Que Ava la haya encontrado en el gimnasio, se haya preocupado por ella, le haya curado las manos, la haya invitado un chocolate y le haya hecho abrirse un poco por medio de habla temas relacionados a lo que sentía, se sintió como un gigante avance en la relación que tenían. Era como si se hubiera formado una confianza entre ellas, una que Sara esperaba que continúe creciendo.

Sara miró el Instagram de Ava antes de dormirse. Sus fotos eran casi todas con alguno de sus amigos, un par con alguna de sus hermanas, sobre todo Amy, y un par de su gato. Eran fotos divertidas e improvisadas, se notaba que habían sido sacadas en el momento solamente para divertirse. Sara apreció lo relajada y hermosa que lucía en las fotos, y de pronto se encontró pensando en el beso que le había dado en la mejilla… ella no era de repensar ese tipo de cosas, pero tenía miedo de haberla hecho sentir incómoda. Además lo había hecho sin pensarlo, simplemente había querido agradecerle y el pequeño gesto salió automáticamente.

Por suerte no tuvo que hacerse la cabeza por mucho tiempo, porque al otro día Ava se comportó como siempre con ella y no dió la más mínima señal de estar incómoda o enojada.

Así continuó la semana, tranquila. Y de a poco, se fue recuperando del agotamiento que le había dejado el entrenamiento de Malcolm. Y al hacerlo, también su humor.

— ¿Y vos? ¿Qué tenes pensado hacer para Halloween? — Le preguntó Lena.

Sus compañeras de trabajo habían estado hablando sobre los disfraces que iban a usar, pero Sara no había prestado mucha atención al asunto ya que no tenía pensado hacer nada. Y si llegaba a decidirse por vestir un disfraz lo más probable era que usara el del año pasado, ya que no tenía dinero para comprar uno nuevo.

— Ni idea, por ahora no tengo planes. — Respondió ella con sinceridad.

— Si queres podes venir con nosotras a la fiesta a la que vamos a ir. — Le ofreció Nia.

— ¿Y cómo funcionaría eso con el trabajo? — Preguntó ella confundida, ya que ellas eran en general las que trabajaban el turno de los sábados por la noche.

— Para Halloween siempre rotamos, nos tomamos ratos para trabajar y ratos para estar de fiesta. — Explicó Nia.

— Mientras no tomemos alcohol en la fiesta, Eliza nos deja hacer eso. — Agregó Lena.

— Seguro Alex, Kara y Maggie hacen un turno, y nosotras tres podemos hacer el otro. Ir intercalándonos. — Terminó de explicar Lena. — Pensalo y si queres ya sabes que te podes unir a nosotras. — Recalcó la propuesta que Nia le había hecho.

— Gracias, prometo que lo voy a pensar. — Agradeció ella, todavía tenía tiempo de pensarlo ya que faltaban casi dos semanas.

El lunes, en el entrenamiento de baile, tuvieron novedades respecto a los detalles de la próxima fase de la competencia. Otra vez tendrían que bailar tres coreografías, dos grupales y una individual. Los cambios eran que una de las grupales tenía que ser de hip-hop, y la individual iba a ser sorteada y dada la consigna en el momento. Algunas de las Leyendas empezaron a quejarse de que ellos bailaban contemporáneo y no hip-hop. Rip los calmó lo mejor que pudo y les recordó que todavía tenían varios meses para practicar.

Una vez que todos estuvieron más calmados, empezaron a practicar un par de pasos básicos de hip-hop. Sara los miraba divertida, le parecía chistoso la manera en que se estaban estresando, y eso que recién era la primera práctica. Todos eran muy buenos bailarines, así que seguramente iban a poder aprender perfectamente a bailar ese estilo. Y como había dicho Rip, todavía tenían varios meses para prepararse.

— ¿Por qué estás tan relajada? — Le preguntó Ava, luciendo frustrada.

— Porque amo el hip-hop. — Respondió ella, sonriendo alegremente.

— Cierto que cuando te presentaste a la clase incluíste el hip-hop en tus estilos de baile. — Comentó, Ava, recordando aquel momento. — ¿Y lo de la competencia individual no te pone nerviosa? — Pidió saber.

