Disclaimer: Los personajes del maravilloso universo de Harry Potter no me pertenecen.

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10

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Cartas

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Draco gruñó al ver a los fotógrafos afuera de la casa de sus padres, aturdiéndolo con sus gritos y los flashes de sus cámaras hasta que la policía pudo alejarlos de su Porsche, permitiéndole avanzar y entrar en la propiedad. Londres no había sido su primera opción para escapar del escándalo, pero como en su última visita la niebla los había obligado a aterrizar de emergencia, y no había podido escapar de los regaños de su padre por no haber pasado por casa durante su última visita.

Su madre lo recibió con tanto afecto como siempre a pesar de estar molesta por el acoso de los periodistas, recordándole lo feliz que estaba de volver a verlo mientras ambos se sentaban en el salón a tomar el té de las 5, mirándolo con una mezcla de dicha y añoranza. Draco le sonrió como cuando era niño, respiró profundo y le dio otro sorbo a su té; había extrañado el buen Earl Grey de Londres. En los Estados Unidos nadie se tomaba el tiempo suficiente de preparar un té decente, porque todos estaban siempre tomando ese veneno colombiano llamado café.

Era bueno estar en casa, pensó por un segundo, dedicándose a disfrutar del sabor de su infusión hasta que la realidad volvió a alcanzarlo. Sin embargo, solamente le sonrió a su madre una vez más, respondiendo que también se sentía feliz de volver a casa, aunque no fuera del todo cierto.

Se sentía extraño estar ahí cuando casi un año atrás había planeado pasar todo su tiempo libre en Londres con Pansy, pero ella había regresado meses atrás a París, donde modelaba para Chanel o una de esas marcas francesas que su madre adoraba, no sin antes terminar con él, por supuesto. Aunque el dolor por la ruptura no había durado demasiado, ya que solo dos días después había sido fotografiada del brazo de otro millonario inglés, el heredero de la fortuna Potter y el mismo hombre que había conocido en la fiesta de Theo. Draco gruñó ante el recuerdo, dejando su taza vacía para acercarse a la vitrina de licores de su padre y servirse una copa de brandy, informándole a su madre que solo se quedaría una noche, ya que había decidido visitar Dorset antes de volver a América. Ella no pareció conforme, pero solamente asintió, dejando las preguntas sobre su exnovia cuando Draco anunció que quería descansar a su vieja habitación.

De verdad agotado por el trajín de la mañana, subió las escaleras como tantas otras veces, sorprendido de que su madre hubiera mantenido todo tal y como lo recordaba, incluso aún conservaba su uniforme de escuela en el clóset; Draco rió mientras lo sacaba para observarlo, haciendo que un par de mantas cayeran a sus pies, y junto a ellas una caja vieja de la cual salieron cientos de cartas que se esparcieron por el suelo. Gruñendo por su mala suerte, empezó a recogerlas, leyendo algunas; ninguna tenía sobre o remitente, pero todas estaban dirigidas a él, y firmadas por una tal Hermione. Entonces frunció el ceño, no solo porque ese nombre volvía a atormentarlo, sino porque estaba seguro de no conocer a nadie llamada así.

Y por pura curiosidad siguió leyendo, sorprendiéndose con el hecho de que esa chica misteriosa parecía conocer muchos detalles de su vida, cosas que, también estaba seguro, ni siquiera su madre las sabía, y le hablaba como si él se las hubiese contado. Todas las cartas eran iguales, ella le hablaba con una familiaridad que ni siquiera tenían sus amigos, y ni siquiera podía recordar de quién se trataba. Por lo que, confundido, juntó todas las notas que encontró y las releyó una y otra vez, preguntándose por qué, si había una persona que sabía tantas cosas sobre él y parecía ser tan cercana no tenía ningún recuerdo sobre ella. Incluso, en una carta, la tal Hermione le hablaba de verse en Manchester, y en otra expresaba su deseo de conocer su casa de Dorset, cuando Draco estaba seguro de que ni a sus mejores amigos les había hablado de su casa en Bournemouth. ¿Quién demonios era esa chica?

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Hermione entró a su pequeño apartamento haciendo malabares con sus llaves, las compras, los trabajos de sus alumnos y el correo, hasta que pudo dejarlo todo sobre la mesa del diminuto vestíbulo. Se quitó los zapatos y se dejó caer sobre su pequeño sofá con un suspiro cansado, esperando unos minutos antes de revisar el correo, empezando por la caja más grande.

El paquete era de su madre, y venía con una nota donde le decía que la granja se había vendido rápido, que había encontrado esa caja en su vieja habitación y que había decidido enviársela porque su contenido parecía importante. Así que, curiosa, Hermione se incorporó y quitó la tapa, encontrándose con un montón de cartas dirigida a ella, y firmadas por un tal Draco. Cartas privadas, con cosas personales, gustos, deseos para el futuro, incluso cosas sobre su familia.

La persona de las cartas parecía ser alguien muy cercano a ella, lo que era una locura, porque no recordaba conocer a ningún Draco. Estaba segura de que nunca había conocido a alguien con ese nombre tan inusual, salvo por el actor de Hollywood. ¿Acaso sería una broma? Hermione empezó a crear cientos de teoría en su mente, azorada, hasta que su teléfono sonó, sobresaltándola. Era Ron, para recordarle que habían quedado de verse para cenar con amigos esa noche. Hermione no se sentía de ánimos para cenas, pero aun así le dijo que iría, al menos para tratar de olvidar las extrañas cartas que había recibido.

Ron pasó por ella diez minutos más tarde de lo acordado, como siempre, pero estaba acostumbrada. Él le informó que no cenarían pescado y patatas fritas esa noche, porque su mejor amigo estaba en la ciudad visitando a la familia de su novia, y quería que ambos se conocieran. Hermione estuvo de acuerdo, porque había escuchado tanto del famoso Harry Potter que realmente tenía ganas de conocerlo. Y él era todo lo que Ron había dicho que sería, simpático, gracioso, humilde y amable; a Hermione le gustó al instante, aunque no podía decir lo mismo de su prometida.

Pansy Parkinson era una actriz joven hermosa, de una belleza deslumbrante, pero tan desagradable, superficial y engreída que no podía explicarse cómo alguien como Harry podría estar con alguien como ella. Y a Pansy Parkinson tampoco parecía gustarle ella, de hecho, apenas habían sido presentadas, hizo un comentario bastante despectivo sobre su nombre.

"Hermione es un nombre muy horrible. Debiste conocer a mi ex. O al menos él estaba obsesionado con tu nombre", se burló. Y Hermione no entendió ni una palabra, pero para el final de la cena la novia de Harry estaba tan ebria que no le vio caso a preguntar, ni siquiera de pensar si sería posible que, de alguna forma, todo aquello se relacionara con esas extrañas cartas.