solo para verse 5 minutos. Sus ojeras debajo de sus ojos y su pálido color de piel debido al cansancio de los últimos días eran prueba de ello.
Así que básicamente los planes de mudanza… ¿podrían ser su culpa?
No quería sonar arrogante, Tomioka seguramente tenía muchas cosas además de Sanemi dentro de su vida, pero… siendo lógicos, Sanemi era el que más problemas y atención le estaba robando últimamente.
Y aunque eso hacia feliz a Sanemi (otra cosa a la lista que jamás admitiría en voz alta), también podría estar llevando hasta los límites posibles al pobre de Tomioka.
-Ya regresé.- Alcanzó a escuchar con tono cansado a Tomioka mientras la puerta se abría. Sin pensarlo demasiado, tomó los papeles y folletos que Sabito había dejado y los escondió por debajo de la mesa, es más, debajo de sus rodillas dobladas para que no estuvieran ni mínimamente a la vista.
-Bienvenido.- Shinazugawa por supuesto, fingió estar completamente concentrado, nuevamente, en la pantalla de la laptop.- Tardaste una eternidad.
-La tienda de 24 horas estaba cerrada, al parecer están remodelando o algo, así que tuve que ir hasta el supermercado.- Tomioka dejó en el suelo el gran costal de comida para perro y, luego de soltar un suspiro, comenzó a servir en el plato especial de Yoshiro.- Después de eso me encontré con la señora Kamado, así que me entretuve un poco más de lo esperado.- Cuando colocó la comida servida sobre el tatami, el pequeño can no tardó en acercarse pero no fue hasta de pues de ladrarle y morder un poco sus tobillos que comenzó a comer.
-Mmmm.- Trató de contestar desinteresadamente.
-¿Sucedió algo?- Preguntó mientras ladeaba la cabeza.
-No, nada. ¿Por qué lo preguntas?- Quiso no sonar ansioso.
-No, por nada. Solo parecía que querías decirme algo, pero olvídalo.- Tomioka se hundió de hombros antes de soltar un gran bostezo.- ¿Te importa si duermo? Ayer me desvelé para enviar un par de proyectos para la escuela después de llegar del trabajo, casi no he dormido.
-Es tu puta casa, puedes hacer lo que te plazca.- Acostumbrado a las respuestas golpeadas del albino, Giyuu sonrió de medio lado antes de dejarse caer en el futón que estaba extendido.
-Nemi…-Llamó con voz algo adormilada.- ¿Estarás aquí cuando despierte?
-S-Supongo, aun me quedan algunas tareas pendientes.- Sanemi recargó su rostro sobre su mano, creyendo que de esa forma podría ocultar el sonrojo que se formó en sus mejillas.- ¿Te despierto a alguna hora?
Sanemi ya no obtuvo respuesta, cuando volteó a ver al otro, éste ya se encontraba profundamente dormido.
Suspiró en silencio, tratando de olvidar lo de recién.
"Nemi".
Aun no estaba acostumbrado a que lo llamara de esa forma.
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-¿No lo sabias? A mi Sabito me lo comentó hace tiempo.- Sanemi se detuvo a mitad del campus para poder procesar lo que acababa de escuchar. Estuvo a punto de dejar caer su celular al suelo.- Eres su novio, ¿no se supone que debiste ser el primero en saberlo?
Auch, golpe directo a su maldito orgullo.
-Si claro, como si Tomioka Giyuu fuese la persona más parlanchina del planeta.- Respondió, tratando de defenderse.
-Bueno, pero si no te lo ha dicho tal vez sea porque aún no está completamente decidido o alguna tontería de ese tipo. Tampoco es que se vaya a ir para siempre y ustedes ya no se vuelvan a ver nunca más.- Sanemi bufó al escuchar menuda estupidez, por supuesto que sabía eso perfectamente.- ¿O es que te pondrías súper triste si él se va lejos de ti ahora que al fin lo aceptaste como novio?
-Cierra tu maldita boca o te juro que te golpeare la siguiente vez que te vea.- Amenazó, aunque en contestación Masachika solo soltó una risotada tan fuerte que el albino tuvo que separar un poco el dispositivo de su oído para continuar.
-Dios, ¿quién diría que el Sanemi del instituto, que tanto se quejaba de Tomioka, terminaría tan profundamente enamorado de él? Moriría por ver a tu yo del pasado enterarse de esto.- Sanemi tronó los dientes al escucharlo, no podía reprocharle nada.
