13 de Junio de 2283
12:32 A.m.

Seinma finalmente salía de la gran biblioteca, el camino no había sido tan largo como en el exterior, aunque notaba que sí se había tardado un poco en bajar, la luna ya se encontraba en su punto más alto, al mirar a su alrededor, Seinma pudo notar algo más la biblioteca de donde había salido estaba oculta bajo miles y millones de arbustos, hojas, enredaderas y árboles, parecía que había sido abandonada allí por mucho tiempo pero la realidad era otra.
Ocultar algo a plena vista era la mejor forma de ocultar algo, la biblioteca no parecía un enorme monumento de roca y mármol, más bien como parte de la misma montaña eso era remarcable.

Sobre todo porque no era tan obvio y los libros que debían contener información valiosa seguían ocultos de la vista de todos.
Como Sariah le había dicho, una vez que encontró la salida selló la entrada que lo dirigía hacia la cámara de Athena, para aparentar que nada había sucedido, aunque ahora que conocía esta entrada… se preguntaba ¿cuál de todos los libros abriría el pasaje de regreso a la cámara de Athena?

Quizá esa sería una pregunta para después ahora solo le quedaba regresar a Casa y…
Tuvo que detenerse al instante de que sintió un cosmos gigantesco a sus espaldas, al darse vuelta pudo ver a una persona, una mujer de cabello rojizo, vistiendo la armadura de virgo parada frente a él.

Seinma retrocedió ante la imagen de la santa de la virgen, esa imagen tan imponente ciertamente le causaba un temor indescriptible, sobre todo por ese semblante tan tranquilo y esa máscara inexpresiva que no le permitía saber si ella estaba molesta o si estaba tranquila, no podía ver sus ojos y sus labios tampoco ayudaban mucho, pues no transmitían nada más que una eterna frialdad.

Seinma no supo que decir o que hacer al instante que la Santa de Virgo apareció frente a él, pero podía asumir que no podía ser nada bueno.

Trató de hablar, pero no sabía que decir o que cosa hacer para asegurarse de que ella no lo había visto salir de la biblioteca como si nada hubiera sucedido.
En esta situación estaba con la espalda contra la pared, conociendo el poder de un caballero dorado, esto no acabaría bien para él si daba un paso en falso, sobre todo con alguien quien tenía ojos y oídos en todos lados.

―Uh… yo eh… ho-hola…―Trató de decir alzando su mano levemente a la visión de la amazona de Virgo, pero ella no parecía querer cambiar su semblante impasible, ella parecía mirarlo con unos ojos que no podía ver, pero que podía sentir observándolo, juzgando cada una de sus acciones y decisiones, mirando incluso más allá, dentro de su mente donde nada podía escapársele.

*Pegaso, ¿qué haces aquí en plena noche? la biblioteca no está abierta para nadie que no sea un guardián del santuario.* Explicó caminando hacia él, esa voz… no parecía provenir de ella pues sus labios no se movían en lo absoluto más bien parecía estar dentro de su mente como la voz de Aria… o como aquella ocasión que la vio por primera vez.
*Que yo sepa viniste a visitar a tus padres al cementerio… y por alguna razón terminaste en la biblioteca del santuario a altas horas de la noche.* Añadió poniendo nervioso al joven caballero de Pegaso, quien no sabía que hacer o decir para quedar en una mejor posición que se encontraba.

―Sí bueno, quería ya sabes… quería leer un par de libros y….

*Detente allí, ambos sabemos que estás mintiendo, solo te diré esto una vez ya que eres uno de los herederos, así como un caballero muy importante para los planes del patriarca. * Pidió obligándolo a poner total atención sobre ella, si ella lo quería podía destruirlo allí donde se encontraba y nadie jamás sabría lo que había sucedido con él, pero para su suerte o desgracia era uno de los 6 Herederos. Y su destino no era morir en manos de ella, su destino era uno de los más brutales si cabía.
*No me hagas entrar en tu mente para conocer lo que hiciste durante todo este tiempo, así que te lo pediré amablemente y solamente te diré que debes desistir en tus deseos y lo que estás haciendo.* Pedía tratando de hacer entrar en razón al muchacho, era demasiado joven como para tirar su vida por la borda de esta forma y aún no había desempeñado el papel por el cual había sido elegido por su armadura.
*El deber de Athena es amar y cuidar de todos sus caballeros… no solo de uno o dos, su amor debe ser incondicional para todos por igual.* Aunque parecía molesta Seinma podía sentir que era todo lo contrario, ella no estaba molesta, solo quería advertirle del gran peligro que él y todos correrían si en algún punto, el amor que ambos se sentían llegaba a concretarse.
*Lo que haces es solo confundirla y entorpecer sus acciones.*

―Yo… comprendo, pero, quiero que Sariah sea Feliz.

*Sí tanto la amas Pegaso… lo mejor que puedes hacer es evitarle más suplicio.* Comenzó explicando desviando su rostro hacia las estrellas, donde el destino de cada uno de ellos era revelado, fuese bueno o malo, nada se escapaba del dictamen que ellas les habían impuesto a cada uno de los guerreros del Zodiaco.
*Su mente debe estar enfocada en el aquí y en el ahora, tanto su mente como su cuerpo deben ser resguardadas de los deseos humanos. Pues como sabes… su destino es el más cruel y doloroso que cualquiera de nosotros* Añadió devolviendo su rostro al muchacho a su lado, quien había bajado la cabeza en señal de pena y vergüenza.
*Puedo comprender que desees hacerle compañía… pero si alguna vez se te ocurre mancillar su cuerpo, no tienes ni idea del horrible presagio que caerá sobre ti un dolor tan indescriptible, que solo la muerte podrá liberarte de ese tormento, algo ni siquiera yo podría llegar a comprender la magnitud del castigo divino que caería sobre ti. ¿Comprendes? *

―Uh… yo… sí lo entiendo. ―Respondió suspirando levemente resignado a tener que seguir las indicaciones de una de las guerreras más poderosas de todo el santuario.

Puede que fuese un tanto tonto y torpe, pero incuso él podía sentir que ella era un pináculo del conocimiento y de la sabiduría, ella debía saber cosas que él no y eso… causó una gran sorpresa sobre la amazona dorada, por alguna razón no percibía miedo o incertidumbre.
Solo una gran curiosidad y admiración por quien se encontraba frente a ella.

Este muchacho era catalogado como tope y un tanto tonto, pero no percibía eso más bien percibía mucho potencial que había sido desperdiciado en cosas banales como la batalla o el sacrificio de su cuerpo por otros, no había tenido tiempo para encontrar su paz interior y menos para sanar heridas que no habían cicatrizado en miles de años.

¿Qué clase de cosas un muchacho como él tendría que decir si se sentaran a meditar durante un largo rato?

*Bien, ahora retírate por favor… ya es demasiado tarde como para que un caballero de bronce esté merodeando sin autorización por el santuario. * Seinma simplemente acató la orden de la amazona de oro, quien se desvaneció una vez él comenzó a caminar lejos de la biblioteca para volver al bosque.

No sabía de qué se había tratado esto, pero se sentía intrigado por aquella mujer tan misteriosa, no había podido leer su rostro o expresiones corporales, él era bueno con eso al haber pasado tanto tiempo con Mary y Shira…
Aun así parecía que ambos por alguna razón habían llegado a entenderse, ella solo quería protegerlo a él y a Athena y ella… podía comprender que el muchacho también estaba muy confundido por muchas cosas que habían pasado o que estaban pasando en su vida.

Por suerte, habían pasado su primera prueba como caballeros, y ahora que su segunda prueba se acercaba… ella estaba verdaderamente ansiosa por conocer más sobre este joven guerrero.

Caballeros del Zodiaco: Guardianes del Universo.
Libro 1: El Nuevo Despertar de Hades.
Capítulo 14: Preparando el Terreno.

Esa mañana Danny dormía plácidamente en su cama todo el fin de semana se la había pasado viendo Anime y disfrutando de la compañía de su querida amiga Mary, no supo en qué momento cayó dormida o tan si quiera si lo hizo, lo último que sabía era que esa noche habían tenido una maratón completa de una de sus series preferidas de toda la vida.
Y allí se encontraba, en su cuarto de palestra después de haber pasado casi toda la noche en vela terminando de ver su serie, su cabello anaranjado cubría toda la almohada que se asemejaba mucho a la forma de un Xuro, para ella ese animal era el más adorable que podía existir en toda la galaxia y por eso estaba tan obsesionada con él, al grado de casi pedirle a su propio padre el tener a un Xuro como mascota.

Pero para empezar ella se la pasaba siempre en la escuela, lugar donde no permitían animales, en segunda jamás tendría tiempo para dedicarle al vulpino originario de Ninbus ya que como Saintia su deber era estudiar como entrenar para volverse una guerrera capaz de servir y proteger de Athena en un futuro.
Por último y mucho menos importante, sus papás no la dejaban tener animales, ya tenían suficiente con una guerra en proceso como para tener uno más en casa.

Por lo que tener a un Xuro como mascota no parecía ser posible en un futuro cercano, al menos no hasta que fuese mayor de edad y esta maldita guerra finalizara de una vez por todas.

No fue hasta que Mary comenzó a moverla levemente que ella comenzó a cobrar conciencia, ella se levantó levemente de su cama, bostezando larga y pesadamente porque su sueño fuese interrumpido.

―Ahhh… ¿qué sucede Liz? ―Interrogó la jovencita tallándose uno de sus ojos esmeraldas, para quitarse la pesadumbre y la picazón que le daban al momento de despertarse tan temprano.

―Bueno… tú me pediste que te despertara a esta hora Danny… ¿lo recuerdas? ―Respondió Mary tranquilamente, viendo como poco a poco la joven Andrómeda se levantaba de su cama aún entre un estado somnoliento y despierto.

―Hummm, no recuerdo bien eso… pero recuerdo haber tenido un sueño muy extraño, fue como haber estado en un enorme lago rodeada de estrellas, la constelación de Andrómeda se encontraba por encima de mí, no entendía lo que sucedía, pero… por alguna razón me sentía segura y tranquila en ese lugar, y aunque estaba repleto de agua era cálido. ―Explicaba la jovencita de cabello anaranjado desarreglado, incluso la trenza que siempre adornaba su cabello se veía desarreglada, por alguna razón sentía el cuerpo más pesado esa mañana
―De cualquier forma… Espera un momento, ¿te dije que me despertarás a esta hora? ―Pregunto un tanto confundida, pues no recordaba exactamente qué día era hoy y eso que ella tenía una gran memoria.

―Sí, recuerdo que dijiste que era importante despertarte más temprano de lo usual este día. ―Respondió la amazona del águila asintiendo levemente, Danny comenzó a avivar para verla a los ojos de plata de la máscara.

―Espera, ¿qué día es hoy, que hora es? ― Interrogó nuevamente genuinamente consternada por lo que su compañera de cuarto le había mencionado hacía unos instantes.

―Es… lunes y son las 9:30 de la mañana.

― ¡Oh por Athena, voy a llegar tarde al entrenamiento especial! ―Dijo alarmada levantándose de cama a prisa para dirigirse directamente al baño de la habitación apenas recogió su toalla y un conjunto de ropa limpio.
―¡Gracias Liz! ―Dijo finalmente antes de entrar al baño, realmente estaba deseosa de ver que les depararía a ella y a sus compañeros ese día.

Su rutina matutina siempre se componía de darse una ducha bien caliente, no lo suficiente para quemar su piel y no lo suficientemente fría como para helarle los huesos, lo suficientemente caliente para darle a su cuerpo una sensación agradable en la mañana.
Justo después de bañarse le daba a su cabello el mejor cuidado para dejarlo lo más seco posible, tratando de utilizar su habilidad de viento para secar todo su cuerpo y justamente al quedar lo menos húmedo posible cepillaba con cuidado su largo cabello anaranjado.

Acto seguido ella tomaba su cabello y desde la patilla izquierda hasta los mechones que sobresalían de su flequillo ella comenzaba a trenzarlo cuidadosamente, no lo suficientemente apretado para que le lastimara y no lo suficientemente flojo para que se soltara al momento de una pelea, ella lo entrelazaba lo suficientemente bien como para que quedase a su gusto, entretejiendo los mechones de cabello con cuidado.
A ella le encantaba esta parte de arreglar su lindo cabello anaranjado, pues era una de las cosas que más la acercaban a su querida madre quien siempre solía arreglar su cabello cuando era pequeñita, sobre todo porque esa era la parte más divertida, al menos la que no tenía que ver con peleas y entrenamientos, un tiempo entre madre e hija.

Después de peinarse y vestirse se hizo un rápido desayuno que consistía en: un par de piezas de pan tostado con un poco de mermelada de fresa cubriéndolos además de un vaso de leche tibia, poco sabía que el tiempo que le había tomado bañarse como peinarse le había tomado más de lo esperado, por lo que, sin más demora, tomó su segunda rebanada de pan y salió corriendo a toda prisa al campo de entrenamiento sur con el pan tostado aún en su boca.

Ella se apresuró a llegar antes de que diera la 1:00, tenía un record de asistencias que no mancharía ni llegando tarde a un entrenamiento de combate con sus compañeros, la joven rápida como el viento cruzó las puertas de la enorme cámara de combates, únicamente para encontrarse con Johnathan, Seinma, Benjamín y Shinryū ahí esperándola a ella y a la directora, aunque… esperaba encontrarse antes con Arkham en lugar de sus demás compañeros.

Ellos la saludaron apenas entró al área, un tanto agitada por haber tenido que correr por toda la instalación.

―Uh… ¿muchachos? ―Danny murmuró acercándose lentamente, con el pan aún entre sus dientes, apartándolo después de haber tomado un gran bocado del mismo.
―Que sucede, creí que había llegado tarde.

―Nosotros creímos que ya era tarde… apenas llegó Sein nos dirigimos todos aquí, pero… ni Genki ni Arkhamira se presentaron hoy. ―Respondió Johnathan para entonces señalar a una de las esquinas de la enorme cámara de duelos con su pulgar. ―A excepción de ese imbécil de ahí… él ya se encontraba aquí antes de que todos llegáramos. ―Justamente al decir eso, Danny desvió su mirada hacia el lugar donde su primo le señalaba, se trataba de Kobu quien estaba apartado de todo el grupo, con ambos brazos cruzados apoyándose sobre una de las paredes del recinto.

―Oh, eso es bueno… creo, digo jamás he luchado junto al caballero del unicornio… y tampoco conozco sus habilidades en combate, aunque deben ser increíbles, supongo que el entrenamiento del día de hoy será para adaptarnos a él y a su estilo de pelea. ―Comentaba la joven Saintia con emoción, emoción que Johnathan no podía compartir por más que lo deseará.

―Quizá… pero no estoy muy emocionado por ello, apenas lo conocemos… Sin mencionar lo que dijo el otro día, no creo que esté dispuesto a cooperar. ―Mencionó mirando hacia otra dirección, donde Shinryū y Benjamín practicaban un poco la combinación de sus cosmos, no era secreto que el agua y el hielo eran elementos compatibles y juntos eran una combinación sumamente peligrosa en combate.

―No digas eso Johnny, estoy segura de que detrás de la fachada del chico malo solitario hay una buena persona deseando unirse a nuestro equipo. ―Contraargumento la joven Andrómeda sonriendo con entusiasmo una vez terminado su pan tostado.

―Bueno entonces ve y díselo eres completamente libre de hacerlo. Estoy seguro de que estará súper emocionado de pelear a nuestro lado. ―Decía sarcásticamente hacia su joven prima, quien podía detectar la ironía a kilómetros de distancia, pero ella no se iba a dar por vencida tan fácilmente, lo más probable era que podría hacer entrar en razón a Kobu, solo necesitaba tener fe en ello.

― ¡Eso haré! ―Respondió enérgicamente, comenzando a caminar hacia el caballero del unicornio renegado, incluso la persona más dura y fría tenía un lado blanco, eso lo sabía por qué Benjamín era exactamente así.
Al llegar el caballero de bronce renegado desvió su mirada a ella, quien le sonreía gentilmente.
―Hola, creo que no nos han presentado adecuadamente, mi nombre es Dannyela Shune, es un placer conocerlo noble caballero del unicornio.

Por su lado Kobu solo desvió la mirada a otra dirección.
―No me interesa. ―Dijo simplemente tratando de no darle atención a la joven frente a él.

―Eh, pero… no dije nada aún. ―Murmuró la joven confundida por la actitud tan ―desconsiderada del caballero del unicornio.

―No hace falta, creo haber sido muy claro, no necesito a ninguno de ustedes para pelear… puedo pelear mis propias batallas yo solo…―Declaró en un intento por alejar a esa molesta niña de él, no era como que verdaderamente le interesara entablar una conversación con ella, solo deseaba estar solo.

―Bueno eso es cierto todo caballero debe enfrentar sus batallas por sí solo, pero nosotros somos un equipo y sería un honor tenerte a nuestro lado. ―Danny trataba de decir amigablemente a su compañero, pero él… no parecía tener las ganas para cooperar, de hecho, no parecía tener ganas de continuar con esta improductiva conversación

―Como te dije, no me interesa. ¿Así que por qué no me haces un favor y te pierdes? ―Le preguntó de una manera poco agradable, casi podía sentir un poco de agresividad en sus palabras no viendo la hora para que ella se alejará de él.

―Uh… bueno… mi nombre es Danny creo ya haberlo dicho, un placer ¿cuál es tu nombre? ―Preguntó un tanto desanimada por la tajante negativa del caballero de Unicornio… esperaba al menos poder entablar un dialogo amistoso, pero… tal y como había sucedido aquél día en el santuario él seguía igual de enojado

―Kobu Walker… ahora lárgate. ―Último desviando su ojo azul a la misma dirección que había estado mirando hasta la abrupta interrupción de la joven Saintia de Andrómeda.

Al parecer no tendrían un buen acuerdo, al menos no ahora si es que en alguna ocasión habría una forma de entablar un dialogo adecuado para poder trabajar juntos, como herederos esa era su obligación, luchar como uno solo dispuestos a proteger el amor y la paz en el universo.
John lo había entendido a la mala cuando perdieron por primera vez frente a Arkham. Pero…. No entendía las razones de Kobu para ser así o para continuar enojado aún después de

― ¿Y? ¿cómo te fue? ―Preguntó Johnathan sarcásticamente, él sabía perfectamente como le había ido a Danny.

―No… fue lo que esperaba…―Respondió la doncella en cadenas un tanto decepcionada por el cómo se habían desarrollado las cosas con el caballero del unicornio. Jamás había conocido a alguien tan antipático antes…

―Te lo dije, no quiere cooperar con nosotros al menos no con Sein en nuestro equipo. ―Argumentó Johnathan mirando a la dirección del unicornio para al instante siguiente dirigir sus ojos hacia su compañero Pegaso, unos días antes ya le había mencionado que había sucedido
―Y no vamos a sacar a Seinma para darle preferencia a ese idiota arrogante.

―Sí, pero… ¿cómo sabías que no querría hacerlo? Digo uno pensaría que el enojo ya se le habría pasado el enojo de aquél día. ―Interrogó la jovencita alzando sus ojos hacia su primo, quien simplemente se encogió de hombros ante la cuestión de su querida prima.

―Nah, eso es algo que no superas fácilmente…―Empezó a describir devolviendo sus ojos hacia la más joven de los herederos, ella era una chica lista pero se le dificultaba entender lo que alguien que había crecido con odio en su corazón sentía aun cuando había pasado ya mucho tiempo.
―Él no está enojado, está furioso hay una gran diferencia entre esas dos, una molestia se pasa y ya, un odio como el que él posee es algo mucho más profundo, puede durar días, semanas, meses… incluso años. ―Explicó bajando su mirada al suelo, incluso él podía admitir que podía comprender a Kobu, al haber sido un caballero renegado por mucho tiempo sentía que todos lo habían traicionado al negarle por lo que por derecho divino era suyo, tanto el reconocimiento como la convivencia entre los demás herederos y en cambio… Seinma sí lo había hecho y con la historia que ambos poseían Johnathan podía comprender por qué ahora no quería tener nada que ver con ellos.
―Y hasta donde sé, Sein y él han estado en un conflicto por mucho más tiempo del que creemos, algo como eso no pasará tan rápido como crees y eso lo sé… por qué yo mismo suelo ser así en ocasiones, he experimentado ese odio… no estoy orgulloso de ello si debo serte honesto…―Murmuró aquella última parte hablando por experiencia propia.

Por su parte Danny bajó la mirada al suelo un tanto decepcionada por la respuesta de su primo, esperaba al menos poder arreglar el problema que ambos tenían… aún sí era un problema de varios años de edad.
―Pero… me pregunto yo cual será el origen del odio de Kobu, no estoy segura de que sea por una simple rivalidad, más bien parece algo aún más profundo que eso. ―Se decía tratando de comprender por qué tanto Kobu como Seinma se odiaban tanto, ambos eran prácticamente iguales, no existía una verdadera razón para que se odiarán… pero aun así lo hacían, Más Kobu que el propio Seinma.
―Quizá, solo es cuestión de acercarnos a él y conocerlo más a detalle.

―O quizá simplemente sea un total idiota… trata de no darle importancia, la gente como él una vez se enferma de odio jamás sanan nuevamente. ―Al decir eso la muchachita miró a John con preocupación.

No quería decirlo, pero parecía que él conocía mucho a cerca del odio, el mismo había consumido la vida de su tío y ahora… estaba consumiendo la de Johnathan y la de ese muchacho que portaba la armadura del corcel de una única cornamenta, Danny no comprendía mucho a cerca del odio, su vida aunque tenía momentos de profunda tristeza jamás había conocido el repudio, ni a su prójimo como a sus familiares.
Ella era una jovencita que comprendía que el odio era malo y que lograba destruir a una persona, pero jamás lo había sentido en su carne, en sus huesos.

Hamás la había sentido arder en todo su ser como ellos lo habían hecho y esperaba… jamás comprenderlo, pues ese camino era el más solitario como el más doloroso para que un caballero siguiera en completa soledad… y si alguna vez experimentaba ese odio, utilizaría todos los conocimientos que ella pudiera obtener de aquella experiencia para ayudar a la gente que más quería.

La única forma de combatir el odio era con el amor y el entendimiento, aquello era lo que ella podía entender perfectamente, un pensamiento que compartía con la diosa que comandaba el ejército por el que ella luchaba y por el bello sueño que todos sus amigos, y hermanos estaban dispuestos a morir.

No fue hasta que los seis escucharon la puerta del recinto abrirse de par en par, únicamente para encontrarse con el caballero de Libra, quien se veía confundido por ver a los Herederos ahí, esperaba verlos a todos esos días, aunque no en este lugar en específico, todos ya se veían preparados y listos para su lección de esa semana, independientemente de cual fuese… aunque una cosa era completamente segura.
Nadie estaba preparado para lo que él iba a decir.

― ¿Muchachos? ¿Qué rayos hacen aquí? ―Preguntó frunciendo el ceño liado por ver a todos los guerreros de bronce reunidos en ese lugar. Confundiendo aún más a los muchachos por la pregunta del caballero dorado.

― ¿Como que qué hacemos? Vinimos al entrenamiento del día de hoy. ―Respondió Seinma caminando hacia su maestro mientras los demás caballeros se arremolinaban alrededor del caballero que representaba la imagen viva de la justicia, incluso Kobu se acercó para escuchar mejor que era lo que él tenía que decir.
―¿Dónde está la directora Arkham?

― ¿No recibieron el memo? Hoy no van a entrenar en las instalaciones. ―Mencionó Genki causando desconcierto en los seis caballeros de bronce elegidos, ¿cómo que no iban a entrenar en palestra?

―Espera, ¿de qué estás hablando? ¿Dónde vamos a entrenar entonces?

―Huh… esperaba que Arkham les avisará, supongo que estuvo muy ocupada con los preparativos del Torneo... ― Murmuró aquella última frase obligando a los jóvenes guerreros a ponerle total atención, no habían entendido bien aquello que había dicho.

Él único que estaba al tanto de la situación era Kobu y él sonrió al imaginarse lo que sucedería una vez que se les fuese revelada la gran sorpresa que la directora tenía preparada para la academia de palestra.
Estaba ansioso de medir su fuerza con todos y cada uno de ellos, sobre todo con el joven de cabello castaño que se encontraba frente a él, estaba deseoso de aplastarlo para barrer sus sueños y esperanzas por el suelo, donde él merecía estar.

―Bueno… eso no importa, acompáñenme, vamos a ir de paseo. ―Añadió haciendo un gesto con la mano para que lo siguieran, cosa que confundió aún más a los jóvenes herederos.

―Espera… ¿a dónde vamos maestro Genki? ―Preguntó Danny completamente perdida por lo críptico de las palabras del caballero de la balanza, quien simplemente miró a cada uno de los jóvenes caballeros por sobre su hombro, con una pequeña sonrisa discreta.

― ¿No es obvio? Hoy todos irán a entrenar al santuario. ―Ante la revelación de sus intenciones, los Seis caballeros se miraron los unos a los otros, incluyendo a Kobu, quien de todos era el más sorprendido, incluso después de casi haber insultado al patriarca, ¿iban a permitirle regresar al santuario?

¿Qué clase de entrenamiento les esperaría en el hogar de las almas de oro?
Solo había una forma de saberlo, todos sin excepción siguieron a Genki fuera de las instalaciones, donde un transporte aéreo los esperaba con anticipación.

Un día antes en el Santuario.

Finalmente… después de 220 años los 12 Zodiacos Divinos se encontraban reunidos en un solo lugar, desde Aries hasta Piscis, cada uno de los guerreros más poderosos del universo que representaban la paz, el amor y la justicia en el universo estaban nuevamente juntos en un solo lugar en la sagrada cámara del patriarca, quien admiraba a cada uno de sus guerreros del resplandor dorado arrodillados ante él demostrando su más absoluto respeto al gran maestro que los lideraba a todo ellos.
Las 12 armaduras resonaban con el cosmos de cada uno de sus portadores, así como con el patriarca, igual que como los 6 herederos habían sido atraídos a él, los soldados más poderosos del universo se encontraban frente al gran maestro una vez más.

―Estoy feliz por verlos a todos finalmente aquí, en la gran cámara del patriarca. ―Decía Shun paseando su mirada por toda la enorme cámara, admirando a cada uno de sus caballeros, tanto nuevos como quienes ya se encontraban desde antes.
―Hace… más de dos siglos que los caballeros de oro no se encontraban reunidos en un solo lugar, menos en el santuario de nuestra diosa Athena, me siento verdaderamente agradecido por poder ver a todos y cada uno de ustedes conmigo hoy, especialmente desde que esta guerra que inició hace tantos milenios finalmente pueda encontrar su conclusión con el poder de cada uno de ustedes. ―Anunciaba para comenzar a nombrar a cada uno de los caballeros del zodiaco.
―Shiki de Aries. ―El Guardián de la Primera Casa al escuchar su nombre el caballero de cabello rojizo y ojos azules alzó su cabeza para admirar al patriarca.
―Havel de Tauro. ― El Guardián del Segundo Templo el cual poseía un solo brazo alzó la mirada dejando resplandecer sus ojos azules y cabello verde recortado ante la vista del gran patriarca.
―Arorios de Géminis. ― El Guardián del Espacio de cabello castaño oscuro y ojos azul marino levantó su semblante ante la mención del sagrado maestro, contemplando al hombre al que tenía tanto respeto como admiración.
―Lubofico de Cáncer― El Guardián del Abismo alzó sus ojos oscuros por el llamado del sumo sacerdote del santuario, con un par de mechones de su cabello de plata cayendo por su hombro derecho.
―Alex de Leo. ―El Guardián del Rugido Dorado como sus demás compañeros apuntó sus ojos azul cielo en dirección a su maestro, resaltando su melena cuyos cabellos rubios opacos resplandecían con el lustre de su propia armadura.
―Sira de Virgo. ―La visión de la Santa Guardián y la única amazona dorada presente alzó su rostro hacia el hombre que la había educado y enseñado el camino de la iluminación, su rostro se encontraba cubierto por la máscara dorada que tapaba desde la nariz hasta su frente, mientras los mechones de su hermoso cabello rojo cubrían magistralmente desde sus hombreras hasta el cuello de su bella armadura.
―Genki de Libra…―El Guardián de la Justicia levantó su rostro al ser nombrado, dejando ver su cabello castaño y ojos lila, sonrió con serenidad en dirección del antiguo santo de Andrómeda en señal de absoluto respeto.
―Jacko de Escorpio. ―Su primer alumno levantó sus ojos carmesíes nuevamente hacia su mentor, el Guardián Asesino de Traidores contempló al hombre que le había dado todo, un par de sus cabellos oscuros cubrían su frente y rostro, aunque no le gustarán estas reuniones incluso él podía entender lo importante que era para su maestro que los 12 estuvieran ahí en esos momentos tan desesperados.
―Sora de Sagitario. ― Justo como los demás dorados presentes, el actual Guardián del Centauro Alado dirigió sus ojos azul marino en dirección al gran patriarca, al igual que su hermano menor poseía una melena castaña que brillaba potentemente con la luminiscencia de su armadura y cosmos.
―Sovek de Capricornio. ― El guardián de la espada levantó sus ojos verdes hacia el patriarca permitiendo que su cabello oscuro corto brillara con el lustre verde natural que el mismo poseía al reflejar el cosmos de su propia armadura.
―Yuri de Acuario. ―El Guardián de Hielo cuyos fríos ojos esmeraldas miraron en la dirección que era llamado, los mismos eran cubiertos por su cabello ébano, mostrando él su absoluto respeto hacia su patriarca.
―Y Romeo de Piscis…―Finalmente el Guardián de la Rosa al ser nombrado alzó sus ojos en dirección al patriarca, su cabello que era del mismo color que su armadura parecía brillar más que nunca con la resonancia de cada una de las doce incluyendo la suya propia, brillo que se reflejaba en sus ojos azules, con la misma fuerza que las demás.

Y al terminar de ser nombrados, los Doce se alzaron, mostrando de esa manera toda la imponencia que resaltaba de los duodécimos ropajes sagrados que poseían el brillo del mismo sol cada una… los guerreros más poderosos de todo el universo una vez más reunidos como el destino lo había predicho

―Es un honor verlos a todos después de tantos siglos reunidos frente a mí, agradezco al destino… a los dioses o la razón que fuere por permitirnos reencontrarnos nuevamente, cada uno de ustedes posee el poder de cambiar el curso de la guerra. ―Explicaba sin titubear, la primera y única vez que había podido ver a los caballeros dorados había sido durante la anterior guerra santa contra Hades… guerra que ellos no hubieran ganado sin el sacrificio de los 12 caballeros en aquella batalla que debió haber finalizado todas las batallas entre dioses.
―Aquí y ahora, puedo ver el futuro de todo el universo, los herederos serán la piedra angular que definirá el destino de nuestra lucha, pero ustedes… serán quienes abran paso a nuestro ejército más allá de la terrible oscuridad. Y más allá de la misma luz. ― Los doce guerreros se miraron los unos a los otros, muchos de ellos poseían un poder increíble que había sobrepasado las barreras del séptimo sentido alcanzando así el octavo sentido, necesario para darle pelea a los espectros y demonios más poderosos del abismo, entre ellos se encontraban ambos alumnos del patriarca, Genki de Libra, Sora de Sagitario, Sovek de Capricornio y Arorios de Géminis.

Y los demás que, aunque aún no habían logrado alcanzar ese nivel, seguían siendo de los hombres más poderosos del universo, logrando alcanzar la velocidad de la luz, viajar tanto en el reino de los vivos como el de los muertos, teletransportarse a donde ellos desearán, crear brechas en la realidad misma, soportar grandes y peligrosas batallas sin ningún rasguño en sus cuerpos o armaduras.
Alcanzar el nivel dorado es algo que todo caballero de bronce o plata quería llegar a lograr, pero muy pocos eran capaces de conseguirlo, solo aquellos con una fuerza y determinación que lograra atravesar todos los límites impuestos por el cuerpo, el alma o la humanidad, serían capaces de vestir el manto dorado sagrado.

―Ahora que estamos reunidos finalmente patriarca… ¿cuál será nuestro siguiente paso en la guerra? ―Preguntó muy acertadamente el caballero de Sagitario, aunque los demás estaban genuinamente sorprendidos porque él último caballero que hubiera obtenido su armadura fuese el primero en hablar… y más siendo aquél que vestía la armadura de un traidor.
―Ahora que estamos los doce juntos nuevamente, ¿Qué debemos hacer para asegurar nuestra victoria?

