Capítulo 17 - Traicionando al corazón

Estar solo le ayudaba a pensar y poner sus emociones en orden una vez que lograba callar ciertas voces que le cuestionaban sus acciones. Podría decirse que la soledad funcionaba como su piedra angular cuando necesitaba trazar los detalles del plan que cumpliría su meta principal.

Era más que claro que el encuentro con la dueña de las cartas y el hechicero original de la magia de la forja había resultado inesperado y había logrado afectarle más de lo que deseaba admitir. Sin embargo, unas cuantas tazas de té después —y aunque lo negara, un vaso de whiskey—, habían logrado calmar sus nervios lo suficiente para empezar la última tarea que tenía pendiente antes de su gran momento.

Era mientras recorría con su dedo índice los lomos de los libros en la biblioteca que una sonrisa traviesa se coló en su rostro. Pocas veces salía de su morada, pero debía confesar que la mirada confundida de la dependiente de la tienda de ocultismo, al verlo comprar los objetos más poco usuales de la tienda, le causaba entretenimiento.

—Es probable que de todos sus clientes yo fuera el más extravagante —murmuró.

Se detuvo frente a un libro de cuero ya desgastado por los años. Lo tomó cuidadosamente y eligió la página que estaba marcada con una flor seca de prímula de la noche. La tomó cuidadosamente entre sus manos, dejando que aquel recuerdo lo embargara unos minutos, pero luego una expresión de molestia inundó su rostro haciéndolo dejar de lado el separador.

Sus ojos repasaron rápidamente el procedimiento y los elementos que necesitaba. Los sabía ya de memoria, pero su mente siempre le pedía revisar un par de veces sólo para cerciorarse. Podía decir que el 90% de los ingredientes estaban ya en su poder.

—La joven Lecuyer se hará cargo de conseguir el que falta —comentó para sí—. Si mi reloj no me falla, me parece que ya debo prepararme para encontrarme con mis invitados de honor y protagonistas en mi último deseo.

Con esas palabras, cerró el libro, tomó sus cosas ya empacadas en una bolsa de cuero negro y salió de la habitación.

… … … … … … …

Lan caminaba entre las calles de Londres con un mal presentimiento creciendo en su pecho. La tarde fría y nublada indicaba que la lluvia llegaría en cualquier momento. Mientras batallaba por hacerse camino entre el mar de personas que regresaban a sus casas después de una jornada de trabajo, no podía dejar de sentirse como una pieza más de un juego de estrategia.

—He visto suficientes películas para saber que están tratando de separarnos —se dijo así mismo. Entretanto, revisaba una vez más en su celular el camino con la dirección que debía seguir y se apresuraba a la estación del metro más cercana—. El problema es que no estoy seguro de cuál es el propósito.

El paisaje en su ventana cambiaba rápidamente de la ciudad a los suburbios y Lan ya había perdido la cuenta de cuantas veces miraba su celular mientras luchaba contra las náuseas que le causaba el leve movimiento del tren. Xiwang seguía sin contestarle, aunque por las notificaciones sabía que sus mensajes habían sido leídos. Incluso para él, cuyos sentimientos interferían en ser parcial, le resultaba obvio que la partida repentina de la pelirroja y la situación en la que se encontraban no era coincidencia.

—Vaya, Adalius siempre decía que era mejor dejar fluir las cosas, pero, ¿Será lo mejor en este momento? —con esa pregunta sin respuesta, bajó en la estación correspondiente y empezó a caminar a su destino, viendo como los últimos rayos de sol empezaban a desaparecer.

Quince minutos aproximadamente le había tomado para llegar a la calle marcada en la dirección. La noche ahora lo envolvía con cada paso que daba junto con la neblina que difuminaba la única fuente de luz proveniente de las farolas de la calle.

—De repente se me antoja fumar una pipa y resolver algunos misterios —exclamó en voz alta riéndose suavemente ante su propio chiste—. Oh vamos Lan, deja los comentarios sin sentido y concéntrate en ubicar la casa.

Aún con la poca luz del lugar, un escalofrío recorrió la espalda del peliazul cuando localizó el sitio. La casa frente a sus ojos tenía una presencia imponente con sus muros de roca y estilo antiguo. En el momento en que dio el primer paso en la propiedad, sintió el campo mágico de la morada abrirle el paso, a la vez que las luces de la puerta principal se encendían y esta se entreabría.

