Capítulo 20: Reencuentro.

¡Wow! 20 capítulos, nunca pensé que iba a durar tanto. Bueno no lo hice sin la ayuda de las personas que me apoyaron desde un principio y los nuevos lectores, no tengo mas que darles las gracias por seguir esta historia. Y como lo prometido es deuda, les traigo un nuevo capitulo de mi historia, un nuevo personaje se une a la historia, espero que sean buenos con el. ¡Disfruten de la lectura!


- La segundaria es un lugar peligroso, así que debes seguir todos mis consejos al pie de la letra. Está claro.

- Lynn, solo son chicos dos años mayores que yo ¿Qué tan peligrosos podrían ser?

- ¡No lo entiendes! – dijo su hermana tomándolo de la camisa – La segundaria es una selva, no actúes como un novato o serás un blanco para las bromas.

Solo rodo los ojos ante las exageradas preocupaciones de su hermana mayor, ¿Qué podrían hacerle unos niños que ya no le habían hecho? ¿Ponerle apodos tontos, jugarle bromas crueles, golpearlo? Bueno si era lo último entonces sería fácil defenderse de unos cuantos mocosos que apenas eran unos centímetros más grandes que él. Pero su hermana no parecía compartir sus aprehensiones.

Como si nada ella había llegado a su habitación después de una bulliciosa cena. En la cual su padre no paro de felicitarlo en toda la velada y en la que su madre estaba igual de orgullosa por sus falsos logros académicos. Sus hermanas mayores estaban contentísimas de tenerlo en su segundaria, Lynn en especial, se había sentado junto a él toda la cena para hablarle a él y solo a él. Luna también se veía contenta de tenerlo abordo, para que decir Leni que, aunque iba a la segundaria mayor, igual se sentía feliz por lo que había logrado ese día. Lori estaba callada y lo ignoro como siempre, al igual que Luan que seguía sin hablarle después de su discusión en el centro comercial.

Las pequeñas eran un caso especial, seguían ignorándolo después del extraño recibimiento de unas horas atrás. Había querido hablarles, pero ellas solo sellaban los labios y le daban una mirada molesta. Solo cuando creían que no las observaba, ellas lanzaban grandes suspiros y sus rostros denotaban una pequeña tristeza. Lo sabía, sus hermanitas estaban tristes por su partida, y no sabían cómo expresárselo. Él igual extrañaría los tontos juegos en la cafetería, los tétricos poemas de Lucy, el parloteo constante de Lana, incluso las charlas de belleza de Lola, cielos, si no fuera por la tonta de Fey y su misión, gustoso seguiría yendo a la primaria junto a ellas. Pero el deber llamaba y debía contestar.

Después de la cena, cuando se disponía a repasar su nueva misión, la castaña deportista se coló en su habitación sin su permiso y se acostó sobre su cama, desordenándola en el proceso. Su actitud altanera lo molesto un poco, pero pensándolo mejor, en ese momento necesitaba alguien con quien hablar. Se sentía más solo que de costumbre ahora que Fey lo había mandado al carajo. O tal vez, como le había dicho esa robot Lulu, su mente ya estaba teniendo demasiado y estaba empezando a deprimirse.

Mientras agregaba los contactos de su antiguo teléfono en el nuevo. Le llego un mensaje de voz a su buzón de entrada, era de Clyde. Sin querer lo puso en altavoz, así que la entrometida de Lynn escucho con interés el mensaje.

- "Lincoln amigo…*llanto*… ¿Volverás pronto, cierto? No sé cuánto aguante siendo el único chico sin amigo en la clase…Tal vez tenga que… ¡H-hablar con mis compañeros!... Ouuuh creo que voy a vomitar, t-tendré que agendar una cita con la doctora Lopez"

Le apenaba que Clyde se sintiera triste por su partida, pero también se sentía contento de que aún lo considerara su amigo. Lo había tratado mal el día ese día que había enterrado las mascotas con las pequeñas, así que pensaba que el chico de pelo moreno de gafas ya se había hartado de él, pero su presentimiento había estado errado.

Le respondió a su amigo, tratando de animarlo un poco y darle algo de esperanza en sus mundanos problemas.

- "Estarás bien Clyde, solo tómalo como una oportunidad para aprender a valértelas por ti mismo. Y volveré en dos semanas, no te preocupes, seguiremos siendo grandes amigos."

- Dile que se deje de quejarse como un tonto o sino iré yo misma a la escuela a patearle el trasero. – le dijo la deportista que observaba su intercambio con los brazos cruzados y una mirada de hastió.

- *suspiro* Lynn, Clyde es mi amigo, se supone que tienes que animar a tus amigos cuando estos se sienten tristes. Tu… ¿Tienes amigos, cierto?

- Muchos más que tú, tonto. – dijo Lynn algo enojada por el comentario de su hermano - Y no me los he ganado siendo su niñera. ¡Ja! Si Margo me viniera con esos lloriqueos le pegaría una patada en el traste y le diría que se hiciera mujer.