―Bueno esa es la cuestión querido Sora…―El patriarca alzó sus manos hacia su casco, retirándolo de su cabeza y así mostrarles finalmente su rostro a todos en la habitación.
―Un gran hombre una vez me dijo… que las decisiones más difíciles debían ser tomadas por hombres fuertes, hombres que supieran guiar a los demás, por más difícil o imposible que fuese una situación…―Shun les decía a todos admirando el casco dorado entre sus manos, objeto que lo atribuía como aquél que tomaba todas las decisiones importantes del santuario, mismo que Harbinger le entregó una vez que finalmente estuvo listo para considerarse a sí mismo el gran patriarca del santuario.
―Los hombres fuertes, son aquellos que escriben la historia, que la conectan con el pasado y el presente, para así entretejer un futuro más brillante. ―Dicho eso sus ojos esmeraldas se fijaron en cada uno de sus caballeros.
―Pero a su vez, la fuerza no es solo física sino mental, una mente preparada junto con un cuerpo poderoso, un corazón inquebrantable y un cosmos que sea capaz de alcanzar lo inalcanzable. ―Fue así que él comenzó a caminar hacia ellos, hacia sus caballeros quienes lo miraban con admiración, guardando silencio por las palabras de aquél hombre que era tan querido y respetado entre las 88 constelaciones que lo protegían a él y a Athena.

―Hemos sufrido muchas derrotas desde que inició esta guerra, sin importar si hemos logrado expulsar a los espectros o no… las bajas que hemos tenido son abismalmente enormes, nobles caballeros, tanto de plata como de bronce han muerto bajo mi mando, así como muchos más han terminado heridos, traumatizados… no es secreto que incluso ustedes han terminado con heridas graves, tanto en sus cuerpos como en sus mentes y almas. ―Sovek de capricornio apartó la mirada al suelo, aun resintiendo las heridas provocadas por sí mismo y por Aatriox, por su lado Alex suspiraba pesadamente, recordando a Artorias, a Lilith y a todos los caballeros de plata y bronce que habían muerto sin él poder hacer nada para evitarlo y Jacko solo apretaba los puños recordando todo lo que los espectros les habían hecho a sus compañeros durante tanto largo tiempo, esto ya no podía seguir así. No tenía que seguir de esta forma.
―Mentiría si les dijera que yo no quiero hacer pagar a esos desdichados hombres y mujeres quienes han acabado con las vidas de tantos y han hecho que ahora, todos queramos terminar con ellos de una buena vez, un… buen alumno mío siempre me lo reprocha cada vez que escucho las noticias que acontecen lejos del santuario. ―Al mencionar a su joven pupilo; Jacko río levemente pero no se atrevió a decir nada, solo siguió esperando las palabras de su maestro.
―En una guerra es inevitable que alguien muera, sin importar quien sea, soldado o civil, hombre o mujer, niño o anciano, inocente o culpable. Es inevitable pues tarde o temprano ocurrirá eventualmente…― Se detuvo dándole la espalda a cada uno de sus soldados, para nuevamente mirar al casco en sus manos.

―Las decisiones más difíciles… son tomadas por hombres fuertes, hombres que están dispuestos a hacer lo necesario para proteger el mañana y viéndolos a todos aquí… nuevamente frente a mis ojos, lo único que deseo es que ningúno de ustedes muera―Una pequeña gota calló sobre el oro del que estaba hecho el casco, seguido de otra y una más.
―Todos ustedes… sin importar de donde hayan venido o quienes hayan sido significan algo muy importante para mí, desde mis queridos alumnos… hasta mis valientes soldados, a todos los llevo en mi corazón. ―Finalmente Shun devolvió sus ojos hacia sus caballeros, quienes seguían en silencio escuchando todo lo que el gran maestro les decía.
―Si les pido que luchen… ¿lo harán?

― ¡Si patriarca! ―Todos respondieron al unísono firmes y sin titubear.

―Si les pido que defiendan a Athena y al Universo, ¿lo harán? ―Interrogó Shun nuevamente, obteniendo una respuesta afirmativa de todos sus caballeros.
―Si les pido… que se sacrifiquen, ¿lo harán? ―Nuevamente la respuesta llegó apenas sus palabras salieron de su boca, reafirmando la lealtad de los caballeros al sabio maestro frente a ellos.
―Y sí… les pido que me asesinen, ¿también lo harán? ―Hubo silencio, los 12 Santos dorados por primera vez dudaron en responder, pero incluso si la respuesta era dolorosa, ellos debían de responder.

―Sí… Patriarca…― Anunciaron los doce determinados a cumplir con cada una de las peticiones del patriarca, sin mirar atrás en sus decisiones, Shun finalmente sonrió tranquilo, sin importar cual fuese el resultado de esta guerra, sabía que podría confiar en ellos. No tenía dudas… ya no más.

―Bien… las decisiones más difíciles son tomadas por voluntades fuertes―Murmuró Shun volviendo a acercarse hacia el trono del patriarca.
―Entonces… sé que puedo confiarles esto. ―Dicho eso él tomó la cortina que se encontraba detrás de su tono.

Por alguna razón ninguno de ellos se había percatado de una presencia que había estado escuchando todo el discurso del patriarca desde que la reunión comenzó, quizás había sido por el cosmos de los doce combinados o podía ser porque ella había ocultado bien su cosmos, pero al momento de que el patriarca apartó la densa cortina oscura finalmente pudieron ver la silueta de una joven oscurecida por la misma.

Shun alzó su mano hacia ella y… ella la tomó para finalmente comenzar a salir de las sombras, todos sin excepción miraron con sorpresa y asombro a la jovencita cuyo cuerpo se encontraba cubierto por un hermoso vestido blanco de seda, su cabello castaño y violeta era cubierto por una tiara de oro, recubierta de diamantes, su vientre era adornado por un hermoso ornamento dorado, su antebrazo derecho llevaba un brazalete hecho del mismo material y en la mano del mismo lado cargaba consigo un cetro que resplandecía con la misma luz del alba.

Y sus ojos… sus bellos ojos color cian por primera vez veían a sus doce guardianes dorados.
Ella se acercó a ellos caminando lentamente por la enorme habitación, para finalmente encontrarse frente a ellos cara a cara.

―Ella es Sariah… y es la diosa Athena. ―Al decir eso él simplemente se arrodilló ante la joven diosa de la guerra cosa que los demás caballeros dorados hicieron, todos y sin excepción mostraron su respeto hacia la joven Athena.

No necesitaron que el patriarca se los dijera para confirmarlo, pero aun así todos estaban sorprendidos por ver finalmente a la diosa por la que luchaban, aunque no era la primera vez para algunos, no podían evitar demostrar su más absoluta benevolencia hacia ella, tanto su cosmos y su presencia eran poderosos pero gentiles, llenas de amor y bondad.
Ella miró de un extremo al otro reconociendo a cada uno de sus guerreros, sonriendo complacida por estar nuevamente frente a ellos nuevamente en esta era.

Mientras que todos sus guerreros presentes, se sentían honrados con su presencia ese día.
―Yo, quiero decirles a todos que me siento verdaderamente agradecida de verlos, en efecto yo soy Athena, diosa de la sabiduría y de la guerra, diosa… por la que miles de caballeros, amazonas y Saintias han perdido la vida en esta guerra, diosa… por la que esta guerra inició y por la que sé que aún muchos más morirán…―Comenzó explicando la joven apenada, al escucharla los caballeros solo podían agachar la cabeza en señal de respeto por ella, no podían estar enojados con ella, jamás podrían estarlo, ni siquiera un poco.
―Mis caballeros, mis guardianes en estos momentos de necesidad y guerra sin fin. Sé que muchos están confundidos, tristes, enojados, en búsqueda de venganza por las cosas que les han arrebatado… por las personas que han muerto, por todos los amigos como los hermanos que hemos perdido. ―Palabras tan simples viniendo de una jovencita que podría ser cualquiera, pero tan poderosas, tanto como para conmover los corazones de guerreros que habían visto y perdido aquello que les era más importante bajo la eterna guerra que jamás había terminado. Después de todo, eran pronunciadas por su diosa.

―Si fuera mi deseo… me gustaría evitar que más guerreros mueran, que más de mis nobles caballeros se sacrifiquen y que sus muertes sean dolorosas como agonizantes, yo no quiero más muerte, yo no quiero más matanza… ya no deseo que más sigan perdiendo la vida en este eterno conflicto que debió haber finalizado hace mucho, mucho tiempo. Pero Hades… no se detendrá hasta que cada ser vivo en este universo sucumba a su ambición, el deseo de Hades, el deseo del rey del inframundo es destruir con todo.

» No podemos razonar con él, no podemos pedirle que detenga esta guerra, mi antecesora lo intentó y fracasó… no solo no pudo detener la guerra, sino que por rogarle a Hades acabar con esta guerra sus doce guerreros dorados se sacrificaron, el rey del inframundo no se detendrá jamás hasta ver todo este bello universo rendido ante sus pies, sometido en una eterna noche sin fin. ¡Y nosotros tampoco lo haremos! Lucharemos contra él y acabaremos con sus ambiciones, aniquilaremos a su ejército y lo detendremos, cree que nos ha derrotado, cree que nos ha desmoralizado, pero no es así, nosotros somos más fuertes luchando unidos. ― La fuerza de sus palabras inspiraba a sus doce guerreros, mucho más que nunca antes, pues aunque noble y gentil ella mostraba el ímpetu que solo podía ser expresado por la diosa de la guerra.
―Préstenme su fuerza para poder terminar con esta maldición que nos ha venido persiguiendo desde la era del mito, otórguenme su valor para luchar por el futuro, ¡denme su coraje para darle fin a esta historia de dolor y desgracia de una vez y por todas! ―Los doce alzaron sus miradas sintiendo la misma energía que ella transmitía solo al hablar, esa era la diosa por la que estaban dispuestos a sacrificarlo todo, por ese sueño de un universo unido en paz.
―Pero sobre todo, ayúdenme a que nuestro ejército se vuelva fuerte, debemos ayudar a los herederos a volverse fuertes, pero no solo ellos todos y cada uno de los caballeros de las constelaciones restantes merecen una oportunidad de contratacar de mostrar su valía, pronto Palestra organizará un torneo, con ella los diferentes campos de entrenamiento se unirán, nosotros debemos enseñarles a luchar como un caballero de oro lo haría. ―Explicaba revelando finalmente sus intenciones, revelando de igual forma lo que ella tenía planeada para sus caballeros de oro como con su ejército de santos.

―Debemos darles a nuestros hermanos y hermanas, nuestros conocimientos, debemos ponerlos a prueba para que así tengan la misma oportunidad de sobrevivir en el campo de batalla, si los dejamos…. Más y más morirán, ya no podemos permitir eso, ya no podemos permitir que los espectros se rían en nuestras caras sin poder hacer nada, si ellos quieren pelea les llevaremos la pelea a ellos. Por esa razón he organizado este torneo para determinar quiénes de ellos harán una diferencia entre la vida y la muerte. ―La elocuencia en su plan era algo verdaderamente sorprendente, aun para ser una jovencita ella tenía entendido que debían hacer para preparar a esta generación para el conflicto que se estaba desarrollando entre el santuario y el inframundo.
―Pero, para eso necesito la ayuda de todos ustedes, ayúdenme y ayúdenlos a sobrevivir, para que así esta pesadilla de 2200 años termine. ― Fue entonces que ella hizo lo impensable, postrándose ante ellos rogándoles por que hicieran realidad su único deseo.
―No quiero que se sacrifiquen por mí, no quiero que mueran por mí… lo único que yo quiero… es que luchen a mí lado mis queridos guardianes.

Nuevamente hubo silencio, jamás esperaron ver a la diosa Athena arrodillada frente a ellos, rogándoles por que la asistieran, no fue sino el mismo caballero de Géminis que se levantó, caminando lentamente a ella, para posar gentilmente su mano sobre el hombro de su diosa.

―No te preocupes…― Declaró obligándola a levantar su mirada hacia su caballero, quien le sonreía tranquilamente y con benevolencia. ―Nosotros lucharemos a tu lado, eternamente. ―Dicho eso apartó su mano para ofrecérsela, no era digno de una diosa arrodillarse ante los humanos, ella debía siempre mantener su frente en alto, entendiendo eso ella tomó su mano, derramando lágrimas de felicidad por las palabras del noble Arorios.

― Arorios…―Murmuró Sariah por la respuesta del caballero de Géminis y con él Sora también se acercó, para ayudarla a ponerla de pie.

―No nos importa sacrificar nuestras vidas, mientras tu nos guíes… seremos invencibles. ―Declaró el santo de Sagitario ofreciéndole su apoyo y con ellos dos, los demás Santos de oro intercedieron a su petición, listos para servirla sin importar que fuera.

―Sora… gracias a todos…―Respondió la joven diosa dulcemente, levantándose con ayuda de sus honorables guerreros de oro, ella limpió sus lágrimas, cambando su expresión melancólica a una determinada y firme mirando directamente hacia el atardecer.
―Entonces, ¡preparémonos para atravesar a la oscuridad con nuestra luz!―Declaró firmemente, ya no tenía miedo ni dudas, solo una gran determinación y una enorme esperanza en el mañana, después de todo este tiempo todos sus Caballeros Dorados la respaldaban completamente.

Esta vez… Llevarían la batalla a las puertas del inframundo.

15 de Junio del 2283
Lugar: Gran Santuario de Athena.
Hora: 1:30

A penas llegaron al santuario los seis caballeros contemplaron nuevamente el sagrado templo de Atenea, hogar de las 12 almas doradas que cuidaban al universo desde sus casas, no importaba cuantas veces vinieran a este lugar la vista del santuario, fuese desde arriba o desde abajo era impresionante, y allí justo en la entrada ya estaban siendo esperados por aquellos guerreros que los iban a entrenar aquél día. Lo cual era una sorpresa.
Porque allí en frente de todos ellos se encontraban ni más ni menos que los doce caballeros dorados, incluido Genki quien los había guiado hasta ese punto.

Los seis estaban, genuinamente sorprendidos, todos presentaban un aura y poder inimaginables, incluso John se sentía un tanto intimidado ante la mirada de los seres más poderosos de todo el universo, ellos se acercaron lentamente completamente nerviosos por cualquiera que fuera la razón por la que todos estuvieran reunidos hoy.

―Muy bien muchachos hoy comienza su entrenamiento real, hoy serán elegidos por uno de estos guerreros dorados para ser guiados, les enseñarán un par de cosas y a entrenar sus cosmos para que alcancen o por lo menos se acerquen al séptimo sentido. ―Declaró Genki sonriéndoles a los jóvenes caballeros quienes seguían sorprendidos porque de verdad ellos fuesen a entrenarlos el día de hoy.

―Espera un momento, dijiste que si derrotábamos a Arkhamira entonces tu pelearías con nosotros, ¿porqué de repente eso cambió a que uno de los dorados nos entrene individualmente? ―Preguntó Johnathan un tanto molesto por el engaño del caballero de libra.

Lo cual captó el interés de uno de los caballeros en particular, el cual siempre buscaba una buena pelea, Jacko dio un paso al frente acercándose lentamente a Johnathan.
―Ahhh… ¿así que lo que quieres es pelear? Je jeh me gusta tu actitud, bueno entonces ven conmigo voy a darte lo que quieres. ―Le decía sonriendo de par en par, listo para entrenar al joven Fénix.

― ¿Jacko? Jeh… bien, siempre quise saber qué tan poderoso eras― Decía John sonriendo al igual que el caballero dorado de Escorpio, haciendo crujir sus nudillos de emoción.
―Bien, vamos, estoy ansioso de comenzar este entrenamiento.

―Je jeh, como siempre Johnathan San en búsqueda de un reto más alto. ― Murmuró el joven caballero del dragón mirando hacia la dirección que su compañero era llevado por el santo del Escorpión.
―A mí… me gustaría poder aprender más sobre la historia y sobre el cosmos, desearía poder entender mejor el universo que nos rodea.

Dicho eso el caballero de Aries se acercó a él colocando su mano sobre el hombro del muchacho, quien alzó su mirada curiosa directamente a él, quien le sonreía con gentileza.
―Bueno entonces déjame guiarte Shin, el conocimiento es una gran herramienta, tanto dentro como fuera de los combates, te servirá bien pasar un tiempo en la biblioteca del santuario.

― ¿En serio? Genial, entonces lo seguiré Shiki-Seinsei. ―Dijo emocionado comenzando a seguir al santo de Aries hacia la dirección del templo del carnero dorado y más allá de el, donde se encontraba la gran biblioteca del santuario.

Dos ya habían sido escogidos base a sus deseos y lo que querían aprender, ahora solo quedaban cuatro que aún no habían sido elegidos por ningún caballero dorado, Seinma miró a todos deseoso de ser el siguiente elegido, esperaba que fuese su maestro incluso… ¿por qué no? Su propio hermano lo eligiera para enseñarle más sobre cómo controlar su propio cosmos.

Hasta que Genki colocó su mano sobre el hombro de la joven Saintia de Andrómeda.
―¿Por qué no vienes conmigo hoy joven Danny? Estoy seguro de que podré enseñarte a cómo controlar mejor tus cadenas. ―Al decir eso la jovencita sonrió con alegría y entusiasmo.

― ¿De verdad? ¿Podrías enseñarme incluso el manejo de las armas doradas? ―Interrogó genuinamente emocionada de conocer cada una de las 12 armas doradas del caballero que daba el balance entre la paz y la justicia del santuario.

―Sí, ven, te enseñaré todo lo que pueda de la armadura de Libra. ―Comentó caminando con ella fuera de la vista de los demás, cosa que confundió mucho al caballero de Pegaso, quien estaba más que confundido porque él eligiera a su compañera.

―Espera Genki… ―Seinma corrió al lado de su mentor en busca de respuestas, pero él tranquilamente le regresó la mirada sonriendo pasivamente.
―Yo creí que tú me enseñarías hoy.

Ante sus palabras él acarició levemente la cabeza de su alumno, despeinándolo al instante.
―Tranquilo muchacho, ya he entrenado mucho contigo, es hora de que le enseñe a alguien más mis secretos. ―Reveló Moviendo a la joven amigablemente de un lado al otro, aunque ella estaba igual de sorprendida de que él la eligiera a ella y no l muchacho que había entrenado prácticamente toda su vida
―Además… la lección del día de hoy es abrir sus mentes a nuevos conocimientos y experiencias, así que tómalo como una oportunidad única para conocer a un nuevo mentor que te ayude a controlar lo que aún se te dificulta, que vendría siendo tu cosmos. ―Agregó viendo como su alumno se veía un tanto indeciso, pero al instante él asintió levemente sonriéndole a su mentor.

Era cierto quizá no siempre él estaría allí para entrenarlo, debía abrir su mente a nuevas experiencias, de cualquier manera, él era uno de los caballeros más fuertes que había conocido en su vida, Si Danny lograba aprender a cómo controlar sus cadenas al mismo nivel que Genki era capaz de controlar sus armas en batalla, sería una gran ventaja cuando pelearan contra los espectros la siguiente vez en la guerra santa.

Aunque había una persona más que no estaba a gusto con la decisión del santo de libra, y ese Era Kobu, quien solo podía ver con ira y decepción como nuevamente el caballero de Libra lo ignoraba, para tomar a otro bajo su tutela.
Que se debía hacer para convencer a ese hombre de que lo guiará y entrenara. ¿Que había que hacer para convencerlo de que él era digno de sus enseñanzas?

Poco después un nuevo caballero de oro se acercó a ellos tres, Era Sovek quien llevaba su tiara dorada colocada en su rostro, Seinma, Kobu y Benjamín lo miraban esperando a ver que sería lo siguiente que él les diría o a quien escogería, paseó sus ojos entre los tres hasta fijarlos en el muchacho de cabello rubio con la cicatriz en su mejilla izquierda, su mirada era fría… justo como la de su compañero Yuri, lo cual fue lo que él necesitaba para localizar al guerrero que él iba a entrenar.

―Tu eres Benjamín de Cisne… ¿no es así? ―Preguntó al muchacho, quien alzó la mirada unos segundos para entonces retirarla sin mayor interés sobre el santo de Capricornio.

―Sí… ¿y tú eres? ―Preguntó sin más emoción en su voz, realmente era parecido a Yuri de Acuario en todos sentidos.

―Sovek de Capricornio… tu maestro me ha hablado mucho de tu problema con tus manos. ―Respondió mirando a las extremidades del muchacho, las cuales se encontraban cubiertas por un par de guantes que restringían su maldición dentro.

―Sí, no he podido tener una vida normal debido a eso…―Murmuró levantando su mano derecha para verla detenidamente.

―Ven conmigo entonces, hay cosas de las que quiero conversar sobre tu toque congelante. ―Le dijo dándole la espalda, caminando en dirección hacia donde los demás habían llevado a sus respectivos herederos.

―Sí, como sea…―Murmuró desinteresado comenzando a seguirlo de cerca, lo que fuera que fuera que le dijera o hicieran… esperaba que no fuese una pérdida de su tiempo.

Dicho esto, Solo quedaban Seinma y Kobu, quienes esperaban a ser elegidos por los caballeros dorados, quienes los veían con atención, como si ellos pudieran leer sus expresiones y emociones con solo mirarlos, hubo un corto silencio en el lugar, que fue completamente interrumpido al momento de que uno de los caballeros dorados comenzó a caminar en dirección a ellos, era el santo dorado de Géminis, quien cargaba su casco dorado debajo de su brazo.

Sus ojos… estaban puestos especialmente en Kobu, pues podía sentir algo en él, no era bueno, pero tampoco era malo… parecía que él estaba luchando internamente consigo mismo por alguna razón, sentía una enorme curiosidad por este caballero, Curiosidad que pronto se convirtió en una genuina preocupación, había algo oscuro dentro de él y en su mirada que quería salir.

―Oye Niño… ¿cuál es tu nombre? ―Pregunto Arorios obligándolo a levantar sus ojos hacia él,

―Kobu… Kobu Walker. ― Respondió reafirmando sus inquietudes, sus ojos solo reflejaban odio y desprecio, algo que ya había visto tantas veces en el pasado. Una presencia que había tratado de devorar a su propio hermano tantas veces en el pasado.

―Acompáñame entonces. ―Pidió colocando su mano sobre el hombro del muchacho, quien sorprendido simplemente asintió con la cabeza para comenzar a caminar en silencio junto al santo de Géminis.

No sabía si sentirse feliz… o confundido, feliz en parte porque un caballero lo hubiera elegido a él primero que a Seinma, pero… al mismo tiempo se sentía confundido, pues no podía comprender por qué lo había elegido a él respectivamente el santo de la constelación Gemela.
Pero sin más comenzó a seguirlo ante la mirada atónita de Seinma quien tampoco podía comprender por qué respectivamente Géminis lo hubiera elegido….

Los demás caballeros dorados se quedaron en silencio hasta que… algo o alguien les dijo que se retirarán de ahí, o al menos eso pensó el joven caballero de Pegaso, pues todos y cada uno de ellos comenzaron a marchar a sus respectivas casas, dejando únicamente en el lugar, tanto a Seinma como a su hermano mayor Sora, quien solo podía mirar al suelo con decepción.

Seinma sin más se acercó a él, quien más pronto que tarde levantó sus ojos hacia su hermano menor quien le sonreía afablemente.
―Bueno… supongo que solo quedamos tú y yo Sora…―Murmuró el muchacho sonriendo levemente, cosa que Sora, no pudo corresponder adecuadamente.

―Lamento decírtelo… pero yo no seré yo quien te entrene el día de hoy. ―Murmuró dándole la espalda a su hermano otra vez, Seinma no podía entender que sucedía… si él no lo iba a entrenar, entonces ¿quién lo haría?

*Pegaso…* Una voz… la misma voz que había escuchado ese día se hizo presente nuevamente en su mente, así como pudo sentir que alguien lo agarraba del hombro a sus espaldas, esa era… la santa de Virgo, Seishin.

Seinma no podía comprender que sucedía, hasta que al conectar los puntos supo que ella sería quien lo iba a entrenar aquél día, él se sentía un tanto nervioso al verla, no hace mucho que ella le había advertido lo que sucedería sí volvía a acercársele a Athena.
Seinma por un momento no supo que hacer, que decir o que pensar…

Solo podía pensar en tratar de hacer no algo estúpido para hacerla enojar.
*Eso es exactamente lo que deberías evitar… así que sí… ya dejaste de pensar tonterías, ven a la casa de virgo, allí te estaré esperando.* Seinma se sorprendió al instante, más cuando la silueta de la guerrera dorada desapareció de su vista ¿es que acaso ella podía ver dentro de su mente? Tenía una idea de que era así… más no que de verdad fuese real eso de que pudiera leer su mente.

Ahora… se encontraba completamente Solo, los demás herederos habían sido guiados a sus respectivas zonas de entrenamiento por los Dorados…
Pero él tenía que irse solo allá, suspiró al parecer este no sería su día de suerte ni por asomo, con eso en mente se dispuso a llegar a la casa de Virgo por su propia cuenta…

Y justamente allí, Seishin miraba atentamente al caballero al que había llamado hacia su templo, tan tranquila como imperturbable en su perpetua pose de meditación, desde que las 3 partes que componían su cuerpo se separaron, aunque su cuerpo aún podía moverse estos movimientos eran muy limitados.
Romper su concentración tan solo por un instante haría que su mente y alma volvieran al punto de origen y eso no sería bueno para su misión de encontrar las 108 cuentas que sellarían las almas de los espectros, por esa razón no debía moverse… hasta completar su encomienda.

Pero aun así ese día estaba más que dispuesta a entrenar a ese muchacho, por primera vez en muchos años sentía una enorme curiosidad a algo que no fueran los reinos celestiales de los dioses.
Y eso era guiar a alguien cuya mente, cuerpo y alma parecían estar desconectadas una de otra al igual que las de ella, necesitaba comprender a este muchacho… y la única forma de hacerlo era sentarse con él a meditar en la tranquilidad de la casa de Virgo.

Un día antes en la Casa de Virgo.

Allí seguía, Seishin la Guardiana de Oro en su sempiterna posición de meditación, se podía notar una sensación de preocupación en su rostro, no por lo ocurrido horas antes en los aposentos del patriarca, sino por qué ella su alma ya había caminado por 3 de los 6 reinos celestiales, viéndolo y contemplándolo todo, buscando las 108 cuentas que sellarían las almas de los espectros impidiéndoles resucitar de la protección divina que les otorgaba las Sapuri y aún no tenía éxito… el tiempo pasaba de diferente manera entre aquellos reinos, lo sabía por qué los días en la tierra solían ser meses e incluso años en aquellos reinos, el tiempo era tan relativo que incluso una semana en uno de esos reinos serían tan solo unos segundos en el mundo de los vivos.

Y por lo que ella sabía, tampoco lo habían tenido éxito ni Arorios o su hermano gemelo Aroria, era imposible que ella no pudiera sentir la presencia de ese instrumento tan poderoso, se le había pasado por la mente incluso crear otro rosario de 108 cuentas como el que uno de sus predecesores había hecho en la antigua guerra santa, tenía el cosmos y la fuerza necesaria para hacerlo…

Pero aún si sacrificaba su vida y cosmos para crearlo, no había garantía de que el mismo pudiera servir de la misma forma que el que habían perdido.
Pero un árbol como el Mokurenji era único en su tipo, no volvería a nacer uno igual en el inframundo aunque pasarán miles de años, ella conocía también un campo de flores que crecían en el abismo, había estado allí un par de ocasiones, pero… aunque pudieran sellar las almas de los espectros en ellas, las misma se liberarían después de un tiempo, aquellas flores no eran tan fuertes como aquellos frutos sagrados las mismas se marchitarían liberando nuevamente las almas de los espectros y se necesitaba el cosmos de un dios para mantenerlas con vida… Al menos artificialmente por un largo tiempo.

Athena ya tenía demasiados problemas como para arreglar más a su lista y el patriarca estaba organizando a su ejército para la batalla definitiva por el universo, durante todo este tiempo sola había pensado en miles de formas de afrontar esta situación, incluso se le pasó por la mente viajar a otra realidad alternativa para tomar el rosario de algún otro caballero de virgo que estuviera enfrentando la misma guerra que ella.
Pero… eso no sería justo, no sería justo para ellos, un arma tan poderosa como esa era necesaria para darle equilibrio a una guerra donde los soldados del bando contrario morían y resucitaban una y otra vez.

Mientras que sus aliados morían y se convertían en combustible para sea lo que sea que fuere que los espectros estuvieran tramando hacer con ellas, no podía dejar desprotegido a otro mundo a sabiendas de que ellos tendrían que enfrentar la misma situación que el santuario.
Debía ser más inteligente, encontrar respuestas inteligentes a problemas complejos pero con el tiempo en su contra y con muchas cosas que hacer eso era algo demasiado complicado de lograr, hasta que sus pensamientos fueron interrumpidos con la llegada de alguien a su templo.

Lo había visto llegar desde antes, pero no se había cuestionado por qué hasta que comenzó a adentrarse en su casa, ella mantuvo una expresión neutral hasta que finalmente estuvieron frente a frente.

Era ni más ni menos que el caballero de Géminis, Arorios Asura quien llevaba su casco cargando en su brazo derecho, él al instante hizo una respetuosa reverencia y finalmente se sentó en el suelo en pose de meditación.

*¿Arorios…? Es poco común de tu parte que vengas sin avisar a la casa de virgo…* Decía ella tranquilamente dirigiendo su rostro hacia la dirección del caballero de la constelación gemela.
*¿Que sabiduría deseas hallar el día de hoy?*

―Ninguna en realidad, solo quise venir a charlar contigo y… a aclarar mis pensamientos. ―Reveló colocando su casco en el suelo, posando entonces su mirada sobre la mujer que se encontraba en el centro del templo.
―Es un buen día después de todo, nuestra diosa finalmente ha tomado la iniciativa y está dispuesta a llevarle la guerra a Hades. Pero, para eso requiere que todos sus caballeros lideremos a su ejército para que las posibilidades estén igualadas, entiendo por qué le llaman la diosa de la guerra, pensó primero en aquellos que tienen menos posibilidades de sobrevivir para volverlos guerreros fuertes y poderosos.

*Así es… durante este tiempo ella ha crecido y se ha fortalecido, y todo gracias a la ayuda del patriarca. *Aclaraba la doncella virgen al caballero de la constelación dual, quien solo atinó a reír levemente.

―No creo que haya sido por el patriarca, yo creo que fue por otra cosa. ―Murmuró acariciando la punta de su casco dorado con sus dedos, al instante la Santa de la virgen no entendía a qué se refería con eso, a menos que… él supiera algo que no debía.
―No hace mucho el joven caballero de Pegaso vino a este santuario y no lo vi salir de la casa de Cáncer pero… sí por la de Aries, lo que me hace pensar, que quizá él tuvo algo que ver con que nuestra diosa finalmente retomara su camino al lado correcto.

*¿A qué te refieres Arorios? *Preguntó un tanto seria por la declaración del santo de Géminis, pero él negó levemente con la cabeza.

―En nada en particular, solo digo que la motivación correcta, puede poner a todos en la senda verdadera, incluso a los dioses e inclusive a aquellos que han perdido su camino entre las tinieblas. ―Murmuró sonriendo levemente cerrando sus ojos lentamente.

*¿Ocurre algo Arorios? * Preguntó nuevamente la guerrera dorada, consternada por las palabras del caballero de Géminis, no sabía a lo que quería llegar con eso, pero no estaba segura si eso le gustaba o no.

