Disclaimer: Naruto es propiedad legal de Masashi Kishimoto.
Pareja: Kakashi X OC.
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Capítulo 10.
Tener un hogar
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Un mes más tarde, Emiko regresó de una misión bastante complicada que realizó en compañía de un jounnin muy capaz llamado Tenzou. Había sido una misión de infiltración, su objetivo era descubrir los planes que tenía un hombre muy acaudalado de quien se sospechaba tenía un negocio de trata de blancas y los líderes de la ciudad necesitaban pruebas para detenerlo y arrestarlo. Así que ambos shinobis estuvieron siguiendo a diversas personas cercanas al objetivo y se dedicaron con paciencia y destreza a reunir las pruebas físicas suficientes. Cuando marcharon de regreso a Konoha, después de que entregaron las pruebas a los líderes de esa ciudad y que se aseguraron de que el hombre estaba preso, fueron perseguidos por algunos seguidores de ese hombre tan rico y a pesar de que no eran tan hábiles, habían sido tantos que perdieron la cuenta. Al llegar a Konoha, estaba tan cansada que lo primero que hizo después de entregar su reporte, fue llegar directamente a su casa.
— Konohamaru hizo un buen trabajo. — se dijo mientras ingresaba a su casa y levantaba los periódicos que estaban amontonados en la entrada. Tsunade-sama le había dicho que debido a la misión tan larga, tendría una semana de descanso.
Con algo de pesadez, dejó los periódicos en su mesa y marchó a su habitación donde dejó su mochila de viaje en el suelo, para después darse un largo baño. Entró al baño y dejó caer al piso su ropa sucia y rota, mientras abría el grifo del agua para esperar a que saliera el agua caliente. Observó su rostro en el espejo del baño y notó la vieja cicatriz que tenía en su labio inferior, si ponía la suficiente atención podía ver ese pequeño recordatorio de todas las misiones que arruinó ante los ojos del Sandaime y se sintió satisfecha de saber que su desempeño era reconocido y respetado por la Godaime Hokage; significaba que había mejorado y eso la hacía muy feliz.
Entró a la ducha y comenzó a enjabonar su cuerpo con alegría, cuando un pequeño calambre en su hombro derecho la desconcertó. Tocó la zona y notó la enorme cicatriz que el Chidori de Sasuke Uchiha le había dejado, y supo que cuando Midori-sensei lo viera le daría una gran reprimenda: una mujer del Kouka Toki no podía tener señas tan particulares en su cuerpo, pues podrían ser reconocidas fácilmente. Bueno, haría una visita a Shikaku-sama para preguntar por alguna medicina especial. Terminó su baño, con buen humor todavía se secó y vistió con un pantalón ancho y una playera negra también ancha, no extrañaba tanto el traje ajustado de guardia ni las toneladas de maquillaje que completaba su uniforme de trabajo en la capital.
Con seguía bastante contenta, decidió que cocinaría un poco, así que sacó algunos de los ingredientes que compró antes de salir de misión y comenzó a hornear las galletas de avena que le enseñó a hacer su madre.
— ¿Te cuento un secreto para ganarte el corazón de Kakashi, Emiko?— le había susurrado una vez Sakumo, el padre de Kakashi.
— Si quiero saber... — la niña de cinco años respondió emocionada.
— La mejor manera de llegar al corazón de un hombre, es por el estómago, dile a tu mamá que cocinen algo rico y Kakashi solito irá a hacía ti.
— Entiendo, lo haré, Sakumo-san...
— Es más, te encomendaré una misión, Ko-chan — la niña asintió con determinación. — Despierta a Kakashi todos los días con té verde y galletas de avena, su madre solía preparar esas dos cosas cuando Kakashi era un bebé, así que el olor lo pondrá de buen humor y quizás acepte jugar contigo.
Y ese mismo día se había propuesto a aprender a cocinar. Su madre le enseñó a hornear las galletas de avena, pero después de eso descubrió que le encantaba cocinar cualquier cosa que su madre indicara. Era tan feliz estando en la cocina viendo a su madre cocinar, hasta que un día cuando tenía ocho años, eso terminó.
