Abrió con lentitud aquella vieja y pesada puerta hecha de madera. Lincoln, caminó con lentitud entre el desolado y polvoriento sitio, que en algún tiempo, fue su hogar. Observando las numerosas latas de cerveza regadas en el suelo; también, gran parte de los muebles en un pésimo estado. Sujetado de su bastón de madera, procedió en caminar a su viejo escritorio para solamente tomar una fotografía de sus hijos.
Al igual que el resto de la casa, estaba llena de polvo. Sopló la foto para ver con más claridad a su descendencia.
No pudo evitar soltar una pequeña lagrima. Sintió en su alma una gran melancolía, odiándose a sí mismo, con ganas de insultarse de lo gran imbécil y estúpido que era; desperdiciando gran parte de su vida lejos de ellos, de las personas que supuestamente amaba y, a la vez, lo muy importantes que eran para él.
—¿Lincoln?
Secó sus lagrimas y se dio la vuelta encarando a su hermana menor.
—Lamento interrumpir, pero sabes bien a lo que venimos.
Asintió en silencio. Metió en su bolsillo la fotografía. Sin más, caminó en conjunto de Lisa hacia su vieja habitación; era claro que la mujer científica requería tomar unas cosas que su hermano albino, poseía. No debían demorarse, se suponía que Lincoln juró jamás tomar el artefacto. Ni siquiera, cuando se tratara de una emergencia, nada. Solamente Lisa era la única persona autorizada, ella sabía como utilizar el instrumento que permitió darle a su hermano una nueva (Y deprimente) vida.
Ambos entraron en aquella pequeña recamara. Lisa pasó por encima del resto de basura que había por los suelos, agachándose para mirar por debajo de la cama. Hizo una pequeña mueca, se volvió a levantar al percatarse de las numerosas cosas que impedían buscar el dicho artefacto.
—¿Jamás le dedicaste mantenimiento y aseo a tu departamento?—cuestionó Lisa con un ligero tono de molestia.
Lincoln simplemente levantó ambos hombros como respuesta; esto causo, una pequeña irritación para la mujer castaña.
—De acuerdo, mientras busco... ¿Por qué no vas y empacas lo necesario?—habló la mujer con seriedad—. Ah, también te sugiero que te des un baño y te afeites; no queremos que te reconozcan. Por lo menos en lo que regresamos a Michigan.
—Está bien—contestó Lincoln con serenidad.
Le dio la espalda para marcharse a su baño. Podía buscar después sus cosas "esenciales". Aunque también, no es como si tuviera realmente algo de valor o que le fuera de utilidad en el viaje; si acaso, unos cuantos cambios de ropa.
Lisa por su parte, comenzó en mover la cama en conjunto de las estorbosas y empolvadas cosas. Desde algunas latas de cerveza, envolturas de frituras, algunas revistas eróticas y finalmente una pequeña caja hecha de madera fina. La mujer de ciencia, no tardó en deducir quien la había hecho, y a la vez que era lo que pudiera contener dentro de la misma. Se vio tentada en husmear. Sin embargo, recordaba que debía apresurarse y no distraerse tan fácilmente; Lincoln no tardaría mucho en asearse y en empacar, lo conocía bien.
Aún así, miró fijamente la caja. Observó que había un pequeño nombre tallado en la parte frontal; Lisa no pudo evitar sentir un poco de lastima y algo de empatía.
—Lyra—masculló el nombre. No quería que su hermano le escuchara pronunciar dichas palabras. Simplemente pasó en hacer a un lado la caja, y siguió buscando a profundidad el artefacto.
Abrió con suavidad la manija de la regadera. Lincoln comenzó en sentir un pequeño bombardeo de gotas frías que chocaban contra su piel; estaba acostumbrado, más aún con el simple hecho que pasó gran parte de las últimas semanas encerrado; alejado de todo, comiendo porquerías enlatadas y mucha comida de caja. Ni hablemos de que, era imposible, bañarse en aquel refugio subterráneo. Duras penas había un pequeño retrete que les permitía defecar u orinar. Lo peor era que entre él, su hermana menor y Liam, tenían que compartirlo.
Agarró lo que quedaba de su barra de jabón, y en conjunto con el agua, comenzaba en tallar con suavidad y cuidado su pecho. Para su fortuna, sólo quedaban una pequeñas punzadas en donde había sido el disparo. Debía reconocer lo hábil que Lisa era para la medicina. Si bien faltaba todavía para que su herida sanase por completo, al menos, todo tipo de dolor era gratamente mínimo. Lisa tuvo que hacer unas pequeñas interferencias en algunas partes de su cuerpo; para que pudiera nuevamente recobrar el movimiento.
Cerró sus ojos mientras terminaba de enjabonar el resto de su cuerpo. Pese a la temperatura del agua, se comenzaba a relajar, olvidando los agobiantes y cansados pensamientos que fracturaban su cordura. Por ahora, la situación era muy agridulce. Desconocía cuales serían los próximos pasos que Lisa realizaría; Liam llevaba más de dos días sin volver al refugio, su hermana se rehusó en contarle su paradero y, mucho menos, en mencionarle cuales eran sus propósitos.
Aunque muy dentro de él, no parecía mostrar algún tipo de interés en ello. Por ahora, sólo quería terminar de bañarse, afeitarse tal como su hermana le sugirió, guardar lo necesario y finalmente marcharse, sin dejar algún tipo de rastro en aquel departamento.