―Nada en realidad, de cualquier forma, sé que no puedo ocultarte nada, tú puedes leer mi mente como un libro, así que cualquier duda o temor que yo sienta sería rápidamente corregida por ti. ―Comenzó a explicar con voz firme y tranquila hacia la guerrera dorada, quien escuchaba atentamente todo lo que su compañero dorado tenía que decir.
―Lo único que siento, es una terrible preocupación por el futuro de la guerra santa, tanto yo como mi hermano no hemos dado ningún avance, es frustrante si me lo permites decir, estamos cada vez un paso más cerca del verdadero conflicto, con Hades a punto de revelar sus cartas y… la herramienta que nos ayudará a frenar el avance de su ejército se encuentra aún muy lejos de nuestro alcance. ―Continúo mirando al suelo, con preocupación y desconcertado por todas las revelaciones que había estado teniendo todo ese tiempo, ¿cómo era que él, un caballero dorado, uno de los guerreros más poderosos de todo el universo tuviera este tipo de dudas? Y la respuesta era… porque seguía siendo humano, aun habiendo atravesado tantos reinos y dimensiones, habiendo superado tantas barreras y trascendido al nivel más alto por un hombre… seguía siendo humano.

―He pensado mucho en lo que me dijiste aquella vez… y sé que no es la primera vez que perdemos una guerra, pero sí sería la última, sin una verdadera fuerza que pueda equilibrar la balanza, entonces estaremos perdidos… dime, aún en el filo de la derrota… y de la muerte ¿tú qué harías? ¿Cuál sería la mejor forma de accionar si ese momento llegara? ―Preguntó ahora él, completamente preocupado, cosa que dejó a la guerrera dorada… completamente en silencio.

La santa de la virgen tardó mucho en responder, de hecho, su respuesta tardó aún más de lo que Arorios esperó, y podía asumir por qué era, pensar una respuesta adecuada era algo complicado, el poner todas las dudas, inseguridades y resoluciones incorrectas era algo que se debía eliminar para dar una respuesta firme y contundente.

*Seguiría luchando por mi maestro… y por Athena, aún en cara de la derrota inminente, pues mi orgullo, es pelear por aquellos que me salvaron la vida y que le dieron sentido a mi existir. * Y con esa respuesta la expresión de Arorios cambió de una de completa tranquilidad, ella siempre encontraba una forma de apaciguar sus pensamientos y esta no había sido la excepción.

―Muchas gracias Sira… ahora comprendo que es lo que debo hacer. ―Murmuró alzando sus ojos para verla únicamente a ella tan tranquila y serena como siempre.
―Apenas terminemos con este entrenamiento, volveré a buscar las 108 cuentas y no descansaré hasta encontrarlas… pero… por sí alguna razón llego a morir en mi encomienda, por favor, reza para que mi alma regrese a ti. ― Con sus palabras ella no supo que decir, no supo cómo interpretarlas o… como procesarlas, pero sus labios simplemente se curvearon en una pequeña sonrisa.

*Está bien, Arorios…* Dijo simplemente, dejando que el caballero de Géminis suspirará de alivio, él jamás había conocido el cielo solo el infierno… pero, aun así, si ese cielo existía, deseaba que ella lo llevará en sus brazos hasta él, hacia esa paz que solo conocía a través de ella.

― ¿Puedo quedarme charlando contigo hasta el anochecer? ―Preguntó nuevamente pintando una sonrisa sobre sus labios, a lo que ella, respondió asintiendo con la cabeza.

La actualidad.

Seinma finalmente había llegado al templo de virgo, Se sentía cansado al haber tenido que correr todo el trayecto desde la primera casa hasta la sexta, apenas podía sentir las piernas, él se recargó en uno de los pilares de que sostenía el portón del santuario de Virgo, admirando los interiores que se veían un tanto oscurecidos, con la imagen de la guardiana del mismo en el centro de la enorme casa.

Seinma suspiró levemente reafirmando su determinación para entrar a este lugar que parecía tan tranquilo y apacible, que nadie jamás podría perturbarlo… o al menos eso pensaba, sus pasos sobre las losas de mármol provocaban un eco que chocaba con todas las paredes, pintadas y adornadas con imágenes religiosas, desde la última cena, hasta la imagen del mismo buda.
La primera vez que había venido aquí y las otras ocasiones nunca se había dado el tiempo para admirar bien ese templo. Pero la imaginería religiosa que adornaba las paredes y el techo eran increíbles.

Seinma por poco se sentía abrumado por tantas cosas, pero al momento de quedar frente a la amazona dorada de Virgo él la contemplo, no había cambiado de posición desde la última vez que la vio, se preguntaba qué era lo que ella veía en ese estado completamente inmóvil en una eterna posición de meditación.

*Veo el mundo y las estrellas, además de vigilar más allá de este templo, mis ojos están puestos en todo el santuario pues mi vigilia es eterna, debo cuidar de que ningún intruso entre al santuario… Así como debo evitar que los caballeros que habitan en él se vuelvan contra Athena o el Patriarca.* Dijo dentro de la cabeza del Pegaso, quien tarde recordó que ella podía ver dentro de su mente, sabía lo que él pensaba pero no sabía que tan amplio era su alcance hasta ese momento.
*Ese ha sido mi deber desde que obtuve esta armadura… y lo seguirá siendo hasta el día de mi muerte.*

―Huh, genial… digo, no por la parte de morir o eso, lo digo más por… eh…

*Comprendo, como la santa de virgo mi trabajo es siempre mantenerme al tanto de lo que ocurre en el santuario y lo que ocurre en el universo, mientras hablamos mi mente mantiene su vigilancia, mi alma viaja entre diferentes mundos lo cual deja a mi cuerpo interactuar contigo aquí y ahora. *Explicaba con un temple tan tranquilo y sereno que era casi aterrad, Seinma apenas podía concebir que tanto su cuerpo como su mente y alma estuviesen haciendo cosas diferentes al mismo tiempo, le parecía imposible pero… con los caballeros dorados lo imposible se volvía posible.
*Eso es correcto, lo imposible no existe al menos no para nosotros, mientras las leyes de la física, la realidad o el tiempo existan nosotros siempre las desafiaremos, siempre que sea en nombre de nuestra Diosa y por la paz que ella tanto anhela.*

―Bueno supongo que sabes todo lo que pienso, así que… creo que sabes lo que necesito preguntarte. ―Dijo Seinma esperando a que ella le dijese la razón del porqué lo había elegido a él, exclusivamente a él después de que todos sus compañeros hubiesen sido elegidos por otros dorados cuando él esperaba ser seleccionado por su hermano o por su mentor.

*Te elegí porque Genki me ha hablado sobre tus problemas de manejo del cosmos además… por qué sé que siempre estás buen busca de respuestas a las preguntas que siempre te haces día a día… Yo no tengo todas las respuestas, pero… aun así puedo guiarte sí así lo deseas y si no te agrada puedo decirle a tu hermano que venga a por ti… * Manifestó nuevamente de la manera más elocuente para que él entendiera, puede que no fuese un chico tan listo… pero hasta él podía entender que ella era una de las personas con más conocimientos de todo el santuario… a parte del patriarca.
*Veo que eres perceptivo… aunque evita llamarte poco inteligente, hay una gran diferencia entre ser un caso perdido y no haber tenido una guía adecuada, así que tente un poco más de estima muchacho…*

Seinma ya empezaba a sentirse incomodo con el como ella veía dentro de su mente de manera tan indiscriminada, ¿era esto normal? ¿A caso ella debía pedir permiso o simplemente lo hacía como lo estaba haciendo en estos momentos con él? De cualquier manera era extraño muy extraño…
El muchacho suspiró levemente tratando de calmarse.

Como su maestro le había dicho, debía abrir su mente a nuevas experiencias.
―Bueno, ¿entonces que me enseñarás hoy? ―Preguntó colocándose en posición de combate boxeando con el aire en dirección contraria a la santa de virgo, lanzando un par de golpes a la nada.
―¿Vamos a entrenar mi estilo de combate, mi cosmos, me enseñarás trucos nuevos o…

*No, eso ya lo ha cubierto Genki en mayor medida…*Respondió tranquilamente causando que el muchacho se detuviera al instante.
*Voy a ayudarte a entrenar tu cosmos, pero no de la forma que ya te estarás imaginando, el día de hoy no vamos a pelear.*

― ¿Eh? Entonces… porqué me llamaste hasta aquí si no vamos a pelear, creía que esto era un entrenamiento. ―Dijo genuinamente confundido, no entendía por qué ella lo había llamado entonces, si no iban a entrenar su cuerpo, ¿entonces que iban a entrenar?

*Un entrenamiento no tiene porqué ser solo físico, tiene que ser mental.* Reveló notando que el muchacho se sentía… decepcionado de alguna forma, entendía que esta no era la forma en la que quería iniciar un entrenamiento… pero debía empezar a pensar más con la cabeza y menos con los puños.
*Tu mente necesita fortalecerse adecuadamente, así deberé pedirte de favor tomes asiento e intentes despejar tu mente.*

―Bueno no sé mucho de eso, pero… debes tener buenas razones para pedírmelo así que… está bien supongo. ―Añadió Seinma finalmente sentándose en el suelo, cruzando sus piernas y tratando de adoptar una pose de meditación igual a la de ella, uniendo sus puños frente a su pecho.
―¿Así está bien?

*Sí… ahora trata de concentrarte, vacía tus pensamientos de toda distracción e intenta alcanzar una iluminación mental. * Explicó nuevamente esperando a que él captará lo que ella quería decirle.

―Uh… está bien…―Murmuró inseguro de a qué se refería con eso de. "Iluminación mental…" aunque conociéndola ella le diría apenas pensó en el significado de esas palabras

*Muchacho… enfócate, deja de pensar como lo harías naturalmente y empieza a pensar fuera de tu zona de confort, tan solo relájate, escucha el sonido del viento, de las aves, encuentra tu centro, concéntrate en él hasta que puedas alcanzar un estado mental en el que tu cuerpo, mente y alma se sincronicen en armonía. * Al decirle eso Seinma respiró hondo y exhalo con fuerza, él no era precisamente la persona más tranquila del universo, pero… podría intentarlo.

Una de las cosas que Genki le había enseñado era a concentrarse para poder tener un mejor entendimiento y manejo del cosmos, había tenido un par de momentos como esos en el pasado, aunque no estaba verdaderamente seguro de como los había conseguido.

Sira era efectivamente una de las guerreras más poderosas de todo el universo, así que sus palabras eran absolutas, debía encontrar su centro, el punto de equilibrio donde su mente cuerpo y alma se encontrarán en armonía.
Aunque su pregunta era… ¿qué era eso que le daba armonía? Preferiría evitar de pensar así ella no lo sermonearía o regañaría por hacerlo mal, si es que ella estaba escuchando sus pensamientos, si ese era el caso… eh…

Comenzó a tararear una cancioncita tratando de dispersar sus pensamientos a ver si eso alejaba a Sira de sus pensamientos, y ella suspiró pesadamente por ello, esto sería un tanto más complicado de lo que había esperado.

*Pegaso… lo haces mal…*

―Disculpa…―Murmuró apenado bajando su cabeza avergonzado.

Mientras tanto: en otro lado.

Johnathan retrocedía en una arena de combate enteramente diseñada para Jacko, todo estaba rodeado de fuego e imágenes referentes al alacrán de oro, no quería admitirlo, pero John se estaba empezando a cansar y Jacko ni siquiera había empezado a pelear en serio, mientras que él ni entrando en su modo Berserker podía hacerlo retroceder.

Las llamas que cubrían toda la arena era una prueba de que él estaba luchando con todo su corazón puesto en derrotar al caballero dorado… pero él, simplemente estaba jugando con él, esperando a que llegara ese momento de quiebre donde tanto sus llamas como su cosmos lograran hacerlo caer, al menos solo una vez.
Pero como si una simple fogata fuera las llamas que cubrían a Jacko se disiparon con un simple acto de agitar de su capa, mostrando así al caballero dorado parado frente a él quien caminaba entre las flamas del Fénix como si nada, había utilizado todo su poder en ese ataque, era imposible que pudiera soportar un golpe de esa magnitud y no retroceder al menos un poco.

― ¿Eso es todo lo que tienes Johnathan? ―Preguntaba con un tono de voz arrogante, lo cual hacía enfurecer al caballero de bronce, ¿cómo era que después de recibir 3 ave Fénix no había caído al suelo derrotado o mínimamente lo había hecho retroceder apenas un poco? Rayos… incluso su capa seguía intacta. No importaba con que lo atacara, Jacko parecía no inmutarse con nada.
―No está nada mal, pero tus llamas siguen siendo débiles pero si lo que buscas es incinerarme vivo, lo estás haciendo muy mal. ―Agregó mostrando en su mano derecha una sola garra de color rojo carmesí que había crecido justamente en su dedo índice una única Aguja Escarlata, que solo con su presencia Johnathan podía sentir un calor sofocante viniendo en dirección de Jacko, no podía explicarse como algo tan pequeño podía producir tanto calor, tanto como para que las llamas alrededor suyo se estremecieran de terror con lo que Jacko tenía en uno solo de sus dedos.
―Este es el poder que buscas Johnathan y si lo que buscas es alcanzarlo entonces has hervir tu propia sangre. Permíteme mostrarte. ―Añadió apuntando la aguja escarlata directamente al pecho del joven caballero.
― ¡Aguja Escarlata!

De un momento a otro Jacko desapareció de su vista, las llamas que se habían encontrado rodeándolo se movieron agresivamente, John no pudo comprender que había sucedido hasta mirar a sus espaldas, donde el cosmos de Jacko era fuerte, él se encontraba en una posición extraña, como si se hubiera detenido después de haber viajado a una velocidad increíble, con todo su cuerpo extendido hacia adelante y hacia atrás.
Con el dedo que poseía la aguja escarlata apuntando a la dirección contraria donde se encontraba Johnathan, no fue hasta que Jacko miró a sus espaldas que él se dio cuenta de que había sucedido. Y al mirar hacia su armadura John pudo percatarse de ello.

Su armadura tenía un pequeño agujero justo en el pecho, John por un instante creyó que el ataque no había logrado atravesar su piel, pero esto fue desmentido al instante cuando Jacko comenzó a hablar de nuevo.

―Ahora es cuando el dolor comienza. ―Y tal como si sus palabras hubieran activado algo dentro de Johnathan, él pudo sentir un dolor tan agudo como indescriptible justamente en su pecho, dolor que se extendía desde sus brazos, hasta sus piernas Un dolor que le había arrancado un desgarrador, él cayó de rodillas al suelo tratando de soportar aquél agonizante dolor, ni siquiera cuando había entrenado en la isla de la reina de la muerte había sentido algo similar. Casi parecía que su interior se estaba quemando, una sensación que ni siquiera le fuego que él lograba crear podía simular.
―Ese es el fuego que tu buscas Johnathan, siéntelo, siente como arde debajo de tu piel, de esa forma debes hacer hervir tu sangre, debes quemar tu alma como una flama eterna, expulsar el fuego de tu cosmos para destruir al enemigo por dentro y por fuera. ―Decía dándole frente al cuerpo del caballero de bronce que seguía de rodillas en el suelo.

Fuera por su voluntad de acero, o su increíble fuerza física, él apretó sus puños y dientes para comenzar a levantarse, aún si el dolor que quemaba sus entrañas era imposible de soportar
―Puedo Sentirlo… Jacko, gracias por mostrarme… el poder que tanto he anhelado…―Respondió Johnathan poniéndose de pie nuevamente, para finalmente encarar a su adversario.
―Ahora… permíteme agradecerte borrándote esa estúpida sonrisa de tu rostro. ―Remarcó sus palabras dejando salir un denso humo de su boca, que era gracias al calor que ahora estaba invadiendo su propio corazón, fuera lo que fuera, este entrenamiento estaba siendo de mucha ayuda para Johnathan, finalmente se estaba acercando al nivel que tanto había deseado, el nivel que tanto había anhelado.

Finalmente estaba alcanzando el Séptimo Sentido.

―Je je jeh… ¡Así me Gusta! ―Exclamó Jacko encendiendo su cosmos, el cual destrozó el suelo en done estaba parado, la diversión apenas estaba comenzando. Johnathan al mismo tiempo hizo arder su cosmos como nunca, ocasionando que ambas energías combinadas comenzaran a derretir todo a su alrededor.
―¡VAMOS JOHNATHAN!

―¡JACKOOOOOOOOOOOOO! ―Johnathan Exclamó iracundo, lanzando sus puños hacia el caballero dorado a toda potencia, los cuales chocaron contra los del caballero del alacrán, ocasionando un poderoso estruendo en toda la arena de combates.

Entonces… en otra parte.

Genki miraba con atención a la joven de Andrómeda, quien poseía ambos escudos de libra en sus brazos, tratando de dominarlos justo como lo había hecho con sus cadenas, hasta que un retumbar los sacó de sus pensamientos para mirar al techo de su templo curioso.
Al parecer alguien estaba pasando un buen tiempo en la casa de escorpio, tanto como para sacudir el polvo acumulado en su casa.

―Bueno al parecer Jack y John se están divirtiendo mucho. ―Dijo el caballero de libra sonriendo levemente, aunque no sabía si sentirse feliz por su compañero… o preocupado por el joven caballero de Bronce, esperaba que su compañero no se pasara con el muchacho, si llegaba a matarlo… no sabía que sucedería después.

Pero Jacko había pasado mucho tiempo sin hacer nada este quizá era la mejor forma en la que podía liberar estrés sin tener que salir del santuario. Aunque lo único que deseaba es que fuera gentil con él… o bueno lo más gentil que en términos de Jacko se refería.
Pues a la hora de combatir él era una completa bestia en el combate, nada podía frenarlo hasta sentirse satisfecho, y eso podía ser derrotando al enemigo… o asesinándolo, en dado caso esperaba que no se pasara de la mano con él y menos en un entrenamiento controlado por el santuario.

―Espero que Johnny esté bien, no me gusta cuando se pone… tan agresivo. ―Murmuró la joven un tanto insegura de que dejar a Johnathan con Jacko fuese una buena idea, en el peor de los casos él terminaría muerto y Jacko desterrado… y en el mejor, la casa de Escorpio terminaría hecha un montón de ruinas.

―Tranquila, está en buenas manos… aunque no sé qué tan bueno sea eso cuando hablamos de Jack… pero tranquila, estoy seguro de que no harán nada estúpido. ―Respondió el caballero de libra sonriéndole gentilmente a la joven a quien le estaba enseñando a cómo utilizar las armas de libra.
―Ahora, muéstrame la defensa rodante con los escudos de libra.

―Entendido. ―Respondió ella asintiendo levemente para entonces concentrarse completamente sobre los objetos de oro que tenía entre sus manos, eran pesados y demasiado rígidos, no como sus cadenas que eran ligeras y maleables, aunque esos también tenían cadenas, no era tan fácil dominarlos como sí lo era con las que ya estaba acostumbrada… ella concentró su cosmos, para lograr la forma de la defensa rodante, tratando de maniobrar los escudos justo como lo hacía con sus cadenas. Al instante los mismos comenzar, primero lento y después rápido, levantándose solos como si tuvieran vida propia.
―¡Ohhhhh! ¡Defensa rodante! ―Exclamó levantando ambos escudos al aire, para que al instante estos se arremolinarán bajo sus pies, creando un circulo enorme con sus cadenas quedando ambos escudos tanto delante como detrás de la Saintia, cerrando finalmente la técnica defensiva insignia de Andrómeda.

―Jeh… nada mal, primero la Cadena Nebular y ahora la Defensa Rodante, incluso pareces natural haciendo esto.

―Je jeh, gracias maestro Genki… ―Menciono recuperando los escudos de libra nuevamente a sus brazos, casi parecían responder como lo hacían sus cadenas, al imbuirlos en su propio cosmos ellos actuaban casi como si sus propias cadenas lo hicieran por esa misma razón se seguía impresionando del enorme conocimiento mental… muscular o cósmico, no sabía cómo catalogarlo en realidad la habilidad que ella poseía, pues podía convertir todo tipo de cadena en sus cadenas de Andrómeda
―Creo que tiene que ver con que los escudos de libra tienen cadenas, claro son pesados y son un tanto difíciles de dominar, pero en cuanto empiezo a pensar en ellos como si fuesen mis cadenas se vuelve un poco fácil maniobrarlos.

―Eso está muy bien, y a propósito de eso, ¿crees que serías capaz de controlar Sansetsukon (la triple barra) o los nunchakus? ―Preguntó sorprendiendo a la joven con la pregunta, los escudos eran fáciles, pero las cadenas de esas armas eran mucho más cortas que la de los escudos.

Podría intentarlo pero el resultado sería imprevisible, al menos con los escudos tenía una ventaja clara por todo lo dicho anteriormente.
―No estoy segura respecto a eso, aunque… podría intentarlo digo puede ser que sea más sencillo que tratar de dominar el tridente o las Tonfas, además… nunca fui muy buena con las espadas, je jeh…―Murmuró completamente apenada, su habilidad no era demasiado amplia con las armas, apenas podía maniobrar los escudos como si fueran sus fieles cadenas circular y triangular, no estaba segura de sí podría dominar otras que no fueran esas.

―Jamás he escuchado a nadie que sea bueno con una espada… aunque siempre hay una primera vez para todo supongo. ―Murmuró riendo levemente posando su mano derecha sobre el hombro izquierdo de la jovencita, quien aún poseía ambos escudos en sus brazos.
―Y qué me dices de… ¿Un Bo?

― ¿Un Bo? No sabía que había una treceava arma de Libra. ―Murmuró sorprendida de la revelación de Genki, había estudiado mucho sobre las armaduras doradas y lo que se necesitaba para portar cada una de ellas.

La mayoría requerían alzarse más allá del Sexto Sentido para empuñarlas con mayor y mejor versatilidad, el cosmos hacía que las armaduras fuesen más que una simple coraza o un pedazo de metal que cubría el cuerpo, mientras más fuerte fuera el cosmos del usuario más ligeras y poderosas eran, por eso se necesitaba alcanzar un nivel alto de Cosmos para ser digno de una armadura dorada.

―No la hay… o al menos aún no… supongo que nadie te lo ha mencionado pero la armadura de libra tiene muchos secretos. ―Respondió avanzando hacia las 10 armas doradas que se encontraban en el suelo frente a ellos, para entonces tomar una de las espadas doradas únicamente para mostrársela.
―Uno de ellos es que las armas de esta armadura pueden adoptar distintos propósitos dependiendo de lo que necesite aquél que la empuña, por ejemplo las Tonfas se pueden convertir en Kama, las Espadas en Espadones o Espadas Largas, los Tridentes en Lanzas, los Escudos pueden convertirse en Discos Voladores, los Chacos en Kusagiramas y la Triple Barra puede volverse un Bo. ―Explicaba únicamente para que ella admirará como el arma en manos de Genki cambiaba de forma, justo como lo había explicado anteriormente, sin importar lo que fuera, la espada se había ensanchado o alargado ante sus comandos, convirtiéndose en una espada recta, un espadón, o una espada corta, era como si la misma arma reaccionará a sus peticiones de lo que le quería enseñar a la joven Andrómeda.
―Toda la armadura parece haber sido diseñada para que cuando fuese necesaria, las armas actuaran en favor de aquél que las empuñara, así pues, cuando utilizo una de estas armas recuerdo siempre que es la voluntad de la misma entregarme lo que necesito más que simplemente elegirlo, eso me ayuda a entender mejor el balance entre usuario y armadura y a ampliar mis conocimientos en el combate con Armas. ―Finalizaba su explicación dejando la espada junto a su hermana gemela que al instante regresó a su forma original como una espada media, esto había impresionado en demasía a la joven Saintia, jamás creyó que la armadura de Libra escondiera tantos secretos
―Por supuesto que Athena desaprueba los combates de caballeros utilizando armas, pero… cuando verdaderamente son necesarias, pueden convertir una situación desesperada en una victoria segura, por esa razón estimo mucho esta armadura, ya que tanto sus secretos como las cosas que puede llegar a lograr me siguen sorprendiendo incluso hoy en día. ―Añadió acariciando el cofre dorado que se encontraba justo al lado de sus armas, mostrando el cariño que le sentía a esta armadura, no solo por ser su compañero incondicional, sino que había sido el último regalo que su maestro le había dado.

―Guau… es realmente increíble todo lo que la armadura de Libra puede llegar a hacer. ―Comentaba dejando los escudos junto a las demás de sus armas hermanas que componían la armadura dorada, en su vida pudo haber creído que una armadura como esta pudiera poseer tantos secretos y tantas formas de ser utilizada… pero ahora que los veía, no paraba de sentirse emocionada por querer conocer mucho más de la misma armadura
―Me encantaría poder aprender a manipularlas todas algún día. ―Dijo con los ojos brillándole de la enorme emoción que sentía, sin duda algunas era como un sueño hecho realidad.

Al inicio se sintió un tanto decepcionada de que Fuera Shinryū y no ella quien entrará a la biblioteca del Santuario, para conocer más de la historia como del pasado del santuario, así como los miles de conocimientos que el gran libro que había tomado… "Prestado" de ahí, no mostraban en lo absoluto, pero ahora que tenía un vistazo a un mundo nuevo se sentía verdaderamente agradecida de que Genki la eligiera para entrenarla el día de hoy.

Así como la enorme biblioteca del santuario, conocer de primera mano los secretos de una de las armaduras más importantes que existían era una bendición, no todos los días el caballero a quien le pertenecía dicha armadura podía guiarte por sus misterios de primera mano.

― ¿Bueno por qué no hoy? Hoy es un día para aprender cosas nuevas, y entre más aprendas más cerca estarás de alcanzar el siguiente nivel. ―Preguntó sonriéndole a la jovencita, quien al escuchar eso se levantó, con los chacos sujetos en sus manos lista para seguir aprendiendo todo lo posible de esta hermosa armadura.

―Je jeh, eso es cierto maestro Genki…―Respondió tratando de enfocar su cosmos en ellos para hacer justamente lo que él había hecho anteriormente, cambiar su forma para que las cadenas de los mismos se alargaran y así hacer de su entrenamiento más sencillo, y dicho y hecho la armadura respondió a lo que ella necesitaba alargando la cadena y de las puntas de ambos dos pequeñas hijas de metal dorado salieran como guadañas, este debía ser el modo Kusagirama que le había mencionado.
―Bueno pues sigamos entrenando, quiero conocer todas las armas de libra así como sus variantes. ―Dijo lista para su siguiente lección con ambas armas listas para hacer la voluntad de la joven.

―Así me gusta. ―Respondió Genki dispuesto a seguirle enseñando todo lo que él sabía, sin duda alguna entrenar junto a un caballero dorado era una gran experiencia, ella aprovecharía todo este día para asimilar y comprender todo lo que Genki le dijese, así ella misma en un futuro sería capaz de darles un uso adecuado a las mismas.

No muy lejos de Allí en Biblioteca del Santuario.

Shinryū estaba más que maravillado, la biblioteca rebozaba de libros y libros llenos de conocimientos tanto antiguos como actuales, muchos de ellos escritos por el puño y letra de caballeros que habían vivido miles de años, mucho antes de que ellos nacieran.
Algunos de esos textos relataban estrategias de batalla que se había utilizado en guerras anteriores, otros hablaban sobre cómo era la vida en esos tiempos donde los avances tecnológicos eran limitados, pero a su vez existían poetas, pintores, escultores, astrólogos y filósofos que en su vida había escuchado hablar.

¿Platón, Sócrates, Aristóteles, Demócrito? No sabía quién eran ellos, pero sus conocimientos habían sido plasmados en muchos de aquellos libros que él solo podía ojear para comprender su filosofía, así como las historias que ellos habían narrado.
No solo esos, también podía leer las grandes aventuras del poderoso Perseo, el gran Teseo, el fuerte Hércules, el valiente Herón y el invencible Aquiles, conocimientos que se creían perdidos en el viejo mundo habían sido cuidados y resguardados durante miles de siglos en la biblioteca sagrada del santuario de Atenea.

Incluso en un par de esos pudo conocer más sobre las hazañas del rey Leónidas que con sus 300 espartanos hicieron frente a hordas de persas en la batalla de las Termopilas o el gran Temístocles uno de los guerreros Atenienses más sobresalientes de toda la historia del santuario.
Con narraciones tan detalladas y tan vividas que daban la impresión de haber sido escritas minutos o segundos después que ocurrieron aquellos acontecimientos
Mucha de esta información no la enseñaban en palestra, no comprendía porqué si eran datos de suma importancia sobre la historia griega… y humana en sí.

Batallas legendarias, héroes de otros tiempos, intelectuales que habían estado en contacto con conocimientos de otros mundos, esto era simplemente fantástico, como sacado de un sueño sin fin.

―Vaya, esta biblioteca tiene de todo… ―Comentaba el joven caballero dragón sujetando un libro que relataba los sucesos ocurridos en la guerra santa de hace más de 1000 años, y a su lado derecho una pila de libros que ya había terminado de leer y al izquierdo otra que quería comenzar a leer.
―He explorado mucho las bibliotecas de Palestra en búsqueda de conocimientos, pero jamás había conocido tanto del pasado como en los libros del santuario. ―Comentaba sonriendo levemente arreglando sus anteojos empujando la carcasa hacia atrás para ver mejor

―Je jeh, eso es porque la mayoría de estos libros son reliquias en sí mismas. ―Explicaba el caballero de Aries llevando, más de los textos de un lado a otro, colocándolos en las estanterías donde pertenecían, aquí muchos de los caballeros que protegían al santuario venían a aprender más sobre el mundo, el universo y sobre la historia en sí misma,
―Mi madre… junto con los anteriores caballeros de oro y los santos de Aries se encargaron de recopilar toda la información del mundo justamente aquí, en esta biblioteca. ―Explicaba tomando los tomos que Shinryū había elegido para explorar, colocándolos en los espacios donde ellos pertenecían.
―Muchas de las cosas que sabemos es gracias a estos libros, conocimientos perdidos por generaciones se encuentran aquí, en esta gran colección. Incluso aquellos libros que se creyeron perdidos en la gran quema de la Biblioteca de Alejandría se encuentran aquí intactos. ―Seguía explicando admirando todas las filas y filas de manuales que se encontraban esparcidos por todo el enorme templo, el cual se extendían más allá de donde la vista podía alcanzar, Shinryū no podía imaginarse como es que todos esos conocimientos habrían sido rescatados, quizá transcribieron todo antes de que la biblioteca fuese incendiada o quizá habían entrado y robado aquellos textos para preservarlos por toda la eternidad, de cualquier manera saber que los caballeros habían sido capaces de salvar algo tan importante como aquello era… genuinamente admirable por parte de ellos.
―Los caballeros somos portadores de conocimiento y sabiduría, perder el conocimiento sería perder parte de la historia humana, así como una parte de nosotros mismos. ―Explicaba acomodando otro de los textos en uno de los apartados que trataban la historia universal, justo como Shiki lo decía cada uno de estos había sido cuidado y tratado con respeto durante los siglos que los caballeros estuvieron en la tierra,
―Hemos protegido estos libros desde la era del mito hasta nuestros días, porque de esa forma preservamos la sabiduría de tiempos pasados para evitar que se pierdan para siempre.

―Esto es increíble Shiki-Sensei… aquí hay más conocimientos de lo que cientos y cientos de caballeros no lograrían transmitir ni en mil vidas. ―Comentó alzando la mirada hacia él, estaba agradecido por haber sido elegido por el gran caballero de Aries, Guardián de la primera casa y de estos conocimientos antiguos.

Se preguntaba… Si Danny había pasado su infancia en este lugar, eso explicaría mucho lo inteligente que era, rodeada tanto de conocimientos como de los 12 santos dorados debió haber sido una experiencia enormemente gratificante, rodeada de tanta sabiduría.
Podría decirse que ella había devorado cada uno de esos tomos que lo rodeaban, quizá… toda la biblioteca se encontraba dentro de su cabeza para este punto.

―Lo sé, incluso aquí se encuentran los archivos y esquemas de las 88 armaduras existentes. ―Comentaba acariciando el lomo de un libro en específico un libro que lo había acompañado durante toda su vida al tomarlo entre sus manos lo admiró, acariciando su cubierta de cuero con especial afecto, cuya cubierta tenía la imagen de un carnero dorado, para entonces señalar en la dirección donde se encontraban varias hojas de papel enrolladas
―Mi gente ha preservado estos pergaminos por generaciones, esto fue lo que me ayudó a convertirme en caballero… una vez que perdí a mi madre. ―Aunque él mismo no se consideraba un erudito gracias a los miles de conocimientos almacenados en esa basta colección se había abierto paso en el camino de la vida como caballero y como médico.

Shinryū bajó la cabeza en señal de respeto, al parecer… ellos dos tenían más en común de lo que alguna vez se hubiera imaginado.
―Lamento oír eso… Shiki-sensei. ―Murmuró Shinryū apenado por las palabras del caballero dorado. ―No tenía idea de que usted también, había perdido a uno de sus padres sino era que a ambos.

