Resolución Inmortal
Cero días desde la Última Muerte (Siete Muertes)
"… ¡ÁMAME SUBARU!" La oscuridad por fin cedió, dejando en su cuerpo y mente solo una vociferación desesperada y la incomodidad de los celos infinitos de las sombras. Incapaz de mantenerse en pie, la gravedad lo venció, postrándolo de rodillas.
Un fuerte espasmo ocurrió en la base de su garganta; se trataban de las arcadas ocasionadas por el vértigo que lo estaba asediando. Inmediatamente llevó una mano a su boca, para así frenar el avance del contenido que quería abandonar su estómago. Aun así, la tonta resistencia fue inútil, pues el vómito se filtró entre sus dedos, empapando su mano y gran parte de su rostro. Gruñendo, Subaru quitó la mano de su boca y dejó fluir el líquido fétido…
Su debilidad era eterna, de eso no había duda. Por más que muriera y regresara, aún no se acostumbraba a la terrible repercusión que sufría cada vez que lo hacía. Aunque si mal no recordaba, esos horrendos regresos a la vida no ocurrieron durante el ciclo de muertes ocurrido en Lugunica. Ahora se sentía como si algo no deseara liberarlo cada vez que moría, como si algo añorara su presencia en el desconocido y sombrío más allá.
Maldiciendo lo que fuera que le estaba causando esos terribles regresos, Subaru se puso en pie de nuevo. Era estúpido que aún se aferrara inconscientemente a su orgullo infundado, pero Subaru no quería seguir viéndose tan patético como lo estaba haciendo. Sentía que parte de superar sus debilidades, implicaba levantar su cabeza y no perder la determinación cada vez que se viera afectado por alguna de éstas.
Tal vez pertenezco al suelo, cubierto de mi propio vómito, pensó él. Pero no quiero simplemente aceptarlo, me comprometí con hacer algo respecto a mis debilidades, y no voy a parar ahora por un simple mareo. Inyectando determinación en su espíritu, Subaru sacudió su mano cubierta de vómito y limpió su cara.
"Debo llamar a Mimi de inmediato, cuanto antes mejor." La imagen de la niña sufriendo por su muerte seguía plasmada en su mente.
De corazón deseaba no tener la patética necesidad de contactar con ella. Pero sin su ayuda, sobrevivir solo sería más difícil de lo que ya lo era. Si él moría, ella volvería a mostrar esa expresión de aflicción; así que la necesitaba a para poder evitarle a ella ese sufrimiento. Esa era la ironía causada por su eterna debilidad.
Subaru tomó el metia que se encontraba en su bolsillo y se preparó para llamar a la niña. Para contactar con Mimi, bastaría con abrir el Espejo Convergente y enfocarse en el dueño del metia con el que se desea contactar; si la persona se encuentra dentro del rango, entonces la conexión sería exitosa. Sin embargo, el metia yacía en la palma de su mano, aún cerrado.
Todavía aturdido por el regreso por muerte, Subaru había olvidado un factor crítico. Si él había sobrevivido tanto tiempo tras el ataque de la entidad, se debía a la asistencia de un demi-humano desconocido que inesperadamente lo había ayudado. De no haber sido por ese hombre lobo andrajoso, Subaru jamás habría sobrevivido más de cinco segundos ante el ente hostil.
Pero algo había cambiado, el orden de los eventos había sido alterado, y el demi-humano con forma de lobo negro no lo había ayudado a levantarse. Y dado que no lo había ayudado a levantarse, eso implicaba que Subaru no podría advertirle sobre la aparición de la entidad. Él estaba convencido de que su advertencia había provocado que el demi-humano lo siguiera y, consecuentemente, lo salvara. Pero ahora no podría advertirle…
Tenía que buscarlo y encontrarlo en menos de diez minutos, o de lo contrario no estaba seguro de que Mimi pudiera lidiar sola con la atacante. Subaru había visto a Mimi pelear, y sabía que era considerablemente poderosa, sin embargo, la sola aura hostil de la figura femenina le hacía sentir que la diferencia de poder entre ambas era gigantesca. Por ello encontrar al demi-humano, que había luchado contra el ente con igualdad de condiciones, era vital.