Porque aún hasta a él mismo le costaba asimilar que realmente ese idiota cara de póker había logrado enamorarlo.
-En fin, creo que no deberías preocuparte demasiado, seguro que es un tema de poca importancia.- Retomó el tema de conservación.- Podemos vernos para almorzar y así ver los folletos… que por cierto robaste.- Esto último lo dijo en un suave murmullo aunque por supuesto, Sanemi logró escuchar.
-De acuerdo, como tú digas. Mientras tanto tengo que pasar a la biblioteca a regresar unos libros. Nos vemos.- Sin siquiera querer dar mayor explicación, el albino colgó, sintiéndose algo cansado.
Había pasado casi una semana entera desde aquel día en que vio a Sabito en casa de Tomioka, desde que, por cierto, llevaba cargando con aquellos estúpidos folletos dentro de su mochila y, aunque casi no había visto a Giyuu mas allá de solo 30 minutos en todos aquellos días, estaba considerando en la opción de preguntarle directamente sobre el tema de la mudanza.
Como decía Masachika, no es como si realmente fuese algún tema importante.
-Me pregunto si debería ir hoy a su casa.- Vio la fecha y hora en la pantalla de su celular antes de guardarlo.- Creo que hoy tiene clases solo en la mañana… ah, aunque ¿no había conseguido trabajo de medio tiempo algunos días por la tarde?- Revolvió su corto cabello soltando algo parecido a un gruñido.
Realmente se volvía cada vez más difícil el poder verse.
Faltaba poco para llegar a la entrada principal de la biblioteca pero Sanemi se detuvo al reconocer la silueta de una persona.
Giyuu se encontraba sentado en las escaleras de piedra que servían de entrada hacia la biblioteca. Su cabeza estaba recargada sobre su puño derecho, se movía repetidamente hacia el frente mientras mantenía sus ojos cerrados, evidente señal de que podría quedarse profundamente dormido en cualquier momento (sino es que ya lo estaba).
Algunos estudiantes pasaban murmurando al lado suyo, la mayoría de ellos riendo por su patético estado adormilado, aunque un grupo de chicas rieron al verlo mientras se murmuraban las unas a las otras, soltando estúpidos y chillones grititos de emoción, viéndose como verdaderas idiotas (desde el punto de vista de Sanemi), probablemente comentando su atractivo perfil.
Entre molesto y un tanto avergonzado, terminó parado frente a él y, no fue hasta que le dio una leve patada en la rodilla, que al fin Tomioka abrió sus ojos con cierta sorpresa.
-Nemi…- Su voz adormilada provocó un escalofrió en la espina dorsal de Shinazugawa.- Estaba esperándote.
Frunció el ceño al escuchar el cursi apodo.
-¿Eres idiota? Te has quedado prácticamente dormido a la entrada de la biblioteca. Si tanto sueño tienes, ve a tu casa en lugar de venir hasta acá.- Sanemi dio media vuelta comenzando a caminar en dirección contraria, por supuesto, caminó lento hasta que se percató que Giyuu estaba siguiéndole por detrás, aun soltando molestos bostezos.
-Quería verte, casi no hemos conversado esta semana.- Dijo mientras se tallaba ambos ojos.- Además, hoy tengo trabajo por la tarde así que no tenía algún otro rato libre para venir.
-Por qué mierdas has encontrado trabajo de medio tiempo justo cuando empieza la etapa del semestre más pesada, ¿acaso tienes aire en la cabeza?- "Para conseguir dinero y pagar la renta del nuevo departamento" su voz interna se encargó de contestar.
-No creí que estudiar educación deportiva fuese tan difícil.- Evadiendo la pregunta, Giyuu volteó a ver hacia el cielo, como siempre, tendía a verse perdido ante el horizonte cuando se encontraba exhausto.- ¿Quieres ir a almorzar a algún lado? Aunque es un poco temprano.
-Ah, no en realidad yo…- Sanemi volteó para responder, y aunque pretendía rechazar la oferta debido a su compromiso con Masachika, vio la oportunidad de aclarar todo aquel estúpido embrollo de una vez por todas.
-Vayamos por un postre o algo.
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Sanemi dejó sin delicadeza alguna los folletos que sacó de su mochila sobre la mesa, antes de siquiera, tomar un bocado al pastel de fresa que ya estaba frente suyo.
Giyuu, quién ya tenía la rosquilla de chocolate en su boca parpadeó un par de veces mientras veía sin expresión alguna las hojas.