―Jeh, no te preocupes. ―Respondió reafirmando que el dolor que lo había desolado por años ya había mermado, dicho eso dejó el libro de su madre en el estante cercándose al muchacho que había traído hasta aquí para guiar, esperaba ser .
―Ahora comprendes que nosotros no solo protegemos al universo, sino a la memoria del mismo, si olvidamos nuestro pasado, jamás podremos ser capaces de construir un futuro. ―Reveló sonriendo tranquilamente hacia él, quien relajó su expresión
―Por eso somos caballeros, porque sean libros o a la humanidad misma, nosotros protegemos toda memoria existente, para nunca más olvidar de dónde venimos y hacia donde nos dirigimos.

Las palabras del Caballero de Aries eran tan elocuentes como profundas, era cierto defender a la humanidad representaba también defender su memoria, sus historias, proteger el legado de aquellos que habían guiado a la humanidad a un futuro, ahora ellos siendo quienes debían guiar a la humanidad debían aprender de los héroes y reyes del pasado, entender sus aciertos como sus errores, aquellas cosas que los habían llevado a ser grandes o a caer.

El que conocía el pasado podía liberarse de las cadenas de sus errores, forjar un mundo mejor era el camino a seguir para todos los caballeros, un haz de luz y esperanza se dibujaba en el rostro de Shinryū pues… que mejor forma de evitar la ignorancia llevando la antorcha del conocimiento al universo.

Él quería ser ese bastión de conocimiento, justo como su abuelo y su tátara, tátara abuelo lo habían sido, aunque había una cosa que le llamaba totalmente la atención y era que aunque los libros estaban acomodado por nombre, numero, fecha y Letra.
Pero había un pequeño hueco en la sección de constelaciones y armaduras que le llamaba la atención siendo que todo estaba muy bien ordenado.

―Una pregunta Shiki-sensei ¿qué sucedió con el libro de allí? ―Ante su pregunta el caballero de Aries desvió sus ojos al pequeño hueco entre libros, un hueco que se encontraba en el centro de esa estantería y que él reconocía muy bien,

Shiki solo pudo suspirar levemente y responder con sinceridad:
―Bueno… digamos que una pequeña curiosa entró por él y jamás lo devolvió. ―Al responder con las palabras clave "Pequeña" y "Curiosa" en la misma frase su mente viajo inmediatamente a su compañera Andrómeda. Eso explicaría el gran libro del cual nunca se despegaba.

― ¿Danny-chan?

―Sí, Danny-chan fue lo que sucedió. ―Shinryū no pudo evitar reír por la respuesta del caballero de Aries y pocos segundos después él rio a su lado.

Ambos la conocían bien, siempre hambrienta de conocimiento, jamás satisfecha de respuestas, esa jovencita realmente era una en un millón, inteligente, risueña, enérgica con tantas virtudes, pero aun así con tantas fallas y por eso, no la querrían de otra forma.

Después… En la casa de Capricornio…

Benjamín y Sovek habían estado caminando por horas… simplemente Charlando, no había entrenamiento, no había enseñanzas, solo habían estado charlando durante varios minutos, cruzando la casa de capricornio, Benjamín había estado escuchando… mientras que Sovek solo le relataba su historia.

―… Finalmente después de muchos intentos logré hacer que mi cosmos se volviera tan fuerte como para dominar el octavo sentido, pero a cambio recibí una maldición…. Mis manos dejaron de ser útiles para casi cualquier cosa, se convirtieron en armas, sin importar que cosa tocara, rocas, madrea, incluso el acero…― Comentaba mirando a su mano derecha, la cual ya había obtenido nuevamente el poder perdido, a pesar de que… aún estuviese un poco desafinada, lograba cortar casi todo con un solo toque de sus dedos.
―Todo lo despedazaba con estas manos, desde entonces no pude volver a tener una vida normal… lo único que aún se resiste al filo de mis manos es mi armadura y eso si tengo suerte en no dejar un tajo en su superficie. ―Añadió tocando el pecho de su cloth, la cual solo dejó una leve marca en el metal.

―Y eso me interesa ¿porqué…? ―Preguntó Benjamín fríamente como era normal en él, le costaba mucho comprender por qué Sovek le había estado contando su historia, no entendía realmente a que iba con todo eso….

El caballero dorado de capricornio podía notar muchas de las actitudes de Yuri en él, podría decirse que de tal padre tal hijo, pero ni estaban emparentados además de solo ser estudiante y maestro, pero podía ver a un Joven Yuri en él…
Un Yuri aún más insufrible y frío de lo que era el verdadero, la ventaja era que sabía cómo tratar con este tipo de frialdad.

―Lo comprendo, el entrenamiento os hizo duro y frío… a mí también. ―Aclaraba el santo de Capricornio, mirando a su lado al muchacho que seguía caminando a su lado, aunque su revelación no pareció cambiar el semblante serio del caballero del Cisne.
―Para volverme así de fuerte tuve que abandonar mi nombre, a mi familia, mis amigos, tuve que dedicar toda mi vida al santuario después de afilar mis sentidos al máximo. ―Comentaba admirando su brazo derecho sin apartar la mirada de sus dedos, los cuales aún se veían un tanto dañados por la batalla vivida ese día tan oscuro.

―No fue por eso…―Murmuró Benjamín bajando la mirada al suelo.

―Entonces… ¿por qué ahora actúas como un crio insoportable? ―La pregunta sirvió como detonador para que Benjamín se detuviera, poco después de que los pasos del joven caballero cesaran, Sovek miró a sus espaldas, para encontrarse con el muchacho cabizbaja y un semblante ensombrecido, con sus puños apretados por la ira podía escuchar el cuero del que se componían sus guantes y dedos rozando contra sus palmas.

Él esperó pacientemente a su respuesta, hasta que la misma llegó más temprano que tarde, sus ojos por primera vez cambiaron de una eterna frialdad a una enorme furia asesina.
―Yo nunca desee esto… yo jamás pedí esto…―Respondía para entonces ver a sus propias manos enguantadas, eternamente atrapadas entre una maldición sin fin y esos artefactos que restringían su maldición.
―Yo no entrené mi cosmos para que mis manos congelaran todo lo que tocara, simplemente sucedió…―Explicaba bajando su mano derecha y sujetando su rostro con la izquierda recordando también el momento exacto cuando quemó su propio rostro,
―Desde los ocho años se manifestó, así de la nada, un momento sujetaba un violín y el arco, para que al siguiente momento… sujetará dos objetos cubiertos por hielo, y desde entonces cualquier cosa que tocara se congelaba…― Informaba con voz temblorosa, reviviendo aquellos nefastos momentos una y otra vez en su mente, momentos que en su vida quería volver a recordar, momentos… que prefería mejor olvidar y dejar atrás en el pasado, pero no podía hacerlo, esas memorias así como esta maldición ya eran parte de sí mismo y de su cuerpo.
―Mis libros, mis instrumentos… incluso en una ocasión casi congelo a mi hermana Alina, quien solo era una bebé en ese entonces, por culpa de estas manos, no pude volver tener una vida normal de nuevo desde los ocho años.

― ¿Y qué ocurrió entonces? ―Sovek preguntó nuevamente encarando al caballero de bronce detrás de él, mirándolo seriamente acercándose lentamente.

―Mi padre, un eterno obsesionado con la perfección trató de corregirme por todos los medios posibles… incluso trató de cortarme las manos, pero no le funcionó. ― Explicaba quitándose el guante de la mano derecha sacando su mano, y ante esto Sovek pudo sentir un leve aire frío proviniendo de él, y con un solo dedo pudo congelar uno de los pilares de la casa de capricornio al instante. ―Antes de que el cuchillo golpeará cortara mis manos desperté mi cosmos, eso salvó mi vida aunque no logró curar por completo mi condición, de hecho creo que la empeoró…― Volvió a relatar apretando fuertemente sus dientes, estaba más que furioso aquellos recuerdos eran lo único de su vida que no quería volver a recordar jamás.
―No lo sé y no me importa… lo siguiente que supe fue que la Industrias Kido llegaron a casa con un regalo, estos guantes que frenaban mi toque congelante… poco después llegó mi maestro Yuri, diciendo que yo era un heredero… y convenciendo a mi padre de que podría curar mi condición entrenándome.

―Por lo visto el entrenamiento tampoco os funcionó…―Le decía enfureciendo más al muchacho

―De hecho… sí lo hizo… ―Susurró desviando su mirada de la dirección de Sovek, quien no podía comprender entonces porqué el problema de sus manos aún existía, si había encontrado una solución ¿por qué sus manos seguían helando al contacto?

― ¿Eh?

―Si me concentraba… podía llegar a controlarlo, al menos un poco ya no congelaba todo lo que tocaba, simplemente lo enfriaba, Yuri me dijo que si perfeccionaba esa habilidad podría regresar a tener una vida normal… pero yo me negué. ―Explicaba haciendo una demostración de lo que él se refería, tocando otro de los pilares de la casa de capricornio, era cierto el mismo no se congelaba al instante, aunque su superficie parecía contener una leve escarcha de hielo en el punto donde la mano del muchacho se había posado.
―¿Quien desea tener una vida normal cuando todo lo que me esperaba en casa eran golpes e insultos por parte de mi padre? Por esa razón rechacé la perfección de controlar mi habilidad y la perfección que me imponía ese hombre, perfección por la que él asesinó a mi Hermano. ―Interrogaba colocándose nuevamente su guante izquierdo asegurándolo en su mano para evitar que el mismo se congelara en el exterior.
―Y… por esa misma razón terminé oponiéndome a todo y como un acto de desprecio a todo lo que él representaba me quemé el rostro, rechazando la imagen perfecta que padre tenía sobre mí, aceptando esta maldición como parte de mí mismo, como un acto de desapego total contra ese hombre y contra todas sus ideas. ―Finalizó cerrando sus ojos con fuerza, la memoria era una bendición para algunos, pues era lo que hacía humanos a las personas… pero para él la memoria era otra maldición, hubiera preferido no tener pasado… a vivir como un infeliz.

―Y dime… si aceptasteis vuestra maldición, ¿por qué seguís utilizando esos guantes? ―Le preguntó asombrando enormemente a Benjamín, porqué de repente la conversación había cambiado drásticamente a sus guantes, ¿que tenía que ver eso con su decisión de vida?
―Si todo lo que dijisteis fuera cierto, entonces no ocultarías vuestro toque congelante, lo aceptarías como quien eres y que es lo que estuvisteis dispuesto a hacer para ir en contra de todo aquello incluso sacrificar una vida normal. Pero no es así…―Explicaba el caballero de Capricornio acercándose lentamente a él, diciéndole aquello que alguien le tenía que decir pero que nadie se había animado a hacerlo, sin importar cual fuese la razón… ahora él estaba aquí para guiarlo y para decirle lo que tanto había necesitado escuchar.
―Por qué aún teníais la esperanza de que, al no estar bajo la tiranía de tu padre, podríais tener una vida tranquila con otros como tú, amigos que entendieran lo que habías pasado, una vida normal. ― El caballero Cisne… no supo que decir o que hacer mientras él hablaba solo podía pensar y escuchar, no deseaba darle la razón… pero la tenía en tantas formas, si era que acaso él buscaba esto o no… no lo sabía en realidad, su primer instinto fue escapar de su padre, pero, ahora con Danny, Shinryū y Seinma… tenía algo que jamás creyó haber tenido, una familia de verdad.

―No habríais tenido nada de eso, si jamás os hubiereis colocado esos guantes, pero lo seguís utilizando por qué os aferraste a vuestra humanidad, ¿me equivoco? ―Sovek le interrogó, Benjamín no afirmó nada… pero tampoco lo negó.
―Hombres como Yuri y Yo… Hombres quienes hemos sacrificado todo para convertirnos en caballeros no podemos volver a esa vida, sin importar cuanto lo intentemos, pero vos viste la oportunidad de tenerlo eso no os hace una mala persona, si yo pudiera volver a ser quien era antes de esto… lo haría, pero hice un voto… un voto para seguir luchando por la paz en el universo, hombres como nosotros nos dirigimos únicamente hacia nuestras muertes voluntariamente. ―Acto seguido le dio la espalda al muchacho para seguir caminando, Benjamín en cambio se le quedó mirando fijamente, ¿Yuri era igual a Sovek? ¿Entonces Sovek también era un lobo solitario al igual que su maestro? Hombres que caminaban directamente a sus muertes, ¿qué tan horrible era ese destino tan cruel?
―Y hay hombres quienes darían todo… por tener una vida tranquila y pacifica… Dime, ¿vos cuál de los dos sois?

Benjamín volvió a mirar al suelo, él amaba esta vida que había conseguido, no se dirigía a su muerte, pero tampoco vivía en paz…
Estaba atrapado entre esas dos vidas.
―Creo… que soy ambos… o ningúno. ―Susurró después de un largo y agotador suspiro ante la auto realización del destino que había forjado.

―Así es, por eso debéis elegir, tú os desligasteis de una vida para disfrutar de otra, pero al mismo tiempo aceptasteis un camino del que no puedes volver atrás. ―Dijo finalmente Sovek desviando sus ojos del joven guerrero del Cisne, él era aún muy joven como para dejarse morir así nada más, tenía tanto que ver en la vida, tantas cosas que hacer como para tirar todo eso a la basura, debía ser mejor… mejor que él… y por supuesto mejor que Yuri.
―Deseasteis perder aquello que os hacía quien erais para poder sentir algo verdadero, pero al mismo tiempo te estáis negando de sentir todo aquello por lo que te negaste a regresar, si no puedes aceptar ningúno de los dos caminos, vuestra vida se convertirá en un infierno y volveréis a estar atrapado en una idea, solo que en lugar de ser tu padre quien te restrinja, serás tú mismo.

Finalmente habían entrado a lo que más le dolía a Benjamín, el terreno de su padre… ser esclavo de sí mismo, o seguir siendo esclavo de aquél perverso hombre que lo torturó a él y a sus hermanos, sino que lo seguía haciendo, era cierto… era completamente cierto, sino elegía un camino adecuado a lo que él deseaba que fuera su vida…

Terminaría convirtiéndose en esclavo de su propia mente y de eso jamás podría escapar.
―Quizá tengas razón…

―La tengo… por qué la última persona que intentó vivir dos vidas sin poder elegir una…― Expuso dándole la espalda, para volver a retomar su camino por la casa de Capricornio, llamando a él los recuerdos de una vida que alguna vez le perteneció a él.
―Terminó acabando con su propia vida.

Con esas palabras finalmente quedó en silencio caminando por la enorme casa de capricornio sin mirar atrás, Benjamín ahora tenía muchas cosas en que pensar, aunque quisiera negar la verdad, Sovek se la había dicho completamente.
Él lo había leído como a un libro, la verdad era dura pero tarde o temprano tenía que aceptarla… seguir negándose a que esa era su realidad sería engañarse una y otra vez a sí mismo, podía seguir mintiéndose eternamente pero no cambiaría nada, seguiría siendo un esclavo eternamente encadenado a las ideas de su padre, sin dejarse sentir nada pero deseando sentirlo todo de igual forma… que manera tan patética de vivir, si hombres que eran iguales a Sovek como a su maestro se dirigían a sus muertes y si personas como sus amigos querían una vida mejor…

Entonces él no buscaba morir pero tampoco buscaba vivir, solo quería seguir siendo un cascarón vacío… sin sentir nada pero al mismo tiempo sintiéndolo todo.
Era una existencia verdaderamente miserable.

Horas más tarde con Seinma y Seishin.

Seinma de Pegaso se encontraba allí en la misma posición de meditación que Seishin le había pedido que adoptara, sin éxito en encontrar aquello que ella llamaba iluminación, pero, aunque se concentrara en alcanzar la paz mental lo único que lograba era distraerse por cualquier cosa.

Era demasiado fácil para él perder su concentración aun enfocándose completamente en mantenerse tranquilo, la realidad era que él… no era de los que se mantuvieran tranquilos por mucho tiempo, siempre había una cosa que hacer o decir, jamás había estado centrado en mantenerse quieto como una estatua por tanto tiempo.

Trataba de pensar en aquello que le diera paz, ¿la pelea? No… él encontraba una enorme pasión por el combate, pero aquello en lugar de darle paz solo lo alteraba y lo obligaba a ser veloz, a ser agresivo y a atacar con todo su poder.
¿Cocinar? Sabía cocinar bien y le agradaba darle algo rico de comer a sus compañeros de escuela y equipo, pero, aunque le daba un gusto tremendo cocinar algo delicioso para los demás, su concentración se encontraba en seguir una receta y hacer la comida lo más deliciosa posible.

Trepar… ¿árboles? Quizá era la primera vez en su vida que pensaba que eso era una estupidez… más sabiendo que ella estaría escuchando sus pensamientos y se lo diría, aunque a decir verdad le gustaba mucho hacerlo.
―Bueno esto es inútil. ―Dijo el muchacho decepcionado de sí mismo, no entendía que estaba haciendo mal, o cual era la razón por la que no podía alcanzar la iluminación.
―¿Cómo es que alcanzaré la iluminación si no puedo concentrarme en nada?

Seishin por su lado solo suspiró decepcionada, al parecer Pegaso realmente no era tan especial como esperaba que lo fuese.
*Veo que quizá también yo me habré equivocado, quizá lo mejor para ti hubiese sido ser guiado por tu propio hermano… que decepción…* Decía genuinamente decepcionada por la poca dedicación que él estaba mostrando, esperaba al menos ver un poco más de determinación por parte del joven Pegaso.
*Bien llamaré a Sora para que venga por ti y que te entrene él mismo.* Anunció decepcionando aún más a Seinma, quien esperaba al menos tener algo más de concentración pero al parecer no era bueno para eso.*Tan solo quiero que me lo digas…*

― ¿Uh? ¿Decirte que? ―Preguntó confundido, realmente le gustaría poder entrenar con su hermano, pero… ¿qué era lo que ella quería que le dijera?

*Dime que te has rendido y que no eres merecedor de mi guía. *

Seinma se sorprendió por las palabras de la santa de virgo… ¿Rendirse? ¿Él? Pegaso no conocía que era rendirse y jamás lo haría, no sin dar una buena pelea primero.
―Eso jamás, yo no conozco el significado de rendirme y no comenzaré ahora, ¡te lo voy a demostrar! ―Exclamó determinado en demostrarle que sí era merecedor de ser guiado por la santa de Virgo, volviendo rápidamente a su pose de meditación, pero… no entendía como lograría hacerlo.

Desde que este "Entrenamiento" comenzó apenas habían intercambiado palabra alguna, ella ya tenía entendido su camino, la forma de alcanzar una paz mental, pero él… hacía mucho tiempo que no se sentía en paz, tenía muchas dudas, así como muchas inseguridades… no quería rendirse aún pero tampoco quería hacerla perder su tiempo.

¿Qué debía hacer?

"¿Sein? ¿Sucede algo?" Interrogó Aria dentro de su mente obligando al joven a suspirar pesadamente.
'Sí… no logro concentrarme… quizá Sira tenga razón no sirvo para esto…' Pensó decepcionando de sí mismo, en verdad se sentía inútil al no encontrar aquello que le diera la paz que ella le pedía que encontrará.

"No te preocupes Sein, sé que puedes hacerlo… de cualquier forma tú sabes aquello que te da paz interior." Aria respondió tratando de darle consuelo, puede que no lo supiera pero él sí que encontraba una paz mental, no entre la batalla o en entrenamientos de fuerza física, sino en algo más tranquilo y natural para él.
'¿Y… eso que es?'

Seishin estaba tan concentrada en su deber de vigilancia, que cuando Seinma comenzó a hablar en su mente por sí solo se extrañó muchísimo a menos que él estuviera loco, la conversación era fluida con un interlocutor que le cuestionaba… y él respondía a sus preguntas.
Se le quedó mirando fijamente, hasta… notar algo extraño en él, todo estaba bien salvo una extraña silueta de luz apostada en su hombro, una silueta que parecía flotar y susurrarle al oído.

No comprendía qué o quién era, no parecía ser una persona más en el templo, ella la hubiera identificado de inmediato, más bien… parecía un alma que estaba sujeta a él, pero la identidad de esta y del cosmos de Pegaso parecían estar unidas por un hilo de luz… ¿Qué estaba sucediendo?

"Je jeh, sé que eres un poco distraído para darte cuenta, pero…" Entonces ella lo hizo recordar, las bellas planicies de Nueva Florencia, su hogar, el mundo que él defendería con todo su poder algún día, las plantas, los árboles, los animales… todo estaba conectado y todo fluía de un inmenso cosmos, todo eso era lo que le otorgaba su paz interior, todo eso era… lo que lo guiaba entre las dudas y los momentos de desesperación.
"Tú tienes algo que te da verdadera paz, tu hogar, los animales de la granja… tus amigos las personas que te han ayudado y acompañado durante tanto tiempo, la hermosa Sariah, quien siempre ha velado por ti, pero sobre todo tu hermana Seika quien siempre te ha cuidado y protegido" Seinma solo podía sentir alegría tranquilidad al ver eso, al ver las maravillas del hermoso mundo en el que había nacido y en el cual él viviría para proteger.

Por un instante Seishin se sintió confundida por las imágenes que veía en la mente del pegaso, ¿que había convocado todo eso? estaba segura de que no había sido él, quizá había sido aquel espíritu, pero tan pronto como esas imágenes se presentaron, la mente del pegaso se tranquilizó, ya no hubo más imágenes o pensamientos, solo… paz.

Por un momento la Santa de virgo se sintió conmocionada, la mente del pegaso era un revoltijo de ideas y pensamientos sobre encontrar la paz, pero ahora… todo eso se había detenido abruptamente, sea lo que fuere, Sira por fin sonrió.
Ese era su primer paso para estar en completa comunión con su mente cuerpo y alma.

*Bien hecho Pegaso… Es tu primer paso para controlar adecuadamente tu cosmos y alcanzar el Séptimo Sentido

Era cierto que cosa que él se proponía a hacer, cosa que él lograba, quizá… no se hubiera equivocado después de todo, aunque seguía interrogándose a sí misma, ¿que había sido esa presencia que como había llegado se había desvanecido?

Después Con Johnathan y Jacko.

En el suelo el caballero Fénix miraba el techo de la enorme zona de duelos o al menos lo que había quedado de él, completamente en ruinas y con pedazos de roca aun cayendo, aunque aún habían llamas, estaba frío… tanto su cuerpo como el lugar donde estaba recostado.

―Dime niño… ¿ya te rendiste? ―Le preguntó Jacko a su lado, quien admiraba toda la zona, completamente derretida, incluso las estatuas de los escorpiones que adornaban el lugar se encontraban hechas polvo, ¿Cómo rayos termino todo así?

―Ahhh… cállate…―Murmuró finalmente sintiendo el dolor de sus extremidades, después de haber llevado su cuerpo y alma al límite, solo podía sentirse como si estuviera enfermo y débil… mucho más que cuando obtuvo su armadura de bronce.

― ¡Ja ja ja! Sí te comprendo, así me sentí yo la primera vez. ― Decía sentándose en el suelo donde Johnathan estaba descansando, esta vez sí que se habían excedido los dos.
―No te preocupes, una vez llegues a controlar esa sensación de dolor insoportable lograrás dominar el fuego que compone a las estrellas, yo lo aprendí a la mala.

― ¿Cómo demonios… es que puedes soportar algo así? ―Interrogó tratando de respirar, era casi como si hubiera inhalado una gran cantidad de cenizas, pues sus pulmones por más que intentarán jalar aire la realidad era que los mismos apenas podían adquirir la cantidad de oxigeno necesario para respirar con normalidad.

―Bueno. Ese es el punto. ―Decía recargándose sobre sus manos para mirar al enorme tragaluz que ellos habían creado en su batalla.
―Para alcanzar este nivel tienes que hacer que tu cosmos arda, supongo que ya lo sabes pero el fuego solo se vuelve más poderoso al seguir el camino del odio, debes sentirlo en tus entrañas, más física que metafóricamente. ―Explicaba mirando a su dedo índice de la mano derecha, el cual aún tenía la aguja escarlata, la cual finalmente comenzó a mermar hasta que la misma se volvió una uña de dedo normal.
―Debes hacer que la ira se apodere de ti y de tus pensamientos, ser cegado por la misma hasta que el dolor no sea más grande que tu inmenso odio… después de eso nada de lo que sientas después te detendrá, ni siquiera un poco, yo he logrado dominarlo por medio de sentimientos iguales de agresivos como la alegría o la pasión por la pelea, por eso siempre intento disfrutar de un combate, para evitar que el dolor se apoderé de mí y me inmovilice al momento de pelear.

―Es horrible… ―Johnathan murmuró agarrándose el pecho fuertemente, aún podía sentir su corazón ardiendo, si ese era el verdadero poder del cosmos del fuego… entonces aún estaba muy lejos de controlarlo adecuadamente.
―El bastardo de mi padre me dijo una vez… que si dejaba que el odio se apoderará de mí… destruiría todo y a todos a mi alrededor. Incluyéndome…―Comentó recordando bien las palabras de aquél hombre que conocía como "Padre" aunque la mayoría de los recuerdos que tenía de él eran nefastos… otros eran claramente una advertencia del peligro que él y las personas cercanas a él podían sufrir si se dejaba caer por el camino del odio. Un camino que ya no quería seguir recorriendo solo.
―Puede que mi padre sea un malnacido… pero tiene razón, mis amigos son mi familia… y no deseo destruirlos mucho menos a mí mismo.

―Jeh eso suena como mi maestro… pero… es cierto. ―Murmuró Jacko bajando sus ojos carmesíes el suelo, habían miles de cosas que Shun le había enseñado, control, paz mental, perdón y aprender a controlar sus emociones más agresivas, muchas de esas enseñanzas las había pasado por alto pues él no era una persona paciente, mucho menos alguien que perdonara… no era como Shun que tenía compasión y bondad, él era todo lo contrario a su maestro, él no era compasivo mucho menos bondadoso, era despiadado, estaba lleno de furia y odio, un odio que se dirigía a él mismo, pues… todo lo que era él y alguna vez había sido había sido era odio y violencia. Aún en estos días y a estas alturas del juego se seguía preguntando… ¿que había visto Shun en él para entrenarlo?
―Si te dejas destruir por el odio, solo quedarán cenizas de quien fuiste… pero alcanzar este poder requiere un gran sacrificio, aunque no debes sacrificar a le gente a tu al rededor, más bien debes sacrificar tu propio cuerpo. ―Se decía tocando su pecho, justo el lugar donde se encontraba su corazón un lugar que era cálido al tacto, pero que a su vez le causaba un gran dolor.
―Yo hice ese sacrificio y ahora puedo hacer arder mi cosmos como mi propia sangre, lo malo es… bueno creo que ya lo has experimentado. ―Comento sonriendo nuevamente, mirando a su lado para volver a apreciar a Johnathan, quien poco a poco comenzaba a recuperar su respiración normal y con ello dejaba de sentir el sobrecogedor frío que dominaba su cuerpo.
―Lo que viene después que las llamas se apagan, el frío y luego el dolor, como dije te acostumbrarás con el tiempo, si lo que buscas es este poder obviamente sino, bueno supongo que estarás un paso más lejos de alcanzar el Séptimo Sentido. ―Dijo burlonamente molestando levemente a Johnathan, quien finalmente había tomado las fuerzas que necesitaba para levantarse.

Su cuerpo aún no se encontraba a su 100%, en cualquier momento el ardor que había invadido sus venas regresaría mucho más poderoso que antes, por esa razón trataba de seguir respirando para tener el suficiente oxígeno en su torrente sanguíneo y así finalmente expulsar el veneno… fuego… o cosa que Jacko le había inyectado momentos atrás.
Si es que no lo había expulsado ya y lo único que quedaba en sus venas eran los remanentes de esa experiencia tan desagradable.

―Sabes que no tengo opción… debo hacerlo o de lo contrario, no ganaremos esta guerra santa. ―Respondió Johnathan cerrando levemente sus ojos, tenía entendido que la Aguja Escarlata era una de las técnicas más poderosas de Escorpio, y que ese poder como el de muchos otros nacía del corazón del guerrero que empuñaba tal técnica.

Siendo ese el caso… ¿cómo era que Jacko había logrado crear un poder de esa magnitud en su propio corazón? ¿y cómo podía seguir vivo después de eso? John estaba más que dispuesto a alcanzar ese poder, pero no estaba seguro de sí llegar a incinerar su vida fuese algo conveniente, incluso si eso significaba llegar a alcanzar el fuego de una estrella.
Conocía los peligros del sacrificio de almas y aún era demasiado joven como para dejarse morir solo por alcanzar poder, estaba seguro de que había otra forma de lograr dicha fuerza, aún no tenía entendido cual sería esa manera, no podía quemar su alma y mucho menos su cuerpo, en ambos casos terminaría suicidándose, debía existir una forma de hacer que su fuego adoptara este poder sin la necesidad de volver a su corazón una bomba de tiempo o su alma una fuente de energía con un límite de usos hasta que esta se desvaneciera.

―Jeh, entonces ya sabes que debes hacer, recuerda, el poder nace de tu corazón, hazlo arder para que tanto tu cosmos como tus puños alcancen la fuerza que tanto anhelas. ―Le explicaba tomando un poco de las cenizas de lo que había sido un pedazo de concreto… o de mármol, de estatua, no estaba completamente seguro de que demonios había sido, pero al tomarlo entre sus dedos esta comenzó a despedazarse y a convertirse en cenizas al instante.
―Pero ten cuidado, el fuego es poder… pero incluso el poder debe tener un límite, de otra forma, bueno…―Entonces dirigió su mirada a todo sus alrededores, todo había sido destruido en su pelea, no había nada que no estuviera envuelto en cenizas, cubierta de fuego, destrozado o a medio derretir.
―Terminarás como todo este lugar… jeh, no me imagino como vamos a tener que reparar todo esto.

Johnathan por su lado se daba cuenta también de lo que el fuego era capaz de hacer, no quería terminar igual, debía haber algo más, un secreto que Jacko aún no le estaba contando en su totalidad, aunque sí la había… en realidad no tenía ni la menor idea de cuál sería, esto lo superaba y mucho… aunque al pensar en una respuesta él tuvo que suspirar con fuerza, conocía a alguien que podría enseñarle ese secreto pero, no había hablado con esa persona en mucho tiempo.
No desde que obtuvo su armadura… quizá era hora de volver a hablar con su padre después de tanto tiempo.

Johnathan estaba convencido de que él debía conocer una forma de hacer que su fuego fuese igual de poderoso que el de una estrella, una estrella…
Río, se le había olvidado por completo que durante la pelea la capa de Jacko quedó hecha polvo al lanzarle su Ave Fénix por tercera ocasión, puede que aún estuviera lejos de entender el verdadero poder del fuego solar, pero… al menos le había arrancado esa estúpida capa a Jacko.

―Al menos logré quemar tu capa…―Murmuró sonriendo tranquilamente.

―Jeh, sí… lo hiciste, lo admito fue muy entretenido pelear contigo niño, ¡hace mucho tiempo que no me divertía así ja ja ja ja ja! ―Respondió Jacko dándole un golpe en el hombro, lo cual hizo que Johnathan emitiera un doloroso quejido de dolor.
―Oh, disculpa… supongo que aún te sientes adolorido. Dejaré que te recuperes debidamente―Añadió dándole un par de palmadas en la espalda. ―Lo hiciste bien John ya estás muy cerca del Séptimo Sentido…

Mientras tanto con Danny y Genki.

El caballero de la balanza estaba terminado de mostrarle las 12 armas doradas así como cada una de sus modalidades de combate, no era tan buena con todo tipo de armas, pero con las que sí lo era, realmente demostraba un adiestramiento digno de un guerrero experimentado, al parecer no solo era buena con armas que tuvieran cadenas.
Ahora estaba demostrando un buen manejo con el Bo, aunque siendo hija de Shun… era entendible porqué tenía tan buen manejo con armas que pertenecieran al arsenal de los monjes budistas.

Era genial ver a una futura guardiana del santuario familiarizándose tan bien con las armas doradas de Libra, unos años de entrenamiento y esta jovencita sería una buena guerrera dorada en un futuro no muy lejano.

