Ya lo sé, ya lo sé! les debo muchas cosas ;w; un Reijuu x Reader (tengo una buena idea para ese uwu) un Zoro x reader x Sanji, que quiero hacer muy bien y he ido procrastinando haha... y muchas otras ideas mías que nunca termino de aterrizar... pero esto acaba de salir de mi kokoro... ¡Y no sé ni por qué! Últimamente ando muy apegada a Sanji, a pesar de que odio que es un pervertido, y definitivamente no es mi tipo, pero bueno, la vida da mil vueltas...
Los rayos del sol deslumbrantes rebotaban contra la superficie del océano provocando un efecto cegador. No había una sola nube en el cielo que se extendía hasta romperse en el horizonte contra el agua azul. Y el viento, favoreciendo las velas, elevaba la brisa hasta la terraza del Sunny, donde _ miraba al frente, donde dormían las aventuras. Y sonrió, sintiendo el fresco aroma del mar.
Entonces se escuchó la puerta de la cocina abrirse. Asomó su cabeza hacia abajo y se encontró con una mata de cabello rubio.
El muchacho se recargó en el barandal, viendo como abajo, Luffy y Usopp hacían torneos de sumo, en los que invariablemente perdía el más moreno. Más bien, miraba a Nami, quien leía una novela, bebiendo un mojito derretido, cubierta de bronceador, con lentes de sol y sombrero. No, la verdad era que el escenario en general le ponía de buen humor. Sonriendo, se llevó un cigarrillo a la boca, lo prendió, y liberó la fumarola en una larga exhalación.
_ frunció el ceño.
Algo en su pecho se ataba como un nudo de vísceras enrollándole los huesos. Sanji, completamente ajeno a los conflictos internos de la muchacha, volvió a darle una larga jalada a su cigarrillo, y después expulsó desde sus pulmones una alarmante cantidad de humo.
Dio un salto para aterrizar con ligereza sobre el suelo de madera frente al comedor.
—¡_-chan! —exclamó el cocinero, cuyos ojos ya se tornaban en dos orbes borrachas de amor. La chica frunció el ceño aún más, deformando los labios en una mueca, y el rubio parpadeó un par de veces sin entender —¿Te encuentras bien? ¿Deseas que te prepare algo rico? ¡Si te sientes mal, ve de inmediato con Chopper! —dijo, con genuina caballerosidad y preocupación —O si quieres te llevo en mis brazos~ —balbuceó como niño pequeño lanzándose a abrazarle, pero ella nada más lo empujó. Y luego suspiró. Recargándose en el barandal para mirar nuevamente el océano. En silencio.
Sanji también guardó silencio y se colocó a su lado, prendiendo otro cigarro. Entonces _ se volvió a molestar, mirando cómo el humo intangible se elevaba por el aire hasta desvanecerse. Le miró de reojo, tratando de que el rubio no notara la fijeza de sus ojos. Inútilmente, claro está. Sentía unas ganas tremendas de acercarse y recargar la cabeza en su hombro... o de golpearlo.
La ceniza iba cayendo sobre el barandal.
—¿Hasta cuándo piensas seguir consumiendo esa porquería? —le espetó en un murmullo venenoso. Sanji parpadeó, y la observó un segundo. Se veía furiosa.
—Hasta que me muera —dijo con una enorme sonrisa de bobo. Gigante, brillante, y hermosa. Y entonces _ no supo ni cómo reaccionar. Se le vio confusa, enojada, pero, también, ¿angustiada? El cocinero se sintió culpable por un momento, ella parecía como si se fuera a echar a llorar —Hey, _-chan, ¿en serio estás bien?
—¡Pues muérete! — le contestó, luego respiró calmándose un poco. El otro estaba un poco aturdido —Si tanto quieres morirte, sigue consumiendo ese maldito veneno que te jode los pulmones. ¡Muérte joven! ¡A mí qué me importa! ¡No es como que me afecte que Chopper te haya dicho que si sigues fumando así te va a dar enfisema pulmonar a los 40!
—_-chan... puede ser... que... ¿tú estés preocupada por mí?
—¡Quién se preocupa por ti, baboso! —él sonrió con dulzura y amabilidad. Tentado a abrazarla, se acercó, pero ella dio un paso atrás. Entonces sólo mantuvo la sonrisa, y le acarició con delicadeza una hebra de cabello.
—Tú.
—Por lo menos intenta fumar una cajetilla menos diaria, ¿vale? —le dijo en voz baja y suave.
—Lo intentaré por ti...
—Pfff...