Su madre había salido de misión, por lo que se encontraba en casa sola con su padre, por lo que decidió que ese día cocinaría algo rico para su papá, ya que estaba segura de que las palabras de Sakumo-san era ciertas... siempre que hacía galletas para Kakashi, este las aceptaba y a veces le daba las gracias. Muchas niñas trataron de regalarle comida al peligris, pero él solo aceptaba sus galletas de avena. Así que ese día llegaría al corazón de su papá con una deliciosa comida.
— Es hora de comer... — Anunció la niña a la hora en que solían comer, por lo que su padre llegó al enorme comedor de la casa y frunció el ceño cuando vio el arroz con verduras, el pescado frito y los oniguiris rellenos de camarón.
— ¿Quién trajo esto?
La niña se sonrojó.
— Yo lo preparé... — y señaló el delantal que traía puesto.
Contrario a lo que había esperado, el rostro serio de su padre se contrajo en una mueca de desagrado.
— Si quisiera que fueras una buena ama de casa ni siquiera me hubiera tomado la molestia de enviarte a la academia...
Y se marchó de la cocina a encerrarse al dojo de la casa. La casa era tan grande, que fácilmente Emiko pudo evitar a su padre el resto de los días cuando regresaba de la academia, no obstante jamás volvió a poner un pie en la cocina más que para hornear las galletas que le llevaría a Kakashi. Pero cuando quedó huérfana, dejó de cocinar en absoluto, y no intentó ni siquiera hornear galletas sino hasta sus catorce años, cuando Rin le pidió que cuidara del peligris y eventualmente volvió a quedarse sola.
— Hoy no serán galletas para Kakashi... — se dijo. — serán de chocolate para mi...
Durante su estancia en la capital, Midori-sensei le obligó a tomar un curso extra de cocina, pues habría misiones en las que tendría que hacerse pasar por una esposa abnegada y necesitaba poder cumplir con tareas domesticas, para que cuando nadie la mirara, pudiera envenenar o asesinar a sus objetivos políticos. No lo dudó y asistió a sus clases en la cocina del palacio feudal, donde retomó su amor por la cocina y aprendió recetas deliciosas, algunas bastante complicadas y otras muy elegantes, pero también aprendió a ocultar objetos en la comida, mezclar venenos sin sabor ni olor, así como aprovechar las propiedades de algunas plantas y semillas para ocasionar problemas estomacales o infecciones muy fuertes que podrían terminar en la muerte de sus objetivos sin levantar ni una sola sospecha.
Sumida en sus pensamientos comenzó a preparar la mezcla y se encargó de usar un chocolate semi amargo que le daría un toque único a sus galletas. Una vez que terminó, sonrió satisfecha ante su creación y decidió pasar el resto de la tarde leyendo los diarios y comiendo galletas. Una vez que la noche la sorprendió, acomodó los recortes que hizo de algunas notas interesantes y dejó el resto de los periódicos regados por la sala, para después ir a su habitación a un buen descanso.
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Al día siguiente, se dio una ducha y salió temprano con dirección a la torre de la Hokage, donde sabía que era probable que se encontrara con Shikaku Nara.
— Buen día, — saludó a un ninja joven que iba saliendo de la torre. — Busco a Shikaku-sama.
— Su oficina está en el nivel del sótano. — dijo el ninja. Emiko agradeció por el apoyo y entró a la torre en búsqueda de las escaleras que llevaban al sótano. Una vez logró dar con el sitio indicado, tocó la puerta y la gruesa voz del hombre le dio permiso de pasar.
— Buen día, Shikaku-sama...
— Emiko, es bueno verte... ¿Qué tal te ha parecido la aldea?
— Bien, es tal como la recordaba, lo único raro es ver a las nuevas generaciones, parece que el Sandaime hizo un gran trabajo con ellos.
— Cada vez que tenía un poco de tiempo libre, Sandaime Hokage visitaba la academia, le gustaba conocer a cada uno de ellos y animarlos a seguir adelante, un hombre formidable. — Emiko asintió. — Pero sé que no viniste a recordar al viejo, ¿En qué te puedo ayudar?
— Verá... me lastimé en un entrenamiento y me temo que mi brazo está un poco acalambrado además de que me quedó una gran cicatriz... me preguntaba si tendría algún remedio Nara que pudiera ayudarme.