Pero antes debo llamar a Mimi… Sin dudarlo por un segundo más, Subaru abrió el metia y esperó a que la niña contestara. Llamarla lo antes posible también era un acción crítica, considerando que Mimi había llegado demasiado tarde el bucle anterior. Con suerte, esos minutos que se ahorraría en contactar con ella, bastarían para evitar ver de nuevo su rostro empapado por las lágrimas de desconsuelo causadas por su muerte.
"Aló, ¿Onii-san…?" De la misma forma que antes, la niña lo saludó confundida por su llamada. Sintiendo un nudo en su garganta, Subaru observó la sonrisa enérgica y los ojos brillantes de la niña; esa era la sonrisa que debía proteger. Tras explicarle brevemente lo que estaba por ocurrir, Subaru acordó con Mimi que se reunirían en algún punto del área metropolitana; donde notara revuelo o señales de combate.
No tenía tiempo como para encontrar al demi-humano y escapar al edificio principal de la compañía, por lo que se vio en la necesidad de priorizar lo primero. Tras lo ocurrido en el bucle anterior, estaba convencido de que escapar no era una opción. Por alguna razón, el ente había dado con él durante los dos bucles anteriores, así que era probable que lo mismo volviera a ocurrir. Una vez más, escapar no era una opción. ¿Acaso se trata de una especie de lección, maldito destino? Pensó, maldiciendo a la providencia que parecía empeñada en hacerlo sufrir.
Con respiración entrecortada, Subaru entró a la avenida principal del área metropolitana y comenzó a buscar al demi-humano. Durante su anterior encuentro con él, el demi-humano parecía dirigirse hacia la avenida, por lo que buscar allí era su mejor opción. Aun así, Subaru no recordaba haberlo visto pasar junto a él en ningún momento. Aunque era posible que sí lo hubiera hecho, pero que Subaru no se percatara. En ese caso, probablemente estuvo dispuesto a ayudarlo a levantarse, pero se abstuvo de hacerlo debido a que Subaru se levantó por sí mismo; o al menos esa era su hipótesis.
"Tengo que encontrarlo cuanto antes, o todo se irá al demonio…" Desesperado, Subaru navegó entre el mar de personas en búsqueda de su última esperanza. Mimi había acordado hablar con Tivey, así que existía la posibilidad de que entre los dos trillizos lograran vencer al ente; o al menos ese habría sido el caso, de no ser por la falta de tiempo.
La distancia entre la fábrica y la ubicación donde la figura femenina aparecería, no era demasiado larga, aun así, implicaría un viaje de aproximadamente media hora. Como mínimo, quince minutos si Tivey se apresuraba en llegar allí. Lastimosamente, no había demasiadas formas de retrasar el juicio del ente malicioso, más allá del uso de la fuerza. Quince minutos resultaban demasiado tiempo en esa situación.
Maldiciendo de nuevo su suerte, Subaru siguió buscando insistentemente. Había optado por recorrer la zona donde se encontraban los puestos de comida. Esto debido a que, por la hora, su mejor apuesta era que el demi-humano tenía como objetivo almorzar en la avenida. Era una apuesta muy arriesgada, pero a falta de información sobre el lobo humanoide andrajoso, no había nada mejor que pudiera hacer.
Escaneó con la mirada un puesto de ramen, pero lo único que notó fue al cocinero discutiendo con un cliente. Exasperado, Subaru avanzó al siguiente puesto, no sin antes dar un vistazo a la gente que formaba parte del flujo de transeúntes. Si mal no recordaba, el demi-humano con forma de lobo estaba vistiendo un kimono negro, así que lo único que tenía que hacer era encontrar un parche negro entra la multitud. Su mirada vagó por el tumulto de personas, pero nuevamente resultó infructífero.
El siguiente puesto que observó se trataba de uno en el que vendían dulces, entre los cuales notó dangos y mochis; dulces de su país natal. Además de los nostálgicos postres de su patria, notó la ausencia de la figura de negro que se encontraba buscando. Escupiendo una amalgama de insultos mal pronunciados, debido a la falta de aliento, Subaru siguió adelante. Ahora era momento de escanear a la multitud de gente que caminaba a lo largo de la avenida.