Mirando una última vez su celular, le escribió a Sakura rápidamente para informarle que ya se encontraba en el lugar. Respiró hondo y tomando entre sus manos el dije de la espada, procedió a ingresar.

El recibidor tenía una decoración que evocaba las películas antiguas: animales disecados decorando las paredes, espesas alfombras de tonos rojos y muebles principalmente construidos de madera de roble rodeaban al peliazul, que seguía esperando que alguien hiciera su aparición.

—¿Hay alguien por aquí? —preguntó sin mucho éxito.

Tratando controlar el mal presentimiento y sus nervios, optó por llamar a Shaoran cuando el crujir nuevamente de la puerta lo hizo cortar la llamada.

Lo primero que vió fue el cabello rojizo de Xiwang, seguido de los ojos celestes de la chica que reflejaban preocupación. Al encontrarse con la mirada de Lan, la hechicera reflejó en su rostro una fugaz mueca de angustia que fue enmascarada rápidamente por sorpresa.

—¡Xiwang! ¿Qué haces aquí?

—Yo, pues… —sin mirarlo a los ojos prosiguió—. La agencia me envió como último trabajo del día acá. Dijeron que me adelantara mientras ellos empacaban el equipo de fotografía, pero tengo la leve sospecha de que no era verdad.

Mientras Lan le informaba a la chica los últimos acontecimientos, su rostro empezaba a reflejar más preocupación, lo cual no pasó por alto el joven.

—Xiwang, ¿Estás bien?

Dejando que el silencio reinara unos momentos, Xiwang sentía como las palabras se atoraban en su garganta, tratando de salir a la vez.

—Lan, yo… hay algo que debo decirte. Yo… —pero fueron interrumpidos al escuchar el crujido de una puerta moverse. Las luces de la casa se oscurecieron, dejando solo la entrada al sótano iluminada por una tenue luz.

Mirándose y asintiendo levemente, descendieron las escaleras las cuales los llevaron a los que parecían ser túneles. Paredes y suelos de roca era lo que los rodeaba en conjunto con la iluminación proveniente de las lámparas ubicadas a lo largo del camino. Con cada paso que daban, el suelo de piedra hacía eco en todo lugar causando que Lan sintiera como el sudor frío empezaba a aparecer en su frente y manos.

—¿Crees que nos falta mucho para llegar?— se animó a preguntar rompiendo el silencio.

Xiwang cerró los puños levemente mientras pensaba su respuesta—. Creo que no falta mucho, giremos a la derecha y seguro que en unos minutos llegaremos a donde sea que este camino lleva—. Al ver que Lan asentía y la seguía, la hechicera lo tomó de la mano repentinamente.

—Lan...yo este…—Mas las palabras que trataba de decir se negaban a salir de su garganta una vez más.

El joven la miró atentamente sin poder obviar como la cálida mano de la chica envolvía la suya.

—Dime…

Intentando luchar contra la presión que sentía en su pecho, Xiwang trató una vez más. —Lan… yo…— un suave suspiro salió de los labios, lo soltó al momento y negó con su cabeza—. No es nada… solo… no bajes la guardia….

Caminaron un poco más hasta ver como el túnel empezaba a ampliarse para dar paso a unas puertas de madera y hierro. La insignia del concilio de occidente adornaba la entrada, sin mirar a Lan, Xiwang procedió a empujar la puerta dejándolos a ambos en un silencio sepulcral.

—Tal parece que no era una trampa después de todo —exclamó Lan sin notar como Xiwang cerraba sus ojos evitando mirarlo.

Una sala circular decorada con todos los retratos de aquellos doce miembros de la comunidad mágica que habían desaparecido se encontraba frente a ellos. Por las conversaciones que habían tenido con la familia de Bernardini, Lan pudo reconocer a varios hechiceros pero sus ojos rápidamente se posaran en el retrato de Nicolás y lo que frente a esa pintura y las demás se encontraba.

Una pequeña urna que despedía los remanentes de la magia de cada mago.

—Xiwang… esto… ellos…

—Fueron incinerados… como en la cacería de hace cientos de años… —murmuró mientras recorría con la vista el lugar y detenía su mirada en la pequeña mesa de piedra que se encontraba en el centro.