— Tengo un par de pomadas bastante efectivas para ayudar a la recuperación celular, también tengo algo para los calambres, pero creo que eso sería mejor que los revisara la godaime. ¿Con qué te lesionaste? — preguntó mientras se ponía de pie y caminaba hasta el gran estante de frascos que ocupaba la mitad de su oficina.
— Con un ninjutsu de tipo rayo... — Shikaku hizo una mueca.
— Es bastante difícil recuperarse de heridas provocadas por el chakra de un elemento... — señaló su propia cara. — Éstas fueron hechas con un ataque del elemento tierra.
— Vaya...
— Sé que para una joven como tu es importante cuidar de su apariencia, pero cuando se es un shinobi, las cicatrices son algo más que defectos en la piel, cuentan historias... o a veces pueden ser trofeos o recordatorios de cosas importantes. — tomó dos frascos pequeños de vidrio y un tercer frasco de madera.
— Lo sé, Shikaku-sama...
— Toma... — entregó los tres frascos a la chica.— ¿Puedo ver la herida para saber si puedo darte algo más?
— Claro. — estiró el cuello de su playera negra y mostró la larga cicatriz que iba desde su clavícula hasta la parte superior de su hombro izquierdo.
— Esto no fue solo un entrenamiento... — murmuró el hombre mientras quitaba uno de los frascos de las manos de la chica y regresaba al estante. — Entonces a ti fue a quien apuñaló el joven Uchiha antes de irse.
— Solo rozó mi piel... — respondió Emiko con voz queda. Shikaku tomó un frasco grande de madera y se lo entregó a la chica.
— Sigue las indicaciones de cada frasco, espero que puedan ayudarte... aunque...
— ¿Sí?
— Esa marca que tienes... hay marcas que nunca desaparecen, y esas son las que se hacen con un sentimiento muy fuerte, odio, amor, desesperación... espero que la tuya no sea una de esas. — suspiró. — En fin, debo regresar al trabajo, parece que las cosas están medio tensas en la capital.
La alarma de Emiko se encendió.
— ¿Qué sucedió?
— Anoche hubo un atentado en contra del señor Feudal, alguien voló las caballerizas cuando se suponía que el señor Feudal estaría ahí para salir de paseo con su hijo menor. Por suerte el clima nublado los convenció de no salir pero si hubo victimas mortales, dos mozos y un guardia. Han solicitado que el equipo de investigaciones especiales de Konoha vaya a revisar el lugar.
Contando las noticias del periódico y esas tres muertes ya eran un total de 15 muertes en menos de un mes.
— Entiendo... supongo que pronto seré requerida para regresar... — El Nara asintió. — Gracias por todo, ¿Cuánto dinero le debo?
— No es nada, tus padres fueron colegas muy queridos por mi, mejor cuídate esa herida, puedo apostar a que va a dolerte bastante tiempo más.
De pronto un par de golpes en la puerta los interrumpieron.
— Adelante. — dijo Shikaku, la puerta se abrió revelando la figura de Shizune.
— Sólo venía a avisarle que Ibiki y su equipo están listos para partir.
— Gracias. — el Nara miró a Emiko. — Iré a darles unas indicaciones.
— Hai, gracias por la ayuda... — hizo una gran reverencia y se dirigió hacía la puerta.
— ¡Qué bueno que te veo, Rayuzara-san! Tsunade-sama pensaba llamarte a su oficina hoy, ¿Puedes subir ahora?
— Pero ayer me dijo que descansaría una semana... — se quejó por dentro. — Ahora mismo, Shizune-san. — Aceptó derrotada.
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En otra parte de la aldea, Kakashi se encontraba terminando junto a Tenzou una inspección de rutina en las barreras de protección que estaban en la periferia de la aldea.
— Parece que la barrera continua estable, pero sería bueno reforzar la zona norte... — comentó Tenzou mientras bostezaba una vez más.
— Si, creo que con eso sería suficiente... — señaló el peligris mientras sacaba su preciado libro naranja.
— Muero de hambre... — murmuró el castaño mientras Kakashi lo seguía en su camino de regreso a la aldea. — ¿Vamos por un poco de ramen? Justo me acaban de pagar por una buena misión. — comentó con alegría.