Lincoln rozó accidentalmente la barra de jabón en su herida, soltó un pequeño gemido de dolor acompañado, por un pequeño desequilibrio en la tina. Se recargó por un instante en la pared, respiró por unos segundos y abrió sus ojos para mirar si no lastimo su herida; para su suerte, sólo fue la irritable sensación. Sin más, volvió en recobrar el equilibrio para terminar de ducharse. No debía perder más el tiempo.
Suspiró. Posteriormente se pasaría el resto de la ducha enjabonándose, con delicadeza y, sobretodo, deshaciéndose de todo tipo de suciedad; sintiéndose de alguna forma, renacido.
Abrió aquel pequeño cajón del baño. Entre varios (Y viejos) artículos de limpieza, buscaría una pequeña maquina con la cual afeitaría su gran barba blanca. Iba hacer caso conforme a la sugerencia de Lisa. Aunque él, de forma honesta, no quería hacerlo. Por algo duró muchos años sin rasurarse: Aparte de que el vello facial le permitía tolerar mejor el frío que abundaba por las calles; también le impedía reencontrarse con un viejo recuerdo de su juventud.
Abrió la manija del lavabo, Lincoln posteriormente se miraría fijamente en el espejo del baño. Seguía indeciso, apretó con algo de rabia la pequeña maquina de afeitar. Sin más, encendería dicha maquina, para finalmente comenzar en retirar lentamente toda aquella gran y blanca barba.
En el lavabo, caían varios pelos blancos. El albino, sólo esperaba que esta decisión valiera la maldita pena.
Apagó la maquina de afeitar. Agachó su cabeza para enjuagarse la cara y retirarse algún posible pelo suelto que rondara por sus mejillas o mentón. Soltó un pequeño jadeo de dolor tras esforzarse en inclinar su cuerpo, Lincoln dio una serie de respiraciones lentas y un tanto pesadas; estaba algo nervioso, colocó ambas manos en la pared sosteniéndose momentáneamente.
Lentamente, comenzaba a dirigir su mirada hacia el espejo. Estaba a nada de volver a encarar con un recuerdo permanente; el producto de una estupidez, de un jodido acontecimiento que trataba día con día, nunca recordar.
Y ahí estaba él, mirándose fijamente al espejo: Observando una mediana cicatriz que partía desde casi la mitad de la parte derecha de su rostro, terminando por casi rozar con la parte superior de su labio.
«No sabes cuanto te odio»
Cerró sus ojos y de nuevo volvió dio un suspiro.
Decidió por ahora no darle más vueltas al asunto. Lincoln se despegó del lavamanos, tomando equilibrio con la pared, y con cualquier otra cosa que le permitiera caminar.
El hombre albino no se había percatado de algo importante; el lobo solitario que solía ser, había desaparecido.
—Te ves mejor afeitado—dijo Lisa mientras veía como su hermano salía de su antigua habitación, con sus cosas ya empacadas—. Lo único que faltaría es tu cabello. Tengo una conocida en Washington que podría cortártelo a tu gusto.
El hombre albino no respondió, sentía algo de inseguridad el lucir así.
—¿Encontraste el aparato?—evadió el comentario de su hermana. Sujetado de su bastón, caminó con sus cosas con rumbo hacia su viejo sofá.
Lisa señaló con su brazo izquierdo hacia la pequeña mesa; en donde yacía un objeto cuyo tamaño y forma, se asemejaba al de una pistola. Con dos peculiares bombillos en la parte superior; armada con algunas piezas de un viejo fusil, el mango definitivamente pertenecía a una pistola, el cañón era un tanto ancho, estaba más que claro que dicha cosa no estaba diseñada para herir o matar.
—Es increíble—manifestó Lisa con un pequeño asombro—. Realmente estaba segura de que tratarías de utilizarla, o tan siquiera tener el valor de tocarla. Pero no, el registro aparece tal cual la usé por última vez.
—Hace más de una década—murmuró el albino en un completo desanimo.
—Así es. Pero bueno, eso ahora es lo de menos—Lisa giró por unos instantes su cuello—. ¿Me recuerdas en donde vivía tu casero? Y de paso, menciona quienes de aquí tuvieron algún contacto contigo.
Lincoln bajó por unos minutos la mirada. Realmente, no había convivido con nadie, ni mucho menos llegó a forjar con sus vecinos algún tipo de amabilidad o de establecer una conversación; si acaso, sólo Dean fue la única persona que duras penas fue su colega. A juzgar por su expresión, Lisa se daba una idea de que probablemente mantuvo por completo el margen y las condiciones que, en su momento, le exigió.
—¿Sabes? Creo que sería suficiente con el casero. Dudo mucho que el resto de inquilinos tenga algún tipo de interés por ti; o eso al menos quiero creer.
De cuenta nueva, Lincoln no respondió. Hubo un pequeño y ligeramente incomodo silencio, la mirada de Lincoln seguía baja, perdida e inclusive un tanto vacía. No hizo más allá de acoplarse ante la calma que rondaba en su viejo hogar; sus cosas ya estaban empacadas, sólo era cuestión de que su hermana saliera de aquella puerta y se encargara del casero. En demás, sólo tenía que estar sosegado, esperando a que Lisa cumpliera con su misión. Quizás darle un último vistazo a este sitio, un lugar que fue su hogar durante una gran parte de su actual vida.
Lisa miró fijamente a su hermano. Pensó que lo mejor era no decir nada más, estaba más que claro que eran pocas personas por las cual debía preocuparse. Le aliviaba saber que Lincoln tuvo un perfil completamente bajo, sin meterse en algún tipo de problema legal; o por lo menos, antes de que aquel grupo de mercenarios apareciera.