―Muy bien Danny, hasta pareces natural con esa arma en manos. ―La alagaba mientras ella hacía una demostración de habilidad con el Bo, no era un arma imposible de manejar, pero para dominarla en su totalidad se requerían años de experiencia y disciplina, cosa que ella parecía demostrar bastante bien, aunque podía ver que aún le faltaba mucho por aprender

―No sé cómo explicarlo, es como si mi cuerpo tuviera memoria muscular de cómo se maneja esta arma. ―Explicaba la jovencita sonriendo levemente, sujetando el arma con ambas manos, aunque realmente esta era la primera vez que manejaba un arma como esta… era casi como si su mente y su cuerpo supieran que era lo que debía hacer y cuando debía hacerlo.
―Je jeh… me recuerda a cuando solía visitar la biblioteca del santuario… y aunque no entendía bien lo que leía en los libros me era fascinante poder entender las palabras, era como descubrir un nuevo mundo. ―Explicaba apoyando el bastón dorado en el suelo para finalizar con su demostración.

― Ya veo entonces es como reaprender lo que ya conocías, debe ser increíble. ―Mencionaba Genki sonriéndole amigablemente a la joven Andrómeda, tenía conocimientos de que ella era una niña muy inteligente.

Más no que ella había aprendido a leer desde que era básicamente una bebé, se preguntaba ¿qué tanto de su vida recordaba de ese tiempo? Lo que él no daría por tener un recuerdo más de sus padres, antes de dejarlos atrás en aquel planeta tan olvidado por la propia humanidad.

―Je jeh algo así. ―Murmuró la Jovencita mirando al suelo con añoranza, estaba feliz de poder tener recuerdos como esos, pues era en esos tiempos tan felices de su vida donde podía recordar claramente a ella, a su mamá a su papá, a su tío y a Johnathan compartiendo felizmente una vida juntos, sin guerras, sin desesperanza, solo ellos cinco y un futuro que parecía tan lejano… y a la vez tan inminente.
―La verdad es que siempre que creo conocer algo, me sorprendo al saber que aún hay mucho más que a simple vista, es emocionante... e interesante como algo que creía conocido me abre paso a nuevos conocimientos. ―Añadió sonriendo gentilmente al caballero dorado, para continuar su demostración de habilidad con el arma dorada de libra.
―Además, como no soy muy fuerte siento como si las cadenas fueran mi verdadera fuerza y al pelear con ellas puedo igualar la fuerza de cualquier rival si me concentro en ellas.

―Entonces debes sentir cada una de estas armas como extensiones de tu mismo brazo. ¿No es así? ― Preguntó admirando como aquél Bo se movía con gracia y destreza en las manos de la joven Saintia de Andrómeda, quien se mantenía en silencio mientras el adulto hablaba.
―O bueno algunas más que otras. ―Mencionó tomando una de las espadas recordando lo difícil que le había sido a ella empuñarlas adecuadamente, pero él… bueno siendo el maestro de la armadura de Libra, era sencillo manejarlas como era debido, los años de entrenamiento y experiencia le había servido muy bien a él.
―Ahora puedo entender tu preferencia a pelear de lejos, es más cómodo para ti de alguna forma, al no poseer una fuerza física tan sobresaliente compensas esa debilidad con una gran fortaleza mental, eso es bueno muy bueno pero… siempre hay espacio para mejorar.

Danny nuevamente se detuvo para ver al caballero de la balanza directamente a sus ojos color lila.
―Es cierto tiene toda la razón maestro Genki, aunque creo que mi habilidad con las espadas no es tan buena como la tuya, pero no creo que haya sido tan mala empuñándolas, ¿o usted que dice maestro Genki? ―Murmuró un tanto apenada, esperaba que é comprendiera su posición, ella… no solía tener mucha interacción con armas que no fueran las cadenas de su Armadura.

―Digo que te falta práctica, pero no por eso creo que no seas buena con ellas algún día, todos tenemos fortalezas y debilidades, identificarlas es el primer paso para fortalecerlas y evitar que eso nos detenga en un futuro. ―Le decía sonriendo tan cálidamente como siempre, el hecho de que Genki siempre demostrara un aura tranquila e imperturbable era algo que ella había notado la primera vez que interactuó con él, distintivos de un guerrero dorado como lo era él.

―Es un gran guía, maestro Genki. ―Decía la jovencita sonriéndole gentilmente, era casi como si él hubiera nacido para guiar a jóvenes como ella o Seinma por el camino correcto.
―Puedo entender ahora por qué Seinma lo tiene en tan alta estima. ―Mencionó captando la total atención de Genki, quien solo atinó a sonreír por el comentario.

― ¿En serio? ¿Qué les ha dicho de mí? ―Interrogó sentándose en el suelo, incrustando la espada que sostenía en el suelo para escuchar lo que la jovencita tenía que decir sobre su alumno.

―Siempre nos contaba lo genial que era usted, que mientras lo entrenó en Shinrra jamás dejó de enseñarle a como pelear, a defenderse y a hacer excelentes platillos. ―Explicó la jovencita sentándose a su lado cruzando sus piernas, para dejar reposar el arma dorada sobre ellas mientras le relataba las cosas que Seinma le había mencionado en más de una ocasión.
―Pero… aunque era duro con él en muchas ocasiones, jamás dejó de creer en él, aún sin tener talento para el cosmos, siempre se apoyó en sus enseñanzas del combate cuerpo a cuerpo para ganar todas sus batallas por la armadura de pegaso… Y ahora que lo está guiando de nuevo para dominar su propia Cosmo energía se siente muy feliz, sobre todo porque ha logrado hacer cosas que en un momento creía que le serían imposibles: como los Meteoros de Pegaso.

Ante sus palabras, Genki no pudo sino sonreír satisfecho… saber que su alumno lo tenía tan alto… le alegraba mucho, le daba a entender que había dado lo mejor de sí mismo por el muchacho y había hecho bien en enseñarle todo desde que era un niño.,

―Jeh, bueno… le he enseñado a ese chico todo lo que sé, habría fallado como un mentor si lo hubiera dejado por su cuenta, sabiendo lo mucho que le costaba concentrarse. ―Comentó recordando tanto sus victorias como sus derrotas, él siempre estuvo allí para verlo crecer y volverse más fuerte y quería seguir allí para cuando él se volviera el autor de su propia leyenda.
―Y… ahora también quiero enseñare a ti, para que algún día seas una gran guerrera dorada. ―Añadió suspirando revelando finalmente sus intenciones con ella.

Danny por un instante no supo a qué se refería con eso… aunque al pensarlo mejor se sorprendió mucho por lo que él había insinuado.
―¿Eh? ¿Qué cosas dice maestro Genki?

El caballero no pudo evitar reír levemente, para finalmente fijar sus ojos nuevamente en ella.
―Bueno, escuché por ahí que tu naciste bajo la constelación de Andrómeda y la de Libra, así que digamos que quería tome esta oportunidad para… entrenar a mi futura sucesora. ― Dijo sin más dilación, era obvio que ella descubriría porqué la había elegido específicamente tarde o temprano y no a Shinryū como muchos creían en un inicio.

―Pero… aún falta mucho para eso ¿verdad? Aún… no se va a morir, ¿verdad maestro Genki? ―Preguntó consternada por las palabras del guardián de la séptima casa del zodiaco.

El… solo pudo atinar a sonreír, acariciando su cabeza tranquilamente miró fuera de su templo para ver el ocaso y suspiró.
―Querida Andrómeda, la muerte es inevitable, sin importar lo mucho que te esfuerces en olvidarla ella siempre está allí, recordándonos que todo momento que pasamos en esta vida es simplemente prestado. ―Explicaba sin dejar su valerosa sonrisa de lado, aunque en su voz se podía detectar un leve tono de melancolía adornando sus palabras firmes e inquebrantables.
―Lo único que podemos hacer es seguir viviendo, transmitirle nuestro conocimiento como nuestras vivencias a la siguiente generación, para que, con suerte un día puedas ver atardeceres al lado de la gente que consideraste tu familia durante tantos años, pero si no… solo debes tener el consuelo de que sea lo que sea que hayas hecho con tu vida, al menos hayas hecho un bien a la gente a tu alrededor para poder irte en paz. ―Añadía depositando su sabiduría en ella así como lo había hecho con su joven aprendiz, quien ya hacía tanto tiempo que se había graduado como caballero, lo que no evitaba que le siguiera enseñando todos sus secretos y trucos.
―Sé que suena triste pero… créeme, cuando llegas a esta edad, después de tantas batallas y perder a tantos amigos, lo único que deseas es que tu muerte si no puede ser tranquila, por lo menos haya tenido significado y eso es lo que siempre debe importar. ―Finalizó mirando sutilmente a su lado, para encontrarse con los enormes ojos esmeraldas de la jovencita.

Era cierto, la muerte era algo de lo que nadie podía escapar, ni los hombres más poderosos o las mujeres más fuertes lograban escapársele, todo era un ciclo, las flores brotaban pero se marchitaban, las estrellas brillaban para después desvanecerse, todo en el universo existía y luego terminaba.
Lo único que era seguro en esta vida era el final, pero por eso debían vivir día a día como si fuera el último, aprender ver como sentirlo todo, para que al momento de la verdad aceptaran el final con dignidad y con la cabeza bien en alto.

Siendo caballeros el final llegaba más pronto que tarde, pero no dejaban que eso los desanimara, las personas que estaban alrededor de todos ellos hacían de esta vida algo hermoso, digno por de porqué vivirlas.
Y Como decía el gran caballero de Libra… Eso era lo más importante.

―Eres tan sabio maestro Genki. ―Murmuró la jovencita conmovida por las palabras del maestro de su mejor amigo.

―Bueno esas fueron cosas que aprendí de mi maestro, gracias a eso tuve un buen enfoque y dirección. ―Reveló sin pelos en la lengua, se sentía genuinamente orgulloso de haber sido criado y entrenado por el hijo de Shiryū de Dragón: Ryūhō.
―Y gracias a él… sé hacia dónde quiero dirigirme. ― Concretó finalmente para levantarse del suelo una vez más, dándole su mano a la jovencita Andrómeda para que hiciera lo mismo.

Ella por su parte tomó la mano del caballero dorado, sonriendo con determinación dispuesta a seguir aprendiendo de él.
―Enséñeme más del manejo de la espada, por favor.

―Je jeh, muy bien te enseñaré querida Andrómeda. ―Respondió determinado a enseñarle todo lo que pudiera para antes de que concluyera ese día.

Entonces con Shinryū y Shiki.

El Caballero del Dragón miraba las estrellas desde el observatorio, donde un gran telescopio siempre miraba hacia las estrellas infinitas, sin importar cuantas veces viniera al hogar de los santos dorados, se seguía maravillando por todos los grandes descubrimientos y misterios que se podían encontrar allí, si la casa de Aries contenía una biblioteca como esta… ¿qué secretos de esta magnitud se encontraban a través de todo el gran santuario de Atenea? Cosas que seguirían sorprendiéndolo y maravillándolo.

― ¿La ves? Esa es la constelación de Aries, se encuentra entre las constelaciones de Picis y la de Tauro, La de Picis se encuentra al oeste y la de Tauro al este, justo en medio de ambas. ―Comentaba guiándolo por el inmenso mar de estrellas que podía ver a través de los lentes del telescopio, si antes las estrellas parecían tan lejanas, ahora podía verlas de cerca viéndolas arder en el cielo infinito de donde ellas pertenecían y donde todas las almas de los guerreros del pasado descansaban eternamente.
―Y si buscas un poco más allá hacia el norte, podrás ver la constelación del Dragón, justamente entre Orión y la Osa Menor. ―Decía ayudándolo a encontrar su propia constelación, fijando el telescopio directamente al cielo en donde esta misma se encontraba reposando entre el vacío eterno y las demás estrellas que adornaban el firmamento.

―Es increíble, ¿aquí es donde los caballeros vienen a aprender sobre el universo y para conocer el destino que les depara en las estrellas? ―Interrogó Shinryū volteando a mirar hacia el caballero de Aries quien solo pudo asentir tranquilamente con la cabeza.

―Efectivamente Shinryū, el observatorio del santuario es especialmente visitado por el patriarca y algunos santos de Oro como de Plata para conocer más sobre el cosmos, además de las estrellas. ―Le decía suspirando levemente, era un verdadero gusto poder charlar con una joven promesa a ser un guardián del santuario, poder enseñarle y guiarlo por la sabiduría milenaria que el santuario había poseído por más de mil generaciones de caballeros.
―Siendo que de ellas cada una de nuestras armaduras surgió es menester entender sus movimientos, el cómo se posa en el cielo, como estos afectan o afectaron a los eventos pasados, presentes y futuros de todos nosotros, así como el aprender a leer sus predicciones.

―Je jeh, yo no sé mucho de la astrología como me gustaría. ―Mencionaba el caballero del dragón un tanto apenado, le encantaría tener una recolección de conocimientos como los de su compañera Andrómeda, pero él podía defenderse formidablemente con su habilidad con el cosmos, además con sus conocimientos propios sobre el combate e historia del antiguo continente asiático.
―Aunque estoy completamente seguro de que Danny-chan es la más capaz, es la persona más inteligente que conozco… a parte de mi madre por supuesto. ―Añadió de manera leve para el caballero de Aries frente a él.

Shiki quedó en silencio unos momentos con un semblante triste, hasta finalmente convertirlo en una mueca más amena, aunque el final de la vida de su madre había llegado tan pronto en su vida, las memorias que mantenía de ella siempre eran gratas.
Y aquello no opacaba la ausencia que sentía por ella, seguía extrañándola como el día que se fue, pero había encontrado una forma de lidiar con su fallecimiento guiando a jóvenes como Shinryū o Kiva.

―Ya veo. Por mi parte yo aprendí de muy chico, mamá me enseñó todo lo que sé desde su base, desde escribir y leer, hasta aritmética y cosmología. ―Explicaba sonriendo con añoranza, al recordar los momentos más felices de su vida, junto a la mujer que le otorgó la misma y los conocimientos de miles de eras.
―Cuando ella falleció, bueno yo aprendí por mi cuenta a como reparar armaduras y sobre medicina, tenía todo lo necesario para ayudarme a convertirme en doctor, fue duro pero gracias a todas las cosas que mis antecesores dejaron atrás logré aprender mucho, por eso ahora poseo la armadura de Aries.

―Debió ser difícil crecer sin una madre o un padre…―Murmuró Shinryū bajando la mirada al suelo, al escuchar a Shiki hablando de su madre… le recordaba la pérdida de su propio padre junto con la herida que casi le había arrebatado también sus ojos.
―Mi… padre murió cuando yo era muy pequeño aún, casi me quedo ciego. Mamá fue quien siempre miró por mí, aunque su cuerpo era frágil nunca dejó de enseñarnos a mi hermana y a mí, así que comprendo un poco cuando me dices eso de que tuviste que aprender muchas cosas solo. ―declaró entendiendo el sufrimiento que el santo del carnero dorado había pasado, sin la ayuda de su padre para ayudarlos y con su madre enferma, ambos hermanos gemelos habían tenido que aprender todo por cuenta propia, siguiendo únicamente las instrucciones de ella.

―Ya veo, al parecer pertenecemos al mismo club pues…―Fue entonces que Shiki desvió sus ojos directamente al suelo, al parecer… era cierto que tanto él como Shinryū eran parecidos, él había perdido a su padre pero no a su madre…
Y Shiki… había perdido a su mamá pero no a su papá.
―Aunque mi mamá murió, papá siguen con vida, no hablamos mucho… pero de vez en cuando viene a visitarme para saber cómo estoy. No es un mal hombre, pero, por alguna razón siempre estamos en desacuerdo en como debí haber vivido mi vida y esas cosas. ―Relataba pensando en él, hacía un tiempo que no lo veía en realidad, esperaba que fuera lo que fuera que estuviera haciendo estuviese bien, su madre siempre tuvo una gran estima por él… y Shiki también.

―No me imagino como debe ser Shiki-sensei―Susurró Shinryū acongojado por la anécdota del caballero de Aries, al parecer el santuario estaba lleno de personas que tenían problemas familiares de algún tipo, no era como que él fuera una excepción entre las excepciones… pero la realidad era que no conocía a casi nadie que viniese de una familia que no estuviera irremediablemente rota, separada… o muerta en su caso y en el de Shiki.

―No te preocupes por eso Shin, aunque nuestra relación no sea la de un padre e hijo convencional aprecio mucho que no se olvide de mi o de mamá, siempre que puede le trae flores y cuando no… hablamos mucho. ―Explicaba sonriéndole al muchacho cortésmente, incluso si no pasaban mucho tiempo juntos él seguía queriendo al hombre que le dio la vida, era su padre después de todo.
―No quiero entrar en detalles, tan solo diré que la vida de mamá y de él no coincidían así que cada uno fue por su lado. ― Finalizó la conversación sobre su progenitor con aquellas palabras, algunas cosas eran mejor dejarlas como estaban

―Comprendo…―Murmuró tranquilamente Shinryū, suponía que indagar demasiado en la vida del caballero del carnero dorado era muy doloroso para él, al igual que lo era para Shinryū por lo que se abstuvo de preguntarle más a cerca de sus padres… aunque sí tenía una interrogante igual de importante que hacerle.
―Si no es mucha molestia Shiki-sensei. Podría preguntar… ¿por qué si tenemos toda esta información el mundo sigue… bueno, ignorante de muchas cosas que sucedieron con la tierra y en el pasado de la humanidad? ―Al hacer esa pregunta Shiki desvió sus ojos del joven dragón a su lado.

No hace mucho él también había preguntado esto justamente a la eminencia más importante del santuario y la respuesta que él le había dado sería la misma que le daría al joven caballero de dragón.
―Shin… incluso si reveláramos toda la información que tenemos, no estoy seguro de que la humanidad la acepte como tú crees que deberían hacerlo. ―Comenzó a explicar suspirando pesadamente después de un momento de silencio para regresar a su explicación.
―Los caballeros somos bastiones del conocimiento, pero eso se debe a que por muchos años ocultamos nuestros conocimientos del mundo, no saben que existen y no saben que los tenemos, por eso los mantenemos ocultos, pues existen libros aquí cuyo contenido para muchos podría ser… polémico o considerado blasfemia.
― Revelaba con un tono de voz tranquilo, pero no por eso menos serio.

Como guardianes de la paz y el orden su deber era cuidar a la humanidad y resguardar el conocimiento de hace miles de eras, conocimiento que muchos considerarían prohibido, para que muchos otros intentarán apoderarse y aprovecharse de él de mala manera.
―Y… ¿cuándo revelaremos todo esto al público? Cuando dejaremos que ellos comprendan la historia y al universo para que dejen de vivir en ignorancia.

Preguntó nuevamente el joven de lentes, a lo que Shiki solo pudo responder con:
―Quizá cuando la humanidad sea una de nuevo. ―Dijo aquellas palabras de cierto modo frustrado, incluso si su deseo fuese entregarle la antorcha del conocimiento a la gente nuevamente, esta podía ser un arma de doble filo, el conocimiento era poder, el poder se podía utilizar para cambiar o controlar al mundo dependiendo de en quien cayera, podía convertirse en una utopía de progreso como de evolución humana o, todo lo contrario, para doblegar, generar odio y miedo, como esclavizar mentes para ponerlas bajo una dictadura. El conocimiento era poder… y dependiendo de en qué manos cayera… el mundo se llenaría de esperanza o desesperación.
―Escucha comprendo lo que sientes y lo apoyo completamente, pero… como Arkhamira les dijo ese día, hay cosas que la humanidad simplemente no puede aceptar, hay países que matarían y… han matado por tener la información que nosotros tenemos, para destruirlo definitivamente y que nadie jamás sepa sobre ello, no solo los protegemos de las hordas infernales o de los dioses, también los protegemos de sí mismos. ―Declaraba tratando de hacer comprender al joven caballero los peligros que aguardaban en permitirle a toda clase de personas el conocimiento ancestral, más que razones del porqué debían seguir ocultando el conocimiento, era una advertencia.
―La ignorancia se combate con el conocimiento y eso lo sé, pero si la ignorancia es lo que permite que sigamos resguardando al universo sin tener que servir a bajo el juicio de una organización o país … entonces es mejor que la humanidad siga viviendo así… al menos, hasta que los conflictos de hace siglos se detengan y la historia sea contada como verdaderamente ocurrió y no como los medios dicen que ocurrió.

―Pero… no entiendo por qué debe ser así. ―Murmuró igual de desalentado que el caballero que lo había elegido ese día para guiarlo, comprendía las razones más… no comprendía las consecuencias.

―Tranquilo, lo resolveremos a su tiempo… Tenemos mucho de qué preocuparnos por ahora. ―Recalcó dejando en claro el problema en el que todo el santuario como los caballeros de oro habían enfocado todos sus recursos y fuerzas, ya habría tiempo para pensar en soluciones más prácticas e inteligentes para devolverle el conocimiento al pueblo.
Hasta entonces debían enfrentarse al enemigo que los desafiaba en este momento y amenazaba con destruir esa esperanza, como con todo ser viviente en el universo.
―Si queremos que eso ocurra en un futuro cercano debemos seguir absteniéndonos a las reglas que nos impusieron, una vez que todo esto termine y establezcamos una verdadera paz en el universo créeme que seré el primero en pedir que se revele la verdad a toda la humanidad… hasta entonces, solo queda esperar… y rezar por qué desvelar todo lo que sabemos no termine siendo contraproducente en el futuro. ―Añadió colocando su mano sobre el hombro del muchacho, sonriéndole nuevamente al finalizadas sus palabras.

―Yo también lo espero, Shiki-sensei―Respondió Shinryū sonriéndole de regreso, él… también esperaba ver ese día con antelación, el mundo merecía conocer el pasado, merecía saber que los caballeros seguían aquí y que no eran meras leyendas.

Necesitaban que la humanidad volviera a creer en ellos, pues si los protegían de las fuerzas del mal que intentaban apoderarse de todo y de todos.
Entonces también merecían saber quiénes los habían defendido durante siglos para evitar que se cometieran los crímenes pasados, los cuales ocasionaban que las guerras entre humanos y dioses siguieran existiendo.

Finalmente, con Benjamín y Sovek.

Durante todo el rato que ambos estuvieron juntos siguieron hablando de sus vidas, de cómo eran antes de que sus manos se convirtieran en armas incontrolables que dañaban todo lo que tocaban, al menos por el lado de Sovek, porque en lo que constataba benjamín, él había tenido todo lo que pudo haber deseado cuando hizo de su maldición una bendición.
Amigos, una familia que lo comprendía y lo quería como era, con cicatrices o no… ellos o habían aceptado como él era, otro muchacho como él.

Herederos o no, fuese el destino el que los unió o un genuino cariño y respeto él estaba agradecido por esta nueva vida que no habría tenido de otra forma si no hubiese sido por sus manos heladas.

― ¿Ahora comprendéis? No estáis atado a las reglas que definen mi vida o la de Yuri, tu defines vuestro propio destino, vuestro propio camino. ―Manifestaba el caballero de Capricornio después de una larga charla con el joven caballero de cisne, justamente a las afueras de su templo.
―No lo hacen ni vuestro padre ni vuestro hermano, sino tú mismo, es vuestra vida… elige que hacer con ella… y sea lo que sea que escojas, no te arrepientas nunca de tus elecciones. ―Añadía tratando de convencer al muchacho rubio frente a él de esas palabras, él podía ser el autor de su propio destino, solo si realmente estaba decidido a creerlo.

―No lo hago… pero comprendo a lo que te refieres. ―Murmuró Benjamín mirando al horizonte, ese día había esperado un largo entrenamiento o algo que le diese la molestia de tener que pelear contra un caballero dorado hasta derrotarlo o caer rendido… pero haber tenido esta charla con una persona con quien… jamás esperó tenerla le había enseñado más que limpiaran el suelo con su cara durante un par de minutos u horas.
―Dime Sovek… si tú y mi maestro se dirigen a su muerte, ¿eso quiere decir que es imposible escapar del destino que se han auto impuesto? ―Interrogó arqueando su única ceja intacta, cosa que captó el interés de Sovek, quien alejó sus ojos de Benjamín únicamente para admirar el paisaje ante ellos dos.

―De alguna forma lo es, pero… incluso si lo es, ese es el destino que nosotros elegimos. Nadie nos lo impuso… no vivimos para cumplir las expectativas de nadie, nosotros vivimos por lo que nosotros deseamos y eso es todo. ―Declaró sin retractarse de sus palabras, la única razón por la que él seguía luchando era… para ver el final de esta guerra y que las tropas regresaran a sus hogares, no existía nada más que lo siguiera alentando, su única motivación era luchar por el santuario y por Athena, había abandonado todo tipo de lazos entregándose al único deseo de defender lo único en lo que él seguía creyendo.
―Pero, incluso si buscáis que os diga que así encontrareis la paz que deseáis, os diré que no… vivir sabiendo que seréis el causante de tu propia muerte no os dará paz. ― Estas palabras eran más que una advertencia, un aviso de lo que sucedería si al igual que su maestro caía en la desdicha de dedicar su alma y vida a justificar el odio que se había apoderado de su vida, cazando a otro hombre por las desgracias que él había cometido contra los suyos.

― ¿Entonces por qué vives de esa forma? ―Volvió a preguntar Benjamín en respuesta a las advertencias que él le estaba dando, algo que fue resuelto poco después de hecha la pregunta.

Sovek alzó la mirada y luego dirigió sus ojos nuevamente a Benjamín, sin retenerse o titubear le dio la respuesta que él buscaba de la única manera que podía entregársela, dándole un duro golpe de realidad.
―Porqué, cuando no te queda nada más porqué o quienes vivir, solo tu voluntad os dejará seguir adelante… Y cuando este deje de existir, no os quedará nada más. ―Se sinceró con él y consigo mismo, incluso teniendo gente que lo quería y apreciaban él seguía firme en su decisión, incluso los lazos más personales que había tenido en su vida los había cortado con tal de seguir su camino hasta el final, no importaba cuantos lo admirarán… o cuantas personas buscaban su tutela, al final él había elegido esta senda del pesar que ningún hombre desearía experimentar, solo un hombre fuerte podía poner su misión por sobre sus deseos personales cosa que él había tomado hace tantos años.
―Vos tenéis personas que te quieren y se preocupan por ti, no permitas que esas ideas de elegir vuestra propia muerte se interpongan entre vos y lo que vuestro corazón realmente desea. ―Añadió en un tono de voz tranquilo, el chaval aun siendo la persona más fría del mundo podía entender lo que un hombre como él deseaba decirle.
Él aún podía re direccionar su vía hacia el rumbo que él deseará, un rumbo mejor que ser guiado hacia su muerte, un camino mejor que la soledad y la amargura.
―Busca vuestro propio camino, prospera y vive por aquellos que dan un verdadero significado a vuestra existencia, o si no puedes ser como Yuri que vive atrapado entre su venganza y el eterno dolor que no le permite aspirar a nada más… como te dije, solo vos decides que deseáis hacer con vuestra vida, pero sea lo que sea que elijas… asegúrate de no arrepentirte cuando llegue el final de la misma.

Benjamín suspiró, al parecer más que un entrenamiento duro y doloroso… había requerido esto durante tanto tiempo, que alguien le dijese que en efecto esta vida le pertenecía, podía hacer lo que deseará con ella, convertirse en un bastardo arrogante para morir abandonado…
O algo mejor que todo lo que su linaje había deseado para él.
No estaba para complacer al maldito de su padre, para vengar a su hermano o ser la sombra de Yuri, él podía forjar algo nuevo de aquellos ecos que lo habían dañado o ayudado y forjar su propio destino a partir de aquellas experiencias, fueran buenas o malas, lo habían guiado hasta este punto de su vida.

Despreciar a su padre, vengar la muerte de Arthur e incluso ser lo que Yuri era, estaba todo en sus manos, Estaba más que dispuesto a cumplir con las primeras dos… pero la última, ya no estaba tan seguro de ello.
Abrirse camino entre esa oscuridad que había manchado su nombre durante años y empezar a vivir la vida por la que él dejó atrás todo.

El pasado jamás sería borrado, pero su futuro sería única y exclusivamente liderado por él mismo, el actual caballero de Cisne.
―Gracias… creo, que eso era lo que necesitaba escuchar. ―Murmuró sonriendo levemente, suspirando de alivio como si una pesada carga que lo había atormentado por años finalmente se desligará de él, estaba listo… ya no tenía miedo.

Con eso Sovek se dio media vuelta para volver de regreso a su templo.
―Bien… recuerda eso siempre, y recuerda… que existen destinos mucho peores que la muerte. ― Ultimó entrando a la casa de Capricornio sin mirar atrás.

Era un final adecuado para la tutela del guardián de la espada, ni más ni menos Benjamín ya tenía más que suficientes conocimientos de cómo manejar su Toque Congelante.
Y sus habilidades de pelea eran sobresalientes, si su hielo llegaba al Zero absoluto o no eso era algo que debía conseguir por su propia cuenta, Yuri ya se encargaría de enseñarle más sobre los secretos de las técnicas de hielo más poderosas cuando el momento llegase. Sovek solo lo había guiado a través del significado de su destino y lo que él debía hacer para tener la vida que él había deseado.

Con eso Benjamín creía que ya lo había entendido, creía que la marca de su rostro era su completa disociación al destino que le había impuesto su padre pero… no era así, seguía encadenado a un ideal que había creado para así desprenderse de ello, en lugar de aceptar la perfección de su padre había elegido su propia perfección, sin importar lo contradictorio que estas resultaran para sus propios ideales.
El caballero de Cisne ahora podía comprender que él muy en el fondo seguía buscando la aprobación de alguien más, sino era la de su padre era la de su hermano fallecido… y si no era su hermano… era el propio Yuri.

Pero ya no más, sería él mismo quien decidiera su propio destino de ahora en más sin depender de las expectativas de otros, con eso fuera del camino podía seguir avanzando por la dirección que él considerará correcta la forma en la que lo llevaría a cabo dependía exclusivamente de él, sin más que decir él comenzó su descenso hacia la casa de Aries.

Y Finalmente… En la casa de Géminis.

Allí en la casa de Géminis un joven caballero iba de un lado al otro, frustrado de que este entrenamiento no hubiese sido lo que él tanto había esperado, finalmente un caballero dorado le había entregado lo que tanto había deseado.
Un entrenamiento dado por un verdadero caballero de oro, pero el lugar de enseñarle las bases del cosmos, o como volverse igual de poderoso que él, todo lo que habían estado haciendo por horas había sido hablar sin parar sobre la vida de Kobu y su pasado.

Sin contar la constante pregunta que el guerrero dorado constantemente le hacía:
―Dime… Muchacho, ¿de dónde nace realmente tu ira…?―Preguntó nuevamente haciendo enojar al joven caballero del unicornio, quien dirigió su mirada iracunda hacia él, quien no hacía más que estar sentado en el centro de su templo sin hacer nada más.

― ¿No te lo he dicho mil veces ya? Debes sabértelo de memoria hasta este punto. ―Inquirió el santo de bronce cansado de las palabras, quería acción no un sermón de porqué se estaba equivocando con buscar el poder que él tanto anhelaba.

Pero Arorios, parecía no querer cooperar con él, de hecho, no parecía querer moverse de su lugar hasta obtener una respuesta diferente a todas las que el muchacho le había otorgado hasta ese punto, solo hacía preguntas que tenían que ver con él, atrapado eternamente entre su enorme determinación y el castigo que había auto impuesto a su alma.

―No creo que… "Haber sido hijo de un soldado que murió en la anterior guerra y haberte criado en las calles" Sea razón suficiente para justificar una incansable búsqueda de poderío, sin importar los sacrificios o el costo. ―Declaró el santo dela constelación gemela, no estaba impresionado y mucho menos sentía lástima por él, haber tenido una historia dolorosa y trágica no condonaba que ahora su deseo primordial fuese obtener fuerza a como diera lugar.

―Creí que esto era un entrenamiento, pero todo lo que has hecho es darme un regaño. ―Recalcó el caballero del unicornio cruzando sus brazos, se veía claramente furioso pero eso le importaba poco al guerrero dorado.
―Ya hasta suenas como Arkhamira. ―Al mencionar el nombre de la directora de Palestra, el guardián de Géminis alzó la mirada sorprendido.