— Si tu invitas, claro. — dijo el peligris sin apartar la mirada de su libro, Naruto se había ido hace algunos días y estaba seguro que comer un poco de ramen lo haría sentir mejor.
— Bien, ¡Vamos!
Entregaron su informe a los guardias que se dedicaban a mantener en funcionamiento la barrera de protección, y se encaminaron al puesto de Ramen Ichiraku, Al llegar, ordenaron pero justo cuando les sirvieron sus platos, Kakashi notó que su ex compañero del equipo Ro, volvía a bostezar.
— Deberías ir a dormir un poco
El castaño negó.
— Todavía tengo un pendiente más, debo ir con Tsunade-sama a comentarle algo que noté durante mi última misión. — tomó unos palillos de madera y comenzó a comer.
— ¿Con quien fuiste? — preguntó sin verdadero interés, su mente estaba más en cierto rubio.
— Con Ryuzara-san, Tsunade-sama me pidió que evaluara su desempeño ante una herida que tiene en su hombro derecho. — la culpa hizo que Kakashi ahora si pusiera atención. — Fue bastante eficiente durante la misión a pesar de que su ropa solía terminar con algunas manchas de sangre en la zona, pero en los enfrentamientos que tuvimos al final, noté que está muy rígida, no le impidió moverse pero estoy seguro de que le costó trabajo luchar siendo que es diestra.
— Entiendo... — así como le sirvieron su plato, desapareció todo el contenido en menos de un segundo. — Bueno, gracias por la comida. — sacó su libro de nuevo. — Me voy...
— Pero, sempai... — se quejó el castaño al ver que se quedaba solo.
En cambio, Kakashi caminó con la vista fija en su libro hasta llegar a un gran árbol, al cual trepó y se acostó en una de sus ramas.
Tenía el libro enfrente suyo pero no le gustaba leer si no podía concentrarse, por lo que colocó el libro abierto sobre su rostro y trató de aclarar su pensamientos. Él le había enseñado el Chidori a Sasuke y eso lo hacía responsable de todo lo que el Uchiha hiciera con la técnica que creó, por lo que si la vida de Emiko peligraba debido a esa lesión, se sentiría aún más culpable.
Suspiró, las cosas habían mejorado en su relación de colegas ninja, pero seguía sintiéndose incómodo con ella porque era el último vestigio de la vida que tuvo con su padre o con sus dos amigos. Pero no podía omitir que la chica estaba en medio de una situación tensa si se basaba en lo que comentó Asuma en el restaurante de barbacoa, si había una alta probabilidad de que ninjas de Iwa fueran por ella, significaba que tenía que poder defenderse.
— Pero ese no es mi problema... — pensó. — Pero Sasuke la hirió y eso me hace responsable de lo que le pase...
No viviría con más remordimientos, no quería ser responsable de la pérdida de otra vida, así que la entrenaría. Con esa resolución en mente, bajó del árbol en dirección a la torre, para comentárselo a la godaime.
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— ¿Me mandó llamar, Tsunade-sama? — Emiko hizo una reverencia frente a su líder.
— Sí, Shizune es muy eficaz... — la pelinegra notó que la Hokage tenía entre sus manos una botella de Sake y su rostro estaba completamente rojo. — ¡Llegó tu hora, Emiko-chan!
— ¿De qué habla, Hokage-sama? — su corazón dio un vuelco, ¿Por fin la habían llamado de regreso a la capital? Por una parte se emocionó, pero por otro lado descubrió que no quería dejar Konoha.
— Mandé llamar a las chicas... ¡Quiero ver cómo les enseñaras tus técnicas secretas!
La chica abrió los ojos con sorpresa, jamás esperó que la Hokage incentivara aquello.
— ¿Está segura?
— Claro, claro... además hoy tengo la tarde libre, aunque dejaré a Shizune en caso de que surja algo importante. — hipó debido al alcohol. — Ve a tu casa, toma lo que necesites y te vemos en una hora en la sala de juntas de la torre... ¡Es una orden!