Abrió la puerta del departamento. El clima daba indicios que podía ponerse turbulenta y hostil. Lisa dedujo que, probablemente, se aproximaba una fuerte tormenta de nieve. Eso implicaba que ambos no debían demorarse mucho en regresar al refugio.
—En lo que me ocupo de ello—dijo Lisa guardando aquel aparato en su bolsillo—. Me gustaría que fueras a la camioneta con tus cosas. Prometo no demorar mucho.
—Está bien—cuchicheó Lincoln de forma indiferente.
Apoyándose de su bastón se levantó. El hombre caminó con sus cosas, quedando casi en el mismo lugar que su hermana genio. Ninguno de los dos se miraban, Lisa solamente pasó en suspirar y dejar que Lincoln saliera primero del lugar; ella de igual forma se encargaría de desocupar las restantes cosas que yacían almacenadas en el departamento.
—El casero vive en la casa más grande—dijo Lincoln mientras caminaba con rumbo hacia el paradero del vehículo—. Lo reconocerás con escuchar el ruido de un piano.
—Okay, me encargaré de ello—respondió la mujer en un estado estoico.
—Entonces, nos vemos—Lincoln terminó saliendo del lugar. Seguía desanimado.
Lisa guardó silencio. Posteriormente cerró la puerta del departamento, no sin antes de observar aquella caja que había observado previamente. No quería deshacerse de todo el material que se almacenaba adentro de dicha caja; contenía información personal, también algunos viejos reportes y unas cuantas notas referentes a sus antiguos experimentos.
Miró de reojo hacia su hermano. Lincoln por su parte, caminaba con algo de dificultad entre la nieve que abundaba por los suelos. También miró por unos instantes hacia el griseado cielo; recordó la amarga noche en donde venía del trabajo, una noche en donde tuvo que soportar una fría lluvia. Sin más, retornó su vista hacia el vehículo, olvidándose de todo tipo de pensamiento amargo o deprimente; aparte, no quería seguir estando expuesto en las afueras siendo probablemente un blanco fácil para sus acechadores.
Dejó de tocar el piano al momento que, escuchaba, como alguien tocaba la puerta principal de su hogar.
Terry se levantó. Aún con su taza de café caliente y vestido con una bata azul, se dispuso en atender la puerta. Supuso que podía de tratarse de alguno de sus inquilinos; era fin de semana, la familia Fermin por lo general lo invitaban para pasar el rato y ver algún evento deportivo.
Abrió la puerta, topándose con una mujer que le rebasaba en estatura; usaba lentes y cargaba a un costado de ella una pequeña caja de madera, aparte de usar un abrigo gris. Terry quedó extrañado. Nunca antes había visto a esta mujer, y mucho menos recordaba, que fuera familiar de alguna persona o familiar que residía en los departamentos.
—Buenos días—pese al desconocer a la mujer, siguió siendo amable—. ¿En qué puedo ayudarle?
—Buenos días—respondió Lisa—. Sí disculpe, ¿es usted Terry Murphy?
—A sus ordenes, ¿En qué puedo ayudarle?
Lisa miró detenidamente al sujeto. Analizando su comportamiento, revisando inclusive su postura y a juzgar por su edad, daba a la suposición que era una persona muy tranquila y educada. La mujer dentro de sus pensamientos planeaba la forma en la que ejecutaría su plan; sin verse en la necesidad de que fuera evidente, pudiendo tomar todo tipo de documentación que, su hermano, había dejado.
—Bueno—Lisa repuso su mirada hacia el arrugado rostro del hombre. Dio una pequeña sonrisa para de igual forma verse amable, pero sin dejar de lado su perfil profesional—. Mi nombre es Charlotte. Soy familiar político de Lincoln Blank. Quizás lo recuerde por su cabello blanco.
—Claro que lo recuerdo—Terry rió para luego darle un sorbo a su café—. Es el muchacho que venía de Michigan. Sí, él lleva viviendo en mis condominios por un largo tiempo; ¿Es familiar suyo? Curioso, recuerdo que sólo me comentó que su familia era muy pequeña. ¿Eres algún tipo de prima lejana?
—Más que nada, somos parientes políticos. Su primo Liam es mi pareja, llevamos más de cinco años juntos—mintió, Lisa obviamente seguiría el juego de mentiras que Lincoln, previamente construyó. Solamente esperaba no equivocarse y decir algo incoherente.
—Ya veo—el hombre nuevamente rió—. Liam... Creo que en algún punto, Lincoln me habló de él—de cuenta nueva, sorbió de su taza—. No recuerdo mucho de esa conversación, pero estoy casi seguro que dijo que era un amigo suyo. En fin. Eso ocurrió en el momento que llegó aquí. Supongo que lo pude haber mal interpretado.
—Supongo que si—Lisa afirmó el comentario de Terry—. Es algo eventualmente normal. Más aún cuando fue una conversación de hace mucho tiempo.
El hombre le dio un último sorbo a su café, miró fijamente a la mujer de lentes y cortesmente le dijo:—. ¿No gusta pasar? Me gustaría seguir conversando lejos del frío.
—Estaría bien—sonrió de nuevo la mujer, observó como Terry abrió por completo la puerta, dejándola entrar para seguir conversando. Realmente, quedó algo curiosa. No creyó que fuera más que simple y sencillo mentirle al hombre; era bastante crédulo, y por unos instantes, sintió un poco de lástima por él.
Se sonrieron mutuamente. Lisa accedió al cómodo hogar del anciano, el hombre por su parte, cerró la puerta de su hogar. Ambos caminaron. Terry la guió hacia el comedor hecho de una fina madera (Semejante al de su caja), la castaña con lentes no tardó en observar lo elegante y moderno que era la morada. No pudo evitar relacionar el lugar con algunas casas de unos viejos colegas; a la vez, observó que cerca de la sala principal se encontraba un gran piano.