¿Entonces Arkhamira había estado al tanto de este muchacho? Entonces… ella también había podido detectar el problema que tenía, siendo la persona que más estuvo cerca de adquirir la armadura que él ahora mismo poseía, aunque no eran amigos cercanos la respetaba por ser una guerrera tanto poderosa como respetada en el mundo de los caballeros.

Alguien que estuviera cerca de ser merecedora de una armadura dorada, especialmente del ropaje dorado de Géminis merecía ser reconocida y respetada por él, siendo que ella estuvo tan cerca de ser una amazona dorada.
Eso avivó nuevamente la llama de la curiosidad en Arorios, que dos personas que habían nacido bajo la estrella de géminis se interesarán en un solo individuo sin saberlo era algo genuinamente curioso, por no decir intrigante esto solo podría significar que la luz y la oscuridad en él eran estaban en un constante conflicto de quién tomaría el control tanto del cosmo como del alma de Kobu.

―Bien, porque si ella te ha advertido de tu codicia por poder quiere decir que estás a pocos pasos de desvírate del camino de los caballeros para descender a un terreno del que jamás podrás escapar, el territorio de la obscuridad. ―Explicó el hombre de ojos azules desviándolos directamente hacia donde Kobu se encontraba mirándolo, él… estaba sorprendido por su respuesta, más que eso Arkhamira jamás le había dicho nada de esto pero aun así le había enseñado cada una de sus técnicas de combate.
―Lo que buscas no es volverte más fuerte, lo que buscas es algo más peligroso de lo que imaginas, pues el poder no es algo que obtengas sin consecuencias, el poder es un ente vivo que te destruirá si no logras controlar primero tus emociones más negativas. ― Añadió tratando de hacerlo entrar en razón, pero esto no hizo sino enfurecer más al joven guerrero, estaba más que decidido a cumplir su objetivo sin importar que fuera lo que tuviera que hacer para lograrlo.

― ¿Y que si lo hace? Como caballeros nosotros hemos de sacrificar todo para volvernos más fuertes, sin importar cuál sea el costo. ―Volvió a interrogar Cegado aún por sus creencias, su objetivo, el único motivo que él tenía era derrotar a su eterno rival: Pegaso.

Arorios no pudo sino reír por su respuesta, cerrando ambos ojos… este muchacho no podía estar más perdido, la realidad era un tanto más diferente a eso que él consideraba "Sacrificarse para ganar poder"

Alguien como él serviría muy bien como un ejército diferente, quizá el de Ares… tal vez el de Poseidón e incluso… ¿Por qué no? En el del mismo Hades, pero era un caballero de Athena y ese ideal debía estar total y completamente enfocado en su diosa, así como en el sueño por el que miles de hombres y mujeres habían dado sus vidas por cumplir.

―Posees las palabras correctas apostadas en el lugar incorrecto de nuestra lucha, lo que hacemos lo hacemos no por obtener más poder, lo hacemos para salvar al universo del destino que dioses como Hades intentan imponerle, sacrificamos nuestras vidas, nuestros cuerpos como nuestras mentes, todo para alcanzar el poder necesario para derrotar a todos nuestros enemigos. Eso es cierto. ―Anunció abriendo sus ojos nuevamente al muchacho frente a él, quien por un momento solo pudo sentir una enorme ira, pero al mismo tiempo una enorme impotencia aunque lo desafiara a pelear en ese instante él no era idiota, un caballero dorado superaba infinitamente su nivel de poder actual.
―Pero la búsqueda del poder sin tener en mente las consecuencias de la misma, es el peor error que un humano pueda cometer, puede convertir a un hombre sabio en un bárbaro sin razón, puede convertir al hombre más humilde en un sanguinario asesino y puede convertir a un gran líder en un tirano. ―Declaraba serenamente, casi podía sentir que detrás de todo lo que le decía había un doble sentido de sus palabras… como si él estuviera advirtiéndole no solo a Kobu, sino a alguien más del peligro que supondría para esa persona ceder ante la tentación más humana.
―Dime… ¿cuál eres tú? ¿Un Hombre Sabio, un guerrero humilde, un gran líder o solo un niño que no comprende la seriedad del asunto? ― Le interrogó nuevamente, Kobu apretó con fuerza sus puños y dientes, aunque al instante esa ira se convirtió en un doloroso golpe de realidad.

Todos los herederos tenían algo que los hacían especiales, Danny era inteligente planeaba y maquinaba estrategias en tiempo record, Johnathan era fuerte y poderoso quizá el más fuerte de todos los herederos, Shinryū tenía un gran manejo de cosmos como en combate, un verdadero prodigio en el arte del combate de caballeros, Benjamín podía congelar las cosas con solo tocarlas… Seinma, ese idiota poseía una fuerza de voluntad infinita que no importaba cuanto dolor o golpes soportara él siempre se volvía a levantar con aún más fuerza.
¿Que tenía él que lo hacía diferente a ellos? Solo su determinación por adquirir más poder, no tenía a nadie quien proteger como ellos, no tenía un sueño propio o una meta más grande que alcanzar… solo una idea torcida de que y quien debería ser.

Siendo especial o no nada de eso importaba si en realidad no tenía una cualidad que lo hiciese sobresalir del resto por cuenta propia.

―Yo… tan solo deseo ser fuerte, fuerte para dejar de sentirme débil. ― Finalmente respondió Kobu cayendo de rodillas al suelo, derrotado por no poder seguir con su fachada del muchacho fuerte e inquebrantable, demostrando finalmente su lado más blando.
―Fuerte para que me reconozcan y no me dejen de lado…― Añadió exponiendo su miedo más profundo, aquél que le avergonzaba más que cualquier otra cosa en el universo, terminal igual de olvidado que su papá.
―Tan fuerte como para dejar de sentir este vacío en mi pecho―Finalizó agarrándose el pecho con fuerza, arrugando su playera oscura al instante.

Arorios ahora podía comprender de donde nacía su necesidad, de donde nacía el odio irracional que le tenía a su compañero heredero y a los demás, los caballeros cuyos nombres nadie recordaba eran como él.

Deseosos de que sus vidas, aunque fugaces como las estrellas, tuvieran un sentido, una razón o por lo menos que sirvieran de inspiración para otros que buscaban el mismo alivio, que sus vidas y por ende sus muertes no fuesen en vano.

Aún si eran débiles por fuera, sus almas deseaban brillar como el cosmos de un dorado para darles esperanza y fuerza a otros, para que al menos entregarlo todo hasta el mero final valiese la pena… al menos solo un poco.
―Ya veo, entonces lo que buscas es convertirte en alguien fuerte para llenar un vacío. ―Murmuró Arorios admirando al muchacho frente a él, para entonces dirigir sus ojos hacia el suelo, para ver a su lado su casco dorado de Géminis, específicamente a la máscara que representaba la bondad y la justicia.
―La fuerza no viene solo del cuerpo, sino de la mente, eso es lo dijo una persona muy sabia alguna vez. ―Comentó acariciando la parte superior del mismo, viendo su propio rostro reflejado en la máscara del bien, pero… aunque él mismo se veía reflejado en ella en realidad miraba a alguien más que se encontraba cerca alguien que no era Kobu, sino su eterna sombra… su oscuridad, la otra parte de sí mismo.
―Si de verdad deseas entender el verdadero camino de la fuerza, debes abandonar esas ideas que han sido implantadas en tu mente para comprender que el poder, no es algo que controles sino posees una mente fuerte y un objetivo claro, si de verdad estás dispuesto a alcanzar el poder sin importar las consecuencias espero que estés también aceptes que el mismo terminará destruyéndote a ti, destrozando todo lo que fuiste, todo lo que eres y todo lo que alguna vez habrías sido, no puedes llenar tu vacío con más poder, porque lo único que eso hará será hundirte más en la miseria personal.

―Dime… ¿qué debo hacer para alcanzar eso? ―Interrogó Kobu humildemente, ya no era el guerrero fuerte que pretendía ser, sino un muchacho que genuinamente deseaba conocer el verdadero aspecto de la fuerza que Arorios tanto le decía.

―Creo que aún no eres consciente de ello, pero en tu ser posee una gran luz, así como una poderosa oscuridad que está dominando tu ser, sin importar que clase de poder o fuerza alcances esta será asimilada por una parte de las dos y la que se apoderé de terminará siendo la fuerza que rija tus acciones como tus decisiones. ―Decía firmemente hacia Kobu como al oyente que se encontraba cerca, dándole vuelta lentamente a su casco, hasta que la máscara de la bondad quedó de espaldas y la máscara del odio quedó frente a frente, él, ambos ojos reflejándose unos en los otros.
―El poder puede adoptar muchas formas, dinero, sabiduría, fuerza, la adquisición de una habilidad o sentido más allá de los seis que tenemos, pero el verdadero poder reside en la fuerza de tu mente, si es fuerte te convertirás en el hombre más fuerte del universo… pero si es débil, te consumirás hasta que te conviertas en el enemigo. ―Le dijo mirando a la máscara del mal, aquella que representaba el odio, el desprecio, el egoísmo… con todo su rostro reflejado en aquella pieza dorada que componía de su casco.
―Yo te guiaré, pero quedas advertido… si caes bajo la tentación de la obscuridad en tu búsqueda, solo un guerrero con verdadera fuerza y virtud terminará con tu destino. ― Declaró alzando sus ojos nuevamente hacia Kobu, quien no paraba de escuchar sus palabras con atención.

Por un momento el agachó su rostro, para entonces redirigirlo hacia Arorios, con total determinación en sus ojos.
―¿Y si tú sabes que mi destino está inclinado hacia el lado de la oscuridad porqué estás decidido a enseñarme? ―Interrogó dirigiendo su ojos azul y marrón directamente al rostro del santo dorado, quien asintió levemente.

―Porque incluso la persona con el camino más torcido puede enderezarse. ―Replicó dejándole en claro a ambos que ellos no tenían por qué ser los villanos de sus propias historias, podían ser héroes, justo como tanto lo deseaban.
― Además porque… conocí a alguien cuyas ideas que coincidían con las tuyas casi terminaron destruyéndolo, tanto por dentro como por fuera, pero…―Arorios por un momento desvió su mirada de Kobu, únicamente para encontrarse con la silueta de su otra mitad, de su hermano menor quien no había dejado de escuchar la conversación entre ambos desde que había comenzado, sabía que no solo se lo decía a ese muchacho, sino también a él… aunque el destino lo había castigado con la oscuridad en su interior, el que tanto Arorios como el patriarca y Seishin decidieran no encerrarlo como un animal era suficiente prueba de que ellos aún confiaban en él… y que cuando el momento llegase pelearía por ellos y por el santuario.
―Gracias a un gran guía… su vida no terminó así, pudo expirar la culpa que controlaba su corazón, hasta convertirse en un pilar del bien y la justicia, sé que aún hay esperanza para ti, eres joven y tu mente ha sido envenenada por un odio irracional. ―Aclaraba sonriendo hacia esa dirección tranquilamente, cosa que captó la atención de Kobu, quien por pura curiosidad trató de ver hacia esa dirección, para no encontrarse con nadie cerca, eso lo confundió y lo hizo arquear una ceja… por un momento pudo sentir el cosmos de alguien más cerca y desaparecer así como así.
―Pero si consigo guiarte a través de esa oscuridad que domina tu ser y la luz que aún se resiste en tu corazón, entonces no solo serás fuerte, podrás alzarte algún día como uno de los 12 dorados. ―Declaró sorprendiendo aún más al joven de bronce, quien por primera vez en mucho tiempo sintió una enorme sensación de paz en su interior…

Era reconfortante, podía decir que era un sentimiento agradable por no decir más pues… que alguien de verdad creyera en él y que le diese la oportunidad de cambiar era algo nuevo para él.
― ¿De… verdad? ―Le preguntó incrédulo por lo que le había dicho, ¿realmente él podría llegar a convertirse en un guardián para proteger y cuidar a la diosa que tanto amaba?

―Así es, después de todo una armadura de Athena te reconoció, eso es un a prueba de que sin importar quien seas o quien hayas sido en tu vida pasada, puedes enmendar los errores y comenzar de nuevo. ― Respondió levantándose del suelo, tomando su casco dorado caminando hacia él lentamente con una cálida sonrisa adornando su expresión.
―No tiene fecha de expiración, puedes hacerlo cuando lo desees. Mientras estés dispuesto a hacerlo. ―Añadió para poner su mano sobre el hombro del caballero del unicornio,

―Yo… deseo aprender de ti y de aquella fuerza de la que me hablas, Arorios…―Declaró el joven mirando hacia arriba, para encontrarse con los ojos del hombre cuyas palabras habían logrado ablandar su duro corazón de piedra.

Con esas palabras humildes, Arorios finalmente estaba preparado para mostrarle lo que él tanto deseaba, el camino para obtener el poder que tanto anhelaba.
―Bien… entonces ya estamos listos para comenzar.― Le dijo apartándose unos instante de él, caminando en dirección contraria a la del muchacho.

―No debe quedar mucho tiempo. ―Murmuró Kobu mirando hacia las afueras del templo de Géminis, únicamente para apreciar la puesta de sol que se filtraba atravesó de los pilares de mármol que sostenían el techo del templo.

El caballero dorado sonrió, únicamente para alzar su mano la cual resplandecía de un enorme poder que hizo estremecer al joven santo del unicornio, él tocó lo que parecía ser una superficie acuosa en la realidad, esta se abrió ante él mostrando un camino que guiaba hacia una dimensión enorme y desconocida para él.

Entonces la expresión de Arorios se dirigió hacia él sonriéndole tranquilamente, únicamente para decir:
―Jeh muchacho, el tiempo no es un problema cuando puedes moverte entre dimensiones. ―Eso era una invitación para el joven de cabello de plata a entrar a ese portal que lo guiaría hacia otros mundos, Kobu miró dentro apreciando los planetas que flotaban más allá.

Sin temor y sin titubear, Kobu se adentró por aquél camino, seguido a sus espaldas por Arorios, habían muchas cosas que debía enseñarle, miles de peligros de lo que él debería protegerse, pero había tiempo… de hecho tenían todo el tiempo del mundo para enseñar y aprender, lejos de este mundo, donde el tiempo ya no estaba de su lado.
Cuando regresarán simples segundos habrían pasado, pero allí, horas días, semanas y meses pasarían en un parpadeo.

Todo esto únicamente para enseñarle a Kobu, el verdadero significado del poder.

Entonces en la casa de Virgo.

Sira había visto a Arorios retirarse con Kobu lejos de esta dimensión, se preguntaba a qué clase de mundo alterno llevaría a ese muchacho, conociéndolo sería un universo igual pero diferente al que Kobu conocía, cuando se trataba de Arorios, la realidad no significaba nada para él, podía caminar entre diferentes reinos a su conveniencia.
Abriendo portales a otras dimensiones como quien abría la puerta hacia un cuarto o habitación.

No parecía que nadie pudiera detenerlo… un hombre con ese poder sería sumamente peligroso si se encontrará en el bando enemigo, por suerte él se encontraba de su lado, desde que lo conoció hasta el momento en el que ambos se volvieron amigos muy cercanos, jamás le dio razones para dudar de él o de la lealtad que tenía hacia Athena.
Aunque había algo que lo preocupaba, no entendía bien que era no había malicia en sus palabras o en sus acciones pero… había una sensación en él, algo que dejaba sentir una profunda tristeza.

No sabía bien qué era o de qué se trataba, pero siendo Arorios. Él jamás había logrado ocultarle nada a Sira, tarde o temprano ella lo conocería, sin importar que clase de cosa fuera.

Pero había otra cosa que le intrigaba, pegaso no había hecho o dicho nada durante horas, era extraño, sobre todo por qué no esperaba que una mente tan… desorganizada lograra mantener la concentración durante tanto tiempo.
Se preguntaba ¿si acaso él había llegado a una verdadera iluminación mental y si era así que clase de cosas podía ver?

*Hummm esto es peculiar…* Murmuró la guerrera dorada de Virgo enfocando su atención totalmente en Seinma a este ritmo el día terminaría y aún tenía muchas cosas que explicarle al Pegaso acerca de su cosmos.
*¿En qué estás pensando joven caballero?*

Por un instante trató de escuchar sus pensamientos para saber por qué había tanto silencio, pero al hacerlo… no había nada, ni siquiera las preguntas usuales que este muchacho se hacía, incluso su cosmos parecía haberse desvanecido, era seguro que él no había muerto, eso era completamente imposible, pues él aún seguía respirando y su corazón seguía latiendo, aunque al escuchar con atención sus latidos podía notar un pulso algo irregular, su corazón… ¿estaba enfermo o algo? Pero lo que realmente le causaba intriga era: ¿Realmente había alcanzado la paz mental?
Se replanteó el volver a surcar dentro de sus pensamientos, pero en esta ocasión en lugar de solo mirar dentro de sus pensamientos para saber que estaba sucediendo, pondría toda su conciencia dentro de la cabeza de Seinma para entender que estaba ocurriendo…

Pero al hacerlo, ella pareció abrir una puerta hacia un mundo desconocido, tanto su mente como su cuerpo se estremecieron púes sentía que era llevada por un portal de luz hacia un lugar desconocido, ¿Qué era esta sensación que sentía? Parecía algo que ya había sentido antes, pero… no tenía idea de que era.

No fue hasta que ella se obligó a tratar de abrir sus ojos para detener esta sensación tan asfixiante que su mente estaba sintiendo al introducirse en la de pegaso, esto quizá haría que la barrera del santuario se debilitara o que su mente regresará a su cuerpo poniendo en peligro su vigilia, pero al momento de abrirlos allí estaba ella en medio de un inmenso mar de estrellas Seishin pudo sentir nuevamente algo en sus pies, al mirar al suelo pudo ver agua… agua que se extendía hasta el infinito reflejando todas y cada una de las miles de estrellas que adornaban este lugar tan misterioso….

― ¿Seinma…? ―Ella se detuvo al instante al escuchar nuevamente su voz, no la voz de su mente o la voz de su alma… la voz de su propio cuerpo y no solo eso, sus ojos, estaban abiertos… podía ver, ¿Qué era esta sensación? Al mirar hacia abajo pudo ver su cuerpo, portando su traje de sacerdotisa, este era de color negro con partes de blanco y al tocar su rostro… no sentía la máscara que protegía su rostro, cualquiera que hubiera sido la cosa que había traído su mente hasta aquí le había arrebatado su ropaje dorado a excepción de las prendas que ella llevaba puestas cada vez que no portaba su armadura.
―¿Qué es este lugar? ―Se preguntó dirigiendo su rostro a todas direcciones, había estado en todos y cada uno de los reinos celestiales, pero este no parecía ningún lugar que ella conociese, de hecho, no era ningún sitio que ella recordará, aunque… por alguna razón se sentía familiar, incluso se sentía cálido aun habiendo agua a sus pies.

Ella se agachó para verla la tocó haciendo que su reflejo puesto en la misma se deformara con las pequeñas ondas de la misma, para entonces volver a mostrar su rostro con normalidad al calmarse, tomó un poco en sus manos y pudo sentirla, esto era algo inusual incluso al caminar entre otros mundos algo tan intangible como lo era alma no podía sentir nada… pero ella podía verlo y sentirlo todo.
Al acercar el agua que tenía entre sus manos la acercó a su rostro, el olor incluso era algo inusual, usualmente el agua no tenía olor ni sabor, pero por alguna razón este olor le recordaba a algo… algo importante que parecía haber olvidado, al verterla nuevamente en su lugar la misma no dejó rastros de humedad en sus manos, o en su piel.
Todo esto era tan familiar a pesar de ser la primera vez que se encontraba aquí y al tratar de recordar que podía ser miró al cielo únicamente para encontrarse con su constelación, la constelación dorada de Virgo con las 9 principales estrellas que la componían y las 160 que la acompañaban… la reconocía porque Espiga, la estrella más brillante de la misma era la estrella más brillante que componía su constelación guardiana.

Ella estaba genuinamente intrigada, si antes se preguntaba que era este lugar y porqué todo se sentía tan real, ahora su pregunta más importante era… porqué su constelación se encontraba justamente allí por encima de ella, ahora podía sentir lo que Seinma sentía, una enorme curiosidad por todo lo que la rodeaba.
Al visitar todos los reinos celestiales creía que ningún otro mundo la asombraría y… ¿cuál era su sorpresa que al encontrarse en un lugar totalmente nuevo para ella? Genuina curiosidad e intriga de explorar este lugar, Sira volvía a sentirse como una niña nuevamente, pero ese sentimiento no duró mucho cuando al dirigir sus ojos hacia su izquierda y derecha pudo notar que algo estaba… fuera de lugar, al no tener un sentido de la orientación adecuado para este sitio tuvo que sentarse y observar detenidamente el cielo, por alguna razón podía distinguir su constelación pero no las demás, parecía que Seishin se encontraba justamente en el centro donde su constelación se podía ver perfectamente, pero tanto Leo como Libra se encontraban fuera de su rango de alcance… o las estrellas que las componían estaban más alejadas.

Ella miró su constelación con atención, si la posición de la misma era correcta… entonces al oeste de la misma se encontraba Leo y Libra se debía encontrarse hacia el Este.
Había estudiado por años la carta celeste donde se encontraban las 88 constelaciones, por lo que la corona boreal se encontraba al norte y la constelación del cuervo se encontraba al sur.
Con esa idea en mente, decidió caminar hacia la dirección noroeste, si lo que ella presentía era correcto, entonces allí se encontraría con Seinma.

Pues la constelación de Pegaso quedaba en esa dirección, con eso en mente comenzó a avanzar, al tener experiencia viajando por los reinos celestiales ella sabía bien cómo debía proceder a moverse por este mundo, siendo discreta, sin llamar la atención, sobre todo siendo rápida y precisa a la hora de atravesar un reino, su alma lo había hecho miles de veces, su mente sería capaz de lograrlo también, sin importar donde estuviera ella… debía hacerlo para encontrar a Seinma.

Mientras esto ocurría los demás caballeros dorados seguían entrenando a los herederos que habían elegido para ese día aunque, cuando sus cosmos sintieron una extraña perturbación todos los 12 guerreros dorados a ver que sucedía.
Al mirar al cielo solo podían ver como la barrera de Athena comenzaba a ser más y más tenue, la misma brillaba y se tambaleaba, lo cual podía significar que… algo no estaba bien con la santa de virgo.

Genki quien hacía unos momentos seguía entrenando a Danny salió a prisa de su templo para ver que sucedía y al ver el cielo… solo podía pensar lo peor.
―Por Athena… ¡Sira! ―Exclamó corriendo escaleras abajo, en dirección a la casa de virgo a toda prisa. ― ¡Danny quédate aquí y no dejes que nadie entre o salga! ―Exclamó totalmente preocupado por su compañera, si la barrera se estaba dispersando, era porque ella estaba en problemas.

Solo eso podía ser… sino entonces porqué otra razón la barrera que protegía y detectaba al santuario de los espectros de Hades estaría tan débil, debía apresurarse a ayudarla o lo más probable sería que enfrentarían una situación igual de peligrosa a la de hace 5 años atrás.

Jacko por su cuenta ya había salido a toda prisa de su templo, puede que las cosas no estuvieran bien con ella, pero aún seguía siendo su amiga… y no la iba a abandonar en estos momentos tan importantes.
―Maldita sea… ¡Seishin Responde! ¿¡Qué diablos sucede!? ―Al no recibir respuesta Jacko apresuró el paso para llegar pronto a la casa de virgo. "Esto es malo… esto es muy malo… no siento su voz o su presencia, ¡resiste tonta! No voy a permitir que mueras." Pensaba el caballero de escorpio descendiendo directamente al templo de la virgen.

No sabía que tan bien Johnathan podría apañárselas protegiendo él solo la casa de Escorpio, aún se estaba recuperando de la batalla que habían tenido horas antes, pero confiaba en que sin importar que clase de crisis fuera esta él resistiría con fuerza, él era quien estaba más cerca del séptimo sentido y sabía que ante cualquier amenaza él resistiría con total determinación frente al enemigo.

Y por su parte la guerrera de virgo seguía avanzando hacia la constelación de Pegaso a toda prisa, necesitaba encontrarlo para saber que era este lugar… pero mientras más se alejaba de su propia constelación podía sentir que algo no iba bien… por alguna razón se sentía, cansada y su mente comenzaba a perderse entre toda esta oscuridad, tan pronto como pisó fuera de su constelación adentrándose a la constelación de la corona boreal ella cayó al suelo, algo la detuvo de ir más lejos una fuerza invisible que la hizo caer de rodillas y perder los sentidos de su cuerpo astral.

¿Que era este sentimiento tan desolador? Aunque todo de ella seguía intacto… sus extremidades habían dejado de responder, algo no estaba bien con esto… no podía comprender que era, hasta que una luz comenzó a resplandecer detrás la misma brilló con tanta intensidad que ella tuvo que mirar hacia atrás para saber de quien se trataba.

―Oh cielos… ¿estás bien? ―Preguntó una voz femenina a sus espaldas, era lo bastante joven como para ser de la misma edad que Seinma… pero podía sentir un cosmos tan poderoso… que solo podía ser comparado con el de su diosa Athena.
―¿Cómo llegaste hasta aquí, que tratabas de hacer? ―Preguntaba la voz de aquella joven que se acercaba lentamente, Sira al sentir el calor que emanaba su cosmos pudo sentir que su fuerza y vitalidad regresaban.

―Quien… ¿quién eres tú? ―Preguntó guerrera de virgo levantando su rostro hacia la dirección de aquella luz, no podía ver quien era… o que era lo que quería, pero… ese cosmos tan cálido como benevolente le daban paz y seguridad.

―Tranquila, ya estás a salvo… viniste a buscar a Sein ¿verdad? ―Preguntó la luz, esa voz… no había dudas era una jovencita a quien hablaba, pero no era la voz de Sariah o de nadie que ella conociese.
―Gracias a Athena que llegué pronto si hubiera tardado un segundo más… no me imagino lo que hubiera sucedido.

― ¿Que es este lugar? Responde…―Pedía ella tratando de moverse, pero sus piernas y brazos aún no podían responder.

―Este… es el lugar donde todos los humanos y caballeros vienen, el lugar donde nacen, así como sus destinos, si te hubieras alejado solo un poco más de tu constelación… no sé qué te habría sucedido.―Respondió colocando su mano sobre su rostro, Sira poco a poco podía comprender lo que esa luz le decía, y al mirarla más fijamente pudo notar que era una joven de cabello celeste largo y ojos del mismo color, cosas que se diluían con la luz que la envolvía.
―Te llevaré de regreso a tu constelación, no te preocupes… te ayudaré a despertar… a ti y a Sein.

Con esas palabras el cuerpo de Seishin comenzó a elevarse del suelo, con ayuda de aquella presencia.
―Este… ¿es el lugar donde nacen los caballeros y sus destinos? ―Preguntó la guardiana dorada mirando a su alrededor, finalmente podía comprender que era este lugar, era la brecha entre la vida y el antes de nacer, por eso era tan familiar para ella… por qué ella sí había estado aquí antes, no durante su adultez, o su ascenso como guerrera.

Había estado aquí mientras estaba en el vientre de su madre, mientras era una pequeña alma esperando a su primer despertar, este no era un reino… este era el hogar de las estrellas, lugar donde todo conocimiento y vida se creaba.
Podía asumir que al haberse alejado tanto de su constelación ella habría perdido todos su cinco sentidos o peor aún, solo era una mente sin un cuerpo una conciencia sin un alma, aunque se había separado de sus partes hermanas seguía dependiendo de ellas, sin las mismas para ayudarla a caminar por este lugar, solo podía quedar a la deriva al seguir avanzando después de abandonar su constelación pues al estar atada a ella, todo lo que era… su vida, su pasado, su presente y futuro estaban conectadas a estas estrellas y al cuerpo terrenal que seguía en el mundo físico, no era como su alma que podía caminar entre reinos, aquí si su conciencia se perdía tardaría años en regresar al lugar donde ella pertenecía más si caía en una constelación que no le correspondía podría haber alterado su destino o el destino de aquélla persona que hubiera nacido bajo esas estrellas.

Ahora podía comprender que era este lugar, pero, lo único que no podía comprender era ¿Cómo es que Seinma había logrado llegar a este reino? Como él había tenido acceso a este lugar tan misterioso a menos que… al meditarlo por un momento, una repentina realización llegó a ella como un flashazo.
Solo una persona que estaba a punto de nacer podía permanecer en este lugar, ¿pero y si esa persona hubiera nacido y no a la vez? ¿Y si esa persona hubiera quedado atrapada entre el sueño, la vida y la muerte cuando finalmente salió al mundo?
¿Si esa persona no hubiese estado consignada a nacer y en cambio hubiese muerto, siendo traída a la vida segundos después?

*Seishin… Seishin despierta… ¡Seishin Despierta!* Se hacía estas preguntas mientras se acercaban a las estrellas de virgo, las cuales brillaban con fuerza e intensidad, escuchando una voz que la llamaba desde su constelación, que la llevaba de vuelta a la vida y a la realidad.
―¡SEISHIN! ―Exclamó Jacko por última vez, despertándola de aquél sueño tan profundo, al instante ella no pudo recordar donde estaba o que se suponía que estaba haciendo, su cabeza daba vueltas y lo que era peor su pose de meditación se había roto finalmente después de tanto tiempo.

Ella solo tuvo unos segundos para respirar, recomponerse y adoptar nuevamente su posición para evitar que su alma, la única parte que aún no regresaba a ella volviera tan abruptamente como se había marchado.

―Disculpa Jacko… creo… que me dejé llevar…―Respondió ella usando sus labios por primera vez en mucho tiempo para hablar, era una sorpresa incluso para su compañero, su mente ya había regresado… lo cual explicaba por qué había respondido de esa forma.
―Ah… gracias a todos los dioses que estás bien…

―Perdóname… pero…―Fue entonces que dirigió su rostro más allá de él, para encontrarse con Genki y Seinma, quien este último era asistido por su mentor.
―Creo… que ya comprendo que sucede con el muchacho…

Al decir eso Jacko desvió sus ojos carmesíes en dirección al joven caballero de bronce, quien también era despertado, sujetándose con fuerza la cabeza.
―Oh diosa… ¿qué sucedió? ― Se preguntó siendo invadido por una sensación de adormecimiento y desgaste enormes.

―Ah… gracias a Athena que te encuentras bien Sein, por poco nos dabas un susto de muerte…―Decía Genki aliviado de ver a su alumno sano y salvo. ―Ambos nos dieron un susto de muerte en verdad, ¿qué fue lo que sucedió?

― ¿¡Si niño explícanos qué carajo fue lo que le hiciste a Seishin!? ―Interrogó Jacko acercándose a Seinma amenazantemente, si no hubieran llegado a tiempo lo más probable habría sido que ambos hubieran muerto en lo que… sea que fuese que estuvieran haciendo.

―Tranquilízate Jacko. ―Respondió la guardiana de Virgo recuperando la compostura, para finalmente dedicarse nuevamente a su meditación. ―No fue su culpa, fue mía… yo, tan solo trataba de enseñarle una de mis técnicas y perdí el control, de verdad siento mucho haberlos asustado…―Añadió reestableciendo su conexión con la barrera de Athena, la cual volvió a su estado normal después de unos segundos.
―Aunque… mi vigilancia fue interrumpida, tardaré un tiempo en separar mi mente de mi cuerpo así que, tendrán que disculparme si les pido que me dejen sola con Pegaso por un momento.

―Entiendo… bueno, me alegra ver que estés bien Sira. ―Genki respondió Genuinamente feliz de que ella y Seinma estuviesen bien y que un espectro enemigo no se hubiera infiltrado y los hubiera lastimado a ambos, tanto que… casi parecía que quería llorar de alegría.

―Habla por ti, nunca más vuelvas a hacer eso… la próxima vez, mataré a quien sea que esté aquí, caballero o no, no me importa, no pienso perderte a ti también. ―Le decía dándole la espalda para volver a su templo, al menos Jacko era honesto, duro… pero honesto.

Aún se seguía preocupando por ella y no necesitaba leer su mente para saberlo, después de que Jacko se retirara además de que Genki se asegurará de que su alumno se encontraba bien también procedió a retirarse, por lo menos ellos se encontraban bien, no habían comprendido que había sido eso, pero… ya habría tiempo para saberlo pronto, por ahora era menester dejarla a ella y a Seinma solos para… discutir que rayos había sido todo eso.