- Que insensible, con razón le caíste bien a Fey.

Claro que se habían llevado bien, las dos estaban cortadas con la misma tijera. No les importaban herir los sentimientos de los demás con tal de conseguir sus metas, también eran rudas y mal habladas. Pero de cierta forma no podía llegar a odiarlas, una porque lo crio de pequeño y estuvo junto a él en los malos momentos, y la otra era su hermana mayor que, aunque habían empezado con el pie izquierdo, se había convertido en una gran amiga en la casa.

- Porque no nos presentaste antes, es la adulta más cool que he conocido.

- ¿Cool, en serio crees eso?

- Claro, es una tipa que sabe lo que quiere y no tiene miedo a nada.

No pudo más que soltar una risita ante lo ingenuos de sus comentarios. A Fey no le importaba nada más que la misión, para eso había descartado todo, incluso a él mismo. Así que ni por un momento pensaba que le interesaría trabar una amistad con Lynn.

- ¡De que te ríes!

- Nada, solo que me pareció que te describías a ti misma.

- ¿En serio crees que soy cool?

- No lo había pensado.

Enojada, Lynn acorto su distancia en la cama y lo tomo del cuello tratando de hacerle una llave de Judo. Pero ya conocía de memoria sus movimientos, fue fácil escurrirse entre sus brazos y tomarla a ella de los brazos, empujándola en la cama y quedando encima de ella victorioso.

- ¡B-baje te de mí! – le dijo su hermana avergonzada.

- Te falta mucho entrenamiento pequeño saltamontes.

- ¡Si no te bajas en este instante yo…!

- Si si como quieras… - dijo Lincoln dejando a su hermana en libertad.

Se veía más roja que de costumbre, tal vez había ido demasiado lejos y herido su orgullo como combatiente. Pero que más daba, ella se lo había buscado.

- Y… ¿Quién te enseño eso? – dijo la chica en un murmullo.

- …Fey.

- ¿En serio? Wow, entonces es más cool de lo que pensaba.

Si, había aprendido muchas cosas de su maestra. Muchas de ellas a punta de esfuerzo, gritos y dolor. Pero esas cosas lo habían ayudado a sobrevivir, así que no le tenia quejas.

- El único que me ha enseñado cosas divertidas ha sido pop-pop. Me enseñó a pescar en el gran lago, a buscar mis propios gusanos y a ser paciente ante el aburrimiento de no pescar nada. – dijo la chica con una sonrisa, rememorando buenos tiempos.

- ¿Pop-pop? Y quién es ese.

-*suspiro* Nuestro abuelo, se llama Albert, pero lo llamamos Pop-pop. Tiene tú mismo cabello de abuelo, blanco como la nieve.

Esa era la segunda vez en ese largo día, en que el fantasma de su abuelo salía en una conversación. Eso llamo su atención de manera extraña, quería saber mas de él y si se podía, quería conocerlo. El tipo había estado en Vietnam, así tal vez él era la persona que podría entenderlo.

- Me interesaría conocer al abuelo, ¿vive en Royal Woods?

- No, creo que vive en una cabaña en las afueras de Great Lakes…No estoy segura realmente, no hemos hablado con él en años. – dijo la chica algo desanimada de pronto.

- ¿Qué paso, esta enfermo?

- ¡Ya basta de tantas preguntas! Hablemos de algo más divertido.

Nuevamente una de sus hermanas cambio el tema cuando se trataba de hablar de su abuelo Albert, eso no hacía más que aumentar su curiosidad y seguir preguntando, pero Lynn era terca como una mula, así que cuestionarla solo la haría molestarse y de paso pegarle una patada. Tenía un extraño presentimiento que no podía sacarse de encima, como algo que estaba allí pero no lograba dilucidar del todo, algo había pasado con el abuelo que ni una de ellas quería rememorar. ¿Pero que podía ser?

- ¿Por qué de repente te quedaste como un bobo?

- Nada Lynn, solo pensaba en algún tema divertido del que hablar… ¿Te gusta practicar artes marciales?

- No, bueno, antes practicaba, incluso gane un tonto trofeo de segundo lugar en un torneo de primaria. – dijo Lynn con algo de amargura - Después de ese torneo colgué mi karategi y seguí haciendo otras cosas.

- Que mal, me gustaria haberte visto luchar. Yo también practique un tiempo, puedo decir que tengo mucha confianza en mis habilidades de defensa personal. – dijo Lincoln hinchando el pecho, orgulloso de sí mismo.

- ¿Cinturón? – pregunto su hermana mientras su rostro se iluminaba de repente.

Ahí lo atrapo, no tenía ni un cinturón. Practico por años junto a su maestra y sus hermanos, pero de eso no salió ni un trofeo o pedazo de tela que le digiera que había hecho un buen trabajo. Bueno, haber salido vivo de ese caótico ambiente era suficiente recompensa. Así que pensó un color al azar y se lo dijo a la castaña.