— ¡Hai! — respondió mientras marchaba corriendo del lugar. — Supongo que es una orden de la Hokage. — murmuró con resignación mientras caminaba de prisa a su departamento que a su vez era un caos con hojas de periódico por todos lados. Sin tiempo que perder, colocó las pomadas que Shikaku-sama le dio en la mesa y volvió a darse una ducha.
Al salir, respiró profundamente y se dirigió a su habitación en búsqueda de un Kimono. Sus trajes más bellos y sensuales los había dejado en su casa de la capital, solo trajo ropa cómoda y de trabajo a Konoha, pero nunca viajaba sin su favorito el cual era un kimono de color plata. Desde la primera vez que lo vio colgado en la casa de la costurera real, supo que debía ser suyo, pues tenía el mismo tono que los cabellos plateados de Kakashi.
Ahora se sentía un poco tonta, compró el Kimono porque le recordaba al peligris, pero estando en Konoha ya no parecía una buena idea y no quería dar la impresión de que seguía enamorada de él.
— Porque él me odia y si ha sido amable es porque se ha vuelto un caballero y se siente triste por sus alumnos. — se dijo, entonces mientras no se sonrojara o hiciera alguna tontería, todo debería estar bien. Esta vez ni siquiera intentaría nada con el peligris porque tenía prohibidas las relaciones amorosas mientras siguiera siendo miembro del Kouka Toki.
Un poco más convencida de que todo estaba bien, se visitó con la misma ceremonia con que lo hacía antes de alguna misión. Recogió sus cabellos en una alta coleta, puso un poco de polvo en su rostro, delineó sus ojos y pintó sus labios de un color vino. Se miró en el espejo y sonrió. Esa era la Emiko que recordaba, la que los últimos años le ha traído buena suerte, dinero, reconocimiento y la aprobación de su sensei.
Tomó su mochila de viaje pero la vació y depósito dentro algunas muestras de maquillaje que solía llevar en caso de que se le acabaran, algunas peinetas y finalmente, su labial.
Ya no era Emiko de Konoha, la chica que buscaba desesperadamente hacer las cosas bien, sino la mujer letal de los mil nombres que hacía misiones para el señor feudal. Bien mentalizada, desapareció para aparecer de nuevo en la torre.
— Disculpa, ¿La sala de juntas? — preguntó con la voz clara y el rostro alto.
— Es la última puerta del pasillo... — Kotetsu se sonrojó ante la desconocida que tenía enfrente, mientras daba un codazo a Izumo para que mirara.
— Gracias. — respondió una voz suave y firme.
Emiko caminó con la espalda completamente recta y con rapidez llegó hasta el lugar indicado. Justo cuando abrió la puerta, una persona se asomó y la miró con un signo de interrogación en la frente.
— ¿Disculpe, usted ha visto a la Hokage? No sabemos para que nos citó aquí...
La mujer adulta sonrió.
— Hola, Sakura-chan, Tsunade-sama no debe tardar.
La chica abrió los ojos con sorpresa.
— ¿Ryuzara-san?
— Así es...
Sakura no podía creerlo. Había visto muchas veces a la mujer que tenía enfrente, ya pensaba que era una mujer muy guapa aunque nunca se peinara, pero ahora era como estar frente a una visión.
— ¿Ryuzara-san? — la voz de Ino se dejó escuchar. La rubia había tenido los brazos cruzados pero estaba igualmente sorprendida, aquella no era la mujer que la llevó de misión hace algunas semanas.
— ¿Cómo has estado, Ino? — Emiko sintió satisfacción mientras entraba a la sala y saludaba con una pequeña reverencia a las presentes. — Por tus ojos, debo imaginar que eres Hinata Hyuuga.
— Sí, soy Hinata Hyuuga... — la peliazul hizo una reverencia pero su rostro sonrojado indicaba que estaba avergonzada de ser reconocida por aquella hermosa mujer.
— Tu padre ha sido un aliado político por muchos años, siempre me habló de ti, es un placer conocerte. — La peliazul se sonrojó aún más, pero sintió alivio cuando la mirada de la mujer se dirigió a Tenten.
— ¿Cómo te llamas, querida?
— Ama, Tenten... — fue su turno de sonrojarse.
— Es un placer, ¿Eres una maestra de las armas?