—¿Usted toca el piano?—preguntó la científica de forma curiosa. Escuchó que el sujeto dio una pequeña risita; volteó por unos instantes hacia ella.
—Desde que era un infante—respondió Terry—. Mi padre en su juventud amaba el instrumento. Siempre se aseguro de que toda su descendencia, lo aprendiera si o si. Aún recuerdo, que por las mañanas siempre me llevaba a practicar el piano. Por lo menos una hora. Era un poco tedioso, pero eran de los pocos momentos en donde yo podía convivir con él.
—¿Su padre siempre fue un hombre ocupado?
—En parte, sí. Eramos una numerosa familia. Por no decir que eramos nueve hermanos; cada uno se llevaba por lo menos dos o tres años de diferencia. Yo fui el más pequeño. Mi padre para ese punto, se la pasaba concluyendo sus proyectos—tomó un poco de aire, posteriormente entró con Lisa al comedor—. Rara vez nos lo topábamos en casa por la tarde. Si acaso, para comer o para llevarse alguno de mis hermanos mayores a su trabajo.
—«Interesante»—masculló Lisa en sus adentros. Escuchaba con atención el relato del tipo. Algunas cosas, le recordaban ciertas vivencias de su hermano; o por lo menos, cuando él era padre de una extensa familia.
—Después de desayunar, me miraba a los ojos. Como si me estuviera diciendo: "Hora de practicar"—rió mientras seguía recordando—. El resto del tiempo sólo eran instrucciones, consejos, regaños y una que otra felicitación. Así era mi padre; serio y muy directo—rió nuevamente—, aunque, esa fue su manera de querernos. Lo echo de menos.
Lisa tomó asiento en una de las sillas. Observó como el hombre se daba la media vuelta y comenzaba a caminar hacia la cocina; al parecer, iba a servirse un poco de más café.
—¿Gusta una taza de café?—inquirió aún con aquella sonrisa en su rostro.
—Estoy bien—contestó la mujer con serenidad—. Pero de igual forma, agradezco la cortesía.
Terry no respondió. Simplemente se limitó en servirse el café. No tardó mucho en regresar al comedor con la mujer.
—En fin—el anciano se sentó en la silla frontal de Lisa—. ¿Me hablaba sobre su cuñado?
La castaña acomodó sus lentes. Cambiaría su semblante amable a uno estoico; consecuentemente, debía ingeniárselas a base de mentiras para conseguir todo el papeleo de su hermano.
—Bueno—se detuvo por unos instantes, tragó algo de saliva mientras pensaba sus próximas palabras—. Verá, lo que sucede es que Lincoln... Se encuentra en unos pequeños problemas—fue lo primero que se le vino a la mente, esperaba sonar convincente—, tuvo una inmensa odisea. Digo, nos contó que perdió su trabajo, tuvo un accidente mientras regresaba a su departamento...
—¿Qué fue lo que le pasó?—interrumpió inmediatamente el anciano, realmente le tomaban por sorpresa aquellas palabras.
—Dio un mal paso y se fracturó la pierna izquierda. Nos llamó poco después para que cuidásemos de él y le hiciéramos compañía en el hospital—se aclaró la garganta por un momento. Posteriormente, prosiguió en su relato que mantenía completamente atento al sujeto—. En fin, para resumirlo de forma más simple; Lincoln se mudará de Alaska. Está cansado de vivir aquí. Su plan es regresar con nosotros hacia Michigan; técnicamente el estado que lo vio nacer.
—Si, recuerdo que tanto él como en los documentos mencionaba su lugar de nacimiento—Terry le dio un pequeño sorbo a su café; dio después un suspiro y cerró sus ojos; sintió una gran empatía por su inquilino—. Lo entiendo. Vaya, que mala pasada la tuvo el chico. Honestamente, tenía una pequeña noción de que algo malo le estaba sucediendo; digo, he tenido siempre una especie de presentimiento con las personas que conozco. Y Lincoln, era una de las más frecuentemente sentido.
Abrió sus ojos. Le dio otro sorbo a su taza, para luego, mirar fijamente a la mujer castaña.
—Si mal no estoy, ocupará toda su documentación en caso de que quiera nuevamente mudarse, ¿no?
—Es correcto—respondió Lisa—. ¿Cree que podría entregarme todo documento, información o cualquier cosa escrita que contenga algo personal de él?
—Claro que sí—le dio un último sorbo al café. Finalmente se levantó de su asiento para traer una caja; la cual contenía toda documentación de todos sus inquilinos—. Sólo deme unos minutos, que siempre guardo todo el papeleo bajo llave en uno de mis cajones—soltó unas pequeñas carcajeadas.
—Está bien. Aquí lo espero—dijo Lisa de forma serena, con una pequeña y linda sonrisa que complementaban sus palabras.
Terry asintió. Sin más, se dio la vuelta y se fue en búsqueda de la carpeta que contuviera los documentos del albino.
Mientras el ancianico hombre se alejaba, la sonrisa y amabilidad desaparecía del semblante de Lisa. Ahora su mirada se tornaba seria. No tardó en sacar de aquella pequeña caja de madera, "la peculiar" pistola que había tomado. Sus dedos girarían suavemente de la perilla. Del aparato sonó un pequeño y chirriante ruido, el cual, daba por entender que había sido encendido.
La cosa ahora era: ¿Todavía funcionaría su experimento?