- Amarillo.

- ¡Pfff! Jajaja ¿No en serio, amarillo? Jajaja

- Oye que tienes en contra de los cinturones amarillos.

- ¿Es broma? Prácticamente no sabes nada de Karate, tal vez podrías vencer a una viejecita o dos jajaja

Las burlas de su hermana lo hicieron ponerse rojo de vergüenza, sabia que no tenia nada que lo demuestre, pero si que sabia defenderse. ¿Qué sabia ella?, pelear en un torneo no era lo mismo que golpear a un enemigo con una bayoneta en la mano y una pistola en la otra, y eso lo había hecho muchas veces con bastante éxito.

- ¿A si, y cuál es tu cinturón? – dijo Lincoln algo molesto.

- Negro, segundo Dan. Si alguien se mete conmigo lo parto en dos.

Lynn se levanto de un salto de la cama y pego una magnifica Mawashi Geri, una patada que eleva su pierna al punto mas alto, haciendo que su potencial contrincante reciba un pavoroso golpe justo en su sien derecha o peor aún, su mentón. Para haber logrado esa forma su hermana debió haber practicado bastante, realmente estaba impresionado. Y la hubiera felicitado si no hubiera golpeado su armario de ropa, rompiendo la puerta de madera en dos partes. "¿Ahora cómo voy a arreglar esa cosa?", pensó molesto.

- Suficiente diversión por hoy, vete a tu habitación.

- ¡Oh vamos! Aun no es hora de dormir y tengo muchas historias divertidas que contarte.

Para Lynn las historias divertidas eran explicar hasta el cansancio sus logros y los premios que había ganado haciendo tal o cual deporte. La chica estaba llena de un gran orgullo propio y una autoestima por el cielo. Podía hablar por horas de lo que le gustaba, y para ser sincero, conversar con su hermana mayor no le disgustaba para nada. Ambos eran parecidos de cierta forma, a ambos le gustaban los deportes, el ejercicio al aire libre y la competición entre equipos, así que podían hablar por horas sin interrupción y eso fue lo que paso esa noche.

Después de unas horas de charla, su padre llego de pronto a la habitación y los encontró enfrascados en una acalorada discusión acerca del mejor boxeador todos los tiempos. Él se llevó a Lynn casi a rastras de vuelta a su habitación ya que ambos tenían clases a la mañana siguiente. Lo gracioso es que aun después de cerrar la puerta, aún seguía escuchando a Lynn desde el pasillo gritar "¡Ali está sobrevalorado, "Duran mano de piedra" es el mejor de todos!", ese tonto comentario lo hizo dormir con una sonrisa divertida esa noche.


Un nuevo día, el desayuno de siempre y una nueva misión. La última es lo que ocupaba su mente mientras viajaba en la van familiar junto a sus hermanas. Trataba de no hacer caso a sus juegos y conversaciones mientras en su mente continuaba repasando los pasos que debía seguir y los planes que debía hacer. Había seis objetivos que debía eliminar, a tres de ellos ya los conocía, Carol, Francisco y Némesis. De la última no sabía nada, a duras penas recordaba su apariencia, había sido una lucha casi en la oscuridad y había estado más concentrado en sobrevivir que recordar los rasgos físicos de esa desquiciada. Solo sabia con certeza que ella podía manipular su mente a destajo, haciéndole ver cosas que en realidad no estaba allí, lo que la hacia un enemigo bastante inconveniente. ¿Cómo luchar contra algo que te hacia cuestionar la propia realidad? Bueno, él había sobrevivido a sus envestidas, pero solo por una extraña sed de sangre que lo domino por un momento y por el límite de tiempo en los poderes de la chica del cabello negro azabache.

A Francisco lo había visto bien, tenía más o menos su estatura, de contextura morena clara, ojos avellana oscuro, cabello negro y rizado, por su nombre tal vez de ascendencia latina. Su fuerza no era del otro mundo y sus habilidades consistían más que nada en utilizar ese armatoste de acero. Sin él, el chico era como cualquier otro enemigo que había enfrentado…Probablemente.

Carol, bueno, ella debería ser el primer objetivo al cual eliminar. Conocía su apariencia física, sus habilidades, su personalidad, sabia donde estudiaba y sabía que estaría desarmada si la atacaba en un lugar con bastante gente, como la escuela a la que la rubia asistía. Pero había ciertas cosas que lo hacían dudar, en primer lugar, ella parecía el miembro más "civilizado" de ese grupo de psicóticos, tal vez ambos podrían llegar a un acuerdo para coexistir, eso era lo que deseaba. Además, no podía descartar que ella fuera el agente que se había infiltrado en la organización, si era ella y la eliminaba, entonces estaría ciego de las intenciones de sus enemigos. ¿Era ella de los "buenos" o solo una despiadada enemiga? No estaba del todo convencido de lo último.

