Capítulo 10

La noticia del embarazo de Integra alegró a todos los habitantes de la casa. Enrico no pudo evitar llorar de la emoción y la alegría, mientras que el padre Anderson y Yumie la colmaron de bendiciones y buenos deseos para el niño que estaba próximo a nacer. Seras y Rip, entusiasmadas con este nuevo giro de acontecimientos que anestesiaban a los Maxwell y cercanos de toda la calamitosa situación de terror en el pueblo, acompañaron a Integra y se mostraron más que solícitas en ayudarla y cuidar de ella. La rubia de lentes se sentía muy mimada, pero el estar embarazada de nueve semanas todavía no era algo por lo que tuviera que sentirse tranquila, además de que, por arte de magia, las náuseas se dispararon, teniéndola casi todo el día con la cabeza metida en el inodoro.

Aprovechando un momento a solas de conversación con su esposo para deleitarse con el momento y hacer promesas de vida, Integra cayó en la cuenta de un pequeño gran detalle que tenía que resolver.

— Aún no puedo creer que por fin seremos padres. – le decía Maxwell – Y la verdad, llegó en buen momento, teniendo en cuenta lo que pasó con tu tío.

— Sí, ni me lo recuerdes. – respondió su esposa. Pese a la buena noticia de su próxima maternidad, no podía dejar de sentir malestar con el vil engaño de su tío. Era una traición imperdonable de su parte. ¿Qué le costaba sincerarse desde un principio y hacerle ver sus intenciones para jugar de manera justa? Estaba sumamente molesta.

Algo que también le seguía escociendo un poco fue la llamada de Laura y George. Suspiró resignada al recordar lo feliz que se escuchaba el hombre desde el otro lado del teléfono; era un tono de voz que denotaba tanta satisfacción, que ella no podía evocar ni un solo momento del pasado en el que lo hubiera escuchado a causa de ella, lo cual la llevaba a tener que aceptar dolorosamente que ya no tenía nada que ofrecerle. Pocas veces, se atrevía a fantasear con que ella lo dejaba todo y él hacía lo propio para quedarse juntos, pero esos deseos estériles eran rápidamente descartados. Ninguno de los dos tenía el carácter volátil de los protagonistas trágicos de novelas como para obrar así; era muy contrastante con sus personalidades metódicas y prudentes. Y se quedaba en eso, en una fantasía tonta.

Le costaría, pero confiaba que con un poco más de tiempo lograría olvidarse de George y lo vería de otra manera, más acorde al amor fraternal que siempre tuvieron que sentir.

Ahora tendría una familia completa y no había lugar para devaneos y quimeras sin sentido. Tenía un esposo atento con el que se llevaba bien, un hijo al que sin duda amaría más que a nadie y también a…

Y como cosa del destino y la casualidad, fue Maxwell quien interrumpió sus pensamientos trayendo lo que ella pensaba a colación.

— El conde Zebul hará una pequeña recepción el viernes por la noche. – le comunicó – Estará casi todo Elham, por lo que podríamos aprovechar para anunciar la llegada de nuestro hijo. – sugirió.

Y la rubia se aterró. Hasta ese momento no había dimensionado la situación con respecto a Alucard, y, sabiendo de su condición de monstruo, no tenía idea de cómo iría a reaccionar. No podía permitir que Enrico anunciara el embarazo a los cuatro vientos en esa fiesta con el riesgo latente de que al vampiro le entrara un ataque de locura y matara a todos... no, tendría que hablar ella con él primero, y, con todo el cuidado y tacto del mundo, poner fin a la relación que tenían.

— No creo que sea buena idea. – replicó – Recuerda que llevo apenas pocas semanas de embarazo y todavía no podemos respirar tranquilos, está bien que por el momento lo sepan sólo los cercanos a nosotros.

Maxwell pareció pensarlo.

— Está bien. – aceptó – Pero en cuanto el embarazo termine de ir bien y te recuperes un poco de los síntomas, podríamos organizar nosotros alguna fiesta aquí y anunciarlo como es debido.

— Me parece bien. – respondió ella aliviada.

Aprovecharía esa dichosa fiesta de Alucard para comunicarle por ella misma las nuevas circunstancias y sus obvias consecuencias.


Llegó el viernes, y con ello, la fiesta del conde Abel Zebul para calmar los malos ánimos de las buenas gentes de Elham, amenazados por el asesino paranormal; así como también para enterarse de varios dimes y diretes con respecto a ese tema, y, sobre todo, para ganarse la confianza de los Iscariote.