Pudo ver decenas de personas, entre las cuales había humanos y demi-humanos, con proliferación de los últimos. Todos vestían yukata o kimono de distintos colores, pero ninguno era del color que estaba buscando. Apretando con fuerza sus puños, Subaru estuvo a punto de seguir con el siguiente puesto de comida, cuando notó algo que llamó su atención.
Era una mancha negra en medio del mar de colores. Con su esperanza elevándose levemente, Subaru se acercó apresuradamente al punto de oscuridad en medio del arcoíris. Pero cuando estuvo a solo metros de la figura oscura, su piel se crispó y sintió escalofrío recorrer toda su espalda. Lo que había visto, en efecto, era un kimono negro; pero no un kimono masculino. La dueña de la prenda era una mujer de pelo blanco como la leche, piel como la porcelana y ojos filosos que atravesaban su alma.
"Muere…" Dijo la mujer, con un tono de voz que Subaru apenas alcanzó a escuchar. Entonces, la represa de sangre y carne fue abierta.
Cabezas, brazos, cueros cabelludos, piernas, orejas, ojos, dientes, pedazos de piel, dedos, tela, intestinos, riñones, huesos, fragmentos de materia gris, pelo, pulmones, estómagos… Toda una plétora de partes humanas y sus rasgadas vestiduras se elevó en el aire, impregnando el área con el olor a sangre característico. Subaru, que había reaccionado justo a tiempo, evitó el ataque por muy, muy poco. ¿Su salvación? La decena de transeúntes que habían servido como escudo humano.
Asqueado, Subaru se levantó del suelo, con parte de un intestino sobre su hombro y jalea de cerebro sobre su pelo. Cubierto por sangre y demás pedazos de aquellos que sirvieron para salvar su vida, Subaru observó a la figura femenina, que seguía observándolo con el mismo odio intenso que siempre.
A ese ente no le importaban ni un poco todas las víctimas del daño colateral causado por su ataque, su atención solo se encontraba enfocada en Subaru. Él, apretando con fuerza sus molares, regresó la mirada de odio; el venenoso odio que la figura sentía, ahora era algo mutuo. Sin pensarlo dos veces, Subaru saltó hacia el puesto de dulces para cubrirse. Iba a dificultarle su muerte al ente lo más posible. Iba a resistirse todo lo que su débil cuerpo pudiera.
"Muere…" La palabra fue repetida y, asimismo, el baño de vísceras y sangre se repitió. Los transeúntes supervivientes que habían permanecido estáticos por el shock, acababan de ser completamente erradicados.
La ira dentro él iba en aumento. Flashes del momento en que asesinó a Meili comenzaron a surgir en su mente. Sus dedos se tensaron y su respiración se volvió aún más entrecortada. Recordó su primera muerte a manos de Elsa, recordó su promesa fallida hacia Emilia, recordó la tortura, recordó las suplicas de Anastasia durante su lecho de muerte, recordó el pedazo de vestido que fue todo lo que quedó de Elsa, la Cazadora de Entrañas. Recordó claramente como él robó la vida de Meili con sus propias manos…
Esos recuerdos, bajo circunstancias normales, lo habrían llevado a un ataque de pánico inducido por el trauma. Pero en ese momento, en ese instante, como si de veneno o alguna especie de droga estimulante se tratara, una extraña sensación de placer, odio e ira recorrió sus venas. Deseaba hacer eso mismo con ese ente que solo pensaba en asesinarlo. Deseaba tomar su cuello y, con sus propias manos, oprimir hasta exprimir la vida de su cuerpo.
Una parte de él inmediatamente se sintió asqueada por esas emociones e ideas. Sin embargo, otra parte distinta de él, un fragmento de su mente, las abrazó y se dispuso a mantenerse con vida, solo con el objetivo de tener la oportunidad de vengarse. Una vez más, ese fragmento de sí mismo había vuelto a mostrar señales de existencia, y no parecía dispuesto a ceder el control de su cuerpo. Sin desearlo, un obsesivo y enfermizo deseo de venganza lo inundó por completo.