- Lori ¿puedo hacerte una pregunta? – dijo dirigiéndose a su hermana mayor en el asiento de conductor.

- Claro, solo trata de no desconcentrarme, estoy al volante.

- Es acerca de Carol Pingrey….

- ¿Que? – dijo su hermana contrariada.

- ¿La has visto en clases últimamente?

- ¡Hmph! Te crees niño grande y ahora tratas de buscarte una novia mayor que tú, degenerado. – le dijo Lola desde el asiento de atrás.

- ¡Claro que no!

- ¿No es esa la chica que te beso en el centro comercial? – dijo Luna echando más leña al fuego.

- ¡¿Que?! – dijo Lynn, extrañamente interesada en el asunto.

- Solo fue en la mejilla, no sé qué mosco le pico a esa maniática.

- Carol y Lincoln, sentados bajo un árbol jajajaja. – dijo la divertida Luan.

- ¡Ya les dije que no me gusta!

- Lo que digas, dude.

Todo el trayecto hasta la primaria fue un ir y venir de acusaciones, principalmente por sus hermanas pequeñas en contra de él y las mayores siguiéndole el juego. Cuando llegaron a su destino, ya estaba más molesto y acalorado que de costumbre, Lola parecía disfrutar cada segundo de su incomodidad.

- En cuanto a tu pregunta, no te diré nada, estas muy enano para andar acosando a mujeres mayores. – lo sentencio Lori.

- ¡Te dije que no…!

- Ya llegamos pequeñas. Cuidado al bajar, y recuerden llegar puntual.

Las pequeñas bajaron de Vanzila con una sonrisa de satisfacción, las gemelas le sacaron la lengua y Lucy solo se limitó a señalarlo con el índice, de una manera bastante horripilante que le hizo pararle los pelos de la nuca. Se quedo mirándolas hasta que la vagoneta partido y pudo observar cómo al final ellas se veían algo tristes al verlo irse con las mayores a su nueva escuela temporal. Debía arreglar las cosas con ellas cuando llegara a casa, cueste lo que cueste.

- Parece que aún siguen enojadas contigo. – Le dijo Leni.

- Si, espero que se les pase con el tiempo. Pero creo que tendré que intervenir para que se queden más tranquilas.

- Tú puedes Linky. – le dijo la rubia dándole ánimos.

El viaje hasta su segundaria fue más tranquilo, le dio tiempo para serenar sus nervios, llegar a un lugar nuevo siempre le dejaba los nervios de punta, especialmente porque en ese lugar tal vez llegara a asesinar a alguien.

- Bajen con cuidado y sean puntuales, especialmente tu Lynn. No te esperare mientras tienes un partido sorpresa de voleibol en el patio de la escuela.

- Si lo que digas. – dijo la castaña algo desganada.

- Por cierto, Linky. Carol no fue a clases toda la semana pasada. ¿Sabes si le paso algo?

- ¡Leni!

- N-no tenía idea (gracias por la información Leni). Adiós Leni.

- Nos vemos luego Linky. – dijo su despistada hermana agitando su mano desde la ventanilla, mientras la vagoneta se alejaba en la distancia.

Así que la princesa no ha ido a clases en toda la semana, la rubia debía estar preparando sus tropas para que el escape de Royal Woods sea un éxito. Por ahora eso la dejaba fuera de su rango de acción, debía concentrarse en los objetivos que estaban en su nueva escuela. Camino nervioso, viendo a todos lados y a toda esa masa de estudiantes reunidos en las puertas de ese gran edificio.

Aquella era mucho más grande que su escuela primaria, y al parecer más antigua. Una base de mármol blanco y cemento, con paredes de ladrillo rojo con terminaciones de cal y yeso. Era un bonito lugar, por la cantidad de ventanas, un lugar difícil de defender de un ataque enemigo. Dejo de divagar y camino a paso rápido, hasta que quedo junto a Lynn, su hermana estaba callada esa mañana.

- Tal vez terminemos en el mismo salón ¿sería bueno, no lo crees?

La castaña se quedó parada en medio de la gran puerta de entrada y le dirigió una dura mirada.

- ¿Te gusta esa tonta de Carol?

- ¿Que? De donde viene esa pregunta. – dijo Lincoln sorprendido por el súbito interés de su hermana en sus intereses amorosos.

- Solo responde.

- No Lynn, Carol no me interesa para nada. Solo tenía curiosidad por que hablamos en el centro comercial, eso es todo.

La castaña solo asintió y como por arte de magia se vio aliviada. ¿En primer lugar por qué tenía que estar dándole explicaciones a su hermana mayor? Eso no era de su incumbencia, pero tampoco quería hacerla sentir triste. Lynn le agradaba bastante y no quería molestarla, ya tenia suficiente con las pequeñas.

- Esta bien, te creo…Por ahora. Y tú salón no es el mío, es el que está al lado…Oye, que tal si al almuerzo…

Pero el timbre interrumpió las palabras de su hermana, una avalancha humana venia en su dirección, compuesta de estudiantes que no querían llegar tarde. Lincoln siguió la dirección de esa avalancha y se despidió de Lynn.