La chica se sorprendió.
— ¿Cómo lo sabe?
— Tus manos, están resecas y tienen cicatrices muy particulares. — bajó su mochila de viaje, que desentonaba por completo de su atuendo. — Pon esta crema cada noche, te hidratará y al mismo tiempo te dejarán de arder las cortaduras ocasionadas por el filo extremo.
La castaña tomó el bote de vidrio y agradeció con un asentimiento. Emiko caminó al frente y puso su mochila aún lado, al parecer habían quitado la gran mesa de madera y de momento solo había algunas sillas para sentarse.
— Pienso que Tsunade-sama no tardará, ya que estaba muy interesada en lo que veremos aquí...— miró a la puerta. — Cierren la puerta y tomen asiento. ¿Son todas las chicas?
— Hai. — respondió Sakura mientras se sentaba.
— ¿Y qué vas a enseñarnos? — Ino estaba un poco a la defensiva. — ¿A entretener a una bola de asquerosos ancianos?
— Lamento lo sucedido, Ino-chan, me temo que debí darles esta charla primero antes de intentar algo practico. — Emiko tomó asiento frente a las chicas. — Mi nombre es Emiko Ryuzara y soy una kunoichi que se especializa en rastreo e infiltración, pero también hago tareas de seducción.
Las cuatro chicas se sonrojaron, pero Sakura se animó a levantar la mano.
— ¿Esa es una especialización?
— Parece que en Konoha solo se le dan este tipo de misiones a las mujeres ANBU, la finalidad de ambas es el mismo, robar o matar, pero la diferencia es que yo estoy capacitada para hacerlo a largo plazo. — Alzó un dedo, explicando. — En la capital, el señor feudal dispone de un grupo de mujeres que se infiltran en las filas del enemigo, a veces trabajamos como cocineras o mucamas, a veces contraen matrimonio con el objetivo o sus personas cercanas, con la finalidad de obtener la información necesaria o de eliminar a los sujetos que estén planeando un atentado contra la nación del fuego. En cambio las mujeres ANBU se acercan a sus objetivos por medio de la seducción y con maniobras de corta duración cumplen su misión.
— ¿Y en la capital por qué no hacen lo mismo? — preguntó Ino como si fuera obvio. — ¿Por qué pierden el tiempo casándose y esas cosas y no solo cumplen su misión?
— Konoha dispone de un grupo de inteligencia que confirma la información y con la certeza de su confiabilidad asigna las misiones. — Emiko sonrió. — En la capital, los grupos de inteligencia a veces reciben información falsa o incompleta, no de una amenaza, sino de muchas y de manera simultánea, de manera que nos mandan al campo a recabar información.
— ¿De cuanto tiempo ha sido tu misión más larga? — preguntó Tenten con timidez.
— Un año, me hice pasar por una comerciante de telas para obtener información de un mafioso que estaba patrocinando algunos conflictos armados en el sur del país del fuego.
— ¿Con cuántos hombres te has acostado? — preguntó Ino aún buscando molestar a la mujer, las otras chicas se sonrojaron.
— Veamos... — Puso una mano en su barbilla. — Fue un año de entrenamiento y diez años activa donde tuve alrededor de 150 misiones... no, eso es secreto pero debo de confesar que fue un número cercano a cero. — sonrió al ver el rostro de incredulidad de Ino.— Lo importante en la seducción no es llegar a las relaciones sexuales, lo importante es hacer que tu objetivo se sienta deseado, y la mayoría de los hombres que me encontré solo querían que alguien los escuchara.
— ¿Y tienes novio? — preguntó Hinata con un hilo de voz.
— No, las mujeres que nos dedicamos a trabajar para la nación del fuego no podemos tener pareja ni hijos, porque entonces no podríamos hacer bien nuestro trabajo.
— ¿Pero te has enamorado de un objetivo? — preguntó Sakura.
— Una vez conocí a un hombre mayor que yo, su nombre era Arata-san, pero era inteligente y muy gentil, si, podría decirse que me podría haber enamorado de él... — Hacía tanto tiempo que no pensaba en aquello. — Pero mi objetivo fue conseguir pruebas para que lo arrestaran porque estaba lavando dinero que venía de negocios muy malos. Cuando supo quién era yo en realidad, ni siquiera se enojó, fue amable hasta el final.