Sintiendo la parte racional de sí mismo entumecerse, Subaru quedó solo con el inalterado instinto de supervivencia y el morboso deseo de venganza. Movido por ello, Subaru volvió a levantarse, ignorando los fluidos corporales, de aquellos que le habían servido como escudo de carne, que lo estaban cubriendo completamente. Como si de un robot se tratara, saltó tras otro de los puestos de comida, solo milisegundos antes de que aquel con el que se había estado cubriendo fuera disminuido a simples escombros.
Llovieron madera, carne, vísceras, sangre y dulces, haciendo que el aire tuviera un olor a cobre dulzón. Aguantando las ganas de vomitar, Subaru saltó al siguiente puesto sin tan siquiera dudarlo. Estaba usando los puestos como cubierta, estaba usando a los supervivientes como escudo. Sus propias acciones lo estaban disgustando, al punto en que el autodesprecio que sentía estaba alcanzando límites insospechados. Aun así, con su razón relegada a un segundo plano, su instinto de supervivencia le siguió ordenando que usara todo a su favor para alargar su vida aunque fuera un solo segundo.
"¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere!"
Iracunda, la figura femenina lanzó un ataque tras otro, convirtiendo todo lo que se encontraba frente a ella en una caótica amalgama de materia orgánica e inorgánica. El ente carecía de toda razón, su único objetivo era asesinar a Subaru a toda costa, desinteresada de cuantas vidas pudieran perecer en el proceso. Con su mirada cegada por la hostilidad y el odio, el ente de muerte siguió lanzando ataques, cubriendo la avenida, y a ella misma, de los restos de lo que hace solo unos segundos habían sido puestos de comida y decenas de transeúntes inocentes.
Subaru la odiaba por solo pensar en matar, ignorando todo lo demás. Subaru se odiaba a sí mismo por solo pensar en sobrevivir, ignorando todo lo demás; incluyendo su propia vida. Una vez más, la muerte los unía. ¿Quién era ese ente…? Gritando, Subaru cayó tras otro de los puestos que aún se mantenía en pie. Horrorizado, el dueño del puesto lo miró con pánico apoderándose de él.
"¡N-No! ¡Aléjate de mí!" Chillando, el dueño señaló a Subaru con su dedo índice.
Para ese punto, era esperable que los pocos supervivientes restantes hubieran notado el patrón. Subaru era quien atraía los ataques, así que su presencia implicaba que serían las siguientes víctimas. El dueño del puesto parecía dispuesto a reprender a Subaru por haberse atrevido a acercarse a su puesto, pero finalmente decidió en contra de ello. Sabiendo lo que se aproximaba, el hombre abandonó su puesto de comida y se alejó tanto de éste como de Subaru. Subaru no podía culparlo por su reacción…
Comprendiendo que el tiempo cada vez era menor, Subaru se dispuso a levantarse para así avanzar al siguiente puesto. Sin embargo, no había comenzado a ponerse en pie, cuando su cuerpo fue vencido por la gravedad y regresó al suelo. Sintiendo una corriente de dolor surgir de la base de su tobillo, Subaru miró allí directamente, totalmente alarmado. Paralizado, observó como su pie había desaparecido del tobillo para abajo, dejando atrás un muñón sanguinolento, desde el cual era posible ver hueso sobresaliendo.
Ahogando un grito, Subaru tomó su pie y lo oprimió con fuerza, esforzándose por evitar que más sangre abandonara su cuerpo. No quiero volver a morir, no quiero morir… Egoístamente, ese pensamiento comenzó a tomar control de su mente. Subaru sabía que tras todo lo ocurrido, morir era la única forma de revertir la catástrofe. Y aun así, su débil corazón no deseaba aceptarlo.
Con su instinto de supervivencia sacudiendo su corazón, Subaru soltó su pie y comenzó a arrastrarse por el suelo. Él sabía que la resistencia era inútil, sabía que ahora que había perdido un pie, escapar le resultaba imposible; también sabía que la muerte era el camino. Y aun así, ese fragmento de su mente se negaba a morir. Inyectando más instinto de supervivencia en sus venas, el fragmento lo obligó a seguir luchando.
"¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere!" Pero la terrible entidad no estaría satisfecha con otra muerte más que la suya. Lanzando otro ciclón de muerte, el puesto que estaba usando como cobertura fue reducido a nada; dejándolo completamente expuesto.
Ambos pares de ojos afilados se encontraron. El miedo volvió a apoderarse de Subaru, que fue envuelto por el aura de desesperación del malévolo ente femenino. Su cuerpo se paralizó completamente, al punto en que incluso sus pulmones dejaron de funcionar. Subaru lo sabía, reconocía la sensación: era su muerte, que se aproximaba raudamente.
"¡N-Ni mier-da!" Pero su razón seguía entumecida. En ese instante, el gobernante de su voluntad no era él mismo, por decirlo de alguna manera… El fragmento inyectó aún más odio, ira y deseo de venganza. La adrenalina se apoderó de él y, rompiendo los límites de su cuerpo, Subaru se puso de rodillas y se lanzó hacia adelante impulsándose con éstas. "¡Aaaaaaarrrrggghhh!"
Con espuma formándose en las comisuras de su boca, Subaru vociferó como si de un animal salvaje se tratara. Al igual que antes de su última muerte, logró evitar que el ataque impactara en una zona vital de su cuerpo. Sin embargo, ahora ambas de sus piernas habían sido rebanadas de las rodillas hacia abajo; el resto ahora no era más que pulpa de sangre, carne y huesos. Una vez más, su resistencia había sido completamente inútil…
"¡Muere!" Gritando, el ente femenino indicó el final de su vida. Subaru aún sentía el deseo de seguir viviendo latir dentro de él, pero ya no había nada que pudiera hacer para salvarse.
"¡Onii-san! ¡Waaaaahhhhh!" Antes de que el ente asesino pudiera darle fin a su vida, Mimi apareció justo a tiempo para salvarlo. A diferencia de la ocasión anterior, en la que ella solo había llegado para verlo morir, Mimi había logrado interrumpir su muerte.
¿Cuánto terminaría debiéndole a los trillizos al final de su vida? Esa pregunta inevitablemente surgió en su cabeza. El ente no reaccionó ante el llamado de Mimi. Se limitó a levantar su mano y ejecutar su ataque de viento. No obstante, el grito de Mimi le impidió lanzarlo. Siendo golpeada por la onda de sonido del ataque de Mimi, la figura femenina desapareció de la vista de Subaru por completo.
Boquiabierto, Subaru observó inmovilizado el punto en el que anteriormente había estado el ente de muerte. La sangre, carne, vísceras y demás restos que cubrían la avenida, habían sido barridos por el grito de Mimi, dejando una línea de calle completamente expuesta. Con una sonrisa atormentada asentándose en su rostro, Subaru observó como la niña se acercaba a él, completamente sobresaltada.
"Enana…" Subaru recibió a la niña con un susurro ahogado. Con lágrimas acumulándose en las miradas de ambos, los dos permanecieron en completo silencio. Con un gesto de dolor apoderándose de su inocente rostro, Mimi observó las destruidas piernas de Subaru.
"Subaru Nii-san… ¡Mimi tiene que sacarte de aquí, Onii-san!" Mimi dijo eso, sin embargo, no había manera realista de que ella, con su minúsculo tamaño, pudiera sacarlo de allí.
Mimi no era una niña, al menos no en la más estricta definición de la palabra. Ella estaba por cumplir sus quince años, por lo que bien podría ser considerada una joven adulta, al menos para los estándares de ese mundo. Era una adolescente, pero su cuerpo, al igual que el de sus hermanos, no superaba el metro con cuarenta centímetros. Sacar a Subaru de allí, sobre todo considerando su estado actual, era una tarea básicamente imposible.
"Mimi… En mi condición actual…" Subaru no quería morir. Pero tampoco quería ser una carga, y en ese momento lo era.
Ahora que sabía que contactando a Mimi apenas regresara de la muerte, ella podría llegar junto a él a tiempo, ya tenía información que haría valer su muerte. Lo sabía, y aun así algo dentro de él se negaba a rendirse aún. Dentro de la mente de Subaru se estaba desatando una guerra de ideas, y él era más consciente que nadie de que ese no era el momento adecuado para ello.