- Te veo luego Lynn.

- S-sí, te veo luego Lincoln.

Ya frente a su salón asignado, comenzó por esperar a que apareciera su nueva maestra. Los chicos le daban una mirada extraña, era más pequeño que ellos y tal vez un objetivo fácil para molestarlo. Pero su paranoia parecía ser infundada, uno de ellos lo ayudo a encontrar un asiento en el salón y una muchacha de anteojos lo instruyo en las materias que estaban viendo en clases.

Luego un grupo de compañeros se acerco para saludarlo y darle la bienvenida en el salón. No le gustaba ser el centro de atención, pero tampoco le gustaba ser descortés con las personas que mostraban interés en conocerlo. Así que le fue fácil integrarse al salón.

Su maestra lo presento frente a todos y nuevamente se sentó en su asiento. Mientras ella comenzaba a hablaba acerca de George Washington, poco a poco su mente se puso nuevamente a pensar en la misión.

Conocía a tres, pero desconocía a los demás. Solo estaba al tanto de sus nombres clave, Pierot el payaso que dejo a su maestra ensartada con una infinidad de letales cuchillos, maestro en el combate cuerpo a cuerpo, asesino empedernido, al que se le atribuían muchos atentados terroristas alrededor del globo, principalmente hacia civiles. Ese desgraciado seria su primer objetivo si tan solo pudiera localizarlo.

También estaban Hawkeye una francotiradora consumada, de la cual no se sabía nada de sus servicios ofrecidos al ejército. Ni su apariencia, ni su edad, absolutamente nada que pudiera ayudarlo a identificarla. Solo sabía que era una chica, bueno, al menos eso eliminaba a casi la mitad de los alumnos reunidos en esos salones.

Y finalmente estaba Izanami, el miembro más enigmático de la unidad Gárgola. Fey no le había dado ningún ápice de información respecto a ese sujeto, ni siquiera su sexo, lo cual le daba a entender que este tipo era el que movía los hilos desde las sombras. Si pudiera encontrarlo y ponerle una bala en el cráneo, todo su castillo de naipes se vendría abajo, pero eso era imposible con la información que tenía. Pero de algo estaba casi seguro, ese tipo era su maldito doble, el perro que había convencido a Lisa para que lo abandonara.

No pudo más que soltar un suspiro de frustración, mientras su profesora continuaba su monologo acerca de la guerra de independencia americana. Mejor era tomar atención a clases y no pensar demasiado, no tenía más información, solo le quedaba investigar por su cuenta después de clases.

Cuando el timbre sonó, los chicos se levantaron de sus pupitres para ir a la cafetería, mientras él empezaba a guardar sus implementos de clases en su fiel mochila. De reojo pudo ver como una chica de cabello rubio ceniza comenzó a acercarse a su pupitre. Le dio una mirada cuando estuvo lo suficientemente cerca, llevaba una gorra roja que cubría su cabello un poco descuidado, tenía una gran sonrisa que dejaba ver sus dientes de conejo que resaltaban un poco su nariz alargada. Recordaba haber visto su rostro en algún lado, pero en ese momento estaba perdido.

- Hola nuevo.

- Hola mucho gusto, mi nombre es Lincoln y el tuyo es…

- Margo, Margo Roberts. Soy la compañera de Lynn.

- ¡Ah! La número 17, fui a ver tu partido, esa corrida a segunda base que hiciste fue sensacional. Realmente le quebraste la defensa a Tomball.

La chica le dio una palmada en la espalda y dio una sonora carcajada, parecía una persona bastante afable y alegre, de inmediato le cayo bien la amiga de Lynn.

- ¡En serio fuiste al partido! Gracias, hermano pequeño, espero te hayas divertido.

- Claro que sí, el softball es uno de mis pasatiempos, además me gusta apoyar a Lynn.

- Si, Lynn no dejo de hablar de ti en todo ese día.

- ¿En serio? Espero que hayan sido cosas buenas.

- "Ese tonto me dejo plantada", jajaja eso dijo en la pizzería.

- *suspiro* Esa es la Lynn de siempre.

- Oye en serio le agradas, lo que es raro con los chicos, todos parecen evitarla como una plaga bíblica.

- Si, ¿por qué será? – le dijo Lincoln con una sonrisa cómplice.

Ambos compartieron una carcajada en ese salón, mientras sus compañeros rezagados los miraban sorprendidos. En solo un día consiguió a alguien con quien bromear en clases, eso lo hizo feliz de repente. Pensaba seguir hablando con la chica y tal vez acompañarla a la cafetería, pero el celular de Margo sonó en su bolsillo y ella lo respondió algo avergonzada.

- Oh lo siento debo tomar esta llamada… ¡Como estas mi corazoncito!

