Perséfone y Uno seguían a Hades, el dios iba a un ritmo acelerado y la joven diosa apenas lo alcanzaba Uno quería partirle las piernas por dejar a la pobre chica detrás.

—Hades—se calló ante la mira de de éste.

—Se que estás enfadado ¿pero podrías caminar mas lento? No puedo alcanzarte—

Hades se dio cuenta y vio a Uno negando con la cabeza hacía él y de repente se quería dar patadas a sí mismo y gritaba internamente por su brusquedad.

—Perdona no me di cuenta—la diosa de la primavera le cogió un brazo haciendo sonrojar al hombre, al mismo tiempo Uno le daba un pulgar hacia arriba como bien hecho.

Hades rodó los ojos.

En ese momento fueron abordados por un periodista que les hacía preguntas mientras agarraba a Perséfone del brazo, Uno fue a interferir hasta que a la diosa se le pusieron los ojos rojos y agarró al reportero asustándolo, la sombra sonrió ella no era ninguna debilucha.

Al final se calmó y el periodista solo les hizo una foto a los dos pero por alguna razón a la diosa no le sentó bien tenía la mirada perdida ¿acaso era miedo? ¿o estaba recordando algo? No dijo más mientras veía como la pareja disfrutaba juntos comiendo y viendo a un perrito en un escaparate.

Uno se sentía como un intruso.

Se arrepintió de haber venido, no quería estorbar y a pesar de que Hades le caía como una patada en el trasero Perséfone no y se alegraba por ella, no muchos podían encontrar el amor.

Finalmente llegaron a la entrada al más allá.

—Bienvenidos a la entrada del reino de los mortales al inframundo, este es el lugar a donde vienen los mortales cuando les llega la hora y su descenso hasta el juicio—Hades alzó las manos para dar mayor énfasis a lo que decía.

Pero qué teatrero es. Pensó Uno, Kore miraba a su alrededor con decepción el lugar era un simple vestíbulo que se encontraría en cualquier edificio de oficinas.

—Parece sólo un vestíbulo ¿donde están los muertos? ¿y los demonios y el río?—

—Es cierto cuando yo morí y llegué no se parecía en nada a esto—secundó Uno cruzado de brazos.

—Bueno no es exactamente así tenemos que ponernos la ropa del mundo mortal—se volvió hacia Uno—La tuya de cuando estabas vivo la guardamos está en los vestuarios, la encontrarás—

La sombra asintió con la cabeza y fue a los vestuarios donde la encontró, ponerse su armadura y casco era extraño y familiar a la vez le traía recuerdos de su vida, la mayoría no muy agradables.

Cuando estuvo listo fue donde se encontraba los dos dioses y lo que vio casi le hizo reír, Perséfone estaba vestida como una Furia y Hades por su cara estaba en pánico.

—Hola ya estoy—ambos se volvieron, Perséfone lo saludo alegremente y el dios del inframundo por una vez estaba aliviado de verle.

—Vaya Kore estas volando—

—Si ¿no es increíble?—

La sombra asintió y pasó de largo dejando atrás a Hades quien se dio una palmada en la cabeza.

—Un día me tienes que contar por que os lleváis así de mal—le dijo Perséfone.

—Generalmente a las almas del Tártaro no les caigo bien porque soy yo el que los retiene pero Uno y yo no nos llevamos bien desde el mismo momento en que el llegó. Le rompió ambas alas a Thanatos y Hermes y yo tampoco salimos ilesos—

—Vaya—Kore estaba impresionada Uno también estuvo de sacarle un ojo a Thanatos con un cutter—¿Y vas mucho al reino mortal?—

Uno enarcó una ceja por esa pregunta.

—Digamos...que no soy muy popular entre los mortales—

—Eso es quedarse corto ,los mortales no tenemos templos o santuarios para él es más ni pronunciamos su nombre, lo llamamos, el invisible—dijo Uno.

—Oh no me parece bien—

La sombra se encogió de hombros.

—Las personas normalmente tememos a lo desconocido y misterioso, de hay que no le recemos mucho a Hades, al presidir la muerte aunque inevitable no podemos evitar temerlo y evitarlo pero la muerte no es mala, es neutral el siguiente paso—

Tanto Perséfone como Hades lo miraron estupefactos, Kore estaba impresionada por sus palabras, tenían sentido.

El propio Hades también estaba sorprendido, nunca pensó oír ese razonamiento tan profundo de Uno y otra cosa que lo sorprendió.

¿Acaso me estaba dando palabras de aliento? Miró al hombre pero la sombra siguió adelante sin mirarlo siquiera, Qué mortal más extraño.

Siguieron caminando hasta que Hades abrió unas grandes puertas.

—Aquí es donde el Reino mortal se junta con el más allá—

El paisaje era rojo donde flotaban columnas, el cielo se veia un extraño sol parcialmente oculta por una luna, se veía una playa donde rondaban sombras.

Avanzaron en silencio para no perturbar a las nuevas sombras, Perséfone notó que Uno había adquirido un color más blanquecino como la niebla igual que las demás sombras que entraban escoltadas por Thanatos y Hermes.

—Esto si que me resulta familiar aquí es donde vine cuando morí—se volvió hacia Hades—Qué de recuerdos ¿no?—

El dios azul entrecerró los ojos hacía él.

—Si sobre todo cuando pudimos inmovilizarte para llevarte a la sala de juicios—

La sombra lo fulminó con la mirada.

—¿Quien es el hombre en la costa?—la diosa rosa señaló a un hombre encapuchado de color amarillo apagado.

—Es Caronte el barquero que lleva a los muertos, el lleva a las sombras en su bote por el precio de un óbolo, si no tienen dinero tienen que esperar en las costas del Aqueronte durante cien años—

Perséfone lo miró escandalizada—Eso es horrible—

—No me volví rico trayendolos gratis—

Uno lo miró furioso y con ganas de arrancarle esa cara de suficiencia.

Y luego se pregunta porque no le rezamos o le dedicamos templos al tacaño este. Pensó amargamente Uno.

La diosa de la primavera parecía pensar igual dándole una mirada de reprimenda mientras flotaba hasta estar a la altura de los ojos de Hades que estaba apurado.

—Mira es Estigio el rió más poderoso del inframundo—señalo a una diosa que surgía de las aguas de color gris y ojos negros y dorados.

Caminaron entre las almas hasta que una de ellas le rogó que ayudara a su granja llamando a Perséfone diosa de la fertilidad igual que unas ancianas que pedían que sus hijos tuvieran muchos hijos.

Uno estaba sorprendido creía que eran imaginaciones suyas, en el Tártaro lo percibió y tenía esa misma sensación ahora.

Así que Perséfone es una diosa de la fertilidad.