"¡No lo digas, Subaru Nii-san! ¡No pienso dejarte atrás! ¡Mimi hará todo lo necesario para mantenerte con vida! ¡Mimi no dejará que Onii-san vuelva a arriesgar su vida en completa soledad! ¡Mimi no quiere que Subaru Nii-san vuelva a despreciar su vida convirtiéndose en un cebo o algo similar! ¡Me quedaré a tu lado, Onii-san! ¡Lo prometí!"
Falto de palabras, Subaru miró directamente hacia los ojos llorosos de Mimi. El espíritu de esa niña, al igual que el de sus hermanos, al igual que el de Julius, al igual que el de Ricardo, al igual que el de Anastasia, ardía en determinación. Ella y sus hermanos no habían tenido una vida fácil, fueron abandonados por sus padres, para posteriormente ser recogidos por Ricardo. Junto a él y Anastasia, los trillizos surgieron del estrato más bajo de Kararagi, para entonces obtener una vida que en verdad podían considerar digna de vivir. Y en ese momento, la niña estaba dispuesta a arriesgar esa vida por él.
"Mierda…" Con autodesprecio a flor de piel, Subaru voluntariamente decidió volver ignorar sus pensamientos racionales, cesando la guerra entre la sed de venganza y el deseó de morir. Dejaría que el fragmento alienado de su ser lo guiara. "Bien, ¿tienes algo en mente, Enana?"
"Hmm… Mimi cree que deberíamos-"
"¡Muere!" No obstante, antes de que Mimi pudiera decirle lo que tenía en mente, el ente regresó para atacarlos.
"¡Ul Dona!" Instintivamente, Subaru intentó cubrir a la niña con su cuerpo. Aun así, Mimi actuó más rápidamente que él y usó su magia de tierra para levantar una cúpula de tierra a su alrededor. El escudo de rocas y parte de la calle no resistió el ataque, pero bastó para evitar que fueran aniquilados.
Mimi, como de costumbre, estuvo a punto de lanzarse al combate. Sin embargo, se detuvo antes de hacerlo. Mirando a Subaru por sobre su hombro, Mimi decidió quedarse frente a él y asegurarse de cubrirlo. Subaru quería opinar en contra de esa decisión, pero la niña no parecía dispuesta a escuchar objeción alguna. Él deseaba poder hacer algo, ayudarla en lo más mínimo, pero en su estado no era capaz de hacer nada más que ser un estorbo.
Comenzando a sentirse mareado por la pérdida de sangre, Subaru observó el combate postrado en el suelo. Quería hacer un torniquete para al menos impedir que su muerte lo alcanzara tan rápidamente, pero tras intentar cubrir a Mimi del ataque del ente, toda la energía de su cuerpo pareció haberlo abandonado. El cansancio ocasionado por la persecución inicial y la pérdida de sangre finalmente lo había golpeado.
Con sus ojos entrecerrados, observó como Mimi utilizaba su magia de tierra para cubrirlos y sus gritos para atacar. La figura femenina era absurdamente ágil, y aun así había recibido daño de uno de los gritos de Mimi. Con sangre surgiendo de su cabeza, el ente esquivó atentamente cada uno de los ataques de Mimi. Tras recibir desprevenidamente el primer grito, el ente parecía estar al tanto de que recibir otro podría poner en peligro su objetivo de asesinar a Subaru.
Mimi volvió a utilizar su magia para cubrirlos, para entonces contraatacar con un grito, cuando el domo de tierra fue destruido. El grito rozó al ente, que logró esquivarlo, y chocó con otro de los puestos de comida; una venta de licor. El puesto entero, junto a todo su contenido, estalló y se regó por parte de la avenida, a varios metros del ente. Subaru, aún en su estado de aturdimiento, logró notar la extraña reacción del ente.
Por un instante, el ente hostil quedó completamente paralizado. Mimi, por su puesto, aprovechó para lanzar otro ataque. La onda de sonido rozó una de las piernas del ente, que casi fue demasiado lento para reaccionar, dejando una herida de la cual comenzó a brotar sangre. La figura femenina, rabiando, aumentó la intensidad de sus ráfagas mortales; aparentemente, su aura de odio se había intensificado considerablemente.