Sus ojos por momentos retornaban hacia la entrada del comedor; esperaba poder terminar configurarla. Por lo menos, antes de que Terry regresara con los documentos. Sólo debía acomodar unas cuantas frecuencias; desconocía si el hombre pudiera sufrir epilepsia o una enfermedad semejante a ésta. Lo último que ella quería, era matarlo por error.
Finalmente logró encontrar la frecuencia indicada. A juzgar por la edad de Terry, Lisa daba la suposición de que sólo debía disparar una vez. Tenía que ser un disparo directo a sus pupilas, probablemente dejaría mareado y aturdido al hombre. En el peor de los casos, le causaría un pequeño desmayo.
Lo único que el faltaba era ajustar un pequeño código, en el cual, no le tomaría más de un minuto. Un código que le permitiría que tantos recuerdos quería remover; también, más precisamente de que o quien pretendía eliminar de la mente de Terry. En éste caso era Lincoln. Agradecía de no haber eliminado el historial de uso; le sería más sencillo configurar y poner en pleno rendimiento su instrumento.
—«Está casi terminado—masculló la mujer entre sus pensamientos. Esperaba no haber olvidado el último patrón; la ansiedad se acumulaba lentamente en su mente. Apresurada en terminar y poderla alzar en su bolsillo—, ¡Vamos! Sólo necesito...—para su suerte, logró introducir (Y recordar) el dichoso patrón. Su arma, ya estaba más que preparada y lista para su uso—. ¡Bingo!»—exclamó de forma satisfactoria.
Escuchó desde las escaleras los pasos del hombre. Lisa guardó inmediatamente su herramienta en el bolsillo izquierdo de su sudadera; se notaba muy a leguas que había algo peculiar alzado allí. Pero también no era como si permaneciera mucho tiempo así. La iba a utilizar en una brigada de segundos. Casi en un parpadeo.
De igual forma, también metió su mano dentro del bolsillo. Aunque sea para disimular un poco.
—Disculpa la tardanza—Terry entró con una carpeta amarilla. Lisa podía deducir, que ahí estarían los documentos de su hermano. El hombre tomaría nuevamente asiento. Abrió la carpeta, dando un vistazo rápido a todas las hojas que contenían. Todas completamente engrapadas y en un buen estado—. Pero bueno. Aquí están los documentos.
El hombre colocó la carpeta en la mesa. Lentamente, la arrastraba con dirección hacia las manos de la mujer castaña. Lisa no tardó en extender su mano para tomar también la carpeta. Sonrió, no creyó que esto fuera de lo más sencillo. Inclusive, pensó que tal vez no habría necesidad de dispararle. El tipo era muy crédulo, manipulable y muy calmado.
—Sólo una cosa—habló Terry aún sujetando dicha carpeta. Lisa trató de forcejear, sin embargo, el anciano se aferró con firmeza impidiendo que la científica tuviera el absoluto control—. ¿A caso creíste que me tragué todo tu maldito cuento?
Lisa no comprendió. Desconcertada y algo confundida, miró como Terry cambiaba su mirada alegre y amable, por una fría y agresiva. Al igual, que su tono de voz bajaba.
—¿Disculpa?—inquirió Lisa. Al igual que él, se había aferrado a la carpeta. Su mente y pensamientos, no eran del todo claros. ¿Qué estaba pasando? Todavía no procesaba lo que sus oídos y ojos percataban.
—¿Quieres que lo repita, Charlotte?—vociferó el hombre indignado—. ¿O debería decir Lisa Loud?
No respondió. Lisa había quedado boquiabierta ante aquellas palabras. No lo podía creer, su mente desconcertada pensando "el como" diablos lo supo. Estaba segura de que jamás, puso sus verdaderos datos en toda documentación, tramite o en cualquier estupidez. No era posible. Absolutamente, no lo era.
—¿Qué pasa?—Terry seguía cuestionando—. ¿A caso la mujer más inteligente del planeta quedó impresionada?— en cuestión de un parpadeo ya no sujetaba la carpeta, ahora era la manga de Lisa.
Lisa puso resistencia. Inclusive pensaba en sacar su aparato y dispararle a quemarropa. Sin embargo, no podía. No con la presente confrontación. Si ella dejaba de oponer fuerza, existía el riesgo de que el anciano aprovechara el momento y le atacara de una manera más brusca. Aparte, podía poner expuesto su último recurso para salir del lugar.
Por el momento debía persistir. Inclusive improvisar. Encontrar el momento exacto para liberarse del aferrado agarre de Terry. Lisa no dejaba de apartar su mirada al ahora agresivo rostro del sujeto. No decía nada, simplemente soltaba una serie de jadeos que hacían el ambiente más tenso.
—Te soy honesto—replicó el hombre—. Realmente debo decir que eres muy buena mintiendo. Enserio, lo eres mejor que Lincoln.
De cuenta nueva, ella no dijo nada. Lisa en un intento desesperado, jaló con toda su fuerza la manga del tipo. Acto que, lograría arrancarle una parte de la tela del dicho suéter; cayendo boca arriba sobre el plano y frío suelo. No lo soportó más, Lisa sacaría el aparato de su bolsillo apuntando directamente al rostro de Terry.
—¡Maldita desgraciada!—insultó con un notable disgusto. El anciano estaba indignado, ese suéter era costoso. Lo peor era que muy ocasionalmente lo usaba, principalmente, para evitar cosas semejantes a esta ocurriera—. Espero que el dinero por la cabeza de tu hermano, valga la maldita pena.
Seguía apuntando. El último comentario de Terry, le daba sentido a todo el comportamiento. Y vaya lo descuidada que fue; ¿Él formaba parte de aquel grupo de mercenarios? Sólo sabía que quien planeó el asesinato de su hermano, era una persona con mucho poder y que contaba con los recursos necesarios. Pero en demás, nunca se dio a la tarea de investigar quienes conformaban ese escuadrón.