Cuando llegó junto a su marido, Integra alzó una ceja al ver que su finca lucía diferente a las contadas veces que ella había ido. Y por diferente, se refería a que en ese momento parecía una casa de rico más, y no el fantasmal despojo que ella conocía. Sin duda, la ilusión la había alcanzado a ella también esa noche. Suspiró y rezó internamente para que sucediera algún imprevisto que evitara tener que enfrentar al dueño.

Lo vio radiante al pie de las escaleras de la entrada, dando la bienvenida a sus invitados con fervor, y prometiéndoles una velada encantadora para olvidar todo el suplicio al menos por esa noche. Hombres y mujeres lo contemplaban embobados y admirados, cayendo en la labia del conde, quien, en realidad, era el culpable de todo ese desbarajuste en el pueblo. Cuando les tocó a ellos saludar a su anfitrión, la rubia de lentes lo ignoró olímpicamente mientras miraba para otro lado, pero pudo sentir su ardiente mirada sobre ella todo el tiempo.

Alucard, por su parte, había percibido algo diferente en Integra apenas ella hizo su aparición. Todo era distinto en ella: su semblante, su aura, hasta su aroma... quedó muy curioso y ansioso por saberlo, lo cual se potenciaba con el hecho de que no podía entrar en la mente de la rubia fácilmente. Y esta ocasión no era la excepción, pues parecía que ella había redoblado esa barrera mental.

Se pasó un buen rato dando vueltas haciendo gala de sus habilidades de anfitrión para aplacar un poco la inquietud que sentía. Ni siquiera sabía si interpretarlo como algo bueno o malo.

Pero por lo menos se distrajo al conocer a los Iscariote. Si bien de parte de Integra sabía alguna que otra cosa, quería recabar más información para poder medir a su enemigo.

— ¿Todo bien, padre, hermana? – preguntó con una sonrisa – ¿No les hace falta nada?

Yumie se sonrojó un poco al verlo, pero se quedó callada y bebió su copa de un trago.

— Estamos bien, muchas gracias, conde. – respondió Anderson con amabilidad, analizando al hombre que tenía enfrente. Había algo raro en él...

— Me alegro; quiero que particularmente ustedes dos estén mejor atendidos. – le dijo – Supe que trabajan muy duro para dar con el asesino en serie del pueblo, el doble que los policías de la región. Sólo quiero que estén cómodos y bien servidos.

— Muchas gracias, señor. – respondió la monja algo entonada – Sus palabras de aliento nos vendrán bien para nuestra misión divina.

Fue allí que Alucard aprovechó.

— Ya me parecía raro que dos consagrados estén a cargo de un caso policial. – señaló – Pero nunca me imaginé que tuvieran una misión divina, ¿a qué viene eso? – preguntó con curiosidad.

Anderson regañó mentalmente a Yumie por irse de lengua, pero al mismo tiempo, no vio que tuviera algo de malo hacer al conde su confidente, pues según Enrico Maxwell, el hombre era amigo y socio del matrimonio. Por lo tanto, esa cercanía y su título de nobleza lo hacían digno de confianza, a su juicio.

— Hemos descubierto que, en realidad, el asesino es un... monstruo. – explicó en voz baja – por eso, estamos trabajando para dar con más pistas para saber qué tipo de criatura es. Cuando lo sepamos, sopesaremos qué método de exterminio utilizaremos: si un exorcismo, balas de plata, estacas o sellos para neutralizarlo.

— ¿Y tienen alguna pista que les haya hecho sospechar?

— Todo indica que es un nosferatu o un ghoul, por lo que la primera opción son las balas u hojas sagradas para decapitarlo.

Por un instante, el rostro de Alucard mostró confusión e indignación. Estaba tan seguro de que nunca darían con el origen de la criatura malhechora (o sea, él), y ahora este par le salía con que estaban a nada de identificarlo. Pensó que sería un gran problema, pues seguramente, una vez confirmado, vigilarían a todos los vecinos del pueblo, y si son tan inteligentes como venían siéndolo, sólo sería cuestión de tiempo para que dieran con él. Tenía que planear algo rápido para despistar esa casi certeza. En otros tiempos, se hubiera limitado a huir, dejándolos con las ganas de cazarlo, como había hecho incontables veces. Pero ahora no podía hacer eso por una simple razón: Integra.