Con la alerta roja levantada y los caballeros de plata que custodiaban el santuario tomando sus posiciones de vigilancia Seishin finalmente tuvo el tiempo para hablar con el muchacho quien… se sentía avergonzado por haber causado indirectamente esta situación.

―Yo… no sé qué decir, quiero disculparme por… lo que sea que sea que haya hecho no quise hacerlo… yo.

―Tranquilo Pegaso, como le dije a Jacko… esto fue mi culpa y solo mía. ―La guardiana de Virgo lo interrumpió de manera inmediata, no había de qué disculparse cuando todo había sido gracias a su propia ignorancia al intentar explorar un mundo que no conocía, siguiendo sus propias reglas, pero no las reglas de aquél mundo desconocido para ella. Porque cuando se trataban de jugar con las barreras de lo intangible como lo etéreo una cosa era segura, eso era que un paso en falso y tanto una conciencia sin un cuerpo y sin un alma podían perderse eternamente para jamás volver.
―Me permití perder el control y mi enfoque… por esa razón puse en alerta máxima el santuario sin mencionar que puse en peligro la barrera de Athena como a todos los caballeros del santuario. ―Murmuraba decepcionada de sí misma, siendo una de las guerreras más poderosas y sabias del santuario.

Molestia que Seinma pudo notar, a diferencia de la máscara de Shira o Mary, podía ver la expresión de la Santa de virgo más clara que el agua, ella estaba disgustada por lo que había sucedido minutos atrás.

― ¿En serio…? Es extraño pues jamás la había visto, Danny me había hablado de ella antes, pero… jamás la había podido observar hasta ahora. ―Comentaba Seinma tratando de mejorar el ambiente, cosa que ella apreció mucho por parte de él… pero que no pudo demostrar.

―La barrera además de protegernos de los espectros y limitar sus resurrecciones, también funciona como un espejo de doble sentido, actuando como una ilusión que cubre los templos del santuario de la vista pública. ―Comenzó a explicar la guerrera dorada, alzando su rostro hacia el cielo de su casa y más allá de ahí, donde la barrera dorada había dejado de centellear para volver a su forma transparente de siempre.
―¿Nunca te has preguntado por qué cuando vives tan cerca del santuario o cuando te acercas hacia la montaña nunca puedes ver los templos ni de Libra, Escorpio, Sagitario o los aposentos del Patriarca? La razón es porque al mantener mi vigilia sobre la barrera puedo ocultarlos del ojo público utilizando ilusiones y espejismos de realidad para evitar que alguien se acerque demasiado al santuario sin autorización. ― Añadía la guerrera de Virgo tratando de concentrar más de su propio cosmos en la misma, aunque no se había debilitado la misma por poco lograba desestabilizarla lo suficiente para revelar el santuario al mundo entero.
―El bosque en sí es una manifestación de esta protección que Athena y yo impusimos para evitar que nadie entre, si no se conoce el camino correcto podría vagar sin rumbo claro por días, semanas, meses, años… cuando en realidad solo pasen un par de horas. Por eso los lugareños no se acercan, pues tienen la creencia que este lugar está maldito. ― Seguía su explicación dirigiendo su rostro hacia el joven caballero quien se veía asombrado por que aquella barrera pudiera hacer eso y más, lo cual hacía preguntarse… como había sido que Sariah había logrado crear algo como esto cuando era pequeña.

Aunque al mirar hacia su brazo derecho, la cual tenía las pulseras que tanto Sariah, Danny y su Hermana mayor le habían regalado, siendo símbolos de protección amistad y fortuna eran muy importantes para él.

Por esa razón podía comprender por Sariah dedicaba su tiempo y esfuerzo a mantener la barrera activa, aunque si era así, ¿en que tenía que ver Sira con todo esto?
―Huh… había escuchado algo parecido hace tiempo en el mercado de Nueva Florencia, pero…― Al instante levantó sus ojos en dirección a la santa de la virgen.
―Si es tan poderosa… ¿cómo fue qué?

No era necesario que terminara de preguntar para que Sira diera una respuesta contundente a sus interrogantes:
―Athena antes era quien se encargaba de mantenerla de pie, pero esto la desgastaba y lastimaba, cuando yo me convertí en su protectora, me encargué de mantener su barrera tan estable como firme utilizando mi propio cuerpo como recipiente para el enorme poder de la misma. ―Respondió suspirando fuertemente, ante el dolor de su diosa por protegerlos ella había intercedido como mártir para calmar un poco el dolor y la angustia que provocaban al ella mantener la barrera.
―Al mantener mi meditación y mover muy poco mi cuerpo logré todo eso, pero para conseguirlo debo mantenerme eternamente en esta posición de meditación sin moverme. Al interrumpir mi concentración… hice que esta se desestabilizara, poniendo en peligro al santuario y a su vez a Athena…

―Suena… muy duro…―Murmuró Seinma un tanto preocupado por la guardiana de la Sexta casa del zodiaco.

Seishin asintió con la cabeza, pero al instante volvió a responderle al pegaso, para tratar de calmar su mente llena de dudas.
―Lo es… pero ese es mi destino como adalid del santuario, el dolor que tenga que soportar no es nada en comparado con la protección que les ofrezco a mis compañeros caballeros. ―Añadió con humildad en sus oraciones, realmente podía sentir que ella era honesta con él, o bueno más honesta que antes…

Seinma podía identificar algo más en su voz, no era preocupación o firmeza, más bien sonaba un tanto débil y cansada… se preguntaba si aquello era por haber estado tanto tiempo cuidando de la barrera… o si acaso era otra cosa pues.

Pues podía sentir en sus palabras un rastro de dolor, como si ella estuviera herida o lastimada de alguna forma.
―Suenas diferente, menos reservada y más… directa. ―Murmuró un poco preocupado por ella.

Sira esperaba que Seinma no se diera cuenta y aunque no podía decirle que aún podía leer sus pensamientos en efecto no estaba equivocado, algo dentro de ella le dolía profundamente.
Realmente era perceptivo en algunas cosas mientras que en otras era un completo neófito.

Y eso era… algo de lo que no quería hablar con el muchacho, o al menos no aún.
―En efecto, eso es porque mi mente era un ser diferente a mí misma al separarse de mi cuerpo, ahora que somos una de nuevo parte de mi personalidad original y mi mente se han vuelto a unir… pero esto no durará mucho, debo separarlas nuevamente para retornar a vigilar todo el santuario. ―Respondió con la segunda razón del porqué sentía tanta tristeza, después de todo ellas eran seres con sus propias ideas y personalidades, una vez que se unían ambas se fusionaban para traer a la verdadera guerrera de virgo aunque siendo solo dos partes de un mismo ser, no tres como debería, aun así estaban incompletas por eso era que la entristecía en gran parte que su mente y cuerpo estuvieran unidas… más no su alma.
―Antes de volver a mi perpetuo silencio para separar mi mente de mi cuerpo, necesito explicarte algo. ―Pidió volviendo a suspirar, entonando nuevamente su tono aún más tranquilo mientras se preparaba para volver a separar su cuerpo en 3 nuevamente.

―Bueno, dime…―Pidió el jovencito prestando completa y total atención sobre ella, la más sabia entre sabias.

A ella le tomó un par de segundos poner sus pensamientos en completo orden y finalmente habló.
―Cuando no te concentras bien, cada una de las partes que componen tu cuerpo comienzan a repelerse. ―Comenzó a explicar nuevamente siendo lo más clara posible con él para que después de finalizar no hubieran dudas de que era lo que él debía hacer.
―Tu cuerpo trata de seguir instrucciones, pero tu mente siempre se encuentra distraída, cosa que no permite que tu alma encuentre un balance para que la energía fluya con precisión, haciendo que el cosmos recorra todo tu cuerpo pero que el mismo se estanque en un solo lugar y no puedas manifestarlo con toda tu fuerza. ―Añadía sorprendiendo enormemente al pegaso, aunque en cierta forma era cierto, muchas veces su cuerpo y mente no se ponían de acuerdo, pro que mientras él pensaba en una cosa su cuerpo hacía otra y su alma debía lidiar con ese caos interno siempre.
―Pero al alcanzar un equilibrio correcto el mismo puede moverse con completa libertad. ― Recalcaba sus palabras haciendo eco en la mente del joven caballero, quien poco a poco comprendía las cosas que debía hacer para empezar a dominar mejor su cosmos y comenzar a comprender mejor como dominar el Meteoros de Pegaso.

― ¿De verdad? ¿Y cómo es que puedo lograr ese equilibrio? ―Interrogó totalmente Atento a la revelación que ella le iba a dar.

Aunque ella podía comprender que él fuera algo lento comprendiendo las cosas, en realidad no era algo que no supiera, eso era algo que él ya sabía pero que jamás había puesto a prueba de manera consiente.
―Eso es algo que ya sabes, cuando tu mente era un desastre te concentraste en tu hogar, en el santuario… en las personas que amas y que te dieron una razón de ser. ―Revelaba obligándolo a darse cuenta de que todo se encontraba en su corazón.
―Cuando te enfocas en esos sentimientos de amor y esperanza, es cuando tu cosmos aflora con más intensidad, tu mente tu cuerpo junto con tu alma se vuelven una sola entidad, lo que permite que tu cosmos fluya con más fuerza que nunca. ―Declaraba, entregándole las respuestas que él tanto había necesitado para alcanzar su máximo poder con el cosmos.
―Aquellas cosas que más amas, las que más te dan esperanza, son lo que permite que puedas alcanzar una armonía interna. ―Seinma alzó sus puños dándose cuenta de lo tonto que era para que alguien le dijese algo que él ya conocía…

A veces para darse cuenta de los errores de uno, alguien tenía que remarcárselos para que pudieran entenderlos y así corregirlos, esta era la primera vez en mucho tiempo que se sentía como un despistado sin remedio. Lo cual lo hizo reír levemente por su propia ignorancia.

―Es cierto… recuerdo que cuando tenía dudas, o cuando estaba a punto de caer derrotado recordaba a mi hermana… recordaba a mi hogar… y eso me daba aún más fuerza para levantarme y pelear. ―Añadió bajando sus manos, para sonreír humildemente al suelo.
―Creo que siempre lo he sabido, lo único que necesitaba era alguien que me lo dijera…

Añadía el caballero del corcel alado dirigiendo sus ojos café hacia la guerrera de la virgen, quien también le sonreía levemente.
―Veo que realmente no eres muy atento, pero no por eso seas tonto, tu método de aprendizaje es el ensayo y error y eso te ha funcionado muy bien en tu camino como caballero, aunque siendo el aprendiz de un guerrero que está siempre en búsqueda del balance… me es difícil determinar por qué te es tan difícil encontrar un balance entre tus acciones y emociones. ―Decía con una pizca de satisfacción en sus palabras, realmente lo estaba ayudando, gracias al entrenamiento de Genki y sus palabras, este muchacho lograría alcanzar el séptimo sentido muy pronto, no antes que sus compañeros más experimentados… pero ya estaba a un paso de alcanzar el nivel necesario para llevar su cosmos al siguiente nivel.
―Pero si sigues yendo por ese camino… te aseguro que algún día encontrarás el poder que duerme en tu interior.

Con esas palabras, Seinma se levantó del suelo, mostrando su respeto hacia ella inclinándose cortes mente colocando su puño sobre su pecho en muestra de respeto hacia ella como guerrera y mentora.
―Muchas gracias… Maestra Sira. ― Decía enteramente gratificado por haber recibido la guía de alguien tan sabia y poderosa como ella, esperaba el día en que… ellos pudieran luchar codo con codo en esta guerra.

Con eso Sira suspiró tranquila, ya estaba lista para retomar su meditación en paz.
―No hay de qué, ahora que sabes esto sabrás como prepararte para la batalla y para enfrentar al destino que te fue otorgado…― Al terminar de decirle aquello, Seinma asintió, dándose media vuelta para volver por donde había venido, mientras que Sira volvía a retomar su eterno silencio… aunque… aún tenía algo que tenía que preguntarle antes de que él se marchará.
*Una última cosa antes de que te retires Pegaso… sabes porqué tu mente puede viajar al Hogar de las Estrellas… o como tú debes llamarle ¿El espacio Astral de Sueños?* ―Escuchó la voz de la guardiana de Virgo en su cabeza una vez más y al hacerlo él se giró hacia ella sorprendido, no solo porque pudiera retomar su poder psíquico tan rápido sino porque ella había visto aquel lugar.

Seinma se preguntó… si por eso había sido que ella se había desenfocado, al entrar al mundo donde se había contactado con Aria por primera vez ella había descuidado su meditación.
―¿Lo viste? ―Preguntó volteándose completamente hacia ella. Quien solo asintió con la cabeza al instante.

*¿Sabes qué es? *Ella le preguntó nuevamente, Seinma no sabía que decirle le había hecho miles de veces esa pregunta a Aria y ella… no solo no le respondía, sino que cambiaba la conversación siempre a otro tema muy aparte.

―No… no lo sé, ¿y tú? ―Le interrogó como respuesta a Seishin esperando que ella tuviera una idea de qué era en realidad ese lugar.

Con la pregunta realizada, No le tomó ni 5 segundos para darse cuenta que él tampoco conocía nada de ese lugar, visión… reino, podía verlo y escucharlo, él realmente no sabía de qué se trataba esa zona dentro de su mente.
*Digamos que tengo una idea de que es, aunque necesitaré tiempo para asimilarlo y darte una respuesta clara de qué fue lo que sentí en ese lugar...* Le decía esperando a encontrar respuestas más claras del hermano del Pegaso en un futuro no muy lejano, notando además esa figura que había visto por primera vez a su lado y una vez más dentro de ese espacio, podía asumir que era la misma entidad, lo que fuera que fuera esa persona o… alma, sabía que estaba del lado de ellos, pues está siempre cuidaba de Seinma, guiándolo y ayudándolo siempre, aunque al verla detenidamente, no podía sino sentir que le era muy familiar.
*No te preocupes, eres joven… encontrarás la verdad que se oculta detrás de la verdad a su tiempo, ahora si me disculpas… debo meditar…* Declaró sonriendo por última vez, finalizando la conversación.

―Está bien, nos veremos pronto maestra Sira. ―Respondió finalmente el joven pegaso, iniciando su viaje nuevamente hacia la primera casa del zodiaco.

Este entrenamiento, aunque no había sido lo que él había estado esperando pudo abrirle los ojos a un nuevo horizonte que jamás se planteó en visitar en su totalidad, una armonía entre mente cuerpo y alma que llevaría su cosmos hasta otro nivel que jamás creyó poder alcanzar sin la fuerza Pegasus, con esa esperanza en mente, Seinma siguió su camino hacia la luz del sol donde un nuevo destino le aguardaba.

No mucho después Seishin quedó sola completamente, segundos más tarde una silueta se separó de ella, su misma imagen y forma con todos sus atributos puestos, tanto su armadura como su máscara. La imagen de la nueva Seishin dejó su pose de meditación y toco el suelo con sus propios pies, mirando a la dirección a donde se había dirigido Pegaso.

Esperaba que esa entidad que se encontraba a su lado, siguiera siéndole de ayuda y compañía en el largo y doloroso camino que él debía emprender, ese muchacho junto a los otros 5 eran el futuro del universo y ese futuro debía ser protegido por todas las fuerzas que existieran en el universo.

Con ese pensamiento volvió a sentirse tranquila, para entonces mirar a su cuerpo y sonreír.
*Aún hay mucho que discutir con Sora, ¿no es así querido cuerpo mío?* Le preguntó posando su mano sobre la mejilla de su recipiente, nuevamente eran dos entes separados aunque no lo desearán debían seguir con la encomienda que se les había dado.
*Fue bueno volver a estar juntas… aunque fuese por breves momentos, no te preocupes volveremos a ser una tarde o temprano.* Añadió desapareciendo lentamente en el aire, para retornar a su vigilia eterna como la centinela del santuario.

Una hora más tarde.

Nuevamente todos se encontraban reunidos a los pies de la casa de Aries, los caballeros de bronce regresaban con sus amigos, algunos siendo guiados por sus maestros como en el caso de Shinryū, Danny y Johnathan.
Y otros regresando por su cuenta propia como Seinma y Benjamín. Aunque el único que faltaba era el único guerrero que no había querido integrarse al equipo de bronce desde un inicio

―Bueno… fue un día muy productivo, ¿no les parece? ―Preguntó Genki hacia los jóvenes guerreros de bronce quienes algunos se encontraban, más adoloridos yo cansados que otros de sus compañeros, ya fuese por el entrenamiento físico o mental
―Todos volverán mañana por una segunda sesión de entrenamientos con los caballeros dorados, para mejorar o aprender algo nuevo de ellos, quizá tengan la oportunidad de ser elegidos por alguien nuevo o ver un rostro conocido el día de mañana. ―Añadió alegrando en sobremanera al equipo de bronce.

―Genial, esta semana entrenaremos con los caballeros dorados, estoy tan emocionada. ―Decía la más joven del grupo cerrando sus ojos y juntando sus puños, feliz de volver a entrenar con el guardián de Libra.

―Yo también lo estoy Danny-Chan―Añadía Shinryū sonriendo levemente, había disfrutado mucho este día, sobre todo por la experiencia que le había dejado el explorar cada uno de los secretos de la biblioteca, como las memorias de miles de eras que habitaban en ella.

―Jeh, mientras pueda pelear contra alguien por mí bien…―Agregaba Johnathan riendo levemente, aunque las risas se detuvieron al instante cuando resintió el dolor que agobiaba su cuerpo de horas antes, apoyándose en su prima para tratar de recuperar un poco la compostura.
―Ah… aunque duele como el infierno…―Añadía riendo nuevamente aunque más levemente

―Me alegra que todos estén emocionados de regresar mañana, sobre todo tu joven Danny, espero que finalmente traigas el libro que tomaste de la biblioteca. ―Decía el caballero de Aries, poniendo nerviosa a la joven de cabellos anaranjados.

― ¿Ehhh? Yo no tomé ningún libro no sé de ¿qué estás hablando? Ja ja ja ja ja―Respondió totalmente alterada por lo comentado por el guardián de la primera casa del zodiaco.

Él solo relajó su expresión, sabía que ella era una chica responsable e inteligente y que no dejaría que ese libro cayera en las manos equivocadas.
―Je jeh, bueno espero que lo regreses muy pronto un día de estos, ya conoces las reglas de la biblioteca. ―Añadió sorprendiendo a la joven de Andrómeda, quien… solo pudo responder bajando su cabeza al suelo con pena, aunque él sabía la verdad sobre lo que había sucedido con aquél libro, le permitía mantenerlo… al menos por un tiempo más.
―Y Shinryū, fue un placer tenerte en la biblioteca conmigo hoy, espero que ese libro te ayude… con lo que sea que tengas pensado hacer. ―Comentó señalando al libro que el joven tenía bajo el brazo y que levantó levemente para ver mejor.

Danny no reconocía ese libro bien, pues no tenía letras o símbolos que ella pudiera reconocer instantáneamente, más bien podía ver unos puntos que se alineaban en el lomo del mismo y en la cubierta, y al pensarlo bien los únicos libros que tenían ese tipo de escritura era nos que estaban escritos en braille.

―No se preocupe Shiki-sensei, agradezco todo su apoyo. ―Respondió el guerrero de cabello ébano posando su puño derecho en su palma izquierda para hacer una reverencia hacia él.

Mientras ellos seguían Conversando Benjamín pensaba en las palabras de Sovek de Capricornio, él elegía su destino… nadie más, nadie podía imponerle lo que creían correcto solo él podía decidirlo cuando quisiera y como quisiera hacerlo, así como decidir como quería vivir y como deseaba que fuera su muerte… Aunque como lo dijo Sovek, en lugar de buscar su propio fallecimiento debería poner todo su empeño y fuerza en cambiar, aunque sentía que algo estaba fuera de lugar y era…
Que Seinma se veía distraído, o bueno más distraído de lo que se veía siempre.

― ¿Ocurre algo Sein? Te ves algo decaído. ―Dijo el caballero de Cisne llamando la atención de Pegaso quien levantó sus ojos hacia su compañero curioso por la pregunta, no era extraño que Benjamín comenzara amostrarle más empatía, lo que sí era extraño e incluso curioso era que él fuese el primero en preguntarle que le sucedía.

―Eh, no, no… para nada Ben es solo que…―Nuevamente el muchacho de cabello y ojos castaños desvió su mirada para buscar a alguien en específico.
― ¿Alguien ha visto a Kobu? ― Le preguntó a sus compañeros y a los caballeros que estaban con ellos quienes también se preguntaban lo mismo, ¿dónde estaban Kobu y Arorios?

― ¿Kobu? Ah ¿te refieres al tarado que vino con nosotros? ―Preguntó Johnathan irónicamente a su compañero de pegaso quien asintió levemente con la cabeza.

―No lo he visto desde que llegamos, ¿dónde estará? ―Se preguntó buscando por todas pares a su compañero el caballero de bronce del unicornio.

―Aquí…―Respondió alguien detrás de él y al voltearse pudo verlo, pero cuando sus ojos hicieron intacto con él… se impactó por lo que vio al instante.

tanto su ropa como su rostro se veían manchados de tierra, sus ropas que solían estar completamente limpias hasta esa mañana estaban desgarradas y desmarañadas, solo sus pantalones como sus botas estaban aparentemente intactas, aunque las mismas también presentaban signos de desgaste como de suciedad.

Su cabello que se levantaba hacia atrás ahora era un poco más largo, él tenía un rostro lleno de satisfacción como de orgullo por lo que fuera que fuera que hubiera estado haciendo con Arorios durante ese tiempo, aquello podía verse claramente en su único ojo descubierto.
Y detrás de él el guerrero de la constelación gemela lo acompañaba sonriendo levemente, con su característico casco sujetado en su mano derecha.

―Uh ¿Kobu cómo te fue y porqué te ves… diferente? ―Mencionó el caballero pegaso consternado por esta visión del caballero del unicornio, solo habían pasado un par de horas, pero… su aspecto era como el de alguien que había sobrevivido por su cuenta durante semanas.

―Eso no es algo que te importe. ―Respondió arrogantemente pasando más allá de él y de los demás caballeros de bronce presentes, sin prestarle atención a nadie.
―Tan solo entrené mi cosmos junto al caballero de Géminis el hombre más fuerte de todos, espero que ustedes hayan estado haciendo lo mismo, porque no es divertido cuando ponen las cosas fáciles. ―Dichas esas palabras cargadas de arrogancia, ya no había odio o desapego, solo indiferencia e irrespeto, las cosas que él demostraba eran… poco comunes, casi parecía que se sentía mejor que todos aquí.

― ¿Qué fue lo que dijiste idiota? ―Preguntó Johnathan siendo retenido únicamente por la joven Andrómeda y el caballero dragón de cometer una estupidez.

Ante la pregunta iracunda del caballero del Fénix, quien estaba a nada de abalanzarse a ese imbécil, si no fuera porque su prima y Shinryū lo estaban deteniendo, además del dolor que aún dominaba sus extremidades.

Kobu solo lo miró levemente sobre su hombro sin demostrarle ningún miedo, no tenía razones para ello, él ya no era el guerrero más imponente que había visto en su vida.
―Nada, solo que la próxima vez que nos veamos… espero una buena pelea. ― Dijo simplemente apartándose para caminar directamente al bosque de donde había venido.

Por su actitud los caballeros presentes se comenzaban a cuestionar… ¿qué clase de entrenamiento había sometido al muchacho para que ahora actuase de esa manera? Aunque conociendo al caballero de Géminis, probablemente el entrenamiento había sucedido, pero no en esta dimensión.

―Huh… dime, ¿qué le hiciste a ese muchacho Arorios? ―Preguntó Genki acercándose a él, que frente a la duda hecha por el guardián de la balanza solo pudo atinar reír levemente.

―Jeh, nada que no puedan ver. ―Replicó colocando su mano sobre el hombro de Genki, dándole una cierta sensación de tranquilidad con sus palabras… pero no las suficientes como para evitar preocuparse no solo por Kobu, sino por los demás herederos.
―Él quería poder y yo le di lo que necesitaba para obtenerlo, ahora está en él que quiera hacer con ello, volverse un guerrero de esperanza…―Reveló comenzando a caminar en dirección contraria a los caballeros presentes, dándoles las espaldas.
―O convertirse en una amenaza…―Añadió preocupando de sobre manera a Genki, quien lo detuvo posando su mano derecha en su hombrera izquierda

― ¿Arorios? ―Preguntó el guerrero más justo de todos preocupado por sus últimas palabras, ¿qué quería decir con eso de que se convertiría en una "Amenaza"?

―Tranquilos, me aseguré de enseñarle correctamente el significado del bien y la justicia, así como del odio y el mal. ―Respondió sonriendo tranquilamente a los caballeros dorados a sus espaldas y más hacia el muchacho que se dirigía hacia el bosque en completa soledad, el tiempo que habían pasado entrenando pudo ver una enorme luz así como una gran oscuridad, cualquiera que terminara convirtiéndose en parte de él, definiría el hombre que se convertiría, así como el destino que afrontaría.
―Mi objetivo se ha completado con él, no hay necesidad de que regrese, pero… si se desvía un solo milímetro del camino correcto, confío en el muchacho que tú y Sira entrenan para abatirlo si llega el momento. ― Último alejándose de ellos para volver a su templo, sin importar las cosas que le había enseñado sabía que Kobu era un caballero leal a Athena.

Todos los presentes miraron con atención al caballero dorado y al de bronce partir por diferentes caminos, nadie entendía que había sucedido o como, los dorados tenían una idea de que había sucedido con Arorios y Kobu pero…
Les era imposible deducir por qué después de las cosas que había dicho Arorios y la actitud de Kobu él esperaba que aceptarán eso como si nada.

Cualquiera que haya sido el entrenamiento o guía que el caballero de Géminis le había dado al guerrero del Unicornio debía haber sido algo sumamente importante que definiría a este último, si se convertiría en aliado o enemigo, si la primera sucedía… sería un gran caballero en un futuro.
Pero si ocurría lo segundo, entonces no podían imaginar lo que Pegaso tendría que hacer para frenarlo de descender por el camino del mal.

Poco más tarde los seis herederos regresaban a las praderas italianas por el sendero oscuro del bosque del santuario, todos hablaban emocionados, felices y campantes de volver al día siguiente con los grandes maestros del santuario.

―El maestro Genki me enseñó a como dominar las armas de libra, siendo honesta jamás había utilizado armas como esas, o algo que no fuera una cadena, pero fue divertido. ―Decía Danny sonriendo con alegría, pensando en todas las cosas divertidas que ella haría el día de mañana con el maestro Genki, quizá le enseñaría una nueva técnica, a cómo mejorar su maestría con las armas o tal vez a como alcanzar el séptimo sentido.
―Creo que si sigo así. Algún día podría convertirme en una de los doce caballeros. ―Agregaba orgullosa, sonriendo con total confianza en que el día de mañana sería tan genial como este día.

―Eso es Genial Danny-chan, yo también he aprendido mucho con Shiki-sensei. ― Expresó Shinryū con gratitud, tocando la cubierta del libro que le había dado el caballero del carnero dorado, reconociendo lentamente lo que esos puntos querían decirle, cerró sus ojos y comenzó a leer: Escritura en Braille. Al instante sonrió pues… esperaba poder hacer de utilidad esto algún día.
Un día que esperaba que no fuese pronto…
―En su biblioteca vi libros y cosas que jamás en mi vida había imaginado que existían, fue realmente emocionante. ―Añadió sonriendo emocionado de poder regresar y aprender algo nuevo, quizá si tenía suerte entrenaría con el aprendiz de su abuelo: Genki y él le enseñaría cosas que su madre… jamás pudo enseñarle por su condición.

―Yo pelee contra Jacko. ―Decía Johnathan orgulloso de su poder y fuerza, aunque siendo honestos no había sido rival para el caballero del escorpión, pero al menos él le había enseñado a cómo llevar su fuego a un nuevo nivel de intensidad.
―No le gané y tampoco perdí, pero… creo que ya estoy un paso cada vez cerca del séptimo Sentido. ―Decía levantando su puño, aunque al instante su cuerpo resintió el dolor de los músculos sobrecalentados.

―Genial, eso es increíble Johnny. ―Declaró Danny sonriendo por su primo, para entonces mirar en la dirección de Benjamín que como siempre se encontraba distante a la conversación.
―Y tú Ben, ¿qué hiciste con el caballero de Capricornio?

―Tan solo hablamos… hablamos durante horas y solo eso hicimos pero…―Fue entonces que recordó las palabras del caballero dorado y sonrió levemente.
―Me abrió los ojos a algunas cosas que creía conocer… pero que no sabía nada realmente, estoy agradecido por ello. ―Dijo cerrando sus ojos tranquilamente.

―Eso es genial. ―Respondió Seinma realmente feliz porque Benjamín hubiese recibido una guía espiritual al igual que él, y hablando de una guía espiritual, necesitaba saber que había hecho Kobu, sobre todo por qué su entrenamiento parecía haber sido más… físico que psicológico.
―¿Y tú Kobu, que hiciste con el caballero de géminis? ―Preguntó al joven que se encontraba caminando frente a ellos, pero este parecía no querer darle su atención a ninguno de ellos.

― ¿Que no escuchaste? Eso no es nada que te importe. ―Dijo sin más sonriendo gratamente, sin desviar su mirada hacia el nuevamente.

― ¿Muy bien imbécil qué demonios es lo que sucede contigo? ―Preguntó Johnathan por la actitud tan estoica que había estado demostrando hacia ahora con ellos, sobre todo porque desde que empezó el día no había dejado de ser un imbécil arrogante y molesto.

― ¿A caso no entienden que es esto? No sé si son demasiado tontos o demasiado ciegos para no ver lo que todo esto es. ―Preguntó finalmente fuera del bosque, donde todos lo habían seguido para obtener sus respuestas.

― ¿Qué fue lo que dijiste? ―preguntó nuevamente el Fénix, a dos centímetros de reventarle el rostro a golpes, ya estaba cansado de él y de su actitud tan arrogante.

―Tranquilo John. ―Pedía Danny deteniéndolo, él aún no se encontraba en condiciones de pelear y menos a las afueras del santuario.

Kobu finalmente desvió su mirada hacia sus espaldas, riendo tranquilamente, ahora nada de lo que él o ellos le dijeran o hicieran podía lastimarlo, ya había superado esto desde hace tiempo, tuvo mucho tiempo para pensar, entrenar y decidir lo que él deseaba…
Y lo que deseaba era verlos derrotados a todos por su puño.

― ¿A caso han estado prestando atención o han estado perdiendo el tiempo? ―Les preguntó a todos admirando sus rostros de furia, indiferencia, duda o preocupación, realmente no tenían idea de lo que vendría a continuación.
―No importa todo lo que aprendan o cuanto se acerquen al séptimo sentido, ni siquiera que hayan entrenado para luchar en equipo. Nada de eso importa. ―Explicaba haciendo ademanes con sus manos, explicando la situación en la que ellos cinco se encontraban como si ya lo hubiera visto y sabido todo.
―Lo que de verdad importa es quien es el más fuerte de todos y quien se elevará al cielo como el guerrero supremo. ―Añadía escuchando los motores de una nave que se acercaba a ellos.

Esta misma descendió a los pies de los seis herederos, haciendo bajar su compuerta trampa para llevarlos a todos de regreso a palestra, por supuesto que Kobu fue quien comenzó a subir primero al vehículo volador, dejando a los demás en el suelo, con las ondas de viento que la misma producía entre sus cabellos.

― ¿A qué te refieres con eso Kobu? ―Interrogó de nueva cuenta el caballero Pegaso viendo como él ascendía hacia la nave completamente solo.