Lisa se levantaba poco a poco del suelo. Con el dedo tocando el gatillo del aparato. Acercándose, lentamente hasta la postura de su contrincante. Habiendo un segundo de silencio, un cruce de miradas fijas por parte de ambos.
—¿Quién demonios eres?—inquirió la científica mientras se acercaba a la inmóvil posición de Terry.
El anciano con una expresión estoica, sólo siguió observándola directamente a los ojos.
—¡Responde!—exclamó con una ligera rabia. Para ese momento, yacía de nuevo al punto inicial donde surgió el forcejeó. En caso de que Terry atacara o hiciera un movimiento brusco, dispararía. Lo único que debía hacer, era cerrar sus ojos y dejar a la suerte que el disparo fuese exacto.
Por ahora, tenía que contenerse. Lisa sabía que era su oportunidad de obtener algo de información; Liam todavía no le llamaba, o tan siquiera, le mandaba un mensaje de texto para informar el progreso de la información. Además, se encontraba en una ligera superioridad.
—¡He dicho que respondas, pendejo!—por unos instantes, pensó en meterle un pequeño escarmiento con su arma.
Terry finalmente, desapartó su vista. Comenzaba a reírse. Un mar de carcajadas que aparentemente, le causaba la directa amenaza de la mujer castaña. Posteriormente se palmeó la frente, casi llorando, miraría de nuevo a la mujer intentando hablarle; pero a causa de la menuda risa, le era imposible encontrar las palabras adecuadas.
—¿Qué es lo divertido?—Lisa se sentía un poco ofendida—. ¿A caso no ves que con ésto fácilmente puedo matarte?
Dejó de reír. Terry tosió un par de veces, aclaró su garganta y recobraría su postura. Inhaló y a la vez exhaló aire, debía responderle las aparentes dudas de la invitada (Si es que se le pudiera llamar así).
—Quien lo diría—Terry caminó con lentitud a la parte izquierda del comedor. Su fin era encarar directamente, sin estorbos de por medio, a Lisa—, aún cuando te encuentras en una situación complicada, sigues diciendo puras mentiras de mierda. Si te lo preguntas, sí. No soy realmente una persona del todo amable. Por lo menos lo soy con mis inquilinos, son las únicas personas que han sido corteses y de igual forma amables conmigo—tomó un poco de aire. Terry tosió nuevamente—. Verás, desde un principio supe quien era tú hermano. Yo fui uno de los pocos quien vio el reportaje del caso de: "Royal Woods". De hecho, fue una noticia que frecuentemente veía en la televisión. Por lo menos antes de que alguien, moviera sus influencias para evitar que más personas supieran de las asquerosidades, de las malditas y sucias cosas que el bastardo de tu hermano, cometió.
Lisa prestaba atención a todo el relato. Recordaba bien cuando tuvo que hacer eso, pero a costa, de casi perder su trabajo en el gobierno.
—No fue una casualidad de, que unas semanas después, casi nadie recordará ese reportaje. Hasta inclusive, había visto esa noticia con una de las familias de aquí. Días después, juraban de que nunca lo vieron—se notaba el surgimiento de la histeria en Terry—, ni siquiera en los pueblos más cercanos lo recordaban. ¡Ni en internet! ¡Nada! Hasta llegué a creer que me había vuelto loco. Por lo menos hasta que vi tu maldita cara en un reportaje que se relacionaba con la ciencia. Fue cuando entonces, todo conectó. Por mi parte comenzaba a investigar más de ti; tu historial, el como desde pequeña ya tenías un gran coeficiente intelectual, y sobretodo los datos de tu familia. Algunas de tus hermanas eran famosas en aquellos tiempos; mencionemos a Luna, quien era una prodigio en la industria de la música. O Leni, quien comenzaba a ser reconocida en el mundo de la moda—apretó sus puños en señal de impotencia. Detestaba recordar, cada hecho que el albino llegó a cometer.
El ambiente era muy tenso. Sólo era cuestión de un parpadeo para que todo terminara en tragedia. El par lo sabía, Lisa debía estar al pendiente de eso.
—Pero fue muy curioso, que en algún punto posterior, la mayoría de información de ellas despareció. Siendo Lori la única quien probablemente no cedió a tus influencias—se detuvo el hombre por un momento—. ¡Tú fuiste quien eliminó todos los datos de ellas! Estoy completamente seguro, que con tu chingadera que traes en mano, les quitaste de su mente lo que las hacía deslumbrar—cerró sus puños—. ¿Y todo para qué? ¡Para salvarle el maldito trasero al incestuoso y criminal de tu hermano!
—¿Cuál es tu maldito punto?—cuestionó Lisa interrumpiendo esas palabras, que desde cierto punto, las veía fuera de lugar. Donde parecía no acoplarse por completo al contexto.
—Mi punto es—la señaló bruscamente. Lisa casi por error disparaba—, que sé perfectamente quien eres. En todos estos años he investigado, de las formas que he podido. Todo de ti y de Lincoln. Recolectando cada tramo de información; sólo era cuestión para que en algún punto tu hermano confesara quien realmente es. Y se lo lleven al lugar que debió haber estado desde un principio: La jodida y fría prisión—suspiró con un poco de frustración—. O al menos, hasta que aparecieron ese grupo de asesinos. Ofreciéndome en colaborar con ellos.