No era tan chismoso como para oír conversaciones amorosas, así que tomo esa llamada como su señal de salida. Se despidió de Margo y partió hacia la salida. Camino por los pasillos de su nueva escuela tratando de encontrar la cafetería, pero ese lugar era bastante espacioso y le costaba un poco orientarse. Pensaba pedirle indicaciones a alguien, o al menos ese era el plan hasta que choco con una chica por distraído.

La golpeo en el estómago con su cabezota, lo que debió haberle dolido a la chica. Cerro los ojos por la sorpresa del impacto, pero al abrirlos se encontró con una rubia rockera frente a él. Era delgada de cabello rubio platinado, el que generaba un bonito contraste con su mechón color cian que colgaba de su frente, su piel que parecía de porcelana y tenía unos preciosos ojos verdes. Era una chica linda y con estilo de moda bastante llamativo. Una chaqueta de cuero verde agua, pantalones color borgoña un poco gastados y una polera con el símbolo de la RAF en medio, la chica tenia estilo, debía admitirlo.

- Oh, lo siento. – dijeron ambos al mismo tiempo.

- No fue mi intención… - dijeron de nuevo.

Soltó una risita, ambos parecían estar en la misma página. Dos despistados lo suficientemente gentiles para querer disculparse en el acto.

- Tu primero. – le dijo la chica rubia.

- Bueno, solo decía que no era mi intención chocar contigo, perdón. – dijo Lincoln rascándose la cabeza.

- Tampoco fue la mía, lo siento si te hice daño, pequeño. – dijo la chica dándole una palmadita en la cabeza- Te veo luego, peliblanco.

- Oye, sé que es algo vergonzoso ¿pero sabes dónde está la cafetería?

- De hecho, yo también voy para allá, vamos los dos si quieres.

- Gracias, me llamo Lincoln y estoy en 6to grado.

- Yo soy Sam y voy en 8vo. ¡Espera! Lincoln…Lincoln… ¿Dónde escuche ese nombre?

- Tal vez conoces a una de mis hermanas…

- ¡Luna! Tu eres el hermanito perdido de Luna. Que tonta, como no pude recordarlo, tu hermana se la pasa hablando de ti casi todo el tiempo.

- ¿En serio? Vaya, eso es algo vergonzoso.

La chica soltó una risita al verlo como se ponía rojo de repente, y eso lo hizo sentirse más incómodo, especialmente siendo la chica el interés romántico de Luna. "¡Rayos! Luna ya escogió a la chica más bonita de la segundaria", pensó algo resignado en ese momento. Era simpática, bonita y tenia un buen sentido del humor, se la pasaron bien charlando mientras encontraban su camino hasta la mesa de la cafetería, donde Luna la estaba esperando. Verlo a él junto a Sam la hizo levantarse de su asiento y dirigirle una mirada cómplice. Ambos sabían que esa era chica por la castaña suspiraba todos los días.

- ¡Lincoln! Veo que encontraste a Sam en el camino, nice catch.

- Hola Luna, y digamos que nos encontramos el uno al otro.

- Si, tu hermanito estuvo a punto de envestirme en el pasillo. ¡Temí por mi vida, Luns!

- Lincoln, no todas las chicas son tan rudas como Lynn. – dijo su hermana cruzándose de brazos.

- Jajaja Solo bromeaba Luns, Lincoln no me hizo nada, solo lo dije para apreciar tu faceta de hermana mayor regañona.

- ¡Hey dude! Yo no soy regañona.

- Hace un momento me regañaste, así que…

- Shut it, Lincoln. – dijo Luna avergonzada de pronto.

Los dos compartieron una risa a costas de su hermana castaña, la que termino riéndose junto a ellos. Después de buscar unas charolas con su almuerzo volvieron a sentarse, ambas se pusieron a hablar de música (como lo esperaba) pero lo hicieron sentir cómodo, incluyéndolo en la conversación, preguntándole sus gustos y riéndose de su poca cultura musical.

Mientras los tres hablaban animadamente, Lincoln no dejo de mirar a su alrededor, uno de esos estudiantes era un potencial terrorista, si ese tipo lo identificaba antes que él entonces estaba perdido. Por suerte había traído de contrabando su pistola que ahora estaba en sus pantalones, cualquier pelele que se pasara de listo y ese seria su fin, al menos eso quería pensar. La verdad es que esos tipos eran asesinos consumados y difícilmente podría hacerles frente, especialmente frente a tantos inocentes allí reunidos.

- Oye Lincoln. – le dijo Luna de pronto - Lynn también debería estar en la cafetería. Oh allí esta.

Su hermana señalo una mesa lejana, donde estaba Margo y todo el equipo de softball de la escuela reunido, y claro, también su jugadora estrella, que lo estaba mirando perdida en sus pensamientos. Lincoln la saludo con la mano, y la chica pareció despertar de un salto, algo avergonzada devolvió su saludo para luego concentrarse en su comida.