— No, lo que más amo de bailar es la creatividad y la improvisación. — Contestó ella con sinceridad.

— ¿Entonces por qué no nos muestras algo? — Sugirió Ava, curiosa por saber qué tanto sabía la otra sobre el hip-hop.

— Bien. — Aceptó ella. — Charlie, ¿podrías poner alguna canción de hip-hop? — Le pidió, sabiendo que ella era la mejor musicalizando los momentos gracias al amor que tenía por la música.

Charlie puso la canción "california love" de tupac.

Sara cerró los ojos por unos segundos reconociendo la canción y dejándose llevar por la música, el ritmo, la letra… cuando los abrió comenzó a bailar, moviendo su cuerpo de la manera que lo sentía. Se perdió en esa hermosa sensación y disfrutó cada instante. Hace mucho que no bailaba ese estilo de música, porque sin sus amigos de Nueva York no le había encontrado mucho sentido, le traía recuerdos y le hacía poner un poco melancólica por la distancia que había ahora entre ellos. Pero volviendo a hacerlo se sintió bien, recordó lo mucho que amaba ese estilo. Sara se olvidó de que la estaban observando sus compañeros, y simplemente bailó conectando su cuerpo con su alma y su corazón. Recién volvió a tomar conciencia de dónde estaba cuando escuchó los aplausos de ellos, felicitandola por la improvisación.

— Eso estuvo increíble. — La halagó Amaya y todos asintieron coincidiendo con ella.

— ¿Por qué no guías vos un rato y nos enseñas un par de pasos? — Propuso Ava.

— ¿Segura? — Preguntó ella, sorprendida ya que Ava siempre era quien en general guiaba los ensayos y coreografías por ser la capitana.

— Si. — Afirmó Ava.

Sara les enseñó los pasos básicos, los cuales la mayoría pudieron realizarlos sin problema. El asunto más importante para la opinión de Sara era que aprendieran a soltarse. El hip-hop no se trataba de bailar y realizar cada paso a la perfección, se trataba de ser uno mismo conectando con la música.

Ese día Sara se fue del entrenamiento sintiéndose muy feliz. Se sentía bien que hayan apreciado sus conocimientos en bailar hip-hop y le tuvieran confianza como para que ella les ayude a aprender los diferentes pasos. Hace tiempo que no recibía cumplidos por las cosas que hacía, y la realidad era que todos necesitábamos un poco de eso de vez en cuando. Sentirnos vistos, aceptados, apreciados.

Antes de que se diera cuenta del pasar del tiempo, llegó el día en que los padres y las madres iban de visita a la clase de orientación vocacional del colegio, para contar acerca de las profesiones y los trabajos que tenían. Jax y Zari le presentaron a sus madres, y se quedaron conversando con ella.

— ¿Y tu mamá? — Preguntó Jax, al ver que ella estaba sola.

— No va a venir. — Respondió ella.

— ¿Por qué? — Preguntó Zari sorprendida.

— Porque yo no le conté acerca de la tarea. — Respondió ella con sinceridad.

— ¡Sara! — La retó Zari, dándole un pequeño golpe en el brazo.

— Ya, perdón, pero no tenía ganas de lidiar con ella. — Se justificó ella.

— Pero eso significa que vas a reprobar. — Le recordó Jax.

— No me importa. — Dijo ella, haciendo hombros.

La clase empezó. Iban pasando de a un alumno con su madre o padre. La profesora les contaba sobre el informe que cada uno había hecho sobre alguna profesión que les gustaría estudiar, y luego la madre o el padre contaba acerca de su experiencia personal. Por último les daban un lugar al resto de los compañeros y padres para que pudieran hacer algunas preguntas.

Sara fue evitando pasar, para dejar su turno para el final. Sabía que a su profesora no le iba a gustar que nadie hubiera ido por ella a la clase. Mientras tanto, se dedicó a prestar atención en el turno de sus amigos para conocer a sus padres.