Terry comenzaba a dar pasos lentos, pero pesados. Era imposible negar que daba un aspecto intimidante y hasta cierto punto, psicópata. Pese a esto, Lisa no dejaba de apuntar. Si acaso, sólo retrocedía uno o dos pasos. O por lo menos hasta que topó con la pared.
—No importa que hagas, o que pretendas hacer. Tuviste suerte con liquidar a esos dos mercenarios—carcajeó, casi quedaba cara a cara con la mujer—. Nadie te tenía previsto. Ni siquiera lobo, el líder de ellos. Pero ahora que te atravesaste en los planes, estarán también tras tu cabeza—suspiró—. Así que, independientemente que hagas; si me matas, si borras mi memoria. No afectará en lo más mínimo en los planes de ellos. Tarde o temprano, caerán.
Lisa lo pensó. En su rostro no se notaba, pero estaba insegura. Algo indecisa por si apretar el gatillo o no. Puede que el anciano tuviera razón; si lo hiciera, no habría repercusión en los planes de seguirlos buscando.
—¿Qué ganas con esto?—inquirió la mujer de forma seca—. ¿No se supone que eres una persona correcta?
Terry suspiró, ya estaba cansado de responder tantas preguntas. Lo que fuera que pretendía decir o hacer, tenía que ser rápido.
—Yo nunca he sido una persona correcta—se sinceró con la mujer. Jugó por un momento con sus dedos—, al igual que tú, fui en algún momento alguien relevante de estos sitios. Tuve que mentir. Buscar la manera de trascender en un sitio en donde, las oportunidades de resaltar, son bajas—movía con más rapidez sus dedos—. La verdadera pregunta es: ¿Tú qué ganas con ésto?
No respondió. Inclusive tembló un poco. Terry se percató de esto, aprovecharía la oportunidad para arrebatarle el aparato y usarlo en contra de Lisa.
Dicho y hecho. Tomó la punta del cañón, no la pudo arrebatar completamente de no ser por la fuerza que oponía la mujer. Las cosas definitivamente se le complicaron. Había iniciado un fuerte forcejeó por obtener el absoluto control del arma; Lisa trató de quitárselo de encima con lanzando una fuerte patada. Lo único que logró fue que el hombre diera un pequeño gemido de dolor, por consecuente, Terry con molestia respondió ante esta agresión regresando el ataque; lastimando con más fuerza a la castaña.
No tenía más salidas, Lisa cada vez más perdía el control de la situación. Lo único que le quedaba, era disparar a quemarropa; corriendo con el riesgo que ella misma podía borrarse la memoria.
—¿Sabes? También tengo que reconocer, que eres un muy buen mentiroso—con dificultad, Lisa habló entre el dolor y el forcejó—. Aún así, es una completa lastima saber realmente quien eres. Pudiste ser un buen colega.
Obtuvo un silencio como respuesta. Terry, se encontraba a nada de tener el arma experimental en sus manos.
Lisa sin más, cerró sus ojos y jalaría finalmente el gatillo. El hombre de canas, observó una potente luz que salía del aparato, acompañado por un intenso ruido vibrante. Dicha luz lo golpeó directamente. Perdiendo lentamente todo tipo de conocimiento. Su mente fue estática, olvidando y perdiendo el rumbo de su situación actual.
Su cuerpo descendería lentamente hasta colisionar con el suelo. Los oídos de Lisa estaban aturdidos. Siguió con los ojos cerrados, perdiendo por unos instantes el equilibrio. Al final tuvo que apoyarse desde la pared, deslizándose lentamente hasta quedar sentada de igual forma en el suelo.
Su plan resultó inútil. Y peor aún, sabiendo de que quien iba tras Lincoln, eran personas más peligrosas de lo que ella imaginaba.
Duró un pequeño tiempo con los ojos cerrados. Respirando constantemente y apoyándose con su mano en la cabeza; Lisa había olvidado el, detestable dolor de cabeza, que su aparato generaba posterior de ser usado. Por unos instantes, temía de haber visto el relámpago. Pero no, para su fortuna sólo escuchó el ruido que éste generaba. Aún así, dio un paseo rápido por todos sus recuerdos; aunque sea, para asegurarse de que todo en su mente, siguiera en en orden.
Soltó la última exhalación. Lisa abriría con delicadeza sus ojos, siendo su vista originalmente borrosa. Pero conforme los segundos pasaban, volvía a mirar con normalidad. Lentamente, volvían el resto de sus sentidos. Por ahora, sólo faltaba que regresaran a organizar su mente y pensamientos. Debía improvisar en crear un nuevo plan.
—Me lleva la...—masculló con un ligero dolor. Con una cierta dificultad, la mujer científica comenzó en estirar cada tramo de su cuerpo. Posteriormente, se levantaría con una mayor estabilidad en el equilibrio—. ¿Cuánto tiempo duré así?—susurró nuevamente.
El dolor de cabeza seguía ahí. Fijaría su vista en el ahora inconsciente cuerpo de Terry. No podía dejarlo tendido en el suelo, más aún sabiendo que él tenía contacto con el grupo de mercenarios.
Mientras se acercaba al hombre, Lisa giró tanto su cabeza al rededor de su cuello, al igual que giraría levemente su muñecas. Dio un suspiró en señal de frustración. Lo primero que hizo, fue en inclinarse y revisar el pulso del anciano. Siendo para su fortuna, que seguía con vida. Desconocía que tanto tiempo duraría inconsciente, pero por ahora, tenía que dejarlo en alguna parte ajena del lugar; quizás en un sofá, o inclusive podía dejarlo recostado en su piano.
—¿Qué se supone que haré contigo, eh?—antes de que hiciera otro movimiento, Lisa giraría de igual forma breve a su talón derecho.