— Qué extraño... — murmuró Tenten. Pronto unos pasos resonaron afuera de la habitación.
— Me alegra que todas estén aquí... — Tsunade entró con otra botella de Sake entre las manos. — ¿Están aprendiendo, chicas?
— ¿Nos tocará hacer ese tipo de misiones o por qué estamos aquí? — preguntó Ino con molestia.
— A menos de que entren a ANBU, no, pero vamos, ¿No les gustaría saber cómo llamar la atención de un chico?
El rostro sonrojado de todas las chicas y las palabras de la Hokage le dijeron a Emiko que aquello era un juego para todos en Konoha. Suspiró para contener las ganas de reír, era mejor así. La realidad de su trabajo era más triste y solitario y no se lo deseaba a nadie.
— Bueno, lo primero que tienen que saber es resaltar sus rasgos naturales. — tomó su mochila y sacó los maquillajes nuevos que empacó. — Aunque muchos hombres digan que el físico no es importante, es lo primero que ven en nosotras.
Y comenzaron a maquillarse tratando de imitar el aspecto de la mayor. De todas, la que más admiró Emiko por su habilidad fue la castaña, a pesar de que Ino se maquilló con maestría y al parecer tenía experiencia, lTenten transformó por completo sus rasgos y la mayor supo que tenía potencial. En cambio Hinata apenas pintó un poco sus labios, nerviosa de lo estaba haciendo, mientras Sakura luchaba por poner derecho el corrector de sus ojos.
— ¿Qué sigue después del maquillaje? — preguntó alegremente Ino, al parecer ya había pasado su molestia inicial.
—Sigue la ropa, lo importante no es ir descubierta, lo importante es saber cuándo y cómo mostrar tu piel. — Las chicas asintieron. — Generalmente yo recomiendo comenzar por llevar el cabello recogido, pues a veces puede estorbar un poco...
— ¡Espera! — Indicó la Hokage. — ¿Y si usamos a un sujeto de pruebas?
— ¡Gran idea! — exclamó Ino mientras Hinata se volvía a sonrojar y negaba.
— Sería educativo... — murmuró Tenten y desvió la vista.
— ¿No cree que es demasiado, Tsunade-sama? — preguntó una Sakura avergonzada.
— Yo digo que está bien, también me gustaría verlo... — Emiko sabía que Ino difícilmente le perdonaría lo sucedido en la misión.
— Desde que supe que tenía un miembro del Kouka Toki entre mis filas, quise verte en acción. — Tsunade llegó hasta la puerta. — ¡Ebisu, ven acá!
Pronto un hombre alto y con lentes redondos llegó hasta la puerta.
— ¿En qué puedo ayudarle, Hokage-sama?
— Toma. — Le dio una ficha de juegos de mesa. — Siéntate en esa silla, si Ryuzara te quita la ficha, perderás y me darás cien yenes, de lo contrario, tendrás dos días libres y con pago completo.
El hombre se acomodó los lentes mientras estos brillaban ante el reto. Emiko sintió vergüenza al ver a la Hokage reír... ¿La rubia quería hacer dinero a costa suya?
— De acuerdo, definitivamente me caería bien descansar un par de días... — y tomó asiento.
La pelinegra suspiró, bueno, no tenía motivos para fallar.
— ¿Ebisu-san? — Emiko se paró detrás de él y comenzó a frotar sus hombros. — Es cierto que necesita descansar, está muy tenso, tal vez yo podría ayudarle... — lo último lo susurró en su oído, mientras el hombre se paraba de un saltó y trataba de contener la sangre que escurría de su nariz.
— ¡Perdiste! — Señaló Tsunade, fue entonces que Ebisu notó que la ficha que tenía entre sus manos ahora estaba en las manos de la pelinegra. — ¡Aoba!
— ¿Piensa hacer pasar a todos los ninjas de la torre? — preguntó Tenten, Hinata ya había tenido suficiente con la primera demostración, de forma que se desmayó.
— ¿Me llamó Hokage-sama? — Entró el hombre serio y con algunos pergaminos en las manos.