No podía marcharse sin ella. Tendría que jugar bien sus fichas para ganarle a esa gente con juegos de mente y sin causar daños de ningún tipo. En el peor de los casos, mataría a todo Elham y se llevaría a la rubia, quisiera ella o no.

Lamentablemente para el vampiro, la perspicacia de Anderson era de un nivel altísimo; tanto así, que ese instante fue percibido por él.

El sacerdote sonrió.

— ¿Usted sabe algo, conde? – comenzó a interrogar – Tenga en cuenta que cualquier cosa que vea o escuche nos lo tiene que notificar. Salvo que quiera ocultar o proteger algo...

Con corto ni perezoso, Alucard le devolvió la sonrisa.

— No se preocupe, padre. – respondió – Me ha impresionado bastante el hecho de que todo esto tenga un origen sobrenatural, lo cual hace que entienda más su presencia aquí. No dude de que les haré saber cualquier cosa. – y agregó – Los dejaré para que sigan disfrutando de la velada. Con permiso.

Se retiró, siendo observado intensamente por el padre Alexander Anderson.

— Yumie. – dijo – Deja de beber, porque mañana nos levantaremos a primera hora para investigar a ese conde.

Entretanto, el vampiro se dirigió discretamente hacia su objetivo principal de la noche: Integra Hellsing, quien en ese momento se encontraba sola sirviéndose un vaso de agua en la mesa.

Pero Rip Van Winkle se le cruzó en el camino.

— Buenas noches, conde. – saludó coqueta y ofreciéndole una copa de champagne – Déjeme decirle que su fiesta es divina, y ni qué decir de su mansión... Me gustaría conocerla más a fondo, si usted tiene la bondad de hacerme un tour. Digo, para mostrarme las habitaciones...

Alucard miraba por sobre el hombro de la mujer cómo Integra, con una mirada de desprecio dirigida a él, volvía junto con Enrico y otras personas más. Maldijo mentalmente por haber perdido su oportunidad de hablarle a solas. Luego volvió su atención a Rip, molesto.

— Señora, creo que su esposo la está esperando en ese grupo que está allí. – señaló hacia donde estaba Hans, quien conversaba con el alcalde y otras autoridades. Luego la miró directamente a los ojos para hipnotizarla – Tiene que volver allí y no separarse de él en toda la noche.

Ella cayó inmediatamente bajo su hechizo.

— Tengo que volver con mi esposo. – dijo ella como un autómata y se dio la vuelta para alejarse.

De repente, vio que Integra lo miraba, mientras se apartaba del grupo en el que estaba. Él sonrió con satisfacción y se acercó a ella.

— ¿Cómo la estás pasando, mi querida condesa? – siseó contento – Debo decir que esta noche estás especialmente atrayente...

— No me digas así. – le ordenó ella – Necesito hablar contigo a solas. Es de carácter urgente.

El nosferatu levantó una ceja, intrigado. No le iba a negar tal deseo.

— Como quieras, condesa. – le concedió – Crearé una ilusión para que no se percaten de nuestra ausencia y se olviden de nosotros. – y le dio las instrucciones para poder bajar hasta el sótano por unos pasadizos.

A continuación, Integra vio cómo se alejaba de ella para simular que circulaba por el salón lleno de gente. El vampiro chasqueó los dedos y se esfumó. Integra supo entonces que era momento de ponerse en marcha.


Se dirigió discretamente hacia un pasillo solitario que conectaba con un par de pasadizos, cuyo destino final era el sótano donde realmente habitaba el vampiro. Una vez allí, él se materializó de inmediato, acercándose a ella como un lobo hambriento para estamparle un apasionado beso. Integra se dejó besar, complacida, hasta que las manos atrevidas del nosferatu en su trasero la trajeron de vuelta a la realidad y lo apartó de un empujón.

Alucard la miraba divertido.

— Si te preocupa el ruido que podamos hacer, puedo insonorizar este lugar. – sugirió alegremente.

— Sólo piensas en eso. – le espetó ella – Pero vine para otra cosa. Necesitamos hablar seriamente.

— ¿Y acaso te parece que nuestra aventurilla no es seria? – fingió sentirse ofendido.

— ¡Cállate y escúchame de una vez!