Lo tomó de los pies, lo comenzaría arrastrar con dirección hacia el sofá. Al final descartó colocarlo en el piano; aparte de que se encontraba algo retirado, no tenía mucho tiempo que perder en acomodarlo. Además, el sillón se encontraba en un punto medio entre el comedor y dicho instrumento.
Lisa lo sentó por unos instantes. Lo tomó del suéter jalándolo, un momento después, lo lanzó con suavidad al sofá. El resto, sólo era acomodarlo en una posición clásica para dormir.
—Como desearía fumar un cigarrillo—bajó la mirada.
Miró de reojo su arma experimental. Yacía en el suelo, aún seguía encendida. Para este punto, Lisa comenzó a tener varios sentimientos encontrados; de cierta forma, las palabras de Terry parecían haberle afectado. Nunca antes había tratado con un sociópata de ese nivel. Se insultaba el como pudo confiarse, nunca fue así en su juventud. A partir de ahora, no se relajaría ante nada. No bajaría en ningún momento la guardia.
Caminó en rumbo para tomar el aparato. Antes de marcharse, pensó en las palabras del anciano. Observó la carpeta donde supuestamente, se encontraba la información modificada de su hermano. No perdía en revisar que era lo que pudiera contener la carpeta. Al final de cuentas, ya no es como si la documentación le pudiese servir.
Abrió la carpeta y se percató que en efecto, se trataban de hojas vacías. Era suponerse, Terry no era tan ingenuo u estúpido, para realmente dejar los documentos frente a sus narices. Lisa siguió pensando en todo el relato, algo dentro de su mente, le decía que buscara en toda la casa. No sólo para encontrar el cajón en donde pudiera estar la verdadera carpeta de Lincoln, sino que además, podía encontrar información referente a los cazadores de su hermano. Era una oportunidad que no debía dejar pasar.
No imaginó, encontrar lo que ella quería tan fácilmente. Para Lisa, se le hacía ridículo que un hombre tan frío y calculador como lo era Terry, dejara toda información privada en el lugar más simple. En este caso, en uno de los cajones de su escritorio (El cual se encontraba en su misma habitación), no le fue complicado evadir el seguro que esta tenía; había de todo, desde información de Lincoln, personas que vivían en solitario, familias, e inclusive habían registros de las actividades de cada uno de ellos.
No tardó en tomar la carpeta de su hermano. Ahora, sólo faltaba encontrar la información relacionada con los mercenarios. Esperaba que al igual que con la documentación, fuera de lo más simple encontrar.
Y vaya que éste vez no lo fue. Probablemente podía justificar lo de sus inquilinos. Al tratarse de su negocio, podía guardarlo en un lugar que, aparentemente, nadie iba a entrar. Pero el resto, no había nada, ni ninguna especie de contrato. El último lugar donde tal vez, encontrara algo, fuera en la computadora de escritorio.
Indecisa, y con corto tiempo, encendió la maquina con la esperanza de encontrar algo.
La computadora ya estaba encendida. Tomó asiento y observó la petición de ingresar una contraseña. No tenía tiempo para esto, Lisa con algo de desesperación (Acompañada por un poco de lógica), introdujo lo primero que se le vino a la mente al conocer lo obvio de Terry. Introduciendo en éste caso; "1234567890" como contraseña.
«Contraseña incorrecta»
—Con una...—al menos dio un esfuerzo por no soltar más insultos. Siguió pensando en las demás posibilidades, podría buscar algo en la caja. Tal vez había algo que le pudiera servir para evadir la contraseña del...—. ¡Al carajo!
Optó por la solución más peculiar pero, más fácil y rápida.
—¿Se puede saber por qué metiste al porta equipaje una computadora?—Lincoln cuestionó directamente a su hermana—. Además, duraste allí adentro como casi una hora. ¿Qué sucedió?
Lisa se abrochó el cinturón. Colocó las llaves y pasó en arrancar el motor del vehículo.
—Las cosas se complicaron— Lisa tomó un poco de aire—. Luego te explico bien, ¿te parece?
—De acuerdo.
Finalmente, hubo un silencio entre ambos. Lisa se encontraba un poco agotada, aceleró el vehículo y se dispuso en regresar al refugio.
Mientras tanto, en la maletera se veía como levemente se movía la computadora (Siendo literalmente una computadora entera con todas sus partes), y la caja que contenía ese nombre tan particular.
El cielo cada vez se nublaba más y más. Se escuchaban unos cuantos relámpagos, el viento por momentos se tornaba ligeramente hóstil. Sólo era cuestión de minutos para que la tormenta de nieve, comenzara. Ni Lisa y Lincoln se percataron que, todo éste tiempo, se encontraban en el preludio para todas sus complicaciones.
Más aún, cuando Lisa observó de reojo una brigada de llamadas perdidas en su celular desechable. Una en donde escucharía la voz de Liam diciéndole:
«Aquí Liam. Di con la casa del ex-jefe de Lincoln. Marcarme cuanto puedas. Porqué estoy a nada de perder los estribos».
N/A: Finalmente, luego de tanto tiempo se actualizó esta obra. Siendo honestos, en un principio quería hacer un capítulo corto de no más de 2k palabras. Pero conforme más escribía, mayores fueron mis ganas en extenderme haciendo un capítulo de 6k (Lo cual últimamente se ha vuelto mi promedio en cuestión de palabras). En fin, espero y pese al tiempo, les haya gustado el capítulo.
Sin más, espero finalmente actualizar más frecuentemente esta obra. Más aún considerando que al igual que mis otros dos fanfics, serán largos. Dejando de lado eso, me despido. Un cordial saludo. :D