- Vaya si te quiere, nunca la había visto sonreír tanto. Ustedes dos parecen gemelos separados al nacer.

- Lynn es divertida. – dijo Lincoln dándole una mordida a su sándwich de atún - Me recuerda mucho a los chicos del orfanato, rudos y molestos.

- …Solo asegúrate de no decirle eso, si no quieres que te muela a golpes, dude.

- Lo tendré en cuenta, Luna.

- Tu tampoco se quedan atrás Luns, llevas semanas hablando de tu hermanito.

- ¡Aaahhh! ¡No le digas eso, TOP SECRET!

- ¿En serio hablaste de mí, y a mis espaldas? Que chismosa. – dijo Lincoln en un tono sarcástico.

- N-no hable nada malo, palabra Lincoln. – dijo su hermana, alarmada de pronto.

Sam fue la primera reír ante su tonto intento de broma, Lincoln se rio también al ver la cara confundida de Luna. Parecía que la roquera tenia una debilidad, se tomaba muy en serio lo que decían los demás y no entendía el sarcasmo. Ella solo hincho sus mejillas y le dio un golpecito en el hombro.

El resto fue un almuerzo placentero, aunque ellas hablaban de cosas que no entendía del todo, fue bastante divertido explorar un mundo al cual nunca le había tomado atención, la música. Casi le hizo olvidar la verdadera razón por la que estaba allí, encontrar a los perpetradores y acabar con ellos, rápida y silenciosamente.

Pero por el momento no tenía pistas, ¿Quién podría ser? De todos esos chicos y chicas allí reunidos quien podría ser tan desquiciado para seguir ese grupo de locos que estaba a punto de destruir el mundo. Fue cuando vio a Luan en una mesa junto a su novio Benny que su mente hizo una extraña conexión.

Hace cuatro días, en la tienda de bromas del centro comercial. Luan se había comportado más extraña que lo de costumbre y ese chico, Benny, le había ensartado un cuchillo de hule que se parecía mucho a los que tenía Fey ensartados en su cuerpo.

- Hey Link.

¿Una coincidencia? Podría ser, pero Luan se había estado comportando rara por semanas, desde que entró en una relación amorosa con el mismísimo chico que ahora veía con rabia. ¡Claro! ¿Cómo no había podido verlo antes? Había sido un verdadero estúpido, al no ocurrírsele que sus enemigos tal vez estaban en su propia casa. Haciendo que sus hermanas lo odien sin razón y lo vieran como un enemigo.

- Lincoln.

- ¡Ah! ¿Qué?

- Ya sonó la campana, toma tu charola, déjala en los contendores de allá y vuelve a clases. No llegues tarde en tu primer día o tus maestros te comerán vivo.

- Gracias Luna.

Tomo la charola y fue a dejarla al contenedor, mientras no le quitaba los ojos a ese tipo. Ese hijo de perra había ensartado a Fey y allí estaba besando a su hermana con impunidad. Lo iba a destripar e iba a tomar sus malditos intestinos y hacer una bufanda. Una sonrisa involuntaria escapo de sus labios mientras se imaginaba a ese malnacido en el piso, aullando por ayuda mientras lo apuñalaba una y otra vez, primero en su estómago, luego en sus extremidades, para terminar en cada uno de sus ojos…Espera, ¿Qué rayos estaba pensando?

- ¿Chico estas bien? – le pregunto una de las cocineras.

- ¿Yo? Estoy bien, porque lo pregunta.

- Pues te quedaste en medio del pasillo con esa charola en tus manos. ¿Estas enfermo, quieres que llame a una maestra?

- No se preocupe. – dijo Lincoln poniendo la charola donde debía - Es mi primer día de clases y estoy algo nervioso.

Dejo la charola con cuidado, tratando de que los restos no se cayeran al piso, y giro su mirada en el lugar donde estaba Luan, para su sorpresa ahora no estaba allí. "¡Claro!", pensó. Después del almuerzo los chicos que estaban en algún club realizaban actividades, como él no estaba en ninguno, solo tenía clases de repaso. Esa era su oportunidad, si lo mataba en ese club podría hacerlo pasar por un accidente.

Camino hasta llegar a la salida al patio central de la segundaria, ese patio conectaba todos los edificios deportivos y culturales con los salones de clases. El anfiteatro donde el club de drama se reunía estaba solo unos pasos más allá de las canchas de baloncesto, así que camino con cuidado, tratando de ocultar su presencia, no queriendo ser descubierto por Margo o Lynn.

Escondiéndose en un arbusto, pudo notar que todos los chicos del club estaban reunidos en la entrada, posiblemente esperando a que su maestra llegara y abriera las grandes puertas del anfiteatro. Una vez adentro, podría esconderse en los vestidores y esperar el momento exacto cuando Benny se estuviera cambiando, en ese momento usaría su cuchillo para cortarle la garganta y salir corriendo a su salón de clases.