Y por primera vez, Integra vio que el vampiro se dispuso a escucharla con el semblante grave, a la espera de lo que tuviera que decirle. Y no era de sorprenderse, ya que él no le podía leer la mente para adelantársele. Pero sin duda percibió una energía extraña en ella, que no podía descifrar y cuyo contenido podría saberlo por medio de lo que ella tenía que decirle.

— Dime.

— Eh... diablos... – farfullaba para sí misma la mujer – Alucard... ya no podremos vernos más... y esta vez va en serio... – le soltó de golpe y esperó a ver qué hacía el susodicho.

Y lo que vio en él hizo que le atravesara un escalofrío a lo largo de la espalda.

La mirada de Alucard se tornó mucho más opaca que la de costumbre, con sus ojos volviéndose de un color rojo mucho más oscuro, como si se le dilataran las pupilas. Su rostro, momentos antes con una expresión desenfadada, delató un nuevo gesto, esta vez sombrío y amenazante, y su boca se posicionó en un rictus de disgusto total. El ambiente y el lugar apenas iluminado se envició aún más, entretanto la oscuridad absoluta se apoderaba de ellos al verse apagadas las tenues velas con una brisa helada. Con toda esa visión de terror, Alucard lucía más colosal y peligroso que nunca. No estaba para nada contento e Integra tragó saliva, consciente del miedo que de repente la atenazó.

— ¿Por qué? – demandó el nosferatu con voz ronca y llena de decepción. Era un tono seco, carente de vida.

Integra sentía que unas inoportunas náuseas amenazaban con hacer su aparición en ese preciso instante, mezcla del temor creciente y de su estado. Su estado... fue allí que la rubia recobró la valentía y se dispuso a enfrentarlo y darle argumentos válidos para que su amante aceptara la separación, aunque tenía el presentimiento de que esa revelación sólo empeoraría las cosas. Pero ya estaba hecho, y era su deber hacer lo que tenía que hacer y decir lo que tenía que decir, aun corriendo el riesgo de que el antiguo príncipe de Valaquia la matara allí mismo para luego hacer lo propio con los invitados de la fiesta. Se aclaró la garganta, lista para una charla que esperaba fuera lo menos violenta posible.

— Estoy embarazada. – le hizo saber – Enrico y yo seremos padres, Alucard, y debo enfocarme en mi familia. Ya no tiene caso que... – paró en seco al ver la reacción extraña del vampiro. Estaba perpleja.

Toda esa aura oscura y densa desapareció de un momento a otro ante la palabra embarazada, mientras Alucard la miraba turulato. A continuación, y para sorpresa de la rubia, el nosferatu soltó una risita y se acercó a ella como si nada.

Integra abrió los ojos descomunalmente al sentir que Alucard la abrazaba con cuidado y delicadeza.

— Integra... me haces el hombre más feliz del mundo. – le dijo suavemente al oído. La aludida no entendía nada.

— ¿Pero de qué estás hablando? – ahora la que pedía explicaciones era ella.

— Del bebé que vamos a tener. – respondió el vampiro con simpleza y con una gran sonrisa.

— ¡¿Cómo?! ¡Pero si tú dijiste que no podías concebir!

— Te mentí. – confesó Alucard como si le hablara del clima – Tuve que hacerlo para que te entregaras a mí sin reservas y así poder estar juntos por siempre. Si realmente Maxwell sirviera para eso, a estas alturas tendrían un par de mocosos. – le robó un besito a la perpleja mujer – Sé que ese niño es mío... ahora mismo puedo sentirlo con claridad, es una energía tan familiar la que destilas, Integra... oficialmente ya eres mi mujer.

Integra tardó varios segundos en conectar todos los hechos y asimilar la confesión de su amante. Tenía que admitir, en el fondo, que el desgraciado tenía razón en cuanto a Enrico, ya que ella misma era quien sospechaba que él fuera estéril, y si lo que ese monstruo decía era verdad, ahora estaba perdida. Estaba embarazada, sí, pero había una alta probabilidad, si no total, de que ese espectro fuera el padre. También ponderaba la posibilidad que pudiera estarle mintiendo para comprar tiempo y confundirla y, que, en efecto, Enrico era el padre de la criatura; aunque esa teoría perdía fuerza al ver la seguridad con la que el monstruo le contaba sus planes. Pero, al fin y al cabo, lo que provocaba su rabia creciente era que Alucard le había mentido y manipulado para atraparla. El muy maldito la quería amarrar con un hijo para reclamarla.