-Bien, admito que he tenido un poco de culpa al haberlos tomado sin preguntar.- Comenzó a explicar Sanemi con un pequeño tic atacando su ceja derecha.- ¿Pero cuál es tu puto problema como para tener en mente un plan de mudarte de casa y no decirme nada?
Ok, eso había salido como una típica reprimenda de novia tóxica. Quería estampar su rostro en el maldito pastel.
De haber escuchado algún tipo de excusa o ver la sorpresa plasmada en el rostro de Tomioka todo hubiera sido relativamente normal, sin embargo, cuando Sanemi notó como el peli azul únicamente había desviado la mirada mientras rellenaba sus mejillas con pan de chocolate como si fuese una ardilla, sintió realmente la irritación subir desde su estómago hasta su garganta.
-Si tienes el jodido problema de no poder descansar por… por esas tonterías de venirme a visitar a la universidad, pues solo deberías dejar de venir y ya está.- Se quejó, ahora bajando la mirada e introduciendo una fresa a su boca. No logró distinguir su dulce sabor.- Tu estúpido amigo me dijo que ya llevas tiempo pensándolo, así que seguro llevas bastante tiempo obligándote a venir hasta acá. No es como si no supiera que realmente desearías estar durmiendo en lugar de soportar mis aburridas explicaciones y tareas de matemáticas, jamás fuiste bueno en la asignatura eso lo sé bien.
Giyuu dio un saltito al escuchar aquellas palabras. Al fin tragó su comida y vio directamente la silueta de su novio que, por cierto, parecía algo afligido por haber tenido que decir eso.
-No es eso.- Se apresuró a contestar.- Justo acabo de tener una pelea con Sabito, después de que me dijera que te lo ha ido a contar.- Sanemi levantó la vista, curioso por el rumbo de la plática.- Yo le golpeé el rostro y, aunque me dijo que se lo merecía, me dio un golpe de vuelta.- El ojiazul giró a los lados y, después de cerciorarse de que no había ningún otro cliente cerca en aquella cafetería, se levantó levemente la camisa, dejando expuesto cierto moretón por debajo de las costillas.
"Maldito par de idiotas". Sanemi se cubrió su rostro con ambas manos, respirando un par de veces de forma profunda, todo para controlar esos horribles instintos de levantarse, golpear a Giyuu por idiota y luego largarse a golpear a su estúpido amigo porque… bueno si, por haber golpeado a Giyuu.
-Se supone que sería una sorpresa cuando al fin escogiera un buen lugar. La mayoría de estos departamentos están justo a la mitad del camino entre tu universidad y la mía.- Giyuu reacomodó su camisa antes de tomar los folletos y comenzar a hojearlos.- De esa manera podríamos salir juntos sin miedo de llegar tarde. Oh, este también queda por mi trabajo.- Calmado, alzó uno de ellos.
-¿Y por qué carajos para ti todo tiene que ser una sorpresa? Bastaba con que me dijeras que planeabas mudarte.- Contestó enfurruñado, llevando otro pedazo de pastel a su boca.
-Porque quería pedirte que vivieras conmigo.
Silencio.
Sanemi tuvo que procesar aquella ridícula frase en su mente al menos cinco veces antes de alzar la mirada. Giyuu hasta bostezó entre el silencio, creyendo que tal vez Sanemi no había escuchado bien su afirmación.
-Porque quería pedirte que vivieras conmigo.- Repitió, esta vez de forma más pausada. Sanemi soltó el tenedor que aun traía en la boca.
"¿Qué?".
-Llevamos menos de un año saliendo, pero pensé que tal vez…- Giyuu se revolvió un poco ansioso su cabello largo antes de mirar la cara del albino. Tuvo que morder sus labios para no soltar un verdadero gemido de ternura cuando vio, paso por paso, cómo el tierno rostro de su novio cambiaba de su color natural a rojo intenso. "Parece un tomate". Se tapó la cara para no ofender al otro con su sonrisa.
-Maldita sea…- Sanemi al fin bajó todo su rostro hacia la mesa, ocultando su cara avergonzada detrás de su flequillo, queriendo esconder ante todo su sorpresa. "Eso no lo vi venir"
¿Cómo es que no se le había ocurrido? ¡Era lo más cliché y romántico del mundo! ¡Y sabía perfectamente que Giyuu podía salir con ese tipo de confesiones en cualquier momento!
Se maldijo a si mismo al no pensar en aquella posibilidad.