Lan que seguía tratando de procesar lo que estaba viendo; lo que aquello significaba miró fijamente a la hechicera—. ¡¿Por qué alguien haría esto?!

Aquello que estaba presenciando fue lo mismo que vivieron los Schmidt y lo que causó el destino lleno de dolor de Adalius y Aria. La misma angustia que vivían la señora y el señor Bernardini por su hijo desaparecido y el dolor que once familias más estaban experimentando. Tratando de encontrar una respuesta a tales actos de crueldad, Lan no había notado como Xiwang se acercaba a la mesita del centro del lugar y tomaba lo que parecía ser un retrato en miniatura y una nota.

—Lan…¿Nunca has deseado no haber conocido a Shaoran y a Sakura? ¿Nunca has pensado que vivir sin magia hubiera sido mejor? —La voz de la pelirroja se quebraba mientras mantenía su vista pegada en el trozo de papel.

—¿De qué hablas? Ellos son mis mejores amigos… los eventos con Adalius fueron algo fuera de nuestro control y arrepentirse no haría más que daño…

—Yo si lo he pensado… —murmuró Xiwang ignorando la respuesta de Lan—, vivir como alguien normal causaría menos dolor que la vida que llevo en este momento… que los actos que debo cometer por mi clan.

—No entiendo de qué hablas —Lan podía notar como la chica evitaba su mirada a toda costa —. Sabes que nosotros te apoyaremos, Xiwang…

Una mueca de resignación apareció en el rostro de la joven quien extendió su mano y dejó que Lan viera lo que sostenía mientras retrocedía un par de pasos. El joven miraba atónito como entre sus manos Xiwang tenía una foto suya, sin entender qué pasaba aún leyó la nota y sintió cómo su sangre se helaba al momento.

"La magia debe ser erradicada"

Al alzar la mirada, Lan observó a Xiwang invocando su círculo mágico y sacando la lanza de su anillo.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Lan con un hilo de voz.

Aún con la mirada fija en el suelo, la chica colocó su arma en posición de batalla—. Si la magia no existiera… no te habría conocido y esto no estaría pasando… Exardesco. —La habitación fue rodeada de llamas impidiendo que el joven considerara escapar como una opción.

Rechazando lo que sus ojos veían, Lan trataba de que la chica le dijera exactamente que pasaba.

Estaba tratando de ganar tiempo.

Estaba tratando de que su corazón entendiera lo que la realidad le mostraba claro como el agua.

—Xiwang... —suplicó—¿Qué estás haciendo?

—Acaso no es obvio, mi deber es matarte Qiang… —Acto seguido Lan logró evitar el primer ataque de Xiwang por solo unos milímetros. La chica chasqueó la lengua molesta y procedió a lanzar un ataque de bolas de fuego que fueron rechazadas por el escudo que Lan invocó al momento.

—¡Me niego a pelear contra ti! Todo esto...¡¿Me estás diciendo que es obra de tu clan?!

—Maldita sea… ¡Entiende de una vez! ¡Esto… la magia… nosotros… solamente somos peones en este juego. —La mirada de la joven se endureció al momento mientras preparaba otro ataque.

—¡Te das cuenta que nos estás traicionando! Xiwang, estos no son tus ideales

—¡¿Cómo sabes que no lo son?! —gritó—. ¡Inferno!

Praesidium—. El escudo apareció justo en el momento para lograr bloquear el ataque. Al ver que Xiwang aumentaba la intensidad del mismo, Lan invocó su espada y se preparó para contraatacar y con un poco de suerte hacerla entrar en razón.

En el momento que el ataque de fuego acabó, la pelirroja se lanzó a atacar a Lan con su arma. El sonido del metal al chocar indicó que el joven había logrado bloquear el ataque pero Xiwang seguía lanzando golpes sin parar haciéndolo retroceder lentamente.

—Sé que esto no es lo que piensas, sé que tú no harías esto y sé que no serías capaz de acabar con tus amigos…

El aura de la chica era un completo desastre. Dolor, miedo y arrepentimiento se reflejaban en el aura y rostro de la joven quien se detuvo un momento ante las palabras del chico. Su rostro pasó de expresar dolor a reflejar de nuevo una frialdad absoluta.

—Xiaolang y la dueña de las cartas… Podríamos decir que ese mensaje que recibieron cumplió su misión. No creas que esto fue recién planeado Lan, no seas ingenuo.