El solo pensarlo lo hacía sentir extático, acabaría con uno de sus enemigos ese día, pero ¿Qué pasaría con Luan? Sufriría bastante, de eso estaba seguro, pero eliminaría de una vez por todas al maldito que la estaba manipulando. Quien sabe, tal vez podrían hacer las paces una vez este tipo estuviera fuera de la foto.

-L-Lincoln – dijo una voz detrás de él que parecía un murmullo.

"Maldición", pensó al girar la cabeza y ver a una potencial testigo, justo a sus espaldas. Era una chica un poco más alta que él, con una apariencia espectral muy parecida a la que exhibía su hermanita Lucy, una pálida piel, un cabello negro que le llegaba hasta la cintura, un flequillo que cubría su frente y unos ojos oscuros que lo miraban con melancolía. Sus botas negras hasta la rodilla, una falda escocesa plomiza, una remera azul oscura y una sudadera morada amarrada a su cintura, todos artilugios que parecían mostrar a una chica rebelde, pero en ese momento su guardarropa parecía contrastar con la expresión que le dirigía.

- Tu…Por qué… ¿Qué haces aquí? – le dijo la chica en una voz tan baja que apenas podía oír.

- ¿Nos conocemos? – dijo Lincoln un tanto molesto.

- Q-que haces tú…Yo no…

La extraña chica aparto su mirada y la dirigió al suelo, jugando con sus manos de manera nerviosa. De pronto empezó a respirar más rápido, parecía estar hiperventilados, así que de su bolsillo saco una bolsa de papel y comenzó a realizar respiraciones profundas. Todo ese espectáculo le parecía extraño, pero por alguna razón, algo en dentro de él le dijo que no podía dejar a esa chica indefensa a su suerte. Debía ayudarla, se acercó unos pasos y puso su mano en su hombro, estaba helada, aun en ese día caluroso, su piel estaba gélida debajo de esa camisa.

- ¿Estas bien? – le pregunto a la chica en un tono conciliador.

- ¿No me recuerdas?

- No, debes haberte equivocado de chico, nunca nos hemos visto. – dijo Lincoln mientras sacaba su mano del hombro de la muchacha y se disponía a entrar en la escuela - Llamare a la enfermera, tal vez ella pueda ayudarte.

- ¡No te vayas! – dijo la chica.

Fue un grito frenético, lleno de dolor y tristeza, que lo dejo congelado donde estaba. Lagrimas comenzaron a correr por sus pálidas mejillas y su corazón se tensó. No entendía el por qué, pero de todo corazón quería ayudar a esa chica extraña e indefensa que lloraba por él. Pero para su desgracia, los chicos del club de drama ya comenzaban a acercarse a ellos, probablemente al escuchar los gritos de aquella chica. Arruinando lo que parecía un encuentro con su pasado olvidado.

- ¡No quiero que te vayas otra vez!

- Oye tranquilízate, solo déjame ir a la enfermería, traeré a la enfermera y ella te podrá ayudar...

- ¡OYE! – dijo un chico mayor interrumpiéndolo de pronto.

En solo segundos, fue rodeado en un semicírculo por los miembros del club de drama. Algunos lo miraban extrañados, como lo hacían Luan y Benny, otros apuntaban sus teléfonos para grabar esa situación que consideraban jocosa, pero la mayoría están molestos con él, podía verlo en sus ojos.

- ¡Oye zopenco que le hiciste a Maggie!

- E-él es mi hermano menor, estoy segura de que no le hizo nada. – dijo Luan saltando en medio para defenderlo.

- Si chicos, esto debe ser solo un malentendido. – dijo Benny poniéndose al lado de Luan.

- Nunca habíamos visto llorar a la pobre Maggie, ¿y nos dices que solo es un malentendido? – dijo una de las chicas.

- Elegiste la chica equivocada para molestar, pendejo. – dijo un chico bastante regordete.

- ¡Chicos por favor! – dijo Benny, tratando de mantener la civilidad.

Una chica en sus espaldas le dio un empujón que lo hizo colisionar con el chico fortachón, este no perdió la oportunidad y se dispuso a darle un gran puñetazo. Todo ocurría en cámara lenta, podía haberlo detenido, haberlo golpeado de vuelta, podía haber hecho mil cosas, pero no podía. Debía mantener su fachada de niño bueno frente al maldito de Benny y la sospechosa Luan. Así que se preparo para recibir ese regordete puñetazo justo en la cara, pero la mano de su atacante se detuvo de pronto cuando la pálida chica se interpuso entre los dos. Y actuando como si fuera una persona distinta, mas resoluta y valiente que la chica que lloraba desconsolada hace unos segundos, lo protegió de lo que había sido un buen golpe.

- Que crees que haces con mi amigo, gordo tarado. – dijo Maggie dándole una escalofriante sonrisa a su atacante.


Ojala les haya gustado, les agradezco haber leído este capitulo, seguir la historia y escribir reviews (los cuales son el combustible de cada creador). ¡Gracias chicos y nos estamos leyendo!