―Me refiero… a que pronto todos seremos sometidos a una prueba de fuerza y fortaleza. ―Reveló mirando en dirección a Pegaso, con un semblante tranquilo y seguro de la fuerza que había adquirido, esta vez las cosas serían diferentes y ahora él tendría completo control sobre su propia historia y nadie más.
―Lo mejores serán elegidos para convertirse en leyendas y los perdedores… bueno, no hace falta decir que sucede con aquellos que la historia olvida. ―Añadió levantando su puño hacia su rostro admirando las horridas marcas que había hecho en su piel y huesos con tal de conseguir poder.
―Escúchenme bien pronto una batalla para determinar el mejor de todos nosotros ocurrirá en este santuario, toda palestra… no, todos los campos de entrenamiento estarán involucrados en esta batalla, solo los mejores serán seleccionados para pelear por la supremacía para ver quién es el guerrero más poderoso de todos, vuélvanse fuertes, utilicen todo lo que hayan aprendido hoy y antes para ganar pero nada de eso importará, porque solo habrá un ganador. ―Aclaró bajando su puño para finalmente encarar a su viejo rival, al hombre que había odiado por mucho tiempo y que ahora estaba seguro de que vencería, después de todo si él había sido entrenado por uno de los hombres más fuertes del universo, ahora Kobu también había sido elegido por otro, finalmente se decidiría quien de los dos sería el héroe de esta historia. Así como quien sería merecedor de convertirse en una leyenda viviente.
―Y yo… no perderé, no contra ustedes… y nunca más contra ti, Seinma. ―Declaró apuntando su ojo café y su ojo azul a los ojos castaños del caballero de Pegaso, ansioso de que llegará el momento en el que ambos se enfrentarán por última vez, y después de unos segundos en silencio se decidió a darle la espalda subiendo finalmente a la nave, preparado para encarar a su destino.

Ante sus palabras los caballeros de bronce se miraron los unos a los otros, confundidos por lo que había querido decir con sus palabras, no sabían si eran amenazantes, si les advertían de lo que vendría a continuación o si las mismas eran una declaración de guerra a su unidad como guerreros.

Pero algo era seguro, aquello que había dicho cobre un "Torneo" Estaría próximo a llegar y si querían demostrarle a ese desgraciado arrogante que habían crecido y se habían vuelto más y más poderosos, debían demostrarlo en combate.

― ¿De qué demonios está hablando este idiota? ―Preguntó Johnathan tranquilizándose los suficiente para dirigir sus ojos hacia sus amigos y hermanos, no entendía a qué se refería, pero no le daría el gusto de verlo derrotado, él haría arder su alma si era necesario solo para que se comiera sus palabras

―No lo sé, pero… creo que estamos a punto de averiguarlo. ―Respondió finalmente Seinma mirando junto a sus amigos la dirección que Kobu tomaba, ascendiendo a la nave, mientras este solo sonreía sin mirar atrás, este poder que le había concedido el caballero de Géminis.

Esta llave al conocimiento absoluto de la fuerza y el poder, se la había otorgado el caballero más poderoso del santuario, pero como le había dicho, el poder no servía de nada si no se compartía con otros, por esa misma razón avanzaban a la gran arena de duelos donde se organizaría el torneo galáctico en compañía de sus compañeros, algunos estaban intrigados por esta nueva construcción.

Algunos otros podían asumir que era parte del remodelado para las zonas de captura que se habían destruido meses atrás, pero Kobu solo conocía la verdad de toda esta enorme construcción en medio del bosque de palestra.
Matthew del Oso, Mabel de Ursa Menor, Ahiri de Hidra, Kazuto de Lobo, Albión de León menor, Darrel de Orión y él comandándolos entre la obscuridad de la noche estaba listo para revelarles su plan.

― ¿Bueno ahora nos dirás por qué nos trajiste aquí Kobu? ―Preguntó el caballero de Orión cruzándose de brazos al pie del enorme coliseo donde se celebraría el combate más importante para los caballeros de Athena.

―Sí, sabes lo mucho que me enoja que me hagan perder mi tiempo, así que dinos ya, mis piernas necesitan descansar después de este día. ―Agregaba la Saintia de la hidra, notablemente molesta por haber tenido que caminar desde la academia hasta aquí sin entender las verdaderas razones del porqué hacerlo en primer lugar más que la necesidad de Kobu de mostrarles algo.
―¿De todas formas que es esto? ―Interrogó al igual que los demás notando la enorme estructura ennegrecida por la noche, todos esperaban una nueva arena de entrenamientos, o una simple cámara de duelos, estaban muy equivocados.

Este era el lugar donde aquellos que habían sido humillados y olvidados por el tiempo se convertirían en admirables caballeros que la historia recordaría por miles de generaciones.

―Esta, es la nueva arena de Duelos de palestra y aquí, solo los guerreros que demuestren su verdadera fuerza serán elegidos para ser soldados en la guerra santa. ―Declaraba finalmente devolviendo sus ojos a su equipo, quienes… apenas podían creer lo que él estaba diciendo, algunos incluso rieron por que esta fuese una arenad e duelos en donde se les daría el papel de un soldado para el ejercito de Athena, pero… al ver como sus ojos mantenían ese poder y firmeza decidieron guardar sus risas para otro momento.
―Así que… Si lo que buscan es dominio absoluto de su cosmos, deberán escucharme bien, el torneo Galáctico se acerca, así que, si quieren tener una oportunidad de luchar, tenemos poco tiempo menos de una semana para prepararlos así que si quieren sobrevivir hagan todo lo que yo les digo y quizás tengan una oportunidad de luchar. ―Declaraba imponentemente, pero había un par de personas que no querían creer lo que él les decía.

―Je je jeh, entonces déjame ver, ¿solo porque entrenaste un día en el santuario te crees con la autoridad de decirnos que hacer? No me hagas reír. ―Decía Ahiri riendo al lado de Darrel, quien apenas podía creer que este tonto realmente quisiera mandarlos, apenas podía mandarse solo… ¿que podría hacer alguien que solo había entrenado un día con un caballero dorado?

―Sí lo creo y no solo lo creo, lo reafirmo. ―Habló levantando su brazo, el cual estaba imbuido en un cosmos tan fuerte, que en un instante hizo temblar la tierra bajo sus pies, como hacer que el viento mismo se moviera agresivamente a su alrededor, los cinco caballeros que lo acompañaron lo miraron con atención… impactados por el inmenso cosmos que cubría el cuerpo del caballero unicornio, ¿cómo era que solo un día de entrenamiento con un santo de oro había logrado este resultado tan impresionante?
―Este es el poder que necesitan para pelear esta guerra santa así que si quieren sobrevivir o no me interesa, pero si lo que desean es vivir harán todo lo que yo les diga. ―Estableció convirtiendo las furiosas llamas de su luz en un resplandor que envolvió la palma de su mano el cual se desvaneció al instante de cerrar su puño.

Sin duda alguna ese era un terrible poder, más grande del que ellos alguna vez soñaron en obtener, era un poder que solo podía pertenecerle a un caballero de plata con años de experimentación… o peor aún, el de un caballero dorado apenas iniciado.
¿Él había alcanzado el séptimo sentido? ¿O era acaso… que él estaba a punto de alcanzarlo? No lo sabían, pero… ellos también querían una pizca de ese inmenso poder.

―Como lograste ese poder en ¿tan poco tiempo, Kobu? ―Preguntó el caballero de Lobo conmocionado por el cosmos que había logrado liberar hacía poco, capaz de rivalizar con los herederos e incluso superarlos.

―El caballero de géminis me mostró el verdadero significado del poder… llevándome a un mundo donde los minutos en este pasaban como días en aquél. ―Reveló mirando a su propio puño sonriendo de tal proeza que había conseguido en base a su esfuerzo y sus deseos por ser aún más fuerte que Johnathan, Shinryū, Benjamín, Dannyela… o incluso más que el maldito Pegaso.
―Ahora, ¿quieren obtener este poder o no, que deciden? Háganlo ahora y no me hagan perder mi maldito tiempo. ―Preguntó hacia sus compañeros quienes al instante se miraron los unos a los otros, algunos con dudas y otros con miedo.

Si de verdad iban a ser enviados a la guerra, merecían una oportunidad de luchar contra los espectros que azotaban al universo, ellos querían abrazar el poder justo y como Kobu lo había hecho.
No iban a ser otras víctimas de la guerra santa, si de verdad querían una oportunidad de luchar, sobrevivir y ver un nuevo día, entrenar junto a alguien que había sido guiado por uno de los Caballeros más poderosos de todo el universo debían escuchar al menos lo que él tenía que decirles.
Muy por el contrario de lo que otros pensaban, con esa fuerza lograrían derrotar a sus eternos rivales como a sus enemigos, una prueba que necesitaban para demostrarles tanto a ellos y a sí mismos que ellos podían ser fuertes, y que si el destino existía, se reirían en la cara de él por haberlos

―Yo quiero ese poder. ―Dijo Darrel emocionado de empezar a incrementar su nivel de fuerza.

―Yo también. ―Apoyó Ahiri dando un paso al frente junto con el caballero de Orión.

―Creo que esto será interesante, me uno. ― Siguió Albión haciendo crujir sus nudillos.

―Si esto me ayuda a Derrotar a Dannyela me uno. ―Declaró Kazuto determinado en igualar y algún día superar a la chica que tanto lo había humillado por mucho tiempo.

Casi todos estaban del lado de Kobu a excepción de Matt y Mabel, quienes aún no estaban seguros de seguir con esto, una cosa era obtener el poder por cuenta propia, otra muy diferente era ser guiado por alguien que ya se había demostrado desde tiempo antes que tenía ideas de odio y venganza implementadas en la cabeza.

Eso o les agradaba mucho a ambos, menos sabiendo que quizá esto llevaría a su destrucción… pero, ¿y si realmente no existía otra opción? ¿Y si este era el único camino posible para sobrevivir a una guerra que se acercaba, lento pero seguro hacia ellos?

― ¿Y ustedes, que deciden? ― Preguntó Kobu junto a los demás caballeros de Bronce y plata que habían sido renegados por tanto tiempo.

―No estoy seguro de esto amigo, digo ser mucho más fuertes sería bueno para enfrentar esta guerra santa, pero…―Matt trató de decir algo pero su mente se encontraba en busca de otra respuesta más efectiva, aunque su corazón se encontraba a su lado, en el sentimiento de serle de ayuda a su pequeña hermana en la verdadera batalla por el universo.
―¿Estás seguro de que esta es la única forma? ―Preguntó un tanto desesperado y preocupado por todos los problemas que el Heredero del Unicornio podría ponerlos si algo salía mal… o si uno de ellos llegaba a morir en este entrenamiento.

―Así es, no hay otra forma. ―Respondió firmemente alzando su mano hacia ellos, quienes aún se veían inseguros por tomar este camino tan incierto.
―Si quieren sobrevivir, únanse a nosotros… o quédense y mueran como todos esos caballeros que no pudieron contrarrestar la fuerza de los espectros. ―Añadió determinado a ayudarlos, estos eran las personas que más había considerado unos amigos, ellos también merecían vivir y no morir en vano, ellos debían sobrevivir pues se negaba a que ellos también fuesen caballeros olvidados por la historia.
―Así que, ¿que deciden están dentro o no? ―Y con la pregunta… Ambos hermanos se miraron por un largo rato, observando la mano extendida del caballero del unicornio.

Mabel temerosa pero firme se acercó a Kobu tomando su mano, aceptando el camino que él le ofrecía, para entonces mirar a sus espaldas, esperando la respuesta de su hermano mayor.
― ¿Matty…?―Interrogó la pequeña alzando su pequeña mano a su hermano mayor.

Él… aún estaba inseguro de que esta fuese la respuesta a la búsqueda de más poder, pero si Mabel estaba dentro… él también debía estarlo, después de todo alguien tenía que cuidar de su hermana menor.

―Está bien, iremos contigo Kobu. ―Respondió finalmente tomando la mano de su hermana pequeña, haciéndola sonreír tranquila de que su hermano mayor siempre estaría a su lado.

―Dinos ¿qué debemos hacer? ―Preguntó rápidamente Kazuto, que poseía la misma pregunta que los demás a su alrededor, Kobu sonrió nuevamente y respondió.

―No se preocupen, entréguenme la confianza de todos… y yo los llevaré hacia la gloría, nadie jamás se olvidará de nosotros, eso es una promesa. ―Reanudó con determinación, para que ambos ojos de diferentes colores se dirigieran al enorme coliseo a sus espaldas, junto con la mirada de los demás quienes estaban determinados a vivir y pelear para jamás ser olvidados nuevamente.
―Ya falta poco, muy poco y finalmente sabremos… quien de los dos merece ser el guerrero supremo. ―Declaró firmemente, la historia era testigo de que los hombres fuertes solo podían cambiar el mundo, ahora él era fuerte, lo suficientemente fuerte como para desafiar las probabilidades imposibles.

Siendo un simple caballero de bronce él guiaría a otros como él por el camino del dolor y los levantaría como un estandarte de fuerza y esperanza, finalmente comprendía lo que Arorios le había dicho la primera vez.
Solo un hombre fuerte podía cambiar el destino de miles de almas y él demostraría que sería el hombre más fuerte de todos.

Año: Desconocido.
Día: Desconocido.
Lugar: Santuario de Athena.

Otro día, en otra guerra sin sentido…

Un hombre caía al suelo de rodillas, apoyando su cuerpo en uno de los pilares que sostenía su templo, los fragmentos de piedra y ruinas a su alrededor eran testigos de la batalla que había acontecido una vez más en el santuario, este hombre poseía una armadura dorada, tanto sus manos como su cuerpo estaban manchados de sangre.

Debilitado, cansado y triste el hombre se recostó sobre el pilar, mirando al gran agujero hecho en su templo, plumas de oro se desprendían de sus alas, así como las lágrimas de sus ojos, momentos como estos hacían preguntarse: ¿qué estaba haciendo aquí… por qué razón? Pero sobre todo… ¿por qué cuando él solo buscaba la paz, nuevamente la guerra tenía que venir y arrebatarle todo aquello que había amado? Él lloraba en silencio, siendo su único espectador el caballero Pegaso del Futuro: Seinma quien no comprendía que sucedía frente a sus ojos, solo podía ver en primera persona como este hombre cubierto tanto de su sangre como la del enemigo miraba al cielo en total desesperación.

Aunque tratará de comprender lo que sucedía… no podía hacerlo, ¿qué había sucedido? De quien eran estos recuerdos y sobre todo, ¿por qué ahora sus sueños habían decidido mostrarle eso?
―Ah… ah… perdóname Sheik… no pude estar ahí para ti… perdóname. ―Hablaba el hombre cansado, adolorido y tanto su voluntad como su cuerpo destrozados.
―Después de todo esto, después de todo este tiempo, después de toda la fuerza que he obtenido a lo largo de mi vida, lo único que puedo hacer es mirar impotente como me lo arrebatan todo, mis sueños, mi pasado… mi familia, maldita sea… maldita sea…―Injuriaba con toda la fuerza que le quedaba aún, fuerza que ya no le importaba si la utilizaba para luchar, para insultar o para evitar que su cuerpo finalmente falleciera, ya no le importaba nada después de haber visto todo su mundo siendo destrozado ante sus ojos nuevamente.
―Desde que acepté esta armadura, solo he presenciado dolor y desgracias, maldito el día que me separaron de ti… maldito el día que permití que todo esto me sucediera, si tan solo me hubiera detenido a tiempo yo… yo habría. ―Entonces el hombre levantó su mano derecha revelando el arco de sagitario sujetado con fuerza, revelando así el rostro del hombre de quien pertenecía este recuerdo, Seinma creyó haberse visto a sí mismo en un espejo pero no era él, era un hombre de al menos 40 años de edad, eso se notaba por los rasgos en su cara y cabello, su mirada cansada y el enorme hilo de sangre que iba desde su frente cruzando por sus ojos hasta su barbilla podía deducir que era una vida pasada, su vida pasada: Seiya.
―Sé que puedes escucharme, sé que… estás ahí, si puedes ver esto, por favor… te pido que no cometas mis mismos errores, sé mejor que esto, sé mejor que un esclavo del destino… solo eso te pido, si mi voz puede alcanzarte, solo te pido que seas libre, Seinma.

Su nombre… ese era su nombre, ¿cómo era que Seiya sabía su nombre? ¿Qué estaba sucediendo? La mente del joven Pegaso finalmente pudo desconectar su alma de aquella visión del pasado obligándolo a despertar.

― ¡Ah! ―Exclamó mirando a su alrededor, tratando de asimilar lo que había visto así como el donde se encontraba ahora, estaba en palestra en el cuarto que compartía con sus amigos, por suerte no los había despertado pero… ¿que era esta sensación tan dolorosa que se apoderaba de su pecho?
―Que… ¿que fue eso? ¿Ese era yo? ―Se preguntaba mirando a sus manos que se aferraban a la sabana, las cuales sintieron algo de humedad cuando sus lágrimas volvieron a descender de sus ojos. ― ¿O acaso… Seiya… me estaba hablando a mí? ― Se preguntaba acercando su mano hacia su rostro, para limpiar sus lágrimas, pero estas solo seguían brotando como una cascada que jamás iba a detenerse.
―No lo entiendo… no puedo entender nada … ¿por qué ahora? ¿Por qué me muestras esto ahora? ―Se preguntaba Seinma cubriéndose los ojos para detener el sufrimiento de su vida anterior a esta.

¿A caso lo había llamado a él… o era acaso que esto era algo que Seiya quería que viera? No podía discernirlo correctamente, pero una cosa era cierta, lo que sea que fueran estos recuerdos, sabía que debía empezar a entenderlos y comprenderlos.
Tenía que hacerlo para conocer su pasado, para conocer el pasado de su alma…

Si Seishin le decía la verdad entonces pondría su mente cuerpo y alma en perfecto balance, solo así podría conocer más de sí mismo para encontrar la verdad que se ocultaba detrás de la verdad.

Continuará…

Busca tu propio camino a través de las tinieblas que cubren tu alma maldita, entre las aguas del pasado se encuentran las verdades que tu sangre te ha ocultado, busca entre este enorme mar de recuerdos, encuentra la sabiduría de aquel que te precedió…
Su sabiduría iluminará tu camino hacia tu destino, aprende de aquellos con quienes compartiste esta alma para forjar tu propio camino.

Solo así comprenderás tu destino… y la luz te devolverá de regreso al lugar a donde perteneces.

¿Y tú has sentido el Poder del Cosmos?

Ω

25 de mayo del 2283.
Comarca de Nueva Florencia.

En sus pensamientos, Shira era completamente libre de pensar e imaginar cualquier cosa, un futuro donde ella pudiera vivir tranquilamente, con su familia y con la familia que la había adoptado como parte de un hogar lleno de amor.
En la realidad, ella se debatía entre hacer una cosa o hacer otra, al ser una traidora el santuario le daría caza y la asesinarían, enviarían a una legión de caballeros altamente entrenados para asesinarla, esa sería la parte agradable, una muerte rápida y sin dolor.

La parte desagradable sería que la llevarán al santuario como prisionera y pasara su vida siendo interrogada durante días semanas y meses, siendo mantenida viva únicamente para ser torturada en ambos casos ella salía perdiendo, una vez su alma llegará al inframundo sería azotada cruelmente, puesta al servicio de Hades, le arrebatarían su nombre, su identidad.
Le darían un número, le pondrían una Sapuri y la obligarían a pelear como una espectro poseída por el resto de la guerra santa, sin voz para gritar en agonía, sin voluntad para moverse con libertad y solo su mente siéndole de compañía.
No habría consuelo para ella tanto en la vida como en la muerte, solo en su mente podía ser libre e imaginar un destino menos amargo del que le esperaba si fallaba en la misión de Asesinar a Pegaso.

― Ahhh… maldición. ―Seinma se decía nuevamente en el suelo después de otro intento fallido de domar a Joseph, quien pasó de ser agresivo a una actitud más tranquila, una vez que el Pegaso cayera nuevamente al suelo, a diferencia de las primeras dos veces que había tratado de domarlo su primer instinto ya no era cargar contra él, sino mirarlo esperando a su siguiente respuesta.
―Huh… al menos vamos progresando un poco, aunque duele…― Se decía sobándose el hombro derecho después de haber caído justamente sobre él, a golpes él solía aprender y estos no eran diferentes.

La próxima vez intentaría caer con las manos antes de caer de espaldas, lesiones como estas lo hacían torpe en combates y entrenamientos, para su suerte o para su mala suerte no podría regresar a palestra hasta dos semanas después.
Shira por su parte río levemente, ella se encontraba admirándolo desde la cerca viendo como intentaba domar a Joseph por enésima vez, ya había perdido la cuenta de cuantas veces lo había intentado y había tenido que morder el polvo.

Cinco veces más y podría batir un record… o al menos así lo imaginaba ella.
―Creo que eso es suficiente Sein, deja tu cuerpo descansar un poco. ―Le decía Shira ayudándolo a reincorporarse, mientras que Joseph comenzó a trotar lejos de ellos.

―Yo… aún puedo…

―Vamos no necesitas lucirte frente a mí si es lo que deseas, sabes que me gustas como eres. ―Dicho eso el joven Pegaso río levemente por lo por Shira, no negaba que estaba cansado, pero aún podía seguir al menos por unas 5 horas más.

―Ahhh…es que simplemente no entiendo por qué Joseph no quiere que lo monten, digo si no quiere irse… ¿entonces qué es lo que busca? ¿Qué es lo que quiere en realidad? ―Se preguntaba admirando la belleza e imponencia del corcel blanco, aunque la tranquilidad de su trote era evidente, lo cierto era que ese animal era todo un misterio para Seinma. Sobre todo, porque esa mirada exigía algo, no parecía algo como alimento o atención, sino que se veía insatisfecho, como que algo le faltaba para poder finalmente abrirse con los demás.

―Es solo un caballo Sein, no creo que piense en gran cosa realmente.

―Yo no estoy muy de acuerdo con eso Shi. ―Le respondía Seinma fijando sus ojos exclusivamente en Joseph, el caballo renegado que jamás quería colaborar con Seika, con Shira o con él.
―Incluso los animales deben tener problemas complejos, o al menos eso creo yo… Sino ¿qué otra respuesta habría? ―Se decía nuevamente reincorporado recargándose sobre la cerca de madera, era su naturaleza el preguntarse todo, pero… Incluso cuando él disfrutaba tanto el desafío que representaba Joseph, incluso él no podría comprender su comportamiento completamente, ¿por qué le costaba tanto simplemente confiar en otros?

―Al menos esta vez no intentó embestirte o patearte, eso es bueno, ¿no? ― Preguntó la joven de cabello oscuro y ojos violetas, que la luz del sol.

Por un momento Seinma pensó en decir que no, pues no había hecho mucho avance en poder domar al caballo salvaje Joseph… pero al meditarlo por unos instantes, sonrío y miró al frente tranquilamente.
―Je jeh, sí… supongo que lo es. ―Murmuró después de suspirar levemente, quizá no todo había sido malo, como había dicho Shira, al menos que Joseph no arremetiera contra él después de tirarlo de encima suyo era un buen avance.

Shira por su lado al verlo nuevamente se percató de sus fuertes brazos, ellos poseían una musculatura bien definida, sin mangas podía notar las distintas cicatrices que adornaban sus brazos e incluso parte de su cuello, algunas se habían esfumado hasta el punto que parecían solo pequeñas manchas en su piel, otras eran recientes y se notaba por los puntos de sutura, además de las evidentes marcas.
Estas sobresalían sobre todo en su brazo derecho, donde poseía aquella marca que ella no sabía de donde rayos había salido.

Seinma tomó la toalla que Shira le había entregado para poder secar el sudor que perlaba toda su frente así como su cabello, él siempre estaba poniendo su cuerpo al límite físico, hasta parecía un verdadero milagro que él estuviera vivo después de todos los infortunados incidentes que había tenido durante tantos años.
Tanto en Shinrra como en Palestra y más aún después del combate contra espectros en la ciudad, y lo único que ella se preguntaba, ¿era que como habiendo pasado por tantos eventos que casi habían terminado con su vida… aún seguía dando todo de sí mismo en la batalla?

― ¿Por qué siempre te esfuerzas tanto Sein? ―Preguntaba genuinamente curiosa, sin importar en que fuera, en los entrenamientos, en el trabajo e incluso en su propio hogar con los animales siempre daba lo mejor de sí mismo, su 110%... Y ella no lo entendía, podía comprender que él era el caballero Pegaso uno de los 5 herederos, pero existiendo hombres y mujeres más poderosos que podían hacer tres veces más de lo que él podía… por qué siempre era él quien ponía su cuerpo y alma en límites casi inhumanos.
―Incluso cuando nadie te lo pide, ¿por qué lo haces?

Seinma no supo que responder al instante, pero viendo el lado positivo él sabía por qué peleaba con tanta fiereza, con tanta pasión e ímpetu y la razón era bastante simple.
―Por qué…―Seinma sonrió para mirar al horizonte, para admirar la enorme granja que era su amado hogar, las bellas planicies y el hermoso horizonte que revelaba un astro celeste cerca.
―Si no soy yo… ¿quien más lo hará? ―Murmuró sonriéndole a este bello mundo que tanto quería proteger.

Shira miró al caballero, seguía hablando, así como un tonto soñador, usualmente los que hablaban así jamás sobrevivían uno o tres días en Shinrra y menos en un campo de batalla… pero él había y seguía sobreviviendo.

¿Cómo era que un tipo tan iluso como él había sobrevivido por tanto tiempo pensando de esa forma? Ni siquiera ella sabía la respuesta, pero… Este tonto iluso era de quien se había enamorado.

Y No lo querría de otra forma.
―Ay Sei… Algún día te vas a matar haciendo eso…

―Uh… no me digas Sei, solo Seika me dice así. ―Pedía amablemente a la joven cobra, quien arqueo una ceja confundida, no comprendía porqué Solo Seika tenía permiso de decirle "Sei" Desde que lo conocía había sido llamado por muchos nombres, Sein, Potro, Guardián, Tonto, Idiota, Tarado, pero solo Seika le decía Sei y nadie más que ella lo había podido llamar de esa forma.

―Y… ¿por qué es así? ―Preguntó Sentándose sobre la barda para ver más de cerca al muchacho, él se quedó mirando hacia la nada por unos segundos que parecieron eternos, hasta que en un momento desvió su mirada hacia la derecha, donde Seika llevaba una pequeña canasta llena de fresas a casa junto al querido perro de la familia: Mitsuki.

Desde aquél día donde descubrió que ella no era su hermana biológica sino adoptiva… uno pensaría que su lazo se habría debilitado, pero todo lo contrario, el mismo se había fortalecido, ahora que ambos sabían la verdad del otro, estaban más unidos que nunca.
Seika desvió la mirada hacia Seinma y Shira.
Y con un leve gesto de su mano saludó a sus dos personas favoritas de todo el universo, cosa que hizo sonreír al joven caballero de Pegaso, su razón para luchar y vivir… sin duda era su querida hermana Seika.

―Antes no lo sabía, pero ahora… Sé que tiene un significado más profundo que simplemente un cariñoso apodo. ―Murmuró Seinma respondiendo al gesto tranquilamente, fuese su hermana biológica, sanguínea, de alma o porque simplemente ella había anhelado tener un hermano de vuelta, eso no importaba en lo absoluto, la quería más que a su propia vida.
―Y creo… que eso la hace feliz de algún modo…―
Puede que se amaran profundamente pero, Shira no veía aquello que los dioses le habían dicho, su mirada de cariño no era diferente a la que él solía dedicarle a Shira en ocasiones, si no era Seika la dueña de su corazón… ¿quién más sería?
―De cualquier forma, en esta granja todos debemos poner de nuestra parte de una u otra forma. Y Joseph tiene que aprender eso, así que habrá que seguir intentando domarlo.

―Jeh, supuse que no te rendirías tan fácil ¿verdad? ―Preguntó sonriendo levemente a Seinma, él jamás se iba a rendir no conocía esa palabra en su diccionario.

―Para nada, todos debemos poner de nuestra parte para que nuestro hogar siga floreciendo. ―Reafirmó el caballero de Pegaso recobrando las fuerzas para volver a montar a Joseph, quien, si se encontraba muy lejos de allí, no lo suficientemente lejos de casa, pero tampoco lo suficiente como para volver al corral.

―Supongo que tienes razón, ya me estoy acostumbrando a este lugar si debo ser franca…―Aclaraba Shira sonriendo levemente al pensar todas las cosas que había hecho durante todo ese tiempo viviendo en la residencia Loverne.

―Me di cuenta, vi que ordeñaste a la gran Berta tu sola, veo que te ha servido pasar tiempo con Seika. ―Decía con genuina alegría por Shira, finalmente estaban llegando a ella, de una u otra forma sabía que lograrían hacerlo… aunque en el camino debió haber muchos tropiezos.

―He aprendido mucho, pero no solo de Seika. ―Comentó bajando sus ojos al suelo, no quería admitirlo pero… era cierto, este modo de vida tranquilo le había abierto los ojos a una posibilidad que ella jamás pudo haber visto ni en una vida de batallas y asesinatos… una vida de paz y tranquilidad.
―Creo que… también se me ha pegado algo de ti. ―Murmuró esa última parte esperando que él no la escuchara, cosa que no logró.

― ¿Ah sí? ¿Qué? ―Pregunto verdaderamente curioso por lo que Shira le había respondido, cosa que incrementó más las dudas de la joven, incluso ella se había dado cuenta de que esta familia la estaba cambiando… y no sabía cómo sentirse al respecto.

―Tu ingenuidad…

― ¿Huh? ¿Y por qué lo dices?

Shira no respondió, solo se dedicó a ver al horizonte, donde había tenido la última charla con los dioses del sueño y de la muerte, ella quería salvarlo de morir… realmente no quería asesinarlo.
Amaba esta vida… amaba esta versión de sí misma que jamás creyó llegar a conocer ni en un millón de año, pero se le olvidó un pequeño detalle.

Ella era una serpiente mentirosa y traicionera, siempre lo sería, él sería siempre un caballero de brillante armadura por el resto de su vida, esas eran sus naturalezas nada podría cambiarlos jamás.
―Por nada en especial…―Susurró finalmente bajando del corral de madera, para dirigirse al hogar que ambos compartían.
―Vamos, vamos a descansar un poco a casa, luego podrás venir a morder el suelo otra vez.

Seinma río y sin más demora la siguió de cerca.
―Te sigo Shi…―Respondió finalmente, acompañando a su querida amiga de vuelta a su hogar.

En su mente ella era Libre, podía pensar en un futuro donde pudieran vivir juntos, donde ni el santuario ni los espectros los juzgaran.
Él era un guerrero apasionado y noble que vivía para luchar por un mejor mañana para él y su familia.
Dos seres tan diferentes pero al mismo tiempo tan parecidos, dos almas extraviadas en un enorme universo que parecía detestar los caminos que ambos habían emprendido, fuese cosa del destino o de la suerte, la Cobra y el Pegaso habían nacido para conocerse, para estar juntos y no a la vez.
Era triste imaginar que todo se resumía a esto, pero el camino hacia el infierno siempre estaba pavimentado por las mejores intenciones.

Repitiendo una misma tragedia que había sucedido hacía miles de años, con un resultado funesto.
El destino era cruel y caprichoso… pero incluso si lo era, había belleza en él.
Pues si alguna vez una mujer deseó una segunda oportunidad para amar al hombre de quien se había enamorado, esta era su segunda oportunidad.
Si un hombre que lo perdió todo soñó con encontrarse con la mujer que amaba después de volver a extraviarla, esta era la forma de enmendar su error.

Sin importar lo cruel que este destino fuese, debían emprenderlo juntos, hasta que el final de sus vidas llegase o el mismo los separase nuevamente.

Encore un épisode et un autre immense merci à ma chère disciple Shaina Cobra, pour tout son soutien à cette série intitulée Knights of the Zodiac Guardians, c'est et continue d'être un honneur de pouvoir emmener cette série vers de nouveaux horizons grâce à son inconditionnelle soutien.

D'autant que j'ai le plaisir de vous offrir du divertissement et du plaisir en ces temps difficiles et incertains du monde, c'est un grand honneur pour moi de vous servir.

En mi Deviant Art estoy Subiendo los diseños originales de los guardianes del universo, así como sus biografías si desean saber más de los guerreros que protegen al universo chéquenlo en: Arroba Obscurum-Draco.
Pronto estaré subiendo más diseños y armaduras, específicamente de los caballeros principales y secundarios que aparecen en los capítulos, que tengo tantas ganas de dibujar a Elisabeth Arkhamira y a Mary.

Aunque me sería interesante poder hacer comisiones en un futuro no muy lejano, ya se verá que puedo hacer yo diseñando personajes para otras historias.
Sin nada más que decir me despido.
¡Hasta el próximo episodio mis amigos!