Un escalofrío recorrió la espalda del hechicero al recordar la llamada que recibieron el día anterior. La llamada que les demandaba dividirse o elegir un solo camino por más imposible que fuera.

—No… ellos, ¿Sabes dónde están? —preguntó empezando a ser presa del pánico.

—La magia… debe ser erradicada —Fue lo único que respondió Xiwang sin mirarlo a los ojos.

Aquellas palabras habían bastado para que Lan sintiera como la ira empezaba a tomar control de sus emociones y magia—. Tenebris —siseó.

Un amor que sentía tintes de odio era lo que lo controlaba en ese momento. Los ojos de Lan brillaban ya no de dolor y confusión sino de ira y rencor. Y la mirada que le dedicó a Xiwang la hizo estremecerse.

Recuperarse del cambio de actitud de Lan, le había tomado unos segundos a Xiwang quien reaccionó tarde ante el ataque haciéndola sentir el ardor en su piel al contacto con las sombras que la empezaban a rodear.

—Veo que al fin entiendes la gravedad del asunto, Lan. —Su voz trataba de ser firme pero el ataque del peliazul empezaba a sofocarla. Las emociones reflejadas en esa magia estaban abrumado los sentidos de la chica y podía sentir el ardor en sus tobillos al contacto con las sombras. —Sacrorum… dos podemos jugar el mismo juego, heredero de la magia de la forja… —exclamó mientras su lanza empezaba a absorber el hechizo de Lan.

Lan por su parte permanecía quieto mirando a la chica, al ver que su ataque había sido absorbido por aquella lanza, empezó a caminar lentamente hacia ella.

—¿Crees que no puedo controlar tu ataque de sombras? —dijo Xiwang.

—Estoy seguro que sí podrías, pero prefiero que no lo hagas. Impediendum. —Logrando lanzar el hechizo antes de que ella lo atacara, terminó de acortar la distancia que había y tomó a la chica por las muñecas obligándola a que lo mirara fijamente.

—Mirame a los ojos y dime qué haces esto porque es lo que deseas, ¡Mirame! —le exigió.

Ante el agarre de Lan, Xiwang sentía como todo su cuerpo dejaba de responder igual que la vez en que él interrumpió su duelo con Sakura. Sus ojos luchaban por no ver aquellos orbes negros con pequeñas manchas doradas que la veían sin parpadear.

—Dame una razón para no matarte aquí mismo y salir a tratar de salvar a mis amigos…

—No la tengo… ¡haz lo que tengas que hacer, Lan!

La presión que Lan ejercía en las muñecas de la chica la hizo emitir un leve reclamo de dolor, el peli azul se mantenía impasible ante sus reacciones por lo que preguntó de nuevo esta vez invocando de nuevo su ataque de sombras que cubrió rápidamente a ambos...

—Dime la razón… Shaoran es tu amigo… lo conoces de toda la vida…¡¿Cómo puedes hacer esto?!

—Porque soñé con un mundo sin magia... Y era feliz. —Para ese momento espesas y amargas lágrimas caían por las mejillas de Xiwang producto del dolor causado por el ataque de sombras pero principalmente por haber dicho en voz alta una vez más aquellos sentimientos.

Lan se separó de Xiwang y disipó todo hechizo. La chica ahora lloraba incapaz de mirarlo.

—Porque era feliz en ese sueño y porque solo eso era, un sueño… Yo soy un títere sin opciones eso es lo que soy. —El hechizo de sombras ahora salía de la lanza de la chica mezclado con llamas que le rodeaban formando una especie de dragón. El hechicero veía la escena ante sí mientras que miraba los retratos de aquellos caídos y luego a la chica.

—Xiwang, siempre hay opciones… no eres un títere de tu familia, no dejes que sean las expectativas de otros quienes te controlen —respondió Lan sin moverse pero sintiendo como su corazón ardía de impotencia de ver la situación sin salida en la que se encontraban.

Xiwang cerró sus ojos con más fuerza para evitar ver al joven frente a él.

Había sido un error, acercarse, desear algo que nunca podría ser suyo y algo que nunca sería.

La realidad dolía más ahora que había visto como una vida con color podía ser.

Ya había traicionado a su corazón, su camino estaba trazado.