Iban por la mitad de la clase aproximadamente, cuando se abrió la puerta del aula y su madre entró. Se disculpó por llegar tarde e interrumpir, y se ubicó en un lugar atrás de ella. Sara se quedó demasiado sorprendida. No entendía qué hacía ella ahí. Cuando terminó el turno de Amaya y su madre, Dinah se levantó y la agarró del brazo para hacerle entender que ahora iba a ser el turno de ellas.

— Pensaste que no iba a venir, ¿no? — Le dijo Dinah, hablándole bajo al oído y haciéndole sentir el olor a alcohol que llevaba en ella. — Para tu suerte, tu profesora llamó a casa y me avisó. — Le dejó saber.

Sara respiró hondo, contó hasta diez en su cabeza e intentó evitar que le agarrara un ataque de pánico frente a todos sus compañeros y su madre. No sabía qué tendría su madre planeado para esta situación, pero estaba casi segura que no iba a ser bueno. Y más cuando se enterara que ella quería ser detective, que quería seguir los pasos de su padre… si recordaba bien Dinah nunca había aprobado del todo la elección de trabajo de Quentin, ese había sido uno de los grandes temas de pelea.

— Hola, yo soy Sara y ella es mi mamá Dinah. — Las presentó ella, siguiendo el ejemplo de sus compañeros. — Ella es enfermera en el Hospital Central de Starling. — Informó.

— Gracias Sara. — Agradeció Claire. — Pero antes de avanzar con eso, quiero felicitarte por tu informe. Elegiste investigar sobre la profesión de los detectives, y debo decir que además de que estaba excelentemente redactado me gusta con la crudeza que lo trataste, explorando tanto lo positivo, como lo negativo. — Expresó, en manera de cumplido.

— Ser detective no tiene nada de positivo. — Murmuró Dinah, en voz baja para que solamente su hija la escuche.

— ¿Por qué la elegiste? ¿Es algo en lo que pensas que te gustaría dedicarte? — Pidió saber Claire.

— Si, me gustaría... — Afirmó Sara.

— ¿De verdad? — La interrumpió Dinah. — Que perdida de tiempo, ¿Querés terminar como tu padre? — Le dijo amargamente.

Sara revoleó los ojos de manera molesta y se cruzó de brazos. Detestaba a su madre por hacer ese tipo de comentarios, y más adelante de otras personas. Estaba cansada de sus malos tratos. Pero, por lo menos, en el colegio tal vez sí tenía escapatoria de esas situaciones que eran intolerables para su gusto.

— Bien, mejor va a ser entonces que cuentes a la clase sobre qué hace una enfermera en su trabajo. — Ella dió vuelta la conversación, de manera desafiante.

— Ser enfermera tiene un propósito: ayudar y acompañar a las personas a recuperarse de heridas y enfermedades. — Explicó Dinah con orgullo, dirigiéndose la clase. — Ser abogada, como tu hermana quería, eso también tenía un propósito importante, pero vos siempre lográs desilusionarme. — Dijo, volviendo a enfocar su atención en Sara.

— No te atrevas a hablar de Laurel, no tenés derecho. — Reaccionó ella enojada, olvidándose por un momento que estaba en clase y todos sus compañeros estaban escuchando.

— Si lo tengo, porque soy tu madre. — Le recordó Dinah. — Pero tenemos que aceptarlo, nunca vas a ser tan buena como ella. — Agregó, satisfecha al ver lo desprevenida que estaba la otra con toda la situación.

Sara abrió la boca para responderle, pero no pudo emitir sonido. No sabía qué decirle porque en alguna parte de su ser ella también creía eso. Le habría gustado saber que su madre iba a estar en esta clase para prepararse mentalmente, ella solía controlar y manejar bastante bien las conversaciones dolorosas que tenían porque siempre estaba esperando lo peor. Pero para esta situación no se había preparado, y ya comenzaba a sentir como le empezaban a zumbar los oídos y a temblar las manos.

— Señora Lance, la razón por la que vino a esta clase no es para hablar de Sara. Es para hablar de su profesión. — Le recordó Claire intentando mediar la especie de discusión. — Además Sara es una chica muy inteligente y una excelente alumna, ella está dentro de las tres mejores alumnos en casi todas sus clases. — Dijo, sintiendo la necesidad de intentar defender a su alumna.