— Toma esta ficha, si te la quita Ryuzara me darás cien yenes...
Aoba entró a la habitación y en eso vio que se trataba de Emiko.
— No, sé que voy a perder... — parte de ser un shinobi era conocer sus propias limitaciones, y después de todo lo que le contó Genma sobre Emiko, voluntariamente se negaba a perder su dinero con la Hokage.
Emiko bostezó llamando la atención de todos.
— Tsunade-sama, ¿No tendrá un verdadero reto en su aldea? — sonrió desafiante, si la Hokage ya la había hecho perder su tiempo en esa charla, al menos se divertiría un poco también.
— ¡Shizune! — gritó y la joven llegó corriendo con gran prisa. — Manda una convocatoria en este mismo instante, todo shinobi que esté desocupado debe venir a la torre a enfrentar una prueba de valor... quien lo consiga tendrá una semana de vacaciones con pago. — Ino, Sakura y Tenten miraron asombradas a la Hokage, realmente se lo había tomado muy en serio. — Ahora, tráeme a ese par de Izumo y Kotetsu.
Emiko retocó sus labios de color vino y sonrió.
— Si yo gano, me dará la mitad del dinero y esa semana de vacaciones extra.
— Bien, es una apuesta. — Aseguró la rubia. — Ustedes... vayan a casa, esto ya no será apto para niños...
— ¡No es justo! — Exclamó Ino mientras Sakura y Tenten llevaban con ellas a Hinata. Pronto salieron de la sala y la rubia se cruzó de brazos.
— ¿Sólo maquillaje?
Emiko se alzó de hombros.
— Tienen trece años, Hokage-sama, a pesar de que son ninjas déjelas vivir su infancia un poco más... ya tendrán tiempo de sufrir por chicos...
— ¿Nos llamó Tsunade-sama? — Izumo se asomó por la puerta.
La Hokage les explicó la dinámica mientras cada uno recibía una ficha roja.
— Vaya, hace rato casi no te reconozco, Emiko-san... — Kotetsu fue el primero en sentarse junto a la chica, — Deberías arreglarte así siempre...
— Es una gran idea, aunque hace calor... ¿Está bien si abro un poco mi escote? — Se inclinó hacía el hombre mientras abría ligeramente su kimono, de manera que al ver el inicio de sus senos, Kotetsu comenzó a desangrarse por la nariz.
— ¡Izumo! — ordenó la Hokage al ver a Emiko guardar en su mochila la segunda ficha.
Y así fueron pasando de uno en uno la mayoría de los shinobis que estaban cerca de la torre en esos momentos. Emiko pronto tuvo un par de decenas de fichas.
— Ya tengo hambre, Hokage-sama, ¿Se rinde?
A pesar de tener bastante alcohol en las venas, la mujer tenía que aceptar que Emiko tenía un don increíble, sin apenas tocar a los shinobis consiguió quitarles la ficha, era hábil.
— Tengo uno más, es mi última esperanza. — dijo la mujer mientras abría la puerta y un Kakashi con su novela favorita entre manos aparecía tras ella.
— No, no, no... — pensó Emiko, de verdad, la única persona en la aldea con la que no quería problemas era él.
— Kakashi, ¿Shizune ya te explicó las reglas? — Siendo honesta no creía que Kakashi lo lograra, pero este siempre estaba leyendo su libro erótico así que esperaba que tuviera mucha resistencia a los encantos de la kunoichi.
— Oh, no sabía que era Emiko-chan... — fue lo único que dijo desde la puerta sin entrar a la habitación.
— Esto fue idea de Tsunade-sama, lo juro. — alzó una mano en forma de juramento y aquello le llamó la atención a la rubia, era la primera vez que ella se excusaba ante alguien.
— Bueno, en realidad yo esperaba para hablar con Tsunade-sama...
— Patrañas, — dijo la rubia y le puso la ficha roja en las manos. — Cuando ganes hablamos, y si pierdes, te mandaré tantas misiones que desearás no haber nacido.
El rostro del peligris se puso azul y asintió, mientras pasaba a sentarse en la silla indicada pero sin bajar su libro.
Emiko sintió un escalofrío, aquello no podía a terminar bien para ninguno de los dos.
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Continuará...
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