El ente hostil esquivaba y atacaba lanzando ráfagas filosas, mientras que Mimi se encontraba limitada por la necesidad de proteger a Subaru. Tal vez, de no ser por su débil existencia, la pequeña demi-humana incluso podría haber dado un combate más parejo. Pero era inútil suponer. El ente era indudablemente más poderoso, y Mimi tenía la desventaja de tener que priorizar defensa sobre ataque. Ese combate era la crónica de una muerte anunciada…
"¡Muere! ¡Muere! ¡Muere!" Y fue entonces cuando sucedió. Mimi intentó crear otra cúpula de tierra para cubrirlos, pero el cansancio le impidió hacerlo a la velocidad necesaria.
Con sus ojos moribundos, Subaru observó impotentemente como el cuerpo de Mimi recibía de lleno el ataque de viento. Su pequeño cuerpo, incapaz de soportar el ciclón de energía mágica, sucumbió. Partes de su pelo, ojos, dientes, piel, órganos, sangre y vestiduras bañaron a Subaru. Su cuerpo ya estaba cubierto por esto mismo, la diferencia es que hasta ese momento, esa carnicería había pertenecido a desconocidos. Cubierto por los restos de Mimi, Subaru deseó poder gritar, maldecir, insultar, destruir todo a su alrededor, pero sobre todo, asesinar a la culpable.
Subaru observó a la figura acercársele, con su mirada oscurecida. El odio lo había mantenido parcialmente vivo, pero ahora que la figura se encontraba preparando su último ataque, su orgullo injustificado decidió no darle el placer al maldito ser. Dejando de aferrarse a su vida, Subaru murió desangrado, instantes antes de lograr percatarse de que otra figura de negro había aparecido para encarar al ente que se disponía a darle el golpe final.
Cero días desde la Última Muerte (Ocho Muertes)
Rechazando a las sombras que se negaban a dejarlo ir, Subaru regresó al punto de guardado ubicado en el callejón. Como de costumbre, una fuerte jaqueca sacudió su cabeza, mientras las náuseas y los temblores se hacían presentes. Sin embargo, el odio y la sed de venganza, que había acumulado antes de su muerte, seguían intactos.
Forzándose a tragar el vómito que amenazaba por salir, Subaru se negó a caer de rodillas y levantó la mirada. En ese momento, no tenía tiempo para pensar, y menos aún tenía tiempo para sufrir. Tenía que… No… Necesitaba encontrar al demi-humano con apariencia de lobo negro. No permitiría que Mimi llorara sobre su patético cadáver, y no aceptaría volver a presenciar su muerte sin ser capaz de mover un solo dedo. Y para lograrlo, necesitaría encontrar al susodicho demi-humano.
Desesperado, Subaru lo buscó en ese mismo callejón en el que había regresado. El demi-humano lo había ayudado poco después de haber regresado tras la primer muerte que sufrió a manos del ente, así que en ese momento no debería encontrarse lejos. Subaru estuvo por salir a la avenida, pero recordó que la anterior búsqueda en ese lugar había fallado. ¿Tal vez se encontraba en la calle adyacente y no en la avenida?
Subaru entonces se devolvió sobre sus pasos y comenzó a caminar hacia la otra salida del callejón. No había dado más de diez pasos, cuando notó algo que llamó su atención. Había una sombra reflejada sobre la superficie del callejón. La sombra era humanoide, pero nadie se encontraba cerca como para generar esa sombra.
"¿Acaso…?" Entonces Subaru lo entendió.
Por la hora, el Sol debía encontrarse en lo alto del cielo, por lo que la sombra debía provenir de arriba. Acorde a su conclusión, Subaru miró hacia el cielo y entonces lo vio: allí, en lo alto del edificio que tenía al lado, había una figura antropomórfica vestida de negro. Y solo se le ocurrían dos seres que calzaban con esas características. ¿Era su salvación? ¿O su muerte? Subaru sabía que solo había una forma de descubrirlo, así que, sin dudarlo, entró al edificio.