— Merlyn, mi apellido es Merlyn. — La corrigió Dinah. — Y es imposible que mi hija esté dentro de las mejores notas, si lo está se debe estar copiando, haciendo trampa o algo. — La acusó, sin poder creer lo que la profesora decía.

— ¡Mamá! — Protestó Sara frustrada.

— Señora Merlyn le voy a tener que pedir que se retire del aula. — Indicó Claire autoritariamente, para no dar lugar a que la otra la contradiga.

— Bien, me voy. — Aceptó Dinah, agarrando su cartera que había dejado en el piso. — Pero vos Sara venís conmigo, no sirve que estés en esta clase. — Le ordenó a su hija.

Claire le dijo que no se vaya, pero Sara hizo caso a su madre. Era mejor hacerle caso cuando estaba de esa manera, sino después podía ser peor para ella. Además le avergonzaba tener que haber vivenciado esa pelea delante de todos sus compañeros. No sabía cómo volver a enfrentar a toda la clase en ese día, así que se fue.

Siguió a su madre al pasillo y se detuvo cuando la otra lo hizo.

— ¿Por eso no me dijiste que venga a la clase? ¿No querías que me entere que querías ser detective? — Cuestionó Dinah enojada.

— No te lo dije porque sabía que no ibas a querer venir. — Respondió ella defensivamente.

— Preferías reprobar entonces. — Dedujo Dinah pensativamente. — ¿Ves que tengo razón y no servís para nada? — Le reprochó su decisión.

— ¿Qué te interesa si repruebo, si total no te importa cómo me va en el colegio? — Preguntó ella frustrada, cada vez entendía menos a esa mujer que era su madre.

— No me importa porque sé que no sos tan buena como ella. Tu hermana iba a ser alguien importante, vos no. — Respondió Dinah, luciendo furiosa.

— No podés saber eso, no la conocías y no me conoces, no nos viste por un montón de años. — Expresó ella su bronca, ante lo que se había sentido como un abandono en su momento.

— Pero yo la amaba. — Dijo Dinah bruscamente, queriendo apagar los reproches de la otra para no sentir culpa.

Sara rió irónicamente. Era eso, eso que ya sabía y que había estado ignorando desde que volvió a reencontrarse con su madre. Dinah siempre había amado más a Laurel que a ella. Y todavía ni siquiera podía competir por una parte de su cariño, porque Laurel ya no estaba con ellas.

— ¿Es eso, no? ¿Habrías preferido que Laurel sea la que haya sobrevivido y no yo? — Preguntó ella, mostrándose como un muro inquebrantable aunque por dentro le dolía hasta el alma.

Esperó unos segundos, pero su madre no emitió respuesta. Simplemente se dedicaron a mirarse intensamente, como queriendo desafiarse mutuamente a quién iba a dar una contestación y explicación a todo eso.

— Es eso. — Asintió finalmente Sara. — Lo peor es que yo también habría querido eso, pero ¿sabes qué? La vida es injusta y no siempre podemos tener lo que queremos. — Dijo amargamente, y unas lágrimas silenciosas cayeron por sus mejillas antes de que pudiera detenerlas.

De repente la mano de su madre golpeó su cara en una dura y seca cachetada. El ruido que hizo el contacto pareció retumbar por todo el pasillo de lo vacío que estaba. Sara miró a su madre demostrándole todo el dolor que tenía acumulado en ella, y por un instante se preguntó a sí misma si valía la pena reaccionar. De reojo pudo ver que algunos compañeros miraban por la ventana del aula, y se dio cuenta que seguramente habían escuchado gran parte de la pelea.

Y entonces decidió correr. Su madre no dejaba de generarle decepción y dolor. Y como si eso no fuera poco, acababa de armarle una escena en su colegio que probablemente iba a perseguirla por un tiempo. Así que era mejor correr. Sara dió media vuelta y empezó a correr, dejando a su madre detrás de ella.

Se fue del colegio, y siguió corriendo.

¿A dónde? No sabía. Lo único que sabía en ese momento es que tenía que escapar lejos de sus problemas.