Suspiró varias veces, no queriendo erguir su espalda antes de estar completamente seguro de que sus mejillas ya no se encontraban rojizas, por lo que tomó varios minutos antes de poder controlar su propia respiración.
Cuando creyó que podría estar listo para enfrentar la cursi confesión, al fin levantó la mirada pero casi al instante volvieron sus casi incontrolables instintos asesinos contra el pobre de Giyuu.
"Lo voy a matar. Esta vez sí que lo voy a matar", tronó los huesos de sus manos mientras miraba a un calmado Tomioka, quien había dejado caer su cabeza sobre la mesa donde comían mientras dormía plácidamente. Su respiración pausada y el pequeño hilo de saliva que se deslizaba desde la comisura de sus labios solo provocó que su irritación aumentara.
Estaba dispuesto a despertarlo con un merecido golpe en la cabeza cuando decidió detenerse.
Otra cosa que jamás admitiría en voz alta: Giyuu durmiendo era lo más tierno del mundo.
-Soy un idiota.- Dejó caer su cuerpo sobre la silla silenciosamente. Mientras comía con lentitud su postre se dio el permiso de mirar nuevamente los folletos, ahora con esa estúpida oferta de Giyuu de vivir…bueno, todo lo veía desde un enfoque diferente.
-Vivir con este idiota será como cuidar a un niño.- Susurró cuando volvió a verlo, Giyuu soltó un pequeño ronquido.
Cuando las manecillas del reloj le indicaban que debía irse, comenzó a ordenar sus cosas, no sin antes desprender una hoja de su cuaderno y escribir una sencilla palabra en ella, dejándola a un lado de la mano de Tomioka, con cuidado para no despertarlo. Una vez de pie, miró disimuladamente a su alrededor, aquella cafetería solía tener pocos clientes de todas maneras, pero quería tomar precauciones para lo que estaba a punto de hacer.
Con cuidado y sin siquiera tocar al joven, Shinazugawa se agachó lo suficiente para depositar un tierno y casi imperceptible beso en los labios de Giyuu. Apenas sintió un pequeño respiro por parte del peli azul se separó de inmediato, aunque su rostro volvía a subir de temperatura.
Aclarando su garganta y asegurándose que nadie haya visto su penoso y cursi intento de beso, se colgó al hombro la mochila antes de salir del lugar.
En la nota que había dejado para Tomioka se podía leer un sencillo y tosco "Si".
-Joder, en serio soy idiota.- Se murmuró después de salir a la calle. Miró el interior de la cafetería por el ventanal una vez más antes de emprender su camino de regreso.
Sin poder controlarlo, permitió que su imaginación comenzara a crear ilusiones sobre cómo sería vivir en la misma casa con Giyuu. En las mañanas con su estúpida cara adormilada, en las tardes durante los almuerzos, en las noches antes de irse a dormir, durante los fines de semana, permitiéndose sacar a pasear al travieso de Yoshiro.
La idea de ser una pareja de novios viviendo juntos sonaba tan cursi que casi podría vomitar sobre la idea misma pero aún así… no sonaba para nada mal.
Es más, comenzaba a desear que sucediera.
-Mierda.- Maldijo al momento que sus labios dejaban escapar una corta pero sincera sonrisa.
-.-.-.-.- FIN DEL EXTRA-.-.-.-.-
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Hikari: Las razones por las que he escrito este pequeño extra son simples. Me llegaron unos reviews y MP haciéndome notar, principalmente, dos cosas: primero, ni en este ni en el OS de la secuela, Giyuu y Sanemi tienen un beso decente, y es que efectivamente el único beso que se menciona es cuando Giyuu se enferma, por lo que he caído en cuenta en que realmente hacía falta un beso para consolidar a este pequeño par de tórtolos. Segundo, que si lo leemos con cierta perspectiva pareciera que, aun en la secuela, Giyuu seguía teniendo un amor unilateral y Sanemi está a su lado más que nada por costumbre u obligación, es decir, los sentimientos románticos de Sanemi son poco profundizados.
Es por ello que este extra quise enfocarlo más en que, aun con trabajos o su complicada personalidad, Sanemi realmente ha logrado enamorarse genuinamente de Giyuu aunque, no pueda aceptar en voz alta o abiertamente muchas de las cosas que piensa sobre él.
Listo, perdonen este inesperado capítulo extra que la verdad ni yo misma me esperaba hasta que leí sus bellos comentarios. En fin, espero no haberlos aburrido demasiado y leerlos nuevamente en algún otro escrito. ¡Bye bye-perowna!