—Esto… nunca hubiera podido funcionar, Lan. Las personas buenas como tú solo acaban siendo la presa de personas como yo —dijo mientras volvía a abrir sus ojos y se enfrentaba a la mirada del hechicero.

¿Por qué ella era incapaz de verse de la misma forma que él la veía?

¿Por qué a pesar de la inminente traición su corazón pedía tenderle la mano una vez más?

Sacarla de esas sombras, de ese camino autoimpuesto por sus demonios.

Las lágrimas que Lan evitaba que salieran estaban cargadas de un torbellino de emociones. Amor, odio, dolor, tristeza, desesperación.

—Xiwang…

—Solo uno saldrá con vida de aquí, Lan.

—¿Vas a vender tu alma por un ideal ajeno?

Una sonrisa de resignación por parte de la chica hizo que Lan sintiera un vuelco en su corazón. Las lágrimas que se asomaban en los ojos de ella, le recordaron aquella tarde lluviosa frente al puente.

Tenía la misma mirada y si seguía adelante, la perdería irremediablemente.

—Odiarme sería más fácil, debiste hacerlo en lugar de querer ser mi amigo.

—Quizás, pero incluso llegué a pensar que eras la persona indicada.

Le tomó un momento recomponerse al oír las palabras del joven, negando con la cabeza, Lan vió como emergía la figura de un dragón que se lanzaba a un ataque directo con Lan.

—Yo mismo permití que tus acciones me dolieran tanto. Xiwang, quizás tú no puedas elegir… pero yo si. No te dejaré caer. —La hechicera vio con horror como Lan recibía con los brazos abiertos el impacto.

—¡Lan! —Al ver la reacción del chico, la pelirroja dejó escapar un grito ahogado al ver como el joven era lanzado al suelo culpa del ataque—. ¿Qué demonios te pasa? Debes... luchar… debes defenderte…¿Por qué haces esto…? —murmuró dejando que su voz se quebrara y corriendo hacia él.

—No eres un títere Xiwang, tienes opciones pero si no las quieres ver, yo las tomaré por ti...— dijo, tratando de reincorporarse.

—Pero… Xiaolang… él…

—Él estará bien… su persona más amada está con él y tiene el conjuro invencible a su lado… —Una mueca de dolor hizo que la chica acortará la distancia y lo tomara entre sus brazos.

Sin quitarle la mirada a Xiwang, Lan acariciaba la mejilla de la chica, a pesar del dolor que sentía, intentaba regalarle una sonrisa a la joven, cuyos ojos sollozantes se encontraban llenos de duda.

—Eres hermosa —sonrió un poco Lan— tu cabello flameado es hermoso… creo que nunca te lo había dicho —dijo con dificultad mientras retiraba su mano de la mejilla de la chica y la dejaba caer pesadamente sobre el suelo, donde yacía el resto de su cuerpo.

—Eres un idiota. Dejaste que tu propia magia te atacara...-—gruño con rencor y sufrimiento la de ojos celestes. Xiwang cerró sus ojos y dejó escapar sus lágrimas libremente, mientras recordaba la misión que se le había encomendado y como Lan había decidido por ella.

Evitando que cruzara esa línea.

Evitando que lo que ya estaba roto se rompiera más.

Evitando que saltará al abismo una vez más.

El frío roce de una mano la hizo abrir sus ojos, solo para ver como Lan limpiaba sus lágrimas con dificultad y se forzaba a regalarle una sonrisa

—Al menos sé... que no te soy indiferente... —El chico sonrió mientras finalmente cerró sus ojos ante el cansancio y sus heridas.

—No… no… Lan… esto no debía acabar así… no puedes seguirme en este camino… debías. —Pero el chico la silenció con un leve gesto.

—Yo… te seguiré a cualquier infierno, Xiwang.

—No quiero que me sigas a este…

—Creo que ya es muy tarde para dar vuelta atrás… anda hazlo… de otra forma no podrás seguir adelante.

—Perdoname… —Incapaz de contener las lágrimas, la pelirroja volvió a invocar su lanza. Su mirada estaba llena de dolor pero su cuerpo se movía ya sin duda alguna.

Un momento de silencio y el aroma a metal empezó a inundar la habitación.

... ... ... ... ... ...

NA

Este cap es muy duro para estas coautoras. Llorando con el corazón en la mano... No puedo decir mas...

Gracias por sus comentarios!