Y lo peor era que lo estaba logrando.

Lo miró fijamente a los ojos, con la ira burbujeante en su rostro.

— ¡ERES UN MALDITO DESGRACIADO! – se abalanzó sobre él con cólera – ¡¿CÓMO SE TE OCURRE HACERME SEMEJANTE BAJEZA?!

— ¡Cálmate, Integra! – exclamó Alucard, atrapándola entre sus brazos – ¡Te hará mal a ti y al bebé!

— ¡¿Y CÓMO QUIERES QUE ME CALME SI ME VIENES CON ESTO?! – seguía berreando la otra como una histérica mientras lo golpeaba en el pecho.

— ¡Pues no tienes de otra que aceptarlo, Integra! – insistía Alucard severamente – Te dije que eras mi mujer y que no me conformaría con tus migajas de tiempo. – y agregó – Es más, podría ir ahora a hablar con Maxwell para pedirle amablemente que se haga a un lado, y si no, tendré que matarlo.

— ¡TÚ NO VAS A HACER TAL COSA! – lo detuvo Integra aferrándose a él.

— ¡Entonces cálmate, con un demonio! – le espetó él.

Como un resorte, Integra se soltó y se alejó de él, buscando un lugar donde sentarse. Había pasado por mil emociones distintas en cuestión de minutos y creía que en cualquier momento colapsaría. El único asiento que había allí era ese trono siniestro, así que, con resignación, fue a sentarse allí.

Alucard se deleitaba con la vista.

— ¿Sabes que te ves hermosa en mi trono? – gorjeó – Toda una reina...

— Cállate, no quiero escucharte. – siseó ella, respirando agitadamente.

— No veo por qué tenga que callarme, ya que lo que haremos ahora es precisamente hablar.

Integra contó hasta diez para no echársele nuevamente encima como un perro rabioso.

— ¿Cómo sé que no estás mintiendo? – inquirió.

— Debo aceptar que no me creerás cualquier cosa que te diga. – respondió Alucard – Pero lo que sí te puedo asegurar y prometer, es que, desde que pisaste esta casa esta noche, pude percibir algo más en ti... ¡era él! – exclamó extasiado mientras señalaba el vientre plano de la mujer – Y mi más puro instinto me dice que es mi heredero.

— Qué heredero ni qué ocho cuartos. – replicó Integra disgustada – Además, si fuera verdad, ¿cómo sé si no tienes más hijos esparcidos por el mundo y a través de la historia?

— Fácil, condesa: porque he devorado a todas mis amantes humanas. – contestó el otro con simpleza. La rubia se alarmó – Siempre ha sido mi modo de manejarme...

— ¿Y por qué no me mataste cuando tuviste la oportunidad?

— Eso es algo, querida, que ni siquiera yo lo sé...

— No me importa toda tu alharaca, no te creo nada. – le espetó la joven – Más vale que te alejes de Enrico y de mi hijo, porque soy perfectamente capaz de denunciarte con el padre Anderson.

— Y si tú haces eso, condesa, hay cierta cruz de plata que todavía está bajo mi poder. – contraatacó el vampiro – Sin contar que yo también puedo hacer revelaciones importantes, como que eres amante de un demonio y que llevas a un monstruo en tu interior. – se regocijó al ver su rostro deformado – No quieres ni pensar en lo que harán con el niño cuando nazca. – y añadió – Pero no debes preocuparte, jamás dejaré que nadie les toque un pelo, así tenga que acabar con toda Inglaterra para llevármelos.

— Eres un desgraciado.

— Gracias.

Integra sabía que estaba acorralada por todos lados por culpa de ese íncubo que a mala hora la fue a embarazar. Tenía que hacer lo que fuera necesario para que su conversación no saliera de esas cuatro paredes y esperar a que su bebé naciera para confirmar o refutar lo dicho por el nosferatu.

— ¿Y qué es lo que quieres? – quiso negociar – Porque ni creas que seguiremos viéndonos dado mi estado, y teniendo en cuenta que todos en la casa andarán tras mis pasos para cuidarme. Básicamente, estaré más vigilada.

Alucard se puso a pensar por unos momentos con un rostro que denotaba diversión.

— No seré injusto contigo, Integra. – le dijo al fin – Así que dejaré que tengas un embarazo tranquilo sin que tengamos que encontrarnos. – pero le advirtió – Eso será sólo hasta el nacimiento del niño, para que te convenzas de una vez de que es mío y vengas conmigo.

A Integra la indignación no le cabía en el cuerpo. Pero de todas las opciones que el vampiro le ofrecía, esa era la mejor a la que podía aspirar. Incluso había llegado a esa fiesta preparada para lo peor, y aunque por un momento lo creyó palpable, al final todo se dio vuelta. Pero aún estaba confundida como para dilucidar si a favor de ella o de Alucard, pues mientras ella tenía tiempo, él tenía la seguridad de la paternidad de su bebé, y sabía que la cosa se complicaría nuevamente para ella una vez que su pequeño naciera. Para el nosferatu, no había chance de que fuera de Enrico.

Pero por lo menos podría pasar su embarazo con cierta tranquilidad y sin soportar el acoso de su amante, que ya ni sabía qué era de ella a estas alturas.

— Está bien. – dijo, más aliviada, pero acribillándolo a punta de miradas.

— Y otra cosa. – puntualizó Alucard – Iré a tu casa cada tanto para visitar a Maxwell, pero en realidad será para saber de ti. No me negarás vivir el feliz proceso.

— ¿Acaso tengo otra opción? – siseó la mujer.

— La verdad, no.

Integra se levantó del trono del otrora príncipe.

— Bueno, si ya no tienes más condiciones y amenazas, tengo que irme. – le dijo – Me siento fatal y por tu culpa me sentiré peor por un buen rato, así que respeta por lo menos mi tranquilidad. – Alucard solamente asintió con una sonrisa y se desvaneció. Ella suspiró y salió del macabro recinto para volver a la algarabía del salón.

Sentía que ya no le podía ir peor. Estaba que se la llevaba el diablo.

Alucard, en cambio, se sentía dichoso. Por fin había logrado su objetivo de embarazarla, para así marcarla definitivamente como suya. Ahora era cuestión de seguir planeando y así llevársela con él por las buenas.

Aunque tenía una piedra en el zapato: los Iscariote. No le gustaba nada la idea de que su mujer y su hijo estuvieran viviendo bajo el mismo techo que esa gente, pues veía que corrían peligro con ellos. Decidió que profundizaría más su amistad con Maxwell, haciendo frecuentes sus visitas para velar por ellos; reforzaría la protección enviando sombras y murciélagos a la casa de la rubia para espiarlos y mantenerlo informado.

Todo saldría bien si los Iscariote y Maxwell no interferían. De lo contrario, gestionaría las cosas un poco más violentamente de lo deseado.

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Notas: Al fin la confrontación. Espero que haya salido decente.

Este será el último capítulo del año, así que para el próximo ya estaremos en 2021 :).

la-novh94: Sí, pobre Integra. Le cayó todo junto... pero por suerte su embarazo le traerá cierta tranquilidad, dentro de lo que Alucard le permita, como bien lo habrás leído ahora. Gracias por el apoyo y espero que este capítulo te guste :). Quedo a la espera de Locura, que me tiene preocupada qué pasará.

Midgardian geek: Sí, lo de George siendo el mal tercio (o mal cuarto XD) ya es algo a lo que quiero ir poniéndole fin, básicamente porque ahora lo central es el bebé y ya no tanto de quién está enamorada Integra. Y bueno, acá ya habrás descubierto qué va a pasar con estos dos ahora. ¡Saludos!

Ligia dAfrodita: ¡Qué linda! Gracias a vos por el apoyo... Jajaja, es inevitable para mí pensar en Integra y Enrico como algo más, siempre me hice la película de que él tiene cierto crush con ella. Además que polos opuestos se atraen XD. Bueno, el capítulo de hoy te habrá puesto al tanto del embarazo y la filiación del bebé con Alucard, y en cuanto a fics de hijos de ellos no he leído muchos, es que es muy difícil abordar ese tema sin caer en el buscado final feliz, que no pega tanto con la pareja. A mí me cuesta bastante escribir esta historia, no es fácil meter hijos...
PD: ¡Te agradezco que menciones y aprecies el Rivetra! Pareja infravaloradísima y hermosa a pesar de todo... Y sí, algunas son traducciones, y las que son propias están más que nada ligadas a especiales, y tengo una original de ellos que es mi bebé. ¡Gracias de nuevo!

James Birdsong: Thank you so much! I hope you enjoy this one!

¡Hasta la próxima! ¡Que pasen una lindas Fiestas!